Nuevamente agradezco a Goddness Artemiss por ser mi beta y ayudarme a corregir los errores que llevo en este proyecto. Y muchas gracias a todos los reviews que he recibido, me alegra mucho que les agrade y que encuentren la historia entretenida. Generalmente no escribo largos capítulos, pero la historia es muy importante para mí, por qué es algo que había imaginado desde hace un tiempo con todo el panorama del juego (casi desde el 2007) Entonces pues sí, es verdad que quiero que la historia sea algo muy elaborado y presentable.
De nuevo IMPORTANTE; aclaro en cada episodio:
-Negritas, importante
-Cursiva en flash comienza con un guión, un párrafo en negritas y termina igual
-Cursiva en los diálogos es pensamiento.
-Las palabras que no se entiendan o algo que se aclare si no se comprende llevara un (*) y lo responderé al final
La razón por la cual en algunos momentos la menciona como princesa es parte de Link, quien estaba acostumbrado a llamarla así desde antes que pasara su aventura.
Hasta aquí termina POV de Link
"¡Por Hyrule!: El retorno de la obscuridad"
Por: Aoiha-Hylian
Capítulo I: Primer Acertijo
Llegamos a duras penas hacia la entrada, sin embargo ellos nos seguían, uno iba a darme un golpe, pero la princesa usó el bumerán, atrayendo un poco de la niebla hacia los enemigos, provocando que cayeran rendidos. Quedé impresionado y la miré.
– Vaya… eso fue una idea brillante, Zelda. – comenté sin darme cuenta solamente su nombre. Mis mejillas se calentaron de la pena. – No, digo, Reina…
- No hace falta. – sonrió inconscientemente, o eso imaginé. – ¡Mejor sigamos! – Tomó mi brazo sin penas, corrió y luego corrimos juntos hacia Rusi, Auru y algunos soldados que ya nos esperaban ansiosos.
- ¡Majestad! Ya hemos despejado el camino, pueden ir tranquilamente desde la entrada de la arboleda hasta la misma, ahí estarán Ashei y Shad, esperándolos. – dijo con seguridad Rusi, aunque me parecía que estaba algo agitado.
- ¿¡Y la villa Ordon!? – pregunté, preocupado. – Están bien, ¿cierto? – pensé en todos, los niños, las personas que me cuidaron de pequeño… Colín, Beth, Ilia…
- No te preocupes Link, encontramos otra ruta de salida a Hyrule por si se necesita el puente, lo hemos cortado por seguridad. La más preocupada es Ilia… dijo que, como la última vez, regresaras sano y salvo. – Pensé en ella… pensé que me odiaría después de rechazarla por mis sentimientos hacia Hyrule… pero ella realmente sigue preocupada por mí, mi mejor amiga
– De todas formas, ya deben irse. Y majestad. – Rusl miró a Zelda. – Si los ciudadanos es lo que le preocupa… – Zelda alzó la mirada rápidamente, todos podían saber de inmediato que eso era lo que le preocupaba. – descuide, encontramos unas rutas hacia Kakariko, muy antiguas aunque sirven… pero seguro que el reino ya se preocupaba por eso. También los Gorons ayudan a la causa y se preocupan por usted, majestad.
Zelda suspiró aliviada mientras me miraba.
– Link, debemos partir. – anunció, preocupada. – cuando la guerra termine, a usted y sus hombres les deberé todo y mi gratitud será infinita.
- Incluso en el Lago Hylia los soldados y los Zoras están protegiéndolo todo. – dijo Auru.
Vaya, sí que no lo había visto en un largo rato. El saber eso me ponía alegre, todos daban brindaban su ayuda.
-Gracias… Gracias por su esfuerzo… ¡Qué las Diosas bendigan su camino, bravos guerreros! ¡EN NOMBRE DE HYRULE, TIRRA BENDITA POR LAS DIOSAS! – anunció la princesa como grito de guerra, y todos aclamamos ante el mismo. Algunos pedían que nuestra ida y nuestro regreso, fuese grato con los dos.
Pero no todo estaba color de rosa… Pude presentir de forma rápida que algunos monstruos habían cruzado y ellos ya los esperaban. Mi rabia acrecentaba cada vez más. A veces sentía que yo mismo gruñía.
Auru nos miro preocupadamente y nos indico por donde bajar, ellos habían puesto esas cosas extrañas, donde podía tirar los ClawShot para pasar al otro lado. Luego de eso se retiro hacia la lucha – ¡Por Hyrule! – Grito Rusi y empezó la batalla mientras la princesa y yo cruzábamos.
Pero no todo estaba color de rosa… Pude presentir de manera rápida que algunos monstruos habían cruzado y ellos ya los esperaban. Mi rabia acrecentaba cada vez más. A veces sentía que yo mismo gruñía.
