Presentaciones

El ambiente estaba tenso dentro de aquella habitación en penumbras, las luces proyectaban una pobre iluminación azulada gracias a los paneles que proyectaban una imitación a un oscuro cielo nocturno, haciendo que la vista se confunda y las sombras se proyectasen más oscuras de lo esperado.

Allí se encontraban cinco parejas dispersas por el lugar, algunas de pie y otras sentadas en las pocas sillas del lugar. Una chica de vestimenta reveladora se sentaba en las piernas de una pelirroja con melena desordenada, esta usaba un pantalón negro con botas y un chaleco del mismo color sin mangas que dejaba ver sus brazos con algunas finas cicatrices. Mantenía los ojos cerrados con un brazo en la silla y el otro en la cintura de la chica sobre sus piernas.

Recargada contra la pared, una chica vestida con falda azul, camisa, corbata y con mirada seria. A su lado había otra de cabello esponjoso y lentes que tecleaba maniáticamente en una computadora de apariencia vieja, pero cerró el aparato cuando la otra toco su hombro y le susurro unas palabras al oído.

Allí donde la luz era menor al resto del lugar un par de chicas se daban la espalda con los brazos cruzados, una de ellas sonreía de forma soñadora pero falsa, en esos ojos se podía ver algo de locura insana y el cinto con bola en su cadera daba mala espina sobre lo que hubiera dentro. Y sobre la otra chica, se podría decir que era compañera suya, o al menos se conocían, porque no parecía muy feliz de estar con la otra, pero sonreía salvaje siempre que no mirara a la de ojos turquesa.

Cerca del centro en una silla extravagante y de apariencia costosa, una chica de ojos hermosos color cielo, se mantenía perfectamente recta, a su izquierda una niña con ojos de un refulgente amarillo observaba a todos lados, con aparente nerviosismo, no se le veía muy cómoda en aquel lugar.

Por último, una pelirroja se apoyaba en la parte trasera del respaldo de una silla que ocupaba su acompañante, una joven de sonrisa calma y cabello azul corto, la pelirroja sonreía mientras jugueteaba en su boca con unos dulces de menta.

―Les agradezco de antemano el que aceptaran venir a la academia. Mi nombre es Hashiri Nio, soy la persona que las conecta a ustedes con las ordenes de su contratista, en otras palabras, seré la que les asigne las misiones―dijo sonriendo mientras hacía el signo de la paz con las manos, todas la veían sin cambiar expresión, una luz blanquecina calló sobre la chica rubia―que miedo…je―dijo con una sonrisa, viendo a las chicas dentro de la penumbra del lugar.

―Entonces solo eres un peón del verdadero jefe, que patético ~3―dijo la chica sentada sobre las piernas de la pelirroja. La gente allí intentaban verla pero sólo distinguían su figura.

―Algo así, pero eso no debe de interesarles, en su trabajo no está incluido eso ¿o sí?

―Ni si quiera nos has dicho de que se trata―dijo la que estaba apoyada contra la pared.

―Oh, es verdad, que distraída―se dio un pequeño golpe en la cabeza―ya pueden pasar.

Azuma desvió la mirada a las que por obvias razones tenían algo de relación con el porqué de que estuvieran aquí pero eso se fue de su mente al ver a esa chica, venía algo escondida detrás de una chica morena con lentes y mirada fría, sus ojos no eran afilados o escondían algún tipo de intención, no podía ver malicia o algo parecido en esos ojos…veía tristeza, tristeza escondida detrás de esa sonrisa que llegaba a su mirada ¿por qué sonreía si estaba triste? Qué curioso.

―Ichinose Haru, un placer conocerlas a todas―dijo sonriendo, sí, muy curioso.

―Kaminaga Kouko―respondió la otra, podía distinguir un bulto discreto en la cadera, venía armada.

―Ichinose Haru es la chica por la que todas estamos reunidas, la academia Myōjō cumple su deseo, que es una vida normal: una organización, casi tan grande como la de Myōjō esta tras su pista y ustedes deben echarla abajo antes que intenten algo. Tenemos planeados 7 asaltos, estos se harán en equipos dependiendo de la naturaleza del trabajo ¿alguna pregunta?

― ¿La paga?―dijo la pelirroja que comía mentas.

―Dependiendo del éxito de la misión, pero sólo con estar aquí se les dará una paga, puesto que podemos esperar un ataque.

― ¿Debemos estar al tanto de sus llamadas?―dijo la chica sentada en la ostentosa silla.

―Ah, eso es lo mejor, la academia Myōjō abrirá un grupo exclusivo para ustedes, tomaran clases como estudiantes normales, vivirán aquí en cuartos compartidos para estar siempre disponibles.

― ¿Clases? ¡Qué lindo!―dijo una chica sonriendo infantil, quien parecía acompañarla dio un pequeño gruñido viéndola.

―Sólo para guardar apariencias, además que Haru debe continuar con su educación, es parte del deseo que pidió―dijo sonriéndole a la chica de una manera algo perturbadora, esta se la devolvió algo incomoda― ¿alguna otra pregunta?

―Los equipos―se escuchó por primera vez la voz de aquella chica de melena color vino.

―Se complementaran mutuamente, pueden ser de dos a cinco integrantes, yo los escogeré, al igual que al líder. Si eso es todo, las veo a todas mañana en clases, esperen más información en el transcurso de la semana. Nio fuera.

Con eso, la poca iluminación que apuntaba a la chica rubia desapareció, sólo había una luz que era de la puerta abierta, voltearon para ver a Nio pero esta ya no se encontraba.

―Genial ¿ahora donde dormirá Isuke?

―Hashiri me asigno como representante de la nueva clase negra, las llevare a sus habitaciones―la morena con lentes se adelantó con las demás siguiéndola, Tokaku iba junto a Shiena, que hablaba con la joven que encabezaba el grupo, junto a otra chica con cabello azul claro, pero se detuvo un momento al ver que la chica Ichinose no iba con el grupo. Se quedó atrás observando las sillas vacías y los paneles que mostraban un cielo estrellado.

―Es peligroso quedarse sola, eres el objetivo―dijo, parecía que la chica se había asustado, pues dio un pequeño salto de sorpresa, pero le brindo después una sonrisa amigable, mirándola directo a sus ojos.

―Haru solamente estaba pensando―sus ojos eran rosas, espero por el sentimiento de desagrado por aquel color particular o el olor que parecía seguir a cada una de las chicas en esa habitación pero ninguna de las dos cosas llegaron, esos ojos eran claros y vidriosos, como si estuvieran siempre hundidos en agua y el aroma le recordaba a las brisas de verano cuando su tía hablaba con ella en el patio mientras entrenaba. Era el aroma del sol, de las hojas de los árboles. El aroma de la alegría de mejores tiempos―me alegra saber que puedo contar con ustedes amm…―hizo una pausa nerviosa, esperaba a que la chica frente a ella se presentara.

