Tratando de cumplir!, jajajajja, como siempre perdones mil, pero aqui esta ya el Nuevo capitulo y disculpas mil por haberla dejado en un punto tan emocionante, pero no, aun no llega el mopmento que e3speramos, jajajajajajam, que mala soy verdad, Bueno no le hecho tanto rollo, y aqui les dejo el capitulo para que lo disfruten y ... nos leemos abajo.


Capítulo 10

Los ojos se quedaron clavados en la imagen que se reflejó en el cristal, era una hermosa mujer, su cabello rubio caía en cascada formando gruesos risos que enmarcaban su bello rostro, el antifaz que cubría la mitad de su cara no le limitaba para nada su belleza, su cuerpo estaba enfundado en una ropa ajustada que marcaba a la perfección una estrecha cintura y su abundante busto estaba como si deseara ser tocado inmediatamente y quisiera escapar de la prisión del corsé en color verde esmeralda… siguió recorriendo con la vista su figura bajando sobre su cadera oculta bajo un zurcido faldón corto… las piernas estaban torneadas y forradas con medias de seda negra y el calzado que usaba las estilizaba aún más y le daba altura… pero lo que lo dejo sin habla fueron sus bellos ojos, sus labios de rojo carmín lucían apetecibles, pero los ojos verdes y cristalinos reflejaban la ternura de su alma, el brillo de su juventud, y la pasión que encontraría en su cuerpo… era simplemente perfecta y su sangre ya comenzaba a encenderse.

Candice respiraba agitada, esperaba encontrar un hombre gordo, de baja estatura… quizá calvo… pero era todo lo contrario, recordó la noche en que vio al duque mientras jade lo montaba… era un hombre con un cuerpo fuerte y bien formado a pesar de su edad madura… era lógico que sus amistades también fueran semejantes a él, ahora que lo pensaba mejor… en muy pocas ocasiones había visto hombres mal parecidos o con un físico descuidado dentro del salón de jade… la mayoría de los clientes eran hombres con los que se podía estar en la cama y no tener ninguna queja… o al menos eso escuchaba de la boca de sus amigas, el hombre frente a ella parecía ser todo lo que escuchaba hablar a las joyas de jade… era alto… su espalda era ancha y sus músculos se podían ver marcados bajo la blancura de su camisa de seda… se había quitado ya el saco y el chaleco… y por lo que alcanzaba a ver del pecho del hombre que se reflejaba en el vidrio casi junto a su propio reflejo… el hombre tenía un vientre plano y había desabotonado un par de botones de su camisa… no se atrevió a verle el rostro prefirió bajar la vista y observar las piernas bien formadas y que gritaban la fuerza de sus muslos bajo el estrecho pantalón, su trasero estaba más que bien formado…, sintió sus mejillas enrojecer… elevo la vista nuevamente y el pelo de aquel hombre llamo su atención… no solo por lo largo y sedoso sino también por su color… entonces el giro su rostro hasta quedar de perfil y ella sintió que el mundo se hundía a sus pies, se apoyó a la puerta para mantenerse erguida…

-buenas noches…"esmeralda"….- girándose por completo se acercó a ella dando pasos lentos y firmes,

- b..b..Buenas noches…- respondió nerviosa y desviando la vista.

-Quieres conversar un poco o prefieres que comencemos a conocernos más "profundamente",- tomo un riso que caía junto a la blanca mejilla y lo acerco a su nariz para inhalar su aroma.- amo el olor a rosas…

La voz era tan sensual como ella imagino que sería en aquella situación, y su sangre hervía en sus venas al saber que pronto la poseería aquel hombre… sus labios palpitaban añorando que la besara con esos labios tan perfectos y que se humedecían bajo la punta de la lengua que asomo por unos instantes, su piel ya vibraba deseando el tacto de aquellas fuertes manos…

-Como usted desee…- respondió en una voz que sonó desconocida para ella… era como si su deseo se expresara por si solo mediante su voz.

-Me dijeron que podía esperar mucho de ti… parece que eres una de las mejores chicas de Jade…- poso su mano en la pequeña cintura y sintió como esta temblaba bajo su tacto… sintió que perdería su autocontrol así que decidió alejarse un poco.

-Daré mi mejor esfuerzo para dejarle satisfecho…- aquellas palabras salieron de su boca al verlo alejarse, deseaba que siguiera tocándola, pero también se dio cuenta de una realidad que jamás imagino. Él era como todos los demás que buscaban satisfacción en otras camas a pesar de estar… prefirió no pensar porque eso solo la lastimaría más.

- No te veo muy convencida de desearlo… quizá sea mejor que llame a otra… tu no pareces….

