Si lo seeeee, no tengo perdon, pero disculpas mil por mi tardanza, no he estado del todo bien y por ello no he podido continuar con mis historias a tiempo, pero las continuare e3so tenganlo por seguro a menos que Dios o la vida tengan otros planes, espero que sigan interesados en la historia, ya pronto se veran las caras nuestros consentidos rubios, Bueno no sigo con tanto rollo y aqui les dejo el capitulo 8, nos vemos... abajo... jijijijijij.


Engaño

Capitulo 8

-según las palabra de dicho joven que por cierto guarda cierto parecido contigo… tiene estructura semejante y el pelo de un color muy parecido… pero a diferencia tuya sus ojos son obscuros…por supuesto no es de la familia… lo reconocería en caso de ser un hijo perdido de nuestro adorado padre… no creo que haya cometido otro error como el que fui yo… pero uno nunca sabe…

- George… al grano- Albert conocía el odio de su hermano por su padre… lo comprendía y en algunas ocasiones hasta lo apoyaba… pero no era momento para eso así que lo apuro para que terminara de decir lo que debía y dejara los sarcasmos.

- Bien pues nuestro joven y futuro conde quedo prendado de una joven a quien llaman "Esmeralda", llego hace poco, o mejor dicho, apareció hace poco en el burdel o… "salón para caballeros" como lo llamo el, y es la protegida de la dueña, según tengo entendido sirve copas detrás de la barra y se les permite platicar con ella siempre y cuando lo hagan con respeto y manteniendo las manos alejadas… si alguno rompe las reglas se las ve con los gorilas que tienen como guardias y es echado a la calle sin poder volver a entrar por un buen tiempo… lo asegura por experiencia… - Albert lo miro curioso y a la vez intrigado. Así que George continuo para aliviar su curiosidad- la noche que conoció a esmeralda se le hiso la más bella mujer que hubiese visto a pesar de que esconde medio rostro detrás de un antifaz y viste como cualquiera de las otras chicas, lleva el pelo largo y suelto formando una cascada de dorados risos…, él se vio tentado a tocar sus bellas piernas al no poder soportar mantener las manos quietas ante tal belleza, y esto le costó su estrada al club por lo menos en los siguientes cuatro meses… pero lo que sin duda lo hechizo y lo llevo a cometer tal locura fueron sus hermosos ojos verdes como la joya que lleva el mismo nombre… jura que no hay nadie que pueda olvidar esos ojos una vez que los ha tenido tan cerca como lo estuvo el…- George sonrió de medio lado observando como el rostro de Albert cambiaba su expresión y la esperanza brillaba confusa en el fondo de aquellas pupilas tan diferentes a las propias.

-Esmeralda…- susurro Albert recordando el color de los ojos de Candice… aunque le parecía imposible eran demasiadas coincidencias, comenzando por el hecho de que nadie la había visto salir de la casa de modas… y al parecer el salón estaba justo detrás de dicho lugar…- como podríamos entrar a ese lugar?.

George sonrió, sabía que reaccionaria de esa manera…

-Podríamos aceptar la invitación de tu futuro socio… el padre de Luca de Pastria y socio del duque Granchester.

A Albert le costaba aceptar que pudiese ser realidad, no sabía si aceptaría solo para comprobar que no fuera cierto o con el deseo ciego de encontrarla sin importar donde… como quiera que fuera, deseaba estar preparado cualquiera que fuese la respuesta.

-prepara todo… cerraremos un negocio…- respondió decidido. Era hora de entrar en acción.

Firme en su respuesta, Albert se dirigía a la ducha dejando sus dudas al destino. Pero cuando su corazón gritaba el tenía que escucharlo y ahora estaba a punto de salirse de su pecho ante aquella posibilidad.

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La puerta del salón para caballeros llamado "Las joyas de Jade", estaba muy bien escondida detrás de la antesala de la elegante casa victoriana, dos hombres que vestían con elegancia pero que no disimulaban para nada su fortaleza muscular se encontraban discretamente sentado en el recibidor fingiendo charlar entre sí, en cuanto entraron fueron blanco de las miradas de esos hombres, que al reconocer al conde les permitieron el pase… cruzaron la amplia área del recibidor decorada con muy buen gusto y al llegar a la puerta custodiada por dos muros de blanco mármol una bella chica vestida de moza les sonrió.

-Bien venido mi lord…- la chica miraba al conde quien se mostraba orgulloso por ser conocido de aquella manera en dicho lugar, Albert no podía disimular su disgusto por el mismo, pero George le dio un leve codazo para que guardara las apariencias al ver que los elegantes monigotes estaban de pie tras ellos.- amigos suyos?- pregunto la joven.

-Si… les he hablado de las maravillas que esconde Jade en este lugar y no pudieron resistirse a conocerlas… les aseguro que son gente de mi plena confianza…- se regodeo el viejo verde.

-Entonces sean bien venidos… esperamos poder complacerlos por completo… - la joven menciono con voz dulce y coqueta abriendo la puerta para ellos.

