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«¿Escuchas ese sonido? Son mis ilusiones. Aletean, aletean y aletean. Volando libres. Creciendo y haciéndose más fuertes. No es necesario que me entiendas, me gusta soñar e imaginar cosas que quizás nunca sucederán; pero en mis sueños me puedo ver tal y como quiero ser. No importa si hago las cosas bien o no, sólo sé que habrá alguien ahí que me amará más allá de todo. Y yo podré dormir, bajar mi guardia porque esa persona me protegerá con su vida»

"Dejo a Akane a tu cuidado"

Esas palabras le hacían eco una y otra vez en la cabeza. Al salir de la nebulosa en la que estuvo su mente todo el fin de semana, caía en lo que había dicho. No podía creer que le dijo eso nada más y nada menos que a su rival. A su maldito y eterno rival. ¡Refiriéndose a Akane, además!

Ryoga suspiró, no se arrepentía de haber sacado a Kuonji de allí antes de que se avergonzara a sí misma, de hecho, ni siquiera lo pensó en el momento. Pero ella pudo haber tenido algo de consideración para con él...

¡Arrrghh! Revolvió su cabello frenéticamente. Tampoco podía sacar de su cabeza sus labios rosados... Las curvas de su cuerpo... ¡Él la había besado, maldición! No una, sino dos veces... Y se había pegado a ella como si fuera una segunda piel. Nunca en su vida, había estado tan... Tan cerca de una chica, ni siquiera en sus sueños.

De hecho, cada vez que rememoraba el suceso, un amiguillo del sur de su cuerpo se emocionaba demasiado para su gusto.

Uhh... Ella definitivamente iba a matarlo.

Ya estaba a unas pocas cuadras del instituto y sus ánimos decaían por segundo. Diablos, si tan sólo pudiera desaparecer todo sería más sencillo. Lo cierto era que aún no estaba preparado para enfrentar la realidad, o, más bien, la sorpresa de lo que le estaría esperando. Había estado pensando en eso todo el fin de semana y de lo único que estaba seguro era de que Akane no se beauquearía con nadie porque sí. Las cosas serían mucho más serias que eso, y debería estar listo para cualquier situación. Extrañamente, ese hecho no le preocupaba sobre sí mismo porque sabría que, de alguna forma, saldría de eso, pero si le preocupaba que los ojos azules de cierta chica castaña se volvieran a llenar de dolorosas lágrimas. La empatía que había desarrollado hacia Kuonji no dejaba de sorprenderlo.

Llegó a la escuela mucho más temprano que de costumbre y, como esperaba, no había nadie en su salón. Se sentó en su lugar y apoyó la cabeza sobre el pupitre; había pensando tanto y sin embargo aún no sabía qué le diría a Kuonji. Tal vez ella estaría feliz con tan sólo un "mátame", pensó con ironía.

—¡Eh, Ryoga! —Daisuke fue el segundo en llegar—. Te fuiste temprano el viernes, apenas te vi al comienzo.

Si supieras...

—Emm, si, no me sentía muy bien así que me fui temprano—mintió, no pensaba contarle a nadie lo sucedido.

—Qué lástima, de todos modos no te perdiste la gran cosa.

—Es cierto —Hiroshi tiró sus cosas descuidamente en su escritorio y se acercó a ellos—. Uno de los bailes más aburridos de la historia, sin mencionar la lluvia.

—Ya veo —musitó Ryoga con la mirada fija en la puerta, mientras sus compañeros seguían comentando sus impresiones del baile. La ansiedad lo estaba matando.

A medida que pasaban los minutos, el resto de sus compañeros comenzó a llegar, pero aún no había rastro de Kuonji.

Tatsuya apareció unos segundos antes de que sonara la campana, y se acercó a ellos.

—¿Qué hay? —se lanzó en su silla con esa despreocupada forma de ser.

—Nada nuevo —contestó Hiroshi—. Sólo le decíamos a Ryoga que no se perdió la gran cosa el viernes pasado.