Antes de que la frase terminara ella estaba frente a él y se posesionaba de sus labios, el beso era apenas un rose de bocas pero pronto comenzó a cambiar tornándose apasionado, hambriento… lleno de deseo y necesidad respondió con el fuego que lo invadió al sentir la calidez y suavidad de aquellos labios su mente se perdió por unos segundos, ella siguió el ritmo que él le marcaba…

No dejaría que nadie le robara esa oportunidad, no dejaría que el cambiara de idea y llamara a alguien más para satisfacerlo ella lo haría aunque su mente y su corazón estuvieran sangrando con pensamientos y sentimientos que la lastimaban, ahora su cuerpo mandaba y este le pedía a gritos que se entregara… deseaba a aquellas manos sobre su piel, deseaba que su propias manos sintieran el calor de aquel cuerpo y acariciarlo insaciablemente hasta que le doliera y aun así seguiría tocándolo. Poco a poco se dejaba llevar por su ritmo, ese ritmo y esa pasión que sentía y la llevaba a desear más y más, que llenaba de lava su entrepierna y algo dentro de ella le pedía gritos ser satisfecho… poco a poco fueron moviéndose hasta llegar al borde de la cama, sintió el suave cobertor rosar la parte trasera de sus rodillas y entonces se tomó del cuello de la blanca camisa para llevarlo con ella sobre aquel mueble que sería su único testigo de la apasionante noche que esperaba disfrutar, dejaría de lado todo pensamiento o sentimiento, no era el momento de sentirse cohibida por prejuicios y morales… se entregaría a su deseo y a su egoísmo, aprovecharía que su rostro jamás quedaría grabado en la mente de él y que jamás sabría quién era y en que se había convertido.

La pasión y el deseo por tantos años oculto lo estaban llevando a perderse en aquel mar de sensaciones, las manos de ella se habían colado por debajo de su camisa y ahora se aferraban su espalda acariciándolo, arañándolo con pasión como una mujer especializada en aquellas labores, aquello le dolió… le dolió profundamente, pero no podía pensar en ello, el la deseaba… quería poseerla, debía ignorar el pasado de ella y centrarse en el presente… y el presente tampoco era lo que él quería para ella… pero le estaba costando una vida detenerse y arrancar sus labios de los de ella…sintió los delicados dedos subir por su cuello y enterrarse en el cabello sobre su nuca… un poco más y perdería la cordura y el control por completo y no tenía permiso para ello… aun no… dejando el alma en sus labios se alejó bruscamente incorporándose y quedándose sentado en la orilla de la cama… le costó alejar sus manos de ese suave cuerpo… el calor y la suavidad de su busto se quedaron como un tatuaje en su pecho y aun podía sentir la calidez de su piernas envueltas en esas suaves medias rozándose contra las de el… ni la tela gruesa de su pantalón lo habían protegido de aquella sensación… maldijo y se puso de pie tratando de recobrarse y no volver a lanzarse sobre ella para terminar de poseerla…

-sucede algo malo?- pregunto temerosa, el no contesto.

-Hasta donde pensabas llegar… es que no has aprendido la lección?- el tono estaba lleno de ira aunque él no hubiese deseado usarlo era necesario.

-No… no entiendo a qué se refiere… pensé que era lo que deseaba…- su voz temblaba y su cuerpo también… pero esta vez no era de deseo… el miedo la había inundado de un segundo a otro su corazón le grito lo imposible… y era mejor huir antes de confirmar su sospecha de ser reconocida por aquel que amaba- si desea llamar a alguien más entonces será mejor que me vaya…- se puso de pie rápidamente y se dirigió a la puerta sin siquiera pensar en su apariencia desarreglada…

-Qué crees que haces?!- antes de que siquiera pudiera llegar a la puerta la tomo del brazo y la obligo a detenerse girándola para que lo viera a la cara sus verdes ojos mostraban pánico… lo sabía.

-Llamare a alguien más…- dijo decida tratando de controlar el temblor de su voz y bajando la mirada.

El tirón no fue brusco, fue la sorpresa lo que provoco su grito ahogado… su antifaz fue arrancado y lanzado al suelo en cuestión de segundos… sin estarlo físicamente se sintió desnuda y llevo sus manos a su cara tratando de cubrirla, pero él las aparto y las mantuvo sujetas… entonces supo que no podía ocultarse más… levanto el rostro para míralo fijamente a esos cielos que tanto la atormentaban en sus sueños.

-Así está mejor Candice… las caretas no existen entre nosotros.-

Albert miraba las verdes pupilas que tanto amaba, lo miraban con dolor, con vergüenza, con angustia y terror mezclados y eso no era lo que el deseaba… el solo deseaba ver en aquellas esmeraldas … amor.

-Albert… porque?- pregunto entre sollozos jalando sus muñecas para liberarse del agarre pero no logrando desviar su mirada de aquellos bellos ojos que tanto añoro volver a ver.

-Creo que soy yo quien debe hacer esa pregunta… no te parece Candice?. Su rostro se endureció al ver que ella mostraba renuencia para con él.

-Sabias donde encontrarme. - respondió, con vergüenza se giró sentándose en el borde de la cama y sintiéndose mal por haber sido descubierta en aquella situación. El dejo ir al fin sus manos.

-Se todo… de ti, siempre he sabido todo de ti… , volverás conmigo a América…- acercándose a ella controlo sus manos que deseaban acariciarla, tocar a aquellos risos dorados y suaves que siempre añoro tener entre sus dedos, pero sabía que no debía, no era el momento.

-No es posible… sabes lo que sucedería si regreso… llegaras a odiarme por manchar la reputación de tu familia…- el llanto se apodero de ella y las lágrimas le humedecieron las mejillas mientras trataba de controlar sus sollozos.

