Capítulo 6
Verdades y sospechas.
...-...
Al pasar de los días, las cosas entre los dos se hicieron mucho más cercanas de tal modo que Adrian pasaba la mayor parte del tiempo en mi casa o conmigo. Eso suponía un enorme problema a la hora de ir a Safe and Sound.
En más de una ocasión, me ofreció llevarme a mi trabajo en el auto, cosa que por supuesto me negué porque no tenía el menor sentido que yo entrase a trabajar a un Starbucks si ni siquiera estaba contratada, por lo que me vi en la necesidad de hacer una artimaña para lograr aquello.
Llamé a Stuart, un chico que había sido mi compañero de trabajo hacía dos años y que ahora ocupaba el puesto de gerente. Siempre se había comportado muy amable conmigo, sin embargo sabía que pretendía otro tipo de relación en cuanto a nuestra amistad y relación laboral se trataba.
En cuanto me vio entrar a local, se puso como tomate, peinándose el cabello rebelde que saludaba como asta de bandera y sus gafas cuadradas.
— Hola Stu — lo saludé con una sonrisa.
— ¿Bella? — preguntó temblando de los labios.
— La misma que calza y viste — respondí sonriendo.
— Vaya, estás…— parpadeo.
— Bueno, ya no tengo 19 Stu. Amm ¿Podríamos hablar un momento? Necesito un favor — le guiñé un ojo y comenzó a sudar nervioso.
— P-por supue-es-to— Balbuceo y me invitó a hablar a su oficina.
Digamos que no fue la mejor de las ideas pero, oficialmente yo volvía a trabajar en el maldito Starbucks una vez más. No me sentía cómoda con el uniforme pero era mucho mejor que desnudarme 6 días a la semana. La condición era trabajar 2 días, solamente martes y miércoles porque eran los días que menos tenía ocupados, además no podía darme el lujo de llegar completamente rendida al club.
Bah, era todo lo que tenía que hacer por él y todo por su insistente y tenaz forma de ofrecerse de llevarme al trabajo. Más de una vez lo rechacé — por obvias razones — y sabía que se estaba molestando. Cualquier chica se habría puesto loquita porque un muchacho tan guapo como él, la llevase a su empleo pero yo era la única chiflada que se negaba.
Todos los problemas, comenzaron una tarde. Era jueves y para los fines de semanas se habían cambiado los días Juniors. Rose me había dicho que aquello suponía el anuncio de una remodelación y las cosas se cambiarían paulatinamente sin incomodar a los clientes. Vaya problema. Esa tarde, Adrian se había quedado conmigo en casa mientras veíamos una película y yo no tenía excusas para irme. Rápidamente, comencé a textear a la rubia en grito de auxilio sin que él se diera cuenta.
R, ayúdame. A está conmigo y no puedo salir al trabajo. ¿Qué hago?
Bella.
A los pocos minutos ella respondió.
¿Cómo es posible que no le hayas dicho aún? Bueno, ya me contaste qué onda con lo de su posición económica pero, no inventes; deberías decirle. Ok, no te juzgaré. Dile que vendrás conmigo a pasar la noche porque pesque una gripe, una fiebre estomacal o la peste negra, invéntate algo, Bells.
Rose.
Parpadee mordiéndome la boca y suspiré.
— Mi amor… — murmuré jugando ausente con las palomitas de mi plato.
— Dime mi preciosa Annie— me besó la cabeza y después volvió la vista a la pantalla.
Ahora me llamaba más por mi segundo nombre. Decía que el primero todo mundo me llamaba y lo abreviaba por lo que suponía que solo él podía nombrarme de ese modo especial. Fue duro acostumbrarse pero no me molestaba, solo Adrian podía llamarme de esa manera tan personal y a la vez sensual como solo lo llamaba, una separación algo nueva que nos distinguía de los demás. Además, era lindo que pusiera un adjetivo siempre refiriéndose a mi belleza, me hacía sentir linda. O su favorito: pequeña.
— Tengo que ir a la casa de Rose — murmuré culpable jugando con mis dedos incapaz de mirarlo.
Él dejó su atención de lado, luego de mirar su reloj de mano.
