Disclaimer: El Potterverso no me pertenece. Obviamente, los Weasley están incluidos.
¡Y el quinto capítulo!
Ahora le toca el turno a Ron.
Creciendo con los Weasley
V
—Ginny, ¿estás ahí?
—Cállate, Ron —bufó la niña de malos modos. Tenía los ojos rojos e hinchados. Sin preocuparse por delicadezas, se pasó la manga por la nariz para limpiar las huellas de su llanto—. Déjame en paz.
Pero Ron no se fue.
Se quedó ahí, como si no supiera qué hacer. Ginny lo volvió a echar. ¿Cómo había encontrado su rincón preferido en el ático? Nadie la molestaba ahí. Aunque se suponía que no podían jugar en el desván, Ginny siempre entraba. Había cosas que le habían regalado a su madre para su boda y que nunca usaba en casa. Decía que eran demasiado buenas para usarlas todos los días.
Lo que más le gustaba a Ginny era un juego de platos muy bonito, decorado con flores rosadas. Algunas piezas estaban rotas, pero las mejores eran las tazas de té. Cuando era más pequeña, Ginny llevaba a sus muñecas a hacer fiestas de té con ese juego de té. Mamá nunca la había descubierto.
Ron se sentó junto a ella y la rodeó con un brazo, como si esperara que eso fuera a servir para calmar a su hermana menor.
—Fred no lo dijo en serio —intentó decir, pero sus palabras no fueron recibidas de la forma que él esperaba.
Ginny había intentado dejar de llorar, pero la mención de su hermano la hizo llorar de nuevo. Más escandalosamente que antes, incluso. Para desesperación de Ron, que nunca había tolerado que su hermana llorara.
—Sí lo dijo en serio. Soy fea —murmuró con la voz baja—. Fea y tonta.
—Fred es feo y tonto. Y George también, porque son iguales —replicó Ron.
Ginny se limpió nuevamente con la manga de su sweater. Soltó una risita antes las palabras de su hermano. El niño sonrió, porque no le gustaba ver a su hermana llorar. La estrechó con un poco más de fuerza.
—Lo que te dijo Fred fue una estupidez, Gin —le dijo—. Lo que pasa es que no le gustó que cogieras su escoba.
—Es un egoísta.
—Sí, mucho —coincidió Ron con una mueca—. Pero no le hagas caso.
—¡Me dijo fea y tonta! —protestó la niña.
—Si sigues llorando sí que te vas a ver fea —respondió Ron. Su hermana giró la cabeza, irritada—. No me mires así, mamá lo dijo.
—Bueno, al menos no puedo quedar más fea que tú.
Por un momento, pareció que Ron iba a enfadarse con ella. Pero no lo hizo. Se limitó a sonreír.
—Mamá hizo galletas —dijo como quien no quería la cosa—. Creo que las dejó en la repisa de más abajo. Y ahora está durmiendo siesta, porque dijo que le dolía la cabeza.
Ante la mención de los dulces, Ginny levantó la cara y sonrió, a pesar del moco que le colgaba de la nariz, el cual se limpió rápidamente con la manga. La promesa de galletas de su madre era suficiente para que se le olvidaran las tonterías que su hermano le había dicho.
Ron siempre ha tenido la variedad emocional de una cucharilla de té (o de café, si prefieren), pero tiene buenas intenciones. Al menos cuando de Ginny se trata (a menos que se trate de sus novios, en ese caso... no mucho).
¡Saludos y hasta el próximo!
Muselina