-porque?... como supiste todo?... porque estás aquí?...-necesitaba saber por qué… quizá solo lo hubiese hecho movido por el honor de su familia que se vería manchado. No quería albergar ninguna esperanza además en el fondo de su corazón sabía que no habría ninguna oportunidad con él. Pero el permaneció en silencio.

- y si no deseo volver contigo…- se limpió un par de lágrimas que salieron de sus ya rojizos ojos. Sintió que la ira la invadía al ver su mutismo, y al darse cuenta que él no era diferente a los demás hombres que frecuentaban mujeres olvidándose de sus …. Responsabilidades.

- De verdad deseas esta vida?... – le pregunto sintiendo un golpe de dolor en el pecho…

-No!, yo… no sé qué quiero… pero no tengo otro camino…- mentía, sabía lo que quería… lo quería a él, pero temía ser rechazada porque era claro que el la creía una cualquiera… él pensaba que había sido la amante de Terrece… por los cielos… jamás se detuvo a pensar en el alcance que podría lograr Albert con su posición, como confesarle que lo amaba?... además… estaba también aquella joven que vio cuando su atrevimiento y su inocente amor la llevaron a robarle un beso… a esas fechas seguro él ya estaba casado… o comprometido…

-Volverás conmigo a casa… George nos está esperando…- se arrodillo para quedar a su altura y tomándole con ternura la barbilla la giro para verla a los ojos… ella le sostuvo la mirada que aún estaba cristalizada por las lágrimas.

-Me obligaras?,- pregunto mirándolo a la cara con ira reflejada en sus verdes pupilas y a la vez rogando en el fondo de su corazón que el realmente la sacara de ahí y la llevara a casa.

Incorporándose jalo a la joven obligándola a ponerse de pie y la encerró en sus brazos, a pesar de todo para él seguía siendo aquella chiquilla rebelde y llena de vida que amaba profundamente…la convencería, aun tenía tiempo para convencerla de aceptarlo y convertirse en su esposa… pero tenía que espera un poco a que ella se recuperara de lo sufrido… pero esa noche la llevaría con él., nada lo evitaría.

-Sí, aun si tengo que atarte te llevare conmigo…- sintió que ella se negaba los primeros segundos a estar entre sus brazos, pero después fue cediendo a sus inútiles esfuerzos por escapar de la prisión en que el la mantenía junto a su pecho y todo lo que se escucho fue un amargo llanto que liberaba su alma destrozada por el dolor y la vergüenza.

Sintiendo ese cálido abrazo ella supo que estaba en casa, la protección que aquellos brazos siempre le dieron estaba intacta, no podía aspirar a nada con él, sabía que el jamás mantendría un amante… casado o comprometido… y sería una terrible tortura estar a su lado viéndolo y sabiéndolo ajeno, sería mejor no volver, así por lo menos no tendría que verlo en brazos de otra, ni observar como dedicaba esas caricias y esos labios a la mujer que amaba y que lo amaba.

-no puedo volver…- dijo separándose de aquel cálido abrazo y sintiendo un frio congelarle el alma al ver la desilusión en sus ojos azules.

-porque?- pregunto sintiendo la ira y los celos tentarlo al imaginar que ella pudiese desear estar cerca de Terrece o de algún otro hombre que ya hubiese estado entre sus brazos.

-Albert… has consultado esto con tu ….?.- no pudo formular la palabra que se repetía en su mente una y otra vez…"esposa".

-Yo no tengo que consultar nada y nadie tiene porque cuestionar el que haya decidido llevarte de vuelta… vendrás conmigo, ya una vez permití que decidieras tu camino creyendo que serias feliz, y todo ha sido una tormento y una profunda pesadilla… no pienso cometer el mismo error.

No la dejo responder, tomo su saco y lo puso sobre sus hombros desnudos, consulto la hora en el reloj de pie dentro de la elegante pieza y la tomo de la mano sabiendo que todo estaba listo, cuando estuvo cerca de la puerta recogió el antifaz que el mismo lanzara al suelo y se volvió extendiéndoselo para que lo tomara, ella trato de colocarlo pero sus manos temblaban, el termino de atarlo por ella y le acomodo un poco el cabello algo desordenado, volvió a tomar su mano para redirigirla a la salida, ambos con el oculto deseo de no volver jamás a ese lugar.

Cuando cruzaron el pasillo ambos se sonrojaron por los bajos sonidos que alcanzaban a escucharse y gritaban la pasión que se vivía detrás de las puertas de aquellas habitaciones, pero se negaron a verse entre sí y caminaron un poco más de prisa aun tomados de la mano, cuando llegaron a la escalera y antes de cruzar las gruesas cortinas fueron detenidos por la voz de Jade que los esperaba.

-Sera mejor que vengan conmigo…- le dijo entregándole a Candy su vieja maleta y guiñándole un ojo en complicidad, Albert asintió en silencio y ambos caminaron detrás de ella, Jade había hablado con Albert antes de que Candice se presentara ante el en aquella habitación así que no era necesario más palabras.

-Jade… tu sabias quien era el verdad?- Candice le pregunto cuando se detuvieron frente a una puerta detrás del edificio y que los llevaría al callejón en la parte trasera de la casa de modas.

