CALIFORNICATION

Inspirado en la canción de Red Hot Chili Peppers, Californication. Los personajes son de E.M. La historia y algunos nombres son míos.


Capítulo 4

Te amo.


Cuando subimos al auto, me sorprendí demasiado por la similitud de las cosas. Era un Ford fiesta del año 2002 pero bien cuidado. Nada pretencioso y sencillo; no era muy lujoso pero me agradaba mucho en realidad, me hacía sentir cómoda. Después de la incómoda presentación, Adrian abrió la puerta para mí y me dirigió una enorme y alegre sonrisa. Mi cara entera podría ser el eslogan perfecto para una salsa picante.

— Espero no haber elegido mal el restaurant — rompió el silencio de 5 minutos en la cabina y despegó su vista de la carretera para mirarme.

— Gracias, eres muy amable.

— Solo quiero complacer, Bella— rio—. Lo hago con gusto porque compartes los míos. Por cierto, el azul te queda precioso — y me guiñó un ojo.

Yo me sonrosé de nuevo. Quería preguntarle algo pero no tenía el valor de hacerlo por temor a ofenderlo. Recordé las palabras de Paul en cuanto dictaminó la cita como 'maldito restaurant de lujo' y por más que lo quisiera no podía olvidarme del comentario que hizo la primera vez con respecto el dinero. ¿Y si estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para invitarme a salir? Me sentía una vividora, así que comencé — inconscientemente — a morderme el labio con furia. Tampoco quería que pensara que mi vida giraba en torno a los malditos dólares, aunque así fuese en realidad.

— ¿Pasa algo? — Inquirió mirando fijamente y luego devolviendo la vista a la autopista.

— No es nada — contesté desconcertada por su pregunta.

— No te creo — respondió.

— ¿Qué? — Pregunté asustada—. ¿Por qué?

— En primera — puso a analizar como si estuviese leyendo una enorme lista de 20 páginas tamaño oficio, de doble cara, Arial 8 e interlineado sencillo de 1.0—, estás demasiado callada. No sé por qué, pero eso me hace sugerir que estás pensando algo con demasiada intensidad. La segunda, es que te estás mordiendo el labio como si fuese una manzana — carraspeó—. Esa es señal de tres cosas sino me equivoco: que estás incómoda, que algo te preocupa o te he puesto nerviosa.

Mierda santa, ¿tan transparente era?

— ¿Me… Pones… Nerviosa? — Balbucee.

— Eso sonó como una pregunta — rio—, pero yo la sugeriría como respuesta.

Suspiré.

— Es referente a…

— El restaurant, ¿cierto? — Preguntó completando mi argumento—. No sé por qué imaginé que sería la última opción — musitó un poco decepcionado, desconcertándome—, pero no tienes que preocuparte en lo absoluto, ya te lo dije.

— Pero…

— Solo me estoy dando un lujo que raramente puedo darme— murmuró llegando a un estacionamiento donde un valet nos esperaba.

— ¿Pagar una cena? —inquirí confundida.

— No — contestó—, disfrutar de una amable y real compañía.

Mi corazón se desbocó sin la oportunidad de responderle porque ya había salido del auto para abrirme la puerta.

Cleo estaba localizado en el hotel Redbury, muy cerca de la esquina de Wood & Vine. Abreviatura de Cleopatra—una referencia muy apta para el menú estilo mediterráneo— aquel ocupado comedor, tenía capacidad para 150 comensales, frecuentemente recibía hasta 450 en los fines de semana, así que debías tener una reservación de varios meses atrás o ser muy rico para tener acceso rápido, ¿Hace cuánto habría reservado Adrian? El lugar tenía lámparas de araña con tenues colores, sillas con respaldo aterciopelado color café cremoso para cuatro o menos personas. Las paredes eran de color verde con algunos toques de blanco y beige. Bastante acogedor y romántico.

La cena se desenvolvió de manera maravillosa y aunque todo suponía algo nuevo, me pude adecuar a la situación. Hablamos como nunca y por supuesto, los momentos románticos no fueron la excepción. Más de una vez, tocó mi mano y la sostuvo por encima de la mesa y yo estaba encantada. Bebí de su misma copa e incluso, me dio de comer con su tenedor cuando probamos los postres, a palabras de él, "la comida compartida sabe mejor" y gustosa, yo aceptaba. Sonreí para mis adentros.

Nos dimos un beso sin querer… Sus labios estuvieron en el mismo cubierto que donde estuvieron los míos, pensaba como colegiala, intentando reprimir una sonrisa estúpida.

Al finalizar ni siquiera me permití ver el total de la cuenta. Adrian entonces me escoltó a la salida. Decidimos dar un pequeño paseo y anduvimos un rato en el auto, hasta que paramos cerca de una acera sin saber por qué.

— Quiero mostrarte algo — dijo tomándome de la mano y yo lo seguí.

Miré hacia los lados y noté que estábamos en Boulevard Pico y Calle Flower, en el centro de Los Ángeles. Y entonces lo encontré: ahí estaba el AngelDust.

En una pared de color beige, se vislumbraba un enorme corazón que tenía varias capas de brillantina color dorada, casi neón a luz de noche. En el centro con letras de color blanco, había escrito los angeles en cursiva muy bonita y goteos de pintura del mismo tono alrededor de la figura, como si estuviese fresca.