La primera impresión de Albert no fue del todo desagradable, el lugar olía a limpio…los perfumes que se podían distinguir en el ambiente eran de muy buena calidad y nada escandalosos… las áreas eran discretas y bien resguardadas previendo intimidad a los clientes… las chicas eran realmente unas bellezas… pero ninguna la que el buscaba… hasta que sus ojos se detuvieron en la joven cabizbaja detrás de la barra… vestía de forma provocativa pero no vulgar… no se hubiese dado cuenta que tenía la boca abierta de no ser por George que le dio un discreto golpe en las costillas para que la cerrara.

-Buenas noches mí siempre amigo…- saludo Jade saliendo al encuentro de los tres caballeros.- la mesa de siempre?...

El conde estaba a punto de responder pero Albert le interrumpió con una sugerencia.

-Podríamos ocupar esta mesa…- señaló a su izquierda sintiendo que sus piernas no le responderían por el momento para avanzar más allá, además era el lugar perfecto para observar a "Candice" sin ser descubierto, el corazón le gritaba, su cuerpo vibraba de la misma manera que siempre lo había hecho al estar cerca de ella, no podía estar equivocado, aquel perfil a pesar del dichoso antifaz… no era otro más que el de su pequeña.

-Está bien… no veo problema alguno si el conde acepta….- Jade era elegante en sus movimientos y en su hablar, sin duda una mujer muy bella pesar de la madurez que reflejaba su rostro. Camino delante ellos dirigiéndolos a la mesa que Albert solicitara.- en unos momentos tendrán compañía… la bebida de su predilección?...

- Whisky… - respondió el duque- el de siempre… sabes que me gusta lo bueno cariño….

- En un momento lo tendrán con ustedes….- con un elegante movimiento de caderas la mujer se alejó contoneándose con delicadeza mientras llegaba hacia la barra.

-No se arrepentirá de continuar la celebración de nuestro negocio conmigo en este lugar…, ya mañana habrá tiempo para celebrar de forma sosa en la cena que realizara Richard, pero por hoy… lo mejor esta aquí…- el viejo no dejaba de ver con lujuria en dirección de Candice, Albert deseo poder romperle la cara, apretó la mandíbula conteniéndose a responderle como deseaba… pero después de todo debía agradecerle que su penar terminara aquella noche, pero se olvidaría de ello si el vejete no dejaba de ver a su "esmeralda".

- "Esmeralda", sería mejor que regresaras a descansar, no te ves del todo bien…- le sugirió Jade a la chica detrás del mostrador mientras esta surtía la orden del conde.

-Estoy bien, Jade, de verdad, además si me quedo sola… sería peor para mi… cada vez puedo controlarme menos y siempre termino pensando en "el".- le respondió forzando una sonrisa que le ayudara a ocultar su profunda tristeza.

- pues … el conde de Parcia ha llegado con un par de amigos… siempre le ha encantado conversar contigo… crees que tienes ánimos para el esta noche?

-No lo creo, discúlpame con el… es un anciano encantador pero no tengo humor para nuevas amistades… creo que mejor seguiré tu consejo, no quiero que se sienta ofendido si me ve que continuo aquí y no quiero charlar con el…, excúsame y dile que me siento realmente mal…- la joven termino de colocar las copas en la charola y salió detrás del mostrador para dirigirse a la escalera, se giró un poco en la dirección que Jade le indicara y saludo desde lejos con la mano, su corazón dio un vuelco cuando distinguió las dos siluetas de los hombres que acompañaban al conde bajo la tenue luz, una sonrisa nerviosa apareció en sus labios dirigida al anciano, su cuerpo se estremeció bajo el escrutinio de aquel hombre al que no podía distinguirle el rostro por la poca luminosidad, se giró para después irse, sintiendo es sus espaldas una corriente que ardía pero que era satisfactoria, ese hombre la observaba, podía jurarlo y a ella le agrado sin poder explicarse por qué la atención de un desconocido podría hacerla sentir aquello.

- Que paso con mi bella esmeralda?- pregunto el conde apenas Jade estuvo cerca para escucharlo.

- He tenido que mandarla a descansar, ayer tuvo un encuentro nada grato con un cliente no regular y se ha sentido mal desde entonces…, me ha pedido que la disculpe por no poder charlar contigo esta noche…- Jade coloco el servicio a cada uno de los hombres.- podría sugerirte a perla y a Amatista… creo que serán del agrado de tus amigos… Ruby como siempre ha estado esperando por ti…

-Mi joya más preciada… Ruby, por supuesto que las aceptaremos… son de las joyas más valiosas de este lugar…- menciono el conde dirigiéndose a Albert y a George que no mostraban mucho ánimos después de lo que habían escuchado en labios de Jade, por el contrario estaban tensos y George podría jurar que Albert estaba a punto de ponerse de pie para ir por Candice y sacarla de ahí sin importarle nada.

Jade se alejó con una sonrisa… pero Albert no pudo esperar más que un par de segundos antes de ponerse de pie y seguirla sin tomar en cuenta el movimiento de George por detenerlo.

-Parece que el "patriarca" tiene gusto por las mujeres maduras, Jade es una belleza pero dudo mucho que atienda las urgencias de nuestro amigo… ella es la joya que solo luce en las manos de un…"duque".

El tono de voz usado por el conde le dio a George algo en que pensar, el viejo estaba sugiriendo algo que no quiso hablar claramente, pero la vida de esa mujer y sus amantes no le importaba, él quería saber más sobre Candice y era lo que pensaba hablar con el conde, pero esperaría a que la botella de whisky estuviera medio vacía… eso facilitaría las cosas y no pondría en riesgo la identidad verdadera de Candy.

