Las aventuras y desventuras de una alienígena
ACLARACIONES:
-DiAlOgO…
-PeNsAmIeNtOs…
-FlAsH bAcK-
O*O*Cambio de escena
Esta demás decir que Teen Titans no me pertenece, al igual que ninguno de sus personajes; esta historia no está escrita con fines de lucro, solo por mero entretenimiento y espíritu creativo :B
Sin más que decir…espero y disfruten la lectura ;)
*o*o*o*o*
4. Hoy por ti, mañana por mí.
Ciborg era muy meticuloso con sus pertenencias, llegando incluso al límite de lo obsesivo.
No se equivoquen. No es que el titán en cuestión fuese el rey del orden, pero cuando se trataba de sus tuercas y circuitos, el chico debía cuidarse las espaldas. Por eso, cuando Chico Bestia le confesó haber encontrado una de sus piezas de repuesto y no recordar dónde la había colocado, había desatado su furia.
No era habitual ver a su compañero irritado. Ese papel le venía bien a Robin y a Raven, por lo que para Starfire fue desconcertante verlo atravesar el umbral de la puerta sin siquiera dirigirle la palabra para responder a su saludo.
Por un momento tuvo la ligera impresión de que estaba molesto con ella. Quizás había hecho o dicho algo que para los terrícolas pudiese haber sido ofensivo, pero su líder la tranquilizó.
-La culpa es de Chico Bestia. Perdió una de sus piezas.
La tamaraneana asintió, mirando como su amigo metamorfo alegaba injusticia. Starfire miró la escena, escuchando detalladamente la versión de su compañero quien describía la famosa "pieza perdida". Star repentinamente salió de la habitación, sin dar explicación, aunque nadie lo notó en realidad.
Caminó hasta su habitación y solo tuvo que ir hasta su cómoda para encontrar lo que buscaba. Sintió una punzada de dolor al desarmar aquel aparato, pero sabía que era la única manera. Sonrió ligeramente al encontrar "la pieza" y luego voló a toda velocidad al cuarto de su amigo.
El desastre en el lugar era desconcertante. Cyborg procuraba que ninguna de sus piezas escapase de sus escaparates, pero en esos momentos todo estaba desperdigado por el suelo.
La chica tocó un par de veces hasta captar la atención de su compañero.
-¿Qué quieres, Star? Este no es un buen momento, ¿sabes?
-Sí. Robin me contó lo sucedido. Por favor, espero que puedas comprender que solo fue un accidente.
-¡¿Accidente?! – Gritó, volteando hacia su dirección - ¡El muy idiota ingresó a mi habitación porque estaba aburrido y encontró "la cosita en forma de dona" para jugar"! ¡¿Sabes qué le pasará a mi sistema si no lo encuentro?! – Starfire guardó silencio y él suspiró, intentando controlar sus nervios – Lo siento. Mejor déjame solo, terminaré de buscar.
La tamaraneana flotó hasta él y se colocó a su lado, estirando su brazo. Cyborg parpadeó y tomó el objeto que ella había colocado ante sus ojos, anonadado.
-¡¿Tú lo tenías?!
Starfire negó– Ambos sabemos que cuando Chico Bestia extravía algo, nunca volverá a aparecer.
-No lo entiendo, ¿cómo es posible entonces que tengas esto? – La miró detenidamente, confuso – No es una pieza fácil de conseguir, ¿sabes? Tardé años en encontrarla la primera vez.
–Eso no es importante. Era algo que no estaba usando y pues… tú lo necesitas, ¿no?
Cyborg miró la pequeña pieza y sonrió – Gracias, Star.
-No es nada - La joven miró los alrededores - ¿Quieres que te ayude a limpiar?
-Te lo agradecería aún más.
La limpieza se llevó en silencio algunos minutos, hasta que Cyborg se volteó a verla.
-A todo esto, ¿Haz recibido noticias de Tamaran?
