Capítulo 3
Bailarina
Llegué a casa con un poco de dolor de cabeza, y en cuanto crucé el umbral me dirigí corriendo al baño para devolver todo lo que mi estómago contenía. Mientras casi vomitaba mi propio intestino, la contestadora comenzó a sonar.
— Eit, soy campanas. Por el momento no puedo atenderte, quizás no estoy en casa… De cualquier modo deja tu mensaje después del tono…
Y el sonido de un bip se escuchó.
— Bella, soy Jake. No me atiendes el móvil y estoy preocupado. ¿Estás bien? Te veías alterada cuando saliste y Rose no sabía que te irías temprano — un suspiro largo y tendido—, por favor Bella… Solo quiero saber si estás bien… Te quiero…
Luego siguió el segundo mensaje…
— Sexi, ¿dónde estás? — decía la voz intranquila de Rose—. Jake me dijo que saliste casi corriendo del S.S. ¿te hizo algo el asqueroso de Northon? ¡Mierda nena! Por eso mandé a llamar a Jake para que fuese por ti pero no lo encontramos en seguida… Por favor, solo dime que estás bien…
Yo comencé a llorar de nuevo cuando el tercer mensaje comenzó a reproducirse.
— Señorita Linton, buena tarde — saludaba, quizás el mensaje tenía un par de horas en espera—. Somos del banco de Aspen, Colorado. ¿Podría llamarnos lo más pronto posible? No localizamos su nueva dirección. Tenemos que atender unos asuntos en cuanto la propiedad que tiene la hipoteca. Llámenos al 556-982-4567. Excelente noche, señorita Linton. Hasta pronto.
Las lágrimas atacaron de nuevo. Sabía lo que significaba, mi prórroga para pagar la hipoteca se estaba venciendo y por ende, el tiempo se me venía encima.
Llame primero a Rose y luego a Jake. A ambos les dije que el estómago me había dolido por algo que había consumido en mal estado, aunque no era del todo mentira. Me retorcí del solo pensar en lo que había pasado. Ambos me dijeron que podían presentarse en mi casa en cuanto el turno terminara pero yo les rogué que no lo hicieran o podrían contagiarse de algo. Al final, cedieron.
Me metí a la tina y me quedé ahí por casi una hora. Me sentía sucia y deseaba quitarme la sensación. Me cepillé los dientes meticulosamente dos veces y después enjuague bucal. Al final, puse un poco de música.
La vie en rose de Edith Piaf era la canción favorita de mi madre y me quedé tumbada en la cama mientras las lágrimas me traicionaban de nuevo, ¿en qué me había convertido? Me flagelaba automáticamente con mis propios pensamientos sabiendo que había decepcionado la memoria de mi familia. No solo me había comportado como una persona diferente, sino que definitivamente mi autoestima — ¿y qué decir de mi orgullo? — se encontraban bien muertos y enterrados tres metros bajo tierra con una lápida que decía: En memoria de los sueños rosas de una chica que quiso ser feliz. Mi corazón se estrujó con fuerza. No podía siquiera mirarme al espejo sabiendo que la misma chica pálida de ojos verdes me habría de mirar con aire decepcionado, torciendo la boca e intentando limpiar el rímel corrido con un pañuelo de bordes beige.
La bailarina de ballet que llevaba en mi interior, esa noche tampoco me habló. Mantenía la espalda completamente encorvada en mi dirección y sujetaba sus piernas con ambos brazos mientras posicionaba la barbilla en las rodillas. El cabello castaño le caía por la espalda con aire apagado y su tutú rosado se decoloraba a cada segundo que transcurría. Y en ese instante, cuando ella era ajena a lo exterior, la sonrisa de Bill Northon aparecía con aire triunfante mientras intentaba tocarla.
¡No! ¡A ella no! La bailarina representaba para mí, los buenos momentos que había tenido con mi familia, los pequeños momentos que tuve de felicidad e intocables. No, eso jamás. Northon pudo haber tocado mi cuerpo, pero jamás mi corazón.
Cuando se repitió por segunda ocasión, yo decidí encender el celular. Eran las 11:15 pm y encontré cientos de mensajes de texto de Jake que me preguntaban dónde estaba… Al saber de qué se trataba, comencé a borrarlos sin leerlos y casi al vaciar todo, uno nuevo llegó a mí ya saturada bandeja.
