Charlotte y yo decidimos salir a cenar después de una dura jornada de trabajo. La última semana ha sido especialmente movida y necesitamos desconectar. Puede que también un par de margaritas. Carol nos ha tenido todos los días hasta las 22:00, principalmente al teléfono con todos los periodistas, agencias de noticias y medios importantes del estado. La editorial está preparando el lanzamiento de una novela en la que se ha invertido mucho más dinero del que se debería, y se están haciendo sobreesfuerzos en el área de Relaciones Públicas para asegurar las ventas.
"Tampoco hacía falta ser un crack, yo misma hubiera podido decirles que la novela no valía lo que han pagado por ella" dice Charlotte en cuanto nos dan mesa en Margo's. "Hellen Garwick tuvo mucha suerte con su primer libro, pero estaba claro que no iba a poder repetirlo...".
"Ya, pero se tienen que sacar una serie de libros al año. Carol es socia y algo tiene que comprar, al final es como una quiniela".
"Pues se ha lucido. ¡Como si no hubiese buenos escritores en el mundo!" Mi mente salta directamente hacia la novela de George, que sigue en mi apartamento.
"Uff, este tema me da pereza..." resoplo. "Anda, vamos a hablar de otra cosa".
"Lo dices porque Wickham no quiere publicar la novela que tanto te gusta, ¿no?" Charlotte sonríe con burla.
"Pues sí... No entiendo la gilipollez de su 'imagen como escritor' y toda esa mierda".
Charlotte me mira en silencio mientras da un trago a su Coca-cola. "¿En serio es tan buena?"
"No es buena... es genial".
"Pues pásasela a Carol, que le eche un vistazo. Si es tan buena le vendrá muy bien tenerla en cartera cuando se hundan las ventas del libro de Hellen Garwick".
Doy un respingo ante la idea, es buena. Esa novela tiene que estar en las librerías para que la gente pueda leerla, y yo puedo ayudar a conseguirlo. "¿Se puede presentar un manuscrito sin el permiso del escritor...?"
"Claro, se hace constantemente. No sabes la de madres y novias que pasan por Rosings" me guiña un ojo maliciosamente. "Y hablando de novias..."
"Déjalo, eso sí que me da pereza" la interrumpo.
"Yo creo..." continúa tras una pausa bien medida "... que es posible que George tenga razón. Quizá eres un poco idealista. ¿Es que ya no te interesa lo más mínimo?"
Intento analizar mis sentimientos lo más científicamente posible, si es que eso tiene sentido. Lo único que siento a estas alturas es tedio. "Sigue pareciéndome un tío muy interesante, pero no: ya no me interesa. No soy capáz de pasar por alto todo lo que dijo la última vez. Ya sé que sólo es trabajo, pero al final el trabajo es una parte importante de cada uno, ¿no?"
"No puedes culparle por ser un poco frívolo..." Charlotte intenta interceder.
"No puedo culparle, pero sí puede dejar de gustarme. Le creí más inteligente, la verdad. Sobre todo habiendo escrito todo eso..." pienso en la trama de la historia. Una chica desesperadamente enamorada de un hombre algo más mayor, compañero de trabajo de su hermano, que finalmente sólo buscaba su dinero. Una novela desgarradora pero con final feliz. "¡No puedo entenderlo! Sus personajes son más profundos que él. No tiene sentido".
Se hace el silencio durante unos segundos. Charlotte me examina de reojo y yo fijo la vista sobre el pan que nos han puesto mientras no llega la cena. "Y aparte de su libro... ¿qué pasa con George Wickham?" dice finalmente.
"Pues la verdad... es que me da pereza volver a quedar con él, y no lo haré".
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Al día siguiente me presento en el despacho de Carol con una copia del manuscrito de George Wickham bajo el brazo. Lo he pensado detenidamente y creo que, como responsable de las relaciones públicas de su cuenta, es mi obligación enseñar la novela a Carol. Ella será capaz de decir si casa o no con la "imagen" que tanto preocupa a George. Me preocupa la posibilidad de que se enfade conmigo por meterme en sus asuntos de una forma tan deliberada, pero estoy convencida de que dejará de preocuparle en cuanto la editorial le ofrezca un cheque importante por los derechos.
Llamo a la puerta y Carol me hace una señal a través del cristal para que entre sin hacer ruido. Está al teléfono en lo que parece ser una conversación desagradable. Gira la silla para no mirarme directamente y poder continuar como si estuviese sola en el despacho. Cojo el manuscrito y lo coloco cuidadosamente en la mesa frente a Carol, que no lee el título y el nombre del escritor hasta pasados unos segundos. Sus ojos se abren de sorpresa.
