Aqui llegando con el tercer capitulo, espero que le esten encontrando sabor a la historia, y ahora a leer.


Capitulo.- 3

-Así que eres rejega…- Mary Jane sonreía, pero no era con desprecio o burla, sino de una manera diferente que dejaba entrever que la muchacha estaba ganando su respeto.- ya han pasado tres meses, pronto se cansara de esperar, sino sedes… puedes salir lastimada, he visto como algunos de sus amigos doblegan el orgullo de sus mujeres… y no es precisamente con costosas joyas, claro que estas vienen después como compensación y para pedir perdón por las magulladuras y marcas que les dejan por todo el cuerpo. Pero debes tener algo para que el duque no te haya forzado ya…- Mary jane estaba con las manos apoyadas sobre sus anchas caderas y miraba a Candice que ni siquiera se volvió a verla, la joven llevaba días sobre la tumbona observando hacia la nada por la ventana, la anciana se acercó para cerrar la vidriera y correr las cortinas, la noche estaba fría… el invierno prometía ser uno de los más intensos.

Candy se puso de pie y se dirigió a la recamara, ya ni siquiera tenía apetito, Mary jane la miro con lastima, la chica había sido engañada y arrancada de su tierra, igual que le paso a ella muchos años atrás.

-El duque me ha ordenado que coloque el contenido de las cajas en el vestidor, deseas que deje alguno afuera?- preguntaba mirando de reojo la cantidad de paquetes desbalagados por el lugar, pero la chica no le respondió.- será mejor que pienses bien las cosas, él ha esperado demasiado y sus amigos comienzan a burlarse, él no es un hombre que soporte las negativas ni quedar mal ante sus compañeros de parranda, si le das lo que busca puedes obtener lo que desees, lo he visto premiar a sus amantes… y es muy generoso.

-déjeme sola…- fue el par de palabras que la joven respondió, la mujer movió la cabeza y salió del lugar.

Terrece estaba fuera de la pieza, esperando por la anciana y había escuchado todo lo que le había dicho, la mujer se sorprendió al verlo pensando que la retaría por lo dicho, pero el solo indico que se fuera, en cuanto la mujer desapareció por la escalera, el entro y cerró la puerta con llave… la vieja tenía razón, ya había esperado demasiado.

-Hola cariño… me has extrañado?- pregunto dejándose caer en la tumbona donde antes estuviera Candice, ella lo ignoro y continuo comiendo sin mucho afán.- te has quedado muda?

-Cuando me llevaras a conocer a tus padres?- pregunto después de unos instantes y sin responder a las provocaciones de terrece.- prometiste que lo harías en cuanto llegásemos…- le reprochaba.

-Han salido de viaje, y no han vuelto… quizá en un par de semanas y si te portas como debe ser… te llevare a conocer el castillo de mis padres, estoy seguro que eso te encantaría, sobre todo porque hay un montón de sirvientes dispuestos a recibir las ordenes de una nueva duquesa…- se acercó a ella y le acaricio un mechón de pelo llevándoselo a la nariz para oler su delicado aroma a rosas, Candy seguía usando los productos que llevara de américa, pero él estaba seguro que pronto se le terminarían y se vería forzada a usar los que él le había obsequiado.

-Cuáles son tus verdaderas intenciones?, vas a tenerme aquí como tus amigos tiene a sus mujerzuelas?- pregunto sintiendo que la ira le arrebataba el poco apetito que tenía.

-Las amistades de mis amigos… son asunto de ellos, y yo no te tengo aquí como una de esas "amistades", es solo que deseo sorprender a mis padres y llevarte cuando estén aquí… quiero que te conozcan y te traten como lo que eres y serás… mi esposa, quizá aún no hemos realizado la ceremonia de manera legal, pero podríamos hacerlo de la manera más tradicional y que a final de cuantas es la única que importa, solo que tú te has negado a recibirme como tu marido… cuanto más me tendrás sufriendo… pecosita?...- terrece ponía su mejor cara de mártir ese sería su último intento de hacerlo por las buenas, sino lo lograba… entonces las cosas cambiarían de una manera drástica hasta que Candice le diese lo que él vio en ella como un manjar desde el día que la conociese… era el primero entre sus amigos en mantener una amante americana, por lo menos el primero de su grupo, que siempre se conformaban con sus sobras y mantenían a mujeres que ya habían pasado por sus manos y de las cuales disfrutaba de vez en cuando…, por ejemplo, la pasada noche estuvo con la amante del marques. Pero Candice no tenía por qué enterarse de ello.