Los ojos grises de Tatsuya brillaron con picardía. Si Ryoga no hubiese estado tan atento a la puerta, se habría percatado.

—Pues... —comenzó—. Yo tengo algunos rumores bastante buenos...

—¿Qué? ¡Cuéntanos! —exclamó Daisuke. Pero antes de que pudieran continuar, el profesor llegó a tomar lista.

Ryoga suspiró decepcionado. No sabía que decirle a Kuonji, pero tampoco pensaba aplazar el encuentro. Diablos...

—Permiso, lo siento.

Al escuchar esa voz, la adrenalina comenzó a correr por el cuerpo de Ryoga. Kuonji se encontraba en la puerta con la mirada baja.

—Señorita Kuonji, se le ha estado haciendo costumbre llegar tarde a clases.

—Señor Takeda, lo lamento. Le aseguro que no volverá a suceder.

El profesor movió negativamente la cabeza.

—No es la primera vez que lo escuchó, señorita. Por favor espera afuera hasta el próximo módulo.

Ella asintió largando un suspiro y se retiró cerrando la puerta a sus espaldas. Ryoga no perdió detalle de las manchas oscuras debajo de sus ojos y de los párpados irritados. Era demasiado débil si se trataba de una chica llorando...

Pensó que a lo mejor debería dejar pasar los primeros módulos y luego acercarse a ella, después de todo, no podría hacer nada.

El profesor Takeda comenzó con sus largos monólogos referidos a la literatura moderna. Realmente admiraba la pasión con la que ese hombre explicaba todo lo relacionado a su materia. Lamentablemente, para él, no dejaba de ser lo más aburridos del mundo.

Observó distraídamente el reloj. Apenas había pasado media hora de clase y ya le parecía una eternidad. Y no se podía quitar el peso que tenía encima.

Realmente su intención había sido hablar a primera hora con Kuonji y luego con Akane para poder tener un panorama más claro de la situación que aún no cerraba en su cabeza.

Tal vez, podría aprovechar la aburrida hora de literatura...

—Profesor.

—¿Hibiki?

—¿Me permite ir al baño, por favor?

Escuchó las risas de sus amigos en su espalda. Y un "incontinencia" lanzado al aire con una fingida voz chillona que, con seguridad, provenía de Tatsuya.

El profesor Takeda descansó sus lentes encima del puente de su nariz, lanzándole una mirada por encima de los mismos.

—No se tarde, Hibiki.

Ukyo sorbió por la nariz. Se sentía fatal física y emocionalmente pero había optado por ir a la escuela porque, bajo ningún concepto, se consideraba una cobarde. El clima los dos últimos días había estado como su humor. No había parado de llover y a ella ya no le quedaban lágrimas que derramar. Necesitaba hablar con Ranma y, aunque no se sentía lista, y quería salir huyendo, tenía que hacerlo.

También debía encontrarse con Ranko. La había llamado el sábado incesantes veces pero Ukyo necesitaba pasar ese momento en soledad, sumergida en su propia miseria sin que nadie la viera.

Otro asunto era Hibiki... Aunque le dedicó más pensamientos de los que le habría gustado, aún sentía demasiada verguenza y no sabía cómo reaccionar.

La cabeza comenzó a dolerle, haciendo que su cuerpo se sintiera aún más pesado.

—Kuonji...

Sacudió la cabeza para estabilizarse. Ya estaba escuchando cosas...

—Kuonji —ahora la voz estaba demasiado cerca como para confundirla. Se dio la vuelta, encontrándose con unos oscuros ojos verdes. Para su verguenza, sus piernas comenzaron a temblar y apenas pudo controlar el carcañeo de sus dientes—. Kuonji, ¿te sientes bien?

Gracias por tener la cortesía de preguntar aún cuando me siento como una mierda y luzco como una, pensó.

No se consideraba para nada una cobarde. Sin embargo las pocas energías que tenía no pretendía para nada gastarlas en Hibiki.

Sin pensarlo dos veces, se dio la vuelta y comenzó a correr como si la vida se le fuera en ello. Supo que lo tomó desprevenido porque él tardó un rato en seguirle los pasos. Era rápido, seguramente más que ella que cada vez se sentía más pesada pero lo perdería.