Creación de la múltiple colección de la artista Tiphanie Brooke y Mike Polson – su pareja y colaborador en antigirl y brooke & one – mostraron su amor por la Ciudad de Los Ángeles creando "El Corazón de Los Ángeles". Diseñado inicialmente por Brooke como una especie de respuesta a Milton Glaser por su famoso logo "I Heart New York" creado en 1977, el Corazón de LA se estaba convirtiendo rápidamente en un ícono de arte urbano. Brooke compartía sus pensamientos en algunos de sus corazones favoritos, que podían ser ubicados desde el centro de la ciudad de Los Ángeles hasta el lado oeste. Sí, sabía un poco de las cosas de la ciudad. Me lo había autoimpuesto después de mi llegada de Aspen.

— Vaya…— dije solamente.

— Este es el corazón de los Ángeles, Bella. A diferencia de que este es el de la ciudad y el mío… Es tuyo.

Sonreí ante tales palabras pero a la par, comencé a temblar de frío.

Él me había cedido su saco y yo gustosa, sentí su calor y su perfume delicioso.

— Gracias — contesté solamente.

— A ti.

— ¿Por qué? — pregunté desconcertada.

— Por aceptarlo.

Cuando volvimos en el auto para volver a mi departamento, yo miraba ausente por la ventana suspirando. Estaba más que feliz.

— Me ha gustado estar contigo hoy— comentó—, ha sido liberador.

Si él supiese la realidad y claro que se lo diría.

— A mí también me ha gustado, Adrian. Me ha gustado mucho estar contigo.

Suspiró satisfecho y guardó silencio el resto del viaje, con la mano derecha encima de mi izquierda, soltándola solamente cuando hacía los cambios de las velocidades y luego la devolvía en su lugar. Me sentí en mi hogar, mi hogar estaba con él, junto a Adrian Cullen y jamás quería irme.

Al llegar, hizo el mismo ritual de abrirme la puerta y me acompañó hasta la entrada con una mano hacia atrás.

— Gracias por la cena. Estuvo maravillosa.

— A ti por haber aceptado— y se puso nervioso—. Toma — dijo entregándome una rosa roja.

Yo temblé de la emoción, era la emoción de la primera flor que me daban.

— Adrian… — murmuré.

— Sé que es un poco anticuado — explicó con la mano en la nuca y de manera avergonzada—, pero me ha parecido necesario ofrendártela porque es pura como tú. Estás bellísima, hoy y siempre…

— Gracias — dije desde el fondo de mi corazón y conmovida—. Y no es anticuado, es precioso.

— Isabella… — suspiró.

— Dime…— le pedí saber.

Pero incluso antes de que me respondiese, sus labios se encontraron con los míos. Aquel gesto me tomó por sorpresa y me quedé quieta. Al sentir su calor y la aterciopelada textura de sus labios, me dejé llevar. Recorrió con los suyos el contorno de los míos, con suavidad y ternura sin prisas. Sentí la manera en que colocaba sus manos alrededor de mi cintura y subía lentamente por mi espalda, haciéndome sentir escalofríos.

Fue ahí cuando enredé mis manos entorno a su cabello, hablándolo más hacia mí y Adrian comenzó a delinear con su lengua mi boca. Gemí levemente y sus brazos se cernieron sobre mi cuerpo como boas constrictoras, queriendo matar cada maldito centímetro que nos separaba. Al principio fue suave y luego fue un beso necesitado cargado de mucha pasión y ternura. Jamás intentó tocarme de más, ni siquiera cuando su lengua jugó con la mía con la humedad suficiente para decir que ya estábamos llegando a otro nivel.

Mordí su boca como fruta fresca y de nuevo gruñó gustoso, haciéndome vibrar. Cuando su conciencia regresó a su cabeza, se apartó con delicadeza de mí pero sin soltarme de entre sus brazos.

— Yo… Lo siento. Tenía que hacerlo o sino moriría— se disculpó esta vez alejándose de mí, dejándome un enorme vacío.

Lo miré desconcertada.

— ¿Por qué…?

— Me porté como un atrevido. Por favor, perdóname.

— No te arrepientas de lo que he estado esperando desde hace mucho tiempo — le respondí y él me miró extrañado—. Me ha gustado que me hayas besado y de esta manera.

— Pensé que…

— No te arrepientas de esto, por favor — le pedí.

Y sus brazos de nuevo me contuvieron con necesidad.

— Me gustas — dijo recargando su frente contra la mía—. Quiero estar contigo en todo momento. Y cuando no estás, te extraño demasiado. Sé que… Sé que llevamos muy poco tiempo, pero me he quedado hechizado desde la primera vez que nos vimos. No encuentro ya las excusas para estar cerca de ti y ya no quiero buscarlas más…

Yo pasé saliva, nerviosa.

— No las busques más…— pedí y él me miró sorprendido.

— Quiero que seas mi novia, Anne Linton. Quiero comenzar una nueva historia junto a ti… No sabes cuánto me encantaría— pidió de corazón.

Ser su novia. Era algo que yo habría querido desde siempre porque me había gustado desde la primera vez y aquel beso que nos habíamos dado era la confirmación de que si quería estar verdaderamente con él. Pero mi asqueroso secreto me oprimía el corazón con fuerza y yo no quería estar sin Adrian. Fue entonces que recordé las palabras de Rose, y suspiré sabiendo que no podría ganarle a mis sentimientos.

— Claro que quiero ser tu novia, Adrian Cullen.

Pero incluso antes de que pudiese terminar la frase, él me alzó del suelo y me volvió a besar con ternura.

Aquella noche fue la más feliz de mi vida.


