Disclaimer: El Potterverso no me pertenece, lo que es una pena porque necesito dinero.
Aquí tengo el tercer capítulo. Gracias a LadyChocolateLover por su review en el primer capítulo.
Creciendo con los Weasley
III
—Chaaaarlie —Ginny se acercó a su hermano con su sonrisa más inocente en el rostro. Normalmente no entraba en la habitación de sus hermanos mayores, pero en esos momentos necesitaba urgentemente a uno de ellos. Y el que estaba en la habitación era Charlie, así que a él le tocaría.
—¿Qué quieres, Gin? —preguntó él, que estaba sentado en su cama con un libro de dragones que se desarmaba al pasar las páginas.
La niña se sentó en la cama y le sonrió dulcemente.
—Quiero que me enseñes a volar en escoba —declaró. Llevaba semanas pensándolo. Su madre decía que a sus seis años era muy pequeña para aprender, pero ella no estaba dispuesta a que algo así la detuviera. Ella quería volar.
—Mamá dijo que eres muy pequeña —replicó su hermano, dejando su libro a un lado con cuidado para que no se siguiera rompiendo.
Ginny bufó. Esa era la excusa para todo. Que era muy pequeña. Por esos sus hermanos a veces no la dejaban jugar con ellos. O mamá decía que tenía que acostarse temprano, cuando todos los demás podían jugar al snap explosivo hasta las diez. O papá no la dejaba entrar al cobertizo en que guardaba sus cosas muggles.
Ginny estaba aburrida de ser pequeña. Ella quería ser mayor de una vez por todas. Además, la semana anterior había perdido un diente. Y todo el mundo sabía que eso significaba que se estaba volviendo mayor.
—Por favor, Charlie —insistió con su sonrisa a la que le faltaba uno de los dientes delanteros—. Sólo un poco, sin volar alto.
—Si mamá se entera, me mata —dijo Charlie, pero por el tono resignado de su voz, Ginny supo que había ganado la batalla. Iba a enseñarle cómo volar en escoba.
Su hermano le indicó que la siguiera, cogiendo su escoba del clóset bajo la escalera y llevándola a un terreno descampado en el que los muggles no podrían verlos. Dejó la escoba en el suelo y le sonrió a la niña.
—Lo primero que tienes que hacer es extender la mano sobre la escoba y decir «arriba» —explicó, mostrándole cómo hacerlo—. Tienes que concentrarte mucho para que te haga caso.
Ginny asintió, haciendo lo que su hermano acababa de explicarle. Podía hacerlo. La escoba llegó a su mano en el tercer intento, flotando delante de sus ojos.
—¿Qué estás esperando, Gin? —le dijo Charlie—. Súbete, vamos. No sé cómo esperas aprender a volar si no lo haces.
Ginny se sube, imitando la forma en que sus hermanos montan sus escobas cuando juegan miniquidditch en el jardín. Al principio le dan nervios. No estar pegada al suelo es muy raro.
—Perfecto —sonrió Charlie. Estaba afirmando la escoba con una mano—. Ahora, cuando quieras subir, sólo tienes que levantar la punta de la escoba. Sólo un poco, porque si lo haces muy rápido, saldrás disparada. Hazlo, venga.
Ginny levantó la punta y sintió cómo la escoba se levantaba unos centímetros más sobre el suelo. Podía sentir el viento en su rostro, aunque no se había elevado demasiado. Charlie seguía afirmando el palo de la escoba, como si temiera que su hermana decidiera salir volando de un segundo a otro.
De todas formas, era maravilloso.
Yo sospecho que a Ginny le enseñaron a volar entre Charlie y Bill, y que los demás no estaban muy ahí con ella y por eso la niña les sacaba las escobas a escondidas y todo eso. A pesar de los deseos de Molly, que seguro que está más tranquila si la niña no está corriendo el riesgo de partirse el cuello.
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