Hola Annie, buena noche… Sé que es un poco tarde pero no pude evitar pensar en ti. Espero que de verdad estés bien. Yo apenas llegué a Cambridge y esperaré por lo menos una semana aquí.
También era para recordarte que me debes una salida a comer… Claro si tú quieres.
Que tengas linda noche, linda Anne…
A.
Suspiré.
— Dios santo, ¿por qué sigues buscándome? Pensé que en cuanto nos alejáramos te olvidarías de mí… Te voy a dañar, Adrian… Y mucho…
Y a pesar de lo que había vivido, las palabras de Rose volvieron a mi mente. Aun así, decidí responderle.
Cuídate por favor y suerte en tu estancia.
Bella.
Un mensaje breve y conciso.
Segundos más tarde, mi celular comenzó a sonar con un tono muy especial y que precisamente le quedaba perfecta a la situación: Otherside de Red Hot Chilli Peppers.Miré la pantalla y el número de Adrian apareció en seguida.
— Si no le contestó, me veré como una cobarde… Dios.
Y entonces, cerrando los ojos, respondí.
— ¿Hola?
— Bella, soy Adrian…
— Hola, A — dije como la letra en inglés y me sorprendí de escuchar su voz melodiosa e increíblemente gratificante después de la ardua noche.
— Amm ¿estás bien? — preguntó sacándome de mis pensamientos turbios.
— Un poco cansada — respondí recargando la espalda en el colchón al completo—. Fue un turno bastante largo.
Vaya que lo había sido.
— Me imagino — comentó suspirando —. Debe ser frustrante servir café todos los días con el tiempo a contra reloj.
— Café… si café — conmemoré culpable.
— Pensé que ya no querías saber de mí — murmuró en tono triste —. Sé que... Que apenas llevamos dos citas y estoy presionándote demasiado.
¿Dos citas? Según yo, llevábamos solo una… Y como si hubiese escuchado lo que pensaba, carraspeó y aclaró su voz.
— Ya sabes… La primera vez fue en The Spice Table y la segunda fue el Fountain Cofee Room…
Sonreí alejando todo lo malo de mi pensamiento.
— ¿La primera vez fue en la hamburguesería? — pregunté siendo incapaz de repetir el nombre del lugar, simplemente no era para nada romántico. ¿Romántico? No, nada de romance.
— Por supuesto, Annie. Te voy a contar — dijo como si acomodara en una butaca para disfrutar la función de mi reacción tras el teléfono—. Digamos que soy medio despistado con mis objetos personales y que estaba complemente avergonzado por tener que devolver una hamburguesa, después de manejar cerca de 25 kilómetros de viaje— estaba absorta, escuchando su voz embelesada y aquello me dejó sorprendida.
» Entonces mientras trataba de buscar absurdamente en los bolsillos de mi pantalón, escuché una voz que me preguntaba algo. Cuando giré mi rostro no pude evitar sonreír porque un ángel personificado me miraba con el objeto de mis frustraciones entre sus manos. Yo inmediatamente la invité a comer poniendo de pretexto que debía ser agradecido por haberme salvado…— recalcó, yo me desconcerté pero no lo interrumpí—. Lo sé, qué excusa más tonta, ¿crees que el ángel se haya dado cuenta de que estaba desesperado por conocerla?
Mi corazón estaba desbocado pero feliz, más que feliz.
— Seguro que ella estaba encantada con ello… — aseguré —. Pero no creo que era necesario.
— Lo era para mí, ¿Y si jamás la volvía a ver?
— Adrian… — murmuré avergonzada tras sus palabras.
— Bella… Estoy… Es decir. Cuando te conocí de verdad me pareciste una persona muy interesante. ¿No te das cuenta de ello?
De acuerdo, no me había dicho que le gustaba pero el hecho de pensarlo me hacía sentir nerviosa.
— No sé si sea buena idea…— respondí mientras movía las piernas para acomodarme.
— No me niegues la oportunidad de mostrarte quien soy en realidad, por favor. Seamos amigos… — pidió con el corazón en la mano, lo sabía. Él era muy transparente.
