Las aventuras y desventuras de una alienígena

Drabbles y Viñetas que relatan significativos, cotidianos - o extraños - momentos entre Starfire y sus compañeros Titanes.

ACLARACIONES:

-DiAlOgO…

-PeNsAmIeNtOs…

-FlAsH bAcK-

O*O*Cambio de escena

Esta demás decir que Teen Titans no me pertenece, al igual que ninguno de sus personajes; esta historia no está escrita con fines de lucro, solo por mero entretenimiento y espíritu creativo :B

Sin más que decir…espero y disfruten la lectura ;)

*o*o*o*o*

12. Pasta de reconciliación

El sonido del trueno rugió con fuerza en el momento en que Slade desapareció en la oscuridad. La lluvia caía torrencialmente golpeando sus cabezas y sus magullados cuerpos. Aquella había sido una cruda batalla.

Los cuatro titanes fijaron su atención en su líder, quien estaba a unos metros más adelante, justo en el sitio donde su gran enemigo y rival había estado segundos antes de que la tierra se lo tragase. Aun a pesar de la tormenta y la distancia, pudieron oírle sisear maldiciones e insultos de alto calibre. Aquello era habitual cada vez que Slade lograba escapar, pero esta vez parecía ser que la furia era mucho más intensa que de costumbre.

El chico maravilla fulminó con la mirada el pedazo de tela que había quedado entre sus manos, único recuerdo de su combate. Nuevamente él había fallado; otra vez Robin, el líder de los jóvenes titanes, no había podido detenerlo y ¿por qué? Porque su equipo había cometido un gran error: ¡preocuparse por él cuando debían centrarse en cortarle el paso a ese infeliz!

Su mano derecha se empuñó, arrugando más la tela en un intento por canalizar su ira, pero por más que lo intentó, no pudo hacerlo. Volteó a ver a sus compañeros, quienes se ayudaban unos a otros mientras se preguntaban por su condición. Aspiró con fuerza sin poder evitar fulminarlos con la mirada.

¡¿Cómo era posible que estuviesen tan tranquilos?!

Sus ojos volvieron a enfocarse en aquel oscuro callejón como si así pudiese encontrar alguna pista del paradero de Slade, ignorando por completo la presencia de Starfire quien se acercaba a él en un intento por reconfortarlo.

-¿Robin?-llamo con voz suave, casi cautelosa. Él no respondió pero ella pudo notar como su cuerpo se tensaba como la cuerda de un arco- Robin, está bien… la próxima vez nosotros…

-¿La próxima vez? – Preguntó con voz grave, causándole un escalofrío – No. No debería haber una próxima vez. Hoy debíamos detenerlo – Siseó.

-Pero…

-¡¿No te das cuenta?! ¡Slade cada vez es más y más fuerte! ¡Nos hizo ver como unos incompetentes! ¡Novatos! ¡¿Y por qué?! ¡Porque lo dejaron escapar!– Gritó por encima de la lluvia torrencial, desquitando su ira con la joven que lo observaba con tristeza.

-¡Ey viejo, relájate!

-Bestita tiene razón. Necesitabas ayuda, no podíamos dejarte ahí.

-¡Eso no importa! ¡Puedo arreglármelas perfectamente bien! ¡Ustedes debieron dejarme y no perder el tiempo en tonterías! ¡Así Slade…!

-Hubiese escapado de todas maneras – Completó Raven, mirándolo con severidad - Tú mejor que nadie sabe lo escurridizo que es. Aun cuando te dejáramos atrás o no, él sabe cómo y dónde esconderse.

-¡Excusas! – Exclamó

Cyborg gruñó y se colocó frente a él, obstruyéndole el paso - Creo que deberías calmarte, te estas sobrepasando, Robin – Posó una mano sobre su hombro, pero él la apartó con brusquedad.

-¡Tonterías!