Starfire pegó un imperceptible un imperceptible brinco y sus hombros cayeron un poco – No. Y creo que pasará mucho tiempo antes de volver a tener noticias.
-Oh. Lo lamento.
-Descuida.
Ambos vieron el resultado de su trabajo e intercambiaron una sonrisa.
-¿Qué te parece que como recompensa vayamos a tomar un helado? ¡Yo invito!
-¡Maravilloso! – Canturreó la chica. ¡Como amaba esa nieve de variados sabores y colores! – Déjame ir por mis cosas.
-Eso me da tiempo de colocarme esto. Nos juntamos en el auto en media hora.
-¡Perfecto!
Starfire salió de la habitación sin perder tiempo pero a medida que se fue alejando, su sonrisa se fue desvaneciendo, hasta que por fin llegó a su alcoba. Al ingresar vio sobre su cama el transmisor. Único medio por el cual podía comunicarse con su planeta, con Tamaran y por supuesto, con su querido Galfore.
Tomó el aparato en sus manos y no pudo evitar que una triste sonrisa se apoderara de sus labios. Había sacrificado uno de sus bienes más preciados por su amigo. Le dolía pero no se arrepentía de ello. Estaba tan inmersa en sus cavilaciones que no se dio cuenta que Robin había ingresado a su habitación.
-Star, Cyborg me dijo que le ayudaste –No obtuvo respuesta. Con cautela se acercó hasta la chica para ver el motivo. Su semblante entristecido lo puso en alerta, hasta que sus ojos viajaron hacia lo que la tamaraneana sostenía con recelo – Espera… ¿ese no es tu transmisor? ¿El que utilizas para comunicarte con Galfore?
-Sí. Lo era.
-¿Qué sucedió?
Starfire tomó aire y luego forzó una sonrisa – Lo pisé.
Robin arqueó una ceja y no pasó mucho tiempo antes de darse cuenta de la situación. Se sentó a su lado y miró hacia el techo, intentando ordenar un poco sus ideas.
-Bueno, quizás mañana Cyborg pueda a repararlo.
-Creo que no será posible. La pieza principal se rompió, así que esto es inservible.
-Hay otras maneras, Starfire.
La tamaraneana le entregó una mirada curiosa y luego suspiró – Debe haber otra solución, pero por el momento no es algo que me preocupe realmente – ambos sabían que mentía.
La chica se levantó y colocó los restos del transmisor en su cómoda, siendo observada por su líder. Robin se levantó de un salto y caminó hacia la salida.
-¿Sabes? Hay un dicho para situaciones como esta.
-¿Un dicho?
-Aja.
-¿Y cuál es?
-"Hoy por Cyborg y mañana por ti, Star" – Respondió, sonriéndole ligeramente antes de marcharse.
Starfire parpadeó desconcertada por algunos segundos, sin lograr entender del todo el motivo de aquellas palabras. Hasta que al final un click resonó en su cabeza a lo que no pudo evitar una sonrisa. Su líder era muy perspicaz, se había dado cuenta fácilmente de todo. Aunque claro, ella no engañaba a nadie con semejante excusa.
Una vez sola, pensó en sus palabras mientras sus ojos buscaban la foto que estaba en su cómoda. Su querido Tamaran y Galfore.
La sonrisa volvió a sus labios, sintiéndose optimista. Sabía que si se lo pedía, Cyborg haría hasta lo imposible por ayudarla a entablar comunicación con su querido planeta. Al fin de cuentas, ella lo había ayudado hoy, mañana él la ayudaría a ella. Así es la amistad, ¿no?
-Ahora entiendo – Susurró – Los terrícolas tienen una manera enredada de expresar verbalmente su gratitud.
Soltó una suave carcajada para luego salir a toda velocidad hacia la entrada, donde de seguro su compañero ya la estaba esperando, ignorando que de lejos su líder la observaba marchar con una divertida sonrisa.
/
Cuatro.