-Siempre te he dicho que todos tenemos una doble cara… él no es la excepción, busca la verdad… es un gran caballero pero también tiene secretos que oculta tras una máscara… hay otro Albert que ha mantenido oculto ante ti… encuéntralo y se feliz.- Jade le murmuro en el oído cuando se abrazaron para despedirse, Albert trato de escuchar pero no lo logro, jamás entendería la razón de las mujeres por mantener secretos.

-Gracias por todo mi Lord… le estaré eternamente agradecida por lo que ha hecho por mi…y por mis joyas…- Jade le extendió la mano para despedirse y el poso un beso en ella con agrado y simpatía.

-Es lo menos que podía hacer por alguien que le brindo protección y abrigo a lo más valioso que tengo.- respondió en el mismo tono en que ella había hablado con Candice… susurros. Jade le devolvió la sonrisa satisfecha por sus palabras.

Un coche los esperaba y el cochero no parecía siquiera sentir la necesidad de volverse para ver a sus pasajeros, y aunque lo hubiese hecho nunca reconocería a la joven que estaba cubierta de pies a cabeza por una capa de terciopelo negro que Jade coloco en los hombros de Candice antes de que siquiera se abriera la puerta, Albert había terminado de colocar con cuidado la capucha para cubrirle el rostro y ahora ambos viajaban en el obscuro y silencioso interior de aquel coche de cortinillas cerradas.

-Podría saber… a que se refería Jade cuando te agradeció?- pregunto curiosa y temerosa de descubrir algo que no fuese a agradarle… había familiaridad en el tono de Jade cuando se dirigió a Albert..., por supuesto ella no estaba celosa.

- Partiremos a casa, un barco Zarpara al amanecer… hoy será mejor que descanses el resto de la noche, ya mañana responderé cualquier cosa que desees saber.- sonrió ocultando el gesto en la obscuridad del coche y sintiendo satisfacción al escuchar un tono de mujer celosa en la voz de Candice.

Minutos más tarde el coche se detuvo y Albert se apresuró a bajar para pagar al cochero y tomar la maleta de Candice, después volvió para ayudarle a bajar del coche, después de un año sin aquellas atenciones por parte de un hombre la hacían sentirse un poco extraña, pero aun así tomo la mano que Albert le ofrecía, durante el trayecto se había retirado el antifaz y lo ocultaba bajo la capa, el la observo unos instantes recreándose en su belleza bajo la luz de las lámparas, otro coche los esperaba y el trascurso en este fue un poco más largo, ella se sintió cansada pero temía quedarse dormida y que al despertar todo fuese solo un sueño, después de un largo y silencioso viaje, el coche se detuvo frente a un lujoso hotel, el repitió el proceso de ayudarle a bajar y tomándola nuevamente de la mano la guio al interior.

George un poco impaciente esperaba en la suite que ocupaba junto a Albert, en cuanto escucho la llave dar vuelta en la cerradura de la entrada no pudo esperar un segundo más así que fue quien termino de abrir la gruesa madera sorprendiendo a los recién llegados, no hubo palabras, solo abrazo a aquella chiquilla que había visto crecer y a la que tanto el cómo su esposa adoraban junto a su hermana Annie, terminaron de entrar y George aun no dejaba libre a Candice por lo que Albert tuvo que intervenir aclarando su garganta para forzarlo a separarse de ella.

-Debes venir muy cansada por el viaje… ven te mostrare tu recamara.- el moreno tomo el equipaje de manos de Albert y guio a la joven al interior de una de las recamaras dentro de aquella enorme suite.

- Dentro encontraras lo necesario para sentirte cómoda, descansa porque partiremos al amanecer.- Albert agrego mientras los veía alejarse, ella se detuvo un momento para asentir dándole a entender que lo había escuchado y siguió caminando detrás de George.

-Descansa pequeña Candy…- George depósito un beso en la frente de la chica antes de cerrar la puerta y dejarla dentro de una hermosa habitación.

Candy dejo escapar un suspiro lleno de sentimiento, se sentía dichosa, triste, feliz, recorrió con la mirada la habitación, elegancia y buen gusto hasta en la última esquina… digna de un Andrew… camino con su maleta pero no la abrió al descubrir un elegante y abrigador camisón, lo tomo entre sus manos sintiendo sus suavidad y se lo llevo al rostro tratando de que sus lágrimas no se derramaran… una año sin ver aquel tipo de prendas… recatadas y dignas de una delicada dama, las gotas saladas corrieron por su rostro aun en contra de su esfuerzo por evitarlo… lloro en silencio.

El amanecer aun no llegaba pero estaba pronto a hacerlo, la neblina aun cubría el puerto el coche se detuvo y Albert bajo sin mencionar palabra, no lo había hecho desde que volvieron a la suite la noche pasada.

-lograste hacer lo que te pedí?- pregunto Albert mirando a George que dirigía a los hombres que llevarían su equipaje a sus camarotes dentro del barco.

-Por supuesto… adquirí el mejor vestuario de Londres, el de última moda y de mejor calidad… digno de una princesa…- con una amable sonrisa pero sin volverse a mirarlo a la cara el moreno seguía dando instrucciones a los hombres que cargaban los enormes baúles de madera labrada y que portaban el equipaje del que hablaban, unas sencillas maletas no habrían servido de nada para la cantidad de ropa y accesorios que había adquirido en las mejores tiendas de Londres… incluida la casa de modas de Madame Mary… que era una de las más prestigiosas dentro de la sociedad londinense.