Conduje a una velocidad media por la carretera mientras escuchaba Addicted to you de Avicii y Audra Mae. Me recordaba mucho a Adrian. Habían pasado ya 5 meses desde nuestro primer beso y nuestra relación iba viento en popa a excepción de que yo seguía guardando mi sucio secreto. Estaba un poco agradecida a que él se iba normalmente alrededor de dos semanas por mes para arreglar unos asuntos con su familia y la universidad, aunque lo extrañaba me gustaba tenerlo alejado de mis problemas.

Tan solo faltaba 2 meses para que mi novio fuese todo un profesional. Hacía dos semanas que se había marchado con la promesa de que volviendo iríamos a un lugar lindo para cenar. Era 7 de Mayo, mi cumpleaños y yo estaba encantada. En cuanto al trabajo, las cosas no iban tan mal, a excepción de que mi querido Paul se había marchado hacia Toronto al haber sido ganador de una beca para estudiar una licenciatura en historia.

Él era muy inteligente.

Rose y yo le habíamos organizado una linda despedida y juntos, lo abordamos en el aeropuerto. La despedida fue triste pero estábamos felices por él. Realmente estaba comenzando a tener una buena vida. Aunque lo único que lamentaba era la actitud sórdida de Jacob, quien tras enterarse de mi relación con Adrian, se había separado al completo de mí.

— Dime— murmuró Rosalie bebiendo de su soda después de citarnos para almorzar—, ¿Cómo te ha ido con Adrian? Hoy es fin de mes así que tienes el fin de semana para él — sonrió coqueta.

— Basta — la callé—. Él no es un chico que ha buscado sexo, siempre me ha respetado — y comencé a batir la leche con el popote con ausencia, un poco avergonzada—. A mí me gustaría pasar ya a esa etapa— confesé.

— ¡Oh Dios! — chilló ella emocionada—. ¡Bella quiere sexo!

— Rosalie Nicole Harper, ¿podrías decirlo más fuerte? El señor de la esquina no te escuchó — la reprimí con la cara de color escarlata.

— Perdona — murmuró—. ¿Sabes qué significa esto?

Yo negué confundida mientras bebía de la vainilla.

— Necesitas bragas nuevas— murmuró cerca de mi cara con una sonrisa pícara.

Yo escupí la malteada empapándola levemente mientras ella se limpiaba con una servilleta de tela.

— Me arruinaste el cabello y la ropa, Isabella— murmuró un poco molesta.

Yo la ignoré limpiándome los labios.

— ¿Lencería?

— ¿No te emociona, sexi? — preguntó ahora con un brillo en los ojos como quien va a lanzar al estrellato a una grandiosa celebridad.

— Pero ¿de qué hablas? Yo no sé de eso…

Y era completamente cierto, aunque fuera una stripper mi experiencia en el ámbito amoroso era nula.

— Nena, ¿hace cuánto que no haces el amor?

— Diablos Rose, ¿podrías ser más directa? — Y entonces bajé la mirada—. Solo lo hice una vez con Mathew y ni siquiera me gustó.

— ¡MIERDA! — Gritó y bajó la voz de la nada—. Entonces ¿Hace como 3 años que tú no…?

Yo negué en silencio.

— Oh Dios mío, eres casi virgen — y se paró tomándome de la mano con determinación—, tenemos que irnos.

— ¿A dónde?

— Al departamento de damas — respondió con firmeza arrastrándome del lugar apenas dándome la oportunidad de pagar la cuenta.


Yo era un lio o una contradicción muy enorme. Quizás hasta podría describirme como un chiste del universo. Yo llevaba más de dos años desnudándome frente a extraños y la idea de hacerlo para Adrian, me hacía querer meter la cabeza debajo de la tierra. Pensaba en la exagerada presunción de mi rubia al comprarme lencería sexi. Salimos de Fashion Trucks, una tienda que lleva las propuestas de la moda sobre ruedas literalmente con boutiques rodantes y vehículos estilo vogue transitando a toda velocidad para llegar a un sitio cerca de los clientes.

Efectivamente, los camiones de la moda estaban comenzando a recorrer las calles al igual que sus contrapartes de comida, la diferencia era que estos vehículos ofrecían ropa, accesorios y calzado. Dentro de los más representativos estaban a Le Fashion Truck que se estacionaba muy cerca de FIGat7th en el centro de la ciudad de L.A., Runaway Runaway que contaba con dos probadores y pantallas de TV, J.D. Luxe y se estaciona cerca de los mercados de productores locales; y Shop Truck LA que ofrecía ropa de diseñadores a precios de mayoreo y disponible para fiestas privadas. Rose me llevó al segundo como regalo de cumpleaños.

¿Para mí o para Adrian?, pensé.

Eran las 7:00 pm ya y yo estaba impaciente por verlo. Cuando había terminado de ducharme, estaba sentada en el suelo de mi habitación con un conjunto, me quedé decidiendo cual sería la mejor opción para esa noche mientras los demás opciones me parecían atractivos— como si hubiese estado decidido el asunto—.

De la nada, mi celular comenzó a vibrar junto con la canción que Adrian había escogido para tono, Bring me to Life de Evanescence a ambos nos fascinaba y a mí por el significado que tenía la letra respecto a mi novio, me había devuelto a la vida.

— Hola — saludé feliz.

Hola preciosa, ¿Cómo estás?

— Muy bien, amor ¿y tú?

Feliz, porque una hermosa señorita cumple 21 años hoy.