— Son las 9:30, pequeña. ¿No es tarde para ir a la casa de ella?
— Sí — respondí en seguida —, pero ella me llamó hace un rato diciéndome que se sentía mal del estómago y quiere que le haga compañía esta noche.
— Vaya — dijo fijando toda su atención en mí—, ¿está bien?
— Sí, solo le llevaré una sopa de pollo y me quedaré con ella solo hasta las 12.
Adrian suspiró y me miró a los ojos girando completamente el torso.
— Yo te llevaré Annie. No quiero que vayas sola.
— No es necesario — le dije tomándolo de la mano—, si quieres quédate aquí descansando. Yo volveré en un par de horas.
— Ni hablar — sentenció—, iré contigo porque no quiero que te ocurra algo mi amor. Es peligroso. Te llevaré a casa de Rose y pasaré por ti.
Pasé un enorme trago de saliva y sonreí a medias.
— Ok— dije solamente y él me besó la frente.
Digamos que la escena que Rose vio, fue un tanto extraño. Llegué a su casa con dos bolsas repletas de sopa de pollo con verduras y otra bolsa repleta de medicinas que Adrian amablemente compró para que se recuperara pronto. Mi amiga parpadeo nerviosa en cuanto lo vio dejándome en su puerta y ella se ocultó tras una frazada enorme para que no notase que estaba completamente sana y maquillada para salir a bailar. Mi novio me despidió con un beso apasionado en los labios, con la condición de que lo llamara en cuanto quisiera que fuese por mí. Le deseó a Rose que se recuperase, ella le agradeció detrás de la enorme manta. Yo lo despedí con la mano y se fue.
— Bella — me regañó Nicole en cuanto yo me peinaba el cabello ya estando en el club—, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo?
— No necesito que me lo reproches, me siento culpable por él. Hace todo por apoyarme y siento que en algún momento comenzará a sospechar de mí. ¿Crees que no me lo he planteado?
— Sexi, él es un chico muy lindo. Además, tú lo amas y su relación ya avanzó a la intimidad. Por cierto — conmemoró—, ¿Ya fuiste con la ginecóloga?
Yo asentí aplicándome brillo labial.
— Sí— respondí—. Opté por la inyección. Gracias por ayudarme con la cita.
— De nada, amiga. Sabes que cuentas con mi apoyo para lo que sea.
— Bueno — comenté suspirando y parándome de mi silla—, estoy lista para salir.
— Ok — chilló ella con su típica emoción—. ¡A bailar!
Yo negué sonriendo y cubriendo mi rostro con las manos, Rose nunca cambiaba.
Esa noche, los lugares estaban rebosantes. Rose estaba ocupada hablando con un muchacho mientras se retorcía el cabello con la punta de los dedos, parecía interesada pero no podía asegurarlo. Decidí bailar cerca de la pista de baile cuando comenzó Feel so close de Calvin Harris y yo me moví de manera rápida con mucho ritmo. Me sentía feliz por las cosas que acontecían en mi vida. Fue entonces, que alguien pegó sus caderas a mi cuerpo y yo me sobresalté.
Jasper Smith me tomaba de la cintura con una sonrisa sardónica.
— Tiempo sin vernos — murmuró.
Me aparté de él con brusquedad y me fui hacia el lado norte del lugar, donde estaba la barra de las bebidas. Giré mi cabeza en busca de auxilio y mi mirada se fijó en la de Jake, el cual no me perdía de vista. Yo parpadee asustada y acto seguido, llegó hasta mí.
— ¿Estás bien? — Inquirió preocupado.
— Sí — respondí—, es solo que el sujeto de la otra ocasión está aquí y me ha puesto nerviosa.
— ¿El rubio? — bramó.
Asentí en silencio.
— No te preocupes — murmuró—, quédate tranquilo y ve… — balbuceo como siempre —… Con otro clientes que sean de confianza.
Sabía que la idea le repateaba los intestinos y ahora su actitud tampoco ayudaba mucho. Seguía distante y me pidió un vaso de agua para tranquilizarme. Al darle un sorbo, miró mis labios con mucha más determinación y yo aparté la cara.
