No recordaba cuántas veces estuvo a punto de caer de la cama porque Yamato no dejaba de moverse. Él durmió tranquilamente como si nada de eso estuviera pasando, sin embargo ella no logro pegar un ojo en toda la noche.
El reloj marcaba las 10 A.M. necesitaba tomar un baño, necesitaba cambiarse de ropa, necesitaba algo de privacidad, pero si Taichi no hacía algo al respecto, no podría tenerla hasta el final de la semana, pensar en eso la estaba matando...
— ¡Hey! — Arrojó una almohada al rostro de su acompañante — ¿hasta qué hora piensas dormir?
Bostezó — no molestes Tachikawa, no tengo planes hasta la noche
— ¡Pues yo tengo una cita dentro de unas horas! — Amenazó — así que si no te levantas en este momento, las pagaras duro, Ishida
— Mimí — la miró de reojo — tu cita me vale madre
Intentó voltearse para darle la espalda y seguir durmiendo, claro, olvidando el pequeño detalle de que la princesita estaba, literalmente, amarrada a su brazo.
En el intento de voltearse, hizo que Mimí cayera de la cama sobre él.
Yamato sonrió con picardía.
— ¡Auch!
— Si te insinúas de esta manera, dudo que tu cita sea muy importante
Sonrojó — ¡Eres un idiota!
El rubio comenzó a reír por el rostro ferviente de la Tachikawa, mientras ella, con su ceño fruncido, intentaba levantarse torpemente. Luego de varios intentos fallidos decidió sentarse frente a él evitando mirarlo al rostro.
— Quiero tomar un baño — reclamó
— ¿Y quieres que te acompañe?
— ¿Hay otra opción? — rodó los ojos
— ¿Cómo pretendes quitarte la ropa?
— Buscaré la forma de hacerlo...
— ¿Puedo entrar a la bañera contigo?
— ¡Basta! — su rostro representaba furia, ira y... vergüenza — Que estemos pegados no significa nada más que una de las estupideces de Taichi... Hasta que no nos separemos no vuelvas a dirigirme la palabra ¿sí?
— Como quieras...
Volvió a tumbarse en la cama haciendo que Mimí, una vez más, cayera sobre él.
— ¡Basta! — le gritó
— ¡No he dicho nada! Tú eres la que se está aventando sobre mí todo el tiempo — rio
— Eres insoportable...
Con toda la fuerza que creía desconocer, se levantó obligando a Yamato a hacerlo de igual forma, y caminó hacia el baño, esta vez era ella quien tenía el control.
Suspiró y se miró frente al espejo... Su ropa era más fácil de quitar que la de Yamato, pues su top podía quitárselo fácilmente por abajo... El problema era el individuo viviendo a su lado, jamás había dejado que otro hombre la viera desnuda, y menos lo dejaría a él, la persona que menos aguantaba...
— ¿Me haces un favor? — dijo sin dejar de verse al espejo
— ¿No que no podía volver a hablarte?
Bufó — olvídalo... ¿Puedes hacerme un favor o tu diminuto cerebro no es capaz?
— No comiences Mimí, que sabes que pierdes conmigo...
— Como sea — rodó los ojos — ¿puedes vendarte los ojos?
— ¿Esto es algo 50 shades of Gray? — enarcó una ceja
Sonrojó — ¡Cla-claro que no!
— Bromeaba... tampoco sería sumiso de ti...
Suspiró varias veces antes de tomar un cuchillo y acriminar contra el rubio... Si quería que él cooperara, debía tener paciencia... infinita paciencia...
— Como sea... ¿Lo harás?
— Está bien...
Yamato tomó una venda que había a su alcance, y con la ayuda de Mimí se cubrió los ojos...
De a poco la castaña comenzó a quitarse la ropa, claro, confiando en que él no veía nada... Mal día para confiar tan rápido en alguien con que se llevaba como perros y gatos... Yamato había encontrado la forma de que la venda no lo cubriera adecuadamente, por lo que podía ver, aunque fuera con dificultad, por debajo de esta... Lo había hecho con la intención de fastidiar a la castaña y quizás molestarla con algo sobre ella, pero el error lo cometió él.