— Me pregunto quién será — dije batiendo las pestañas.

Él rio.

Felicidades, preciosa… Lamento no haber llamado antes, tenía que arreglar algunas cosas.

— Lo importante es que ahora te estoy escuchando. ¿Cuál es el plan para hoy?

Y el carraspeó un poco culpable.

Nena, lo siento. No llegué a Los Ángeles a tiempo, los boletos estaban acabados.

Yo me decepcioné mucho pero no quería que lo supiese.

— Vaya… Supongo que… Es decir…

¿Me perdonas?

— Claro que sí, mi amor. Pero no hay nada que perdonar, no tienes la culpa.

Y el timbre sonó de la nada, captando mi atención.

¿Esperas a alguien?

— No — respondí en seguida.

Deberías ir a ver— contestó de manera sospechosa.

Yo me paré y me vestí con una bata gruesa de estampados. Al abrir la puerta, me quedé asombrada al encontrar a un muchacho de aproximados 18 años que traía un ramo de flores y un paquete grande. Firmé de recibido y entré depositando la sospechosa caja sobre la mesa.

¿Quién era? — preguntó él curioso.

— Un repartidor… Me ha traído una caja y unas flores que… — y todo tuvo sentido, bueno al menos las flores…—. ¿Adrian?

Dime.

— ¿Dónde estás?

Amm tú sabes dónde, mi amor — aseguró él— ¿Por qué no habrás la caja y pones el altavoz?

Lo obedecí ciegamente y sin pensarlo, abrí el paquete. Dentro, había una torta de cumpleaños de color blanco con rosa, con velas ¿encendidas? ¡Madre mía! Y un garabateo que decía Felicidades mi hermosa Anne.

— Dios mío, amor… Gracias — casi lloré.

¿Te ha gustado?

— Es precioso — respondí.

Ahora, quiero que abras un sobre y lo leas en voz alta, por favor…

— ¿Qué tramas Cullen? — pregunté enarcando una ceja.

Confía en mí, mi amor — aseguró. Yo confiaba en él, pero él no debía confiar en mí—. Y no olvides algo… Te amo — y colgó.

Al colgar sonreí con tristeza pero de buena gana comencé a abrir el sobre que efectivamente, venía pegado en una de las paredes. Lo abrí y desdoblé y comencé a leer en voz alta.


Sé que últimamente no he estado contigo, pero me he dado cuenta de que no puedo estar lejos de ti. ¿Creerías que los vuelos de Massachusetts a California pueden ser una odisea? Pero definitivamente, todo ha valido la pena solo para poder besarte el día de tu cumpleaños.

Así que…


— Puedes girarte y besarme — murmuró una voz a mis espaldas —, porque no quiero estar un segundo más alejado de tu boca.

Y en cuanto me giré, mi hermoso ángel de ojos verdes, me sonreía con ganas abriendo los brazos.

— Feliz cumpleaños, mi vida…

— ¡Adrian! — Grité emocionada y lanzándome a sus brazos para poder besarle con ganas.

Él me respondió de manera gustosa y aquello subió de tono, como yo estaba solamente en ropa interior protegida por una sencilla bata. Mis muslos enredaron sus caderas con fuerza y el tocó mi trasero. Sentí su respiración cerca de mi cuello y bajó hasta mis pechos, sus manos subían y bajaban por mis piernas y yo me pegaba más hacia él.

— Bella… Estás... Hermosa y muy… Entusiasta…— sonrió entre besos.

— Te extrañé— dije sin más pegando de nuevo nuestras bocas y mojando la lengua con la suya.

Sonrió sobre mis labios y volvió a subirme con sus manos logrando un inocente roce entre nuestros sexos pero despertando pasiones dormidas. Lo escuché gemir y yo con él.

— Feliz cumpleaños…— murmuró sin dejar de besarme y pegándome a la pared con fuerza. Yo estaba enloquecida, llevada por el deseo y él también.

— Me alegro que estés aquí, bebé… — musité con un tono demasiado sexi y deseoso que me sorprendí.

Adrian gruñó de nuevo, era la primera vez que nos besábamos y tocábamos así. Nunca habíamos llegado a más y esta noche, quería todo.

— Quiero darte un regalo — explicó él tratando de pararme pero yo no podía…

— ¿Qué? — me separé de él mordiéndome la boca y él se sorprendió.

— ¿Estás nerviosa? — preguntó sonriendo.

Yo negué coqueta y me acerqué mordiendo el lóbulo de su oreja.

— Te deseo…— le murmuré y me rocé contra su erección latente.

— Oh, nena — gimió ahogando las palabras contra mi cabello…— A la mierda, los regalos pueden esperar… Te deseo, preciosa… Quiero hacerte el amor ahora.

Yo mordí mi boca de nuevo y entramos a la segunda habitación con prisa, la cual estaba completamente adornada con flores y luces de velas rojas en un tono romántico. ¿Cómo demonios…?

Comenzó a desnudarme con ganas y mis deseos quemaban mi piel.

—Tienes una piel preciosa. Será irresistible a la luz de las velas. — y besó mi frente con ternura.

Arrodillándose delante de mí, empezó a quitarme la bata besando mi vientre

— ¿Estás segura? —susurró él con los ojos.

Él se sentó en los talones y me miró, apartándole un mechón de pelo de la cara.

— Sólo si tú lo estás, amor— respondí.

Adrian sonrió y comenzó a besarme de nuevo.

—Estás temblando. No tenemos que continuar si no quieres — musitó con preocupación.