-No puedo entregarme a ti si no estamos casados,… mi dignidad no me lo permite… pero Terry… si nos casáramos podríamos vivir todo lo que tu deseas, y cuando llegaran tus padres podríamos darles la sorpresa… no quiero seguir aquí este lugar no es adecuado para tu prometida, podría alojarme con alguno de tus parientes… o en la casa de alguna familia allegada a tus padres… por favor Terry…, la casera no para de confundirme con una fulana y me dice que soy tu…. Concubina, que todas las mujeres de este edificio no son más que una diversión para los jóvenes de la nobleza… Terrece… si me amas como dices… trátame con lo que soy… tu prometida. – Candy tenía lágrimas rodando por sus mejillas.

El juego que trataba de llevar a cabo Terrece se volvió en su contra al ver el sufrimiento de la joven, Candy tenía algo que lo hacía contenerse de tratarla de mala manera y conseguir lo que añoraba de ella, no tuvo palabras para responderle, no podía hacer lo que ella pedía y menos ahora que la ciudad estaba desbordante de familiares y conocidos de sus padres que asistirían al gran evento que les esperaba… no, no podía permitir que Candice saliera de aquella habitación, la beso en la frente y salió de prisa, como si algo le quemase al estar en aquel lugar, o su conciencia comenzara a debilitarlo.

Un día más dentro de aquellas cuatro paredes, ya ni siquiera tenía lagrimas para derramar, y por primera vez en el tiempo que llevaba en Londres no le importaba nada, no pensaba en nada, no quería saber nada, se había estado atormentando con el pensamiento de lo que deberían estar esperando en américa de ella, seguro estaban al pendiente de las noticias para ver si sus predicciones se cumplían y ella parecería como la futura duquesa de Granchester, que desilusión se llevarían al saber que todo había sucedido tal como ellos lo pensaban y no como ella juro sucedería… Albert.

Albert debía estar maldiciendo el momento en que la salvo de morir quemada bajo los escombros de aquel orfanato que fue su hogar y que por una travesura nocturna de uno de los huérfanos recién llegados, termino hecho cenizas en medio de la noche y llevándose consigo a la mayoría de sus ocupantes, solo ella y Annie habían sido rescatadas al igual que una de las cuidadoras y dos niños más, pero los tres murieron días después en un humilde hospital y entre tormentosos dolores, solo ella y Annie que aquel día habían huido al establo para poder escapar de picnic a la mañana siguiente a penas rayara el sol, pudieron salir ilesas, los lamentos las habían despertado y tratando de ayudar habían corrido en dirección a orfanato, trataron de entrar pero las llamas ya cubrían todo, ella había entrado por una ventana de una habitación que aún no estaba dentro del incendio, pero le fue imposible avanzar para lograr auxiliar a algunos de los que perecían, era muy pequeña aun, fue entonces que alguien había saltado por la ventana y la tomo envolviéndola en una húmeda cobija, estaba pasmada ante el fuego y eso no le permitió darse cuenta cuando este había comenzado a rodearla, pero ese extraño la había sacado ilesa, lo recordaba como si hubiese sucedido apenas el día anterior y el sudor aun cubría su frente con aquellas memorias, pero eso se difuminaba cuando los ojos de Albert la miraban, pues en ellos siempre había el cariño de aquella primera vez, eran seis años los que distanciaban sus edades, pero fueron decisivos aquel día en que el la tomo en brazos y trato de cruzar por la misma ventana por la que ella entro, un barrote cubierto de fuego había caído entonces sobre la joven espalda, pero no lo aprisiono, el la había cubierto con su propio cuerpo y logro que el barrote solo resbalara por su espalda permitiéndoles seguir , cuando llegaron donde Annie había una persona más que cuidaba de su ahora hermana y auxilio a Albert tomándola de sus brazos y permitiendo que el joven se recuperara del golpe recibido que le provocó una herida que cruzaba su entonces tierna espalda, aquella marca se convirtió en una serie de cicatrices que surcaban la ahora fuerte y ancha espalda del rubio.

