Se supone que debo acabar esta historia HOY pero no hay manera. Lo siento, subiré mañana el final. Espero.

OoOoOoOoOoO

—En serio Mike, ¿Quién querría tenerme de compañero de piso?—me comenta mi viejo compañero de escuela—además tengo una niña por si lo estas olvidando.

—No por dios, como olvidar a la dulce Sherl—termino mi taza de té—es solo que eres la segunda persona que me ha comentado la misma inquietud.

— ¿Y quién es la primera?

Nunca me ha gustado que la gente se quede sola, por lo que solo sonrió para mí.

Mi corazón dice que es lo correcto así que manos a la obra.

SoSoS

El bendito otra vez azota cadáveres, espero no me espante a la presa.

— ¿Qué hacen aquí?—pregunta mi amigo señalando con su bastón hacia una de las ventanas.

—Oh realmente no tengo idea, dice que es para ver los coágulos formados en cuerpos en descomposición.

— ¿Para qué, es policía?

—No lo sé.

— ¿Mike?

—Mira dale una oportunidad, es buena persona.

Al abrirle la puerta juro que si no fuera por el bastón, John Watson, Capitán médico, habría salido corriendo ante la visión del fantasma azota cadáveres.

Cuando el detective término con su trabajo lanzo a mi compañero el bastón utilizado, el tiempo en el ejército y sus habilidades innatas le hicieron tomarlo al vuelo sin problemas, aun estando en shock.

—Excelentes reflejos, como siempre. —Dijo tomando su abrigo— ¿Cómo va la pierna? Ya deberías caminar sin ayuda, la bala no fue muy certera que digamos.

Un pez fuera del agua no hacia tanto escándalo en comparación con mi compañero. Mientras Sherlock preparaba su salida de la morgue John trataba de encontrar el aire.

— ¿Le veo a las 7?—dijo Sherlock acercándose peligrosamente al otro caballero—Para ver las habitaciones que tengo apalabradas. 221-B Baker Street.

John siguió con la mirada la espalda del detective hasta que este cerró la puerta tras él.

— ¿Cómo te atreves?—el enojo se imprimía en cada silaba. — ¿Desde cuándo lo sabes?

—John.

—12 MALDITOS AÑOS, MIKE, 12—su respiración se entrecorto, su palidez inicial se tornó de un rojo profundo y sus nudillos se volvieron blancos de la fuerza con que tomaban el bastón.

—Nadie sabe lo que realmente paso. —le dije en tono de disculpa—solo sé que recibimos un telegrama de tu muerte, Holmes perdió completamente los cabales, se intentó infiltrar en las líneas, mandarte alguna señal suya, incluso le pago a diez soldados para que te buscaran y te trajeran a casa pero nada de eso surtió efecto.

Su rostro se relajó para darle paso a las lágrimas, sus manos soportaban su peso, perdiendo poco a poco la batalla, dejándose caer en el infinito de la inconciencia.

SoSoS

Habían pasado tres días desde que lo volví a ver, tres días en los que mi hija me platicaba de un hombre que vio en el cementerio, triste y solo como yo.

—Padre, ¿podemos volver?—me dice al atardecer del tercer día—Quiero volver a verlo.

— ¿Y si no vuelves a verlo?—le dije poco convencido de sus afirmaciones.

—Padre lo toque, no estaba solo, al parecer sufría por otra persona pero no por la que estaban enterrando.

—Hija mía, tengo asuntos que atender antes de un paseo por aquellos campos—tomándole una mano proseguí—que tal si me acompañas a ver a un amigo y después si hay tiempo vamos.

Con un beso en la mejilla se alejó de mí a saltitos, nuestra empleada le puso su abrigo de color rojo sobre los hombros mientras continuaba preparando su discurso a su amigo de ese lugar.

Me tenía con pendiente, mi hija creció sana pero alejada de todos los de su salón de clases, mi esposa Mary le enseño el placer de la lectura y a luchar por lo que quería, cosa que para las demás damas no era bien visto. Apreciaba y vestía de vez en cuando ropaje de niños y correr por el jardín ensuciando sus cabellos dorados y raspando sus fuertes rodillas. En alguna ocasión llego a sus oídos que las mañas de niño que con tanto empeño representaba era por la mala compañía de su padre.