—Son temblores agradables —murmuré apenada. Hacía mucho que no hacía el amor, a decir verdad jamás lo había hecho. Mathew no contaba y él sabía la verdad de todo… La primera vez, los engaños que me había hecho y el hecho de que yo me había arrepentido completamente de aquello. Él me apoyó y jamás me juzgó de aquello. Sabía todo. Bueno, casi todo.

Siguió besándome durante un rato antes de bajar y acariciar mis pantorrillas y de detenerse en la parte posterior de las rodillas. Cuando sus dedos mágicos me acariciaron esa zona erógena oculta, estuve a punto de jadear con fuerza. La respiración se me aceleró y no pude mantener los ojos abiertos.

Ascendió hasta mis muslos, apretándomelos y separándolos un poco para poder recorrerlos con los pulgares arriba y abajo, deteniéndose al llegar al final de las medias que llevaba puestas. Se lo estaba tomando con calma, asegurándose de no saltarse ningún paso, de que yo disfrutara de cada movimiento.

—Adrian, por favor, levántate del suelo y ven aquí. — Le ofrecí la mano y él la besó.

—Esta noche es un regalo de cumpleaños, mi amor. Acéptalo —replicó él, con una sonrisa en sus labios perfectos.

—Quiero que tú estés conmigo…

—Y lo estoy mi amor, disfruto contigo. Más de lo que te imaginas. ¿Te sentirías mejor si te confieso que yo también estoy nervioso?

Parpadee desconcertada.

— Quiero complacerte y hacerte sentir amada. Mostrarte que eres realmente hermosa— y su voz se volvió turbia—. Tú me contaste lo que ocurrió en Aspen, Bella. No quiero ser así, no quiero que pienses que quiero dañarte porque no lo haré, mi amor… Es un imbécil por haberte dejado, ¿lo sabes? Para mí eres pura y casta, mi preciosa niña… Y serás mía por primera vez.

Me ruboricé enseguida.

—Te amo, mi hermosa bailarina de ballet.

Y mi respiración se aceleró fuertemente pero traté de tranquilizarme. No quería que nada arruinase mi primera vez con Adrian Cullen, ni Mathew ni mis secretos. Nos besamos mucho, su lengua dentro de mi boca me exploró detenidamente, incitándome y excitándome. Lo deseaba al completo. Y entonces me sonrió dulcemente y besó mi frente.

— Te amo, Adrian — respondí.

— Eres muy importante para mí. Y una de las cosas que más me gustan de ti es tu voz. Por favor, dime lo que quieres, lo que necesitas, lo que deseas... —Dijo las últimas palabras con la voz más ronca y no pude evitar estremecerme.

— Lo único que deseo es a ti.

Mi hermoso hombre sonrió. Mi bata desapareció cayendo al suelo en un rincón que no pude ubicar.

Me quedé vestida con una mini combinación de raso color rosa, que dejaba al descubierto las ligas que me sujetaban las medias negras. Adrian ahogó una exclamación y yo me ruboricé de nuevo.

Alargó la mano para tocar una de las ligas con un dedo.

— Esto sí que no me lo esperaba.

Yo sonreí de manera tímida, desnudarme casi ejercía ser un ritual sagrado.

— Regalo de cumpleaños de Rose — murmuré apenada.

— Ella me agrada — reafirmó y yo sonreí.

Le recorrí el pecho con las manos antes de tirar de su camisa. Mientras lo besaba apasionadamente, la levanté con la punta de los dedos y le deslicé sensualmente por la nuca antes de dejarla caer al suelo, igual que la camiseta, que fue a parar al montón de ropa que crecía en el suelo. Adrian permaneció quieto ante mí, medio desnudo, mientras le besaba el torso y yo le rodeaba la espalda con los brazos.

— Siento tu corazón latir— dije deslizando un dedo por su pecho.

— Por ti —replicó él, con los ojos ardientes.

Sonreí mientras le acariciaba los abdominales y la cintura. Tenía la piel cálida, mucho más cálida que la mía, y muy tentadora. Me puso un poco nerviosa mientras le desabrochaba el cinturón y los pantalones. Al notarlo, me cubrió las manos con las suyas y me ayudó. Cuando, después de librarse de los zapatos y los calcetines, se quedó de pie frente a mí, vestido sólo con los bóxers, contuve el aliento. Cuando él asintió, le deslicé los calzoncillos hacia abajo y dio un paso atrás para admirarlo.

Pasándome la lengua por los labios, sonreí. Una amplia sonrisa. Él era espléndido.

Probablemente fuese una cuestión genética, o un don de los dioses, o una combinación de ambas cosas ayudada por una buena dieta y por el ejercicio. Pero mientras mis ojos vagaban sobre su cuerpo musculoso y sus abdominales bien definidos, algo en mi interior se calentó hasta fundirse. Sentí una oleada de calor en el vientre y más abajo, especialmente al fijarse en el músculo en forma de uve que le comenzaba en las caderas. Era una versión moderna del David de Miguel Ángel, pero mucho más proporcionado. Y con unas manos enormemente atractivas. Tal vez no fuese muy elegante hacer comparaciones, pero sonreí satisfecha al darme cuenta de que era mucho más grande que Mathew.

Adrian se dio cuenta de mi extraña reacción, pero no dijo nada. Reprimió una sonrisa de suficiencia, diciéndose que probablemente no era el mejor momento para bromear sobre su tamaño y yo estaba agradecida con ello. Él estaba consciente de qué aspecto tenía su pene, sobre todo en momentos como ése, cuando saludaba en posición de firmes.

