«Una vez escuché decir a alguien: "Venimos solos a este mundo y así es como nos iremos". ¿Es realmente así? Pienso que cuando nacemos, traemos con nosotros todos los sentimientos de las personas que nos esperaban; y cuando llegue el momento de irse, sea el que sea, nos llevaremos todas las experiencias vividas junto con el arcoiris de sensaciones que fuimos capaces de vivir.

Si lo ves de esa manera, no suena tan solitario… ¿o si?»

Ryoga respiró profundo, tratando de reunir todo el valor que era capaz.

Habían pasado dos días en los que no supo nada de Kuonji. Seguramente se estaría recuperando del resfriado en su casa y como no era demasiado cercana a ninguna persona de su clase, nadie sabía nada.

Hasta ese día, pensó observando como el sol matizaba los colores del atardecer.

Ranko, la hermana de Ranma y una de las chicas que más nervioso lo ponía por su descarada forma de ser, se había acercado a él para pedirle el favor de que le hiciera llegar a su "pobre amiga U-chan" los puntes de los últimos días, a modo de que no se atrasara en sus estudios, ya que ella estaba -según sus propias palabras-, demasiado atareada para llevárselos. Y como él era un idiota que no podía negarse a ningún favor, sobre todo a las chicas, accedió sin ninguna oportunidad de escapar.

En esos momentos, se encontraba yendo a paso de tortuga a la casa de Kuonji quien, ya más recuperada, no tenía idea de lo que le haría.

Quizás esa era la mejor oportunidad que tendría para hablar con ella y aclarar cualquier malentendido que hubiese podido quedar entre ellos. Lo que no quería decir que estuviese preparado. Después de todo, era un cobarde, ¿eh?

Una triste sonrisa irónica tiró de la comisura de sus labios; cuando se enteró que, efectivamente, Akane y Ranma estaban saliendo, no pudo hacer nada. Un "felicitaciones" salió de sus labios antes de que siquiera pudiera pensarlo y eso fue todo. No se opuso, ni confesó sus sentimientos hacia Akane, ni siquiera hizo nada para tratar de luchar… tan sólo lo dejó pasar. Sin hacer nada más que sentirse un imbécil.

Por todos los rumores que escuchó, aparentemente hacía ya un tiempo que las chispas saltaban entre esos dos pero ambos eran demasiado orgullosos para sincerarse. Hasta ahora...

Intentó concentrarse en otras cosas esos días y no ver demasiado a Akane. Realmente no sabía bien qué hacer ni qué decir…

Además había otro rumor que escuchó de pasada que lo dejó un poco preocupado, más que nada, por la reacción de Kuonji...

Más pronto de lo que le habría gustado, llegó al Uchan's. Tomó todo el aire que podían abarcar sus pulmones y lo expulsó lentamente.

Al tocar el timbre de la casa, contuvo el aliento. Esperó unos segundos hasta que escuchó unos suaves pasos acercarse a la puerta.

Kuonji apareció muy pronto en su campo de visión con una expresión de sorpresa.

—Hibiki. ¿Qué haces aquí?

Ryoga se rascó la cabeza distraídamente.

—Yo… vine porque Saotome… Ranko Saotome —aclaró—, me pidió que te acercara los apuntes… emm, lo siento por no avisar.

Una expresión de algo que no pudo descifrar atravesó el rostro de la joven.

—Ya veo…

—Bueno, umm creo que ya me voy —Ryoga se dio la vuelta dispuesto a irse pero la voz de Kuonji, llamándolo, lo retuvo—, ¿si?

—Hibiki, ¿y los apuntes?

El calor subió a su rostro cuando se percató de que aún los llevaba en la mano. Se volvió para entregárselos y se sorprendió al escuchar que una pequeña risa se escapaba de los labios de la chica.

—Gracias. Ya que te tomaste la molestia de venir aquí, pasa por favor a tomar algo de té —Ryoga se extraló ante su hospitalidad, estaba por negarse, hasta que ella añadió —: Tengo algo que tratar contigo.

Entonces supo que no había escapatoria.