―Azuma Tokaku―no le ofreció la ano ni pidió su nombre, ya lo conocía―Tokaku significa imposible, antes de que lo preguntes. Llámame Azuma, no puedes llamarme por mi nombre.

― ¿Azuma-sam?―dijo sonriendo mientras caminaban a las habitaciones, Azuma no tenía idea de a dónde iban pero al parecer la chica sí.

―No. Sólo Azuma.

― ¿Qué tal Tokaku-chan?―volvió a intentar. La otra sólo le dirigió una mirada seria y sin expresión―E-entonces… ¡Tokaku-sam! ―sonrió emocionada con su idea. Azuma no entendía porque sonreía tan abiertamente con algo tan simple, era un sin sentido.

―Haz lo que quieras―dijo sin intención de sonar descortés, pero no lo logró, la chica bajó desanimada la cabeza, conocía ese gesto de tristeza, le ocurría seguido con Shiena hasta que la chica entendió que no era personal el tono con que le hablaba, soltó un suspiro antes de hablar―escucha yo…

―Azuma-sam―habían llegado a un pasillo donde había un total de 7 habitaciones, cada una con un número en la puerta, quien hablaba era la misma chica que había guiado a las demas―Tu habitación es la numero uno, Kenmochi-san está dentro, dijo que te quedarías con ella.

―Gracias, buenas noches―dijo cortes pero fría.

―Igualmente―dirigiéndose a Haru―vamos, el nuestro es el número tres―alcanzó a escuchar la heredera de los Azuma antes de que se alejara a su propia habitación.

―Oh, sí, descansa Tokaku-sam, Haru te desea buenas noches―le sonrió para seguir a la otra chica al final del pasillo, Azuma las observo irse hasta perderlas de vista al entrar a su cuarto, le llamaba la atención esa manera de sonreír, o más bien, esa manera de expresar su forma de sentirse con tanta facilidad, le recordaba a una niña.

―Es una niña, ingenua―dijo llegando a una conclusión. Toco la puerta de su habitación para que Shiena le abriera.

―No obtuvimos mucha información sobre los trabajos que haremos―dijo la pelirroja, desabotonaba su camisa con los ojos cerrados sin prestar real atención a las cosas en esa habitación.

―Tranquila, la paciencia es una virtud―dijo Suzu pasándole unas mentas, la chica se encontraba sin camisa acostada en la cama, se podía ver su abdomen firme con suaves músculos.

―Una en la que no he trabajado―sonreía a la vez que comía un par de esas mentas, no sabía porque Suzu se las daba, sólo un día comenzaron a aparecer en su boca.

―Pero sabemos a quién hay que cuidar―Suzu fue quitándose la ropa, botón a botón hasta quedar sólo con su falda y el sostén negro con detalles de pétalos blancos. Haruki abrió un ojo para mirarla y sonrió, así que había traído aquel conjunto.

―Es verdad, no fue pérdida de tiempo y Haru parece ser alguien a la que vale la pena proteger, me agradó.

―Lo sé, Kaminaga-sam lo demuestra, se deben conocer de mucho tiempo―aquella chica de mirada fría había captado su atención, parecía muy madura y entregada a su labor, pese a la edad tan joven que aparentaba, no podía ser mayor de 16 o 17.

― ¿Kaminaga?―preguntó Haruki, no recordaba dicho nombre.

―La chica de cabello negro y ojos azules―la expresión de incertidumbre de Haruki no cambió―la de lentes―aún nada―quien nos mostró cual sería nuestra habitación.

―Ahh esa chica, lo siento, no la noté mucho―Haruki desató su cabello, rascó un poco su cabeza dándose un pequeño masaje, antes en sus días como asesina se lo había cortado por en sima de los hombros, al conocer a Suzu esta le había dicho que le gustaba el cómo se le veía largo, así que lo había dejado crecer, llegaba poco más abajo de la mitad de su espalda, le gustaba como se veía, debía admitir que Suzu tenía buen gusto, sin ánimos de ser egocéntrica.

― ¿No la notaste? Pensé que podrías un ojo en cada una de ellas.

―No es una pelea contra ellas, al contrario, serán nuestras compañeras de equipo―el dulce que había estado en su boca se desintegro con las lamidas de su lengua, le agradaba la menta pero llegado a un punto no quería probar más. Dejó los dulces en la mesita de noche ubicada en medio de ambas camas.

―Lo entiendo―en ocasiones su novia era muy despreocupada, no descansaba bien en las noches cuando regresaba a casa con sus hermanos y ella esperaba paciente con el celular cerca, esperando un mensaje que le quitara la preocupación, muchas veces ella misma debía llamar para saber que llegó sana y salva a casa.

―Je pero parece que llamó tu atención.

― ¿Celosa?―preguntó Suzu con una sonrisa divertida.

―Sabes que eso no va conmigo―le guiñó un ojo―iré a tomar un baño para dormir, el viaje me dejó agotada―se levantó y volvió a abotonarse la camisa para tomar sus objetos de aseo personal junto con un par de toallas, estaba a un par de pasos de la puerta― ¿no vienes?

―No gracias, Haruki-chan, tomaré un baño con sales.

―Vale, no hare ruido al entrar―dijo saliendo.

―Muy amable―dijo sola en la habitación. Termino de quitarse la ropa para disfrutar de su baño aromático con sales, era un gusto que no cambiaba por más años que pasaran, la relajaba a tal punto de no sentir pasar el tiempo, era un chiste personal que ponía algo nerviosa a Haruki, Suzu no se mofaba de sí misma o hablaba con descaro sobre su enfermedad, sólo que había aceptado ya hace tiempo el cómo era la vida para ella―además, ya tengo estas cosas…por más costosas que sean…―dijo al tomar una pastilla que le dejaba un mal sabor de boca, luego de eso busco una de las mentas que les daba a Haruki, esos dulces siempre le quitaban ese desagradable sabor de muerte y vejes.

Haruki se dio un pequeño golpe mental al final del pasillo, escuchó de los baños colectivos a disposición de la clase negra especial, pero no tenía idea de donde se encontraban. Quizás en la habitación 3 pudieran darle respuesta, a punto estaba de tocar cuando de la numero cuatro salió aquella peli rosa que robaba la atención antes que cualquier otra chica en ese lugar, seguida de la chica con melena color vino y mirada afilada. Ninguna le dedicó una sola mirada, la más alta escuchaba lo que su compañera decía, cargaban toallas y una pequeña maleta. Caminaron al extremo opuesto del pasillo y doblaron a la izquierda.