-Perla… ve por Ruby… y dile que el conde ha llegado… también busca a Amatista… hay dos amigos con el que apreciaran su compañía y la tuya por supuesto…- Jade dio una palmada a la joven que de inmediato se dirigió a cumplir la orden dibujando una amplia sonrisa pícara en sus labios y contoneando sus caderas rítmicamente.

-disculpe podría permitirme un momento?- la voz varonil no solo sorprendió a Jade… también la hiso sentir una fuerte corriente eléctrica en su espina dorsal que terminó en… una parte muy sensible.

-Perdón, usted es uno delos caballeros que viene con el conde verdad?, me temo que…- Jade trataba de controlar su admiración al ver ese bello rostro tan perfecto y apuesto…, tenía un porte tan regio como el del mismísimo rey… pero muchísimo mas apuesto que este, los anchos hombros la estrecha cintura y las finas caderas hacían que cualquier mujer se humedeciera con solo verlo… eso sin mencionar el… "equipo" de trabajo de aquel hombre que se adivinaba bajo los estrechos pantalones negros, la mujer no pudo evitar morderse el labio inferior al recorrerlo desde los pies calzados con brillantes y elegantes botas… hasta el rubio cabello señalarlo y sedoso, pero lo que la dejo sin aire fue ver los hermosos ojos con el color de un limpio cielo de mayo… las tupidas pestañas eran solo un milagro más que le daba la perfección a ese hombre esculpido por los Dioses…- en que puedo ayudarlo?…

La mujer sentía el corazón palpitarle y otra parte de su ser muy íntima exigirle, ese hombre era …"todo", aun así trato de recobrar su compostura y mostrarse como si estuviera frente a otro cliente cualquiera… era difícil pero tenía que actuar con naturalidad.

-Me permitiría hablar en privado con usted?- pidió Albert no logrando evitar ver el deseo en el rostro sonrojado de la mujer… era muy bella, reconocía, pero él no podía caer en los brazos de alguien como ella… el jamás seria como su padre, así que endureciendo el gesto se mostró frio como lo hacía con cualquier mujer.

- Tal vez el conde no se lo haya dicho pero yo no doy servicio a nadie… solo sirvo las bebidas, pero mis joyas lo atenderán como se merece…- el tono era seductor y la mirada de jade revelaba ampliamente su desilusión de no poder atenderlo… el joven era un pastelillo demasiado tentador, mas ella tenía dueño.

-No me ha entendido, yo solo quiero hablar con usted en un lugar privado… le ruego que me atienda.

- No creo que tengamos nada que hablar en privado, yo no lo conozco…- Jade comenzó ver las cosa desde otra perspectiva al comenzar a distinguir un acento diferente al de los ingleses, ese joven no pertenencia al viejo continente.

- Yo tampoco la conozco, pero al parecer hay una persona que ambos conocemos… Candice.- cuando menciono aquel nombre Jade recorrió nuevamente a Albert pero esta vez desde otro punto de vista, era un hombre elegante y vestido con muy buen gusto, tenía porte de caballero y claramente educado… sería posible que…, la curiosidad la estaba llamando, mas no quería dejarse llevar hasta no tener la certeza de que sus pensamientos pudieran ser posibles.

- Sígame…- la mujer camino delante de él y Albert siguió sus pasos… lo guio por un pasillo a un lado de las escaleras y llegaron a una habitación al final de este, no era una oficina, era un saloncillo con un par de sillones al lado de una amplia chimenea y una mesa entre estos, la mujer lo invito a tomar asiento y se dirigió a un pequeño mueble de madera que estaba en una esquina y bien surtido con botellas de diferentes medidas, le ofreció algo de beber y el acepto… un trago le vendría muy bien para lo que le esperaba.-dígame… porque piensa que esa Candice está aquí?.

-No pienso que ella está aquí… estoy seguro de ello, acabo de verla detrás de la barra de su salón…- seguro Albert respondió.

-Me temo que se ha confundido…Mi Lord,- Jade sabia como lograr obtener información sin esforzarse y Albert advirtió el juego… el no mencionó tener un título y tampoco lo hiso el conde.

-Yo no he mencionado que tenga algún título… ni siquiera le he dicho mi nombre… como sabe de mí?, ella le ha hablado sobre nosotros?.- el también sabia jugar.

-Le repito que debe estar confundido, mas creo que si tenemos una amistad en común…, se quién es porque hoy lo he visto… de lejos, pero me gustaría que usted confirmara mis sospechas mencionándome su nombre.

-Entiendo, no me dirá nada hasta no estar segura de quien soy… bien, soy William Albert Andrey… y jamás me equivoco en cuanto a las personas que conozco, usted no es una de ellas pero Candice si, y aunque cubra la mitad de su rostro con ese antifaz… sé que era ella… ha crecido bajo mi protección, sería muy difícil que la confundiera, y si estoy aquí es precisamente por ella. Así que… va usted a decirme lo que deseo? o seguirá negándome que la tiene aquí?- el tono era firme, Jade supo que él no era hombre para juegos.

