Disclaimer: que no, no somos Tite Kubo, aunque nos gustaría mucho. ¿Es que no queda claro? Tan sólo cogemos a Ichi y a Ruki porque sí, y hacemos lo que nos da la gana con ellos XD ¡Viva el IchiRuki!!
HK: bueno, hoy no hacemos muchos comentarios porque yo tengo prisita que tengo que irme a trabajar T.T Así que simplemente os dejamos con el 2º capítulo. No actualizaremos tan seguido, tan sólo lo hago porque SaRuDë estaba impaciente XD pero nada más.
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2. ¿Asustado, Fresita?
Su padre era un pesado. ¡Y no sólo eso! De cojones. ¿Por qué no podía ser como los padres normales?
Cerró la puerta de la habitación de un fuerte golpe. Seguramente Kon y Rukia se habían despertado con todo el jaleo armado por ese proyecto de padre. Dejó las tazas y el zumo sobre la mesa del escritorio y se acercó a la puerta del armario.
Pero no hizo nada más. Se la quedó mirando unos instantes, pensando en lo que le acababa de decir Inoue.
Tal vez sí era cierto que Rukia no se sentía a gusto en ese mundo. Al fin y al cabo, ella tenía muchísimos más años que él –a pesar de que su apariencia no fuera más que la de una adolescente-.
-¿Qué haces?- una voz soñolienta sacó al pelinaranja de cavilaciones haciendo percatarse de que estaba a apenas unos centímetros de la cara de la shinigami.
El salto que Ichigo pegó hacia atrás fue bastante cómico: tropezó con sus propias piernas, cayendo de culo al suelo, mientras Rukia le miraba al rascarse un ojo.
-¡¡J-joder Rukia, no me des esos sustos!!
-¿Sustos?- bostezó-. Pero si eres tú el que estaba plantado mirando al armario como si fuera la cosa más interesante.
La morena descendió del lecho improvisado en que dormía. Ichigo se quedó desconcertado, ya que era la primera vez que la veía tan recién levantada. Aquella Rukia no se parecía en nada a la chica marimandona que le ayudaba a matar a los hollow cada noche.
La shinigami terminó de rascarse los ojos, bostezando, antes de estirar los brazos hacia arriba con pereza. El pelo negro caía verdaderamente desordenado sobre sus hombros en una imagen de lo más patética… para el perfil de ella misma que quería mostrar a los demás, claro.
-¿Aún estás en el suelo?- le dijo desde su altura, con los ojos entrecerrados, vidriosos, a causa de la soñolencia.
El pelinaranja pareció salir de su propio desconcierto al ver el cuadro montado en su habitación. Al levantarse, se percató de un detalle en la chica que no había visto, y es que el pijama –blanco, con un curioso estampado de letras negras- le sobraba por todas partes. Por las mangas no llegaban a asomar sus manos, los pantalones los llevaba de lo más caídos y por el cuello casi se le veía el hombro.
-¡Un momento…! Ese…- el shinigami sustituto se levantó, y encaró a la medio dormida chica-. ¿Ese pijama no es mío¡¿Por qué coño llevas tú puesto mi pijama?!
La shinigami alzó la mirada para observar a su interlocutor. ¿Ya de buena mañana estaba de mala leche? Pues sí que empezaba bien el día…
-¿Y qué me pongo sino? Tu hermana casi me pilló la otra vez que fui a birlarle ropa…
-¡Pues cómprate¿Acaso no te pagan?- el joven la irrumpió, aunque no sirvió de nada.
-…así que no tuve más remedio que coger algo tuyo- continuó con su explicación, como si la irrupción de Ichigo hubiera sido nada más la de un moscón pesado-. ¿A ti qué más te da? Si duermes en chándal y camiseta, y nunca lo usas. ¿Por qué no puedo cogerlo yo?
Ichigo se llevó las manos a la cabeza y se alborotó el pelo, exasperado. ¿Cómo lo hacía¿Cómo demonios lograba sacarle tan de sus casillas en algunas ocasiones¡No lograba entenderlo!
-¡Porque…!- empezó, intentando calmarse pero sin conseguirlo-. ¡Porque para empezar, ni siquiera me lo has pedido!
-¿Me lo hubieras dejado?- preguntó la shinigami, con una ceja alzada.
-¡Claro que no!
-Pues ya está- sentenció, como si fuera la respuesta más evidente.
-¡Joder, Rukia!- continuó gritando el malhumorado muchacho-. Es de chico, y además ¡te queda enorme!