―Van a los baños―dijo segura de sí misma, no quería molestarlas ni interrumpir, era notable que se conocían de tiempo, por lo que tuvo el cuidado de seguirlas de lejos, doblaba por el mismo pasillo que ellas y les daba discreto alcance cuando comenzaba a perderlas de vista.

Era la tercera vez que sólo podía vislumbrar aquel cabello rosa ondulante antes de desaparecer a la vuelta de la esquina, corrió al final del pasillo y doblo por donde ellas lo habían hecho, esto se le antojaba ahora una pequeña persecución, estaba dispuesta a preguntar por los baños, ella no era del tipo de personas que seguía a otras pero al doblar alguien la sujetó del cuello, quedando atrapada contra la pared a su espalda y la mano que no le dejaba respirar bien.

―Mira lo que atrapó el león ¿Qué demonios hacías siguiéndonos?―escuchó la vz burlona y aterciopelada de la pelirosa que se apoyaba a las sobras contra la pared, tenía los brazos cruzados y con eso sus pechos se veían mucho más apretados. Pasó la vista de arriba abajo sobre aquella chica, era muy hermosa con todas esas curvas y la cantidad precisa de ropas para robarse el aliento, todo capado en los pocos segundo que fijó su mirada. Quien la sujetaba era la chica alta, Haruki se preguntó si había notado como sus ojos examinaban a su compañera recargada en la pared, supuso que sí.

Los ojos rojos no perdían detalle de ningún movimiento por mínimo que este fuese, no habían pasado ni 30 segundos desde que doblo.

― ¿Quién eres y qué quieres?―volvió a hablar la peli rosa, esta vez saliendo de las sombras, podía ver claramente como la analizaba de pies a cabeza, tenía unos lindos ojos anaranjados que la veían a la expectativa, sonrió un poco pese a aquella mano ahorcándola, desconfiaban de ella, nada extraño en un lugar donde podrían asesinarte.

―Sa-sagae Haruki, un gusto, gah, hombre ¿podrías aflojar un poco? No puedo respirar bien―la pelirroja desvió un momento los ojos a la otra sin aflojar el agarre, Haruki supuso que buscaba algún tipo de aprobación.

―Aún no respondes porque nos seguías, idiota~3

―Y tu amiga aún no me suelta, preciosa―respondió con el mismo tono de la chica, una sonrisa jugando entre sus labios.

―Ni lo hará como sigas dándotelas de lista~3―dijo mientras se veía las uñas y le enviaba una mirada molesta, la otra chica no había hecho o dicho nada, no movió un solo musculo cuando Haruki le dijo preciosa a su compañera de cuarto, a la que parecía cuidar u obedecer, pero apretó un poco más su cuello en cuanto su compañera de cuarto termino de hablar.

Aquello no le gustó a Haruki, ejerció presión en un punto específico de la mueca hasta que Namatame la soltó, vio que trataba de tomarle del brazo y doblarlo tras su espalda pero no se lo permitiría, apartó su mano y le asestó un golpe en el estómago que la hizo doblarse sobre ella misma, giro sobre sus talones para quedar cara a cara de la peli rosa, todo pasó muy rápido a juzgar por mirada sorprendida de esta.

―Sagae Haruki, buscando los baños colectivos de este lugar―Namatame se levantó tan pronto se recompuso, lanzó su puño contra Haruki que alcanzó a esquivarlo con agacharse a la izquierda, el segundo golpe lo retuvo con la mano, la chica era fuerte pero ella más, levantó un puño pero este fue detenido por Namatame, forcejearon un poco para soltarse―las vi…―seguía hablando―y pensé que ustedes sabrían dónde está―al fin se liberaron de ese tanteo de fuerzas inútil, se puso a unos pasos de ambas―pero sólo pierdo tiempo ¿no es así? Sólo me encontré a una niña que necesita de su guardaespaldas para que la proteja y me joda el cuello sin razón aparente―al fin sacó una reacción a la chica con melena, frunció un poco el entrecejo al escuchar esas últimas palabras.

―Soy Namatame Chitaru y no soy su guardaespaldas, soy su pareja―su voz se escuchaba amable, yendo en contra de su apariencia salvaje.

―Oh, lo siento, lo siento, hice suposiciones precipitadas―acaricio su cuello tratando de bajar el dolor―supongo que tu reacción es justificada, no quieres que algo malo le pasara a tu novia―le sonrió y la otra le dio de vuelta la sonrisa al verse comprendida, pero Isuke no parecía contenta con su intercambio de palabras.

―Tsk…como sea, Chitaru, vámonos, Isuke perdió el humor de un baño―dijo dándose la vuelta. La chica era divertida con su forma de hablar, pensó Haruki, olvidando momentáneamente el dolor en su cuello.

―Los baños están al final del pasillo, a tu derecha―dijo Chitaru antes de caminar tras la chica peli rosa.

―Te lo agradezco ¡y el color morado te queda bien en las uñas chica!―le gritó a la otra, esta volteó a verla como si le ofendiera lo que dijo Haruki.

― ¿Chica? Es Isuke-sama para ti, idiota―dijo en tono de voz hiriente, Haruki temió que la golpeara pero la chica con melena le toco el hombro para que siguieran caminando, alcanzó a ver como Isuke-sama se sacudía la mano de en sima.

―Jeje ¿con que Isuke-sama? Me gusta―dijo recogiendo sus cosas y colocando nuevamente la toalla sobre su hombro. Siguió las instrucciones de Namatame hasta llegar a los baños colectivos, no lo sabía, pero allí dentro ya había personas.

―Ah~ que genial, en mi vida tuve oportunidad de entrar a un baño de este tamaño, casi parece una piscina―dijo la chica salpicando un poco de agua a su acompañante, esta sólo hizo un gesto de molestia.

―Deja de joder ¿Para qué me seguiste? Suficiente tengo con tener que compartir habitación contigo, debí preguntar si podía cambiar con alguna otra chica.

―Ou me rompes el corazón―dijo haciendo ademanes que algo en el pecho le dolía―es obvia la razón por la que vine, no quiero que nada le pase a Mahiru-chan, este lugar es peligroso si no se anda con cuidado y siendo tú la que esta despierta, no puedo dejarte sola―movía la cabeza de un patito que flotaba cerca de ella, había muchos allí, quizás 30―. Además, con todas esas bellezas en nuestra clase ¿Cómo esperar a que me quede en la habitación teniendo oportunidad de ver alguna sin ropa?―tras aquello se escuchó el movimiento del agua salpicando y un manotazo.

