Al final gracias a los comentarios en A03 que decían de querer ya la conti y de encontrar un tiempecito libre he decidido subir la segunda parte bastante antes o/.
Espero que os guste ¡muchas gracias por leer!
—¿Bar Homra?
—Ajá.
—¿Y me podrías decir qué pinto yo en un bar?
Al decir esto Fushimi tomó un sorbo de su bebida. Yata y él se estaban sentados frente a frente en un ciber café que solía frecuentar. Cuando tenía días libres, por supuesto. Yata le había sacado el tema de pasar el día juntos, tal y como estaban acostumbrando a hacer cada vez que Fushimi libraba. Y allí se encontraban.
Ya hacía tres meses desde que se conocían y la presencia del más bajo había comenzado a hacerse cada vez más llevadera. Casi que suficiente como para que Fushimi le considerara un... amigo.
—¡No se trata de un bar cualquiera! Además, es donde trabajo a veces ¿no te lo he dicho nunca?
Su mente hizo un rápido repaso... y sí, le sonaba que el chico le había mencionado algo sobre un bar. Frunció el ceño no muy convencido y se cruzó de brazos. Entonces asintió.
A diferencia de la rutina que poco a poco ya se estaba haciendo paso en sus vidas. Yata había propuesto hacer algo diferente aquel día. Y aunque Fushimi fuera una persona que se aburriera con facilidad, a veces diferente, significaba para él ponerse a la defensiva. Además, un bar, ¿él en un bar? ¿Para qué? No le pegaba en absoluto, estuviera o no acompañado por Misaki.
—Aunque trabajes allí...—Murmuró impasible—. Sigo pensando que no es buena idea.
—Vamos. No seas aguafiestas... además—Añadió—. Mi jefe está que trina porque me tomo los días libres que me dan la gana para que coincidan con los tuyos y ya me ha empezado a llamar la atención—Explicó gesticulando exageradamente—Por lo que tengo que ir sí o sí. Me sabe mal dejarte abandonado ahora, para un día que no vas a estar trabajando, así que... había pensado que te vienes conmigo y ala, ¡asunto zanjado!
Fushimi casi escupió el café de la impresión. Pero bueno ¿acaso se pensaba que le estaba haciendo un favor cuando quedaba con él? Y si ya sabía con antelación que tenía que trabajar ¿para que le había invitado a pasar el rato hoy entonces? Rodó los ojos y chasqueó la lengua. Yata le miró decepcionado, como esperando una negativa. Y así tenía pensado hacer, pero de pronto una idea le pasó por la mente...
Nunca había visto al joven trabajando. Si realmente iba... quizás podría chincharle un poco. De esta forma sería capaz de vengarse por las muchas otras ocasiones donde Fushimi había estado concentrado en su oficina y de pronto había recibido alguna que otra llamada o mensaje con tonterías que le desconcentraban de su labor. Todas del enérgico joven, obviamente. Y debido a este tema, las miraditas de sus compañeros e incluso capitán (los cuales habían encontrado como pasatiempo cotillear sobre su vida privada) se volvían cada día más comunes e insoportables.
Después de un largo rato dejando al otro expectante finalmente accedió. Aunque mostrándose lo más hastiado posible, por supuesto. Yata reaccionó triunfante... demasiado. Casi le daba la impresión de que lo de que "tenía que trabajar y no quería dejarle solo" era más bien una excusa. Seguramente se había emperrado con enseñarle el lugar y ya está.
Así pues, y sin más dilación. Una vez el sol comenzó a desaparecer del firmamento ambos jóvenes salieron del ciber café. Yata se acomodó el monopatín en el antebrazo y se dirigió a Fushimi.
—Está bastante lejos para ir andando—Explicó rascándose el mentón—, En Shizume City... cuando voy solo no tengo problema—Dijo mientras alzaba el objeto que tenía consigo—. Pero acabo de caer en que si voy acompañado es otra historia. A no ser... ¡eh! ¿Te llevo en mi espalda?
A Fushimi no le hizo falta mencionar palabra. Su expresión lo decía todo.
—Tampoco me mires así ¡Sólo estaba bromeando!
Al final Yata tuvo que pagar un taxi (lo cual fue bastante peculiar, pues por lo que Fushimi sabía el joven siempre estaba bastante agobiado económicamente). Fushimi se dedicó a observar por la ventanilla el camino, dándose cuenta de la cantidad de color que estaba repartida por aquellas calles. Le pasó por la mente que si realmente él hubiera sido del tipo que se dedicaba a perseguir el rastro de su alma gemela... habría encontrado a Yata en un abrir y cerrar de ojos.
Pero por lo que sabía no estaba hecho aposta. Tras conocerle mejor y observar su comportamiento pudo deducir que el chico tenía por costumbre chocarse con todo. Incluso encontrarse farolas en color ya no le sorprendía.
Al parecer el bar Homra era un lugar mucho más refinado de lo que en un principio Fushimi se había imaginado. Una vez llegaron al lugar el chico de gafas le echó un buen vistazo. Al menos por fuera parecía un bar de buena clase y cuidado.
Aún así había algo dentro de su ser que le hacía tener un mal presentimiento. Es sólo un bar, pensó, no tiene por qué ser tan insufrible.
A lo sumo tres minutos dentro. Eso fue lo que bastó para que cambiara completamente de opinión.
A partir de entonces comenzó a hacer una lista mental sobre el por qué no pensaba volver allí por decisión propia. Para empezar; Mucha, demasiada gente dentro, algo que desde fuera uno no se imaginaba encontrar nada más entrar por la puerta. Con la gente iba ligado el ruido, sobretodo si se tenía en cuenta que no eran personas comunes... más bien se trataban de unos gamberros que utilizaban aquel lugar como guarida.
Y para darle la guinda al pastel Yata parecía no sólo conocerlos a todos, sino ser íntimo amigo de aquellas personas. Fushimi recordó una conversación lejana con el joven donde éste le mencionó que tenía 'no sé qué grupito de amigos' muy importante... ¿Acaso se refería a éste? Quizás no sería tan tan horrible de no ser porque... había sido llegar y que todos rodearan a Yata y venga a chillar. Como si se trataran de una manada de gorilas salvajes. Dejando a Fushimi de lado...
¿No decía que venía a trabajar?
Apenas habían pasado unos diez minutos dentro del local y ya quería marcharse. Mientras tanto Yata continuaba de cháchara con sus amiguitos. Fushimi decidió quedarse en una pequeña esquina en la barra, esperando, pero sin sentarse aún. Aquel instante fue cuando se dio cuenta, prácticamente todo ese lugar; paredes, vasos, botellas, personas... exceptuando algún que otro detalle, sí... pero en general, estaba completamente colorido. Era la primera vez que veía tanto color concentrado en un mismo lugar.
Pensándolo más a fondo... ¿Entonces Yata había tocado a absolutamente todas aquellas personas?
Interrumpiendo sus pensamientos, un tipo delgado con el cabello claro y una afable sonrisa se le acercó poco a poco. Fushimi sólo levantó la mirada cuando el tipo estuvo lo suficientemente cerca, pero no dijo nada.