El olor que entraba por una de las ventana le provoco dejar atrás los amargos recuerdos y volver al presente que la llamaba con aquel dulce aroma, el frio era congelante pero ella gustaba de dejar una pequeña abertura entre las cristaleras que le permitía sentirse con la gélida caricia de la brisa, y que hoy le brindaba aquella dulzura provocando su paladar, estaba decidida a abrir la puerta cuando la anciana Mary jane entro con la acostumbrada charola de la comida.

-Que es lo que vende esa persona dela esquina?- pregunto refiriéndose a la mujer que estaba junto a un carrejo que humeaba.

-Panecillos de queso…- respondió Mary jane que ya había cambiado un poco su actitud para con ella. Pero aún se mostraba reservada.

-Podría traerme algunos?,- pregunto sintiendo como la saliva se volvía ligera en su boca.

-No tengo tiempo, y las demás están muy ocupadas, en este momento no hay quien pueda atender tu pedido,- se giró decidida a salir, pero Candice la detuvo.

-Yo podría ir si me deja salir por un momento…- sugirió.

-Y exponerme a que mi cuello se quiebre en manos del duque?, jamás...- se solto del agarre con decisión pero la chica volvió a detenerla.

-Por favor, se ven deliciosos, además en todo el tiempo que llevo aquí no le he causado ninguna molestia… supongo que el duque le paga muy bien por atenderme… por favor, le prometo que no se enterara…-la mujer la miro con duda pero ella volvió a afirmar- le juro que regresare en cuanto compre algunos panecillos, y no le diré ni una palabra al duque… por favor.

- La estaré vigilando desde la puerta mientras termino de retirar el hielo… cualquier movimiento extraño y enviare a los matones del duque para que la persigan…- Candice no sabía si era verdad que existían esos hombres, pero no dudaba tampoco que pudiesen estar por ahí… con una sonrisa como si le hubiesen dado el mejor regalo de navidad se volvió para agarrar su bolsillo… pero recordó que no tenía ni un solo centavo en ella.

-Tome, no necesitara más de esto…- Mary Jane parecía haber adivinado la situación al ver como la sonrisa se había borrado de aquel rostro virginal, le dejo unas cuantas monedas sobre la mesa y salió para evitarle mayor vergüenza a aquella damilla.

Candice tomo las monedas y se las llevó al pecho, se dio cuenta que si hubiese planeado huir como seguro pensó Mary jane, no lo hubiese logrado, no estaba acostumbrada a andar sola en las calles, Albert siempre la había obligado a llevar a sus doncellas y acompañarse de uno de sus primos y Annie, decía que las señoritas hermosas nunca debían estar solas, si la viera ahora…

Alejándose de esos pensamientos salió como una criatura con un premio, bajo las escaleras y se dio cuenta que en algunas salillas frente a las habitaciones había hombres bastante mal encarados que parecían observar cualquier movimiento dentro del edificio… lo que había dicho la vieja portera era cierto… salió con menos de la alegría que la había invadido al saber que nunca podría salir de ese lugar mientras no accediera a lo que terrece pedía, al llegar a la puerta vio que Mary Jane recibía a una elegante mujer que la observo de reojo recorriéndola de pies a cabeza y sonrió con burla y desprecio, dos hombres muy parecidos a los que había visto en las salillas estaban de pie detrás de la mujer, unos mozos entraron con infinidad de paquetes y se los entregaban Mary jane que llamo a otras mozas para que le ayudasen a llevarlos dentro, la joven mujer siguió su camino ignorándola a su paso y seguida por aquellos gorilas, ella sonrió avergonzada de su apariencia y salió de prisa, no sin ver la seña de Mary Jane que le señaló a dos hombres que estaban muy cerca de la entrada.