Dobló en un pasillo y corto camino saliendo por el jardín trasero. Él la seguía llamándola y pidiendo que hablaran. Ni en tus sueños.

Todavía no sabía qué decirle, ni mucho menos qué pensar de lo que había pasado, siendo que ella había sido la principal precursora. Tampoco quería que tuviera una idea equivocada, así que hablaría con él una vez ella tuviera las ideas más claras también.

Aprovechó los arbustos del jardín de la escuela para esconderse. No había llevado falda, así que no importaba. Lo observó mirar en los alrededores y maldecir entre dientes. Aparentemente ella no era la única con humor de perros.

Suspiró aliviada cuando pasó de largo, sin percatarse de su presencia.

—¿U-chan? —su corazón dio un salto y comenzó a latir frenéticamente. Levantó la mirada y se encontró con esos ojos azules que ella amaba tanto. El picor de las lágrimas la amenazó pero tragó duro para evitarlo. Un poco más de tiempo. Sólo un poco más... —U-chan... Tierra llamando a U-chan. ¿Estás bien?

—Ran-chan —odió lo estrangulada que salió su propia voz—. Esta bien, ya está todo bien.

Ella se puso de pie, quitando las hojas de su uniforme masculino. Ranma levantó una ceja.

—¿Por qué te estabas escondiendo de Ryoga?

Así que la había visto...

Volvió a tragar, su garganta dolía. Tenía que pensar una excusa.

—Lo que pasa es que...

Ranma se acercó a ella poniendo las manos en sus hombros. Su cercanía hizo que el calor subiera por su cuello hasta su cabeza. Sus ojos azules eran penetrantes y querían atravesarla para sacar todas las verdades de su alma

—Dime la verdad, ¿te hizo algo? ¿Se está poniendo pesado contigo? Porque si es así yo...

—Ran-chan, espera —lo interrumpió. El aroma de su cuerpo la estaba enbriagando. Él siempre olía a sándalo—. No es necesario que digas más. De todos modos, yo podría llegar a cuidarme sola. Lo que yo quería es...

—U-chan, puedes decirme lo que sea. El otro día sé que se puso pesado y te llevó a casa —frunció el ceño—. Realmente no tengo nada contra Ryoga pero no me agrada que se te acerque tanto.

Los latidos de su corazón se aceleraron. ¿Podría ser que... Ranma estuviera celoso?

Sacudió su cabeza. Era ahora o nunca.

—Ranma, yo...

—¡Ranma! —la conocida voz de otra chica la interrumpió. No fue una gran sorpresa que Akane se acercara a ellos; la sorpresa fue que tomara la mano de Ranma entre las suyas y le sonriera dulcemente—. Ukyo, hola —le dijo cuando reparó en ella, y volvió a dirigirse a Ranma—. Te dije que me esperaras pero te fuiste, Ranma.

Él le dedicó una sonrisa que agitó dolorosamente el pecho de Ukyo.

—Lo siento, pero me pareció que U-chan estaba siendo acosada. ¿No, U-chan? ¿U-chan?... ¡Ukyo!

Las voces comenzaron a escucharse cada vez más lejos antes de que todo se volviera negro.

¿Cómo se encuentra?

Está estable. Tiene fiebre a causa de un resfriado.

No tendría que haber venido a la escuela en estas condiciones...

Akane, no te preocupes. U-chan es muy fuerte, se recuperará pronto.

Las voces se escuchaban a lo lejos. De alguna forma sabía que tenía los ojos cerrados pero, aún así, todo daba vueltas.

Eso espero... Ah, Ryoga.

Akane, ¿qué sucedió? Escuché que Kuonji se encontraba indispuesta.

Se desmayó a causa de la fiebre.

¿Y tú qué haces aquí, Ryoga?

¿Hibiki? ¿Qué diablos hacía Hibiki allí?

¿Por qué Akane estaba también?

