Sabía que tenía que regresar a como diera lugar, sin dudas y con el corazón envuelto en una bufanda de lana que una lugareña tejió para mi amor en casa, con ayuda de un compañero esta se fue coloreando de un azul intenso, era larga y gruesa, perfecta para el frió Londres.
— ¿Y cómo se llama la chica que te espera?—me pregunta uno de ellos durante la cena.
— ¿Debe de ser chica?—contesta mi amigo Billy.
—Capitán no me diga que es marica—contesta en tono ácido de burla.
—Eso no importa, igual puedo hacerte pedazos—la amenaza es clara aun que todos se burlen.
Es hora de hacer rondas a la luz de las estrellas y Billy se ofrece a acompañarme. El bosque es frió y juega a hacer sombras sobre nosotros, llega un momento en que tenemos que descansar un poco antes de regresar a la base.
—Debes mentir—dice sin mirarme. —te mataran si se enteran de tu condición.
—No es una enfermedad. —respondo con paciencia.
—Aun así, es mejor mentir que regresar a él en una caja de madera maltrecha.—me mira y en su rostro iluminado por un rayo de luna encuentro aceptación y entendimiento.—a mí también me esperan, una dulce rubia, bajita como usted pero echa una diosa.
Estallamos en risas, Billy es un bastardo pero es una buena persona que desde que nos conocimos no se ha separado de mi lado. Regresamos por otro camino y nos encontramos un pueblito donde reabastecimos nuestras cantimploras, Billy pago a una muchacha para que se metiera conmigo.
— ¿Está enfermo, por eso me estas pagando?—dice mientras me escruta con la mirada.
—Aún no se atreve a hablarte. —comenta tratando de salvar la situación.
—Mierda, lo hare gratis solo porque puede que lo cure.
Fue rápido, el cuerpo reacciona de la misma manera, soñé que era Sherlock quien me tocaba, quien metía su lengua en mi boca, quien se penetraba salvajemente y exprimía todo lo que no había salido en todo ese tiempo. Al final un suspiro involuntario fue malinterpretado como saciedad y felicidad. La chica se puso sus prendas de nuevo y con un beso en mi mejilla se despidió, no sin antes decir:
—El chico es afortunado, tomare el dinero de tu amigo para pagarle a otras chicas de otras localidades, no tocaras a ninguna de los tres continentes por los que pases pero todas hablaran maravillas de ti.
Y así, como si hubiese sido un mal sueño regrese a la base sintiéndome sucio y traidor.
OsOsO
Nadie se enteró de lo que realmente paso, algunos decían que la guerra forma carácter y que era eso lo que exactamente me sucedió, el sentimiento de suciedad y traición lo fui lavando pasando mi cuerpo desnudo por cada río o laguna que nos encontráramos.
Hasta que la real batalla nos alcanzó.
Esa mañana había recibido dos telegramas, uno de carácter más urgente que el otro, sin embargo, el que me ponía los pelos de punta fue en el que encontré el sello de la Realeza impreso al final en calidad de firma.
Sherlock Holmes murió.
Por dentro, cualquier espectáculo de galimatías se quedó mudo, quieto, expectante de cualquier cosa exterior que captara su atención y llevase mi cuerpo al movimiento de nuevo.
—Doctor Watson, ¿Doctor puede oírme?
— ¿Qué le sucede?
—No lo sé, ¿Qué tiene en la mano?
—Señor, su marica murió.
— ¿Qué dijiste imbécil?
—Solo eh dicho la verdad.
— ¿No sabes reconocer cuando la verdad te llevara a la muerte? Muchacho estúpido.
—No Billy, deja al nuevo en paz. —le dije tratando de pararme.
—Señor. —me tendió una mano para usarla como soporte. —nos necesitan en el frente. ¿Puede mantenerse en pie?
Así, con el corazón roto entre a combate.
Dos años seguidos.