Al momento en el que Mimí comenzó a quitarse la ropa con delicadeza, quedó petrificado en su lugar, había hasta olvidado como respirar... No era que ella tuviera un cuerpo de infarto como las modelos de revistas de motocicletas que a él le gustaban, pero era todo tan armonioso... Tachikawa acostumbraba a usar camisetas cortas, shorts apretados, la había visto hasta en bikini, pero nunca le había prestado tanta atención como ahora... Claro, porque ahora sí que no llevaba nada de ropa...
Sintió como sus mejillas se tornaron fervientes al imaginarse las mil y un escenas que podía practicar con ella en ese momento...
— No seas idiota Yamato — pensó — Es Tachikawa... la misma que detestas con todas tus fuerzas... No puedes estar pensando así de ella... Porque si lo sigues haciendo... Diablos...
A los minutos después Mimí salió de la ducha, ató una toalla alrededor de su cuerpo y comenzó a secarse. Esta vez, el rubio prefirió no prestarle atención a sus movimientos para claro, que no ocurriera algún accidente.
Se colocó la misma ropa del día anterior, claro, no tenía más ropa allí. Dentro de una hora irían a donde Taichi por las llaves y recuperaría su libertad, volvería a su casa a pasar horas frente al espejo eligiendo un atuendo perfecto, y se iría a disfrutar de su cita con aquel encantador muchacho que había conocido en la tienda de música.
— ¿No piensas cambiarte? — le reclamó mientras arreglaba su cabello frente al espejo
— ¿Cómo diablos me quito la camiseta?
Se encogió de hombros — Rómpela
— ¡Estás loca! Prefiero no tomar un baño y salir así, después de todo, la cita no es mía
Lo miró por el rabillo del ojo llena de ira.
— Punto uno, tu no irás a MI cita, porque para esa hora Taichi ya nos habrá liberado... Punto dos — lo miró de pies a cabeza — apestas, y si no rompes esa fea camiseta tomarás un baño con ella porque no te soporto
— ¿A sí? — la miró con picardía
Mimí abrió los ojos como plato al notar como Yamato se acercaba peligrosamente
— ¡Ni-lo-pienses-Ishida!
El rubio se abalanzó sobre Mimí rodeándola con su único brazo disponible, mientras ella pataleaba para soltarse de su agarre.
— ¡Maldito rubio oxigenado! ¡Suéltame en ese mismo instante acabo de bañarme no quiero contagiarme con tu apestoso olor a vagabundo!
— Eres tan exagerada Tachikawa — se alejó soltando una carcajada — prefiero mi apestoso olor a vagabundo que oler a fresas con un toque de superficialidad
— ¿Qué dijiste?
— Lo que oíste — le sacó la lengua
Se volteó molesta a seguir arreglando su cabello, en ese momento sintió como Yamato comenzó a quitarse los pantalones
— ¡Que haces! — gritó con el rostro rojo
Se encogió de hombros
— Tomar un baño para que dejes de llorar...
— ¿Dónde está la venda? ¡DÓNDE ESTÁ LA BENDITA VENDA! — empezó a caminar desesperada por el pequeño cuarto de baño
— ¿A caso nunca viste a un adonis sin ropa? No seas exagerada niña, si no quieres verme, pues cierra los ojos
— ¡Eso haré!
Apretó los ojos con fuerza mientras Yamato, sin preocupación alguna seguía quitándose la ropa... Lamentablemente su camiseta sufrió las consecuencias de la estúpida broma de Taichi y tuvo que rasgarla para poder quitársela, luego pensaría como se pondría una nueva.
Entro a la ducha con una sonrisa triunfante luego de ver las mejillas fervientes de su compañera, no sabía si era por vergüenza o por irá, pero sea cual sea el caso, adoraba molestar a la castaña, y más aún, adoraba verla en esa faceta tan infantil.