―Primero, no toques a nuestros patitos―Shin´ya sostenía la mano de Otoya en alto, estaba de pie frente a la asesina serial que sonreía de forma retadora, el agua sólo podía cubrir hasta sus caderas, dejando su pecho expuesto―segundo, pobre de ti si engañas a Mahiru, ella está aquí solo por ti y yo para cuidarla que tus idioteces no la lastimen ¿quedo claro?―se miraron desafiantes a los ojos, un matiz de locura en cada mirada pero diferente en cada una, Otoya nunca sintió atracción por la personalidad nocturna de Mahiru, para ella era sólo un defecto con conciencia que tenía su novia pero últimamente, el pensamiento de tener a esa chica salvaje a sus pies y suplicando no se alejaba mucho de su cabeza.

― ¿Interrumpo?―llamo una chica pelirroja, traía una toalla en la cintura y otra en sus pechos.

―Je, adelante, una fiesta es mejor cuantos más hay…especialmente compañía agradable―dijo Shin´ya, queriendo olvidar de a momento la presencia de Otoya, estaba allí por su incapacidad de decir no a aun trabajo de paga en que implicara el asesinato de alguien, Mahiru queriendo ayudar a su novia y con miedo de quedarse sola la acompaño a la academia y Shin´ya, sin poder ir en contra de Mahiru y sus deseos, sólo puede prestarle su fuerza y voluntad, tal y como ha sido siempre.

―Como siempre…―susurro mirando el agua, Otoya hablaba con la pelirroja mientras ella pensaba en todo lo que había hecho por su hermana, ellas eran una, pero había ocasiones en las que Shin´ya se sentía muy sola teniendo a Mahiru cerca.

En la habitación 6, ambas jóvenes desempacaban sus cosas o al menos eso hacía una de ellas, la otra tenía personas remodelando y desempacando mientras tomaba una taza de té.

―El lugar no está tan mal, al menos tiene lugar suficiente para mi mesa de té ¿O tu qué opinas, Hitsugi-chan?―dijo viendo a la chica que intentaba desempacar y poner en orden su maleta, con hombre yendo y viniendo, pidiendo permiso para pasar o ultimadamente pasando sobre ella, después de todo es tan pequeña que alzando una pierna podían caminar sin lastimarla, pero aquello le parecía indignante a ella.

―Me parecía perfecta tal y como estaba ¡ey! ¿A dónde llevan la mesa? ¡Sumireko!―a Hitsugi le incomodaba un poco las manías de su compañera por traer sus propios muebles a donde sea que fueran, siempre se preguntaba lo mismo ¿lo hacía por su supuesta "condición" o era mera excusa para no parecer tan pretenciosa?

―Mantente tranquila, tenemos el permiso de la escuela para hacer los cambios que consideremos pertinentes y la mesa de caoba no tardará en llegar para sustituirla―sorbió de su té.

Toda la situación superaba a Hitsugi, al igual que los hombres pasando cosas por encima de ella sin dificultad, si se quedaba más tiempo terminaría por enojarse con la Ojou-sama, algo para nada provechoso si la conocía de algo.

―Saldré a caminar.

―Joh ¿Quieres que te acompañe?

―Puedo ir sola―dijo algo brusca, sabía porque Sumireko se ofrecía a ir con ella.

― ¿Estas segura? No tardare más de un par de minutos y te acompaño.

―No me voy a perder―dijo cerrando la puerta.

Dentro de la habitación la chica de ojos hielo sólo miro un poco la puerta por la que Hitsugi desapareció, en momentos como ese sabía perfectamente cuál era su relación: amigas con derecho a rose, desde siempre había sido así pero ella se empeñaba en dar con ese lado de Hitsugi, aquel en que se entregara por completo en sus brazos, sería apresurado decir que estaba enamorada, pero tenía su interés sentimental en la chica de estatura baja, no sabía porque le atraía, iba en contra de lo que buscaba siempre al pasear por las calles en su limusina, sí, tenía una apariencia delicada que te inspira a protegerla, más aquella apariencia era sólo un mero espejismo. Ya había visto sus verdaderos ojos en una ocasión.

Fuera del cuarto, Kirigaya se apoyó en la puerta suspirando, a veces no entendía por qué continuaba a lado de aquella chica, era agradable y todo, educada, interesante, linda y sus juguetes…no les faltaba nada para hacerla sentir bien pero no era para ella, no la consideraba una pareja o algo, amigas con derecho a rose, eso eran― Y nos conocimos por casualidad―dijo rememorando aquella misión mientras caminaba por los pasillos desiertos tratando de encontrar algún lugar donde pudiese tomar un poco de aire, pero sólo habían ventanas con barrotes, quería apoyarse en el barandal de algún sencillo balcón y ver el cielo nocturno, le gustaba ver las estrellas del cielo.

Le relajaba obsérvalas, eran hermosas, le parecía interesante pensar que todo el mundo podía ver la misma estrella que ella, sus ojos siempre se dirigían al cisne, el león, al cazador, pero tenía una fascinación por ver directamente al ojo de Dios. En la casa Hanabusa había un telescopio a su disposición, uno decente y con gran potencial, le agradeció ese "humilde" regalo a Sumireko, la chica era muy buena con ella, más le preocupaba pensar que accedía a sus peticiones por las cosas que le daba.

―Creo que es tiempo de volver―dijo en voz alta, cuando pasaba la mirada por "las bolas de gas" como les decía Sumireko, llegaba a sumirse tanto que perdía la idea del tiempo corriendo.

Camino un par de minutos regresando sobre sus pasos pero en el punto donde debería estar en el pasillo con habitaciones le mostraba las escaleras.

―Pero si volví por donde llegue…―se dijo extrañada, regreso, esta vez tratando de dar con la ventana del principio y llegó a un pequeño cuarto con sillones y mesas a disposición del alumnado, algo así como un hall― No, no, no―dijo corriendo un poco, volteando de lado a otro, ¿por qué siempre le pasaba esto? Sumireko se reiría de ella.

Corrió frente a un pasillo a toda velocidad, apenas mirando a otro lado cuando pensó ver algo, regresó un par de pasos, allí estaba aquella pelirroja que le resultaba familiar, salía de la cafetería bebiendo un café, en su otra mano sostenía otro vaso humeante. La verdad sea dicha, de entre todas las asesinas en ese grupo negro, aquella pelirroja era la única que lograba intimidarla, la mirada afilada y aquellas cicatrices, su postura felina le decía que era peligrosa, mucho más en compañía de la chica con que la vio, tal vez sólo era su imaginación, pero cuando estaba con aquella chica pelirrosa su mirada y postura parecían afilarse más.

Pero Hitsugi quería llegar a su cuarto sin tener que llamar a Sumireko.

― ¿Ah disculpa?―se acercó tras llamarle, ser la más bajita de la clase y tener que hablar con la más alta era horrible, pero había que hacerlo si quería evitar la vergüenza.