- Vuelvo a repetirle que no sé de qué me habla, y si no desea que lo saque por la fuerza será mejor que se retire por voluntad… además yo no tengo a nadie aquí, ellas están por voluntad..- Jade tenía la sospecha de saber de quien se trataba, pero tenía que confirmarlo antes de tomar cualquier decisión.

-Volveré, tenga por seguro que volveré…- Estaba a punto de salir de ahí directo a la escalera donde había visto desaparecer aquella joven que era tan parecida a su pequeña, pero la luz y las personas no le habían permitido cerciorarse, el corazón le gritaba que no estaba equivocado, pero a la vez no se sentía lo suficientemente preparado para enfrentar aquella realidad si es que Candice había tomado ese camino, Jade acaba de mencionar que estaba ahí por voluntad propia y eso quemaba en su corazón… su mente era un torbellino en ese instante, su amor por ella no le permitían aceptar que ella hubiese caído tan bajo, esa no era su chica rebelde, ella Jamás haría algo como aquello, pero si en realidad lo había hecho… el… el… la amaba.

Dio media vuelta y salió del lugar en busca de George, tenía que hablar con él, siempre había sido como su conciencia y jamás se había equivocado en sus concejos, además no quería montar un escándalo, seguro Candice estaba en aquel lugar por miedo a volver a América después de lo que Terrece le había ocasionado, pero ella no sabía la verdad, aun así, debía estar asustada y lo menos que él deseaba era hacerla huir nuevamente… debía acercarse a ella con precaución, y para eso necesitaría el apoyo de la dueña de aquel lugar, así que era mejor volver otro día para hablar más calmadamente y lograr que la "madame" estuviera de su lado.

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-Tenemos que irnos…- Albert se detuvo frente a la mesa donde dejara a George y al conde de Parcia, el viejo ya no estaba y George parecía en apuros con la dos bellas jóvenes que lo acompañaban, el hombre lo miro con la expresión de alivio más divertida que hubiese visto jamás en el rostro de su hermano… suplicaba ser rescatado, amaba a su esposa Doroty, y no gustaba de ofender a las damas cualquiera que fuera su nivel o forma de vida, y cualquier rechazo o desprecio era una ofensa para una mujer bella.

Las dos chicas se volvieron al escuchar la voz de Albert y quedándose literalmente con la boca abierta al observarlo, George aprovecho la distracción y se apresuró a ponerse de pie para reunirse a su hermano menor.

-Lo lamento señoritas, pero como han escuchado nos tenemos que marchar, fue muy agradable su compañía…- George apuro a Albert antes de que las chicas despertaran de su encanto y volvieran a insistir en complacerlo. Ambos salieron del lugar sin volver la mirada.

-Que ejemplar de hombree!- Perla miraba a Amatista y esta le regresaba la mirada, jade apareció detrás de ellas y les palmeo con cariño uno de sus hombros.

-Sí, es un ejemplar como pocos existen… pero ya tiene dueña solo que aún no lo sabe.- Perla y amatista se volvieron a ver a Jade y las tres sonrieron con simpatía.- tenemos trabajo mis bellas joyas…

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Albert entraba a su suite seguido de George, no le dijo ni una sola palabra a pesar de que el moreno le acoso con constantes preguntas a las que solo respondió con una sonrisa.

-Vas a decirme lo que paso?, de que hablaste con esa mujer?...- George que siempre se mantenía sereno por primera vez mostraba lo impaciente que podía llegar a ser.

-Ya te lo explicare… por lo pronto confórmate con prepararte para la comida de mañana en el castillo Granchester… ahora más que nunca deseo encontrarme con el estúpido de Terrece.

- No vas a decirme porque no hemos traído a Candice con nosotros?, debimos sacarla de ese lugar ella no pertenece ahí… sé que debes estar disgustado pero debes tomar en cuenta que no tenía otro camino, no conocía a nadie, además cabe la posibilidad de que la hayan obligado a entrar en ese lugar, supe por el conde que la dueña del salón es la amante de Richard Granchester…

-Lo sé, - Albert veía a George más desesperado de lo que el mismo estaba, ambos sabían que entre más tiempo pasara Candice estaba en más riesgo, George había mencionado algo que en lo que él no pensó pero que era una posibilidad… si Terrece era quien la mantenía ahí y se daba cuenta que ellos la habían encontrado, seguro trataría de volverla a ocultar en otro sitio, él no podía permitirlo, tenía que volver a ese lugar, o mejor… haría una visita a la casa de modas de "Madame Mary", después de todo su pequeña necesitaría un nuevo guardarropa cuando la sacara de ese lugar, porque la sacaría contra lo que fuese aun en contra de la misma Candice, pero primero tenía que limpiar el camino para que nada se interpusiera en su regreso a América.

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Granchester era sin duda un hermoso lugar, los jardines hablaban de la magnificencia y el renombre de sus dueños así como lo hacía el hermosos castillo que se alzaba en el centro de la propiedad, Albert y George llegaron a la escalinata donde varios invitados más se estaban reuniendo para entrar y ser recibidos por el duque, sería la última reunión de amistades cercanas en las que ellos serían los anfitriones.

-Mi apreciado socio!- Richard extendía las manos con júbilo ante Albert para recibirlo como si fuera un amigo entrañable… después de varios años tratando de asociarse con las grandes empresas Andrey al fin había conseguido hacerlo, y con ello recuperaría todo el dinero que perdió y podría entregar el ducado sin vergüenza.