Dentro de la regadera comenzó a tararear una melodía bastante pegajosa, era la canción que presentaría con su banda al productor de eventos cuando los citase.
Mimí le tomó suma atención.
— Maldito Ishida, como puede ser tan desagradable y componer melodías tan buenas... — pensó — como una persona como él tiene un lado oculto tan increíble...
Después de una extensa media hora, al fin se dignó a salir de la regadera.
— ¿Tuviste problemas con limpiar tu alma que tardaste tanto?
— ¿Estabas preocupada porque te dejé sola por mucho tiempo?
Bufó — Si lo olvidaste, cosa que no me extrañaría porque tu diminuto cerebro no procesa ni una idea — levantó su mano — no me puedo despegar de ti
— No seas fastidiosa mocosa, que ya me estás hartando con tus insultos
— Mejor vístete ¿sí? Y vamos donde Taichi
— ¿Cómo me pongo mi camiseta?
Se encogió de hombros — No me interesa, arréglatelas tu solo
— Me chocas, Tachikawa
Sonrió — ese es mi sentido de vida
Mimí sin abrir los ojos en ningún momento, se volteó nuevamente para dejar que Yamato secara su cuerpo, claro, sentía mucha curiosidad por saber que escondía bajo su toalla, y de tan solo pensarlo sus mejillas volvieron a teñirse de rojo... No... no podía pensar así, y mucho menos de él, no le interesaba en lo más mínimo.
El gran lío fue lograr que Yamato se pusiera una camiseta, no saben cómo, ni por qué, ni como pasó... pero ahí estaba, con la camiseta en su lugar...
— ¿Cómo ocurrió esto? — se miró sorprendido
— Mejor ni lo averigüemos...
Salieron de la habitación de él, para entrar a la cocina, Yamato como siempre tomó su caja de leche y le dio un gran trago, Mimí lo miraba dubitativa.
— Oh, lo olvidé... ¿Qué quiere desayunar la princesita?
— ¿Hotcakes?
Enarcó una ceja — ¿Es una broma?
— Mamá siempre me los prepara para desayunar ¿tienes fresas?
— Mimí... — la miró extrañado — En esta casa llevamos meses sin comprar frutas
— ¿Y con qué diablos te alimentas?
— Con lo que encuentre...
Suspiró con cansancio, arrastró a Yamato por el pasillo hasta encontrar su bolso, después de un par de reclamos, salieron del departamento.
— ¿A dónde diablos vamos?
— A la tienda ¡a dónde más!
— ¿Para qué?
— ¡Necesitas alimentarte bien, tarado! Iremos por unos víveres
¿Desde cuándo Mimí hacía cosas lindas por él? Qué más da, no tenía tiempo para dudarlo porque la castaña lo había arrastrado, literalmente, por las siguientes dos calles hasta la tienda más cercana.
Eligió varios víveres, frutas, verduras, cosas más "saludables" que lo que acostumbraba.
Desde pequeño le había gustado la cocina, y se había especializado en ella desde que el trabajo de su padre se había hecho más arduo y debía preparar cada noche la cena. Pero desde que entró a la preparatoria, sus tiempos se fueron limitando, y su pasión la fue restringiendo, ahora eran los exámenes y su banda quienes ocupaban mayor parte de su vida, por lo que no tenía tiempo para preocuparse de su alimentación. La comida rápida y las gaseosas se habían vuelto parte de su dieta... Agradecía ser un gran deportista, o a estas alturas triplicaría su peso.
Una vez de vuelta a su departamento, Mimí tomó unas verduras y comenzó a picarlas, claro, eran necesarias "tres, o quizás cuatro manos" para preparar algo decente, porque su única mano libre no podía hacer milagros sin la ayuda de Yamato.
Ninguno de los dos podía creer que era la primera vez que trabajaban como un equipo, sin haber incendiado la cocina.