— ¿Cómo has estado? — preguntó con la cara seria.
— Bastante bien — expliqué tratando de romper aquel cuadro incómodo y volví a beber.
— ¿Tu novio te ha tratado bien?
Asentí y sonreí.
— Sí, él es un buen chico.
— Me alegra escucharlo— y carraspeo —, tengo que irme. Hay trabajo — sonrió—. Cuídate Bella— y se fue.
El resto de la noche, no hubo más altercados.
Cuando salimos del turno— media hora antes de la media noche—, Rose y yo salimos en su auto con la disposición de llegar antes de Adrian arribara su casa. Yo dejé las cosas que había traído y que me había prestado ella porque no había traído nada. Me quité el antifaz y suspiré en el estacionamiento.
— Vaya noche — suspiré.
— Ni que lo digas, pero dejemos de hablar — dijo encendiendo el motor—. Tenemos que llegar cuanto antes a mi casa porque según tú, tengo fiebre española y yo estuve toda la noche bailando — rio.
No pude evitar unirme pero al girar mi cara, sentí una mirada penetrante desde la parte trasera del edificio. Giré mi rostro y no había nada.
— ¿Pasa algo? — preguntó Rose.
— No — respondí—, creí ver algo…
— Quizás fue un gato que quiere un privado— se burló.
Me abroché el cinturón y la miré entrecerrando los ojos.
— Estás loca. Vámonos.
— Cómo ordene, patrona — me guiñó un ojo y nos fuimos de Safe and Sound.
Rose era una excelente conductora porque nos hicimos un tiempo record de 10 minutos en la carretera dándome el tiempo suficiente para ducharme y quitarme el olor a cigarro y alcohol. No quería levantar más sospechas. A la media noche, mi chico estaba puntual en la puerta con aspecto soñoliento y dulce.
— Hola pequeña — me saludó feliz pero adormilado.
— Hola mi amor — respondí abrazándolo mientras cerraba la puerta de la casa de la rubia—, te ves con sueño.
— Un poco — respondió—, pero no iba a dejarte aquí.
— Sí quieres conduzco yo — me ofrecí.
— Primero dame un beso y luego ya veremos.
Sonreí con placer entregándome a sus dulces labios.
Al final como bien supuse, conduje yo. Se veía cansado y adormilado mientras iba en el asiento del copiloto y recargaba su cabeza en la ventana. Lo miré de soslayo y sus labios entre abiertos me daban ternura. Cuando llegamos al departamento, encontré miles de hojas regadas por la mesa central de la sala, una taza de café fría a medio terminar y la laptop apagada pero abierta de la tapa. Había estado trabajando toda la noche para no dormir y esperarme. Él era un amor y yo la peor escoria del mundo.
Entró a la habitación arrastrando los pies y se echó a mi cama con determinación sin quitarse los zapatos. Yo no lo había invitado a quedarse pero era evidente que no quería que se fuera, además de que el departamento donde vivía estaba lejos, aunque yo jamás había ido. Lo desnudé, dejándolo en camiseta y calzoncillos solamente. Me metí a bañar de nuevo, no quería que los resquicios de mi noche sucia estuviesen con él mientras dormíamos juntos.
Al terminar, yo olía a fresas. Me metí a la cama rodándolo con el brazo y él me apretó con dulzura.
— Hueles delicioso pequeña— dijo entre dientes.
— Pensé que estabas dormido ya — y fruncí el ceño divertida—, ¿Me dejaste desnudarte cuando tu pudiste hacerlo solo?
Adrian me rodeó con los brazos y me besó de una manera deliciosa disparando mi pulso sin control.
— Me gusta cuando lo haces tú— sonrió y metió mi mano por debajo de mi blusa dándose cuenta de que no llevaba sostén—. Vaya— murmuró notando que mis pechos se endurecían con su dulce contacto y yo gemía en silencio—, al parecer mi regalo aún no está desenvuelto al completo— y succionó mi labio inferior metiéndoselo a la boca.
Me quitó la blusa y yo me quedé solo en boxérs.
— Preciosa…— Y comenzó a probarme con la punta de la lengua desde mi cuello hasta mi abdomen.