— ¿Puedo? —me preguntó, señalando mi pelo recogido.

Yo asentí y deshizo mi coleta de un solo movimiento.

Me deshizo el recogido muy suavemente, hasta que los mechones me rodearon la cara como una oscura cortina. Luego me acarició el cuello antes de que sus dedos se encontraran con los tirantes de la combinación. Cuando los retiró a lado y lado y dejó caer la fina prenda, quedé ante él vestida sólo con un sujetador de encaje blanco, a juego con las braguitas.

— Preciosa.

Suspiró alabando mi cuerpo.

— Bella, me gustaría verte, por entero, sin obstáculos —susurró.

Cuando asentí, él se tomó su tiempo quitándome las medias y enrollándolas para bajármelas, aprovechando para hacer una breve pausa en la parte de atrás de las rodillas. Mi respiración era entrecortada y eso me daba mucho placer, ¿cómo sabía él de eso? Luego se colocó a mi espalda y me besó los hombros antes de desabrocharme el sujetador delicadamente. Lo dejé caer a mis pies.

Adrian me abrazó desde la espalda, sosteniéndome los pechos en las manos. Me acarició con delicadeza, rozándome los pezones con los pulgares mientras me besaba detrás de la oreja. Luego me acarició las costillas antes de meter los pulgares por dentro de las braguitas de encaje, haciéndome temblar de la emoción. Sin dejar de excitarme lamiéndole la piel de detrás de la oreja, me las bajó.

Por fin yo estaba desnuda ante él.

Agarrándome por la cintura, me volvió hasta que estuvimos frente a frente. Yo tenía los ojos clavados en el suelo y me estaba mordiendo el labio inferior, esto suponía una manera nueva de desnudarme el cuerpo. El hombre que tenía enfrente me adoraba a cada segundo y mi entrega total le devolvía el alma y el corazón entero. No había nada más que él y yo…Ninguna Gema ni ningún extraño viéndome. Eso no existía ahora.

— Eres una diosa — me dijo, liberándome el labio con el pulgar, antes de alzarme la barbilla.

Me miró abiertamente de la cabeza a los pies y otra vez hasta la cabeza para que no me quedara duda de su admiración.

— Cuando sea viejo y ya no recuerde nada más, seguiré recordando este momento, Bella. La primera vez que mis ojos vieron a un ángel de carne y hueso. Recordaré tu cuerpo y tus ojos, tu preciosa cara y tus pechos, tus curvas y esto.

Me rodeó el ombligo con los dedos, antes de bajarlos hasta la línea donde empezaban mis rizos.

— Recordaré tu aroma, el tacto de tu piel y las sensaciones que tuve al hacerte el amor. Pero, sobre todo, recordaré la sensación de contemplar la auténtica belleza, por dentro y por fuera. Porque eres hermosa, Bella, en cuerpo y alma. Nunca volveré a ver nada a este lado del cielo más hermoso que tú.

Me abrazó y me besó repetidamente, con besos suaves que trataban de comunicarme sin palabras lo mucho que me amaba.

—Tras verte desnuda, no creo que exista algo más bello que tú.

— Te amo — susurré.

— Te amo— repitió.

Le di un beso rápido en los labios antes de tumbarme en la cama y mirarlo con timidez. Adrian inspiró hondo y soltó el aire lentamente.

— ¿Por qué no te das la vuelta, cariño? Me encantaría admirar tu preciosa espalda.

Sonreí y lo hice, apoyando la barbilla en los brazos doblados y dejando que disfrutara del espectáculo. Él se quedó en silencio, con una sonrisa satisfecha y me dio un beso en cada hombro.

—Quitas el aliento, Bella. Eres arrebatadora desde todos los ángulos. Mi paraíso personal.

Me recorrió la columna con un dedo, deteniéndose al ver que se estremecía, antes de acariciarme un la piel de mis caderas con la mano.

— Me inspiras.

— ¿A qué? — pregunté nerviosa.

— A amar.

Me giré embelesada por su respuesta. Él se apoyó en los codos y colocó una rodilla entre mis piernas mientras me acariciaba la nariz con la suya.

—Eres preciosa —murmuró, descendiendo lentamente hasta que nuestros cuerpos se rozaron.

Mientras me acariciaba el cuerpo con una mano, me daba besos suaves por el cuello y las clavículas. Me encantaba sentir cómo mis pechos rozaban su torso y mi suave abdomen contra los duros abdominales de él.

Deslizando una mano bajo mi trasero, me atrajo hacia sus caderas.

—No sabes cuánto te deseo... —murmuró contra mi cuello—. No sabes lo increíblemente sexy que eres.

Me acarició la base del cuello con la nariz y luego con la lengua.

Sin previo aviso, me arqueó contra él y gemí de placer. Me recorrió la espalda con las manos, descendiendo hasta alcanzar las caderas y se las apretó con fuerza, pegándome a él. Me sentía virgen de nuevo, pero en realidad… Yo lo era.

—Cariño, separa las piernas.

Hice lo que me pidió y Adrian sonrió, como si le gustara mucho lo que estaba viendo, antes de acariciarme con los dedos, gemí.