Chitaru detuvo su marcha cuando la pequeña le llamo, le resultaba curioso que niña tan joven y de apariencia tan delicada perteneciera a la clase negra, que en su opinión no era nada más que una competencia por ver quien recolectaba más cabeza y en eso, Isuke estaba de acuerdo.

― ¿Sí?―no tenía idea de que quería la chica, no traía consigo ningún tipo de arma, Isuke siempre le decía que llevara un arma consigo al salir, una katana corta, cuchillo o pistola de corto alcance.

―Esto…veraz…yo am…―le costaba un poco hablar.

―Estas perdida―era una afirmación. Cuando caminaba a la cocina escucho pasos de alguien corriendo, al principio le alertó ese ruido pero siguió escuchándose al mismo tiempo en que compraba el café, por lo que le restó importancia. Tenía a la dueña de esos pasos frente a ella.

― ¿Qué? No, por supuesto que no―negó.

Chitaru miro un momento a la chica, analizando la forma en que su boca casi hacía un puchero. Tierno y gracioso.

―Entonces ¿qué deseas?―preguntó.

―Bueno, esto…yo quería pues…―tartamudeo, su lengua decidió no ayudarla y el cerebro apago aquel hemisferio donde las excusas y mentiras se creaban.

―Veo que no necesitas nada―dijo poniendo a Hitsugi entre la espada y la pared; giró sobre sus talones y retomó su marcha sin darse cuenta que una sonrisa juguetona se aparecía en su cara esperando a que la niña picara el anzuelo.

― ¡Espera!―Chitaru detuvo su caminata, borró su sonrisa cuando le dio la cara, esperando a que continuara ablando.

―Está bien…sí estoy perdida―admitió, sus mejillas tomaron un tinte algo rojizo por la vergüenza y coraje, la chica sólo se burlaba de ella.

―Disculpa mi actuar, no fue intencional avergonzarte; me llamo Namatame Chitaru―tiró el vaso de café a un basurero cercano y le tendió la mano; Hitsugi trató de ver la mentira en los ojos escarlata, pero estos eran sinceros y apacibles. Esos ojos que se dilataban teniendo a la peli rosa sentada en sus piernas.

―Kirigaya Hitsugi―estrecho su mano, el edificio tenía aire acondicionado trabajando todo el día y buena parte de la noche, sus propias manos estaban frías, lo opuesto a la leona, que eran cálidas. ¿Sería por el café?

―Dices que te perdiste―dijo tomando camino a las habitaciones, se soltaron las manos.

―Así fue, lo sé es vergonzoso y me apena mucho, soy un poco distraída sobre donde ir al caminar sola y…

―No es por allí―Namatame iba a doblar la izquierda, Kirigaya seguía de frente al hablar. Se golpeó mentalmente por ponerse en semejante situación.

―Lo siento mucho―dijo volviendo a lado de la chica―es una vergüenza.

―No hay problema, no es vergonzoso, creo que es lindo y adorable para tu edad.

― ¿Qué edad crees que tengo?―ahora caminaban a la par.

―No puedes tener más de 11 años.

―Tengo 14, próxima a los 15―corrigió.

―Vaya, no tenía idea, lo siento mucho, disculpa mi imprudencia, con esto ya son dos veces―dijo deteniéndose un poco, no buscaba ofender a aquella chica, su vida como cazadora de asesinos no le permitía conocer a muchas personas y su vida social era nula, aquella chica de joven apariencia se veía agradable.

Kirigaya rio internamente, el rostro de la leona mostraba verdadera preocupación por haberla ofendido, quiso jugar un poco con eso.

―Que grosera fuiste―la pelirroja dio un pequeño brinco por la respuesta no esperada.

―Yo…lo siento mucho, solo que tu estatura, tu voz y tu cabello son lindos como los de una niña de 11.

― ¿Entonces piensas que soy linda?―esa chica, teniéndola cerca y cruzando palabras con ella, pudo ver que su aspecto no coincidía con su forma de ser; la chica de melena dio otro paso atrás, era de risa que una chica claramente más fuerte tratara de escapar de ella. Chitaru dejó el café cerca de una ventana y carraspeo para reponerse.

―Mira, yo no quería ofenderte, disculpa si lo hice, lo siento―colocó su mano derecha en el pecho y su mano con el café tras la espalda, se inclina llevando el pie derecho un poco atrás, sus maneras de actuar sorprendieron a Hitsugi, era muy parecida a un caballero que le mostraba respetos a su dama.

Sonrió gustosa por aquello.

―Descuida Chitaru-san, sólo jugaba.

― ¿Jugar? ―frunció las cejas e inclino la cabeza a un lado―explícate por favor―su trato era suave y atento, siempre había sido un rasgo característico de ella, escondido desde que empezó a vivir con Isuke, pero parecía funcionar con Kirigaya.

―Lo que dije fue solo una broma, quería ver como reaccionarias.

― ¿Cómo querías que reaccionara?― ¿qué pasaba con esta chica? ¿Nunca tonteaba con alguien?

Hitsugi encogió sus hombros restando importancia al asunto.

―Sólo era para divertirse.

―Ya veo…divertirse…―pensó en Isuke y su manera de divertirse pero a su cabeza sólo llegaban las imágenes de ser amarrada a la cama con una soga y en la mano de Isuke algo de lubricante, era placentero pero no había ninguna otra sonrisa que no fuera de placer o sensualidad.

―Chitaru-san―llamó.

―Lo siento, pensaba en unas cosas―se irguió. Tomo el café que dejo en la ventana, este comenzaba a enfriarse y a Isuke eso no le gustaría―ven conmigo, tenemos que llegar a las habitaciones―tomó la mano de la pequeña y empezaron a caminar. Chitaru no se apresuraba demasiado pensando en los diferentes tamaños de sus piernas.

― ¿Y ese café?―dijo Hitsugi tratando de entablar platica, veía sus manos entrelazadas, seguro la chica no quería que volviera a perderse; Chitaru la miro y también al café.

―Es para Isuke, mi compañera.

―Ah, la chica con la que compartes habitación, es muy amable de tu parte ofrecerte a comprarle algo―dijo sonriendo, más parecía que había dicho algo fuera de lugar, porque la pelirroja frunció un poco el ceño, mirándola detenidamente: No se había ofrecido a llevarle ningún café, se lo ordenó, pero no diría nada referente a eso, no quería que dijeran nada malo referente a su pareja, por más problemas que se metiera por decir que lo eran a toda persona que lo preguntara, no sentía vergüenza de ser su novia.