-Mandare un telegrama a chicago avisando de nuestro regreso…- el rubio se dio media vuelta dirigiéndose a las oficinas del puerto.

-Les darás la buena noticia?- pregunto el moreno no logrando evitar que la pregunta saliera de sus labios.

-No, quiero ver sus rostros cuando me vean entrar con ella del brazo…- respondió mirándolo y guiñando un ojo en complicidad, el gesto fue respondido por una sonrisa que aceptaba y aprobaba el secreto.

Después de una no tan larga espera la puerta del coche al fin volvió a abrirse, sus manos temblaban dentro del abrigador cono de piel donde las mantenía tibias.

-Vamos, todo está listo….- la abierta sonrisa que Albert le reglaba hicieron que su corazón se sintiera cálido, esos minutos a solas dentro del auto le sirvieron para meditar sobre lo que estaba decidida a hacer, sabia a la perfección que soñar con el título de la señora Andrew era algo imposible debido a lo que él pensaba de ella, pero había otras opciones y por primera vez en su vida había tomado la decisión sin titubear, la noche pasada mientras revisaba la maleta que Jade le prepara había descubierto el mensaje que oculto dentro de aquellas prendas, y entonces la idea surgió después de tomar la decisión.

Tomo firmemente la mano que él le ofrecía y recogiendo su vestido bajo del coche, el coloco la delicada mano sobre su antebrazo y se volvió sonriente a donde su barco esperaba, Candy no pudo evitar sentirse aliviada al caminar a su lado, levantando un poco la capucha de su abrigadora capa miro alrededor observando aquel puerto al que un año atrás había llegado con falsas esperanzas e ilusiones… y con el corazón roto, pero lo que se basaba en un engaño jamás podía tener un buen fin… sintió alegría de alejarse de aquella tierra que solo le había dado dolor y desilusión… aunque debía reconocer que también le dio un grupo de buenas amigas que jamás olvidaría… no noto en qué momento se detuvo hasta que sintió la caricia de Albert sobre su mano atrayendo su atención.

-Todo bien?- le pregunto mirándola con un poco de temor a que ella estuviera deseando lo que no logro vivir al lado de Terrece… temor de que sus sentimientos por ese tipo no hubiesen terminado y que el suspiro que ella dejo escapar de su pecho fuera por la tristeza de que no lo vería mas.

-Perfecto…- respondió mirándolo a los ojos y con una amplia sonrisa en sus labios de carmín.

Sintiendo que el alma le volvía al cuerpo al ver aquella sonrisa, Albert la guio por la escalerilla que los llevaba al barco que esperaba por ellos para levarlos de regreso a su hogar…se sintió seguro cuando la escalinata termino y ella no titubeo más, por el contrario se apegó más a su brazo y recargo su rostro en su hombro… parecía feliz.

- kire-

La elegante puerta de madera que se abría ante ella le indicaba que los días de necesidad se habían terminado, no habría más costuras ni vestidos que terminar, no más servir copas detrás de una barra a hombres que la veían como si fuera un manjar sobre la mesa, de todo aquello solo extrañaría a las amigas invaluables que encontró en aquel grupo de mujeres rechazadas por la sociedad. La sala de estar dentro de la suite presidencial de aquel barco era digna de una reina.

-La puerta hacia la derecha es tu habitación….- menciono Albert trayéndola de regreso de aquellos momentos que en parte fueron hermosos pero que también le gritaban sus errores a cada segundo y en lo que terminaría convirtiéndose si continuaba ahí oculta del hombre que con engaños le hiso creer que la amaba.- la de la izquierda es..

-La tuya…- complemento George sin permitirle terminar a Albert.

-George?- pregunto sin poder evitarlo y no sabía bien a bien porque deseaba que él estuviera con ellos… por lo menos en aquella suite.

-decidí tomar un camarote separado… prefiero estar solo….- aclaro un poco apenado por sentirse divertido de la cara y la situación en la que ponía a Albert.

- Creo que descansare un poco…- Candy sentía que si seguía ahí frente a él se lanzaría a sus brazos sin esperar lo planeado… el saber que estarían solos por dos semanas la hacía sentir un repentino calor en el vientre que no sabía cómo calmar.

-Si…, te hemos levantado muy temprano pero es que no habrá otro viaje a américa hasta la próxima semana y no podíamos perder esta oportunidad que se nos presentó, no deseábamos esperar más para volver a casa….- Albert parecía algo nervioso así que trato de distraer sus pensamientos de los recuerdos dentro de aquella habitación en el salón de las joyas de jade… Candy era una alucinación vestida de esmeralda… pero era mejor olvidarlo, sino no lograría su propósito de conquistarla y convencerla para que fuera su esposa.- bueno… me tome el atrevimiento de pedirle a George que comprara algo de ropa para ti…. Espero que no te moleste… - le menciono mientras abría la puerta para que ella pasara… un gesto digno del caballero que era.