Amigos, eso no sonaba mal.
— De acuerdo — dije son más —. Amigos, Adrian…
— Amigos — repitió con un dejo de decepción en la voz—. Entonces, ¿me quieres acompañar a una cena la próxima semana?
— De acuerdo — acepté entusiasta—. ¿Cuándo?
— El miércoles, ¿te parece?
Miércoles, perfecto. Mi día de descanso semanal y mi mal rato comenzaba a irse.
— Suena genial — y entonces me eché sobre mi estómago moviendo mis pies y retorciendo mis cabellos húmedos con la punta de los dedos—. Estoy emocionada — solté sin pensar y cubrí mis labios.
— Suenas como una colegiala que está retorciéndose el cabello con los dedos y moviendo los pies boca abajo— rio.
Me paré de mi lugar asustada, ¿me estaba espiando?
— ¿Me estás espiando por la ventana? Sé un poco de Krav Maga…— lo amenacé sonriendo.
Él rio con ganas.
— Eres muy transparente Bella, a pesar de todo no tienes muchos secretos — y mi corazón se aceleró— eso me gusta de ti y ¿sabes? Yo también estoy emocionado — dijo sin más mientras suspiraba casi imperceptible —. No quiero estar más aquí — y sonó como atrapado dentro de su propio cuerpo, esperando una liberación, un rescate de auxilio.
— ¿Estás bien? Suenas frustrado.
— Asuntos personales— contestó sin más y hubo un silencio tras la línea—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
Yo me sentí nerviosa. No podía contestarle cualquier cosa que tuviese que tener directamente conmigo.
— Intentaré respondértela.
— Bien… Trata de ser lo más honesta posible por favor — me pidió de manera seria.
— Ok — y los nervios me atacaron. ¿Qué quería saber?
— Si alguien tuviese un secreto muy importante que cambiaría nuestra relación — y carraspeó apenado mientras a mí me subía un rubor por las mejillas. Gracias a Dios que él no estaba ahí para mirarme—, es decir… una relación de amistad, ¿crees que ese alguien debería decirlo?
¿Qué quería que le dijera? ¡Tenía un enorme secreto que contarle y que definitivamente arruinaría nuestra amistad! Sacudí la cabeza y pensé con seguridad, sinceridad ante todo.
— Claro que debería.
— No sería como una mentira — murmuró excusándose de algo—, sería como una omisión.
Básicamente lo que ocurría conmigo. No, yo si le había mentida en verdad. Mierda.
— Sí tendría que hacerlo — repetí de nuevo, siendo una cobarde.
— Aunque ¿eso significa perder a alguien?
— Eso... Eso es más complicado… Debe él o ella— murmuré nerviosa—, ver que tan importante es esa persona para sí como para ser honesto de verdad.
Mentirosa de mierda.
— Sí esa persona fuese yo, ¿Tú me perdonarías?
— ¿A qué viene todo esto? — pregunté más nerviosa de lo que alguna vez imaginé estar.
— Sólo… Respóndeme, por favor…— Inquirió mortificado.
— Sí — contesté sin más.
Oh Adrian, te aseguro que soy más pecadora yo que tú si es que ocultas un secreto como para perderme, pensé.
Pero él no había dicho que se trataba de los dos, habló hipotéticamente ¿no?
Un suspiro tras la línea se escuchó.
— Gracias por ser honesta conmigo, Bella… De verdad lo aprecio.
Un nudo ahogó mi garganta seca.
— Claro… — no pude decir más.
Carraspeó y aclaró de nuevo su voz, cambiando de tema gracias a todo lo divino.
— Estaré en Cambridge hasta el lunes y el martes llegaré a Los Ángeles. Me habría gustado verte antes pero… No creo poder quedarme despierto durante la cena — y rio.
— No quiero que te ahogues en la sopa— dije en broma.
— Oh no, no queremos eso. Bueno, quizás es mejor que te deje dormir, es tarde y fue un día cansado…
— Sí — contesté y bostecé realmente cansada—. ¿Tú dormirás ya?
Él suspiró.
— Qué más quisiera pero debo primero terminar algunos asuntos.
— Que mal.