Auru nos miró preocupadamente y nos indicó por dónde bajar. Ellos habían puesto los blancos donde podía tirar los ClawShot para pasar al otro lado. Luego de eso se retiró hacia la lucha
– ¡Por Hyrule! – gritó Rusi, y empezó la batalla mientras la princesa y yo cruzábamos.
Zelda miró atrás cuando habíamos cruzado, y luego su preocupado semblante se presentó en su cara
-Os juro que su sacrificio no será en vano –Dijo en un tono muy bajo. Pero claro, pude escucharla.
Había un pequeño puentecito y en él una inscripción que decía: "Destruye el paso luego de cruzar.". La letra era claramente de Ashei.
– Perfecto – dije, sarcástico. – no traje bombas.
Tomé la espada de Ordon que llevaba y corté las cuerdas.
Cruzamos los obstáculos que había, y cuando vimos la piedra del aullido se maravilló.
– Esto tiene años… esas piedras antiguamente se les conocía como piedras Sheikah. Se decía que el que tuviese la Máscara de la Verdad escucharía sus secretos… y ese extraño agujero puede formar un tipo de melodía, ¿no? Yo puedo escucharlo…
Me impresionó con lo último dicho, a decir verdad si era posible escuchar sin ser un lobo.
Yo también me impresioné al ver todo por primera vez. – dije, recordando lo que ocurrió hace apenas tres años. Cuando la vi no sabía qué era con exactitud.
Cruzamos el túnel y encontramos la otra piedra. Esta vez Zelda estaba impactada.
– Esta marca es definitivamente de la familia real… Eso significa que las ruinas de la antigua ciudadela y el castillo… El templo del Tiempo ¡Son estas! Vamos ahora mismo, Link… esto está lleno de historia, las leyendas cuentan que hubo una guerra de casi cien años por el territorio, contra las Gerudo. Eso explica tantas ruinas… incluso dicen que mi ancestro, la princesa Zelda, estuvo refugiada en el Pico Nevado, en una fortaleza que construyeron para la protección de los últimos sobrevivientes… ahí estuvieron ella, soldados y su comandante, Impa… la más grandiosa de todos los Sheikah, planeando el regreso de la familia real al puesto de reyes. Dicen que Impa pobló una villa con más de su raza, pero con el tiempo y la guerra suscitada ellos fallecieron y junto a ellos la magia Sheikah, pero ahora puedo ver que algo de ellos sigue aquí, y eso es maravilloso.
- Fantástico… no quiero arruinarle el momento, pero sería mejor que lo explorara una vez que hallemos a los aliados y hagamos lo planeado, princesa. – serenamente tomé su mano, la miré a los ojos y asintió.
- No pienses que lo arruinas. Tienes razón, ya habrá otra ocasión para mirar todo esto. – sonrió pese a la situación. Yo admiraba con pasión esa capacidad.
Caminamos hacia las flechas indicadas de los del grupo, no había tiempo para jugar con ese pequeño monstruo, el espantapájaros con un candil. Una jaqueca vino a mí cuando recordé ese fastidioso jueguito, aunque agradecería que ayudara a perder a los monstruos.
Seguimos corriendo hacia la salida, encontramos la puerta del tiempo y bajamos por donde había un pequeño agujero y un cubo de piedra.
En la entrada de los guardianes, donde se hallaba la Trifuerza, había un pasadizo secreto, jamás lo hubiera imaginado. Era de suponerse que nos esperaban ahí abajo, pero primero teníamos que ir hacia la espada. Corrimos locamente hacia la majestuosa arma.
-Vamos, Link. – dijo la princesa, esperanzada. Ambos teníamos esperanza.
Con la Espada Maestra podríamos restaurar la paz… sentir esa tenue brisa sobre las mejillas… que todo estuviese en orden.
– Debes sacarla y rezarle a las Diosas para que todo el plan no sea en vano.
Me acerque lentamente… tomé la espada y la retiré de nuevo. El brillo y fuerza de los Soles del Crepúsculo aún se podían sentir en el filo del arma.
– Una vez más pido tu fuerza. Oh, gran Espada Maestra… acompáñame y sé mi poder contra la obscuridad, también pido el brillo y luz del crepúsculo que se ha quedado una parte de su poder en este mundo.
La espada parecía tener oídos, pues ante mis peticiones una ráfaga de viento azotó nuevamente a mí alrededor. Sin embargo, el escalofrió que recorrió nuestros cuerpos, el de la princesa y el mío, no fue agradable.
Una voz ancestral cubrió nuestro alrededor, con una tenue luz color azul y un ambiente entre nubes obscuras, mientras que Zelda se acercó a mí con miedo, como si fuese una pequeña indefensa, estado en el que jamás la había presenciado.
-Ustedes… han hecho mal, maestro… – ¿dijo maestro? ¿Se refiere a mí?
