Nota/Advertencia/Aclaración: Mención de violencia física en contra de la mujer. No es mi pensamiento es solo un recurso para la trama. Lo siento si esto te es incomodo de leer, se que esta establecido en las reglas del foro su prohibición y retirare el capitulo si lo consideran necesario.

Nada de esto es mio, salvo la trama. La vida y obra de Anthea me la saque de la manga como gran parte de todo lo anterior publicado en la plataforma.

Prince BSlocked creo que no es la miel que esperabas.

A quien va dirigida esta carta de amor: por favor, que te esta pareciendo?

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De lejos, Mycroft Holmes era una persona elegante con gesto serio todo el tiempo, de trajes de tres piezas confeccionadas por el mejor sastre de Inglaterra, a su persona le acompañaba una sombrilla cuyo mango de caoba y oro era la envidia de propios y extraños. Solo de cerca ese excéntrico hombre cobraba sentido.

—Holmes. —salude con un pequeño asentimiento de cabeza.

—Miss Alexander, creí que no vendría a la reunión organizada por mi madre. —comento sin mirarme.

— ¿Por qué no habría de hacerlo? La invitación de la casa Holmes bajo ningún motivo debe ser rechazada.

—Casi no la reconozco sin un libro entre sus manos.

—Fui amenazada con una muerte lenta si en esta reunión no salgo con alguna cita. —le sonrió con sinceridad—así que me vi obligada a dejarlo todo de lado.

El caballero no estaba concentrado en lo que le estaba diciendo, por la puerta principal, mi hermano con una "dama" colgando del brazo hizo su aparición, de cerca al mayor de los Holmes se podía notar cualquier tipo de frustración y fui testigo del corazón roto de Mycroft Holmes.

—Lo prohibido me ha fascinado desde que me entere que para una dama está restringido el trabajo. —Comente aun con la mirada en mi hermano—los hombres son idiotas y por una mujer se convierten en un poso de secretos a su disposición.

—Un pez dorado al que no puedes tener acceso. —dijo con cautela.

—Es probable, mas sin embargo él no tiene esos gustos.

Me permití pasearme por todo el salón del brazo de Mycroft Holmes para deleite de ambas familias y enojo de mi hermano. No eran celos los que mi acción provocaba en su persona, a él jamás le habían gustado los Holmes, acudía a sus reuniones por la buena comida y la seducción de alguna dama de alta sociedad solterona. Un desperdicio de sexo, en mí prohibida opinión.

Al caer la noche, el salón casi vacío, el mayor de los Holmes me llevo hasta la habitación más grande de la casa.

—De este librero estudiaras todo lo relacionado con la política—me explica mientras toma un libro de pastas duras de cuero—te hare exámenes cada medio mes y si tu progreso es bueno idearemos un plan para infiltrarte.

—No se…

—Estoy de acuerdo con que las pasiones carnales son las más peligrosas. Los sentimientos jamás son una ventaja para quienes caen entre sus redes. —un suspiro se le escapa de los labios. —te he estado observando, actúas mas como varón que dama por lo que he decidido reclutarte para que termines bajo mis servicios.

—Holmes, no sé qué decir. —digo tomando el pesado tomo de sus manos.

—Soy riguroso en muchos sentidos, pero si aceptas, los beneficios serán por demás satisfactorios.

— ¿Seré tu secretaria?—comente con escepticismo.

—Estoy a punto de tomar un pequeño puesto dentro de la corona y necesitare un hombre de confianza en campo.

El libro entre mis manos además de pesado, grueso y viejo significaba mi libertad. Lo abrase contra mi pecho y sin más me puse a llorar de la emoción. En lo que restaba del día nos pusimos de acuerdo en los horarios de instrucción y practica de modales para erradicar lo poco afeminado que tenía. Gracias a la memoria idílica que poseo no necesitamos de notas o acuerdos escritos.

—Sabes Holmes que si me traicionas no habrá dios en la tierra que te salve.

—No hay necesidad de semejante amenaza. —comenta tranquilamente antes de tomar un sorbo de té.

—Me gusta dejarte las cosas en claro.

Su media sonrisa me dice que ha captado todo y lo acepta.