— No te preocupes, Annie. Estaré bien, con un poco de café… Por cierto, ¿algún día prepararás uno para mí? — Quiso saber con un poco de ternura en las palabras—. O acaso ¿te has fastidiado?
En lo absoluto, amaba el café. Starbucks no me había fastidiado el gusto por la cafeína.
— Por supuesto — respondí —, cuando gustes.
— ¿Es una cita? — inquirió coqueto.
Me mordí los labios, él hacía lo imposible por tener citas conmigo y eso me halagaba.
— Es una cita…
— Bien — respondió — cita con Annie… — y quedó en silencio—. Estamos a buen tiempo de hacer el itinerario de citas de las próximas semanas.
¿Seguir saliendo? Me emocioné un poco pero dejé los pies bien puestos en la realidad.
— Adrian… — lo regañé.
— Ok, ok… Paso a paso — recordó—. Que descanses, Anne. Sueña con los ángeles… Yoloharecontigo— dijo tan rápido que la última frase no la entendí del todo.
— ¿Qué dijiste?
— Que sueñes con los ángeles — rio.
— Desde que llegué — suspiré y cambié de tema—. Descansa A, hablamos después…
— Cuídate por favor, Annie — murmuró con cariño—. Adiós.
— Adiós… — y la llamada terminó.
Esa noche soñé con un ángel de cabellos castaños y ojos verdes que me pedía que lo dejara darme un beso.
...
A la mañana siguiente, desperté de mejor humor en cuanto leí un mensaje directamente desde el móvil de Adrian.
Que tengas excelente día, no olvides que el mundo está hecho para verte brillar.
A.Edward Cullen.
— Siempre tan lindo — sonreí y me metí a bañar.
Al cabo del medio día, el timbre de mi apartamento comenzó a sonar. Yo caminé con lentitud y entonces miré por la rendija. Al abrir me encontré a mi rubia favorita con varias bolsas de comida.
— Hey Rose, ¿Asaltaste el restaurant de comida tailandesa? — pregunté mientras le daba un abrazo fuerte.
— Calla o me lo comeré todo yo sola — contestó depositando las cosas en la mesa de la cocina—. ¿Cómo te sientes?
— Mejor— respondí apenada.
— Pensé que habías contraída gripe porcina, estaba asustada— y hubo algo en ella que no me hizo confiar.
— Creo que solo fue una indigestión.
Nos sentamos en el piso de la sala con la mesa de centra siéndonos de apoyo. Yo comencé a comer con ganas, todo estaba realmente bueno. Rose me miraba con la mirada acusadora mientras yo intentaba centrarme en mi pollo mandarina.
— ¿Sabías que eres una mala mentirosa, Isabella Anne Linton?
— ¿De qué hablas? — pregunté tomando un rollo de espagueti con los palillos.
— Sé lo que ocurrió — dijo y yo dejé de comer en seguida—. Michael me lo contó.
— Rose…
— No Bella, no me interrumpas. Estoy completamente fastidiada de que siempre te ocurran estas mierdas. ¿Sabes lo mal que me siento que me mientas solo para que no te defienda de los demás? Y aparte de todo, le mientes a Jake que se nota que está hasta los huesos loco por ti— y me miró fijamente—. Lo hubieras visto, estaba como maniático preguntando cómo estabas y dónde.
— No me hagas sentir más culpable — le pedí ahora sin apetito—. Me pidió matrimonio.
— ¡Oh mi Dios! — Chilló con las manos sobre los labios—. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Qué le contestaste?
— Nada Rose, no le dije nada. Yo no amo a Jacob como para casarme con él…— admití culpable.
Ella me sobó el brazo con ternura.
— Quizás es la oportunidad que querías para marcharte de Safe and Sound, Bella.
— Yo no quiero casarme para huir de un bar, rubia. Si ese fuera el caso, ya me habría largado por cuenta propia. El punto es que necesito el maldito dinero, el amor va y viene.
— ¿Cómo lo sabes? — inquirió enarcando una ceja y yo levanté los hombros con indiferencia. Suspiró—. A este paso, pasará lo mismo cada noche hasta que pierdas la paciencia y ya no haya marcha atrás. ¿Qué hubiese pasado si el viejo imbécil te hubiese tratado de…?