Poco a poco comenzó a abrir los ojos. Tardó unos minutos en adaptarse al espacio hasta dejar de sentir que le explotaba la cabeza. Se encontraba en una de las camas de la enfermería, siendo rodeada por Ranma, Akane, la enfermera Higurashi y... Hibiki.

En ese momento cayó en que había hecho una de las cosas más dramáticas y vergonzosas que jamás creyó que le pasarían. ¡Se desmayó! ¡Frente a Ranma, además! Quién sabe la cara que tendría... O si se le cayó saliva por la comisura de los labios... O si hizo alguna otra cosa bochornosa.

Hibiki y Ranma que, estaban en medio de una discusión, se detuvieron al verla despertar. La enfermera Higurashi fue la primera en hablarle.

—Kuonji, ¿puedes llamar a alguien para que te venga a buscar?

Ukyo negó lentamente con la cabeza.

—Puedo vover a casa sola. Lamento las molestias.

—No puedes —intervino Akane—, es peligroso que te vayas sola en estas condiciones. No te ves nada bien.

Ella sabía que la preocupación de la más joven de las Tendo era genuina, pero no podía soportar escucharla. No ahora.

—Estoy bien...

—Yo llevaré a U-chan a casa.

Por más extraño que pareciera, tampoco quería estar con Ranma en esos momentos. No quería escuchar nada de lo que pudiera decirle.

—Yo lo haré —se sorprendió al ver que Hibiki se acercaba a ella—. No tengo inconvenientes en acompañarla.

—¿Tú? —increpó Ranma—. No lo creo, U-chan tampoco querr-

—Por mí está bien —su adolorida garganta se resintió por el esfuerzo, estaba tan avergonzada que no llegó a ver el rostro lleno de sorpresa de Ranma—, está bien si es Hibiki. No hay de qué preocuparse Ran-chan.

Ryoga caminaba a paso lento, ajustándose a ella. Kuonji se veía desorientada y muy mal. Su rostro se notaba demasiado pálido y podía verla temblar inteligiblemente.

En un principio iba a decirle que la cargaría, pero no quería que ella lo malinterpretara de alguna forma o pensara que era algún tipo de pervertido.

Tampoco iba a atentar contra su orgullo.

Todavía no sabía qué lo había llevado a ofrecerse para llevarla a casa. Tal vez al notar su incomodidad hacia Saotome lo había hecho interferir. Ella se veía miserable y él quería sacarla de allí cuanto antes.

Suspiró, su espíritu altruista algún día se las iba a cobrar muy caro. Aunque, a decir verdad, él tampoco se encontraba muy bien. Haber visto a Akane esos minutos fue demasiado doloroso, habiendo escuchado las novedades...

—Ya puedes irte, Hibiki —la castaña lo sacó de sus pensamientos —. No es necesario que sigas fingiendo acompañarme.

Ryoga frunció el ceño.

—No estoy fingiendo, dije que te llevaría a casa y lo haré.

Uhh, eso me suena bastante familiar, pensó rememorando lo sucedido la anterior noche cuando la había llevado a su casa.

Kuonji lo miró con ojos febriles y sólo siguió caminando en silencio. Dado el estado en el que ella se encontraba, no sería adecuado hablar de lo acontecido.

Ukyo intentaba seguir un paso estable, su cuerpo se sentía cada vez más pesado y era difícil continuar. Todo dolía demasiado. Con Hibiki a su lado, no podía seguir demostrando aún más debilidad. En apenas unos días le había mostrado a esa persona que no era nadie en su vida sus facetas más patéticas.

Era tan humillante...

Mientras subía unos escalones, sus piernas fallaron de repente y tropezó. Sin embargo fue detenida por un duro pecho masculino. Elevó el rostro encontrándose con el de Hibiki, quien la estabilizó y se puso en cuclillas.

—Sube, Kuonji —le dijo serio. Ella estaba por negarse, pero él continuó —. Va a ser más fácil si no discutes. Estás enferma así que no necesitas aparentar. Si te llevo, llegaremos antes a tu casa y terminaremos con esto, de modo que ya no tendrás que seguir soportando mi presencia.