Es media noche cuando nuestras madres van a buscarnos, según ellas, tienen una hora buscándonos hasta que una de las sirvientas les comento que nos habían visto pasar en dirección de la biblioteca fue que el corazón de ambas volvió a latir con regularidad. Me despedí de la familia Holmes batiendo un pañuelo marfil antes de que el carruaje comenzara su marcha. Mi hermano estaba sentado delante mío con expresión molesta. Su perorata estaba por comenzar.

—No me gusta ese chico Holmes.

—A mí no me gusta la compañía que llevabas del brazo como trofeo.

—No es lo mismo.

—Tienes razón, Holmes es un chico bueno. Tu acompañante una zorra.

—No sabes lo que dices. —dice volteando su vista hacia la ventana.

—Es casada, ¿Qué esperabas? ¿Qué deje a su marido por un adolescente como tú?

— ¡Cállate!

Con el grito el carruaje se paró en seco, el silencio hizo más escandaloso el golpe de su mano al aterrizar sobre mi mejilla. Me tomo del brazo y me saco del carruaje a patadas que hicieron que mi cuerpo trastabillara y cayera sobre la acera de piedra fuera de los límites de la casa Holmes. Lo único que atine a hacer fue cubrir con mis brazos mi rostro, no me consideraba bonita pero la recuperación podría costarme meses antes de poder tomar mi lugar junto a Mycroft.

Mientras mi mente viajaba a su lado, al gran cerebro que representaba la biblioteca, las hojas amarillas de aquel primer libro en mi educación, mi cuerpo era presa de las piernas de mi hermano que no tenían piedad. ¿Cuánto tiempo paso?, no lo sé, ¿Quién lo detuvo? es otra incógnita. Lo último que recuerdo es ver las cálidas manos de mi empleador revisando el daño causado por alguien de mi propia sangre.

Los sentimientos son una desventaja.

Tarde seis meses en recuperarme por completo. Los Holmes habían pagado todos los servicios médicos de los que necesite. Por mi madre me entere que nadie sabía que había ocurrido con migo, según mi hermano me moleste con él y me baje del carruaje enojada, pidiéndole al cochero seguir adelante sin mí a pesar de estar lejos tanto de la mansión Holmes como de la cuidad. El conductor le dio la razón a él y nadie dudo de ellos.

Excepto el pelirrojo pez dorado que me leía el tratado de economía extranjera.

En todo ese tiempo no abandone la mansión y la biblioteca se convirtió en habitación hospitalaria, permitiéndole a Mycroft visitarme sin molestas preguntas y a la ves educarme, los horarios no se habían movido de como los acordamos y los exámenes los aprobé con excelente, dejando a un sorprendido y a la vez satisfecho Holmes.

Mi familia me visitaba de vez en cuando, sin embargo, Mycroft no permitía a mi hermano pasar de los límites de la propiedad, cerrando una de las vías alterna que comunicaba con la mansión para mayor control de los que transitaban por la zona. Mi madre estaba segura de que una boda terminaría por suceder puesto que después de tantos cuidados no podría ser de otra manera.

Cuando pude caminar sin ayuda y ya sin ningún aparato en mi cuerpo fue exactamente lo que sucedió.

— ¿Estás seguro?

—Una vez que tomes las prendas masculinas no podrás salirte de ellas. —Me comenta mirando hacia el hermoso jardín del patio trasero. —el mismo sastre que confeccionara tu vestido de novia hará los más exquisitos trajes, dignos de un hombre de mi confianza.

El plan era en términos generales casarnos y durante la luna de miel provocar un accidente y que mi persona, Anthea Alexander, terminara muerta. Con un Mycroft Holmes viudo su celibato seria justificado y no habría la menor sospecha de su homosexualidad. Y la nueva persona que representara mi cuerpo sería un viudo, fiel a su empleador y de nombre Alistair.

La boda por supuesto se llevó a cabo a mediados de la primavera. Mi bello vestido me hizo llorar por media hora hasta que a alguien se le ocurrió cubrirme con una sábana y llamar a Mycroft.

— ¿Te estas arrepintiendo?—fue lo primero que se le ocurrió al verme, se veía nervioso.

—No—dije con determinación. —Es lo más hermoso que he tenido el honor de vestir.

—Bien, nos vemos en recepción.

Estaba por salir cuando su cuerpo volvió a girar hacia mí y con una primera y última sonrisa, cálida, amable y sincera hablo.

—Gracias por todo Anthea.