Al principio, me acarició con mucha suavidad, penetrándome con un solo dedo, cautelosamente. Luego añadió un segundo y los dobló hacia arriba mientras me acariciaba con el pulgar, trazando pequeños círculos. No dejó de mirarme a los ojos en ningún momento, escuchando cómo mi respiración se alteraba al encontrar un punto muy sensible en mi interior. Inclinando la cabeza, me besó la parte interior del muslo antes de devorarme con entusiasmo, lamiendo y succionando esa zona íntima sin detener en ningún momento los movimientos de su mano. Era una combinación extraordinaria.

Mi cuello se arqueó y se levantó de la cama cuando llegó al orgasmo con un grito desgarrador. Él siguió acariciándome, pero aflojó la succión hasta que me moví, tratando de cerrar las piernas. Se acercó a mi boca y me besó con ternura.

—Gracias —susurré, sintiéndome ligera como una pluma.

— ¿Te ha gustado? — preguntó sonriendo.

Yo asentí, con la mirada perdida y la respiración entrecortada.

— Nadie nunca te hará sentir como yo, Bella. El primero en amarte con el alma.

Jadee por sus palabras llenas de razón.

— Y el último — juré.

Partiendo desde mi cuello, me trazó una línea con el dedo que, tras rodearme un pecho, descendió hasta el lugar del muslo donde me había dejado una ligera marca de sus besos.

Aún sensibilizada por el reciente orgasmo, di un brinco. Él apartó la mano y me acarició el muslo una vez más.

— Tú eres la única mujer a la que quiero dar placer a partir de ahora.

Cuando le acaricié la cara, él apoyó la mejilla en mi mano. Le toqué el labio inferior con el pulgar y, tirando de él, lo besé apasionadamente. Adrian respondió colocándose encima de mí y su corazón se aceleró, pensando que el momento de nuestra unión era inminente.

Una vez más, lo agarré por el trasero, animándolo a acercarse aún más. Él sonrió, apoyándose en un brazo.

Alzó mi cara para besarla. Me dibujó los labios con la lengua antes de succionarme el labio inferior y metérselo en la boca. Durante unos minutos no existió nada más que dos cuerpos desnudos, tumbados juntos, piel contra piel. Seguí explorándolo: la cara, el pecho, las caderas. Empecé a acariciarle la erección suavemente, cautelosa, besándole el cuello mientras lo acariciaba arriba y abajo.

Él gruñó de placer. Mucho más segura, le acaricié con más firmeza y rapidez mientras le besaba los pectorales y el tatuaje. Adrian empezó a respirar con dificultad.

—Deja que te adore con mi cuerpo, Bella — me rogó con la voz ronca, no queriendo derramarse en mi mano.

Cuando lo solté, él me sujetó las piernas y me separó los muslos hasta hacerme apoyar las rodillas por la parte exterior de sus caderas. Sentí la erección su entre mis piernas, levantándose como si tuviera voluntad propia. Se movió un poco, mientras una sombra le cruzaba la cara.

Me apoyó la mano en el corazón y notó que me latía frenéticamente.

— ¿Estás bien?

— Sí — respondí.

— Quiero verte.

Mirándome fijamente a los ojos, añadió en un susurro—: Te quiero para siempre, no sólo para esta noche.

—Lo único que quería era que alguien me amara —confesé en voz baja.

—Pues ya lo has encontrado.

Adrian me capturó un pecho con la boca mientras me acariciaba el otro con la mano. Después de darle un suave lametón, me succionó el pezón, sintiendo cómo se endurecía en su boca.

Eché la cabeza hacia atrás, haciendo sonidos inarticulados. Calculó mi reacción cuidadosamente. Quería que estuviera muy excitada.

— Suéltate, amor mío, no te resistas — me animó, ocupándose del otro pecho.

Me estremecí al oírlo y empecé a frotarme contra él con los ojos cerrados. Adrian no tardó mucho en notar que me contraía y luego me relajaba, desplomándome en los almohadones. Abrí los ojos, parpadeó, y levanté la cabeza para sonreírle.

El paraíso entre sus labios, pensé.

Luego fui yo la que tomó la iniciativa y volví a besarlo con los labios hinchados. Después de esa sesión de besos, él cogió algo de la mesilla de noche. Vi que se echaba una sustancia clara en la mano y se la extendía por el miembro sin demasiada delicadeza. ¿Cómo había llegado eso hasta la mesita de noche?

— ¿Cómo…?

— Rosalie me dio la llave — murmuró guiñándome un ojo.

— ¿Preparaste esto para mí?

— Por supuesto mi amor — confesó —. No pensé que accederías antes de que lo propusiera o sedujese al menos — rio—. Me ha gustado darme cuenta que me deseas. Y esto — me explicó—, te hará las cosas más fáciles.

Yo me ruboricé de nuevo.

— Eres muy considerado.

Adrian sonrió con idoneidad.

— Siempre trataré de hacerte sentir como la preciosa y especial mujer que eres, Bella. Me alegro mucho de ser el primero…

Yo sonreí de nuevo, él sabía la verdad y aun así, me trataba como si fuese mi primera vez para hacer el amor. Y eso era cierto.

— Quiero que seas el último, Adrian. —Lo besé apasionadamente, con el corazón lleno de mis palabras y mis actos.

Se cernió sobre mí con delicadeza y besó mis hombros con ternura.

— Esta noche es perfecta para hacer el amor — Murmuró sujetándome por las caderas, se apretó contra mí, deslizándose arriba y abajo al ritmo de mi respiración, sabiendo que me gustaba tanto como a él—. Y esta noche, serás tanto mía como tuyo…

Gemí, olvidándome de todo y empecé a empujar hacia él.