Starfire, lo observó con temor y no pudo evitar dar un paso hacia atrás– Robin…- Él aludido resopló y se mordió la lengua mientras comenzaba a caminar, dándoles la espalda. Ella detuvo sujetando su brazo – Por favor, ¿quisieras escucharnos?

-Déjame en paz – Siseó, deshaciéndose de su agarre como si dicho quemase.

Un tenso silencio se situó entre ellos, solo dejándose escuchar el sonido de la lluvia. Robin aspiró aire con brusquedad, dispuesto a retomar su camino – De acuerdo – La escuchó decir con voz queda – Si es eso lo que deseas, te dejare en paz. No volveré a molestarte.

Robin siguió su camino hasta llegar a su motocicleta y sin mirar a nadie se dirigió a la torre. Necesitaba estar solo, pensar y aclarar sus ideas lejos de sus compañeros.

Al llegar se encerró en su habitación y se desquito con cuanta cosa encontró a su paso hasta caer exhausto sobre su cama, donde permaneció varias horas. Nadie fue a molestarlo, tal como él quería, hasta que logró tranquilizarse.

Se incorporó, restregando su rostro con frustración y culpa. Nuevamente la ira se le había escapado de las manos y se había desquitado con su equipo injustamente, cuando ellos solo habían querido protegerlo. Resopló en un intento por armarse de valor antes de salir de la habitación, dispuesto en hacer lo que correspondía: Pedirles disculpas.

Buscó a cada uno de sus compañeros. Raven, Cyborg y Chico Bestia lo escucharon con paciencia y aceptaron sus disculpas, no sin un poco de resistencia, consejo para control de la ira o broma sarcástica de por medio. Aun cuando no justificaban su actuar, sabían el conflicto que su líder tenía con aquel hombre, por lo que ninguno quiso profundizar más en el asunto, pero sí, prometieron que le tomarían la palabra para que compensara el tenso y desagradable momento por el cual tuvieron que atravesar.

Con aquello aclarado, comenzaron a caminar hacia la sala común. En el trayecto, Robin comenzó a sentirse nervioso. Ahora solo faltaba Starfire y podría estar en paz. Sin poderlo evitar, un escalofrió recorrió su espalda en tan solo imaginarse la situación, dificultándole encontrar las palabras correctas para comenzar. Al fin y al cabo, Lidiar con una tamaraneana enojada no era un buen panorama.

Al abrir las puertas, los cuatros se quedaron pasmados. Parpadearon al ver que la titán faltante estaba en la cocina, preparando el segundo platillo terrestre que había aprendido en ese último tiempo.

Pasta.

-Oh-oh…-Murmuró Chico Bestia con claro nerviosismo. Definitivamente eso no era una buena señal.

De un tiempo para acá, Starfire había comenzado preparar un platillo terrestre según su estado anímico. Cuando se sentía triste preparaba hot cakes, cuando estaba alegre preparaba galletas, y cuando estaba enojada, o más bien cabreada, preparaba pasta. La chica se preparaba una gran olla que devoraba sola, refunfuñando un sinfín de cosas inentendibles y ay de quien se atreviese a acercársele en aquellos instantes, sino bien podrían preguntarle a Chico Bestia y a Cyborg, víctimas directas de su gran ira.

Obviamente, el problema no era que cocinase. No, no, no. Al contrario, ellos agradecían que hubiese reemplazado sus platos tamaraneanos por algo más… comestible. El problema era que nadie podía acercarse por varias horas cuando ella estaba cocinando y comiendo pasta.

Ante eso, Changeling miró a Cyborg – Viejo, mejor juguemos en mi habitación.

-¡Pero qué buena idea, bestita!

-¡Oigan! –Ambos le entregaron una mirada interrogante - ¿No piensan dejarnos solos con Star así de cabreada verdad?

Los dos intercambiaron miradas unos segundos antes de responder -Uh… sí – Dijeron al unísono y antes de que Robin se diese cuenta, ellos ya habían desaparecido.