-Siempre ha tenido buen gusto…. Así que no creo que deba preocuparme por ello… y gracias por tomarte esa molestia… mis vestidos… no eran adecuados para… aparecer en sociedad..- con las mejillas rojas de vergüenza por la manera en que el debía recordar su forma de vestir en el salón y los sencillos vestidos que jade le había permitido elaborarse con los sobrantes de las telas mas económicas, agacho la mirada y entro de prisa en la habitación cerrando detrás de ella y dejando escapar un suspiro al recargarse en la hoja de madera que la separaba de Albert… escucho pasos alejándose.

Poniendo distancia de por medio Albert salió de la suite marítima y se dirigió a la baranda que le regalaba una bella imagen del mar, el viento helado le golpeo el rostro y el silbato que anunciaba su partida se escuchó en el aire… George lo siguió y le palmeo el hombro comprendiendo lo que debía estar pensando y su lucha interna a ante lo que se avecinaba, a lo lejos distinguieron la figura de alguien que miraba fijamente en su dirección… trato de identificar al hombre que se cubría con una negra y larga capucha y una gorra blanca le cubría la cabeza ocultando parte de su rostro… sería posible que?...

-Todo bien?- George lo distrajo interrumpiendo su intento de reconocer al individuo que centímetro a centímetro quedaba atrás en el puerto.- Que pasa?, algo mal?.

- No, todo bien- respondió al notar que George dirigía la mirada en la dirección en la que el mantenía la suya… no había que preocuparse más… fuera o no fuera el … todo había quedado ya en el pasado.

- kire-

El barco se alejaba del puerto sobre el agua ondeante y helada del mar azul… la neblina se despejaba a cada minuto dándole una imagen más clara de lo que había perdido… porque en aquel barco, en las huecas entrañas de aquel mostro de hierro y madera… iba ella, la chica que podría haberle dado la mayor de las dichas, la joven con la que quizá hubiese logrado la felicidad…Candy… la hermosa mujer que sin saberlo se había convertido en su verdadero amor… la que perdió por su ambición y estúpida inmadurez.

- kire-

El llamado para la cena se escuchó aun atraves de la gruesa puerta, un leve toquido y una voz desconocida le anunciaba lo mismo, se miró una vez más en el espejo… esmeralda había muerto y Candice Andrew volvía a la vida, sus ojos una vez más se cristalizaron al verse nuevamente ser ella… aunque interiormente ya no lo era… aquella chiquilla avispada había quedado atrás… la mujer con experiencia y madurez había tomado su lugar debajo de aquellas prendas tan finas.

Había pasado la mitad del día durmiendo… soñando… deseando, después había pasado horas observando el delicado vestuario que Albert le había obsequiado bajo el exquisito gusto de George, también había vuelto a sacar las prendas que jade le obsequiara… y los minutos corrieron sin notarlos… observado la gran diferencia entre las prendas… dos mujeres… dos caras… justo como Jade siempre se lo dijo, entonces las palabras de la mujer al despedirse regresaban una vez más mientras se observaba en el espejo… cual sería la cara oculta de Albert?.

-Lista?- La voz de Albert se escuchó detrás de la puerta de su habitación, pero no la había llamado nuevamente pequeña… aunque sabía que era solo una palabra de cariño… aquella sola palabra no mencionada, había sido como un lazo irrompible entre ellos, pero ahora parecía no existir mas, quería hacerlo sentir como ella se sentía en ese momento. Desilusionada.

-Si William… en un minuto estoy contigo…- la dulce voz había sonado como música a sus oídos, pero aquella palabra refiriéndose a él lo abofeteo… ella jamás lo llamaba William, siempre había sido solo Albert… era como un lazo que los unía y los hacia más cercanos…les daba una relación especial… secreta… solo de ellos dos… que habría hecho para que lo llamara de aquella forma?.

La mano de Albert aún estaba cerca del pomo de la puerta, no se atrevió a abrirla cuando escucho la forma en que ella lo llamo, estaba pasmado pensando en cual podría ser el motivo, pero el hierro en forma de esfera se giró y la puerta se abrió dejándolo a un más sorprendido con la imagen de la bella dama que apareció ante sus ojos de cielo.

-Estas… estas hermosa…- logro unir las letras para formar aquellas palabras pues su cerebro parecía congelado sobre la belleza dela mujer ante él, la chiquilla de coletas había quedado en el pasado, ahora su bellos rizos los que el adoraba libres… estaban atados en un chongo alto y solo algunos habían sido dejados sueltos a conciencia para que enmarcaran el bello y delicado rostro, su cuello sus hombros y parte de sus pechos estaban descubiertos y el no logro evitar que su mirada los recorriera, los recordaba de la noche anterior… llenos, voluptuosos. Su cintura estrecha antes marcada por el llamativo corsé ahora seguía igual pero forrada con aquella deliciosa seda que se amoldaba a cada centímetro de su cuerpo con maestría… dándole una vista llamativa a sus deliciosas caderas.. Trago pesado al reconocer a la hermosa mujer en la que se había convertido…, ahora con su bello rostro completamente descubierto ante él, Candice le sonreía.