—Anda, no serás por casualidad... ¿el amigo de Yata?
El amigo, como si no tuviera ahí mismo otra docena.
No le respondió, simplemente se encogió de hombros. Por fin, Yata salió de aquella aglomeración de personas para aproximarse a Fushimi y su nueva compañía, saludando a éste último casi con brillos en los ojos.
—¡Totsuka-san! ¡Por fin has vuelto!—Exclamó el joven con alegría. Fushimi decidió sentarse en un taburete pegado a la barra, si iba a estar allí perdiendo el tiempo prefería hacerlo sentado. El tal Totsuka correspondió al saludo del chico con muy buen humor. Fue entonces cuando Yata les presentó, probablemente sin darse cuenta de que Fushimi ya tenía mala cara.
—Saruhiko, te presento a Totsuka. Suele trabajar conmigo en el bar, bueno, solía. Hasta que le echaron—Añadió en un tono burlón. El hombre de cabello claro se quejó de que no le habían echado, simplemente "había estado de baja". Fushimi murmuró como para dar a entender que les estaba escuchando aunque realmente no tuviera mucho interés. Por eso mismo intentó no prestar demasiada atención... y aún así se acabó enterando de todos los detalles. Si había tanta gente allí metida era porque estaban celebrando la fiesta de "Bienvenida" de aquel tipo. El cual había estado hospitalizado por 'x' razón.
A Fushimi no le gustaban las fiestas y Yata ya debería saberlo. Se estaba comenzando a enfadar, pero decidió calmarse un poco. Si lo pensaba detenidamente era muy probable que Yata no tuviera ni idea de que todo aquello se iba a montar precisamente ese día. Si no el chico no se habría mostrado tan sorprendido... y no le habría llevado allí, quiso Fushimi pensar.
Después de toda esa explicación y de despistarse considerablemente, Totsuka miró directamente a Fushimi y le ofreció la mano para estrecharla.
—Pues encantado, Saru-kun—Aquel nombrecito le hizo arrugar el entrecejo—. Yata me ha hablado bastante de ti. Y qué menos, no encuentras a alguien que ves en color todos los días. Sobretodo si siempre lo has visto todo de blanco y negro sin excepción ¿eh?
Su tono de voz era amigable, pero por alguna razón a Fushimi le daba la sensación de que hablaba con segundas. Puede que sólo fuera su imaginación, tampoco estaba acostumbrado a lidiar con gente extrovertida. Por supuesto la mano ofrecida por el tipo fue rechazada, por lo que al cabo de un rato éste la retiró riéndose ligeramente.
—Oh, es cierto. También mencionó que no te gustaba mucho el contacto, perdona—Puso las manos en alto, en señal de disculpa. Fushimi se percató de que el hombre echó un rápido vistazo a sus guantes, aunque antes de que pudiera decir algo más alguien le llamó e hizo que se girara un momento. Al final volvió a dirigirse a Fushimi únicamente para decirle unas últimas palabras—. Bueno, un placer conocerte. Estás invitado a lo que quieras—Le ofreció con amabilidad. No tenía pensado beber nada igualmente—. Espero que te lo pases bien.
Y así sin más se alejó al otro lado de la barra para hablar con un hombre que llevaba gafas de sol. ¿Habría sido él el que le había metido la idea de la misofobia a Yata?
—¿A que es majo?—Preguntó entonces el joven, aún a su lado, después de un pequeño silencio. Fushimi le miró de soslayo y resopló. Yata siguió con lo suyo—. El hombre que está hablando con él es mi jefe, Kusanagi. Creo que ya te he hablado de él, ¡es un tío genial! Y todo este bar es suyo—Explicó casi con brillos en los ojos. Irritado, Fushimi dejó de mirarle para concentrar su atención en su PDA. Yata continuó explicando hasta que se dio cuenta de que estaba hablando solo. Entonces, ni corto ni perezoso, le reclamó al momento—. ¡Ey! ¿Me estás escuchando?
Fushimi levantó la mirada de su aparato.
—Mira que tu voz es ensordecedora e insufrible, pero con todo este barullo me es bastante difícil oírte—Respondió con el tono más mordaz que pudo. Chasqueó la lengua y guardó el PDA—. No tendría que haber venido—Yata se quedó bastante desconcertado con su repentina actitud conflictiva y, en vez de pedir disculpas por haberle traído allí en contra de su voluntad, frunció el ceño molesto.
—¿Ya vas a ponerte en tu plan antisocial?—Preguntó alzando la voz. Incluso con la cantidad de gente que había allí charlando se le podía escuchar perfectamente—. Si nunca pones de tu parte jamás va a cambiar nada. No llevas ni una hora aquí ¡y ya parece que vayas a matar a alguien con la mirada! ¿a ti qué te pasa?—Fushimi se sorprendió de que con los gritos de Yata no llamaran demasiado la atención de los demás en la sala. Aunque también podría ser que estuvieran intentando ignorarles e ir a lo suyo—. Nunca entenderé cuál es tu maldito problema.
En eso estamos muy de acuerdo.
Fushimi se levantó del taburete de un impulso, pero sin hacer demasiado ruido. Planeaba marcharse ya de allí. Había aguantado casi una hora allí dentro, era todo un récord personal.
Podía llevarse bien con Yata, podía llegar a disfrutar de su compañía. Pero si éste se empeñaba en implantarle cosas que no le hacían ninguna gracia, como su estúpido grupito o sus costumbres sociales entonces podía irse al diablo.
Al pasar por su lado, el más bajo se apresuró a detenerle exclamando un estrepitoso—¡No he acabado contigo!—A Fushimi se le daba bien hacer oídos sordos, por lo que por mucho que se pusiera a chillar no iba a hacerle cambiar de parecer.
Y es que se largaba. Ya.
Lo que ya no se esperó fue que el joven le tomara con fuerza del brazo para parar de manera abrupta su paso. En cuanto notó el contacto un hormigueo de terror le pasó por todo el cuerpo. Observó horrorizado como su propia chaqueta de pronto adquiría color con gran rapidez. Un miedo irracional se hizo paso por todo su ser y antes de que Yata pudiera siquiera reaccionar...
—¡NO ME TOQUES!
Se zafó del agarre con un empujón que dejó a Yata con la boca abierta.
Aunque toda la discusión había estado siendo ignorada por las demás personas que también se encontraban allí, una vez Fushimi perdió los papeles todos se quedaron completamente en silencio.
Con el sonido del bombeo de la sangre en sus oídos. Fushimi se percató de que sólo había adquirido color la chaqueta. Por lo que no había habido contacto directo. Miró a Yata que aún se encontraba estupefacto y resopló por lo bajo. Sin decir una palabra más se encaminó de nuevo hacia la salida. Le habría gustado dar un portazo tras de sí, pero decidió controlarse.
Al salir del bar el chico respiró hondo. Dudaba que Yata fuera a venir detrás de él. Y aunque por una parte lo deseara tampoco tenía muchas ganas de lidiar más con aquella discusión. Si bien nunca lo había dicho en alto Fushimi era consciente de que Yata estaba convencido de que él tenía un problema. Un problema que por alguna razón el más bajo se había propuesto solucionar. Pero Fushimi no tenía la más mínima intención de cambiar, si el otro realmente pensaba que conseguiría algo entonces era más iluso de lo que creía.