— Respira hondo, amor —susurró él.

Mientras lo hacía, me penetró un poco. Cerré los ojos, disfrutando de la sensación.

Casi podía leer los pensamientos por las expresiones que hacía en el momento en que nos rozábamos. Ahora que había tenido una pequeña muestra de lo que sería sentirlo, la tentación de hundirlo en mi interior era mucho mayor. Permaneció quieto, apoyándose en los codos, lamiendo y succionándome los pechos.

Yo lo quería todo.

—Eres perfecta mi amor, ahora quiero sentirte al completo.

Yo cerré los ojos y al ver que no los abría, me acarició la mejilla con el pulgar.

—Mírame a los ojos — Pidió. Cuando parpadeé y lo hice, él me miró solemne—. Te lo doy todo. Mi cuerpo. Mi alma. Tómalos. Tómalo todo.

Seguimos mirándonos fijamente mientras él me penetraba un poco más, empujando lentamente.

Abrí mucho los ojos y ahogué un grito cuando él se abrió camino en mi interior.

Se detuvo inmediatamente, sujetándome la cadera con una mano para impedir que ninguno de los dos se moviera.

— Bella, estás intacta. Tan apretada, mi vida. Tan mía… — susurró jadeando y con una sonrisa en los labios—. Soy el primer hombre que ama tu cuerpo.

Yo parpadeaba frenética, era más que verdad… El primer hombre.

— Adrian Cullen… Te amo — murmuré.

— Me alegra de ser el primero en hacerte el amor, Bella— dijo sin más comiéndome los labios.

Yo quería más. Más de él, más de aquello, de los dos juntos... Quería verlo cuando alcanzara el éxtasis y saber que lo habíamos conseguido juntos. Quería que nos encontráramos en nuestro propio ritmo.

Sonrió y sintió que mi sonrisa le llegaba directa al corazón, acallando sus preocupaciones. Sin dejar de mirarme, empezó a entrar y salir de mi cuerpo con lentitud.

Parpadeé rápidamente al notarlo dentro una vez más. Deslicé las manos por los músculos en tensión de su espalda y le acaricié la espalda, sintiendo sus curvas y el ritmo de sus embestidas. Adrian se apoyó en un brazo y trazó dibujos con un dedo desde mis costillas hasta los hombros. Mi cabello, largo y oscuro, suelto sobre la almohada y mis ojos verdes clavados en él. Mantuve la boca, roja y abierta, porque gemía con cada embestida.

Me deslizó una mano debajo del trasero, guiándome y moviéndome, manteniendo aún un ritmo suave. Nos movíamos sin cesar, no muy de prisa, pero con determinación, con la sincronización de dos amantes que no apartaban los ojos el uno del otro.

Leí tantas emociones en los ojos de él: amor, pasión, adoración, afecto, deseo erótico... Me miraba como si fuera la única mujer sobre la Tierra, como si no existiera nada más en su universo privado que nosotros dos, los sonidos sensuales que escapaban de su boca sin poder evitarlo ni reprimirlo.

Me oí gemir y jadear, pero estaba demasiado excitada como para sentirme avergonzada al oír los sonidos que escapaban sin control de mi garganta.

Adrian aumento la velocidad de sus embestidas y, al mismo tiempo, metió una mano entre los dos y me acarició íntimamente. Yo gemí con fuerza y le demostré mi placer arañando su espalda con más potencia, luchando por mantener los ojos abiertos.

—Mírame. Quiero verte los ojos cuando te corras. —La intensidad de su voz correspondía con la de su mirada.

Abrí más los ojos cuando él aceleró la velocidad de sus dedos. Me sentí tensarme como un nudo demasiado apretado para luego, súbitamente, estallar y relajarme.

Murmullos eróticos y murmullos de adoración le llenaron los oídos. Él no había soltado insultos ni maldiciones, aunque estaba demasiado distraída para fijarme en ese hecho asombroso.

—Te quiero, te quiero, te quiero —entonó sobre mí, al ritmo con sus movimientos cuando aún me llenaba de sí.

Yo estaba experimentando una sensación de plenitud intensa y sin precedentes. Antes de recuperarme del orgasmo, sentí que Adrian me penetraba profundamente, gritando mi nombre.

Aunque tuvo cuidado de apoyarse en los brazos, se derrumbó sobre mi mientras las emociones y sensaciones del poderoso orgasmo lo sacudían de arriba abajo. Me abrazó, manteniéndome pegada a su cuerpo, mientras me susurraba palabras de amor al oído, esperando a que abriera los ojos.

— Dios mío — susurró — Amo a esta mujer más que a mi propia vida.

Yo sonreí satisfecha por sus palabras de amor.


¿A QUE NO SE LO ESPERABAN, VERDAD? :3

JOJOJOJO

AWWW SU PRIMERA AMMM ¡TODO!

AMO A ADRIAN Y LA PAREJA QUE FORMA CON ANNE. ESTA CHICA ES UNA MALDITA AFORTUNADA :c

Maldita sea, si tan solo los novios se hicieran como uno quiere y solo bastara con escribir de ellos :c

Jajajaja bueno, la vida sigue.

¿Qué les pareció?

¡YO ESTOY EUFÓRICA!

NO OLVIDEN, MIS JOYAS... REVIEW Y SU FAVORITO.

ESTA HUMILDE ESCRITORA SE LOS AGRADECERÁ. :*

AAA POR CIERTO:

¡MIEL Y AZÚCAR EN SUS VIDAS!

:D