"Tienes razón, Hellen. Ya veremos qué pasa, ¿vale?" acelera la conversación. "Lo que tenga que ser, será. ¡Te llamo!".
Cuelga el teléfono sin dar tiempo a Hellen Garwick de contestar o protestar a su editora. Se avalanza sobre el manuscrito y lee de nuevo la carátula. "Dios mío, ¿ya ha escrito otro? ¡Pero si hemos publicado el anterior hace 2 meses!"
"No es su última novela, es la primera que escribió" repongo con una sonrisa enigmática. Carol me examina con curiosidad. " La escribió hace casi 8 años, así que supongo que habrá que editarla".
"No lo entiendo, ¿cómo es que nos la enseña ahora?" empieza a pasar las páginas.
"No lo ha hecho... en realidad no quería presentártela. Dice que es distinta a las demás que ha escrito y que podría no casar con la imagen que se ha labrado hasta ahora" Carol frunce el ceño. "Lo sé, pero parece que le preocupa bastante...".
"Eso se puede arreglar, si es lo suficientemente buena. ¿La has leído?".
"Sí, y es fantástica".
"Genial, es justo lo que necesitamos. Ya me encargaré yo de convencer a Wickham".
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Esa misma noche Jane organiza una cena en su apartamento. Llego tarde, pero seré bien recibida porque traigo mi famoso cheesecake-brownie. Le doy al timbre y espero con una sonrisa a que mi hermana me reciba, pero se abre la puerta y aparece Will Darcy. Mi sonrisa se desvanece.
Parecía que, al organizar juntos la despedida de los tortolitos, habíamos llegado a una situación de trato cordial. Yo había olvidado lo mal que me había caído el primer día, su seriedad, su orgullo y, por supuesto, su momento de gloria diciéndome que le encantaba.
"Hola Lizzie" abre la puerta aún más y se hace a un lado. "¿Qué es eso? Huele muy bien".
"Es mi cheesecake-brownie" esta vez no me paro a explicar de dónde saqué la receta y lo mucho que triunfa cada vez que lo hago, a pesar de ser una cocinera bastante mediocre. "¿Te quedas a cenar?"
"Sí, eso tengo entendido" contesta, bastante seco. Quizá ha percibido mi cambio de humor. Pues bien.
Me dirijo a la cocina para dejar el brownie y saludar a mi hermana, que está sirviendo cebolla caramelizada sobre unas tostas de foie.
"¡Oooh, qué rico!" mi estómago salta de alegría. "Eres una crack. Deja tu trabajo y dedícate a la cocina porque tienes un don".
"¡Lizzie, qué guapa estás!" se acerca y me abraza.
"Le dijo la sartén al cazo..." respondo.
En 5 minutos nos tiene a todos sentados frente a una gran variedad de aperitivos y bebidas. Will toma asiento silenciosamente frente a mí.
Me gustaría decir que pienso portarme como una persona civilizada, pero la tensión que estamos sufriendo en el trabajo me ha calado hondo. Volver a ver a Will ha hecho que se intensifique toda la frustración de la semana, especialmente la que siento contra George y su estúpida decisión de no publicar su novela. Si Will no le hubiera jodido hace años, este no sería mi problema. ¿Cómo he podido olvidarme de algo tan importante? Me siento ofendida y me parece increíble el hecho de haber estado en contacto con él durante las dos últimas semanas para organizar la despedida conjunta. ¿Cuándo he bajado la guardia? ¿y por qué?
Así que enmiendo mi reciente cambio de actitud siendo absolutamente odiosa con Will durante la cena. Primero me hago la loca para no entablar conversación con él, a pesar de que le tengo en frente. Ignoro sus intentos hasta que parece darse cuenta de que no voy a ceder y se pone a hablar con un amigo de Charles sobre el último partido de los Knicks. Hago un par de comentarios ridiculizando lo que dice Will sin terminar de entrometerme del todo en la conversación.
Después de la cena, Jane y Charles recogen la mesa y vuelven a salir de la cocina con mi cheesecake-brownie y copas para todos. Vuelvo a ignorar a Will cuando me dice que mi postre está muy rico.
Finalmente la cena finaliza y la gente empieza a dar las gracias a mi hermana y a Charles (¿es posible que ya se hayan convertido en matrimonio y ni me haya dado cuenta?) y a retirarse. Yo me quedo algo rezagada, he perdido mucha energía en ser antipática con Will y quiero hablar un poco con mi hermana Jane. Pero de repente aparecen Charles y Will en la sala, y este último dice:
"Lizzie, ¿te llevo a casa?".