Esta situación le recordó una de las primeras cosas que le echaba para atrás de todo el tema de las almas gemelas. El intentar moldear a alguien a tu gusto simplemente porque era con quien te había tocado. Tenía gracia el cómo había acabado en la misma condición de todas formas con Yata, que no tenía ni la más remota idea de nada. Quizás era cierto que el destino realmente existía, y eso significaba que Fushimi no se iba a librar de nada. Paso por paso... Yata acabaría desilusionado con él y terminaría por abandonarle.
La sensación espinosa que se hizo paso por todo su ser con aquel pensamiento fue suficiente para que Fushimi llegara a una conclusión.
Ya se había implicado demasiado. Si la decepción que sentía ya era insoportable no quería ni imaginarse cómo acabaría si seguía jugando con fuego.
Tenía que cortar por lo sano.
Fushimi era una persona que por lo general solía tener un sueño muy ligero. Despertarse con facilidad por las noches era costumbre diaria. Pero que la razón de este despertar fuera un timbre incesante en la puerta de su apartamento a las tantas de la madrugada ya no era tan común.
Obviando la insistencia de quien estaba llamando y desperezándose sin prisa alguna se acercó a la mirilla de la puerta y observó por ella.
Por mucho que estuviera medio dormido ya se había imaginado antes de mirar siquiera de quién se trataba. Y efectivamente allí estaba Misaki, con semblante irritado y dándole una y otra vez al timbre. Antes de que rompiera el maldito aparato Fushimi abrió la puerta un poco. Únicamente para poder hacer contacto con los ojos del otro pero sin que éste pudiera echar un vistazo dentro.
—Estás molestando a los vecinos.
—Venga ya, como si a ti te importara eso en lo más mínimo—Manifestó el chico. Aquello casi consiguió robarle una sonrisa. Casi.
—Pues estás molestando mis pocas horas de sueño ¿qué es lo que quieres?—Preguntó de modo despreocupado, mientras se acomodaba un poco más en la pared.
—Tenemos que hablar.
Se le ocurrieron unas cuantas respuestas para aquella revelación. Entre 'que no tenía nada más que decir, que desapareciera de su vista, que volviera mañana'. Pero después de pensárselo un poco más... vio que se le presentaba la oportunidad.
De acabar con todo.
—... Sabes que no te voy a dejar entrar, así que si quieres hablar, tendrás que esperar.
Entonces cerró la puerta. Como acababa de despertarse no llevaba sus guantes puestos, por lo que no podía vestirse aún. Los guantes se encontraban en su mesita de noche, junto a sus gafas. Una vez se los puso, tomó un conjunto cualquiera y salió al encuentro del joven.
—Vamos arriba—Exclamó Fushimi al salir. Yata asintió y comenzó a subir las escaleras. En los meses anteriores habían vuelto a subir más de una vez a la azotea, pero era la primera vez que lo hacían sin tener en mente ver las estrellas.
Aunque fuera de madrugada el frío que hacía no era mucho más notorio que en las otras veces que habían estado allí. Y eso se debía a que ya era estaban a mediados de primavera. Aún así Fushimi se había llevado una chaqueta que le protegiera bien del frío. Yata por su parte no hizo ningún comentario al respecto.
El cielo se encontraba totalmente apagado, por alguna razón a Fushimi le pareció bastante apropiado.
—Tú dirás—Le apremió entonces, después de esperar unos segundos a que Yata mencionara algo. El chico parecía algo cortado, pero tras meterle prisa no tardó en pronunciar palabra.
—Sobre lo que ha pasado hoy. O bueno... técnicamente ¿ayer...? ¡Da igual! Lo que ocurrió en el bar—Daba la impresión de que el joven perdía la paciencia incluso consigo mismo. Fushimi lo encontró divertido, pero no dijo nada—. Le he estado dando vueltas toda la noche. Y... supongo que... igual te debo una disculpa.
Eso sí que le dejó descolocado. ¿Misaki pidiendo perdón? ¿Tan rápido? ¿Tan fácil?
—¿Una disculpa por qué?
—Bueno... después de hablarlo con Kusanagi-san. Ya sabes, mi jefe—Aquella manía de aclararle las cosas tantas veces ya estaba comenzando a cansarle, se había enterado la primera vez—. Llegué a la conclusión de que tal vez te metí un poco como... en una encerrona de gente que no conocías—El chico miró a otro lado—. Esperé a que fueras a reaccionar bien... o mejor de lo que normalmente harías simplemente... porque sí. Porque son mis amigos. E igual me pasé un poco. Aunque tú tampoco te tendrías que haber puesto así—Añadió rápidamente—. De todas maneras... pues eso. Que lo siento.
Fushimi se quedó en silencio. Sin saber muy bien cómo debería abarcar todo el tema. Yata parecía esperar a que contestara algo, lo que fuera. Pero al cabo de un minuto sin decir nada el más bajo volvió a tomar la palabra.
—Quiero que sepas que para mí es... era importante que te llevaras bien con la gente de allí—Explicó con inseguridad en su tono de voz—, son personas muy preciadas. De hecho todo el tema de buscar a mi alma gemela y toda la pesca ha sido debido enteramente a Homra. Suena algo mal pero... sin ellos probablemente ni siquiera hubiera insistido en conocerte.
Fushimi abrió los ojos de par en par. Por alguna razón Yata había decidido cambiar de tema y sincerarse con el motivo de su insistencia en aquel ámbito. Esa confesión le había dolido un poco, pero si ya había empezado quería escucharlo todo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Verás... todo...—Hizo una pausa—. Bueno, es una historia muy larga, pero trataré de resumir lo máximo posible—Dijo, con clara vergüenza—. Desde pequeño he sentido como que no formaba completamente parte de mi familia, como si... hubiera perdido la conexión que me unía a mí y a mi madre y hermanos... pasé mucho tiempo deprimido y enfadado con el mundo—Su mirada estaba perdida, como recordando algo de su pasado—. Fue entonces cuando conocí Homra.
—¿El bar?
—No, no. Aparte de ser el nombre del bar también es como... ¿una hermandad? Suena raro—Comentó riéndose—. Más o menos, no es algo tan serio. A pesar de todo... esa conexión que había perdido con mi familia volvió a resurgir con Homra. Al principio fue muy bien... sin embargo, con el tiempo, apareció un nuevo problema—Fushimi se cruzó de brazos, expectante—. Verás... en Homra prácticamente todos han encontrado a su alma gemela, por lo que pueden verse en color perfectamente. Hay un color que es muy importante para el grupo. El 'Rojo'.
Mientras explicaba comenzó a desabrocharse la chaqueta poco a poco. Fushimi no perdió detalle de sus acciones, sin entender.