Vestida con aquel viejo y maltratado vestido, los risos recogidos con solo un listón descolorido y sobre sus hombros una chalina de punto que Mary jane le dejara usar, Candice podía ser confundida con cualquiera de aquel barrio, pero para la mirada de los hombres que estaban de guardias era inconfundible, la chica se acercó al puesto de la mujer sintiendo sobre su espalda las pesadas miradas de ambos hombres, con una sonrisa tímida pidió a la mujer lo que deseaba sintiendo que su boca cada vez estaba más llena de liquida saliva, cuando tomo el envuelto con los tibios panes se giró, pero algo detuvo su mirada a unos cuantos pasos de la mujer, miro a sus espaldas y noto que los hombres la seguían vigilando, se arriesgaría… la foto que estaba en aquel diario del puesto frente a la mujer de los panes era demasiado llamativa para ignorarla, se acercó y observo fijamente al hombre detrás de la pila de papeles doblados, en todos la cara de Terrece sonreía… junto al de una hermosa mujer… quien lucía una tiara de diamantes que circulaban un enorme zafiro… "celebración digna de una duquesa"… rezaban las letras que ya comenzaban a ser borrosas antes sus ojos, miro en su mano las monedas que le sobraban y se las ofreció al hombre, este las tomo y le entrego un diario, sintiendo que el frio le calaba cada vez más profundo, Candy se giró volviendo sobre sus pasos y entrando al edificio de una manera nada elegante, corrió por las escaleras y pasillos hasta llegar a su puerta, ignorando los llamados de Mary Jane, por primera vez encontró su soledad y encierro como un bendito refugio, su corazón caía a pedazos mientras su mano temblaba sosteniendo aquel papel… sus labios vibraban reteniendo el llanto, pero sus ojos… le dijeron que aun había muchas lágrimas que derramar … sus mejillas volvían a humedecerse.

Habían pasado horas, ni siquiera era consiente de cuentas, no sabía si eran en realidad días, o semanas… solo distinguía el cambio de luz y obscuridad… bebía muy poco y casi forzada por Mary jane, el aroma de los panecillos de aquella mujer seguía entrando por la abertura de la ventana pero ya no la provocaban más… ni siquiera había probado aquellos que saliera a comprar el día que se enteró de que su "prometido" estaba recién casado con la hija de los condes de "Briarpark", una condesa… se convirtió en la duquesa de Granchester… el titulo prometido por su amado Terrece… su pesadilla se convirtió en realidad de la forma más dolorosa, él ni siquiera le había dado la cara, no había ido en varios días… estaría de viaje de bodas?, era lo más seguro… a ese tiempo… todos en América debían estar repudiándola… la "concubina de Granchester", una meretriz cualquiera, la fulana de un desconocido… eso era en lo que se había convertido ante los ojos de todos los que la conocían, su hermana, sus primos, la abuela Elroy… debían estar maldiciéndola por manchar su apellido… y "el"… debía aborrecerla...

-Albert…- susurro entre un doloroso suspiro que volvió a llenar sus ojos de lágrimas, la puerta se abrió a sus espadas pero ella ni siquiera volvió para verificar si era Mary jane… no le importaba, ya nada le importaba.

-H…hola pecosa!- con una sonrisa que trataba de ser autentica, Terrece se acercaba a espaldas dela tumbona donde reposaba Candice- sé que debes estar enfadada porque no he podido venir a verte, pero te traigo buenas noticias… mis padres han vuelto… pronto podrás conocerlos...- sus palabras eran atropelladas por el nerviosismo. Ella no se volvió a verlo.

-Me han dicho que no has comido bien y que estas un poco débil… que te parece si te llevo a un buen lugar donde cocinan excelente, sé que te va a gustar…. Tienen todo tipo de panecillos dulces… de los que te gustan…- le dijo mientras caminaba de un lado a otro detrás de la joven que continuaba ignorándolo.

Candice sentía la ira darle la fuerza que necesitaba para enfrentar a Terrece, la hipocresía del joven le estaban dando la valentía que perdiera gracias a su encierro… castigo al que el la sometió para doblegar su orgullo y convertirla en su amante, pero no le daría ese placer… quizá el mundo la estuviera juzgando de ser una fulana, pero ella sabía que no lo era y no lo seria… no le daría ese triunfo… no a él.

Tomo el diario que guardaba bajo la almohada, no había dejado ni siquiera que Mary Jane que diariamente le preguntaba lo que le sucedía, se enterara de que lo sabía todo, aunque no dudaba que los hombretones le hubiesen informado sobre su última compra con el vendedor ambulante, y terrece por más que fingiera… debía estar informado también.

-Felicidades… supongo que una condesa es más adecuada que una huérfana sin familia para ser tu esposa…- con elegancia y educación que no sentía en esos momentos se acercó para entregarle el diario.