*.*.*..*.*...*.*...*...**.*.*/*.*...*

Hibiki se sentó en el sofá del living, mientras ella fue a preparar el té.
Trató de calmar los latidos de su corazón, mientras pensaba cómo abordar el tema. Era la segunda vez que ese chico estaba en su casa... solos. Contando lo que había sucedido la primera vez, su tranquilidad mental estaba muy lejos de ser Hibiki, después de todo, pero no dejaba de ser un hombre. Y, considerando lo que tenía que decirle, podrían llegar a malinterpretarse muchas cosas.

Cuando fue al comedor, lo vio sentado, con la espalda recta y tensionada; no pudo reprimir una pequeña sonrisa al verlo como a un niño pequeño esperando la reprimenda de su madre.

Tomó una gran bocanada de oxígeno y caminó a paso firme hacia él. La incomodidad y tensión podían cortarse con un cuchillo.

Ukyo sirvió el té y esperó a que él bebiera un poco antes de comenzar a hablar. Todavía no sabía cómo abordar el asunto sin sonar ridícula. Aunque tampoco estaba convencida del todo…

—Esto, yo…

—Kuonji, antes de que digas nada, déjame disculparme por el comportamiento fuera de lugar del sábado… —desde su cuello podía verse el sonrojo que se había apoderado de su rostro. Ukyo sintió su cara caliente también, pero trató de mantener una superficie calma. Tenía que hacerle ver que no había significado nada lo sucedido aquella noche—. No sé qué pasó… quiero decir, ¡sí sé qué sucedió! Pero yo no quería hacerlo contigo —su rostro se puso aún más rojo si se podía —. ¡No es que tuvieras algo malo! No es eso lo que quiero decir…

Ella sintió algo de confianza. No era difícil sentir que tenía el control estando con Hibiki. Él ya estaba demasiado nervioso por los dos, y su demonio interno tomó el control, jugaría un poco con su tímido compañero.

—Entiendo que yo no te importe, no es como si ya no lo supiera. Sé que era la única chica aquí y, con las emociones descontroladas, no importara qué tan horrible estuviera…

—¡No es nada como eso! ¡Estabas hermosa esa noche! —como si hubiera caído en lo que decía, escondió los ojos detrás de su flequillo—. Nunca fuiste el problema. Es que… me sentía tan… tan triste, tan fuera de lugar. Y tú —la miró directo los ojos, con un sinceridad tan pura que ella casi se sintió mal por burlarse. Casi—. Tú también te sentías así… supongo. El momento nos superó a ambos y pasó ese…. Ese suceso tan extraño. Por eso me quería disculpar, por faltarte el respeto de esa manera.

Hibiki se puso de pie, dispuesto a irse, y Ukyo lo detuvo tomando su brazo.

—Nosotros podemos estar juntos.

Él la observó con confusión y ella quiso golperarse a sí misma por haber dicho eso de manera tan confusa.

—Kuonji...yo amo profundamente a Akane y eso no va a cambiar. Nunca.

¡Ahhhh! ¡Como si a ella le importara un bledo sus sentimientos! Se sintió furiosa y avergonzada de haberse explicado tan mal.

—Y yo amo a Ranma, tú, idiota.

Se sonrojó al decirlo en voz alta. Siempre le había dado vergüenza expresar sus sentimientos.

El joven pareció aún más pedido de lo que ya estaba. La observó con sus ojos verde oscuro.

Parece un cachorro abandonado, fue el pensamiento que atravesó a Ukyo.

—Sé lo que sientes por Saotome, no estoy tan ciego. También sé que no te caigo mucho en gracia, así que no te enfades porque pienses que entendí otra cosa.

Ukyo bufó molesta. Bien, aparentemente el chico no era tan estúpido. Pero odiaba sentir que veía a través de ella.

—Mira, el hecho de que no te soporte no quiere decir que no pueda aliarme contigo —él frunció el ceño, sin mediar palabra—. Tengo que proponerte algo, así que siéntate.

—Así estoy muy bien, gracias.

—Como quieras —ella misma se sentó y tomó la taza de té en sus manos para que la calidez le diera algo de valor. Se repitió mentalmente que era Hibiki de quién hablaba, pero igualmente, no sería fácil soportar la vergüenza de que la vieran a su lado—. Necesito que finjamos salir juntos —él seguía viéndola sin reaccionar, así que agregó —: Quiero que finjas ser mi novio.