—No tengo ni idea de cómo será—Continuó—. Pero es ese color el que queda grabado en un tatuaje que nos hacemos al entrar en el grupo—Dicho esto se apartó un poco la camiseta para mostrarle el tatuaje que tenía en la zona izquierda de su clavícula—. Poco a poco comencé a sentir que había algo que me faltaba para pertenecer por completo a Homra. Y es el no entender la importancia de ese color, pues ni siquiera puedo verlo. Por eso era tan importante encontrar a la persona que me ayudaría a resolver todo esto. Y... como tú... no sabes nada sobre mi alma gemela... perdí la esperanza un poco—El joven estaba cabizbajo cuando mencionó aquello, entonces tomó aire—... después pensé que si formaras parte de Homra tú también... si te hicieras el tatuaje yo... podría ver el color a partir de ti.
Fushimi se quedó sin aliento tras escuchar todo eso. Era una estupidez, una soberana estupidez, pero se sentía completamente engañado. Al parecer le había tocado el premio gordo con su media naranja. No sólo había lidiado con él por interés, también había intentado cambiar su manera de comportarse, había conseguido que Fushimi bajara la guardia y todo. TODO. Para estrechar aún más los lazos con su estúpido y asqueroso grupito de descerebrados.
El recuerdo de las palabras de su padre comenzó a darle vueltas por la cabeza. Y de pronto sintió un asco tremendo, un asco que haciéndose una bola en su estómago comenzó a subir y subir hasta que se manifestó en un vómito de risa.
Fushimi estalló a carcajada limpia. Todo era demasiado gracioso. La imbecilidad de Misaki. La suya propia. La ingenuidad de ambos, siempre dándole vueltas a distintas cosas. Era para troncharse.
Cuando abrió la ojos después de reír a gusto se encontró a un Yata que parecía incluso asustado de él. No era de extrañar, nunca lo había visto así. Ni siquiera Fushimi se había visto a sí mismo de aquella forma.
—¿En serio?—Consiguió vocalizar entre tanta risa—¿Pero tú te estas escuchando? Es la cosa más estúpida que he oído en mi vida. Tanto tú como tu grupito sois ridículos—Exclamó con voz quebrada, pero sin dejar de sonreír en ningún momento—. Aunque lo más imbécil sin duda es que hayas llegado a pensar que yo fuera a formar parte de todo eso. ¿Crees de verdad que habría accedido a ser uno más de vosotros? Me parece que ya es hora de que te compres un cerebro.
Insultado, Yata apretó los puños. Si el chico había sido sincero con él, Fushimi se estaba metiendo directamente con su familia. Pero le daba igual, el término familia no significaba nada para él.
—Y esas conexiones de las que hablas ¿por qué iban a mejorar sólo por poder ver de pronto un simple color? Explícamelo porque, de verdad, me resulta incomprensible—Volvió a dejar escapar otra risita—. En realidad me encantaría ver cómo después de ver el color te das cuenta de que nada cambia. Sería tan patético... y al mismo tiempo inevitable. Seguramente acabarías lloriqueando ¿eh, Misaki?
—¡Se acabó!—Vociferó Yata, suficientemente humillado—. Sí, es verdad que soy un idiota, pero por haber llegado a creer que te merecías en lo más mínimo escuchar mis inseguridades. Era obvio que ibas a reaccionar así—Se fue girando, dispuesto a marcharse, pero no sin echarle un último vistazo antes de darse la vuelta completa—. Sabes... con tu actitud vas a acabar completamente solo. Aunque después de conocerte creo que será lo mejor para todos.
Al terminar de hablar el joven aligeró el paso y desapareció de su vista. Fushimi pudo escuchar al momento un ruido, como si alguien hubiera golpeado a la pared. Por su parte se quedó un rato más allí. Mirando la puerta por donde Yata se había marchado.
Era lo mejor que podía haber hecho. La única opción que le quedaba para no romperse del todo. Visto lo visto seguir involucrándose con Misaki sólo podía acabar a peor. Aún más sabiendo los verdaderos motivos detrás de todo aquello. Fushimi no quería ser la pieza clave para que Yata tuviera aún mejor relación con sus amigos. No quería verse utilizado y reemplazado. Quería ser especial para el chico. Era su alma gemela, al fin y al cabo.
Bajó la mirada al suelo, abatido. Se contradecía a sí mismo continuamente. Lo que él realmente deseaba era ser lo más importante para alguien, independientemente de cosas como el sino o la compatibilidad. Y sin embargo Yata tenía algo mucho más valioso para él que su propia alma pareja. Era como si el mundo entero se estuviera mofando de Fushimi.
Sentía celos de Homra.
¿No era él lo más ridículo de toda aquella historia?
A partir de aquella noche no volvió a oír noticias de Misaki. Normalmente, aunque el joven se enfadara con él, solía volver al día siguiente intentando ignorar los hechos acontecidos o buscando una solución al problema. Que los días transcurrieran y no hubiera rastro del chico por ningún sitio le daba la certeza de que sí. Ambos habían llegado a su límite.
Fushimi quiso convencerse de que la falta del otro se le haría pasajera. Al menos con el tiempo. Simplemente se había acostumbrado demasiado a la presencia del otro... lo que tenía que hacer ahora era mentalizarse con que su vida volvía a ser como antes de conocer a Yata. Monocroma y sin constantes subidas y bajadas de ánimo.
Una semana, dos, tres. No estaba seguro de si los días se le pasaban con una lentitud eterna o con una rapidez pasmosa. Cuando trabajaba, al concentrarse y tener la mente ocupada, el tiempo transcurría con mayor ligereza. Sin embargo cuando salía de Scepter 4 o tenía días libres casi le daba la impresión de que los segundos se convertían en minutos.
De vez en cuando su subsconsciente le traicionaba y se ponía a pensar en cómo le iría a Yata. ¿Habría conseguido de algún modo borrar aquella brecha que sentía entre él mismo y su grupo? Quizás se encontraba ahora mismo aún buscando a su alma gemela, una alma gemela que sólo quería para usar y abandonar.
Después él era el de la mala actitud. Claro.
También cabía la hipotética situación en la que el chico había desistido y andaba tan amargado como él. Por alguna razón aquel pensamiento le hizo sentir mucho menos satisfecho de lo que había pensado en un principio.
—Fushimi.
Con un rápido movimiento, levantó su atención del ordenador para encontrarse con la mirada de Awashima.
—Alguien te está buscando—Afirmó la mujer, con un tono más suave al que solía estar acostumbrado. A Fushimi aquello le molestaba de sobremanera. En las últimas semanas todos allí le estaban tratando como si fuera de cristal. Casi... como si hubiera tenido un desengaño amoroso.
No sabía si lo que le había ocurrido podía considerarse como tal.
Tal vez.
—¿De quién se trata?—Preguntó levantándose de la silla con actitud hastiada. Awashima suspiró y antes de poder contestar Fushimi reconoció a la persona que se estaba colando en el lugar como si nada.
—¡Saru-kun!
Y aquel terrible sobrenombre.
Totsuka Tatara... ¿qué pintaba allí? ¿Y buscándole a él para empeorar las cosas? Fushimi chistó por lo bajo, irritado y se acercó al hombre.
—¿Qué es lo que quieres?—Preguntó Fushimi en un tono algo más reservado. Tampoco quería que sus compañeros se pusieran a cotillear. Y si ese tipo estaba allí tenía sí o sí que ver con Yata—. Tengo trabajo así que si puedes ser brev...