Terrece palideció con aquellas palabras, presentía que aquello era lo que la tenía con aquella actitud, lo supo desde que uno de sus hombres se presentó en el castillo en su busca para informarle los últimos acontecimientos y dela salida de Candice, no había podido encarar a Mary jane… la vieja arpía le fallo por primera vez, pero no pudo encararla. En cuanto había podido escapo de las garras de su nueva esposa para poder ver a Candice y comprobar si su presentimiento era cierto… ahora lo tenía golpeándole en la cara como un fuerte bloque de hielo.

-Tenía que hacerlo… me obligaron, tienes que entender que la nobleza maneja las cosas de diferente manera, no soy libre de elegir…. Mi padre.

-Eres un cobarde, eso es lo que eres… esto lo supiste desde el principio y aun así me engañaste y me trajiste con falsas promesas sabiendo que una vez aquí no podría hacer nada… maldito bastardo!- las lagrima ya corrían por las mejillas de Candice pero esta vez eran de rabia.

-Jamás!, jamás en tu vida vuelvas a llamarme Bastardo!,- le grito tomándola por los brazos y sacudiéndola, de un minuto a otro se había trasformado en un demonio con la pronunciación de aquella sola palabra.

-Lo eres!, lo eres!- le gritaba ella entre las sacudidas intentando zafarse de su agarre.

-Sí, sí, lo soy!, pero no he vendido mi libertad por nada, ahora soy el duque de Granchester, el heredero… he recobrado mi lugar, el lugar que se me negó por ser hijo de una cualquiera como tú!- le grito lleno de odio y rabia y arrojándola a la cama como una muñeca de garra.

Candice estaba pasmada, había descubierto una verdad que no creía posible pero ahora sonaba más lógico todo, ahora se aclaraba él porque era un hijo desconocido ante la mayoría de la sociedad, era un hijo natural… fuera del matrimonio y como tal había sido tratado, quiso sentir lastima por el… pero su dolor e ira por lo que hiso con ella era más fuerte.

-Yo no soy una cualquiera… - afirmo- y estoy segura que tu madre al igual que yo… fue engañada por un hombre sin escrúpulos como lo eres tú…, y al igual que ese hombre te has vendido por dinero… pues que seas muy feliz con tu nueva vida… Duque. Yo no estoy dispuesta a ser la concubina de nadie. Aun siendo una huérfana… tengo dignidad y principios.

-Pues lo serás!, lo serás porque yo quiero!, no te traje hasta Londres arriesgándome a perderlo todo para dejar que te vayas. Serás mía aunque tenga que forzarte a serlo y lo será hasta que yo me canse de ti, hasta que me harte de disfrutar de tu cuerpo… me escuchaste!, porque yo soy el duque de Granchester!.- le grito mirándola con desesperación y temor fundidos entre su rabia e impotencia.

-Oblígame si quieres… pero sería lo último que verías de mí, lo último que cualquiera vería de mi…- Candice tomo un abrecartas que estaba sobre la mesilla de noche y se lo coloco decidida al cuello… no tenía ya nada que perder, moriría… pero lo haría como ella quería… sin mancha alguna.

Terrece observo la decisión en la mirada de la joven, la mano ya no le temblaba y sus lágrimas ya se habían secado sobre las blancas mejillas… no, él no podía hacerle más daño del que ya le había hecho, las cosas no eran como él lo creyó serian, se odio a si mismo por ser débil ante aquella mujercilla, pero algo en su interior le impedía hacer con ella lo que tanto había deseado… lo que añoro desde que la conoció aun sabiendo que no podría convertirla en su esposa por estar ya comprometido. Metió su mano en el bolso interior de su saco y tomo unas cuantas monedas, las arrojo al suelo frente a ella.

-Es suficiente por los insípidos momentos que compartimos, eso es lo que mereces… pudiste haber tenido lo mejor, lucir mejores joyas que ni la princesa de Inglaterra, vestirte con las mejores sedas y lucir como una verdadera reina… pero al parecer has hecho tu elección. Mañana no quiero verte aquí… porque te echare como la fulana que eres…- Terrece se dio media vuelta, los ojos le escocían pero se negaba a aceptar que aquellas palabras le habían dolido más a el que lo que pudiesen haber dañado a Candice, estaba hablando por la herida que sentía en el pecho… pero que jamás aceptaría, el duque de Granchester no mendigaba a ninguna mujer. Menos a una huérfana sin apellido… ya encontraría alguna que ocupara su lugar. Cerro la puerta detrás de el pero esta vez no hubo nadie que echara el cerrojo.