Pero esa relación que tenía con la asesina pelirosa era desconocida para su maestra. Chitaru le prometió encontrar al asesino de su hija. Cuando conoció a Isuke estaba tras la pista de un tipo que conocía el apodo de aquel asesino, sólo su apodo. En medio de la persecución por los muelles recibió una bala en el brazo derecho que la obligo a dejar caer su espada al sentir el plomo dentro de sus carnes.

Pensó que eso sería todo, había fallado, persiguiendo incansable a una presa demasiado grande para su mordida y ahora sentía la fría culata del revolver en su frente, miró directo a esos ojos ue se mofaban de ella, cerro los suyos cuando escuchó el disparo, más no ocurrió nada, por un instante pensó que todo fue tan rápido y certero que no había sentido nada.

El cañón del arma bajó de su frente y 100 kilos de peso muerto y gimiente cayeron sobre su figura arrodillada, su cabeza recibió un duro golpe cuando chocó contra el asfalto mojado, sintió algo caliente en su hombro, su cara era aplastada por el esternón del hombre; el cuerpo no paraba de temblaba y tensarse, aquello le dijo a Chitaru que estaba debajo de alguien muriéndose, sentía el grito atorado en su garganta y faltaba un poco más para que saliera, su brazo dolía y su cabeza palpitaba, carecía de la fuerza necesaria para apartar el quizás ya cadáver de ella.

―Vaya, Isuke falló, había apuntado a la cabeza―escuchó un avoz de mujer igual que pasos acercándose―pero se puede corregir~3―no le veía la cara pero esa voz salía de labios sonriendo, trató de empujar el cuerpo cuyos espasmos solo la alteraban, cuando un sonido atronador cerca de su cabeza hizo que estos se detuvieran en el acto: la chica había disparado a la cabeza del hombre, sintió como algo caliente caía sobre su cabello y lo mojaba, sus ojos se desorbitaban y se creía a punto de vomitar. Pensó en la cabeza del hombre abierta sobre la suya y un gemido patético salió de sus labios llegando a oídos de la otra chica― ¿Uh? ¿Quién…?―fue liberada del peso aplastante sobre ella, la chica lo había pateado― ¿Quién eres tú?―era una chica peli rosa, su mirada traía un ceño fruncido sobre esos ojos naranjas, usaba botas de tacón y un pantalón negro ceñido, la madrugada fría le obligaba a tener la cremallera de su chaqueta cerrada pero dejaba ver un poco de su estómago plano―Isuke no lo repetirá ¿Quién eres y que haces aquí?―no le apuntaba con el arma, pero Chitaru sabía que si quería verla muerta no le constaría más de 1 segundo en hacerle un agujero a su frente.

―Na-na-namatame Chitaru…―sentía su garganta completamente seca, miró por un segundo el cadáver del tipo, sus ojos estaban abiertos y brillos, igual que los ojos falsos de aquellos animales disecados, en su frente había un pequeño cuerno, justo en medio, quizás era la bala que intentaba salir por allí y su cuello y orejas estaban llenos de sangre que comenzaba a coagularse…un poco de esa sangre la tenía en el cabello.

― ¿Qué asuntos tenías con el perro muerto?―guardó el arma y se arrodilló a registrar los bolsillos del hombre, Chitaru resistió el impulso de gritarle que no lo tocara de esa forma tan fría, pero si abría la boca sería para expulsar otra cosa que no serían palabras.

―Él sabía algo…el alias de un asesino…

Sin aviso previo sintió otra vez el frio del arma, esta vez en medio de los ojos.

―El estúpido conocía muchas personas, el nombre de Isuke por ejemplo, responde ¿es a Isuke a quien buscas?―habló con tono coqueto, alzaba una ceja en señal de burla y le quitó el seguro al arma, Chitaru negó con la cabeza desviando la mirada, respiraba agitada y el brazo le dolía como el infierno; Isuke miró la sangre en la mano de Chitaru y también el arma a unos metros― Y dile a Isuke ¿en serio pensabas que con una espada ibas a poder con este imbécil?

―Pues…yo…―su respiración era irregular, los pulmones parecían querer fallarle en cualquier momento, pues por más bocanadas de aire que tragara se sentía ahogar por todo cuanto estaba ocurriendo, sólo quería un descanso.

―Típico, buscan venganza y no saben cómo conseguirla―sacó un cuchillo y cortó la manga ensangrentada con la que hizo un torniquete en el brazo, luego de eso saco un pañuelo de su bolsillo y limpió la frente de la leona manchada de esa sangre asquerosa―a Isuke no le gusta ver sangre sobre los vivos―se levantó luego de eso y caminó a la calle, a lo lejos se veía un auto, imagino que sería de aquella chica.

Chitaru miró la sangre bajo la cabeza reventada del hombre, su brazo y por último a la chica a unos metros. Se sentía desfallecer en cualquier momento, se sentía salida de una pelea dispareja, su cabeza palpitaba y sólo podía mover los pies para que aquella chica no la dejara muy atrás. Nada podía hacer por cuenta propia, ella no era en ese momento una asesina y de acuerdo a lo que experimento, sólo los asesinos conocen a otros asesinos.

Sacude la cabeza alejando esos pensamientos. Cómo deseaba haber conocido a Isuke en diferentes circunstancias.

―Isuke quería un café, por lo que fui a buscarlo. Ella es mi pareja, mi novia―Isuke había cuidado de ella luego de esa noche, Chitaru le ofreció su lealtad por salvarla en los muelles.

―Lamento haber mal entendido, no fue intencional, por favor disculpa.

Ninguna de las dos se dio cuenta cuando llegaron al pasillo de los dormitorios.

―No importa, no es la primera vez―y desde entonces estaba con Isuke, la chica la había enamorado con esas muestras de afecto, tan escasas como una flor en un desierto, pero Chitaru las apreciaba como si fueran una pequeña fuente de agua luego de muchos días de caminata bajo un ardiente sol.

―Gracias por ayudarme, no era tu responsabilidad y de cualquier forma no me dejaste sola―estaban frente la habitación 6.

―No fue nada, no me gusta ver a chicas como tú en problemas.

― ¿Tu novia se mete en problemas?―esas palabras incomodaron a Chitaru, Isuke era muchas cosas menos una joven que necesitara de su ayuda, haciéndola sentir inútil en ocasiones.

―Am…sí…algo así ella es…especial―acarició su melena y el sentimiento de sangre secándose entre su cabello regresó a ella, haciendo que un frio estremecimiento naciera desde su nuca.

Hitsugi miró esa melena color vino tan desordenada y pasó por su cabeza la imagen mental de ella tras la chica pasando un cepillo por sus cabellos―pero tiene su genio y ya me espero bastante, debo irme.

―Oh, sí, hasta mañana Chitaru-sam, que tengas dulces sueños y gracias―la pelirroja caminaba a su habitación cuando dijo aquello. Hitsugi sonrió, había encontrado algo más que un camino a los dormitorios.