—Ah. Sólo quería comprobar cómo te iba—Le interrumpió—. Yata ha estado algo deprimido últimamente y como cuando le pregunto por ti da la impresión de que he pisado una mina me dije; "¡ahhhh, aquí ha tenido que pasar algo!"—Al contrario de Fushimi, Totsuka habló en alto, como si no le importara en lo más mínimo quién pudiera escucharle. Chasqueando la lengua el chico le tomó del brazo y le condujo a las afueras de aquella sala, para tener una conversación más íntima.
—¿Acaso no estuviste presente la última vez?—No le gustaba aquel tipo. Hablar con él conseguía ponerle nervioso. Seguramente debido a la diferencia de sus personalidades. Y que daba la impresión de que podía ver a través suya.
—Vaya... qué fácil te ha resultado tocarme—Dijo el otro, simulando sorpresa ¿acaso se estaba quedando con él?—. Ah, claro, es que llevas tus guantes. Pero aún así... ¡vaya! ¡Parece que tu fobia no es tan grande como pensaba!
Se estaba quedando con él.
—Si es verdad que has venido únicamente por eso entonces ya puedes marcharte—Murmuró Fushimi como respuesta.
—¿De qué tienes tanto miedo, Saru-kun?
—Basta ya con lo de Saru-kun—Dijo en un arrebato. Entonces recapacitó y repitió las palabras del otro—. ¿Miedo...?
—Yata es un buen chico. Pero eso ya lo sabes ¿verdad?—Totsuka esbozó una media sonrisa—. No es el tipo de persona por la que uno se deba preocupar de si va a ser aceptado o no. Sobretodo si va con la verdad por delante—El hombre se metió las manos en los bolsillos y continuó con aire despreocupado—. A veces hay que tener algo de paciencia con él, pero en general siempre es cuestión de hablarlo.
Fushimi no dijo nada. No llegaba a entender el por qué se inmiscuía en todo ese tema. Y tampoco sabía hasta qué punto estaba enterado.
—Si cambias de opinión... sólo te dejo caer que últimamente Yata se pasa todos los días que tiene libre en el bar Homra—Le informó encogiéndose de hombros—. Sobretodo al mediodía, cuando suele estar bastante vacío. Y con esto dicho—Volvió a sonreír—, me despido. Nos vemos Fushimi, espero que nos volvamos a ver pronto.
Tras decir aquello el hombre se marchó sin ningún tipo de miramiento. La primera reacción de Fushimi fue fruncir el ceño y negar con la cabeza. Mas una vez de vuelta en su oficina se dejó caer en la silla rendido, con la mente sobreanalizando cada frase, sugestión y palabra.
Era cierto que él sabía lo buena persona que era Yata. No todo el mundo podría haber aguantado tanto tiempo a su lado, con o sin interés personal de por medio. Y sí, le había dejado bien claras sus intenciones... pero el chico era demasiado simple como para montar todo un plan maquiavélico sólo para usarle y olvidarse de él. La otra parte, sin embargo ya no le tenía tan convencido. No sabía hasta qué punto llegaría a ser aceptado por el otro joven. Puede que tuviera razón en lo de que era miedo lo que sentía, miedo a un rechazo en su estado más vulnerable posible.
En cualquier caso era consciente de que no iba a poder seguir así. Su consciencia no iba a dejarle tranquilo si no hacía algo. Le resultaba incómodo tener aquellos remordimientos... pero quizás había cambiado algo en la últimos meses. Quizás... la respuesta se encontraba en dejar por fin a Yata realizar su deseo. De aquella forma el joven conseguiría dejar de sentirse fuera de su grupo y él pasaría a segundo plano. Ayudándole en su cometido Fushimi no obtendría ningún beneficio a cambio... pero tampoco lo haría quedándose ahí quieto, dejando que pasaran los días.
Y de todos modos... supuso que el chico tenía aquel derecho. Independientemente de lo que ello le hiciera sentir a él.
No solía actuar sin tener un plan completamente estudiado, sobretodo en ese tipo de situaciones más personales. Y aún así, allí estaba, de camino al bar Homra a plena luz del día. Si Totsuka no se había quedado con él, en teoría sobre aquella hora el lugar, aparte de Yata y quizás del jefe, debería estar bastante vacío. Obviamente no tenía deseos de volver a tener una confrontación con todo un público observando por el rabillo del ojo.
Una vez estuvo delante del bar, miró a través de los cristales a ver si podía avistar personas dentro... y ciertamente no veía a nadie. Hasta daba la impresión de que el sitio estaba cerrado. Aún vacilante se acercó a la entrada y para su sorpresa pudo abrir sin problemas. Aún entrando con lentitud las campanillas de la puerta hicieron un ligero ruido musical que habría llamado la atención de cualquiera que hubiera estado allí. De no ser porque se encontraba completamente vacío.
Vale, cuando el hombre le había dicho que estaría despejado no se había pensado que fuera tan... literal. ¿Cómo podían dejar aquello abierto sin nadie vigilando?
Alzando un poco la voz preguntó si había alguien por allí. Al no recibir respuesta alguna el joven se detuvo a pensar si debía quedarse allí esperando o marcharse y volver otro día... Pero no le hizo falta darle muchas vueltas para llegar a un rotundo no. Le había costado bastante decidirse y llegar hasta allí, si se iba sería para no volver a aparecer por aquel lugar. Prefería indagar un poco más y si realmente no había nadie entonces ya sí se largaría.
Con aquella resolución se adentró en el lugar, encontrando unas escaleras en la zona posterior del bar. Subió por éstas sin preocuparse demasiado de hacer ruido. No quería encontrarse con alguien arriba que se fuera a pensar que había intentado meterse allí a escondidas y con sigilo, para robar... o algo similar.
El sonido de unos ronquidos fue lo que le recibió al llegar a la zona superior. Al adentrarse un poco más se encontró a Yata durmiendo plácidamente encima de un sofá. Fue entonces cuando su cuerpo decidió dejar de respirar por unos instantes.
No supo si debía despertarlo o si era mejor dejarlo así. Si Fushimi observaba el panorama por encima... en realidad era extremadamente conveniente para él que Yata estuviera dormido. Podría tocarle en un momento y marcharse toda prisa. De esta forma realizaría su cometido de incógnito y se ahorraría discusiones por presentarse allí, por haberle mentido tantas veces y por... lo que surgiera, en realidad.
Se acercó al chico con lentitud, llevándose un susto de muerte cuando éste dejó de roncar de manera repentina. Una vez estuvo a medio metro del sofá se fijó en que seguía profundamente dormido. Aliviado, se agachó poniéndose de cuclillas para verle mejor y al mismo nivel de altura. ¿Qué haría una vez se despertara y se diera cuenta de que podía verse a sí mismo de color? Ponerse histérico seguro. Tal vez, al ver que estaba solo y sin entender el por qué, se iría corriendo afuera del edificio a chillárselo al primero que se encontrara. Fushimi esbozó una casi imperceptible sonrisa y resopló por lo bajo.