- La sagrada espada y su filo provocan que el mal despierte, es por eso que permanece en reposo… pero ahora… han desatado más mal en este mundo… el espíritu de quien toma el poder del Heraldo de la Muerte está entre los muertos, pero no dejó este mundo, solamente su cuerpo… y ahora… volverá su fantasma y los acechará hasta encontrarlos…
- ¡Y lo volveré a derrotar! – grité con fuerza ante la advertencia, no sonaba nada bien. Mi espíritu no podía disminuir en este momento, tenía que ser fuerte por el bien de Hyrule.
- El filo divino no puede matar un espectro… sólo si se obtiene el poder de la luz que yace bajo la tierra de los muertos… y se consigue en el pasado de los mismos…
Zelda reaccionó y recordó las últimas palabras de su padre.
– Eso tiene sentido… mi padre me dijo que tendría que leer un libro en el cual me enseñaría a recitar palabras mágicas. Era un libro sobre la luz, pero cuando lo encontré estaba quemado… creo que hicieron eso por el hecho de que estaríamos en peligro si la obscuridad lo hubiese tomado. El libro es de luz, pero si el mal llegase a encontrarlo podría haber conjurado un hechizo para desaparecer el bien.
- Así es, sabio espíritu de la Diosa. – comentó la voz, lo cual nos dejó confundidos a ambos.
- ¿¡Diosa!? – cuestionamos los dos. Zelda impresionada más que yo.
- Ese es tu deber, alma del héroe… encontrar junto al alma de la Diosa aquel libro que se encuentra en el pasado. – ¿¡EL PASADO!? Esto debía ser una broma.
- Pero ese libro no se encuentra directamente en el castillo… fue encontrado hace casi cincuenta años después de la guerra entre Hyrule y el Reino de las Arenas… es por eso que cuando lo encontré en el castillo estaba quemado, pero si estaba ahí mismo cuando lo encontramos… entonces debe seguir ahí. Difícil acceso hacia él. – dijo Zelda, desanimad. ¿Es que ya no queda esperanza?
- Es por eso que deberán viajar al pasado… Deben encontrarlo antes de que la familia real decida exterminar los secretos de la magia de la obscuridad y la luz. – la luz junto con el viento que nos rodeaban, desaparecieron entrando a la espada.
-Habían dos copias… una la tenían mis ancestros… y otra. – Sus ojos se abrieron por la sorpresa que tenía. – Creo… que ahora entiendo las razones por las que Midna rompió el espejo. – Zelda miró hacia otro lado, preocupada. – Bueno, en marcha, caballero. – corrimos bajando el pasadizo.
- Eso quiere decir que el otro libro estaba en poder de los Twili… quizá Midna hizo eso para que ningún twili vengativo o hylian codicioso quisiera robarlo. – bajé la mirada algo apenado, recordé el momento de su partida, fue horrible.
Ella fue algo que nunca tuve. Una gran compañera, una gran amiga… no, como una amiga familia. Una extraña que abrió su corazón hacia mí y yo abrí el mío con ella. Tantos chistes, tantos momentos con ella… Nada había sido más placentero que compartir algo con alguien de esa forma, cosas íntimas. Realmente la extrañaré.
Mientras viva en tu corazón… nada de lo demás importa. – la sonrisa de Zelda me tranquilizó al instante… Jamás la había visto sonreír de tal manera.
Ashei me miró y Shad también, con alivio me abrazaron y a la princesa la reverenciaron.
-Bueno… Ashei, ¿cuál es el plan? – pregunté mientras le miraba, aunque Shad parecía algo ofendido y Ashei rio un poco por la cara de su compañero, luego volvió a la seriedad.
- Como dijo Shad, bajo este templo encontramos algo extraño… es como un tipo de edificación bajo tierra… incluso un pedestal vacío… también hayamos eso – señaló tras una puerta un enorme portal que giraba y brillaba en azul. Me parecía muy familiar, era parecido al del espejo… pero algo en él captaba mi atención con mucha intensidad...
-Eso… es imposible que este… esto es un gran hallazgo, impresionante. – Dijo Zelda, sus grandes ojos dilataron las pupilas de lo impresionada que se encontraba en el momento – "Gate of Time". – se inclinó un poco ante el portal. Hice lo mismo y los otros dos también.
- Pero para entrar hay que entonar la melodía secreta que… espera, déjame ver que… – pensé un poco y luego lo recordé – ¡Ah! sí, sí… que solo la Diosa conoce. – Todos nosotros comenzamos a pensar en qué podía ser, más que nada, teníamos esperanza sobre Shad ya que él era el experto.
Zelda puso una cara algo confundida y triste, no era común que esas expresiones se posaran sobre ella, a menos que recordase a Midna u otra cosa nostálgica. Me acerqué y tomé su mano para que dejara de preocuparse, con mi mirada traté de decir que estaría con ella para protegerla. Ella me miró y sonrió un poco.
