Caminaba sin cuidado por las calles, esperando que una señal divina cayera del cielo y aclarara todos sus problemas ¿Qué pretendía? ¿Encontrarse a Mimí y que ella corriera a sus brazos diciéndole que lo amaba? No, simplemente quería una casualidad. La casualidad de caminar y topársela, decirle todo lo que calló durante estos días, decirle que era un imbécil y que no quería alejarse de ella, ya no podía hacerlo.
Y como si los dioses confabularan a su favor, allí estaba, pero no de la forma que esperaba.
Sentada en el parque acompañada de una persona que bien conocía y riendo, como nunca lo hizo con él.
Sintió como el corazón le dio un vuelco, y sus torpes piernas no reaccionaban en avanzar, su cerebro se congeló ¿Qué debía hacer? ¿Ir hacia ellos y reclamarle que dejara a su chica? No, él no tenía los cojones para exigir algo que no era de su propiedad. Y como siempre, escuchó a su sentido común y siguió caminando, siguió otro camino.

— Así que por eso se fue tan rápido de donde Taichi… Para verse con… con Michael… — suspiró con pesadez, y olvidó todo lo que sentía, ya no valía la pena volver a ella.


— ¿Entonces harás lo que acordamos? — sonrió

— Supongo que sí, debo encontrar el valor para intentarlo

— Mimí, eres una chica fuerte, sé que lo lograrás

Suspiró — Tengo un mal presentimiento de esto…

— Va ¿Qué podría salir mal? — Miró su reloj — ya me debo ir, nos vemos esta noche, no me falles

— No…

El muchacho se levantó y siguió su camino, mientras que una, aún más confundida castaña, trataba de ordenar sus pensamientos antes de colapsar.

Ya atardecía cuando decidió volver a su casa. Se pasó el resto de la tarde caminando sin rumbo. Cuando se dio cuenta que sus pies la habían llevado al edificio donde vivía Yamato, dio la vuelta para volver a su hogar, y eso le tomó el resto del día.

— Ya estoy en casa

Dijo, sabiendo que no había nadie allí, pues sus padres no volverían hasta la media noche.
Caminó hacia su habitación, estaba agotada, en todo sentido. Se dejó caer sobre la cama, debatiendo entre si era correcto o no la idea que tuvo Michael. Entre esa pequeña guerra que se formó en su cabeza, se durmió.


Se pasó toda la tarde en el sofá, miraba el techo, como si fuera lo más interesante del mundo. La voz de su hermano lo distrajo de sus pensamientos.

— ¡Yamato!

— ¿Qué quieres? — respondió con desgano

— Llevo casi veinte minutos llamándote ¿Estás bien?

Lo miró lúgubremente — Sí…

— Pues no se nota — Se sentó frente a él — ¿Cuál es tu problema?

— No he dicho que tengo un problema — volvió a mirar el techo

— Soy tu hermano, te conozco más que tú mismo… Dime ¿Tu problema es una pequeña castaña con voz chillona y mal genio?

Volvió a mirarlo con desprecio.

Sonrió — ¿Adiviné?

— ¿Y qué con eso? Ya no me interesa

— Eso es lo que dices ¿Y qué es lo que sientes?

Se levantó del sofá — No necesito consejos de amor, ya tuve suficiente con la charla que me dio Taichi esta mañana…

— Soy tu hermano, Yamato. Si es necesario hablaré con medio continente para que te haga sentir mejor ¿Qué hay entre tú y ella?

— Antes había un par de esposas, ahora… nada — caminó hacia el pasillo principal

— ¿Y eso es lo que quieres?

Paró en seco.

— ¿Realmente quieres que no haya nada entre ustedes?

— Sí — respondió — Después de verla bien acompañada, ya no me interesa

— Me imagino que lo dices porque los viste en una situación comprometedora o escuchaste alguna conversación en particular ¿no?

No… Él solamente vio a la castaña sentada en uno de los extremos de la banca, y a Michael en el otro, cercanía entre ellos no había. La vio reír, sí, pero si se hubiera fijado atentamente, ella se notaba angustiada, como si fuera una risa nerviosa por no saber cómo reaccionar frente a un momento de nerviosismo.

— Takeru — volteó su rostro — Ya está, ya no hay vuelta atrás.