— ¡Ni lo digas!
— Entonces, ¿qué planeas hacer, Bella? Tienes que cambiar eso. Estamos preocupados por ti.
— ¿Alguien más lo sabe? — pregunté con nervios.
Mi rubia negó en silencio.
— Confía en mí, nadie lo sabrá si tú no lo dices por ti misma.
— Gracias — suspiré aliviada—. Quiero mantener a raya los problemas por ahora y más con la insistencia de Adrian.
— ¿Qué pasa con él?
— Está empeñado en que nos sigamos viendo— confesé nerviosa.
Mi acompañante aplaudió con ganas y sonrió.
— Oh Dios mío. ¡Que grandioso!
— Mi vida es una locura.
— Cállate— me ordenó —, es mucho más intrigante que la mía. Bella — me tomó de las manos—, tienes mucha más suerte que yo en ese aspecto, date lo oportunidad de ser feliz.
La miré atónita.
— Dile la verdad — sugirió.
— Ni loca.
— ¿Y sí se enamora? ¿Qué carajos vas a hacer? ¡Se nota que le gustas!
— Rose, ¿Crees que no tengo miedo? Por el momento es mejor así. Mi vida está perfectamente ahora de este modo.
Ella me miró de mala gana y seguimos comiendo, sin volver a traer el tema al presente.
Esa noche en el bar, fue bastante tranquila. Clientes modestos y respetuosos que se iban satisfechos con los servicios. Al terminar el turno, Jake se acercó a mí y me invitó un trago, como ya había terminado de trabajar, no me pareció mala idea.
— ¿Cómo te sientes? — me preguntó mientras los demás empleados comenzaban a barrer y limpiar las mesas.
— Mejor — confesé bebiendo de mi cerveza fría.
— Ayer me asustaste— confesó tocándose el cabello—. Pensaba que algo… Había ocurrido.
Yo parpadee culpable.
— Nada pasó, solo… Me fui antes de vomitar a alguien en la cara.
Él rio y bebió.
— Me habría gustado llevarte a casa, Bella.
— No te preocupes — dije golpeando amistosamente su brazo—, tenías que cuidar a la chicas. No eres mi niñero — comenté en forma de broma.
Me miró con seriedad.
— Amaría cuidarte lo sabes… Me gusta hacerlo — y sus ojos se centraron en los míos con demasiada intimidad.
Yo me removí incómoda de mi asiento.
— Gracias — le agradecí de corazón —, haces mucho por mí.
Y entonces, me tomó de la mano con firmeza.
— ¿Has pensado lo que te dije? — Inquirió de la nada y yo me quedé muda. Al notar que no respondía, continuó hablando—. Sé que hice planes muy apresurados pero hay algo que quiero contarte.
Asentí, aun con su mano sobre la mía y sintiendo nacer una gota de sudor en mi nuca.
— Estoy haciendo el papeleo para mi graduación y me mudaré a Georgia para trabajar en una empresa local. Terminando, me iré… Sé que faltan unos seis meses pero… Planeo que, podríamos casarnos aquí o allá cuando me establezca.
Yo respiré sorprendida.
— Jake... ¿Qué dices?
— Sé que es poco tiempo pero…
— No he decidido nada y estás presionándome— le expliqué. Me miró estupefacto.
— Pensé…
— No me gusta que decidas por mí y por favor no lo hagas más. Te quiero lo sabes, pero no quiero casarme aún, Jacob… Es muy pronto para mí…
— Bella…— murmuró con tristeza pero logró recomponerse al tiempo.
— Por ahora no hablemos de ello— le pedí tomando mi maleta con una sonrisa—. Dejemos que las cosas pasen, ¿de acuerdo?
Jake sonrió sin ganas.
— De acuerdo— respondió de manera tranquila y luego esquivó mi vista.
— Gracias por la bebida — musité de forma amable.
Lo besé por la mejilla y le sonreí amable. Subí al mi Honda CRX y aceleré hacia la carretera.
La semana transcurrió casi de manera normal. Era martes. Rose, Paul y yo pasamos la mayoría de las tardes en restaurants, cines, centros comerciales y bazares de cualquier índole. Sabía que todo esto estaba planeado por mi mejor amiga para que yo pudiese distraerme totalmente de la situación que me había enfrentado con el rabo verde de Northon y honestamente, yo lo apreciaba demasiado.