Lo observó de reojo mientras fingía tomar té tranquilamente. Los ojos verdes de Hibiki casi salieron de sus órbitas. Cayó para atrás, quedando sentado en el sillón. Te lo dije, pensó Ukyo.

Su cara de estupefacción le habría dado mucha gracia de no haber tenido que controlar los salvajes latidos de su corazón.

—¿Qué quieres decir?

—Creo que fui bastante clara.

—Pero… la pregunta en realidad es, ¿qué ganarías con eso?

—Querrás decir lo que ambos ganaríamos —él seguía sin comprender, así que ella prosiguió—: El asunto es… que quizás, si mostráramos que salimos juntos, Ranma y Akane se den cuenta de que nos están perdiendo y, entonces, romperán, sabiendo que nadie más los querrá como nosotros y abrirán los ojos a los sentimientos escondidos de los que nunca se percataron hasta que estuvieron a punto de perdernos.

A sus propios oídos sonaba bastante… irreal, pero si cabía una posibilidad, por mínima que fuera, no la perdería.

—¿Te das cuenta de lo absurdo que es? —su voz sonó más ronca de lo usual—. Ellos siempre nos han visto, ¿qué importaría ahora si hacemos que salimos?

—¿Eso quiere decir que ya no te importa? ¿Que verás a Akane de lejos como un patético perdedor?

—No —Hibiki apretó los puños. Ukyo no sabía decir si estaba enfadado o confundido—. No me daré por vencido con Akane, lo que siento es real —posicionó su mano en el pecho—. Sin embargo no creo que ésta sea la manera…

—Entonces si se te ocurre otra cosa, ilumíname, genio.

Sus miradas se encontraron. La furia podía verse en los ojos azules, mientras que los verdes se debatían entre la moral, el enojo y la frustración.

—¿Qué te hace pensar que funcionará? —indagó finalmente.

—No lo sé, sólo puedo especular —ella se agarraba con todas sus fuerzas de ese pequeño resquicio de celos que vislumbró en Ranma. No podía decir nada por Akane, ya que no la conocía demasiado, pero tampoco le importaba mucho. Podía decirse que estaba siendo egoísta, ¿y qué? Jamás lo había sido, y no es que Hibiki fuera santo de su devoción—. ¿Nunca escuchaste el dicho «No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes»?

—Sí pero… —su expresión se tornó pensativa—. ¿No sería algo egoísta engañarlos así?

¿Por qué diablos tenía que plantearle su idea justo a don "moralidad"?

—Lo es. ¿No estás dispuesto a recuperarla?

—Ya te dije que sí, pero…

El temperamento de la joven se disparó.

—¡Pero, pero, pero! Ya estoy cansada de tus "pero". ¿Por qué no puedes ser un hombre una vez en tu vida y tomar una decisión? ¿Siempre fuiste tan indeciso? —frustrada, se puso de pie y agregó —: Con razón Akane eligió a un hombre de verdad como Ranma.

—¿Un hombre de verdad? —vio que los hombros de Hibiki comenzaron a temblar. Genial, ahora tendría que tolerar sus lágrimas—. ¿Saotome un hombre de verdad? — él clavó su llameante mirada en ella y, con asombro, descubrió que no era llanto, sino rabia lo que podía ver en esos ojos que ahora la intimidaban—. ¿Piensas que Saotome es un hombre aún cuando te abandonó para ir en busca de otra chica? ¿Eso es un hombre para ti?

Ukyo apretó sus puños a los costados de su cuerpo. ¿Quién se creía que era?

—No me interesa lo que digas, estás celoso porque Ranma siempre fue mucho mejor que tú. En todo.

—¡Por supuesto que estoy celoso de que tenga a Akane! Lo que no quita que sea un canalla —él se levantó acercándose a ella. Ambos quedaron frente a frente—. ¿Lo dejarás pasar? ¿Permitirás que te utilice de esa manera?

—¡Ranma no es tan retorcido como para haber planeado utilizarme! —lo atravesó son sus ojos azules como cuchillas—. ¡Y a ti qué demonios te importa si me utilizan o no! No somos amigos ni lo seremos nunca. En todo caso, preocúpate porque Akane esté con un posible manipulador y coopera conmigo.