Hay algún tipo de sentimiento que Link no nos haya dicho, ¿cierto? – por muy bajo que Shad lo dijera, pude escucharlo, fue muy extraño. Mi cara se tornó roja y Zelda me miró con seguridad.
La princesa suspiró hondo, cerró sus ojos, pasó saliva y comenzó a hablar con un tono de voz más relajado.
-Yo siempre he creído que la canción de cuna que le recitan a la primera princesa, es decir, a mí, es esa melodía. Las Diosas dejaron ante nosotros muchos misterios que quizá jamás descubramos u otros que tenemos hacerlo. – observo al portal y luego volvió a mirarnos. – Esto es una anécdota de mi niñez. Una vez la recité al reverso y algo mágico sucedió. – cerró los ojos con una sonrisa traviesa en su rostro. – me recordó algo que jamás había presenciado, fue realmente increíble. – abrió de nuevo los ojos, habló ahora con señas sobre el aire con tanta libertad, nunca imaginé que ella se sintiera de esa manera, libre y suelta a la vida, sonreí. – Aves volando a mí alrededor… era majestuoso, pero mis padres jamás creyeron en mí. Poco después, cuando crecí y en mi décimo cuarto cumpleaños, estuve sola, ellos murieron de un accidente. Quedé sola, pero al recitar esa melodía yo me sentía junto a alguien, una persona que me protegía siempre. – me miró de reojo con una sonrisa agradable.
- Ya veo… – dije más tranquilo, todo lo que estaba pasando ya parecía no afectarme tan intensamente, todavía era triste y era algo que molestaba, algo que dolía, pero la esperanza que ella me brindaba era más que suficiente para creer que podíamos hacerlo juntos.
- Intentarlo no es una mala opción, Link. – Zelda me miró con confianza. – Cantemos juntos frente a la puerta y encontremos una solución a este problema. – asentí con la cabeza y luego sonreí.
- Nosotros dos nos quedaremos arriba, sellaremos la entrada de nuevo. Para abrirla solamente tienen que pulsar este interruptor con el cubo de piedra que está aquí… afuera hay uno, pero está muy bien escondido, por eso nadie lo encontrara. Muy buena suerte. – dijo Shad con confianza, su preocupación se notaba en el rostro, pero él sabía tantas leyendas, sabía que esta historia no sería diferente a todas las demás, el héroe siempre triunfa.
- Confió en ti, Link. No me decepciones. – dijo Ashei, su rostro estaba nervioso, eso era algo muy, muy raro en ella, siempre se mantenía seria, sin presión, pero ahora era diferente. Tiempos de desesperación venían y si nadie hacia nada, todo quedaría en ruina.
Tomé su mano una vez más y luego el pasadizo se cerró. La única luz que había era la de unas antorchas. Zelda miró alrededor, era un hermoso lugar, seguramente en su época fue un templo para la espada, a juzgar por el pedestal vacío atrás de una puerta.
- Mira, Link. – volteamos justo arriba. – Son los símbolos de los seis sabios… y en medio la Trifuerza. – quedé pasmado, esto tenía mucho tiempo aquí, la puerta tenía el símbolo de los Sheikah mencionado por Zelda.
– ¿Entonces? – pregunté, mirándola algo serio.
–Cantaremos ambos frente a la puerta. – segura de ella, se paró justo en medio de la puerta. – repite los tonos conmigo, Link. – dijo con seriedad al verme.
La tonada era la misma que la de la piedra con la Trifuerza grabada, aquella vez, no fue difícil cantar con ella. Su voz me había maravillado, cada tono que hacía, cada expresión en su rostro con ambos ojos cerrados y con pasión para hacerlo. La dulzura de su voz me hacía estremecer el cuerpo y el alma.
Antes de halagar su canto, la puerta se abrió, ambos nos pasmamos. ¿Qué podía ser mejor que esto? Lo pregunté de forma sarcástica, espero que se entienda. De todas maneras era la hora de viajar por el tiempo. No había forma de saber lo que nos esperaba, pero si había una cosa… Ella no iba a morir a menos que yo muriera antes para protegerla.
Zelda me miró inquieta, algo dentro de mí sabía que ella temía, era algo nuevo para ella, algo que jamás pensó hacer. Ahora mismo cavia en cuenta mía que jamás se había atrevido a pasar una aventura como esta. Bueno, con las responsabilidades de princesa, jamás uno imaginaría pasar una gran aventura como esta.
Tomé su mano para tranquilizarla, ella susurro un "gracias", y luego cruzamos juntos la puerta.