—Mi padre no es raro—dijo la niña con determinación—él solo hace lo mejor.

Esa contestación le valió de mi parte aún más adoración y orgullo pero ante las damas era la decepción, los Morstan eran respetables damas y caballeros de abolengo, ella era libre y en contra de todo se casó con migo, al morir, la abuela trato de moldear a una Sherlyne de 5 años llevándola al otro lado del mundo.

—Iré a América si papa viene con migo.

No hubo más discusión, preparamos maletas y partimos de Londres a otra vida, al otro lado del mar. Ahora a nuestro regreso, 4 años más tarde, después de visitar la lápida de Mary estoy a punto de tocar a la puerta de un amor que creí muerto tanto tiempo atrás.

— ¿Estas bien, padre?—me pregunta mi niña con preocupación.

—Sí, es solo que…

La puerta se abre de un jalón, un hombre de aspecto furioso me empuja hacia atrás para salir la agilidad de la niña le permite no ser aplastada en el proceso.

—Usted debe ser el Doctor Watson, pase por favor él se encuentra subiendo las escaleras.

Una dulce dama entrada en años nos recibió con una sonrisa cálida, su vestido uva pareció interesarle a mi hija, antes de decirle algo desapareció por otra puerta. No había vuelta atrás, aun no me sentía seguro, me faltaba el aire.

—Dios soy soldado ¿Por qué no puedo hacer esto?

—Y yo soy la que tiene el amigo imaginario, padre.—sonríe mi hija.

— ¿Siguen aquí?

La señora llevaba una bandeja de té con bocadillos, no parecía molesta o cansada por todo lo que llevaba.

—Permítame mi señora…-se interrumpió la joven.

—Hudson, pero tu dulzura puedes llamarme tía.

Después de una risita por parte de las dos damas, la señora Hudson se retiró de nuevo dejando a mi hija con la carga. Parecía más determinada que yo.

—Es el tipo del diario, ¿verdad?—dijo con la mirada perdida en lo alto de las escaleras.

—No sé de qué…

—Mama lo escondió de ti. —comento cuadrando los hombros—cuando me dijo la abuela que estabas enfermo yo ya lo sabía. —me miro y no había nada más que entendimiento—no estas enfermo, yo no lo creo. Yo deseo algo así con alguien más, aunque sea la mitad de lo que tú sientes por él.

—Es posible que vengamos a vivir aquí, claro si el aun lo permite.

—Eres un tonto por esperar tanto tiempo. —dijo suspirando dramáticamente. —tendré que desplegar todo mi encanto femenino.

Sin esperar a llamar a la puerta, mi preciosa hija entro como si fuera dueña y señora, Sherlock tenía su violín entre manos, se podía ver que estaba por tocar algo antes de que irrumpiéramos, Sherlyne no para de hablar sobre un hada y un duende que se encuentran en un campo y comparten la misma perdida, mientras le servía una taza a nuestro anfitrión.

—Y descubren que solo juntos pueden reparar tantos años de daño. —termina poniendo una taza de líquido caliente en la mano del arco, retirándole el instrumento y poniéndolo en su estuche. —iré a ver la habitación de arriba.

No me salieron palabras para lo que estaba haciendo y cuando las recupere ella había desaparecido escaleras arriba. Tome una profunda bocanada de aire antes de dirigirme a la estatua viviente que era mi corazón en ese momento.

No, definitivamente no estaba preparado para lo que vi.

Los años habían hecho de su cuerpo una obra de arte que debe ser exhibida y alabada, sus ojos aun conservaban sus colores azul, plata y verde de los que tanta veces me había permitido perderme, estaba más alto y delgado, dios era un maldito mástil en medio de la sala con una taza recién preparada.

—Entonces…—se aclara la garganta y la voz que sale casi me hace correrme—Se quedan.

—Yo…

—Es absolutamente hermoso el lugar padre. Senior Holmes aceptamos el trato.

—Niña con calma. —le dije en modo de advertencia.

—Yo no tengo que pensar, Holmes no tiene que pensarlo más, el único problema pareces ser tú. —Dijo mientras contaba las pocas monedas en su cartera—llamare a un coche para recoger nuestras cosas y mudarnos inmediatamente.