— Adrian — murmuré con la voz ahogada por la humedad de su caricia—, ¿no estás cansado bebé?
— Me encanta que me digas bebé — gimió sensualmente — y jamás estaré cansado cuando se trata de amarte — clamó y se desnudó del torso—, a menos que tú no quieras — se detuvo antes de terminar y me miró a los ojos.
— Jamás — respondí ayudándolo desnudarlo.
Él me sonrió con ganas mientras se entregaba a mis besos con desesperación y necesidad como si aquellas horas en que yo me había ido, me habría extrañado demasiado.
-….-
Los días pasaron volando y yo salí de mi estúpido segundo trabajo en Starbucks. Adrian recogió en el Ford y yo sonreí quitándome la cachucha.
— ¿Cómo te fue, hermosa?
— Bien, ya sabes… Café… Y horas interminables — dije honesta.
— Ya lo creo… ¿Te apetece ir a las hamburguesas?
— ¡Me encantaría! — aplaudí como niña pequeña.
Al llegar, pedimos la especialidad en medio de sonrisas y miradas tiernas. Cuando nos quedamos en silencio, Adrian tomó mi mano y sonrió con ternura.
— Estaba planeando algo Annie… — murmuró.
— ¿De qué se trata? — pregunté comiendo un papa frita.
— Quiero que vivamos juntos— soltó con la mirada cabizbaja y luego me miró fascinado sonriendo—, me gustaría vivir contigo— me tomó de las manos sintiendo como el corazón se abría paso entre mis costillas—. Quiero formalizar nuestra relación, ir más allá.
¿Ir más allá? Él quería tener un compromiso, hacernos más cercanos porque no le bastaba verme un par de días cada cierta dos semanas y además, su puesto a la presidencia estaba en pie de puerta. A mí tampoco me bastaba así que por supuesto que quería vivir con él pero entonces, mi conciencia pateó con fuerza mi corazón.
Imbécil, si fue difícil ir al club cuando no estaba viviendo contigo ¿cómo le harás cuando si vivan? ¡No puedes inventarte una enfermedad por noche para Rose!, pensé y mi alma se estrujó con fuerza.
— Adrian — dije en tono serio y él se tensó por mi llamado—. Yo no creo…
Mi espíritu se partió al ver sus ojos cristalinos y verdes con decepción.
— Entiendo — le limitó a decir con decepción evidente mientras yo intentaba reprimir las lágrimas.
Perdóname mi amor, le supliqué desde el fondo de mi psiquis.
— Sólo pensé — dijo interrumpiendo mis flagelaciones—, que como nos queremos y…— la voz se le quebró y de la nada, cuadró los hombros y me miró sonriendo—. No importa, ya habrá un mejor tiempo.
Suspiré, no llores Linton.
— En fin — cambió de tema radicalmente —, quiero que vengas conmigo a una cena.
— ¿Cena?
— Es algo formal Annie — y bebió de su refresco—, mis padres estarán ahí. Es como — meditó—, una especie de cena de celebración por mi ascenso— y su mirada se volvió taciturna—. Siempre he querido apoyar a mi familia y me gusta lo que estudié pero no me siento preparado aun para asumir la presidencia.
» Mi padre me dijo tenía que tomar el control de la empresa en algún momento pero no supuse que tan pronto. Cuando me faltaban algunos semestres antes de terminar la carrera, yo estaba fascinado con la idea porque — y su voz se detuvo mientras yo le ponía demasiada atención. Me miró apenado y tomó mis manos—. Yo iba a casarme, Bella.
Parpadee atónita.
— ¿Qué ocurrió?
— Lo que siempre supuse — explicó —, ella solo me quería por el dinero. Nunca hubo amor ni cariño y lo que más me hastió es que me echó en cara que se había dado la molestia de estar conmigo por tres años. Quedé destrozado— murmuró quizás para sí—, la encontré con una maldito actor en nuestro departamento de Malibú.
— Lo lamento.
Asintió mirando por la ventana, ausente. Yo lo tomé de la mano.