-Granchester… me complace verte de nuevo…- respondió el rubio resguardado como siempre por su hermano mayor que permanecía a su lado, ambos hombres no pudieron evitar fijar su mirada en el joven a espaldas del duque se seguía dando la bienvenida efusivamente. Terrece se giró al lado de su esposa y su rostro palideció al ver los siguientes invitados que debían recibir.

-Terrece… Este es William Albert Andrey…. Lord de las Higlands… es el patriarca del clan más antiguo y respetado de toda escocia… hijo… tener a este hombre hoy en nuestra casa… es un honor.- Richard palmeaba el hombro e su hijo y lo acercaba para que saludara a Albert desconociendo el pasado que unía a ambos y… que el futuro y fortuna de su hijo ahora estaba en las manos de su peor enemigo.

-Un .. un… placer conocerlo…- Terrece sentía un nudo en la garganta y frio en el cuerpo, todo lo contrario a su esposa que parecía estar eligiendo a su siguiente amante de entre todos los invitados y al ver a Albert juro haberlo encontrado.

-Un placer tenerlo con nosotros…- la voz melosa y la mirada descaradamente lasciva de Susana se posaba en Albert y sin disimular su atracción se acercó a él para besarlo en la mejilla… muy cerca de los labios.

- El placer es mío madame..- con la expresión más fría que un tempano de hielo y con la mirada cual dagas filosas, Albert miro a la mujer que se sintió intimidada al instante de reconocer el desprecio en aquellas perfectas facciones, mas como todo un caballero el deposito un distante beso en el dorso de su mano soltándola como si hubiese tocado una alimaña, la mujer sintió vergüenza de que algunos otros invitados se hubiesen dado cuenta del asco que se reflejaba en la azul mirada de Albert.

George saludo con una reverencia leve al trio de Granchester y se apresuró a seguir los pasos de su hermano, aunque para todos los ahí presentes fuera solo el empleado de aquel importante personaje que pocas veces se le veía en las reuniones de la alta sociedad, y con menos frecuencia entre las de la nobleza. Asegurándose de que Susana aun lo observaba Albert saco su pañuelo y se limpió en el lugar preciso donde ella lo besara… ella retiro de inmediato su mirada escondiendo el daño que su orgullo había recibido.

Terrece no mostro alguna señal de conocer a Albert, pero sabía que su encuentro no esperaría mucho, el hombre estaba ahí por razones muy distintas a las que aparentaba podía adivinarlo, lo que no entendía era de donde conocía a su padre y porque este mostraba un gran interés y respeto hacia él.

La reunión corrió sin ningún contratiempo, como siempre entre la nobleza solo se tocaban temas sobre el poder el dinero y diversiones vanas que les ayudaban a matar su aburrido tiempo, solo Susana era capaz de disfrutar de algo tan frívolo. Terrece trato por todos los medios de evitar a Albert, tenía otros planes y ahora más que nunca tenía que cumplirlos sin error alguno.

Richard por su parte no cesaba de conversar con William, era claro que el hombre sabia quién sería su salvador y quería alagarlo, le presento a su esposa, la madrastra de Terrece, una mujer que equilibraba su fealdad con su mal gusto, además era pésima anfitriona, pero seguro que el título había cegado a Richard y por supuesto su "amor" a la gran dote recibida junto con su esposa, todo lo que llenara las arcas de Granchester era bien recibido.

-Me halaga muchísimo que haya aceptado mi invitación para convivir un poco más, sé que es un hombre muy ocupado y por eso me siento aún más halagado…- Richard era un hombre educado y elegante, tenía un buen gusto para todo… su único defecto era la ambición y su interés desmedido en complacer los caprichos de sus múltiples amantes… era eso lo que lo estaba poniendo en peligro…

-Sí, tengo algunas cosas que atender en el continente pero el asunto que me trajo a estas tierras era más importante en todo caso….- respondió siguiendo discretamente con la vista a su objetivo. Terrece se movía de un lugar a otro detrás de la mujer que tenía por esposa… la clase de mujer que el jamás elegiría ni siquiera como su mucama.

-Me gustaría invitar a su familia en la siguiente temporada navideña… las fiestas del palacio son inolvidables… fue precisamente en una de esas celebraciones que yo conocí a mi esposa…- clásico… y por supuesto no había sido una casualidad o el destino, sino el perfecto plan trazado por las familias interesadas para que todo se viera más natural… los nobles y sus hipocresías. Albert rio para sus adentros.

- Me temo que nos sería imposible, por tradición pasamos las fiestas en casa…- Albert interrumpió su conversación al ver que al fin Terrece se separaba de su esposa y trataba discretamente de escabuirse… esa era su oportunidad de dejar en claro sus asuntos, además tenía la impresión de que Terrece no solo trataba de huir de la fiesta sino que su plan era algo más elaborado.- si me disculpa, acabo de ver a una persona que no veo desde hace tiempo y me encantaría saludarle… viejos conocidos de la familia..

Albert se movió con rapidez y antes de que Richard preguntara de quien se trataba le hiso una señal a George para que lo entretuviera por un momento… y así el tuviera mayor libertad de movimiento, George entendió a la perfección y topo el camino de Richard que pretendía seguir a Albert, comenzó a mencionar detalles de la reciente sociedad que formaran, Richard cayo en el juego y mostrando su interés… genuino… siguió la conversación creyendo que de esa manera quizá podría sacar mayor provecho.