En cuanto cruzamos, el portal se desvaneció. El otro lado se abrió y un resplandor iluminó nuestros ojos. No se veía como lo de antes. Era igual al Templo del Tiempo. Habíamos quedado justo delante de la puerta donde estaban ambas estatuas custodiando la Espada Maestra, lo que haría diferente este viaje y haría que pasemos hacia el otro lado de la puerta sin volver a nuestra época, sino ver una era diferente.
- Esto es maravillosamente hermoso. – la princesa Zelda miraba a su alrededor, lo que no entiendo es, ¿por qué regresar aquí? Estábamos justo debajo del templo, no tiene lógica. – por más que pensaba era cierto, aunque luego se me ocurrió una cosa.
- Quizá si no salíamos por aquí, debajo no hallaríamos una salida, eso sí es lógico, princesa. – sonreí un poco. – Bueno, no hay tiempo que perder, al regresar podemos mirar un poco, muy poco, no queremos que pase nada, ¿entiende? – dije feliz.
-Lo sé. – Zelda se escuchaba resignada. – Esto es una misión… entonces andando. – pronto nos pusimos en marcha, sin embargo una voz siniestramente familiar nos estremeció el cuerpo.
Su inolvidable risa malévola me puso en guardia, esta comenzó a hablar.
– Mira esto… así que la princesita sigue viva. – dijo al aire, Zelda se puso tras de mí y luego ella salió a hablar.
- ¡Te arrepentirás de todo esto, GANONDORF! – dijo con fuerza soberana, ella tenía rabia en sus palabras, por su pueblo, por los inocentes. Comprendía su sentir con claridad.
- Me causa gracia tu advertencia, pero sin dudar sabes que no me interesa en absoluto que una princesita estúpida me amenace de esa forma. – volvió a reír, haciendo que se escuchase en toda la sala. Mi coraje se sobresaltó al escuchar la forma en la que le hablaba a la princesa.
- ¡El que ríe al último, ríe mejor, Ganondorf! – sonreí déspota mientras comencé a dar golpe con palabras. – Fue fácil derrotarte una vez… ¿por qué no dos veces? Yo que tú me pondría en reposo, pues tú ya estas veterano. – la voz parecía irritada, cuando un plan falla. Yo reí más ante su enojo y supe que gané el duelo.
- Esta vez tu arrogancia te hará caer, héroe. – fueron sus últimas palabras mientras el entorno volvía a su normalidad y la princesa se calmaba.
- No temas, princesa. – tomé su mano y la besé. – no haremos mucho tiempo mientras conseguimos ese libro, se lo prometo.
La mirada cristalina de Zelda me envolvió y pude sentir su dolor y desesperación, muy en el fondo percibí las palabras en cuestión: "¿Por qué yo?" "¿Por qué tengo que ser la princesa?" "¿Por qué el mal nunca se detiene?"
Al principio de mi transformación, sentía lo mismo que Zelda. Para mí, era imposible asimilar que me había convertido en un lobo, que ese lobo resultaba ser mi forma en el reino crepuscular, que era un héroe de dos mundos… no me creía todo eso, pero a medida que el tiempo pasaba, simple y sencillamente me acostumbré a ese rollo. Aunque seguía cuestionándome hasta hoy, porque me elegirían.
De una u otra forma me conecté a su dolor… aquí quedaría bien una línea heroica, como aquellas en el teatro, entre diagonales vendrían las acciones, seguiría mi línea de héroe: "Salvaré a Hyrule, cueste lo que cueste", pero es tan trillada que seguramente Zelda me miraría con pesadez al respecto, además yo no era esa clase de persona. Las cosas no las decía por decirlas, siempre he sido sinceramente, palabras reales y acciones inmediatas.
- Mírame, Zelda. – le llamé por su nombre y ella me miró inmediatamente. Creo que ese es un poder a mi favor, de cierta forma ahora teníamos que actuar cercanos, para que ella me tuviese confianza y no pensara que la dejaría sola. – Haremos esto juntos, no nos separaremos, no te dejaré para que el mal vuelva a usurpar tu cuerpo. Las cosas van a cambiar, ahora la leyenda ya no será que el héroe salve a la princesa… si no que ambos, uniendo nuestras fuerzas lo hagamos, salvemos el reino, no te sientas impotente y por sobre todo, jamás cuestiones tu destino… No conocerías a muchas personas, no hubiese vivido ciertas cosas maravillosas… tampoco hubieses sufrido cosas que pasaron, pero es más preciado lo que recuerdas con cariño.