—También me preocupas, Kuonji.

Ella se sintió insultada.

—¿Qué eres? ¿Un caballero de brillante armadura? —pinchó con un dedo su duro pecho—. Déjame decirte que no soy ninguna damisela en apuros. No necesito ni quiero tu preocupación —viendo las facciones masculinas, comprendió algo que la hizo enfadar aún más si era posible—. ¿Te crees responsable de mí sólo porque nos besuqueamos un poco?

Si no estuviera tan enojada, sus propias palabras le causarían vergüenza. Hibiki desvío su mirada con las mejillas arreboladas.

—Claro que no…

Ella no le creía ni un poco. Lo empujó, haciendo que retrocediera y ella ganó terreno arrinconándolo contra el sofá.

—¡Claro que sí! ¿Eres mi ángel de la guarda, acaso? ¡No puedo creerlo! ¿En qué época crees que estás? —ella seguía empujándolo—. ¡Ohh, qué barbaridad! ¿Cómo osas visitar a una mujer sola sin acompañante?

—Es que… Ranko me pidió…

—¡Estoy siendo sarcástica, idiota! —le dio un último empujón que lo sentó nuevamente en el sofá—. Lo que pasó no significó nada. ¡Sólo fueron un par de simples besos! —los primeros para ella pero él no tenía por qué saberlo—. No es como si fueras la mejor opción. ¿Puedes dejar, al menos conmigo, esa imagen de niño bueno? Me vuelve loca.

Si ella buscaba hacerlo enfadar de verdad, lo estaba consiguiendo. Él se puso de pie, sin importarle lo cerca que estaban, sus pechos casi se tocaban, y Ukyo podía sentir su aliento cálido sobre su rostro.

—Mira, Kuonji, no sé con quién has tratado, o cómo se han comportado contigo pero a mí me enseñaron a tomar responsabilidad sobre mis acciones, sean las que sean —lejos se había ido el sonrojo, él no le gritaba, pero sus palabras sonaban serias al igual que su voz más ronca—. Y sí, me siento mal por haberte… utilizado esa vez. No era yo, no estaba en mis cabales y me siento culpable. No te utilizaré esta vez para algo como intentar ganarme el amor de Akane con una mentira así.

¿Era sordo o tal vez sólo idiota?

—¿Por qué no me escuchas? Nunca me utilizaste, a lo zumo, ambos nos utilizamos. Y lo mismo sería ahora —Hibiki suspiró y la apartó con suavidad del camino para ir hacia la puerta. Ella le siguió los pasos, no podía dejar esto así. Él se detuvo un momento para ponerse los zapatos—. ¿Qué es lo que te detiene? ¿De verdad te preocupas tanto por los demás?

—Sí, soy un idiota. Lo sé —abrió la puerta, volviéndose hacia ella. Si había estado enfadado, ya no se le notaba—. Lo siento, Kuonji, mi respuesta es no.

Y se fue, dejándola ahogarse con su propio veneno. Ni podía tragarse esa faceta tan altruista. Nadie podía ser tan bueno… o tan estúpido.

Pateó el suelo con rabia. ¡Maldito Hibiki, lo había arruinado todo!

Ahora no tenía a nadie que pudiera hacer ese papel. Fue hacia su comedor y se preguntó cuál habría sido el error. A lo mejor no trató el tema con el tacto que necesitaba o el enfoque para no dañar la sensibilidad del estúpido de Hibiki.

Con un suspiro pensó que tendría que llamar a Ranko y contarle las malas noticias. A lo mejor a su amiga se le ocurría alguna otra idea…

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«Quizás si te pones tu uniforme femenino y expones un poco más tus encantos, podrías atrapar al chico que quieras. Aunque no serán tan inofensivos como lo es Ryoga»

Leyó por centésima vez el último mensaje que le había enviado Ranko la noche anterior, luego de su extensa charla.

Para ser sincera, no se veía a si misma coqueteando con un muchacho. No sentía la confianza y tampoco se consideraba lo suficientemente bonita como para «atrapar a cualquier chico» como le decía Ranko. Claro que con su amiga era muy distinto. Era más atrevida, y sus rasgos parecían los de una delicada y bella muñeca. Ranko nunca había sabido lo que era ser una chica del montón o con una apariencia normal como la de ella.