Siguió su camino por el pasillo hasta el cuarto de baño, abrió la regadera, se quitó la ropa y entró en él.
En su mente, un sinfín de imágenes aparecieron.
La primera vez que la vio, estaba en el jardín de niños. La recordaba como la pequeña que no dejaba de llorar aferrada al cuello de su papá. La miró con desaire, pero, era una niña de tres años ¿no? ¿Cómo no sufriría con el desapego a sus padres luego de estar cada día con ellos?
En primaria, se mostró como una niña caprichosa, inmadura pero ¿Qué más podía pedir? Tenía ocho años y sus padres la consentían en todo por ser hija única. Ellos siempre la mal acostumbraron, no era culpa de la castaña ser así. A pesar de todo, siempre fue honesta y sincera, era una niña dulce con todos, eso le molestaba, que tuviera todo en el mundo mientras él tenía que afrontar la separación de sus padres.
En primer año de secundaria se volvió presidenta del concejo estudiantil, y allí fue cuando más sintió rechazo hacia ella. Con aires de grandeza y superioridad quería imponer sus ideas frente a todos, la veía como una niña egoísta, que intentaba cambiar la escuela a su parecer pero ¿Qué alumno de primer año tenía la madurez suficiente para ser presidente y asumir la responsabilidad de todo un cuerpo de alumnos? Ella supo enfrentarlo durante los siguientes tres años, y se graduó con honores y calificaciones perfectas. Eso fue lo que le molestaba, que a pesar de todo el compromiso que tenía con la escuela, los miles de club's a los que estaba inscrita, siempre fue una alumna destacada con promedio perfecto, mientras que él, aunque solo se dedicara a su harmónica, sus calificaciones eran horrendas. Ella vivía bajo presión mientras que él solo la criticaba.
Y ahora en preparatoria, odiaba ver que se había vuelto una mujer independiente, que recibía declaraciones de amor al menos una vez durante el mes, sus calificaciones seguían perfectas, tenía una familia unida, tenía todo en la vida, y ella seguía siendo igual de dulce, igual de sencilla, igual de comprensiva que siempre. Quizás nunca la detestó, quizás siempre quiso la vida que ella llevaba, y eso envidiaba. Pero a pesar de todo lo que tenía, nunca lo presumía, nunca pidió ayuda cuando estuvo bajo presión durante esos años, nunca dependió de sus padres por más que los necesitase, nunca desistió cuando sintió que no podía cargar con tantas responsabilidades, era terca y persistente, ella siempre tuvo que aguantar todo ese peso sola, y él lo único que hizo fue ver el lado oscuro, criticar su actuar sin ver más allá de todo el esfuerzo que la llevó estar allí, todo el sacrificio, él siempre fue un problema más para ella.

Golpeó con rabia la pared, y dejó que el agua cayera sobre su espalda.

Todos estos años te critiqué por lo que aparentabas, pero nunca vi más allá de lo que eras… Tachikawa eres… eres fuerte, creo que siempre admiré tu valentía para afrontar las cosas, pero lo disimulé con fastidio. Quizás todas esas veces que me burlé de ti porque llorabas sin razón, eran porque ya no aguantabas más con la carga que llevabas, intentabas ser un ejemplo de alumna perfecta y te excediste, pero nunca te rendiste… Te admiro, tonta castaña…


Cuando abrió los ojos notó que derramó algunas lágrimas mientras dormía. No lograba borrar la imagen de Yamato de su mente.
Miró el reloj, eran las ocho de la noche. Suspiró, mientras debatía por última vez.

Decidida, se levantó de su cama, tomó un baño rápido y se cambió de ropa. Ya no había vuelta atrás, cuando tomaba una decisión, era difícil que cambiara de parecer.
Salió con prisa, tomó un taxi indicándole su parada. Su corazón latía con velocidad, jamás había estado tan nerviosa, ni tan ansiosa. Solo esperaba que su esfuerzo no fuera en vano.

Llegó a un bar ubicado a varias calles de su hogar. Tomó su móvil y envió un texto a Michael. Al momento que este le respondió entró. Sentía como le sudaban las manos, pero ya no podía echarse para atrás.
Tomó asiento en una de las mesas más alejadas, ordenó una gaseosa y esperó.