Cerré los ojos un instante y cuando los abrí la mirada de Zelda resplandecía más que cualquier otra cosa, más que el filo de la Espada Maestra. Ambos nos acercábamos lentamente, ¿¡Qué rayos pasaba!? No podía dejar de hacerlo, mi cuerpo reaccionaba solo y el de ella también. Esta no era la princesa… esto era lo que a mí me gustaba de ella, su dulzura que jamás mostraba por su duro corazón de hielo. A solas era diferente, los animales dóciles los miraba con ilusión, las flores y las plantas eran una tentación de tomarlas y olerlas para ella. Su perfume podía olerlo, era un aroma fresco y leve, mezclado con su aroma de mujer… su cabello se veía suave, pero no más suaves que sus mejillas tornadas en rosado y sus labios… acercándose lentamente hasta que reaccioné.
-¡UNA PREGUNTA! – grité de manera alterada mientras ella se había paralizado, abriendo sus ojos mirando su acto con vergüenza. – ¿C-Cómo sabemos que estamos en la e-época correcta? – Tartamudeé al verla de reojo, pues mi mirada la posé sobre otro lado. Rasque mi mejilla y ella se alejó de golpe, muy avergonzada.
-La verdad n-no estoy segura… q-quizás debamos a-averiguarlo de otra m-manera – tartamudeó de igual manera.
-Saliendo… – hablamos a la par, mostrándonos nerviosos. Si, podía sentirlo, la observé y vi como la princesa ahora mismo estaba sonrojada… eso era una buena señal, yo estaba…. estaba sintiendo cosas por Zelda…
¡NO, NO, NO! Sacudí mi cabeza un poco, eso era imposible, ella era la princesa, a quien yo servía, ella no podía ser mi… no podía ser contada por mí como una mujer. Es una doncella que está prohibida.
- Muy bien. – me mostré serio, no era hora de estar pensando en cosas tan complicadas como el amor… ¡NO, AMOR NO! Fue un impulso estúpido de mi parte, ella sólo estaba confundida, quería algún tipo de consuelo seguramente. Aun así no me cavia como ella podía ser tan expresiva si después de todo casi no teníamos una relación de amistad estable. No era lo mismo que mi relación amistosa con Ilia. Pero ahora Zelda se mostraba como ella misma. Tal vez esta aterrada, su reino cayó y su gente ahora mismo no se sabe cómo están. Incluso yo estoy aterrado de pensar cosas malas sobre ello. Y con el asunto del amor… ¡AMOR NO! Tal vez quería sentir cosas que ella seguramente no sintió hace cuatro o cinco años en su adolescencia. Si debe ser eso, ahora que es una adulta, el estándar de los diecinueve años puesto por Hyrule para declarar a alguien como tal. Ahora que lo pienso, ni siquiera yo sé que es el amor en realidad.
- Link… mmm… Link… - me llamó con un tono bajo, estaba en mi mundo mientras Zelda me miraba confundida.
- ¡Lo siento! – me disculpé de golpe mientras ella negaba con la cabeza. – Estaba pensando unas cosas que olvide el asunto tan urgente en el que nos encontramos, mil disculpas.
- Nada de eso, yo también estuve pensando algunas cosas que estaban turbias y… creo que la que más debe disculparse soy…
Fuimos interrumpidos por el ruido de la puerta abriéndose. No había donde ocultarse por lo que usé el Cetro del Dominio y moví una estatua de búho, donde tomé una vez el cofre y nos escondimos ahí. Por el hoyo de en medio, observamos a los seis sabios, habían entrado. Fue fácil saber que eran ellos, tenían cubierta la cabeza y llevaban artefactos sagrados, el Cetro del Dominio y una extraña copa, era bastante grande por lo que uno de ellos la llevaba en ambas manos, una arriba y otra abajo.
– Los seis sabios… – susurró Zelda con sorpresa. – Esto es una experiencia única.
Caminaron hasta entrar a la otra habitación donde estaba la espada. Cuando íbamos a salir, las voces de dos personas sonaron por la estancia, con risas y algunos juegos. Al bajar, Zelda y yo nos miramos entre sí, sorprendidos e impactados totalmente. Una mujer rubia de unos dieciocho años y un hombre igual rubio de la misma edad, iban tomados de la mano. El hombre venia vestido con una armadura que me resultaba muy familiar, al igual que la mujer, quien traía un vestido rosa. Zelda no podía dejar de verla. La rubia se giró, viendo su rostro nos dimos cuenta de que era casi igual que ella.
–No puedo creerlo… – dijo sin más palabras en su boca. Yo estaba casi igual.
Luego el hombre rubio se giró y al verlo, Zelda se giró hacia mí, tapando su boca con ambas manos.
Ahora el que se mantenía sin habla era yo. El que estaba enfrente era mi antepasado, su ojo derecho parecía en buen estado, sin embargo, el izquierdo estaba lastimado, con un parche. – La sombra del Héroe. – pronuncié lentamente. Él era aquel que me había enseñado a luchar. Tantas técnicas aprendidas, tantas cosas que me dijo, pero ahora mismo no parecía frustrado como en los momentos de entrenamiento.