— Meses después, me descarrié. Odiaba mi apellido, mi nombre. Todo mundo alabando el apellido Cullen para poder escalar en todos los sentidos económicos y sociales. Aceptar falsas adulaciones y estar como títere entre gente falsa y entonces, me di cuenta de que yo jamás podría tener una comida o una conversación con gente real y honesta. Todo de mí se rompió, llegue a probar el alcohol por litro, un tiempo — y me miró fijamente a los ojos para evaluar mi reacción. Mi corazón se atoró en mi garganta, ¿Adrian Cullen alcohólico? ¡Imposible! —, pero afortunadamente lo dejé— mi alma volvió a mi cuerpo, aunque imperceptiblemente, yo no había cambiado de postura—. Una mañana salí de Oakland en mi auto de la universidad— explicó—, después de haber visto el periódico anunciando su relación unos meses después de nuestros rompimiento, me sentí burlado, un imbécil — sonrió con tristeza sintiendo compasión por sí mismo—, y en el camino me dio hambre.
— Y fue así como paraste a la hamburguesería. Pero entonces no viajaste 25 km— completé sonriendo tratando de disipar la tensión y él asintió divertido.
— Así es. Y cuando creí que la vida no podría tratarme peor, perdí mi billetera. Fue la mejor cosa que me sucedió — y me tomó de las manos.
— ¿Por qué? — pregunté confundida.
— Porque ese día, me enamoré profundamente…
Yo parpadee sorprendida. Amor a primera vista, justo como dijo Rose, pensé conmovida.
— ¿Te enamoraste?
— Sí — dijo con convicción—, fue por eso que no podía dejar que te fueras sin dejar un rastro. Tenía que seguirte viendo, tenía que verte de nuevo, Annie. No podía darme el lujo de perderte cuando ya te había encontrado. Y luego, me quedé aún más fascinado cuando no sabías nada de mí, no sabes cuán dichoso y real me sentí por ello.
» Fuiste mi salvación en la tormenta porque…
— ¿Qué…? — pregunté contrariada.
— Mi intención de viajar a Los Ángeles… Era…
— Dime — lo apoyé tomándolo de la mano y él la besó con ternura.
Suspiró.
— Yo venía a Los Ángeles para poder buscar a un contacto que vendía cocaína y me conocía perfectamente. Aunque realmente quería ir a Sacramento— dijo apenado.
Abrí los ojos de golpe y al darse cuenta, me sujetó con fuerza de las manos como intentando retenerme.
— Por favor, no te vayas — me susurró con la mirada decaída—. No quiero que me dejes después de esta confesión, pequeña. Te juro que he estado limpio y que por ti no lo haría nunca— juró mientras yo mantenía la vista fija en sus ojos verdes—. No quiero perderte por estas mierdas, Bella.
— Adrian… — me limité a decir ante su sinceridad y me miró con esperanza—: No te dejaré solo.
Me miró y parpadeó con sorpresa pero segundos después, con seguridad.
— Gracias, mi amor — y me tomó de la cara, levantándose por encima de la mesa, besándome lo labios—, te juro que no te decepcionaré— y después suspiró—. Es por eso que no me molesta tanto que me hayas dicho que no referente a lo de mudarnos juntos. Tengo que ganarme al cien por ciento tu confianza. ¿Sabes? Entiendo que debe ser un poco de cuidado saber que podrías vivir con un posible drogadicto aunque no lo supieras. No soporto ocultarte las cosas.
— No digas eso— lo regañé sintiéndome culpable—, yo jamás te habría echado en cara tus problemas ni tus secretos.
— Eres la persona más preciosa que he conocido. Quiero que conozcas a mi familia.
— ¿Estás seguro? — pregunté nerviosa—. Yo no creo que les agrade…
— ¿Por qué no? No creo que ellos se molesten en conocer a la mujer que me hace más feliz en el universo y evidentemente — apuntó —, están ansiosos por conocerte. Le he hablado de ti a mi madre.
Parpadee asombrada.
— ¿En serio?
Asintió orgulloso.
— Desde que te conocí me he comportado diferente, según ella — rio—. Así que está ansiosa por conocer a la responsable de todo este cambio.