Paulatinamente, alzó el brazo derecho y se quitó el guante. Respiró hondo y decidió actuar de una vez. Ya se lo había pensado bastante antes de estar allí... y habiendo llegado ya tan lejos no iba a echarse atrás.
Con suavidad colocó su mano en la mejilla de Yata. Como tratándose de una caricia, pero con el mínimo roze posible. Fue al mismo instante en el que borró la distancia existida entre ellos que pudo observar como su propia mano comenzaba a adquirir color. No demasiado, todo había que decirlo, pero lo suficiente notorio como para que se le volviera a cortar la respiración. En ese preciso instante su mente le recordó la escena en la que estuvo hablando con Yata sobre el color de su piel. Tenía razón en que no era algo que se difiriera demasiado. Y aún así no resultó decepcionante como en su momento se había temido.
El color fue expandiéndose a gran velocidad. De los dedos a su mano, después el brazo, la manga de su chaqueta... un segundo. ¿Su chaqueta? Si sólo le había tocado con su cuerpo la ropa no tenía por qué tomar color también...
Pero los acontecimientos no le dieron tregua suficiente para preguntarse el motivo y, en cuanto quiso darse cuenta, no sólo fue su chaqueta lo único que tomó tonalidad cuando teóricamente no debería. También las paredes, el techo, las luces. Básicamente... todo. Fushimi se levantó girándose a mirar a su alrededor, atónito.
No lograba entenderlo. Podía llegar a un par de conclusiones pero... ¿Cómo era posible que jamás hubiera visto aquella información filtrada por cualquier lugar de la net? Que jamás nadie lo hubiera mencionado, sugerido. Cualquier cosa.
Que cuando tocabas a tu alma gemela todo, absolutamente todo adquiría color.
Entonces toda aquella presunción que se había montado Fushimi sobre personas que usarían a otras como pinceles... ¿no existía? Pero... era imposible que aquello fuera un conocimiento popular... porque si así fuera Fushimi habría estado enterado.
A no ser... que uno únicamente se enterara en cuanto ocurría. Y que la gente lo mantuviera en secreto por alguna razón que escapaba a su comprensión.
Yata se quejó un momento en sueños interrumpiendo el debate interno de Fushimi. No era momento de quedarse allí pasmado, tenía que marcharse cuanto antes. Si Yata se despertaba ahora no tendría más remedio que explicarlo todo... y no se creía capaz. Con un rápido movimiento se incorporó y, echando un último vistazo al joven, se marchó en dirección a las escaleras.
Probablemente aquella sería la última vez que vería al chico. Ahora que Fushimi había descubierto que una vez tocándose todo se tornaba colorido Yata ya no tendría absolutamente ninguna razón para necesitarle. Y aunque el nudo en su garganta fuera tan pesado e insoportable, si pensaba en lo bien que habría acabado la historia para el chico... no dolía tanto.
Cuando bajó las escaleras y anduvo hasta la salida se encontró de bruces a alguien entrando por la puerta; El jefe del lugar, Kusanagi. Yata se lo había repetido tantas veces que le era imposible olvidarse. El hombre pareció sorprendido al verle, pero no tardó en pronunciar su nombre.
—Ah, Fushimi, ¿no era?—Preguntó mientras colocaba las bolsas que llevaba sobre una mesa—¿Has venido a buscar a Yata? Debería estar arriba, si no se ha ido ya.
Y se quedaba así tan pancho de encontrarle allí sin ser invitado... ¿Y cómo era que la gente de ese lugar siempre asumía cosas sobre él que eran ciertas?
Fushimi negó con la cabeza antes de decir;
—En realidad ya me iba—Se quedó unos segundos debatiendo consigo mismo en si pedirle el favor de que no le dijera a Yata que lo había visto allí... Aunque temía que precisamente por pedírselo hiciera justo lo contrario—. Si... si él pregunt...
Un chillido ensordecedor proveniente de la planta de arriba le hizo cerrar la boca al instante, sintiendo su corazón latir con rapidez miró hacia atrás. No había duda de que Yata había despertado encontrándose con el curioso panorama de ver color por doquier. Kusanagi no pareció muy sorprendido de escuchar al joven gritar, quizás estaba acostumbrado.
—No le digas que me has visto—Le reclamó Fushimi con un tono mucho menos desafiante del que le habría gustado. Sin añadir nada más salió del bar a toda prisa, sin ni siquiera cerrar la puerta tras de sí.
Lo ideal sería largarse de allí cuanto antes. Tomar un taxi fue la primera opción que se le pasó por la cabeza... pero a saber cuándo aparecería por la carretera. Además de que si se detenía a llamar a uno Yata le pillaría al momento en el que saliera del edificio. Lo cual, a juzgar por la situación, no dudaba que fuera a ser pronto. En aquellas condiciones no tenía más alternativa que echar a correr.
Y eso fue lo que hizo. Se dirigió a la izquierda del bar con la intención de cruzar de calle y callejear, de forma que si Yata salía a buscar a "quien fuera que le había tocado" no pudiera divisarle a primera vista. Cuando estuvo lo suficientemente escondido en el callejón en el que se había metido dejó de correr, pero aún así continuó a paso ligero.
Su nombre pronunciado a los cuatro vientos por aquel vozarrón que Yata poseía fue lo que detuvo su marcha.
—¡SARUHIKO, VUELVE AQUÍ, MALDITO!—Fushimi miró hacia atrás con el corazón en un puño, pero Yata no se encontraba a la vista—¡Cuánto tiempo más te pensabas que me podías engañar! ¡Ya lo sé todo así que sal de donde estés!—Su tono, claramente enfadado, resonaba por toda la manzana. Le estaría llamado a ciegas sin saber si realmente se encontraba por los alrededores o no. En todo caso, si le estaba llamando entonces no cabía duda de que el tipo con gafas de sol le había delatado.
Ya no había razón para esconderse. Aquello significaba que Yata ya lo sabía. Y si ya lo sabía... marchándose sin encararle sólo sería retrasar lo inevitable. Fushimi dudaba que estuviera del todo preparado para mantener la charla sobre las verdaderas razones detrás de su comportamiento. Pero tampoco es que estuviera muy convencido de que fuera a estar preparado cualquier otro día, así que... supuso que era preferible que Yata no volviera a irrumpir en su oficina para montar un nuevo escándalo. Por lo que deberían hablarlo allí y ahora.
Dando una gran bocanada de aire y partiendo en busca de la voz del joven, Fushimi se encontró de bruces con él una vez salió del callejón en el que se había metido. Yata, que en ese entonces tenía la boca abierta, seguramente con la intención de volver a aullar su nombre para encontrarle, la cerró al instante. El chico, tras un largo debate interno se arremetió contra él y le tomó de la chaqueta para zarandearle ligeramente.
—Qué haces, idiota, ¡suéltame!—Se quejó Fushimi al momento, pillado por sorpresa. Yata no le hizo caso, pero dejó de zarandearle para mirarle a los ojos con intensidad.
—Tú... serás...—Pronunció rabioso con los dientes chirriando—. ¡Mentiroso compulsivo! Cómo te atreves...—Su voz se fue apagando gradualmente—. Me has dejado como un imbécil durante todo este tiempo.
