Osos en un jardín.
sososososo
—Pero es el sistema solar—exclamo con insistencia. — ¿Cómo es posible que no lo sepas?
—No es importante, como si un osito de peluche jugara alrededor en un jardín—dije levantando las manos haciendo el ademan de juego—No importa en un caso de asesinato.
—Entonces los ositos si tienen prioridad en tu jardín—dice tomando su taza de té—Impresionante.
—John estas siendo obtuso y obstinado en un tema que me veo obligado a olvidar.
—Eso me encantaría verlo.
—Es inútil, John, es un proceso neuronal interno, invisible para el ojo humano—dije suspirando—incluso para el mío—admití derrotado.
— ¿Ya lo intentaste?
Por un momento creí que se burlaba de mí, al voltear a verlo supe que su curiosidad era absolutamente innata e irremediablemente me sentí iluminado por dentro.
— ¿Qué estás haciéndome, John?
Su entrecejo se volvió a profundizar y su cabeza volteo hacia otro lado como queriendo salir de ese momento pero sin permitir que su cuerpo se moviera.
—Es tarde, las clases comenzaran pronto. —dijo tomando rápidamente sus cosas.
Ese día los profesores disfrutaron del silencio de mi persona, no podía concentrarme en nada de lo que decían, fuese estúpido o no, en mi cabeza solo existía un solo nombre con una imagen clara que me daba inseguridad y a la vez calmaba cualquier otro pensamiento destructivo, con aparente discreción tomaba nota de cada uno de los movimientos de mi compañero, desde como tomaba con la izquierda su pluma de segunda para después hacerle recordar que la mano dominante en escritura era la derecha, su fina y estilizada manera de jugar con su muñeca a la hora de realizar un corte en la piel muerta de un cadáver a diseccionar, el movimiento de sus labios al explicarle al profesor el procedimiento a seguir en una situación de fiebre diagnosticada por ingerir alimentos en mal estado, su cuerpo en armonía con el ambiente, moviendo las caderas al caminar hacia el asiento a lado mío, y su bella sonrisa triunfal dirigida hacia mi persona.
—No erre en nada ¿verdad, genio?—comento con nerviosismo.
—Lo siento, te falta práctica, la teoría parece salida de un libro. —Conteste sonriendo-¿Cuántos libros te aprendiste?
—Oh cállate. —me siguió el juego.
Para las siguientes clases estaba un poco más atento, una vez pasado el rato incomodo todo parecía ir de maravilla bajo los estándares normales para John, que no dejaba de sonreír cuando me atrapaba analizando cada expresión de su rostro al leer algún escrito difícil o cuando estaba preguntando algún paso difícil al profesor en turno. Mágico es una palabra muy corta para describir al sujeto de prueba.
Las fechas nunca fueron de gran importancia para mí, a menos que la investigación lo ameritaba y los experimentos se llevaran a cabo con armonía subsecuente, por lo que salió de todos los estándares el día en que John Watson se acercó a mí con una bolsa de papel amarrada con listones en azul, distintas tonalidades formando un arcoíris personal.
Creado por John. Para mí.
Mis manos nunca se habían sentido más seguras al tomarla, con la misma delicadeza con la que tomaba una muestra para algún experimento, la fuerza de un saludo hacia mi compañero, la caricia de un amante a otro después de algún acto prohibido.
—Un oso.
—Espero tener un espacio especial en ese palacio mental tuyo—dijo nervioso y sin mirarme—Y ya que los osos pueden estar en tu jardín, creí correcto darte esto. No es tan elegante como un cráneo humano pero…
—Es perfecto.
Sus ojos por fin me dieron batalla, sus pupilas estaban dilatadas y una lagrima pugnaba por salir a recorrer su mejilla, sus manos temblaban y su cuerpo bailaba un compás que nunca había sido testigo de ver en sus músculos.
—Fui reclutado, Sherlock.
—Siempre hay algo, un detalle que siempre se me escapa.