-¡Demonios! – Siseó entre dientes. Volteó para ver a Raven quien ya se estaba alejando del lugar. Sin perder más tiempo, la sujeto de la capa y la jalo hacia él antes de que se alejase y lo dejara a su suerte – Por favor, Raven. No me dejes solo. ¡Starfire va a matarme!

-Dudo mucho que ella quiera matarte.

-¿En serio lo crees?

-Si – Lo vio suspirar aliviado – A lo más te quebrará la mandíbula y un par de huesos, pero ese es tu castigo por ser un idiota – Masculló esbozando una ligera sonrisa de regocijo ante su notoria palidez – Además, sabes que no puedo estar cerca de alguien cuando sus emociones están así de inestables - Antes de que Robín pudiese decir algo, Raven ya se estaba yendo. Volteó y le sonrió maliciosamente – Te deseo suerte. La vas a necesitar.

Cuando estuvo solo, el chico maravilla tragó con dolor. Dio una cautelosa mirada hacia el interior de la sala, estremeciéndose al notar la furibunda aura de la tamaraneana. Era claro que ya había sentido su presencia y que lo quería lejos de allí. Una parte de si le dijo que se fuera, era lo más sensato después de todo… pero otra parte le recordó que le debía una disculpa. Se mantuvo batallando entre ambos polos de conciencia, totalmente opuestos, hasta que tomó una determinación. Se armó de valor y caminó hacia ella dispuesto a enfrentar lo que tuviese que suceder.

Caminó con paso rígido, sintiendo sus piernas temblorosas. La chica estaba en el sillón devorando su olla de pasta, mirando la televisión. Cuando llegó a su lado, tragó con dificultad sin saber qué decir.

-Eh… hola… Star.

La chica ni siquiera lo miró. Se acomodó más en el asiento y aumentó el volumen de la televisión.

Robin respiró profundamente – ¿Puedo acompañarte?

-Oh… ¿ahora quieres mi compañía?

Su tono de voz cargado de ira y reproche lo estremeció – Star, lo que dije no fue en serio. Estaba molesto, y yo…

-Pues yo también estoy molesta. Así que no, no quiero tu compañía – Siseó, comiendo un poco más rápido.

-¿No hay nada que pueda hacer?

-Por supuesto que sí – Respondió con voz tensa - Lárgate y déjame en paz.

Robin parpadeo, sintiendo como una daga afilada traspasaba su corazón. De todos los titanes, el desprecio de Starfire era el que más le dolía y el que menos podía soportar. Se rascó la nuca con nerviosismo y notó como ella le daba una mirada cargada de desprecio por el rabillo del ojo.

-¿Aún estás ahí?

-No me iré hasta que aceptes mis disculpas - Dijo con falsa tozudez.

-Pues te recomiendo que te sientes porque vas a cansarte – La escuchó mascullar, llevándose un par de bocados más a la boca.

Su líder le hizo caso y se sentó a su lado mientras ella no tardó en deslizarse un poco más lejos, dejándole en claro que no lo quería cerca. Él suspiró con cansancio.

-Por favor, Starfire. ¿Quisieras escucharme? – La chica aumentó el volumen del televisor, a lo que él gruñó exasperado. Intentó mantener la calma pero había llegado a su límite.

Con un ágil y veloz movimiento le arrebató el control, para así poder apagar el televisor.

-¡Estaba viendo eso!

-Podrás verlo después. Ahora solo quiero que me escuches.

-¡No quiero!

-¡Pues tendrás que hacerlo!

-¡No, no tengo! – Respondió mientras sus ojos se tiñeron por completo de verde, causándole un estremecimiento – Así que déjame en paz – Dejó la olla a un lado e intento recuperar el control pero antes de que lo alcanzara, Robin la sujetó con fuerza de las muñecas y la acorralo en el sillón. La chica forcejó un poco y luego suspiró, entregándole una mirada cargada de aburrimiento - ¿Sabes que puedo revertir esto sin ningún esfuerzo, verdad?