— ¡Itadakimasu! — sonrió Mimí antes de comenzar a comer
Yamato sonrió de satisfacción ante el resultado de su compañera, a pesar de que se les dificultaba comer, estuvo delicioso.
Luego de un rato salieron hacia el departamento de Taichi.
Después de unos minutos tocando la puerta el moreno abrió.
— Demonios Yagami ¡Te ves terrible!
— No dormí en toda la noche buscando una solución para ustedes — bostezó
— ¿Y la encontraste? — dijo expectante la castaña
Taichi puso cara de sufrimiento, peor aún que la que puso cuando les dio la noticia que había extraviado las llaves...
— ¡No! — Se largó a sollozar — La única solución es esperar a Hikari, llega mañana a eso de las 9 a.m.
— ¿!Qué!? — gritaron ambas víctimas
— ¡Taichi voy a matarte juro que lo haré! — Mimí se le abalanzó
— ¡Esta vez te apoyo Tachikawa!
Ambos jóvenes arrojaron al pobre moreno al piso mientras lo afirmaban.
— ¡Perdón, perdón, perdón! — se quejaba — juro que hice lo posible pero mi pequeño cerebro esta fundido
— ¡Hace tiempo lo está! — Gritó Mimí furiosa — ¡Pero no es excusa para tenernos en esta situación!
— ¡Sobrevivieron una noche sin matarse! Podrán aguantar un par de horas más...
— ¿Qué haré con mi cita? — sollozó Mimí quitándose de arriba de Taichi
Yamato bufó — creo que ahora sí se ha transformado en nuestra cita
Mimí puso cara de horror...
Después de unos minutos lamentándose, Yamato y Mimí se dirigieron a la casa de esta, para que se cambiara de ropa y arreglara para su cita triple.
Dos horas... dos malditas horas tuvo que estar vendado mientras Mimí se arreglaba.
Ya no sabía ni que pensar, había pensado todas las cosas posibles sobre el universo, su vida, su banda, sus amigos... En esas dos míseras horas que sentía como su cerebro se deshacía.
Lo único que tuvo acción en su espera era su mano que estaba atada a la de ella, pues se movía de un lado a otro mientras la muchacha se cambiaba de ropa al menos un millón de veces.
— ¡Demonios Mimí cuánto más vas a tardar! — dijo lamentándose
— ¡Ya estoy lista! — dijo alegre
Con su mano libre se quitó el vendaje... Valió la pena las dos horas de espera... ella estaba bellísima.
Su cabello natural caía en ondas finas por su espalda, llevaba un maquillaje sutil que resaltaba sus ojos color miel.
Después de intentarlo mil veces, había decidido por ponerse una falda plato que llegaba hasta sus rodillas color celeste pastel, con una camiseta de tiras color blanco, se veía simplemente angelical... Nunca, pero nunca en su vida había visto a Mimí con esos ojos... Ella siempre estaba arreglada, siempre olía bien, su cabello siempre lucía perfecto, su ropa siempre estaba apropiadamente combinada, era una diva en el mundo de la moda... y a pesar de todo eso, nunca le tomó atención a como ella lucía, pero verla tan sencilla, tan dulce... Era como si la Mimí que llevaba atada a su mano fuera una diferente a la que conoció y que siempre detestó.
— ¿Por qué me miras así? — enarcó una ceja
Movió su cabeza para volver a la realidad.
— por nada... ¿Ya nos vamos?
Bufó — No sabes cómo odio tener que llevarte a mi cita... Por favor... no lo arruines
— ¿Y quién es nuestro afortunado ganador?
Sonrió bobamente — Su nombre es Michael, Está en último año de preparatoria, es un caballero con todas sus letras, es educado y respetuoso, así que por favor, no saques lo Ishida Yamato que tienes dentro... Mejor aún, finge que no existes ¿sí?
Rodó los ojos — como sea...
Salieron hacia un parque cercano donde Mimí se encontraría con Michael.