—Sherlock yo no lo decidí por mí mismo—dijo tomándome de los hombros, acercando peligrosamente su cuerpo al mío. —el doctor Brydon…
—Claro, no podías negarte. —conteste dolido.
—No estas escuchando. El Doctor Brydon no quería que nos reclutaran, a mí y otros 50 alumnos, pero fue peor, a él también lo tomaron—dijo con tristeza.
—Hablare con Mycroft. —continúe con determinación.
—No sé si pueda hacer algo al respecto. –Sin dejar de tocarme llego otro pensamiento aún más intenso que la negación—Lo odias, ¿Por qué hablarías con él?
Mis labios colisionaron contra los suyos, su cuerpo se tensó pero sus brazos me atraparon con fuerza. Su boca se abrió para mí permitiendo que mi lengua jugara con la suya, explorando, reconociendo la boca del otro.
No puedo ¿lo sientes? No podría vivir con un nudo en el pecho, no podría regresar a la época antes de ti. Simplemente no puedo, me niego a ser ese ente errante de la casa Holmes. No de nuevo.
El bosque fue testigo de una promesa llena de besos y mordidas, caricias secretas llenas de anhelos. Su cuerpo sobre el mío, sus dedos acariciando mi pecho al desabrochar cada uno de los botones de la prenda que le negaba la entrada, su cadera bailando sobre la mía permitiendo aquella fricción deliciosa y adictiva.
—John.
Mis manos arrancaron sus prendas, saltando los botones de la prenda con un solo jalón, maravillándome con ese cuerpo dorado por los días de campo y el trabajo para sobrevivir. Su respiración superficial acariciaba mi oído cuando me susurraba el futuro, palabras de encanto y orgullo al penetrarme con dos dedos, mis manos dibujaban sus vertebras ha arañazos y su cuello fue un lienzo en blanco que mis dientes tomaron como suyo, las embestidas aumentaron, los besos fueron más hambrientos, su miembro no tenía piedad en mi interior provocando descargas eléctricas por todo mi ser.
—Te amo Sherlock.
El tiempo se detuvo, sus ojos descargaron todos los sentimientos no expresados en ese tiempo, llenándome, colmando mi cerebro de emociones desconocidas y cálidas permitiéndome alcanzar un estado de perfección sincronizada por su cuerpo.
El amor es una desventaja peligrosa.
Al diablo con Mycroft, al diablo con mi familia, su familia y la sociedad en general. Nadie sabe lo que dice, nadie ha probado de John Watson como lo eh estado haciendo yo, no saben de lo que hablan haciéndolos más idiotas de lo que son.
El tiempo se acaba y tenemos que regresar al presente, a la sociedad clasicista de la que provenimos. Los odio por querer arrancarme lo que me pertenece.
—Huye con migo.
No me mira, sonríe, se levanta ya vestido y me da la mano, su rostro y cuerpo dicen que no pero al tomar su mano, al sentir su pulso, gritan sí.
—Cuando regrese traeré gloria, para ambos.
Está determinado, es un idiota.
—No la necesito, tu tampoco—digo un poco enojado.
—No quiero esconderte toda mi vida, huir seria vivir en los bosques a la espera de ser atacados, amas Londres, no podría sacarte de la capital solo para ser correteados como bandoleros. Quiero poder ir a cenar a ese restauran que tanto te gusta…
—Eso no…
—Sherlock cállate, déjame terminar por favor. Quiero hacerlo bien, quiero aprender a defenderme para así buscar bandidos y perseguirlos por media ciudad junto a ti, quiero que nos vean y no digan "mira el único detective asesor con su marica ayudante, ¿Sabías que huyo de su deber? Esa persona lista no debe estar con alguien así".
—Sabes que no me importa que digan los demás.
—A mí si Sherlock, por eso quiero hacerlo, llegar a Capitán médico, salvar vidas y regresar a tu lado siendo útil, experimentado y amarte sin reservas.
sososososososo
No tengo palabras.
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Nada es mio, ningún personaje es mio, solo la trama. La mención de personas reales es solo referencia mi intención no es bajo ningún concepto dañar a nadie.