- Link… – dijo la rubia, yo tampoco sabía que teníamos el mismo nombre. – La Espada Maestra debe descansar ahora que el mal ha cesado. Gracias a los seis sabios el mal no va a regresar… eso fue lo que dijeron, pero también agradezco de corazón toda tu ayuda, gracias por ser mi fiel acompañante en el Pico Nevado. – De nuevo quedé impresionado, entonces yo tenía razón de que eso no era una mansión ordinaria.
- Zelda, no hay nada que agradecer… en el fondo solo tú y yo conocemos la verdad, solo tú y yo sabemos que soy el héroe y mi destino es protegerte. – acarició su mejilla tan confiadamente que me pregunto si mi antepasado fue de la realeza. – Yo en cambio debería agradecer tu apoyo y…
Lo siguiente fue tan poco esperado que Zelda y yo nos miramos de forma que no lo creíamos, ahora era incómodo estar juntos en esa pequeña habitación. La otra princesa había besado a mi antepasado, mi otro yo. Que confuso decirlo así.
– Mi corazón te pertenece, Link. – dijo sonrojada, se podía notar hasta la otra habitación seguramente. Mi antepasado la apartó con gentileza.
- Princesa… discúlpame, pero sabes buen que nuestro amor no es posible. – sus palabras se oían confusas a lo que su corazón parecía indicar. Sus manos y sus gestos eran similares a los míos cuando mentía.
- No me importaría perder mi título, sólo quiero estar a tu lado. – en cambio la princesa parecía decirlo muy en serio y de manera honesta, hacía gestos similares a los de Zelda cuando parecía ir muy en serio y segura.
- Zelda…
– Lo supe desde el día en que bailamos juntos en mi décimo quinto cumpleaños. Sentí como al estar contigo desaparecía mi vista hacia ti como un simple amigo, todo lo que has hecho y la forma en que lo has hecho, humildemente, tan seguro de ti. ¿De verdad debe importar tanto la nobleza?
Era seguro que mi antepasado comenzaría a sollozar, su gesto se iba haciendo débil al punto en que parecía tristeza. El joven la abrazó fuerte en su pecho. No parecía querer lastimarla, la amaba, pero como toda realeza debía existir quien se opusiera a su amor. Yo sé de eso más que nadie. No… espera, ¡YO NO LO SÉ EN REALIDAD! Rayos, mi cabeza esta confusa ahora mismo.
- Zelda, yo no quiero lastimarte… sé bien lo que pasa si estamos juntos y eso no lo quiero… yo prefiero que estés sana y salva lejos de mi maldición y de mis pecados como héroe, que cerca y provocar que mueras. –Ni Zelda ni yo entendimos eso, hasta que la otra princesa comenzó a hablar.
- Todo es culpa de ese maldito Libro, de no ser por eso, nada hubiera ocurrido, e Impa permanecería de nuevo conmigo. – bien, eso da una pista de que si estamos en la época correcta. Pero dijo Zelda que fue encontrado cincuenta años más tarde… entonces, eso fue un engaño de la princesa del pasado. Aunque no tiene lógica.
-Si hubiera llegado a tiempo, ella no habría – ¿¡Habría que!? – Ella jamás lo hubiera abierto.
- Es algo que paso porque el destino así lo quiso… nunca debemos oponernos a ello, es por eso que quiero estar contigo, porque ese es el designio de las Diosas –Ciertamente, eso me lo dijo una vez entre sueños uno de los espíritus de luz, luego de que todo terminara. Por eso me enlisté en el ejército.
- Pero ahora estoy maldito, y eso también forma parte del destino, Zelda. Esta maldición sólo nos afecta si nos encontramos juntos. – él entristeció y de su ojo derecho salió una lágrima. – Nos encontraremos juntos en la siguiente vida, lo prometo. – Él la beso, ahora él lo hizo. Delicadamente, con mucho cariño que se podía sentir en el aire, también con un dejo de tristeza. ¿Su siguiente vida no era la mía? O será que somos descendientes directos… Las cosas son demasiado confusas para mi cabeza, no entiendo todo realmente.
- Link… – me llamó sigilosamente Zelda. – Ya se han ido, sabemos que ellos saben del libro, ¿pero dónde está?
Ambos salimos del templo, mirando que todo era muy hermoso. Increíbles jardines, la ciudadela y todo era diferente, saliendo del templo se encontraban arcos de piedra y un maravilloso jardín con una fuente a la izquierda.
- Si es en el castillo, debe estar en un viejo pasadizo. Lo importante ahora es que sabemos dónde puede estar ¿Pero cómo guiarnos si es un lugar nuevo? – dije sin mirar tras de mí.
- O quizá no lo es. – dijo la princesa, haciéndome voltear hacia tras, llevándome una gran sorpresa.