Suspiró, por extraño que fuera, el día había pasado rápido. No se había cruzado con Ranma ni con Akane. Tampoco había mediado palabra con Hibiki. No es que ellos fueran partidarios de charlar, pero dado a lo que sucedió el día anterior, entendía que había mucho por decir. Aún cuando ella tampoco se le había acercado, exactamente.

Su mirada paseó distraídamente por la ventana que daba a los jardines de la escuela. Había algo que la estaba haciendo sentir incómoda y eran las miradas furtivas que le lanzaban algunos compañeros de clase, tanto hombres como mujeres. Ciertamente ese día había ido con su uniforme femenino, pero la hacían sentir desnuda e insignificante.

La campana que indicaba el final de las clases sonó y ella sintió que un enorme alivio le recorría el cuerpo. Aún no había decidido qué hacer y eso la abrumaba. Tendría que pensar detenidamente su próximo paso, sin embargo tampoco podía perder mucho tiempo.

Recogió sus cosas y salió rápidamente. Hoy tendría que abrir su restaurante, así que se despidió de Ranko y fue a los casilleros a buscar sus zapatos.

—Miren a quién tenemos por aquí —una joven de cabello morado apoyó su hombro en su casillero con los brazos cruzados, impidiendo que lo abriera—. ¿Qué se siente ser una perdedora?

Shampoo. Lo único que le faltaba.

No te enfades. No le des el gusto. No entres en su juego.

Aún cuando repetía esas palabras en su mente, su temperamento salió a flote.

—No lo sé —una sonrisa viperina surcó sus labios—. Dímelo tú.

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—Vamos, Ryoga, ¡cuéntanos!

—Ya les dije que no hay nada que contar —repitió una vez más—. No sé qué quieren que les diga.

—¿Qué queremos? —Tatsuya se puso al frente cortándole el paso—. Queremos saber si los rumores son ciertos. Dicen las malas lenguas que estuviste en casa de Kuonji dos veces. Ambos estaban solos porque todos sabemos que ella vive sola —su tono se volvió sugestivo, molestándolo—. ¿Vas a decirnos que no pasó nada?

—Nada —su tono serio no dio lugar a réplicas. Apartó a su compañero para seguir su camino—. No entiendo por qué la gente no se ocupa de sus asuntos y dejan a los demás tranquilos.

—Pues parece que lo que hacen los demás es muy interesante...

Sus compañeros estaban viendo algo muy ensimismados.

No fue hasta que siguió sus miradas que vio a dos chicas en los casilleros. Se sorprendió al ver que una de ellas era Kuonji ya que, usualmente, tenía un perfil bajo y no buscaba pleitos con nadie. Aunque cuando distinguió a la otra joven lo comprendió todo. Shampoo. Esa chica siempre lo había puesto nervioso. Su personalidad era demasiado osada, demasiado perversa.

Sin poder evitarlo, se acercó a ellas. Se dijo que su casillero estaba en ese camino, no es que estuviese preocupado. Claro que no.

—¿A quién le dices perdedora? —chilló Shampoo.

—¿Ves a otra por aquí aparte de ti? —Ryoga se sorprendió ante el tono venenoso de Kuonji. Quién lo diría… aunque no debería sorprenderle, ya que ella nunca había sido demasiado amable con él, pero sí con los demás…

—Tú… —la expresión de rabia de Shampoo fue reemplazada rápidamente por una cínica —. Nunca pensé que fueras ese tipo de chica —Kuonji frunció el ceño—. Te muestras como una mojigata, tontamente enamorada de Ranma pero luego te besas y vas a casa sola con otro chico. ¿Cómo llaman a las chicas como tú?

Ryoga presionó los puños hasta dejarlos blancos… resultaba ser cierto que estaban circulando rumores desagradables y estaban manchando a Kuonji. Todo por su descuido. Iba a interponerse en ese instante al ver la mirada avergonzada en el rostro de la castaña, pero Tatsuya lo tomó fuertemente del brazo. Ryoga le lanzó una furiosa mirada.

—¿Qué haces? —gruñó.

—Deja que ella se defienda.