Miraba su móvil, como si esto fuera la mejor distracción a su nerviosismo. Hasta que escuchó, sobre el escenario principal, el golpe de unas baquetas, indicando el inicio de una canción. Miró hacia su dirección, y allí estaban, Teenage Wolf entraba en escena.

Escuchaba los alaridos de su club de fans, todas chicas de su edad, aparentemente de su mismo instituto, coreando las canciones, aclamando por el grupo de muchachos que dejaban todo en el escenario, pero ella, lo miraba a él. Se veía tan diferente.
Si algo siempre llamó su atención, fue la manera en la que Yamato se transformaba con su guitarra y frente a un micrófono. A pesar de que nunca congeniaron, asistió a varios de sus conciertos por petición del grupo de elegidos, y siempre se fijó en la forma en que el rubio destacaba más que los otros. Su voz ronca entraba en sus oídos y generaba mil corrientes eléctricas en su interior, la manera en que sudaba lo hacía ver irresistible, su mirada era diferente, siempre le gustó el Yamato que se paraba frente al escenario, porque era realmente él.
Lo veía tan natural, que le gustaba la apariencia salvaje y entregada que demostraba, no podía negarlo, la volvía loca verlo así. Luego intercambiaban palabras y todo el encantó que tenía se iba y volvía el rubio desagradable y fastidioso.

¿Y ahora? Seguía viéndolo así, con la diferencia que cuando bajara del escenario, la conversación sería distinta.
Sentía aún la excitación de verlo haciendo lo que él realmente amaba con tanta pasión, su corazón iba a mil por hora, sus ojos no se despegaban de él y sentía un pequeño sonrojo en sus mejillas.


Después de un par de canciones, hicieron una pequeña pausa. Exaltados, se detuvieron para tomar un poco de agua y recuperar sus fuerzas, y allí fue cuando sus ojos verdes se encontraron con una mirada tan dulce como la miel que lo observaba atónita.

Mimí, ella estaba allí, mirándolo, escuchándolo ¿Qué hacía en aquel lugar? ¿Lo estaba mirando a él?

Cuando la castaña cayó en cuenta de que el rubio había notado su presencia, se levantó de su lugar rápidamente y salió del bar.

Quiso seguirla, pero las baquetas anunciaban que el show debía continuar. Ahora sí que no entendía nada.

Luego de media hora el espectáculo llegaba a su fin, pero su concentración la había perdido desde que vio a esa castaña sentada en el bar.
Guardó su guitarra, mientras sus pensamientos seguían confundidos. Se despidió de los muchachos y caminó en dirección al estacionamiento.
Una vez que cruzó la puerta de salida, encendió un cigarrillo y caminó en dirección a su motocicleta, pero no estaba de la forma en que él la dejó. Esta vez, había una figura femenina apoyada en ella, y no tenía dudas de quién se trataba.

Se acercó lentamente, aún ella sin percatarse de su presencia.

— ¿Sabías que es peligroso que te encuentres sola en un estacionamiento a estas horas de la noche? — dijo tras ella

La castaña, asustada, se volteó rápidamente.

— Ya-Yamato… — sus mejillas estaban rojas pero sus ojos demostraban tristeza — yo no…

— ¿Qué haces acá?

— Esto yo… Michael…

— Ah — esquivó su mirada — ¿Venías a verlo a él?

Lo miró confundida.

— ¡Yamato, tonto! — gritó enfadada — ¡Ya basta!

— ¿Basta? ¿De qué? Los vi bien acompañados esta mañana — dijo en un tono de decepción

— ¡Me tienes harta! — Volvió a mirarla — ¡Hasta cuándo te quedarás con la primera impresión de las cosas y no ves más allá ¿eh?! Eres un idiota

Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero las palabras no fluían, ella tenía razón.

Suspiró — ¿Cómo sabías que tocaríamos en este bar?

— Michael me lo dijo esta mañana, me dijo que si realmente te quería yo… — esquivó su mirada — debía buscarte porque tu orgullo no te permitiría regresar a mí

— ¿Eh? ¿De qué hablas, Tachikawa? — se sonrojó de igual manera

— ¡Deja de hacerte el idiota que sabes bien de que hablo! — dijo alterada

— ¡No! ¡No te entiendo! ¡Actúas de una manera conmigo que me confundes y luego vuelves a ser tan fastidiosa como siempre! ¡No sé qué pretendes!