―En mi plática con Kaminaga-sam me enteré que hubo una clase negra antes que nosotras―dejo suelto su cabello castaño, lo acarició un poco y se quitó los lentes, seguido del saco café.

― ¿Eso importa?―preguntó Azuma, buscaba sus cosas para poder ducharse.

―La clase negra es el nombre con que llaman a un salón lleno de asesinos con un solo objetivo entre ellos, la clase anterior tenía por objetivo a Ichinose Haru, la chica a la que nos llamaron para proteger―a esta altura Tokaku había volteado para ver a su novia―Kaminaga Kouko fue compañera de Ichinose y también participo en la clase negra.

― ¿Qué significa que aún este aquí?―no usaba más que la falda, la camisa y sostén estaban tirados en la esquina de la habitación, Shiena pensaba que su compañera había nacido sin pudor o simplemente tomaba con demasiada naturalidad estar desnuda, después de todo, no tenía de que avergonzarse.

―Eso no lo sé―su charla con la chica de cabello negro fue corta, apenas un intercambio de nombres y mencionar porque estaban en la clase negra especial―sólo dijo que protege a Haru.

― ¿Qué hacía exactamente en esa clase negra, entró protegiendo a Ichinose?―de pronto Azuma se veía muy interesada en todo aquel asunto, cosa extraña a los ojos de Shiena, aquella chica era tan inexpresiva, tanto que sólo cuando tenían sexo podía ver alguna emoción en ese rostro.

―Te dije todo lo que sé.

―Investiga en el sistema―dicho aquello entró al baño.

― ¿Qué investigue?―se preguntó, le parecía muy raro pero no iba a discutir, pocas veces Tokaku le pedía algo y no quería decepcionarla. Soltó un suspiro por la forma tan enigmática de esa chica, siempre era observadora y atenta a su entorno pero a la vez tan ensimismada en sí misma.

Sacó la computadora de su mochila, una vieja chica azul que había tenido mejores años y más espacio en el disco duro, igual saco un par de memorias y una nueva de una caja que tenía en otro bolsillo. Tardaría un par de minutos en los que su chica buscaba una pequeña falla en la seguridad o por lo menos un eslabón débil al cual atacar.

Acaricio su cabello suelto, no tomó el baño esperando por el regreso de Azuma, que poniendo la mente en orden, no le pregunto qué le tomó tanto tiempo. Se encogió de hombros, si era importante Azuma se lo diría, podía decirse que una de las cosas buenas de su relación es que no existían los celos o desconfianza, Azuma le contaba lo que hacía, a conciencia o por costumbre, al final del día, la chica le daba su lugar, era su forma tan particular de decir que la quería, Azuma siempre le diría la verdad y jamás le ocultaría cosas.

Salió de sus pensamientos al dejar de escuchar el agua de la ducha, volteo a ver la puerta del baño, Tokaku salió secando su cabello corto, vestía un top azul oscuro y un pantalón deportivo.

― ¿Terminaste?―dijo con voz carente de sentimiento, algo a lo que Shiena se tuvo que acostumbrar con el tiempo, seguía sin gustarle la falta de emoción pero se decía que no era la gran cosa.

―Apenas comenzare, tan pronto mi ordenador encuentre un punto en el cual trabajar―dijo viéndola, esta se paseaba hasta el frigorífico sacando una botella de agua.

― ¿Cuánto tardaras?―no era intencional la manera tan exigente en que sonaban sus palabras, o de eso se convencía Shiena a cada momento en que debían trabajar en algo juntas, Tokaku no preguntaba de más ni tampoco lo mínimo.

―No lo sé, quizás deba dejar trabajando mi computadora toda la noche, estoy segura que este lugar tiene miles de barreras de seguridad, quizás el lugar más difícil al que haya entrado alguna vez―dijo mientras conectaba las memorias que había sacado de su mochila.

―De acuerdo―tampoco demostraba decepción, impaciencia, enojo o alguno de esos sentimientos que aparecían en la voz de las personas cuando algo no salía acorde a lo que querían, Azuma Tokaku era una persona de lo más transparente en el mal sentido―deberías entrar al baño, iré a la cama.

Lo hizo, disfrutó del agua caliente por un rato mientras esta se llevaba las preocupaciones por el desagüe, ella no era del todo una asesina, sólo se dedicaba a hackear sistemas y la academia 17 aprovechó aquello cuando llamaron por dos alumnas de la clase especial para una misión de larga duración. Se preguntaba si tendría que correr riesgos o si le pedirían trabajar al resguardo desde la academia, si debía ser sincera, prefería eso último, no era como Tokaku, eso estaba más que dicho, quizás su única cualidad era el manejo de armas, tenía buena puntería al menos de eso podía fiarse.

Salió del baño vistiendo shorts y una blusa café claro, caminó a la cama en que la otra chica le daba la espalda y se acostó con cuidado, Azuma estiro su brazo para apagar la luz y volteó a verla, miró a Shiena directo a los ojos por un rato sin cambiar su expresión y después de un suspiro tranquilo besó su frente deseándole buenas noches, en ese momento del día, el último en que sus ojos permanecían abiertos, eran los únicos en que podía sentir esas muestras de afecto, los únicos en que Azuma le permitía acercarse a ella y abrazarla para poder dormir y calmar sus nervios por aquella su primera misión verdadera.

―No te alejes de esa forma―las luces estaban apagadas, el agua en el baño se había ido por el desagüe hacía un rato y la figura que hablaba estaba sentada en el borde de la cama en medio de la oscuridad―no sabemos si podemos confiar en ellas.

―Haru sólo quería conocer a sus nuevas compañeras de clase―el ambiente era callado, mucho, no se percibía un tic-tac, un aparato zumbando o las sabanas deslizándose por el cuerpo de alguna de ellas, todo era quieto y calmo a la espera de algo que inyectara vida en medio de ese cementerio.

―Entiende que podría ser peligroso―era quería que fuese su última palabra, esa chica debía entender que todo lo que hacía, era por ella, dejaría su organización, escaparía con ella, podría dar la vida de ser necesario, pero ella tenía que colaborar.

―Kouko-chan ¿tú no confías en nadie?―se colocó tras la pelirroja, tomando la posición en que siempre dormían desde la primera vez que compartieron cama.

Por su cabeza se pasó la imagen de su maestra, había confiado en ella, la única persona en esa iglesia en la que podía confiar, la única persona que le tendió una mano amiga en ese orfanato y le pagó de la peor manera imaginable, aun recordaba esa noche, era una serie de imágenes que se repetían constantemente en su cabeza cada noche, sin falta. Insistiendo en que las viera, como si no estuviesen ya grabada a fuego en su memoria.