El castillo era parecido al del actual Hyrule, en nuestro tiempo. Sin embargo únicamente diferente en cuanto a su color en los tejados. Estos eran color rojo intenso, parecido a color sangre, y en las puntas venía la bandera de la Familia Real de Hyrule. Caminamos un poco hasta quedar cerca de la ciudadela, era la tarde y la gente circulaba por todas partes, todo se veía muy alegre. La guerra había parado hacia unos pocos años, por lo que se podía observar de la reconstrucción de la ciudadela.
– Algo que no comprendo, es la razón por la que estaba abandonada la arboleda sagrada y todo a su alrededor eran piedras y ruinas. – comentó pensativa, inmersa en sus pensamientos también.
- Eso es algo que también me ha dejado dudando. – posé mi mano sobre mi barbilla y luego volví a mí. – De cualquier forma debemos pasar desapercibidos… aunque no sé cómo haré eso. – tomé mis ropas y las estire.
- No te angusties, Link, Ambos escuchamos que el otro Link dijo que nadie más sabía del héroe, así que es posible que nadie te reconozca. Conmigo nadie lo hará por mi capa, todo estará perfecto. Lo único que será difícil es pasar a los guardias.
Por un segundo había olvidado lo que traía puesto la princesa. De cualquier forma esta era la hora. Hoy o nunca podríamos intentar salvar Hyrule juntos, sólo necesitábamos el libro.
Sin darnos cuenta, los otros dos, princesa y héroe salían del templo. El otro Link escoltándola y ella pasando algo sonrojada. Me abalancé contra la princesa, escondiéndonos en los arbustos, escabulléndonos. Ambos pararon en seco justo delante nuestro, sin vernos claro. Casi se me salía el corazón.
-Link… una última cosa. – La Zelda de este presente se encontraba tomándolo de las manos, me puse algo nervioso. – Si el libro es hallado, no sé qué haremos… es por eso que quiero saber si has escondido las tres partes en los nuevos templos encontrados, y las otras cuatro en las afueras de Hyrule.
- Está hecho, princesa. – Link parecía seguro, espera… ¡maldición!
- Entonces… es hora de decir adiós… realmente. – cabizbaja, posó su mano en su pecho, con dolor. – ¿Realmente debes irte?
- Si no lo hago, morirás, y eso algo que no estoy dispuesto permitirlo. – Una maldición tan peligrosa por amor, que desgracia. No sé qué se siente…. Pero debe ser horrible.
La princesa al parecer no dijo nada más y ambos salieron por su lado. Era hora de salir de nuestro escondite.
Perdóneme, princesa… yo… – a punto de decir algo más, Zelda quedó en silencio mientras derramaba unas cuentas lágrimas
– ¿Princesa? ¡Diosas! En verdad siento mucho lo que… – posó un dedo sobre mis labios y dijo.
- No es por eso que estoy triste… – miró hacia la princesa y hacia el héroe sucesivamente, mientras con tristeza se iban por su lado. – Es eso… tan dolorosa maldición destruye el amor de dos personas unidas por el destino, es muy injusto.
- Bueno, ya nos han dicho ellos mismos que no cuestionemos el destino. – dije sin pensarlo dos veces mientras el azul de sus ojos se intensificaba por el llanto.
- Es verdad, sin embargo, el destino es demasiado injusto, cruel y doloroso para algunos más que para otros.
No trate de decir otra cosa, quizá de alguna forma tenía razón, no era justo para todos, era realmente diferente escala de dolor. Pero ahora no había tiempo para eso, ambos nos preguntábamos donde estarían las partes.
– Con respecto a el libro… ¿Dónde buscamos? – pregunté demasiado confundido.
Él dijo que escondió tres partes en tres templos nuevos, eso no lo comprendo. – Zelda razonaba cada cosa. – Y los otros cuatro pedazos en las afueras de Hyrule. – Yo también me preguntaba profundamente a mí mismo en dónde podría haberlos escondido. – No comprendo sobre los tres nuevos templos.
- Tal vez yo si… – pensaba, nuevos templos, tal vez se refiere a los lugares donde estuve – Tal vez se refiere al Templo del Bosque… la mina Goron y el santuario de los Zora – Eso mismo era, de seguro, ahora no cavia duda en mí.
– Esos son templos nuevos, tal vez. Princesa, ¿está lista para ver el nuevo Hyrule?
Llámame por mi nombre, Link… y claro, estoy dispuesta a ver el mundo que tú ves. – me sonrió sinceramente y ambos corrimos hacia la ciudadela. Esta aventura nos convertiría en leyenda. Por primera vez, la princesa no sería a quien salvar, si no ella salvaría a Hyrule junto a mí, el héroe legendario.
Continuara.
A partir de aquí la narración será en 3era persona. En algún capitulo la princesa también tendrá su momento de narrar a su perspectiva
Nos leemos luego n.n