Me sentí halagada y sonrosada a la vez. No creía poder influir demasiado en la actitud de Adrian y si él estaba tan orgulloso, yo debía comportarme a la altura.
— ¿Cuándo es la cena?
— Pasado mañana— contestó mordiendo una papa.
— Es… Pronto…
— ¿Pasa algo? — Inquirió preocupado.
— La verdad — musité apenada—, no estoy preparada para este evento. No sé qué ponerme.
Mi novio sonrió de oreja a oreja.
— Tu sencillez es increíblemente hermosa, Bella. No necesitas vestir algo presuntuoso para deslumbrar y si por mí fuera y si viviésemos juntos me encantaría que estuvieses desnuda todo el tiempo — y el brillo del deseo en sus ojos se hizo presente, haciéndome jadear sordamente.
No pude más que darle un beso en los labios de manera que nos quitara la respiración a los dos, tenía que tocarlo, sentirlo real y mío. Solo mío.
...-...
— Pongámoslo así — explicó Rose—. Mañana tienes una cena con los padres de Cullen y todos los ejecutivos de la empresa, ¿cierto?
Yo asentí con las manos en mi regazo con toda la atención en sus palabras.
— Eso quiere decir que tienes que ir de gala o algo así.
— Si— confirmé.
— Y te estás quejando de que tu novio está gastando su dinero en muchos vestidos para ti — dijo como si mis palabras fueran un sacrilegio apuntando hacia la cama.
En ella había tres bolsas con tres cajas correspondientes. Cada una portaba un vestido de la famosa diseñadora Carolina Herrera como estampado en las bolsas y yo me sentía mareada de solo ver los paquetes blancos en mi cama, los otros, no eran más que zapatos a juego también carísimos que podrían fácilmente pagarse como 6 meses de trabajo en total o más. Los vestidos eran preciosos uno de color blanco con tiras plateadas y falda suelta, otro de color azul con una línea bordada en el espalda y suave como la seda y el último uno rojo escarlata también largo y escotado de los senos. Adrian me había enviado los paquetes con una pequeña nota, denotando su hermosa caligrafía.
Para la más hermosa mujer de California.
Te amo preciosa, es un placer adornar a una reina.
A.E. C.
— Oh mujer — chilló—. Ese hombre te ama locamente y tú como maniática pensando en devolvérselos.
— Me siento culpable, Rose. No me gusta que gaste en mí, además ¿Sabes lo que siento cuando me llama la más hermosa mujer de California?
— Estás enferma— chilló—. Particularmente creo que de la cabeza, pero ¿qué se le hace? — Suspiró intentando cambiar vagamente de tema—, ¿A qué hora es la cena?
— A las 8, el lugar no lo sé pero supongo que el al aire libre. Mira los vestidos.
— Ya.
— ¿Qué? — Inquirí enarcando una ceja.
— ¿Te das cuenta de que vas a conocer a tus suegros también?
Pase saliva de manera ruidosa casi a la espera de la santa inquisición.
...-...
Esa tarde el dueño nos había citado temprano en el trabajo, Larry nos tomó por sorpresa.
— Chicas, saben que este fin de semana se cumplen los primeros seis meses del año y eso significa que cerraremos toda una semana para remodelación y hacer algunos cambios— explicó poniendo sus manos delante como plegaria mientras toda alrededor lo escuchábamos atentas.
— Eso es genial — murmuró Rose mientras me codeaba y reía, ya tenía los perfectos planes para esa semana entera. Yo intenté seguirle el juego y entonces, encontré la mirada culpable de Jake desde el umbral de las cabinas mientras cruzaba los brazos con ademán serio y me saludaba con la cabeza.
Yo le sonreí de manera amable pero sabía que no era suficiente para él.
—… Es por eso — continuó Larry — que necesito que todas se cambien de manera linda pero no demasiado provocadora. Haremos una sesión de fotos para adornar las paredes del local y hacer propaganda.
¿¡QUÉ!?
— Esto tiene que ser una jodida broma — musité y entonces la rubia me miró desconcertada.
— ¿Por qué? Esto supone más clientela y más dinero.
