Hola a todos mis lectores y lectoras. No he actualizado la historia desde enero pasado y la verdad me siento muy mal por ello, porque siempre prometo que voy a ser más dedicada con mis historias pero jamás lo hago. Por ello, pido una disculpa a todos ustedes y paciencia para las actualizaciones porque la universidad no me deja mucho tiempo para escribir.
Gracias por su comprensión ¡y a disfrutar este nuevo capítulo!
6 Grandes Héroes no me pertenece, sino a sus respectivos creadores.
Yo sólo soy dueña de Rebecca Margaret Winder, mejor conocida como Becca, y de la historia.
-Mira.-dije y respire profundamente.-No quiero ir a casa de mi madre.
Mi abuela lanzo un gemido y luego dijo:
-No has visto a tu madre en los últimos diez años, Becca.
Mis papás se divorciaron años atrás, porque mi madre había engañado a mi papá. Sin embargo, mi papá no fue quien pidió el divorcio sino mi madre, ya que esta había descubierto que el amor de su vida era la mujer que trabajaba en la cafetería frente a su oficina.
-No podría soportar estar en la misma habitación con las dos mujeres que arruinaron a mi familia.
Mi papá quedo destrozado después del divorcio, y tuvieron que pasar muchos años para que volviera a ser feliz. Aunque me sentía alegre por él, a veces temía que Alena, su novia, fuera a romperle el corazón.
-Tu madre quiere arreglar las cosas, Becca.
Y por circunstancias de la vida, a mi madre le detectaron una enfermedad terminal. Por ese motivo, ella quería arreglar las cosas tanto conmigo como con mi hermano.
Mi abuela respiro hondo y luego hablo con una serenidad increíble:
-Yo sé que estas enojada con tu madre y no te culpo por sentirte así. Pero ir a visitarla podría ayudarte más a ti que a ella.
-Todavía estamos a tiempo de ir al cine.-dije.
-Le prometí a tu abuela impedir que te escaparas.-dijo Hiro, sin dar su brazo a torcer.
Había aceptado venir a visitar a mi madre, siempre y cuando Hiro viniera conmigo.
-Vamos.-Hablo Hiro.-Toca el timbre.
A regañadientes lo hice.
-Becca…-Susurro mi madre cuando abrió la puerta.
Mi madre se veía mucho mayor de lo que yo esperaba, tal vez porque la enfermedad estaba haciendo estragos en ella. Yo recordaba que era delgada, pero no un esqueleto. Y aquella larga y hermosa cabellera pelirroja se había vuelto una maraña de pelos blancos resecos.
-Hola, madre.-dije con frialdad.
Parecía decepcionada ante mi falta de emoción por nuestro encuentro. Y por ello fijo sus ojos en lo míos, con la esperanza de ver un dejo de felicidad.
Pero en mis ojos no había nada de eso.
-¿Y quién es este guapo muchacho?-Pregunto mi madre, con los ojos examinando a Hiro de pies a cabeza.
-Su nombre es Hiro y es mi novio.-Respondí.
-Mucho gusto, Hiro.-dijo mi madre, extendiendo su mano hacia Hiro para saludarlo.-Soy la madre de Becca, pero puedes llamarme Mattie.
-Es un placer, Mattie.-Respondió Hiro, estrechando la mano de mi madre.
Mi madre nos guio hacia adentro de la casa y nos sentó en el gran sofá de su sala, arrastrando una silla para sentarse enfrente de nosotros.
-¿Cómo has estado, Becca?-Pregunto mi madre.
-Bien.-Respondí, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Mi madre esperaba que yo fuera a atacarla con preguntas, pero para ser sinceros, no me apetecía saber nada de ella.
Ni si quiera quería estar allí.
No en aquella habitación repleta de fotos donde aparecía ella en compañía de su nueva esposa.
-Tu abuela me contó que estas a punto de graduarte, ¿Ya pensaste en que vas a estudiar?
-No pienso ir a la universidad.
A mi madre la tomó por sorpresa mi decisión de no ir a la universidad.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Puedo hacer comerciales de televisión sin tener un título.-dije.
-Primero vas a la universidad y luego harás comerciales.
Sus palabras me tomaron desprevenida y dejaron boquiabierta. Mi madre estuvo ausente de mi vida por varios años y ahora se sentía con la suficiente autoridad para decirme que hacer con mi futuro.
-Esos son tus planes, pero no los míos.
-Cariño… Has sido actriz desde los seis años, pero no podrás hacerlo toda tu vida. Tienes que pensar en tu futuro.