La morena hizo una mueca de aburrimiento con la boca mientras se subía, de nuevo, los pantalones del pijama que, evidentemente, se le caían.
-¿Ves?- le espetó el pelinaranja.
-¿Y qué quieres que haga¿Duermo con el uniforme¿¡Duermo desnuda!?
Ichigo se quedó parado un momento mientras un tenue tono rojizo, casi imperceptible, se posaba durante unos segundos en sus mejillas.
-¡Y-Yo no he dijo eso, joder!
-¿¡Pues qué quieres que me ponga entonces!?
-¡¡Algo de tu talla, para variar!!
-¿¡Y por qué crees que le cogía la ropa a tu hermana!?- alzó un brazo y le dio un par de golpes en la frente con el índice-. ¡A ver si te entra en esa maldita cabeza mononeuronal que tienes¡No tengo ropa!- soltó un gruñido mientras se cruzaba de brazos y parte de su hombro quedaba aún más al descubierto.
Ichigo no supo lo que le dio más rabia, si el hecho de que le llevara la contraria porque sí ó el que no intentara taparse. ¡¡Un poco al menos!!
-¡¡Pues consíguela como puedas, pero la mía no te pondrás!!
-¡¡Ja!!- soltó sarcásticamente la shinigami-. Sólo es para dormir, Kurosaki. ¡Da lo mismo que me quede grande!
-¡No da lo mismo si luego vas exhibiéndote por la vida!- le soltó, poniéndole bien el cuello de la camisa que tanto le molestaba.
Fue entonces cuando Rukia pareció darse cuenta de que había llevado tan bajada la camisa del pijama, que casi hubiera enseñado… demasiada carne. Por así decirlo. El percatarse le hizo ruborizarse levemente.
-Pervertido…- murmuró por lo bajo.
-¿Decías algo?
-…- no contestó en un principio-. ¿Qué demonios me pongo, entonces?
-Ya te lo he dicho¡algo de tu talla! Eso te va enorme.
-¡No tengo la culpa de ser tan pequeña!
-¡Ja!- Ichigo también soltó una risa sarcástica. Se acercó a las dos tazas de leche y las cogió-. ¡Mira por donde! Te había traído un zumo para desayunar, pero mejor te tomas la leche. ¡¡A ver si creces!!
-¿¡Ah!?- se quejó Rukia, incrédula. Sin pensarlo dos veces, invocó un Kidoh, inmovilizando a Ichigo, aunque sabía que duraría tan sólo unos segundos-. ¡¡Te triplico la edad, como mínimo, así que no hables de quien tiene que crecer, maldito niñato!!
Ichigo no tardó en soltarse, maldiciendo a los cuatro vientos.
-¡Vete a la puta mierda, gilipollas!- le soltó, lanzándole el zumo, que a duras penas pudo coger ella. Las tazas habían quedado olvidadas en el suelo, además de derramadas.
Rukia observó, con expresión entre extrañada, furiosa, sorprendida… la reacción del pelinaranja, que cogió un par de cosas del armario y se encaminó hacia la puerta, envuelto en gruñidos y resoplidos.
-Coge algo de la ropa de mis hermanas que aún está por guardar y vístete. Inoue nos ha invitado a ir a patinar.
-¿Pa-Patinar?- la shinigami no podía salir de su asombro.
-Sí, patinar. Así que date prisa.
Sin más, el shinigami sustituto salió de la habitación dando otro de sus ya tan acostumbrados portazos, dejando a una alucinada Rukia Kuchiki en su interior.
¿Qué cojones pasaba por la mente de Ichigo? Siempre había sido muy irritable, pero hasta entonces¡nunca en tal extremo y por una tontería como lo era un pijama!
-¿Mmm… Jefa?- la voz soñolienta de Kon caminando frente a ella rompió el denso silencio que se había instalado en el cuarto.
Rukia simplemente frunció más el ceño, negándose a preocuparse ni un momento por el extraño comportamiento de su compañero. Alzó la cabeza, con altivez y caminó directa a la puerta. Mejor era coger la maldita ropa antes de que despertara alguien más en la casa.
Por el camino, pisó casi sin percatarse al peluche andante, que profirió un grito de dolor. ¿¡Por qué le pasaba todo siempre a él!?
Levantó la mano y se dispuso a girar el pomo, pero en el último momento, titubeó. Analizando la escenita del quinceañero hacía escasos segundos, si se iba paseando por la casa con "su" pijama, quizá no haría más que cabrearle. Aún más. Enarcó una ceja y bajó la mano. Quizá fuera mejor comerse el orgullo por un buen rato y dejar tranquilo al chiquillo.