-Lo sé

-¿Y que podrías salir lastimado?

-También lo sé. Pero tengo fe de tu misericordia.

Starfire frunció el ceño – pues abusas mucho de tu fe.

-Starfire, solo quiero que me escuches. Te prometo que te dejaré tranquila, pero ahora solo déjame hablar.

La chica desvió la mirada unos segundos, como si meditase sus palabras - ¿Qué quieres decirme?

Robin se sonrojó al verse desprevenido. No había pensado que llegaría tan lejos realmente -Yo… eh… bueno…

Starfire volvió a arrugar el entrecejo, irritada – ¿Vas a hablar o…?

-Perdóname.

Ella dejó de forcejar y se enfocó en su rostro. Aun cuando no quisiera admitirlo, podía ver el arrepentimiento grabado en sus facciones.

-Por favor, Star… perdóname.

Al notar que ella bajaba la guardia, él dejó de hacer fuerza y le permitió enderezarse. Ambos se quedaron en silencio mirando un punto muerto por algunos segundos, escuchando la lluvia que aun azotaba la ciudad.

-Yo… sé que me vuelvo un idiota cuando se trata de Slade – Resopló - Es solo que… entre más tiempo pasa él se vuelve más fuerte y hábil. Tengo miedo de no ser lo suficientemente listo la próxima vez y que pueda ganar la batalla, que se salga con la suya y que pueda hacerle algo a la ciudad, hacerles daño a ustedes… - hizo una breve pausa, sonrojándose levemente – O que pueda hacerte daño a ti – Starfire desvió la mirada, escuchándolo en silencio. Robin suspiro con pesar– Sé que siempre te digo lo mismo y entiendo que no quieras perdonarme, pero… la verdad es que… yo… no soporto la idea que no me dirijas la palabra – No hubo respuesta, aumentando esa molesta sensación de la daga enterrándose en su pecho, más al ver que ella evitaba verlo a los ojos – Creo que… es todo lo que tengo que decir. Siento haberte molestado.

Antes de que pudiese levantarse, la olla se puso frente a él. Parpadeó y vio el contenido. El aroma inevitablemente le hizo rugir el estómago haciéndolo sonrojar, más cuando volvió a ver la luminosa sonrisa de Star.

-Gracias… - susurró, recibiendo la olla con torpeza. Enrolló la pasta en el tenedor y al probarlo no pudo evitar sonreír con satisfacción – ¡Delicioso! – La chica se sonrojo ligeramente pero guardó silencio – Entonces… ¿esto significa que me perdonas?

Starfire cerró los ojos y se cruzó de brazos – Aun estoy algo dolida por tus palabras- Murmuró, mirándolo de reojo, sin poder evitar estremecerse al notar como su semblante se entristecía – Pero sé lo que los titanes y la ciudad significan para ti. Entiendo tu temor de que Slade se salga con la suya y que eso te genera frustración. Aun así no justifico tus acciones.

-Lo sé. De verdad que lo lamento.

-Te creo – Respondió, mientras le arrebataba el tenedor y sacaba un poco de la pasta – Por eso te ofrezco esto como ofrenda de paz.

-¿Entonces me perdonas?

-Sí.

-Y… ¿ya no estás tan enojada, verdad?

La joven rio ligeramente - Sabes que no puedo enojarme mucho tiempo, mucho menos contigo – admitió

Ambos se sonrojaron y luego comenzaron a reír sin darse cuenta que sus compañeros habían ingresado momentos atrás llevados por la curiosidad. Al no oír gritos de dolor o alguna señal de destrozo quisieron asegurarse de que todo estaba en orden. Al ver que ambos reían y compartían aquella olla. Con lo que posteriormente bautizarían la "pasta de la reconciliación", sonrieron y decidieron irse antes de que notasen su presencia.

Ellos estarían bien, al fin y al cabo, estaban hablando de Robin y Starfire.

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Doce!