Ryoga iba a decirle que se fuera al diablo cuando escuchó:

—¿No sientes que se te quema la lengua al decir eso? —los ojos azules de la joven prometían guerra—. Estás saliendo con un chico y, sin embargo, persigues insistentemente a otro —puso un fino dedo sobre su mejilla, fingiendo meditar—. ¿A eso no se le llama ser, teóricamente hablando, «zorra»?

—¿¡Qué dices!?

Shampoo arremetió contra ella pero alguien se interpuso. Levantó su fino rostro para encontrarse con Ryoga Hibiki quién la tomaba delicadamente de las muñecas.

—Creo que es suficiente —le dijo con seriedad—. No es correcto molestar a nuestros compañeros.

—¿Tú qué sabes? —escupió Shampoo, soltándose bruscamente de su agarre.

Por atrás Kuonji trataba de apartarlo. ¿Es que acaso querían hacer una escena innecesaria? ¿Por Saotome? Mujeres...

—Eso, Ryoga —entre la multitud que se había juntado en tan sólo en unos segundos, Tatsuya se levantó lentamente del suelo. Él lo había lanzado hacia un lado para defender a Kuonji—. Dinos qué tienes que ver tú en todo esto.

Lo odió en ese momento. Ya podría darle una paliza después.

Sintió que su rostro se acaloraba al acaparar todas las miradas. ¡Maldito Tatsuya!

Supo entonces que no tenía escapatoria. Tomó la mano de Kuonji entre las suyas, dejándola anonadada.

Llenó de aire sus pulmones y dijo alto y claro:

—Kuonji y yo estamos saliendo. ¿Hay algo malo con eso?

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Aún tomados de la mano, caminaron un par de cuadras, alejándose del edificio de la escuela.

Kuonji quitó su mano, furiosa.

—¿Dónde dejaste estacionado tu caballo blanco?

Él la miró por el rabillo del ojo y siguió caminando.

—¿Cuál es el problema? Tienes lo que querías, ¿no? Ahora todos piensan que somos novios.

—No así. No tenías que dejarme en ridículo. Podía cuidarme sola. ¿Cuándo vas a entender que no soy ninguna damisela en apuros?

—Si lo sigues repitiendo, tal vez tú te lo creas —ella chilló y él cerró los ojos dándose cuenta de lo afilado que había sido su comentario—. Sólo pensé que fue lo mejor. En realidad no lo pensé, actué.

¿Qué podía hacer? Si él no decía que era cierto, la reputación de Kuonji sería de lo peor. Sabía que era una chica fuerte, pero no se merecía ser marginada por algo que no había hecho, sólo porque otra muchacha hubiera creado esa imagen de ella. No lo vio justo e hizo lo que estaba a su alcance para ayudar. Aunque esa nunca hubiera sido la idea.

—¿Te alcanza el tiempo? Digo, no es fácil ir salvando gente por ahí —ella se puso en su camino y tiró de su uniforme—. ¿Acaso tienes algo así como un traje de Superman debajo de la ropa?

Ryoga tensionó la mandíbula y agarró la mano femenina que tiraba de su ropa. Esta vez no fue delicado, su agarre era lo suficientemente fuerte para que ella no se soltase.

—¿Qué quieres de mí? —masculló. Se había cansado de ser tratado como basura. Su padre siempre le había enseñado que las chicas debían ser consideradas delicadas flores, pero todo tenía un límite—. Ayer me propusiste este descabellado plan y una vez que, de alguna manera, lo acepto, te comportas como si yo fuera un estúpido y no fuera esto lo que querías. Actúas como si fueras tú la única dolida en todo esto, cuando la chica que amo se encuentra en los brazos de mi rival —Kuonji lo observaba en silencio, así que la soltó y se alejó de ella—. Me dijiste que yo te volvía loca pero, ¿cómo crees que me haces sentir? Ahora no sé si querías que aceptara o no. ¿Qué quieres de mí, Kuonji? ¿Lo sabes, siquiera?

Y como si realmente no esperara respuesta, como si supiera que ella no tenía nada con lo que defenderse, se alejó, dejándola sola.