Candice sintió que las piernas ya no soportaban su peso y callo sobre sus rodillas, su cuerpo parecía hecho de papel, sin vida. Miro las monedas expandidas frente a ella y se sintió aún menos que nada… no deseaba tomarlas, no quería caer tan bajo, deseaba poder arrojarlas en la cara de terrece y decirle que no las necesitaba… pero se mentiría a sí misma, fue tomándolas una a una y reuniéndolas en la palma de su mano… tan poco valía como mujer ante terrece?. Sacando fuerzas de su orgullo y la poca dignidad que le quedaba se puso de pie, no tenía nada que llevarse, de su equipaje solo le había dado su par de vestidos… lo demás había desaparecido. Así que se hecho las monedas al bolso y tomo la chalina que le diera Mary jane, comenzó su camino a la salida de aquel lugar que convirtiera sus sueños de amor en la más cruel y despiadada pesadilla.

Al llegar al piso bajo el que ella habitara, tuvo que cruzar la pequeña sala que dividía las dos habitaciones de aquel piso y que eran habitadas por mujeres que si habían aceptado vender su honra, en unos elegantes sillones estaban tres mujeres tomando él te… a penas la vieron comenzaron a cuchichear detrás de su abanicos, ella levanto la barbilla con la elegancia que aprendiera de la abuela Elroy y camino con la distinción de una reina, podía estar vistiendo un viejo y maltratado vestido… pero limpio, inmaculado… como su integridad y su inocencia.

Llego a la puerta de salida, en cada piso que dejaba a tras había sido lo mismo que en el primero… los cuchicheos y burlas llegaban a sus oídos como dagas que los atravesaban y hacían más grande su dolor, pero no permitió que las lágrimas bajaran por sus mejillas y mantuvo la frente en alto, se detuvo con deseos de mirar atrás pero no lo hiso, se contuvo con la dignidad de una dama, dio el primer paso para alejarse del lugar pero alguien la detuvo, Mary Jane no la miro a los ojos, solo le echo encima la capa que llevara la noche que llego a ese lugar, le entrego una bolsa de viaje pequeña y puso en su mano un sobre con una dirección escrita, después le dio un empujón en la espalda y antes de alejarse por completo le dijo con firmeza

-"No te atrevas a volver por nada… no hay precio para alguien como tú".

Candice asintió para que la anciana pudiese notar que había escuchado sus palabras, sonrió con suavidad pero no volvió el rostro, la vieja se sintió satisfecha… aquella chiquilla tenía el temple que ella no tuvo cuando el abuelo de Terry la trajo de américa y la convirtió en su amante, como todos los Granchester la había usado y disfrutado de su juventud hasta que se aburrió, después la paso a su mejor amigo y así sucesivamente… y su premio de consolación era aquella vieja casona donde podría vivir hasta el día de su muerte siempre y cuando obedeciera en todo a Terrece. No tenía opción, una vieja como ella sería una carga donde quiera que fuese.

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-Querido… vuelve a la cama… aun esta tibia pero yo ya empiezo a sentir frio…-Susana había demostrado ser una experta en la habitación, no tenía necesidad de pedirle nada… ella lo sabía "todo". Terrece vio su reflejo en el vitral de la ventana, sintió asco de ella y de sí mismo… pero esa fue su elección, al igual que su padre… compro el titulo con su libertad y obtuvo lo que merecía… las "sobras" de la nobleza masculina.

-Saldré a caminar…- respondió sin verla y envolviéndose en la gruesa y cálida bata que lo envolvía, abrió la vidriera y salió a la terraza, sintió el frio viento golpearle la cara, continuo su camino por la escalera que lo llevaría al jardín y de ahí… al cuarto de alguna de las nuevas mozas.

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Los pies le dolían de tanto caminar más de lo que podrían dolerle por el frio, desde esa mañana que abandono la casona dela vieja Mary Jane, había estado caminando sin cesar y sin rumbo, nadie podía darle informes de la dirección que llevaba en el papel escrito por la anciana, quiso tomar un carruaje pero ninguno se había vuelto siquiera a verla, pues a pesar de que su capa estaba bien cuidada, el vestido que asomaba bajo esta hablaba por si solo de su nueva condición social, estaba ya obscuro y las lámparas de aceite que alumbraban la calle no daban suficiente luz, cansada se sentó en la banca de un parquecillo, el estómago renegó al encontrarse vacío, tenía hambre, tenía frio y el dinero que llevaba consigo no era suficiente, quizá podría pasar una noche en un lugar decente, pero no le quedaría suficiente para comer al otro día… Terrece era un miserable.