— Si ponen propaganda por la ciudad, ¿no crees que haya la posibilidad de que Adrian la vea? ¡Dios no!
— No te preocupes, llevarás antifaz. Nadie sabrá que somos nosotras — aseguró con una sonrisa que no me tranquilizó demasiado.
Suspiré resignada.
— Bien, muchachas — dijo el dueño —. Quiero que se vayan a cambiar ahora, el fotógrafo está listo en una de las cabinas— aplaudió para apurarnos—. ¡El tiempo es oro, Joyas!
Caminé rumbo a mi camerino con pesadez, sabiendo que esto no era una buena idea.
La sesión de fotos se desarrolló de manera normal aunque para ser honesta conmigo misma, me había gustado y mucho. Me sentía como una estrella de cine y eso me hacía feliz. Vestí unos shorts de color negro con una blusa atada por el cuello, zapatillas altas, cabello suelto y el antifaz. Hice una postura recargando mis manos en una pared que contenía fotos de demás chicas y entonces, sonreí.
— Vaya— murmuró el hombre con la cámara—, me encanta mi trabajo.
Yo hice los ojos en blanco por su comentario y me perdí en la ilusión de que era una estrella más.
Como ese día nos habían citado temprano, pude llegar cerca de las 6 al departamento con la excusa de que había estado con Rose toda la tarde. Adrian estaba enfrascado en unos papeles que en cuanto me vio llegar, su sonrisa se ensanchó.
— Hola, pequeña— y se paró para tomarme entre sus brazos y darme un dulce beso.
Incluso antes de que pudiese contestarle, metió su lengua en mi boca haciéndome perder la cabeza. Colocó sus manos en mi trasero cargándome y enredando mis piernas en su cintura y comenzó a caminar en dirección al sofá. Se sentó en él, dejándome a horcadas y comenzó a quitarme la blusa. Estaba enloquecida y claro que lo extrañaba como evidentemente él me lo hacía entender.
— ¿Me extrañaste? — le pregunté mientras me besaba el cuello y su lengua húmeda mojaba mi piel.
— ¿Es una maldita broma? — Bramó ahora besando mis pechos sin quitarme el sostén—. Siempre te extraño, nena.
Sonreí como una tonta. Y cuando le quité de golpe la camisa, el teléfono comenzó a sonar.
Nos quedamos viendo como si no fuésemos capaces de saber qué clase de aparato infernal sonaba interrumpiendo nuestras actividades.
— Es el teléfono.
— Responde, nena — dijo acariciándome la mejilla y yo me paré al tiempo—. Te espero en la habitación — murmuró caminando y guiñándome un ojo para luego cerrar la puerta. Yo me tuve que recordar respirar.
— ¿Hola?
— Señorita Linton — dijo la voz de un hombre de edad avanzada—, somos del banco de Aspen. Hace tiempo que intentamos localizarnos con usted.
Me golpee la frente.
— Disculpe, lo olvidé.
— Entendemos— aseguró amable—, solo llamamos para recordarle que su plazo de la hipoteca se está terminando. ¿Será posible que pueda viajar a Aspen el próximo Lunes?
Diablos, sí. Justo con los tiempos acorde.
— Por supuesto — respondí.
— Bien, la esperamos en las oficinas del banco. Que tenga excelente tarde.
— Igualmente — y colgué.
Diablos, no me había puesto a pensar en todo. Realmente estaba pasando y llenarme de más prorrogas no era una opción precisamente. Tendría que viajar el próximo lunes a resolver esos asuntos. Entré a la habitación y escuché la regadera. Mi hermoso novio se duchaba y comencé a desvestirme. Al quedar desnuda, abrí la puerta y encontré su preciosa espalda para llenarla de besos.
— ¿Todo bien, pequeña?
— Sí — mentí.
— Eso espero, mi amor porque esta noche no quiero que pienses. Voy a hacerte el amor — prometió y yo me llené de sus palabras.
...-...
EL AMOR ESTÁ EN EL AIRE, AMO A ESTE HOMBRE *-*
Y ¡QUÉ FUERTE CONFESIÓN DE ADRIAN! D:!
¿SE LO ESPERABAN?