Ukyo ocultó sus ojos en su flequillo. La mirada herida y frustrada que él le había dedicado la traspasó. Hibiki era un idiota, sino… ¿cómo podría explicar que fuera tan transparente con sus emociones? ¿Por qué se exponía de esa manera, sabiendo que podían usarlo en su contra para lastimarlo?

Dado su accionar de los últimos días, ella era la primera en la lista.

Fue entonces que comprendió que se había comportado como una completa imbécil.

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Histérica. Creo que es esa la palabra que buscas.

Ukyo se tiró en su cama, frunciendo el ceño. Presionó el teléfono con fuerza en su oreja.

—Vaya, gracias —le dijo a Ranko quién rió del otro lado de la línea.

Sabes que te adoro, pero tienes que admitirlo. Ryoga, aún así, fue un caballero y solamente te dijo que lo estabas volviendo loco —Ukyo se mordió el labio inferior—. El pobre realmente estaba siendo tu Superman, sacándote de los aprietos y tú, en vez del beso del final de los cuentos, le escupes en medio del rostro. ¿No crees que no es ese final el que la gente quiere comprar?

—¿Quieres decir que me estás rebajando al nivel de la inútil de Luisa Lein? —Ranko volvió a reír—. Bueno, tal vez tenía los nervios de punta con lo que sucedió con Shampoo y me la agarré con el primero que se me cruzó.

Tú no eres así. A pesar de que tengas problemas, nunca te la agarras con nadie. Nunca lo hiciste conmigo, que tienes más confianza que con cualquiera. Menos con mi hermano. ¿Por qué Ryoga?

Ella también se lo preguntaba. ¿Por qué Hibiki?

Ahora que lo veía con cierta perspectiva, él siempre la había respetado y había sido muy amable. Aún cuando ella siempre le había —casi— ladrado.

—No lo sé —respondió finalmente con un suspiro—. Es fácil agarrárselas con él porque… porque…

¿Nunca dice cosas hirientes? —sugirió la pelirroja.

—Sí, eso —de todos modos, pensó que no era del todo cierto, ya que un par de cosas que le había dicho la última vez que estuvo en su casa llegaron a dolerle, pero sólo porque eran verdad. Sin embargo él, al instante, se arrepentía y lo suavizaba—. Dime la verdad, me comporté como una bruja, ¿no?

Escuchó un silencio del otro lado. Sabía que Ranko se divertía a su costa. Con amor, claro.

Pues, a ver… entre la bruja de "La Sirenita", " Blanca Nieves" y "Cenicienta", diría que eres la última.

—Pero la mala de " Cenicienta" no era bruja…

Pero se comportaba como tal.

No pudo aguantarlo y ambas rieron.

—Si no conociera tu extraño humor, pensaría que me estás insultando.

Jamás —escuchó que llamaban a Ranko para cenar—. ¡Sí, ya voy! Escucha Ukyo, pienso que tenemos que darle su merecido a Shampoo. No la soporto.

Lo pensó un segundo y negó con la cabeza.

—Si le hacemos frente ahora, no tendría sentido. Le haría saber que lo que dijo me molestó demasiado y no quiero que lo sepa. Sin mencionar que mi Príncipe Azul me salvó, ¿recuerdas?

Tienes razón. ¡Y vaya Príncipe! —Ranko chilló como niña y la hizo reír. Sólo ella podía hacerla reír así—. ¿Viste lo anchos que son sus hombros, no? No me puedes negar que está como para comérselo.

Uhgg… no. Realmente no había pensado en eso.

—Ve a comer, Ranko.

¡Hey, al menos tienes que darle una mirada! Tienes ojos, mi hermano no pudo haberte cegado —la mención de Ranma hizo que su corazón se acelerara dolorosamente—. Y también creo que le debes una disculpa. Sinceramente.

Ella también lo creía. Pero ¿cómo? Siempre que hablaba con él, nada bueno salía de sus labios.

—De acuerdo. Lo haré… de alguna manera.

Bien, recuerda el final que quiere la gente.

Ukyo sonrió divertida.

—¿Cuál es ese final?

Es el final donde comienza el principio. Donde la Princesa es besada amorosamente por el Príncipe y…

—¿Y viven felices para siempre? —interrumpió.