Mientras estaba en la pastelería de un centro comercial, nos dedicábamos a reír de cualquier estupidez.
—… Entonces — apenas pudo decir la rubia —, el hombre quiso mostrarse lo más sexi posible mientras se le caía la bola de calcetines de entre los pantalones…
— ¡Nicole Harper! — rio mi amigo—. El pobre sujeto quiso mostrar que tenía una enorme virilidad.
— Solo mostró su enorme decepción.
Yo negaba en silencio mientras intentaba no escupir mi malteada.
— Pobre hombre — musité.
— Tranquila, mujer — reflexionó Rose —. Lo hice sentir el rey del universo.
Entonces, mi celular vibró anunciando un mensaje de texto.
Hola Annie, ¿qué tal tú día?
Solo para conmemorarte la cita. Nos vemos en el Restaurant Cleo, a las 7:00.
Sé que suena un poco extravagante pero es un lujo que deseo darme…
A.Cullen.
Yo estaba sonrojada por la invitación pero, ¿A qué se refería con "un poco extravagante"?
Rose seguía riendo hasta que escuché que se callaba y levantando la mirada, me veía con mucha atención al igual que Paul.
— Eit sexi, ¿alguien te ofreció sexo virtual o qué? Tienes la cara pasmada y roja como un tomate.
— Es… Adrian…— respondí.
Y mis amigos comenzaron a gritar como viejas locas en el mercado. Sí, hasta Paul sabía ya de su existencia.
— ¿Y qué te dijo?
— Quiero que nos veamos en el — y leí de nuevo— Cleo.
— ¡Mierda santa! — Chilló Paul—. ¿Te invitó a un maldito restaurant de lujo?
— Oye — dijo Rose — ¿Cómo sabes eso?
— Rubia, sé cosas de Los Ángeles… — y me tomó de las manos con fuerza — necesitas un vestido de muerte, castaña… Y zapatos para matar…
— ¿Qué? — pregunté parpadeante.
— ¡Nos vamos de compras! — chillaron ambos y me halaron hacia las tiendas antes de que pudiese acabar mi rebanada de tarta de manzana.
El miércoles por la tarde, mis dos mejores amigos me ayudaron a prepararme para la ocasión… Un vestido azul con falda de sirena y suelto en los pies, escote de corazón, zapatillas altas, cabello ondulado, maquillaje exquisito y perfume. En realidad, no me reconocía en lo absoluto.
— Lo matarás… Te lo aseguro — murmuró Rose.
— Esta es tu noche, princesa — dijo Paul con voz suave.
Y entonces recibí una llamada telefónica, con mi canción favorita.
— Es Adrian — murmuré.
— ¡Contesta! — gritaron en coro.
— Quizás es para cancelar— dije con decepción.
— ¿Estás loca? — chilló Rose — ¡solo responde!
Sin más, lo hice.
— Hola, Adrian…— saludé.
— Annie… ¿Cómo estás?
— Muy bien, ¿Y tú? — respondí parándome de mi lugar y caminando hacia el balcón.
— Me alegra, yo también estoy bien — respondió y se escuchaba que conducía —. Quería preguntarte algo…
— Dime — suspiré nerviosa.
— ¿Me darías tu dirección?
Yo parpadee sorprendida.
— ¿Mi dirección?, ¿Para qué?
— Me parece que es lo más correcto para una dama. No quiero que conduzcas hasta el restaurant sola. Sería una grosería de mi parte…— explicó.
Oh Dios, que caballero.
— ¿Estás seguro?
— Por supuesto — respondió.
Más yo no lo estaba. Si sabía mi dirección, le estaba dando paso a mi vida, a mi espacio personal en concreto. Sin más, me giré suspirando el aire fresco del balcón hacia donde había caminado para tener privacidad.
— ¿Conoces el parque y el faro Point Fermin? — le pregunté y supe que sonrió tras la línea.
Me sentí nerviosa mientras mis amigos me trataban de calmar, fue entonces cuando escuché un auto estacionarse y yo hiperventilaba.