- Gracias… tú también estas muy apuesto y elegante…- sentía su corazón latiendo a mil, se sentía agitada y un calor la recorría unido a la mirada de Albert sobre ella, podía adivinar que disfrutaba de su apariencia y que había notado una vez más que ya no era una "Pequeña"…sintió esperanza al ver su mirada resbalando por su figura a diferencia del sentimiento de asco que otros hombres le habían provocado con aquellas miradas de lujuria…. La mirada de hambre que veía reflejada en los ojos de Albert la habían sentirse bella, deseable, mujer…. Y lo disfrutaría aunque solo fuera durante a aquel viaje, ya que al llegar a tierra… todo cambiaria.

La puerta se abrió rompiendo el hechizo y el rostro de George apareció por la abertura.

-Sera mejor que nos apresuremos… ya es un poco tarde.- el moreno no imagino que había roto el ambiente que entre los dos rubios se estaba formando, ambos le sonrieron con algo de pena y nerviosismo mezclados pero la mirada de Albert llameaba como fuego del infierno… entonces supo que había llegado en un mal momento. Sonrió a su hermano en forma de disculpa y se apresuró a tomar el abrigo de Candice para colocarlo en sus hombros y recibir un tierno beso de agradecimiento sobre su mejilla… lo que le gano una mirada aún más rabiosa oculta bajo aquella expresión de calma que había en el rostro de su hermano.

-Yo… no estoy segura de salir del camarote.- con voz temblorosa revelo ante la mirada sorprendida de ambos hombres, bajo sus ojos ocultando sus miedos y la verdad que le angustiaba el corazón.

- no hay nada porque temer…- Albert adivinando la realidad de sus miedos y dudas la tomo de la mano invitándola a acompañarlo, ella no pudo negarse, sabía que podía confiar en él.

Candy casi había olvidado lo que eran aquellas reuniones sociales, la mayoría de las personas que les acompañaban eran de la alta sociedad londinense, pero todos parecían reconocer a Albert y saludarlo con amabilidad, las mujeres no podían ocultar su mirada de deseo cuando recorrían descaradamente con su mirada la figura del apuesto rubio que la llevaba del brazo, aunque sintiéndose hipócrita las saludaba con una amable inclinación de cabeza y una sonrisa en sus labios, ocultando la rabia que le provocaban los celos… era curioso que ella no tuviera jamás ese sentimiento por… Terrece.

La cena había trascurrido entre platicas e insinuaciones de las mujeres que no querían perder una oportunidad de cazar a Albert, ella no podía seguir tolerándolo, aunque seguía sonriendo falsamente no sabía cuánto tiempo lograría mantener aquella expresión antes de arrancarle los pelos a alguna de esas ofrecidas que ni siquiera el marido que tenían sentado al lado las detenía de su descaro.

George lograba notar la tensión que había en la mesa, algo que los demás parecían no notar, la verde mirada de Candice destellaba con furia a pesar de la amable sonrisa que mantenía en sus labios y la expresión de calma que tenía dibujada en el rostro, y los ojos de Albert parecían un cielo en tormenta que también se ocultaba bajo el semblante amable que el rubio mantenía siempre ante la sociedad, y aunque ambos rubios no parecían notar los celos que se provocaban entre sí, él podía verlo a la perfección… Candice parecía desear arrancar las cabelleras de cada mujer que le coqueteaba Albert y este a su vez parecía desear que su mirada fueran puñales para eliminar a todo el que paseaba su mirada por el escote de Candice o besaba su mano con fingido respeto. Tenía que hacer algo.

-Deseas acompañarme al salón de baile Candice?, la música suena deliciosa…- George se había puesto de pie y caminado los pasos que lo separaban de la rubia que un tanto renuente a aceptar y dejar solo a Albert decidió acompañarlo tomado su mano… ninguno espero la reacción de Albert que tomo su otra mano.

-Había estado esperando para invitarte yo…- menciono el rubio deteniéndola antes de que pudiese ponerse en pie, ella se giró y le sonrió con algo de… ira?, sarcasmo?...

-Lo siento… pero George parece haberlo pensado menos…- con una sonrisa que no lo era… Candice se soltó con suavidad del agarre y se puso de pie gozando de la mirada atónita por su respuesta que se había dibujado en el rostro de Albert… contoneándose con elegancia y sintiendo la quemante mirada del rubio sobre su espalda, acompaño a George al salón de baile… jamás imagino que en ese mismo instante Albert se puso de pie y salió del comedor con una absurda disculpa.

El tiempo había corrido entre piezas de baile e intentos de conquista de parte de algunos de los caballeros a los que acepto como pareja de baile, George compartió con ella algunas piezas pero se hiso a un lado antes de que pensaran que había alguna relación amorosa entre ellos, no todos lo conocían como miembro de los Andrey, y podían imaginar cosas que no eran, además se topó con varias de las mujeres con las que compartieron mesa durante la cena y la mayoría no desaprovecho la oportunidad de hacer preguntas sobre el patriarca de los Andrey…, además de que intrigaban de una y otra tratando de que ella le hiciera llegar el mensaje a Albert sobre la mala reputación de cada una… amigas y enemigas… pero el rumor que no le agrado para nada fue el enterarse que en cuanto ella y George se alejaron del comedor… Albert salió del lugar disimulando una cita con alguna de las que faltaban en el salón de baile… o quizá con todas.

