Disclaimer: Los Weasley siguen siendo de Rowling, pero estoy haciendo todo lo que puedo.

Y aquí está el segundo capítulo.

Creciendo con los Weasley

II

Ginny quería mucho a Fred. Porque Fred siempre la hacía reír y siempre estaba ahí para ella, aunque a veces sus hermanos la dejaran sola y no le permitieran jugar con ellos. Pero cuando Fred se enfermaba, era el peor de sus hermanos.

Vio cómo mamá salía de la habitación de los gemelos, llevando la bandeja con la comida de Fred. Ginny arrugó la nariz. No la dejaban entrar a la habitación, para que no se contagiara. Aunque Fred sólo tenía gripe, mamá decía que no estaba dispuesta a que ninguno de los demás se enfermara también. Incluso había enviado a George a dormir con Ron para evitar contagios.

Desde la cocina, la niña podía escuchar a su madre lavando platos. No volvería a subir por un buen rato, porque pronto sería la hora del té y los demás tenían hambre. Ginny decidió que era el momento adecuado.

Tratando de no hacer ruido, se acercó a la puerta y la abrió. Fred estaba sentado en su cama, mirando una historieta de Martin Miggs, el muggle loco con gesto aburrido. Al ver que la puerta se abría, el chico se apresuró en dejar la revista a un lado y enterrarse entre las sábanas.

—Fred, soy yo —dijo Ginny acercándose a la cama y mirando a su hermano con la cara ladeada—. Mamá está lavando los platos.

—Bien. Me muero de aburrimiento. ¿Dónde está George?

—Él y Ron fueron a jugar afuera. ¡Está nevando! —exclamó Ginny subiéndose a la cama de su hermano y sentándose con las piernas cruzadas.

—¿Y por qué tú no saliste? —preguntó él.

—Porque no quiero. No me gusta el frío —repuso la niña—. Y quiero jugar al snap explosivo contigo.

Fred le sonrió. El snap explosivo era su juego favorito y era el mejor de todos los hermanos para él. Ginny era la única que lograba jugar con él durante más de un par de minutos sin terminar con las cejas quemadas. Ron y George siempre decían que el juego era una pérdida de tiempo, aunque sólo fuera porque eran incapaces de hacer parejas sin que las cartas estallaran en sus caras.

—¿Y supongo que mamá no nos va a escuchar? —dijo el chico.

—No si ponemos una almohada bajo la puerta —replicó ella con una sonrisa traviesa.

—Creo que te hemos enseñado bien, enana —dijo Fred, pasándole una almohada a su hermana, que corrió a ponerla en la rendija de la puerta. En la cama, su hermano estaba barajando las cartas y disponiéndolas en dos montones sobre la frazada—. ¿Preparada para perder? —preguntó cuando Ginny se sentó delante de él.

—No. ¿Empiezo yo?

—Las damas primero.

Ginny arrugó la nariz y sacó el primer par de su baraja. No eran pares, por lo que Fred se apresuró en imitarla. Tampoco tuvo suerte, por lo que volvió a tocarle a Ginny, que logró armar un par antes de que las cartas dispuestas sobre la cama explotaran todas al unísono.

—¿Fred, cariño, está todo bien? —se escuchó la voz de su madre desde el primer piso. Al parecer, el ruido había sido demasiado fuerte.

—¡Sí!

Los dos se miraron y estallaron en carcajadas.


Sí, a veces Fred y George no estaban juntos. Esas cosas pasan. Además, los dos tienen personalidades diferentes y creo que Ginny tenía distintas relaciones con los dos. Con Fred la veo haciendo tonterías y desobedeciendo a mamá, lo que seguramente a su hermano le encantaba. Con George lo verán más adelante.

¡Hasta el próximo capítulo!

Muselina