El patriarca siguió los pasos del inglés a cierta distancia no quería ser descubierto anticipadamente, Terrece se estaba cubriendo demasiado las espaldas y eso despertaba su curiosidad… que traía entre manos ese "bastardo"?...

Terrece caminaba con agilidad entre los pasillos del castillo que conocía desde niño, de cuando en cuando miraba a sus espaldas para estar seguro de que nadie lo siguiera, logro deshacerse de Susana justo en el momento en que uno de sus más files sirvientes le hiso la señal que esperaba, esa noche tendría a Candice, la presencia de Albert en la fiesta a pesar de ser sorpresiva para él, también era una señal de que debía darse prisa con sus planes, el tutor de su futura amante ya estaba en Londres, seguro no había podido dormir tranquilo sin tener noticias de su pupila, esperaba que no supiera todo lo sucedido…, y el debía moverse con rapidez si quería lograr su objetivo antes de que ese entrometido lograra obtener alguna pista de lo que ocurría, jamás le hubiese pasado por la cabeza que la persona tan importante que su padre esperaba fuera ese… mozalbete. Pero bueno ahora ni él podría detenerlo y mientras el "patriarca" estaba entretenido en una estúpida fiesta con su padre, el aprovecharía para sacar a Candice del burdel de María… la amante de su padre, era el día y el momento perfecto, pues aunque la madrota mandara pedir ayuda a Richard, este no podría hacer nada al estar atendiendo al otro insulso hombre… si, su plan no podía estar mejor. Observando por última vez a sus espaldas, el joven se introdujo en el despacho personal de su padre, ahí nadie los molestaría ni los buscaría pues era un lugar en el que solo su padre entraba…, por supuesto, era donde el hombre guardaba sus más obscuros secretos… uno de ellos… las pruebas del amor que sintiera por su madre… la actriz americana de la que él no recordaba ni el nombre, y no deseaba hacerlo, después de todo esa mujer no fue más que una americana calientacamas… igual que lo seria Candice para él.

Albert fue muy sigilosos en su caminar, siguió a Terrece hasta verlo entrar en una habitación alejada del salón donde se celebraba la cena… se cuidaba demasiado las espaldas como para creer que solo quería tomar a solas… o huir del escandaloso festejo… espero un poco, muy cerca de la puerta… y entonces escucho las voces que recibieron a Terrece.

-Pensamos que te habías arrepentido…- menciono una de las voces.

-Jamás… esta oportunidad no se podría presentar mejor…, me temo que si no lo realizo hoy no podremos hacerlo más.. Así que no pueden fallar.- respondió terrece con la confianza y seguridad que nadie los escuchaba.

- Se ha complicado algo?- pregunto otra voz grave por lo que Albert supo que eran dos hombres los que charlaban con terrece y por su tono de voz no eran precisamente aristócratas.

-No, bueno no mucho, el tutor de mi muñequita está aquí… pero por asuntos que no tiene nada que ver con ella, sin embargo si es quien mi padre dice que es… será mejor que actuemos rápido antes de que el imbécil se dé cuenta donde esta Candy, aunque dudo mucho que la acepte de regreso en su familia… pero algo en la forma como el la miraba en el pasado, me mostro el interés que tenía en ella, podría desear convertirla en su propia calientacamas… y por supuesto eso no lo permitiré, es mía y no dejare que sea de alguien más… no hasta que yo me aburra de ella…

- Pero si no sabe dónde está como podría ser de peligro?... – comento uno de los bandidos.

- El estúpido de Pastria es uno más de los socios de mi padre, conociéndolo lo invitara al burdel para "celebrar"... no quiero correr riesgos innecesarios, además esto ya estaba decidido… la llevare a donde ni siquiera el mismo rey pueda hacer algo por ella… me saciare de ella hasta que me sienta asqueado… y después… quizá la ponga a trabajar para mi… después de todo… sería una buena inversión.

Los dos hombres soltaron un par de carcajadas y Terrece se unió a ellos, Albert escuchaba cada palabra y estaba a punto de reventar por la ira, deseaba partirles la cara y lo haría, y aunque podría defenderse de los tres… dudaba que Terrece y esos hombres supieran pelear limpio… espero y escucho que después de un choque de copas lo hombres se dirigían a la puerta, era seguro que ellos irían primero…

Los dos matones de Terrece estaban ya con algunas copas encima pero no despreciaron el último trago que el "Duque" les ofreció, licores tan finos no se tenían a la mano con frecuencia, así que después de la bebida se despidieron, irían adelante a preparar las cosas y esperarían por Terrece fuera del castillo, sin él no podrían entrar al burdel…

Albert camino detrás de ellos después de que la puerta se cerrara y antes de que lo notaran choco ambas cabezas entre sí, uno de ellos callo sin sentido el otro necesito un segundo golpe contra la pared antes de caer en un profundo y forzado sueño, entonces Albert tomo a ambos por el cuello, y los jalo, eran grandes, pero no lo suficiente como para que no los pudiera manejar alguien que estaba acostumbrado a la solitaria vida de los bosques y al ejercicio físico rudo. Empujo la puerta por la que ambos hombres salieran sorprendiendo a Terrece cuya sonrisa se borró al ver al rubio entrar arrastrando su carga… este le sonrió con burla antes de dirigirse a él y sacudirse las manos de un polvo inexistente pero si de la suciedad que esos hombres llevaban consigo… y no precisamente en sus ropas.