Sintiendo que no podría controlarse y salir como una desquiciada en busca de Albert y la lagartona o lagartonas con las que seguro estaba compartiendo una habitación o algún rincón del barco, busco a George para que la acompañara de regreso ya que se vería muy mal que ella saliera sola y sin carabina… algo que los demás no tenían por qué saber, seria más adecuado que el la acompañara ya que habían dejado más que claro que eran familiares en las diversas conversaciones que habían mantenido a lo largo de la velada. En cuanto el moreno la escucho decidió que era hora de descansar para el también así que la dejaría en la suite y el seguiría de largo a su propio camarote de soltero… en la primera clase.

- kire-

La obscuridad dentro de la suite era profunda, no había un una sola luz alumbrando, al cerrar la puerta una vez que se despidió de George, Candy se quitó los zapatillos de tacón para no hacer ruido y poder acercarse a la habitación de Albert y escuchar si estaba con alguna mujer… por supuesto que reconocería los sonidos de la pasión y eso la hacía sentirse aún más celosa…, camino de puntillas tratando de hacer el menor ruido posible… se acercó a la puerta y pego un oído a la gruesa madera… espero algunos segundos y no escuchaba nada… se habrían quedado dormidos después de satisfacer su pasión lujuriosa?... volvió apegar el oído a la puerta y entonces una ráfaga de viento la hiso estremecer y el ruido de una puerta cerrándose la hiso brincar al mismo tiempo.

-cansada de la velada?- la voz de Albert era tan fría como la ráfaga que había entrado por la puerta que comunicaba a la terraza dela suite.

- un poco…- respondió recomponiéndose de prisa y caminando al centro de la estancia donde él se había detenido.- veo que te gusta más disfrutar a solas… - afirmo indiferente ocultando su ira.

-Algunas veces es preferible.- respondió el agitando un poco el vaso con licor que mantenía en su mano y del cual no había podido tomar siquiera un sorbo

- creo que será mejor que me vaya a descansar… veo que no estás en condiciones de conversar…- se giró con rapidez y camino a su habitación nerviosa y antes de que el pudiese responderle, llevaba en su corazón un propósito, Albert no había estado con nadie… y eso la lleno de alegría… y aunque no podía decir lo mismo de la bebida, pensó que sería mejor ya que al parecer los hombres se relajaban con el alcohol y ella lo necesitaba muy relajado esa noche.

Albert vio como la figura de Candice desaparecía detrás de la puerta de la habitación de la joven, sintió rabia de su propia estupidez, el sufriendo por ella y ella ni siquiera había notado que él estaba muriendo de celos… pero claro cómo podía siquiera saberlo si siempre se habían comportado como dos hermanos… aunque la noche anterior en el salón de jade no se comportó como su hermanita…. Y ella si podía ver su rostro así que sabía quién era… entonces porque actuó de aquella manera?… se estaba volviendo loco, con rabia se encamino a su propia habitación y entro cerrando la puerta con ira, la muy ingrata seguro se la paso de maravilla bailando y aceptando los halagos de todos los que la miraban…. Podía verlos con la boca abierta deseándola y acercándose a ella en busca de una oportunidad y el, de muy… Se había ido dejándola a la merced de esos sinvergüenzas, maldita fuera su estampa. Y todavía ella se quitaba los zapatos seguramente por el dolor que estos le causaban por tanto bailar, y tenía el descaro de asegurarse que el dormía para que no notara la hora en que había regresado…, el vaso de cristal se estrelló en la chimenea ya encendida avivando las llamas... y él se dejó caer en la cama sintiéndose un imbécil.

Los parpados estaban pesados de sueño, su mente estaba en blanco después de un gran esfuerzo de no sabía cuento tiempo tratando de borrar cualquier pensamiento de Candy en medio de aquella manada de lobos que seguro la habían rodeado en su primera velada a bordo de aquel barco… miraba al dosel de su cama sin mirarlo realmente… entonces creyendo que su imaginación o el cansancio lo habían llevado al mundo de los sueños… comenzó a sentir unas delicadas manos acariciándolo sobre su pecho… un suave peso se acomodó sobre su cadera iniciando la vida de su… hombría que estaba despertando al calor que sentía se colocaba sobre el… entonces los hábiles dedos comenzaron a terminar de quitar su corbata y a desabotonar su camisa… las dulces manos jalaron despacio la tela blanca liberándola de la prisión de sus pantalones y él estaba desando que algo más se liberara de aquella ajustada prenda que cubría la parte inferior después de su cintura… escucho su nombre y entonces enfoco la mirada al rostro que estaba sobre el… el antifaz verde cubría la mitad de la cara… pero esos bellos ojos verdes lo miraban fijamente y obscurecidos por la pasión… estaba soñando… no había otra explicación.


Y bien?, gusto, no gusto, le seguimos o mejor le dejamos?, jajajajajaj, no claro que eso no, aunque solo sea una persona la que me leea yo cumplo hasta el final si la vida y el creador me lo permiten, Bueno pues... un millopn de gracias para todas las que me siguen acompaniando en estos horrors de escritura, este intent de escritora les bendice y por supuesto espero sus comentarios para mejorar o empeorar, jajajajajaj no como creen pero si les agradesco a todos los que me dejan un review para darme a conocer su opinion... gracias mil, gracias mil y gracias mil, bendicones un millon y ... nos seguimos leyendo... Akire.