— Tranquila, estás hermosa — me aseguró Rose.
— Sí — secundó mi amigo—. Bellísima.
— Eso espero — respondí insegura.
Y entonces, el timbre sonó. Rose aplaudió como niña pequeña y yo entorné los ojos en blanco.
— Eh, disculpe — dijo su voz confundida —. ¿Se encuentra la señorita Linton?
— Por supuesto, pasa — respondió la rubia—. Un momento, por favor.
Y entonces, fue por mí.
— Mátalo, nena y por favor no lo dejes ir. ¡Está buenísimo!— me guiñó el ojo y caminé enderezando mi espalda.
Negué en silencio mientras intentaba reprimir una sonrisa enorme y caminé a paso lento con la mirada fija en el suelo para no tropezar, y entonces lo encontré en mi pasillo de espalda, con las manos en las bolsas y los ojos en los cuadros que colgaban en la pared. Vestía un impecable traje gris, camisa blanca y zapatos y corbata de color negro. Suspiré, el olor de su fragancia masculina de Dior — sino me equivocaba—, inundó mis sentidos haciéndome morderme los labios. Diferente, limpio, deseable y sexi, justo lo opuesto a lo que acostumbraba. Estaba guapísimo.
— Hola — lo saludé.
Adrian se giró y sus ojos brillaron. Sin saber por qué se acercó a mí y parpadeó una vez más. Yo me sentía nerviosa, mucho en verdad.
— Anne… Estás…
— ¿Sí?
— Preciosa…
— Gracias — murmuré sonrosada y él bajó la mirada hasta mis manos. Tomó una y me besó con ternura y devoción.
— Hoy luces como la misma diosa de la luna, Anne.
— Y lo es — respondió Rosalie con brazos cruzados mientras Paul le picaba las costillas para que no se entrometiese—. Más vale que la respeto jovencito, o se las verá conmigo — murmuró con ceño serio pero a la vez divertido.
— ¡Rose! — La regañé y me sentí apenada—. Lo lamento— me disculpé con él—. Ella es Rosalie, mi mejor amiga y el chico detrás es Paul. Chicos, él es Adrian Edward Cullen.
— Hola, Adrian— saludó él con voz firme.
— Mucho gusto, Paul— sonrió —. Rose— bajó la cabeza con mucha caballerosidad.
— A las 11:00 como máximo — dictaminó mi amiga sin mover los brazos—. Soy de Texas, no lo olvides— lo amenazó.
Mi cita sonrió con ganas, afortunadamente.
— Lo tendré en mente — musitó él.
La rubia sonrió con ganas y lo miró de manera amable.
— Estoy bromeando pero esto que te diré es serio. Trátala con respeto, Adrian. Ella es una princesa y mi mejor amiga — aquello me hizo querer llorar—. Además, ¿ya te diste cuenta lo sexy que es? — preguntó haciéndome sonrojar y yo la fulminé con la mirada.
Mi acompañante me miró con seriedad y se mordió la boca siendo yo la única testigo. La piel de mi espalda me envió miles de señales, sensaciones y emociones en cuanto el rozó su dedo por mí, él me gustaba y mucho, y al parecer también yo.
— Lo haré — prometió.
Entonces me despedí de todos con la mano y Rose me dio un abrazo fuerte, cuando él ya estaba lejos.
— Disfruta tu noche, Bella… Te mereces ser feliz…— y me besó la mejilla.
— Gracias, Rose. Te quiero…
— También yo — sonrió y luego se dirigió a Cullen alzando la voz—. ¡Eit Adrian!
— Dime — contestó él alzando la mirada.
— ¡Bienvenido a la familia, cuñado!
Yo quería matarla.
Bueno, ya sé que el principio estuvo medio trágico pero es parte del drama.
Las cosas entre Adrian y Anne parecen ir mejorando de cierto modo que van avanzando aunque ella no quiera.
¡VAMOS! ¡LO DESEA! xD
Bill Northon está causando problemas serios en la autoestima de la bailarina :c
¡Alguien traiga una pala!
¡YO LO MATO!
Bueno, sin más espero que les haya gustado.
No olviden buscar su mejor vestido porque nos vamos a Cleo. ;)