-Creo que a tus amigos se les subió demasiado pronto el Whisky…- se detuvo justo frente al inglés después de cerrar la puerta.

-Quién eres?...- pregunto Terrece y no porque no lo conociera sino porque derrotar a dos matones y continuar con una imagen impecable no era de un ser normal… por lo menos no uno que él hubiese conocido.

-Creí que ya nos habían presentado… pero por si no entendiste quien soy…

-Que quieres?...- pregunto no permitiendo que continuara burlándose de él.

-Ajustar cuentas contigo… y dejar algunos puntos en claro…

Terrece elevo una ceja con arrogancia y bebió nuevamente del vaso que tenía sobre el escritorio.

-Si vienes a reclamar algo… te recuerdo que tu pupila vino por su propia voluntad y sabía perfectamente cual sería su lugar en mi vida… no puso ninguna objeción… por el contrario se mostró bastante complacida desde la primera vez que le enseñe para que servía su cuerpo…- el tono y la actitud de Terrece estaban comenzando a sacar la bestia que vivía en Albert,... no lograría controlarse por mucho tiempo.- además está bastante satisfecha… es… insaciable…

El puño de Albert no espero a que la palabra terminara cuando se estrelló contra la mandíbula de Terrece obligándolo a caer de espaldas…, el castaño lo miro algo desorientado y sintiendo que algo caliente escurría por su labio. Se puso de pie tambaleante pero fue recibido por otro golpe en el estómago que lo dejo sin aire.

-Que pasa… Lord?, te duele saber la verdad?, ja, pues es cierto… tu pupila resulto ser una muy buena maestra en la cama… insaciable, atrevida… Toda una…

Las palabras no llegaron a su término, Albert lo tomo del cuello casi impidiéndole la respiración completa, Terrece lo miraba con burla e intentando zafarse del agarre que lo estaba asfixiando. La puerta se abrió de improviso y el duque corrió a auxiliar a su hijo más las manos de Albert parecían estar talladas en mármol… no logro mover ni un solo dedo de las garras que mantenían a su hijo a punto de morir.

-Por Los cielos William!, que es lo que haces?.- George llego y lo tomo por el cuello con uno de sus brazos obligándolo a soltar a su casi víctima, lo jalo lo más posible aprovechado que el agarre que mantenía sobre su cuello le daba un poco de ventaja, Richard continuo zafando las manos de Albert que parecían estar trabadas a voluntad… después de unos segundos más de lucha lograron al fin su objetivo.

Terrece retomo el aire en grandes bocanadas mientras su padre lo miraba angustiado y hablándole para que no perdiera el sentido. George se había puesto de pie jalando a Albert consigo y retirándolo un par de metros haciendo uso de toda su fuerza para controlar al rubio que seguía luchando por soltarse de su agarre y terminar con su objetivo.

-Contrólate!, contrólate!, tú no eres un vulgar asesino, además recuerda que Candice te necesita libre y no tras las rejas!- le decía una y otra vez en voz que fuera escuchada por Albert pero no para los demás que solo escuchaban los murmullos. Después de un par de minutos al fin Albert parecía recobrar el control.

-Vuelve a mencionar una sola palabra de Candice y esta vez ni tu padre ni George te salvaran…- advirtió dando un par de pasos en dirección de Terrece que recobraba su color normal mientras su padre le ayudaba a beber un poco de whisky.

-Que ha sido todo esto?!- exigió saber Richard mirando de Terrece a Albert y viceversa

-Pregúntaselo a tu hijo…- respondió Albert aun enfurecido.

-No te preocupes papa… las mujerzuelas de burdel no son tema para un lugar como este… esos se tratan en la calle donde ese tipo de mujeres pertenece.

Albert dio un par de pasos decidido a terminar con Terrece pero una vez más George se lo impidió cruzándose frente a él pero para ser el mismo quien le propinara otro golpe directo en el rostro a Terrece que cayó de espaldas quejándose del dolor. Richard como todo padre protector se puso frente a su hijo para defenderlo.

-Exijo una explicación!- bramo Richard, sabía que debía actuar con cautela porque el destino de Granchester acababa de ser depositado en las manos de Albert. Aun así, Terrece seguía siendo su hijo, fruto del amor verdadero que sintió una sola vez y del que solo terrece le quedaba como recuerdo de haber sido real.

Albert le dio la espalda volviéndose hacia una de las ventanas que le regalaba su propio reflejo, respiraba profundo tratando de controlarse y no volver a la carga contra el hijo de su nuevo socio, la voz de George fue la que rompió el silencio.

-Me temo que el tema es un poco complicado, pero que le baste saber que su hijo cometió un grave error al engañar a un miembro de la familia Andrey, se aprovechó de una situación delicada para embaucar a una de las señoritas de la familia, la envolvió con promesas de matrimonio y la saco de su casa y de su país trayéndola a esta ciudad y convirtiéndola en su… "dama de compañía", mas luego la abandono a su suerte…

-Es verdad eso Terrece?!- Richard no sabía que pensar, el mismo había hecho eso pero el si estaba enamorado… pero el título había pesado más unido a la voluntad de su padre y a su propia falta de experiencia para controlar las situaciones e imponer su voluntad, y por ello cedió, pero Terrece no tenía esas presiones...