—Fuiste tú quien se dejó engañar con tanta facilidad—Escupió Fushimi, dejando salir la rabia de su interior—. No es mi culpa que tenerme a mí te resultara tan insólito que a la mínima te convenciste de lo contrario—Intentó zafarse del agarre, pero fue inútil—. Y si tu jefe no me hubiera delatado probablemente no te habrías enterado en la vida. ¿Tan difícil era sumar uno más uno?
Yata se sorprendió ante aquella acusación y negó con la cabeza.
—Mi jefe no me ha dicho nada—Entonces Fushimi se dio cuenta. Yata, aún agarrándole a él tenía además un trozo de tela en su mano izquierda. El joven cayó en la cuenta...¿en serio había sido tan descuidado?
Se había dejado uno de sus guantes olvidado.
Aquella revelación consiguió dejarle sin palabras, avergonzado por su propia estupidez. Probablemente había sido debido a la conmoción de verlo todo a color, mas seguía sin ser excusa. Yata por fin le soltó, sin desviar la mirada y le cedió el guante.
—Me imagino que lo de la fobia también era mentira ¿no?—Mencionó el más bajo. Al tomar la prenda Fushimi miró a otro lado, sin contestarle—. No lo entiendo... ¿por qué llegar tan lejos para ocultarlo? Y ahora igual... pretendías largarte sin decir nada—La voz de Yata, hasta entonces enfadada, fue adquiriendo poco a poco un tono más afligido—. ¿De verdad... te resulta tan terrible que yo sea tu alma gemela? ¿Crees que voy a obligarte a algo, acaso?
—No...—Musitó Fushimi con inseguridad—. No lo sé. No lo sé—Hizo una pausa para tomar aliento—. Pero... ¿qué querías que hiciera? Si te lo hubiera dicho habrías dejado de tratarme de la misma forma. No me mirarías a mí como alguien con quien quisieras estar, sino con alguien con quien te había tocado. Y en el peor de los casos después de conseguir lo que quisieras me habrías dejado tirado. De hecho tú mismo confesaste para qué querías conocer a tu alma gemela.
—¡Deja ya de asumir siempre lo que te da la gana!—Vociferó el otro de un arrebato. Fushimi iba a contestarle pero el chico le mandó a callar al momento—. Y DÉJAME TERMINAR. Es verdad que quería encontrarle... encontrarte por esa razón pero... ¡eso no quiere decir que después fuera a pasar de ti! Y eso de tratarte diferente... pues sí...pero no—Daba la impresión de que Yata tenía dificultad para expresar lo que realmente quería—. Es como... ¡todo lo contrario a lo que piensas! Si tan sólo supieras lo que me he comido la cabeza con...—Sus mejillas adquirieron un color más intenso—. ARGG ¿por qué eres tan complicado?
No supo si con aquella última pregunta el chico había terminado de hablar, por lo que esperó unos segundos donde se hizo el silencio entre ellos. Poco después Yata volvió a comenzar.
—Escúchame bien antes de que llegues a tus propias y equivocadas—Añadió—conclusiones. Seas quien seas... mejor dicho, lo que seas... No cambia nada... —Fushimi se volteó ligeramente para volver a corresponder su mirada—. No, mentira. Lo cambia todo... bueno... No todo TODO, cambia algunas cosas.
Me tienes aquí en vilo ¿podrías aclararte de una vez? Pensó Fushimi comenzando a perder la paciencia. No le gustaba sentirse así de desamparado durante tanto tiempo. Y menos justo delante del motivo de su angustia.
—Lo que quiero decir es que cambia a mejor... al menos para mí. ¡Y no vayas a soltar nada de Homra! Porque no hablo de eso... hablo de lo otro.
¿Lo otro?
—Durante un tiempo le he estado dando vueltas al terrible marrón que supone que...te...—Hizo una pequeña pausa—... te guste alguien que no sea tu alma gemela. Llegas a pensar que es una tontería y que deberías olvidarte. Sobretodo cuando dicha persona no hace más que rechazar tu compañía o meterse contigo.
Fushimi abrió los ojos de par en par. Gustar. Le sonaba todo tan extranjero, sobretodo si Yata de verdad estaba insinuando lo que sospechaba...
—Y de pronto resulta que esa persona es la persona después de todo. ¿Puedes imaginarte siquiera lo que me has hecho pasar?—Le encaró, pero con entonación poco severa—. Y al mismo tiempo... aunque estoy extremadamente enfadado por todo lo que ha ocurrido... No puedo evitar pensar en lo contento que también me siento—Fushimi notó que se le estaba secando la garganta, por lo que tragó saliva. Aún sin quitar la más mínima atención del otro chico—. Lo que quiero decir con esto es que... no te veo diferente. Para mí sigues siendo el mismo tipo antisocial, sarcástico y con mala uva que por casualidades de la vida ha acabado... gustándome. Lo que sí ha cambiado es que ahora tengo un motivo para pensar que no soy un completo masoquista por seguir empeñado en estar contigo.
Y tras toda aquella declaración Yata miró hacia otro lado, rascándose la coronilla, cohibido. Fushimi no supo si realmente había terminado esta vez... y tampoco tenía ni la más remota idea de qué decir, de cómo describir lo que esa confesión le estaba haciendo experimentar, por lo que no pronunció palabra alguna. Yata, que ahora sí se encontraba expectante por su respuesta mostró impaciencia y le urgió prisa;
—Pero... ¡di algo!
—Ah... como me habías mandado a callar—Contestó Fushimi como excusa por su silencio. No quería revelar que simplemente le había dejado abismado.
—Ya, bueno... ¡pero hasta que terminara!—Yata se mordió el labio, claramente avergonzado. Seguramente no había previsto que toda su bronca del principio acabaría tomando ese camino.
Aún sin saber cómo expresarse del todo, Fushimi decidió finalmente actuar de manera más instintiva. Utilizando su mano derecha se quitó el guante que le quedaba restante y una vez metió ambas prendas en uno de sus bolsillos se acercó un poco más al otro joven. Con un tímido movimiento tomó las manos del chico entre las suyas y las alzó, bajando la mirada para observar cada minúsculo detalle.
Si bien ambos ya podían verlo todo a color, aún quedaba el tema de que aparte de un pequeño toquecito no había tocado antes a Yata La cálida temperatura que transmitía contrastaba un poco con la suya propia, un tanto más fría. Otra cosa que le llamó la atención fue la desemejanza que había entre la tonalidad de color que tenía la piel de Yata con la suya. Eran diferencias bastante simples... pero al mismo tiempo notorias y, por alguna razón, a Fushimi se le antojaron perfectas. Como si tuviera que ser así y de ninguna otra manera. Entonces miró hacia arriba, en dirección al cielo.
—Parece que no habrá que enviar a nadie en un cohete hasta la atmósfera—Murmuró entonces, dejando a Yata a cuadros al no saber a qué venía ese comentario. Poco después el joven pareció caer en la cuenta y se rió ligeramente, apretando de paso el agarre que los mantenía unidos.