— ¡Yo no pretendo nada! ¡Tú eres el que me confunde a mí pero cuando estamos con otras personas sigues siendo un bastardo!

— ¿Viniste aquí para insultarme? Si es así mejor vuelve a tu casa porque no estoy de ánimos

Se dio la vuelta para montar su motocicleta ignorando a la eufórica castaña frente a él.

Es ahora o nunca, Mimí.

— ¡Yamato, tonto!

Lo tomó fuertemente del brazo obligándolo a que se voltee, cerró sus ojos con fuerza, y en un rápido movimiento, se encontraba aferrada a su cuello, posando sus labios sobre los de él.
Fue un corto beso, que dejó a ambos con los sentimientos a flor de piel.
Se separó rápidamente de él, aún aferrada al rubio, como si ya no fuera a soltarlo nunca más.
Sus ojos estaban inundados, ya no sabía si el color de sus mejillas era de vergüenza o de ira.

— ¡Ya no, Yamato! ¡Ya no voy a ser una niña caprichosa que te deje ir por su orgullo! — comenzó a decirle mientras le temblaba la voz — Si, sé que lo hice mal durante muchos años ¡pero la culpa es compartida! Quizás yo no tuve la fortaleza para decir lo que sentía a tiempo, y esperé a que las cosas estuvieran hechas un desastre para darme cuenta de que te quería. Quizás no es el momento, ni el lugar, pero ¡me gustas y no te soporto! ¡Y me arriesgaré, lo haré por ti, lo haré contigo! ¡Estoy dispuesta a quemarme en el peor de los infiernos si eso implica no alejarme de tu lado!

El rubio se tragó todas sus palabras, todas sus dudas. Solo la miraba sorprendido, con los labios entre abiertos. Esperó ese momento con tantas ganas, que no sabía cómo reaccionar.
Solo se limitó a atrapar el rostro de la castaña entre sus manos y posar sus labios en los de ella. Esta vez, era un beso más entregado, más comprometido, más esperado.

Se separaron suavemente para tomar aire.

— Mimí, tonta — sonrió — es la peor declaración de amor que me han hecho. Eres torpe, testaruda, creo que hay muchas cosas de ti a las cuales no me podré adaptar, eres caprichosa y no sé si yo pueda ser la persona que cumpla todas tus manías, eres, literalmente, el diablo vestido de rosa… Hay veces en que tu voz revienta mis oídos, pero no hay otra persona con la que más desee estar, que contigo. Creo que prefiero mil veces amar tus demonios y que alejarme por tu locura y perderte — besó su frente — eres alguien difícil de descifrar, y eso me gusta

— Entonces — Se limpió el rastro de lágrimas que tenía en sus mejillas — ¿Dejamos el orgullo a un lado y lo intentamos?

— Es la mejor idea que has tenido — la ayudó a limpiar las lágrimas

— El tiempo que pasamos juntos, no fue tan malo — sonrió — puedo acostumbrarme a esto, siempre, cada día, si es contigo…

— Siempre creí que querer a alguien como tú sería una pérdida de tiempo, pero ahora que te tengo aquí, no es tan malo como creía, es más, quiero intentarlo y arriesgarme por ti

Acarició suavemente su cabello mientras la castaña se refugiaba en su pecho.

— Entonces — seguía con su rostro hundido en su pecho — ¿Sigue en pie nuestra cita del martes?

Sonrió — Me hubieses rechazado o no, prometí que te llevaría. Agradezco que las cosas terminaran bien, o estaba seguro que me arrojarías de la rueda de la fortuna

— Sí — sonrió — lo habría hecho

— Insisto, eres el diablo vestido de rosa

— ¿Y aun así te arriesgarías? — volvió a mirarlo

— Eso es lo que hace interesante el arriesgarme por ti

La abrazó una vez más, pero esta vez, no la volvería a soltar.

FIN.


BUENO, AQUÍ SE TERMINA EL FIC, ESPERO LES HAYA GUSTADO, Y GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA.
PRONTO HARÉ UN PEQUEÑO EPÍLOGO PARA ACLARAR ALGUNAS DUDAS.

¿QUÉ LES GUSTARÍA SABER PARA AGREGAR ALLÍ?