Dio un resoplido, se giró vagamente y se dirigió a la cama de Ichigo, no sin antes volver a pisotear al león de felpa que agonizaba ante tal maltrato.
Delante de ésta, contempló las sábanas revueltas con una sonrisa divertida, y empezó a desabrocharse la parte de arriba del pijama mientras intentaba comprender la mentalidad masculina. Si bien ella podría fanfarronear de haber pasado más de 50 años con la compañía del cascarrabias de Renji, a día de hoy aún no acababa de comprender muchas de sus acciones, pues un día, de repente, él renegó de su compañía y la evitaba incluso con la mirada.
Suspiró. Con Renji había vivido de todo, malos momentos, buenos momentos, tragedias, alegrías, penas… contemplando ahora su pasado de vagabunda, había mucho dolor en esos recuerdos, robando, sobreviviendo, enterrando compañeros, pero siempre había contado con el apoyo del pelirrojo para cualquier situación y un hombro en el que apoyarse en los momentos de flaqueza…
Un hombro…
Rukia se miró con interés el miembro que había sobresalido del pijama y que Ichigo había visto sin pudores. Ella se había sonrojado y no sabía por qué le había incomodado que fuera el joven quien viera una nimiedad de su cuerpo. Siendo una mocosa, Renji se había cansado de verla con menos ropa que ahora, y a ella le había pasado lo mismo. Al fin y al cabo, eran niños y en épocas de miseria no se podían permitir el lujo de ser caprichosos o vergonzosos.
No importaba ir desnudo, oler mal, ir sucio. Importaba sobrevivir.
Dejó la camisa encima de la cama y contempló su cuerpo desnudo. Sin darse cuenta, se había acostumbrado extrañamente a su gigai. Al principio había tenido molestias de acomodar su alma en esa jaula de carne, pero últimamente disfrutaba moviéndose con ese cuerpo terrenal por las calles de Karakura.
Abrió y cerró repetidas veces la mano derecha. Ahora ya no le era tan incómodo realizar ninguna acción y no era tan dependiente de los consejos de Urahara. No era buena señal que ella, siendo como era un shinigami, volviera a enamorarse del mundo de los vivos, pues no tenía ningún derecho a jugar dos veces a eso que llamaban vivir, pero todo fuera por el trabajo…
Se palpó con interés el cuello, hundió sus dedos lentamente entre las clavículas, notó cómo la sangre palpitaba y corría por sus venas. Recorrió su estómago con el dedo y sintió la piel tersa y caliente, llena de vida. Verdaderamente, era como una segunda oportunidad, ni siendo alma podía tener esa clase de sensaciones. Se miró de nuevos las manos. Era como estar en el cuerpo de siempre, pero estar en un cuerpo vivo.
Se tocó el hombro que había visto el muchacho, y seguidamente posó su mano en el otro. En esa postura, podía notar todo el calor de su cuerpo, la calidez de la piel y el latir palpitante del corazón. Se sentía realmente resucitada, con ese cuerpo como única piel. Quizá por eso había sentido vergüenza cuando Ichigo había estado tan cerca…
Rukia enarcó una ceja. Un momento. ¿Qué escena tan cursi era esta¿Qué hacía ella comportándose como una cría delante del mundo¡Era una shinigami¡No había tiempo para esas chorradas!
Se apartó furiosa de la cama, resoplando, y se dispuso a quitarse los pantalones. Pero…
-¡Hey, Rukia!- la puerta se abrió rápidamente y un malhumorado Ichigo apareció con una fregona en la mano- ¡quítate de en medio, que tengo que…!
Silencio incómodo.
Ichigo la miró. Ella, que estaba de espaldas a él, giró lentamente la cabeza, notando cómo un escalofrío le recorría el cuerpo.
El muchacho tragó saliva, demasiado estupefacto como para decir algo.
Ella se tapó como pudo con las manos, le mostró más la espalda, pero no dejó de mirarle. Si ya había sentido vergüenza cuando él sólo atisbó un hombro, ahora se había quedado fría y no reaccionaba. Esperaba haber soltado cualquier sandez o insulto, pero aunque abrió la boca, no salió nada de nada.
El pelinaranja, finalmente, después de unos segundos que parecieron eternos, se ruborizó a más no poder.
-¡¡J-joder, Rukia, no me des esos sustos!!- repitió desviando la mirada.
Ella no respondió. Sus mejillas lo hicieron por ella.