"Eeeh..." ¿es que no ha calado mi mensaje? "No, gracias. Prefiero coger un taxi".
"No seas tonta, Lizzie" dice mi hermana. "Son las 2:30 de la mañana y tu portal me da pavor a estas horas".
"Tu lo que pasa es que eres una cagueta" sonrío a Jane. La verdad es que yo también lo soy. "Pero no os preocupéis, le pediré al taxista que me acompañe hasta arriba si es necesario".
"Ni hablar, te llevo yo" insiste Will.
"Que no, que me voy en taxi" me levanto y cojo mi bolso, pero Will se adelanta y agarra mi chaqueta. "No voy a irme contigo porque tengas mi chaqueta... estamos en julio".
"Elizabeth Bennet" oigo el mismo tono que hubiera empleado nuestra mismísima madre. "Te vas a ir con William Darcy y me llamarás en cuanto cierres la puerta de tu apartamento. ¡Y no hay más que hablar!".
A pesar de ser una estampa bastante cómica y nada intimidatoria, decido no oponerme a Jane. Realmente me conviene que me dejen en la puerta de mi casa, así que cruzo una mirada rápida con Will y me despido de Jane y Charles.
Permanecemos en silencio durante todo el trayecto, que no dura más de 10 minutos. Las calles a esta hora están bastante despejadas y el tráfico es muy fluido. Will aparca frente a mi portal y me bajo sin agradecerle que me haya traído hasta aquí, pero él también desciende del coche y me sigue a dos pasos de distancia. Mierda, no pensará acompañarme hasta arriba, ¿no?
Pues sí. Callados como estatuas abrimos la puerta del portal, llamamos al ascensor y subimos hasta mi piso. Llegados a este punto, me pongo un poco nerviosa. No puedo no decir adiós...
"Gracias por traerme..." saco las llaves de nuevo y me doy la vuelta, pero Will me agarra del brazo y me detengo.
"Lizzie... ¿te he ofendido o algo? Hoy te he notado muy... arisca conmigo" su expresión indica cierta angustia, y parece sincero. "Si he hecho o dicho algo que te haya sentado mal, dímelo".
"Mira, Will" doy un paso atrás para soltarme. "Estoy cansada, quiero dormir".
"¿No me vas a contar qué te pasa?".
"A mí no me pasa nada, sólo que me jode muchísimo que un buen escritor no pueda publicar una novela que me encanta porque le hayan acusado de plagio en el pasado".
La expresión de Will cambia por completo. Pasa de la angustia a la sorpresa, pero no dura mucho. Veo cómo aprieta las mandíbulas y baja la vista al suelo, luchando por mantener a rabia lo que juraría que es rabia contenida. Ahí está la prueba, George tenía razón.
"Veo que sabes exactamente de lo que te estoy hablando. ¿Tienes algo que decir al respecto, tú que te las das de un tío tan correcto y noble?".
"Absolutamente nada, sólo que no sé por qué me sorprende que te hayas tragado todo lo que te haya dicho ese imbécil. George Wickham, hombre honesto y leal de toda la vida, libre de toda culpa..." se acerca más a mí y su cara queda a un palmo de la mía. Puedo ver la indignación en sus ojos. "¿cómo no ibas a creerle a él antes que a mí?".
"¿Pero tú te has visto? Eres un pretencioso, un orgulloso y un capullo engreído. ¿Por qué iba a creerme nada de lo que me digas?" hago una pausa breve en la que parece que Will va a descargar toda su furia contra Wickham, pero me adelanto "¡Y encima no sabes controlar tu genio!".
Will enmudece de inmediato, de nuevo sorprendido. Permanecemos unos segundos así, mirándonos con indignación silenciosa, tan cerca el uno del otro que podemos escuchar nuestras respiraciones. De repente Will inclina la cabeza hacia un lado, sin perder de vista mi mirada. El corazón me da un vuelco al ver que sus ojos se clavan en mis labios, y por unos segundos estoy convencida de que me va a besar, pero no soy capaz de moverme.
Sin embargo, tras unos segundos así, Will retrocede y se frota la mandíbula con una mano. Es cuando se detiene a un metro de mí cuando me doy cuenta de lo realmente cerca que hemos estado. Seguimos mirándonos, me siento confusa y no consigo pensar en qué decir. Finalmente, Will rompe el silencio.
"No te preocupes, Lizzie. No volveré a molestarte más allá de lo necesario".
Y se lanza escaleras abajo, sin esperar una respuesta que no consigo encontrar.