Sin decir más de nueva cuenta salió disparada a la calle pensando en vos alta sus planes para su nueva habitación. Voltee de nuevo a Holmes que parecía más calmado, tomando pequeños sorbos observando por la ventana la calle por donde mi hija corría desesperada por un coche.

—Es lista—dijo tomando asiento eh invitándome a copiarlo—se parece a ti pero es lista y más valiente.

—Soy médico, claro que soy listo. —comente serio, terminando por reírme.

Su sonrisa ilumino su rostro de manera que parecía que el tiempo no nos había tocado, que lo pasado en esos años fue un mal sueño y que mañana despertaremos temprano para ir a clase de tejido humano. Pero su elegancia se acentuó con los años, su rostro terminó por moldear una máscara de indiferencia y su cuerpo estaba mal alimentado.

—Te extrañe.

—Lo sé, por eso la niña lleva mi nombre.

—Deseaba que no fuese real.

—Nunca fue real, Mycroft nos mantuvo muy bien separados. —Suspiro como si algo le pesara. — ¿Recuerdas el secretario de mi hermano? Él hizo una copia de las cartas que me enviabas.

— ¿Las intercepto todas?—comente asombrado—que pervertido.

Su risa reboto por las paredes de lo que parecía ser mi nuevo "hogar", la taza tintineo al momento de ser depositada en la mesita junto a la tetera, con una mano me insto a tomar asiento delante de él. El sillón era cómodo y de buen gusto, si, podría volver a acostumbrarme.

—Solo así me mantuve cerca. —me dice con la mirada perdida en la chimenea.

— ¿Quién es Víctor Trevor?—le pregunto para salir del silencio instalado en la sala.

Sus ojos se abren entre la sorpresa y el miedo, como queriendo ocultar algo vergonzoso o fuera de lugar, algún mal sueño del que no hemos despertado.

—No querrás saberlo. —me sonríe enigmáticamente, quemando todo pensamiento coherente.

—Lo conocía—le interrumpo apartando la mirada de su rostro. —Mi hija me llevo a su tumba tratando de explicar a quien había visto y en donde, fue al frente siendo portador de malas nuevas.

Volví mi vista a él, aquella estatua elegante de 34 años me desnudaba el alma como en los viejos tiempos, tratando de descubrir la mentira de todo aquello, boqueaba como pez fuera del agua dándome a entender que su análisis no había servido de nada.

—Me dijo que las mujeres hacían fila por tus…—se acomodó nervioso en el sillón—encantos.

—Ninguna de ellas me toco—su mirada regreso a mi persona, iluminada por una esperanza perdida hacía tiempo. —hasta que Mary llego. Pero eso ya lo sabes, Sherly es la prueba de ello.

Cuando regrese del frente, mi hermana casi me asfixia, mi madre lloro hasta el día siguiente de felicidad y el resto de mis familiares, si me encontraban sentado o en cualquier posición, esperaban a que les recibiera con un cálido apretón de manos, digno de cualquier caballero respetable.

Pero Sherlock no es caballero.

Y por lo que me di a la tarea de averiguar, tampoco respetable.

Por lo que el sillón, de una plaza, protesta al resistir el peso de otro cuerpo, cuyas piernas, largas y vestidas por un fino pantalón, se colocan a cada lado de mi cuerpo, aprisionándome entre su pecho y el respaldo, sus manos se convierten en caricias que se enredan en mi pelo y saborean cada una de los movimientos que su dueño se permite.

—Bienvenido a casa John.

El susurro termina muerto entre mis labios y se convierte en un cálido beso, deseado y perdido entre los pliegues de la historia. Sus manos no dejan de tocar, aprendiéndose de nueva cuenta mi rostro, mi cuello es testigo del fabuloso intento de despojarme de cualquier botón traidor que le impide a sus dedos llegar a mi pecho.

Un poco de claridad llega a mi cuando ágilmente logra desanudar mi corbata.

—Sherly no debe tardar. —dije tomando sus muñecas, alejándolas gentilmente.

—Que aburrido, Doctor. —se burla bajando de mi regazo volviendo a su sillón.

Mi corazón tiembla, hace tanto tiempo que no sonrió de verdad.

—Eso puede arreglarse Watson, solo déjemelo a mí.

Irresistible.