-Pareces cansada…- aseguro una voz amable y delicada obligándola a girarse en su dirección.

-Discúlpeme… me hablo a mí?- pregunto confusa al ver a la elegante mujer que estaba frente a ella, era muy bonita y se notaba que tenía dinero.

-Señora… el carruaje está listo.- un cochero se acercó y le hablo con respeto, la dama solo hiso un movimiento con su mano enguantada y el hombre se alejó por donde vino.

-Se dice que nevara fuerte esta noche… será muy frio el resto del invierno, de hecho se cree que nevara toda la semana… eso es muy malo… no se puede disfrutar de un paseo al aire libre bajo las estrellas…, sería muy aburrido quedarse aquí, no lo crees?- le pregunto sonriendo con amabilidad.

Candy asintió sintiendo que su corazón albergaba una muy pequeña esperanza, la mujer se veía decente… pero aun así, sintió desconfianza y se puso de pie para retirarse, ya la habían engañado una vez y de la forma más cruel.

-Buenas noches.- haciendo una leve inclinación de cabeza Candice se disponía a irse.

-Espera… porque no vienes conmigo… vivo cerca, desde ahí puedes mandar a alguien que venga a recogerte… o si lo deseas mi cochero te llevara a donde le pidas… la nieve no tardara en caer.- insistió la mujer.

-Yo... no tengo a donde ir…- dándose por vencida Candice dejo que sus hombros cayeran en una actitud de derrota, ya no tenía nada que perder.

-Lo sabía, llevas horas dando vueltas por el lugar… que buscas?. O, a quien buscas?...- pregunto acercándose nuevamente y observando la mano empuñada de Candice que mantenía el papel que le entregara Mary jane, la joven no respondió y la dama se atrevió a tomar el sobre.

-No sé cómo llegar… y ningún coche ha querido parar…, creo que estoy perdida.- respondió sintiendo que sus ojos volvían a humedecerse.

-Quien te dio esta dirección?- pregunto la dama y su delicado ceño se frunció.

-Una anciana que conocí hace unos días…- respondió sin dar más detalle.

-Tu nombre es Candice?- volvió a preguntar mirándola fijamente.

-C...Como lo sabe?- sintió miedo, nadie la concia en Londres, ella habia estado alguna ves en aquella ciudad pero en un sitio muy diferente y en condiciones bastante distintas.

- Vamos, ven conmigo, has tenido suerte hoy, no cabe duda que naciste con buena estrella…- le dijo la mujer tomándola de la mano y jalándola para que la siguiera, pero Candice no accedió tan fácilmente y se soltó del agarre.- Tal como lo dijo la vieja… tienes agallas, yo soy a quien buscas… esta dirección es la de mi casa… has tenido suerte que hoy decidí venir a cobrar una deuda muy cerca de aquí, -hiso una señal con la cabeza y Candy se giró siguiendo la dirección señalaba, era una enorme casa y parecían tener una celebración…- un amigo me debía un favor y vine a cobrárselo… desde ahí te he visto por más de dos horas… algo en ti llamo mi atención y por eso me he acercado… Jane me envió una carta esta mañana, la recibí antes de salir, supongo que la muy…, no se tomó la molestia de ponerte en un carruaje, sabe cuidarse las espaldas la muy ladina…

Candice la miraba extrañada, así que esa mujer conocía a Mary jane?... pero entonces porque la anciana no le dijo nada, aun así, se sintió agradecida y la bendijo por aquello.

-Anda vamos… que se hace tarde y me estoy congelando tanto como seguro estas tu…-La mujer comenzó a caminar segura que esta ves Candice seguiría sus pasos y no se equivocó, aun sintiéndose un poco tímida la joven comenzó a andar detrás de ella…- por cierto me llamo Mary Helen... pero puedes decirme María.


La historia va un poco lenta pero ya pronto aparecera de Nuevo nuestro guero chulo, bueno, pues agradesco a todas las que me han dejado un review, y les agradezco tambien si me dejan saber sus opiniones. bendiciones y nos seguimos leyendo.