Yamato estaba de espaldas a ella... Recordó todo el camino las palabras que Mimí le repitió una y otra vez "Si pregunta el por qué estamos esposados, di que eres un reo que está intentando cambiar su vida de pandillero con alguien que sí sea un aporte a la sociedad, o sea yo, y que este es un plan de inserción social para causas perdidas"
Su idea ni siquiera tenía sentido, pero bueno... él tenía su propio plan para no aburrirse en la cita.
— ¡Allí viene! Actúa natural — comenzó a arreglar su cabello
— ¿En serio me lo dices a mí?
— ¡Michael, aquí! — Levantó su mano atada a la de Yamato obligándolo a levantarla también
El muchacho se aproximó a ellos. Era un joven rubio pero de cabellos más claros, ojos celestes opacados, figura delgada y un poco más bajo que Yamato.
El rubio se volteó con desgana a ver de quién se trataba la cita de Mimí, y al ver al muchacho, no pudo aguantarse una carcajada.
— ¡Qué diablos te pasa! — le susurró
— ¿Esto es una broma? ¡Hey Mickey! — levantó su mano saludando al joven
— ¿Yama? — sonrió el muchacho
Mimí puso cara de impacto — ¿S-se conocen?
— Cómo no nos vamos a conocer si tocamos en la misma banda — rio Yamato
Agachó la mirada con furia
— Espero que esto sea una broma... Ishida...
— ¡Mimí por qué no me dijiste que eras amiga de Yama!
— Porque no sabía lo pequeño que era el mundo — dijo entre dientes
Yamato, sonrió triunfante, después de todo, su "cita" no sería tan aburrida. Tomó a Michael por los hombros y arrastró a Mimí hacia un bar cercano.
Hablaron de trivialidades todo el tiempo, cosas que a Mimí no le interesaban, por lo que no les dirigió ninguna palabra en los 45 minutos que llevaban allí.
Le dio un trago a su jugo de naranja y suspiró.
— Ni siquiera me puedo ir de aquí por estar atada a este idiota
— ¿Qué te pasa que no has hablado, Tachikawa? — molestó Yamato
— Si, Mimí — insistió Michael — cuando nos conocimos no eras tan callada
Sonrió con sarcasmo
— No se preocupen por mí, ustedes — hizo un gesto con la mano — sigan hablando de... lo que sea
Ambos jóvenes hicieron caso a lo que dijo Mimí y siguieron hablando entre ellos. Los minutos seguían pasando, cumpliendo otros 45 más, hasta que Michael se levantó de su lugar para ir al baño.
— Oh Mimí — sonrió Yamato — es la mejor cita a la que he ido
Bufó — Eres un idiota Ishida... ¿Cómo se te ocurre arruinar todo?
— Tú eres la aburrida que no entra a nuestra conversación
— ¡Porque no me interesa nada de lo que hablan!
— ¿Sabes qué significa eso?
— ¿Qué terminaste por hacer mi vida más miserable de lo que ya era?
— No, que acabo de librarte de un gran error
Enarcó una ceja — ¿Error?
— ¿Te imaginas y sales sola con Mickey? No tendrían nada en común, agradece que esté acá, porque tú con él sí que no pegan ni con goma...
— ¿Por qué lo dices?
— Es fácil, Mimí... No te interesa nada de lo que él ha hablado en las últimas casi dos horas, lo conozco mejor que tú, y sé que no tiene nada más importante que decir, te hubiese aburrido en los primeros cinco minutos... Y no podrías ser tan descortés para irte así como si nada...
— Creo... — suspiró — que tienes razón... ¡Pero eso no quiere decir que no arruinaste mi cita!
Sonrió — tengo una idea mejor... Pagamos la cuenta y nos vamos a otro lugar ¿sí?
Lo miró extrañada — ¿Quieres que tengamos una cita?
— No, tonta, lo haré solo para que no sientas que fue inútil las dos horas que estuviste arreglándote para este descerebrado
— ¿Y nos iremos así como si nada?
— Mickey entenderá — se levantó — ¿nos vamos?
Sonrió — ¡sí!