Tragándose parte de su orgullo, Ukyo se acercó con cautela a su espalda, tratando de tener el menor contacto posible. Hibiki se quedó quieto un momento hasta que se levantó y comenzó a caminar con ella a paso ligero.

Ya no sabía si tenía que odiarlo más por todas estas situaciones o si debía sentirse agradecida.

—No tienes que estar tan tensa —la voz masculina retumbó en su pecho, provocándole un pequeño Respingo. Estaban demasiado cerca. Se alejó lo más que pudo, nuevamente. Lo oyó suspirar.

¿Por qué eres amable conmigo?, quería preguntarle; sin embargo temía que le dijera que era por lástima o algo humillante, así que prefirió ir en silencio.

Tenía que admitir que Hibiki tenía una espalda bastante ancha y olía bien. Se sentía avergonzada por esos pensamientos, teniendo en cuenta que ese chico no le gustaba para nada.

En menos tiempo del que imaginó, llegaron. Ukyo se bajó de la espalda del joven como si quemara, trastabillando a su paso.

Abrió la puerta de su casa y, mirando al suelo, murmuró un leve "gracias", cerrando la puerta en sus narices.

—Y eso fue lo que pasó...

—¿En serio? —Ranko, que había ido a verla esa tarde, sonrió con malicia—. Así que te besuqueaste con Ryoga Hibiki. Wow, qué revelación.

—¡No lo digas así! —exclamó Ukyo con las mejillas rojas—. Suena tan sucio...

—Dime, U-chan, ¿qué tal besa?

—¡Yo qué sé! No es como si estuviera en mis cabales de todos modos...

Ranko elevó una ceja.

—La verdad es que Ryoga no está nada mal, es bastante atractivo de hecho. Sólo que demasiado tímido para mi gusto.

—Hibiki es la menor de mis preocupaciones en este momento...

Ukyo sirvió del té que había preparado la pelirroja y oscureció la mirada. Tenía mucho miedo de preguntar.

—Lamento todo lo que pasó con mi hermano —Ranko la tomó de las manos y la obligó a que la mirara—. Yo sabía que se estaba completando extraño últimamente y debí habértelo dicho, pero estabas tan contenta y entusiasmada con todo que temía desilucionarte. Aunque ahora pienso que debí habelo hecho...

—Pero no lo sabías —Ukyo le ofreció una sonrisa sincera. Sabía que muchas veces Ranko se había sentido responsable de las acciones de Ranma—. Sé que nunca harías nada para herirme.

—Nunca —aseguró, mirándola directo a los ojos—. Pero ahora mismo tengo que decirte algo que, quizás supones, y que te lastimará igualmente.

Ukyo supuso dónde se dirigía la conversación.

—Están saliendo, ¿verdad? —Ranko asintió sin dejar de observarla. Y era cierto que saber que era verdad dolía, sin embargo se había prometido a sí misma no darse por vencida—. Lo supuse al verlos hoy pero... Yo... Hoy me pareció ver a Ranma celoso —la pelirroja la miró con desconfianza y ella continuó —: es cierto, hoy cuando estaba escapando de Hibiki, Ranma me encontró y se comportó protector conmigo. Quizás es su manera de demostrar las cosas. No soy tonta, el hecho de que está con Akane ahora no es insignificante porque quiere decir que a mí no me veía de esa manera. Pero... ¿Y si esos sentimientos comienzan a despertar ahora? ¿Y si los celos lo llevan a darse cuenta de que podemos ser más que amigos?

Ranko pareció sopesar sus palabras.

—Entiendo que no quieras darte por vencida, pero ¿sabes que, si no resulta como lo Imaginas, puedes salir muy herida, verdad? —Ukyo asintió y Ranko suspiró—. Si es así, entonces tengo una idea...

Hola! Gracias por leer!

Acá les dejo otra pequeña parte. Quería que fuera más largo y dejarlo en determinada situación, pero eso me iba a tomar unos días más, así que por ahora, vamos con esto.

Saludos!