No. —el tono de voz de Ranko se volvió pícaro—. Es cuando luego van a hacer lo que todos sabemos que hacen en la alcoba, que no muestran los conocidos cuentos para niños.

—¡Ranko! —se sonrojó, aún cuando nadie podía verla. Escuchó a su amiga largar una risilla—. Creo que Walt Disney nunca dio a entender eso. Debe estar revolcándose en su tumba por tu culpa.

Pues debería haber hecho una versión para adultos. En fin, Ukyo, nos vemos mañana. Buenas noches.

—Buenas noches.

Dejó su celular en la mesita de luz y puso un brazo sobre sus ojos.

Ranko tenía razón, tendría que disculparse con Hibiki, aunque fuera para tener la conciencia tranquila. Quizás no fuera con palabras, a lo mejor podría hacerlo de otra manera…

Sus pensamientos, entonces, fueron hacia Ranma, sus alegres ojos azules aparecieron en su mente. No le había preguntado a Ranko por él, recordó con algo de sorpresa, girando su cara hacia el celular. ¿Él ya lo sabría? Que supuestamente estaba saliendo con Hibiki…

¿Cómo reaccionaría? Todavía se sentía algo confusa hacia ese asunto. Le dolía profundamente todo lo que había sucedido, y —aunque muy pequeña—, su corazón guardaba una pizca de resentimiento hacia Ranma por haberla dejado sola ese día. No había querido admitirlo, pero Hibiki en eso había tenido razón. Y por ello lo odiaba.

Aún no lo conocía en lo absoluto, pero imaginó que él nunca le hubiera hecho eso a ella ni a nadie. El muy tonto… seguramente habría estado toda la noche con una cita que no quería…

Sacudió la cabeza, quitando esos pensamientos. No conocía realmente a ese chico, así que tampoco podía sacar conclusiones aceleradas.

Con un suspiro, se levantó y observó las estrellas por su ventana. Todo sería como tuviera que ser. Ella sólo debía ser paciente.

Tomó una cinta de su escritorio y se ató el cabello en una coleta alta. Por el momento, tendría que comenzar por lo primero.

Una sentida disculpa.

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Holas! Cómo les va?

Antes que nada, mis disculpas por la tardanza. Las ideas en este fic están completas en mi cabeza, pero a veces la falta de tiempo o ganas me jugaba en contra. Más que nada porque, dentro de todo, me gusta hacer entregas de calidad y soy muy autocrítica. No soporto algo que no esté bien escrito. Aunque puede que tenga algunos errores pero en fin… somos humanos jajaja.

Bueno, hubo avances! Espero haberlos entretenido. Mucha interacción RyogaxUkyo. Ay, amé a este Ryoga ( a medida que escribo, él va tomando su propia personalidad, más allá que previamente hubiera pensado las escenas). Lo mismo pasa con Ukyo con quién —a pesar de comportarse como una verdadera imbécil —, me estoy sintiendo un poquitin identificada. ¿Quién alguna vez no tomó a alguien como su saco de boxeo? Por ahora, Ryoga está siendo demasiado paciente. Es un chico caballeroso y muy responsable al que es muy fácil hacer sentir culpable. Aunque muchas cosas no sean su culpa, sino simples hechos ocurridos en ocasiones inesperadas.

Sin embargo Ukyo entró en razón, ella en el fondo sabe que Ryoga es un buen chico. Y es eso lo que la desquicia. Nadie puede ser tan bueno y desinteresado, ¿o sí?

Por otro lado, la conversación entre Ranko y Ukyo. Sí, la tengo con Superman y Disney. Jajaja. No sé ustedes, pero siempre que hablo con mi mejor amiga —es casi una sesión terapeutica—, me doy cuenta de muchas cosas o puedo ver otras desde un punto de vista distinto. Me gusta mucho su amistad.

Y en este capítulo no vimos rastro ni de Ranma ni de Akane. No preocupéis, pronto los verán y también sabrán por qué nuestros protas están tan enamorados de ellos, ya que no sólo podemos mostrar las buenas cualidades de nuestros dos favoritos.

En fin, muchas gracias por leer si llegaron hasta acá y el próximo seguramente estará pronto (si el tiempo ayuda también) porque me siento inspirada…. Jaja

Saludos!

S.M.B.