—Supongo—Murmuró, dejando salir un largo suspiro. Dicho esto volvió al tema principal que les concernía—. Ah, pero no intentes llevarme por las ramas. No has mencionado nada sobre... el tema. Y...—Tragó saliva—repito que no voy a obligarte a nada. Pero ya que he llegado hasta aquí pues igual me gustaría sab...
Antes de poder continuar fue interrumpido por el otro. Fushimi no era del tipo de persona que se dejase llevar por los impulsos, pero su cuerpo y mente habían decidido ponerse de acuerdo en dejar atrás las palabras y permitir que las acciones hablaran por sí solas.
Sin comprender muy bien qué estaba haciendo, aún con las manos del otro entre las suyas, tiró del cuerpo del joven para acercarlo más al suyo. Entonces, con un rápido movimiento intentó chocar sus labios con los del joven. Y aunque la inexperiencia le hiciera actuar con torpeza (de hecho hasta golpeó a Misaki con sus gafas en el proceso), cuando el chico se separó de él con los ojos de par en par, las mejillas intensas y una inmensa "o" dibujada en su rostro supo que no había errado en actuar con aquel ímpetu.
—¡A...avisa antes de hacer eso!—Se quejó el otro una vez despertó del pequeño trance que se había apoderado de él—. Auu... seguro que me has dejado marca y todo—Comentó sobándose la cara (y escondiendo su vergüenza, ya de paso)—. Mira lo que ocurre cuando no quieres admitir en voz alta que te gusto.
—¿Que me gustas? ¿De dónde has sacado eso? No te adelantes a los acontecimientos, Misaki—Pronunció intentando simular indiferencia, mas la pequeña sonrisa que le acompañaba no le hacía ganar demasiada credibilidad. En cualquier caso esto consiguió que Yata volviera a centrar su atención en él, en vez de evitar su mirada.
—¿C-Cómo? ¡Venga ya! ¡Aprende a mentir mejor!
—¿Me lo dices en serio...?
—Ah... no... quiero decir... ¡deja de mentir de una vez!—Fushimi alzó una ceja y se encogió de hombros. Aparentemente Misaki decidió dejar atrás su timidez y, tras titubear un pequeño instante, le rodeó la cintura—. Hagamos un trato... si tú eres sincero conmigo yo también te daré un... beso ¿q-qué te parece?
—Mmm... no me convence del todo.
—¿De qué vas? ¡Un beso mío vale un montón!
Fushimi sonrió de nuevo.
—Es cierto.
Y aquella honesta respuesta fue suficiente para demostrarle al chico que había accedido a su peculiar trato. Si tanto quería Misaki que Fushimi contrarrestara su declaración, entonces así lo haría esta vez. Después de todo para él habían bastado unas pocas pero verdaderas palabras para dejar de ver el mundo de color negro.
Quería agradecérselo de alguna manera... y qué mejor que con un trato similar.
Con un suave movimiento se acercó al oído del joven, a la vez que lo inundaba en un abrazo. Y con una voz apenas audible, en un pequeño, diminuto susurro, pronunció las palabras que sólo Misaki, al contrario del mundo entero, merecía oír.
—Si no miras por donde andas vas a acabar cayendo de bruces al suelo—Exclamó Fushimi tomando del brazo a su pareja justo cuando éste había tropezado por estar distraído—Ya ha pasado una semana y media ¿no deberías estar ya acostumbrado?
Tanto él como Misaki se encontraban de camino a su apartamento, tal y como acostumbraban a hacer antes de la gran discusión que casi puso punto y final a su historia. Aunque la gran diferencia de las veces que habían hecho ese recorrido con anterioridad era que no iba a despedirse del más bajo nada más llegar. Sino que además le dejaría entrar. Era la primera vez y el joven estaba que no cabía en sí de contento. Fushimi no comprendía realmente la razón, tampoco es que hubiera nada especial dentro de su vivienda... Pero Misaki persistía en explicar que era un antes y un después en su relación y que tenía todo el derecho del mundo a emocionarse.
Mas su emoción no era el verdadero motivo de la torpeza del joven. Sino más bien su afán por estar mirando a todas partes sin fijarse en dónde colocaba sus pies, admirando el color y las tonalidades de todos los edificios y objetos por doquier que llegaban al alcance de su vista.
—Lo dices como si fuera mucho tiempo. Es imposible que una semana de color compense veinte años de blanco y negro. Lo que me extraña es que tú no estés como yo... —Se quejó sin ningún reparo—. Pero supongo que al fin y al cabo juegas con ventaja... Llevas viendo color desde hace mucho más tiempo.
Fushimi no pudo negar aquello, pues llevaba toda la razón del mundo. Pero también consideraba que aunque hubiera estado en la misma situación, al menos tendría cuidado de no colisionarse con todo simplemente por no prestar atención. En cualquier caso en vez de continuar con la reprimenda únicamente chasqueó la lengua y tomó la mano del otro.
—Así al menos si te tropiezas no acabarás en el suelo—Aclaró antes de que Misaki pudiera decir nada.
Al principio éste se sonrojó (término que había aprendido recientemente y que denotaba la manera que tenía Misaki de teñir sus mejillas con un intenso rojo cada vez que sentía vergüenza) pero al cabo de un instante el joven le correspondió al gesto y esbozó una maliciosa sonrisa.
—¿No podías decir directamente que querías tomarme de la mano?
Fushimi alzó una ceja, sin romper el contacto en ningún momento.
—Deja de asumir lo que te apetece.
—¿Me vas a decir que no es cierto? Mira que prometiste ser sincero conmigo.
Tras una pequeña batalla de miradas el más alto de los dos suspiró, sintiéndose derrotado. Al no haber añadido ni negado nada Misaki comenzó a reírse con ganas y se aferró a él con más fuerza, feliz por su efímera victoria.
—Bueno, pues si vas a estar vigilando entonces seguiré mirando todo lo que me llame la atención.
Menudo cara dura, pensó el otro sonriendo muy a su pesar.
Al cabo de un rato, cuando Fushimi vio la oportunidad perfecta para su pequeña venganza, soltó el agarre justo en el momento adecuado y Misaki, que se encontraba apreciando las vistas, acabó chocando con todo un grupo de chicas.
Ver la torpe e histérica disculpa del chico mientras le enviaba miradas amenazadoras era lo que Fushimi podía definir como felicidad. Sobretodo porque sabía que Misaki lo aceptaba como su forma de ser y aún así quería seguir estando con él.
Y aquella sencilla y al mismo tiempo complicadísima situación era lo único que Fushimi siempre había querido. Por mucho que le hubiera costado tanto averiguar que no era algo imposible para una persona como él.
Después de echarle una buena reprimenda fue Misaki el que le tomó de la mano con fuerza para no soltarle en ningún momento. Con una pequeña media sonrisa adornando su rostro, Fushimi resopló y decidió imitar las antiguas acciones del otro, observando el horizonte en torno a ellos.
Las luces, las personas, las calles.
De seis a miles y miles de colores a su alrededor.
Y a su lado se encontraba el peculiar culpable de todo. Pese a que el color seguía sin tener demasiado interés para Fushimi, había dejado de sentir aquel descontento con el mundo exterior que tanto le había perseguido y atormentado antaño.
Con Misaki junto a él.
Fushimi no podía pedir más.