-¿Tú crees que por que tu carrera como actriz fracaso, la mía también lo hará?-le pregunte, furiosa.
Mi amor por la actuación había nacido de ver a mi madre en la televisión. Recuerdo que mi hermano y yo encontramos en el ático una caja con viejas citas de VHS en donde mi madre aparecía haciendo audiciones para un sinfín de papeles. Yo podía estar frente al televisor, viéndolos una y otra vez sin cansarme porque para mí la actuación representaba la posibilidad de transformarte en alguien más.
Mi madre bajo la mirada para responder con una mezcla de obstinación y tristeza:
-Te digo esto para que tengas un mejor futuro. La actuación es sólo un capricho.
Eso me hizo enojar.
Por otro lado, Hiro se sentía incómodo al encontrarse en esta situación entre mi madre y yo.
-¿Un mejor futuro? He dedicado toda mi vida para convertirme en actriz ¿Sabías que tengo un trabajo de medio tiempo para pagar mis clases de actuación? ¿O que viajo de una ciudad a otra para ir a audiciones? ¿Qué tengo que aprenderme diez guiones para diez audiciones diferentes en un mismo día? Tú no tienes ni una idea de lo mucho que me he esforzado para alcanzar mi sueño ¿Y sabes por qué? Por qué has estado fuera de mi vida los últimos diez años. No intentes en pensar que es mejor para mí, porque ni si quiera me conoces. Ya no soy la misma niña de seis años a la que abandonaste.
Mi madre guardo silencio y puedo jurar que vi una lágrima recorrer su mejilla.
-Y para que lo sepas, madre, jamás quiero volver a verte.-dije decidida.
Me fue de ahí, seguida de Hiro, y camino a la puerta nos topamos con una mujer muy guapa pero maquilladísima. Supuse que sería Bessie, la esposa de mi madre.
-¿A dónde vas?-Pregunto Bessie, interponiéndose en nuestro camino.-Todavía no hemos cenado.
Hice a un lado a Bessie y me fui dando un portazo. Hiro pidió una disculpa a Bessie por mi mal humor y corrió para alcanzarme en la calle.
-¿Qué fue todo eso?-Pregunto Hiro cuando consiguió alcanzarme en un semáforo.
-No quiero hablar de eso.-Murmure.-No quiero pensar en eso ¿No podemos hablar de otra cosa?
Hiro permaneció contemplándome en silencio tanto tiempo que llegue a pensar que no volvería a hablar, o que si volvía a hacerlo sería para retomar el mismo tema. Por fin, después de una eternidad, me abrazo y beso mi frente.
-Está bien, no hablaremos de eso.-estrechando más el abrazo, con la intención de reconfortarme.
-La odio tanto Hiro-murmure en medio de los sollozos.
Todos los tristes y dolorosos recuerdos hicieron que se encogiera mi estómago. No había esperado sentir aquella abrumadora sensación pero tenerla frente a mí, actuando como si no hubiera pasado nada, me hacía sentir sumamente miserable.
En un parque cercano, Hiro y yo nos sentamos en los columpios. Yo empecé a columpiarme, mientras él continuaba devorando su perrito caliente.
-Todavía recuerdo el día en que mi madre se fue para siempre de nuestras vidas.-dije, con la mirada fija al frente.-Ese día, papá, James y yo nos despertamos temprano por la mañana y fuimos hacia la cocina listos para degustar el delicioso desayuno que mi madre nos hubieses preparado ese día. Ella era una muy buena cocinera.
Hiro giro su cabeza hacia mí.
-Pero cuando llegamos a la cocina, mi madre no estaba ahí. Pero, en cambio, encontramos una carta sobre la mesa. Mi papá la tomo y la leyó mientras James y yo buscábamos a mamá por toda la casa. Aquella carta era una despedida.
Hice una pequeña pausa.
-Cuando mi papá dijo que mi madre jamás volvería a casa, nosotros no podíamos creerlo. James pregunto a mi papá si existía la posibilidad de que mi madre regresara a casa para volver a ser una familia feliz, el respondió que no…
-¿Quieres que te empuje?-Interrumpió Hiro.
Ni si quiera me dejo responder porque me empujo el columpio, cada vez más alto. Al no verme llorar, Hiro podía concentrarme únicamente en hacer lo que fuese para hacerme sentir mejor.
Pronto el llanto se convirtió en risa.
Espero que hayan disfrutado de este capitulo tanto como yo lo disfrute escribiéndolo.
¡No olviden dejar un review!