-Yo no la engañe, ella vino porque quiso y se fue porque no estaba satisfecha con un solo hombre…. Deseaba más y por eso termino trabajando en el burdel de tu… "protegida"…- las palabras fueron escupidas con resentimiento.

-Eres un infeliz…- Albert ya estaba listo para atacar nuevamente pero fue detenido nuevamente, George sabía que no valía la pena mancharse las manos cuando podían lograr hacer pagar a Terrece por medios más sutiles y efectivos, ahora los Granchester estaban en sus manos.

- Me temo que no estaba enterado de nada… desgraciadamente creo que es un poco tarde para reparar la honra de la señorita… mi nuera está embarazada.- el más sorprendido con esas palabras fue el propio Terrece. Creyó que era un truco de su padre para evitar un mayor conflicto.

-Lo que pase en su familia no me importa…, lo único por lo que he venido es para dejar en claro unos cuantos puntos… sabes perfectamente que ahora tu futuro está en mis manos y que puedo hundirte como salvarte… no acostumbro hacer este tipo de acciones pero me temo que tu hijo no entenderá de otra manera ya que es muy claro que su interés y ambición están por encima de todo. Candice será mi esposa en muy poco tiempo… y quiero dejarlo claro, una sola palabra que salga de labios de tu hijo para dañar la reputación de mi esposa y … no solo tu fortuna se ira por la borda… él se ira junto con ella y terminara sus días en la cárcel…, él no se tocó el corazón para destrozar la vida de una joven inocente, yo no me lo tocare para destruirlo sin importarme quien caiga junto a él. No quiero que vuelva a acercarse a ella, ni siquiera deseo saber de su presencia en el continente… de lo contrario… Granchester junto a sus habitantes se esfumara como la bruma al amanecer…, y tampoco debe acercarse a la casa de madame Mary…, a nada que tenga que ver con ella… y sabes muy bien a lo que me refiero….

-Creo que se está extralimitando…, la casa de madame Mary no corre ningún riesgo… y la señorita Andrey vino por su voluntad… después de todo.- Richard no era un pelele y no le gustaba que le pusieran limites a su poder… aunque ante el poderío de Albert este fuera insignificante.

-Candice fue engañada con una promesa de matrimonio que nunca fue cumplida… fue mejor para ella, porque un hombre como tu hijo no vale ni siquiera el polvo de sus zapatillas.

-Creo que aun soy el que manda… y al parecer… mi hijo aun no está listo para tomar responsabilidades… entiendo lo que quieres decirme y te aseguro que Terrece no saldara del continente… no mientras yo sea el duque… y esto acaba de abrirme los ojos para seguir con mi título hasta el últimos de mis días, Terrece no es lo suficiente maduro para dominar el poder sin que este lo domine a él, no se preocupe William, tenga por seguro que mi hijo no volverá a cruzarse en el camino de ustedes.-Richard estaba tragándose el orgullo, pero al parecer Terrece había cruzado sus límites…, todo indicaba que Mary tenía que ver mucho en aquel asunto, pero bajo ninguna circunstancia permitiría que fuera dañada, esa mujer era su todo, su consuelo su compañía… su compañera, hablaría con ella y estaba seguro de que le daría una explicación más clara de lo aquellos hombres le estaban diciendo, pues ambos hablaban por las heridas clásicas de hombres despechados.

-Espero que así sea, porque la próxima vez que tu hijo se cruce en mi camino, mencione siquiera el nombre de Candice o cualquier tema que tenga que ver con ella para bien o para mal… será lo último que haga en su vida.

Albert se giró dando por terminada su conversación, George hiso una inclinación de cabeza a manera de despedida y salió tras su hermano… Richard dio un puñetazo en el escritorio a su lado y lanzo una mirada enfurecida a su hijo que se había quedado casi mudo y no respondió ni una sola palabra, prefirió desviar la mirada como el hombre infeliz que era.

Los dos hombres salieron del castillo Granchester con una gran satisfacción, pero también una enorme ira, subieron al coche que los esperaba y se dirigieron al hotel donde se hospedaban. George prefirió no molestar a Albert durante todo el trayecto, pero había algo que debían hacer y su parte ya estaba terminada, ahora faltaba saber si Albert estaba ya listo para enfrentar a Candice y llevarla con ellos de regreso a casa.


En este capitulo sera una de las ultimas apariciones de Terrece, la historia en si esta ams basada en Candice y alberth por lo que Terrece desaparecera de sus vidas por un buien tiempo, jajajajajaja, que mala soy, pero no es nada en contra de mi caballero ingles lo amo tanto e igual que mi principe de la colina, espero que este capitulo haya sido de su agrado y espero mi paga... jajajajajajaja, no se crean, pero saber de ustedes y sus opinions alienta a cualquiera para seguir escribiendo, pero aun si solo una persona lee mis locuras yo me siento complacida... bendiciones mil, gracias mil y por supuesto... nos seguimos leyendo... Akirem.