La noche era húmeda, el cielo amenazaba con dejar caer la lluvia en cualquier momento. El viejo gordo, dueño del elegante auto se encontraba dentro del hotel, luego de disfrutar de los favores de la carne que le daba una tercera compañera en aquella misión de tres integrantes. Se supone que esa sería sólo una misión de entrenamiento, ver como lo hacían los profesionales y tomar nota para cuando llegase su turno. Pese a ello, no podía contener la emoción por ver en acción a su maestra. Esa emoción debió esconderse mal porque la mujer morena le sonrió, a la vez que le ofrecía las herramientas con las cuales instalarían la bomba bajo el auto. Una pena, era pocos los modelos que quedaban.

―Pero…pero yo no―dijo negándose y tratando de regresar los delicados instrumentos.

―Estás lista, tus trabajos son los mejores, elaborados y planificados. Esto es algo sencillo, puedes con esto, lo sé―dijo negándose a tomar las cosas que le ofrecía, debió insistir más, debió negarse rotundamente, pero quería demostrar su valía a ojos de su maestra. Y vaya que lo demostró.

Después de eso, su vida siguió los pasos de una monja entregada en cuerpo y alma a su fe. Kouko creía que si cumplía como debía ser cada una de las misiones en su honor…podría recibir el perdón que tanto necesitaba y con esto el descanso por las noches. Pero conoció a la chica entre sus brazos y recordó una de las enseñanzas de su maestra: que era mejor no ser buena en el asesinato y teniendo a esa chica allí, frente a ella asustada dándole esa mirada de ojos rosas que parecían irradiar luz…fue demasiado para ella. Lo último que recuerda antes de desvanecerse son esos ojos rosa, perdió la respiración con sólo verlos detenidamente. Ahora que los recordaba, una pequeña punzada en la sien le provocaba una mueca de dolor.

― ¿Kouko-chan?―llamó la chica al no obtener respuesta.

―Confío en ti Haru, eres la única en la que necesito confiar―dijo cerrando los ojos. Esa sería otra noche sin dormir bien, pero al menos había puesto una sonrisa en ese rostro.

―Isuke no puede creerlo, te envía por un simple café y le traes esta basura―la peli rosa se comportó, de ser su apartamento, hubiera hecho un escándalo mayor. Chitaru suspiro, sabía que aquello pasaría― ¿qué demonios te tomo tanto tiempo?

―Una de las chicas de la clase negra―respondió preparando algo de té. Isuke le dedicaba tiempo a las uñas de sus pies, su largo cabello estaba atado en una cola alta para que se secara después de la ducha. Namatame imaginaba que su novia no había hecho mayor escándalo por disfrutar de su baño caliente, en el apartamento ya no contaban con baños de ese tipo, usaban lo necesario de gas para las comidas y era todo.

―Tsk…esas idiotas, parece que insisten en meterse en nuestros asuntos―arrojó la lima dentro del estuche y lo cerró con fuerza. La peliroja se acercó para darle la taza y tomó lugar junto a ella.

― ¿Sigues molesta por la chica Sagae? No fue para tanto. Deberías dejarlo―recostó su cuerpo un poco cansado en la cama de Isuke, quizás esté de buen humor y la dejara dormir con ella.

―No lo entenderías si Isuke lo explicara, sólo encárgate de que sepa su lugar en un futuro próximo―dijo a la vez que se levantaba a guardar el estuche en su maleta―Tsk…no desempacamos.

―Ya lo haremos mañana, vamos a dormir―se levantó y empezó a quitarse la ropa, desabotono el pantalón y lo bajó, miró en dirección a Isuke pero se distraía mirando a un punto en la ventana. Chitaru se acercó a ella, sin sus botas fácilmente la rebasaba en estatura, rodeó su figura con sus brazos y con cuidado sin apoyarse dejó su cabeza en el hombro de la pelirosa. Esta levantó la mano y acaricio tras su oreja haciendo estremecer a su leona―. Recordé el día en que me encontraste.

― ¿Por qué lo mencionas?―volteó un poco el rostro para ver a Namatame, está se encogió de hombros en respuesta.

―Kirigaya me lo hizo recordar.

― ¿Quién es Kirigaya?―se alejó de la pelirroja y esta la dejó hacer.

―Es una chica que parece niña pequeña, usa coletas y tiene el cabello azul celeste. Sus ojos son un amarillo diamante―le dio la espalda a Isuke para ponerse una camiseta. Su espalda tenía algunas cicatrices. Todas ellas producto de las misiones en que Isuke se embarcaba, en muchas de estas ella había tenido que llevarse la parte difícil gracias a la temeraria chica recostada en la cama. Sus ojos anaranjados se pasaron por aquella espalda pensando en cada misión en que la camisa blanca de Chitaru tuvo que teñirse de carmesí. No lo diría pero en su interior se arrepentía de como acababan siempre las cosas para esa leona que no quería pelear.

―Isuke tendrá que investigar si le gustan los gatos~3

―Aún si le gustaran…no te abandonaría―ya vestida se arrodillo frente a la cama―te prometí lealtad y así será.

―Idiota, Isuke nunca pidió que le prometieras nada―Namatame se sintió herida, pero sólo sacudió la cabeza tratando de comprender a la chica. Se levantó pero Isuke la tomó de la camiseta y le jaló quedando esta chica acostada de espaldas en aquella cama―. No molestes a Isuke tan tarde en la noche. Duerme aquí pero mañana te quedas en tu propia cama. ¿Entendido?

La leona asintió enternecida por esas palabras, ese era el máximo que llegaría a sacarle a Isuke. Se acostó buscando no incomodar y esperó a que el sueño llegase.

N/A: Pues comprenderán que no podrán obtener más de esto hasta muuuucho tiempo después, verán ayer y hoy fueron días muy felices para mí y dije que quería compartir parte de esa felicidad al fandom; les cuento el chisme entero, para ninguno de los que nos lee le será sorpresa el que diga que su servidora y Alex, quien me ayuda a escribir "La casa Sagae" y "I´ll set you free", somos pareja, ayer cumplimos un año de relación y pues a ustedes les conviene que yo sea feliz, sólo miren que les di otro capítulo de algo que no pensaba continuar jeje genial no? Bueno pero eso no es todo, los exhorto, les invito, les pido de la manera más atenta, que dejen sus comentarios aquí abajito, y que igual no dejen a nuestros bebes en la calle sin esa energía que les dan sus comentarios, si les gustó si no les gusto, díganlo, ayuda mucho y al mismo tiempo desiluciona no ver gente expresando su opinión de tu trabajo. Y ya ni decir que sino comentamos este fandom se irá al olvido, anden, no sean malos y regalen un review. Nos vemos pronto.