Ichigo tiró la fregona al suelo, volvió a mirarla, aún colorado, y finalmente cerró de un portazo, dejando a la pobre shinigami en un mar inmenso de dudas.
El joven, tras cerrar la puerta, se apoyó en la pared y clavó los ojos en el suelo, aun demasiado colapsado para moverse. Lo que acababa de ver… ¿era cierto¡¿Qué hacía esa idiota de Rukia desnudándose en su propio cuarto¡¿Y si no hubiera sido él quien hubiera entrado¡¡Esa niña sólo tenía serrín en la cabeza, no podía ir por la vida tan despreocupadamente!!
Se llevó una mano a la cara y suspiró. Hoy todos querían hacerle pasar malos ratos. Primero la conversación incoherente de Inoue, después su padre reclamándole atención, y después una Rukia indefensa y semidesnuda en cuarto… ¿cómo pretendía la gente que se comportara como un chico normal de 15 años?
Agudizó el oído y comprobó que no se escuchaba ningún ruido proveniente de su cuarto. Parecía no haber ni un alma. Como si no hubiera habido nunca tal escena. Verdaderamente, la shinigami tenía unas grandes dotes de sigilo y por eso podía vivir aún con el pelinaranja…
¡Pero eso no le quitaba mérito a lo que acababa de hacer¿¡Cómo se atrevía¡Allí, en medio de su habitación, sin camiseta, sin ropa interior, con esa espalda pálida al descubierto, cayéndole frágilmente aquellos mechones morenos de su cabello brillante, atravesándole con sus impertérritos ojos azules…¡Peor aún¡Había llegado a verle hasta esa cintura minúscula, había llegado a definir ese cuerpo delgado y pequeño que parecía desamparado, había llegado a atisbarle incluso el principio de sus bragas! Rosas, además.
Ichigo frunció el ceño, muy asqueado. ¿¡Quién era ella para ir así por su casa¡¿Es que pretendía que él fuera siempre alerta¡¡Más quisiera!!
Sin pensárselo dos veces, arreó una patada contra la pared de enfrente. ¡Pues empezaba bien el domingo!
- ¡ONI-CHAN!– la puerta de enfrente se abrió y una Yuzu muy encolerizada, y en pijama, sobresaltó al quinceañero de sus cavilaciones sentimentales- ¡¿QUIERES ESTARTE QUIERO YA?!
Silencio desconcertante.
-¿Yu-Yuzu?- él se apartó en un acto reflejo.
-¡Sí!- se acercó a él mientras le señalaba con el dedo- ¡Estate quieto, eres un pesado¡Son las 7 de la mañana, oni-chan¡Es domingo¡No dejas dormir a nadie!
-¿Eh?
-¡Primero suena el teléfono y te niegas a cogerlo¡Te peleas con papá¡Subes armando un escándalo inmenso¡Te pones a hablar a voces en tu habitación¡Y ahora te dedicas a aporrearnos la pared¡Eres un pesado, oni-chan!- le espetó, toda furiosa.
Ichigo se rascó la cabeza, muy perplejo.
-Eh… lo siento, Yuzu…
-¡Pero no me sirve de nada que lo sientas, oni-chan¡Ya me has despertado!- sollozó la niña- ¡eres malvado!
El muchacho enarcó una ceja. Y ahora, sólo faltaba esto…
-Oh, qué mal hermano mayor eres, Ichi-nii- Karin se asomó por la puerta, con los pelos desordenados y una sonrisa picarona en la cara- vas a hacer llorar a la pobre Yuzu…
-¡Cállate!- respondió Ichigo de mala manera.
-¿Y por qué gritabas tanto, oni-chan?- preguntó entonces Yuzu.
-¡Porque estaba discutiendo!- se sobresaltó, furioso.
-¿Pero con quién?- preguntaron ambas.
El pelinaranja calló. Estaba cavando su propia tumba. Se rió de manera sarcástica.
-Pues, como es normal en esta casa, con un fantasma- dijo calmadamente.
-¿Un fantasma?- Karin enarcó una ceja. Había escuchado a su hermano gritar y recordaba la mayoría de sus frases- Ichi-nii, estabas entablando una conversación con un fantasma…
-¡Sí, pero es que con esa clase de fantasmas sólo se puede hablar a gritos!- saltó de repente.
-¿Tan malo es?- quiso saber Yuzu, mirando con tristeza a su hermano.
-¡De lo peor¡Es insoportable!- él sentía cómo le hervía la sangre de la rabia.
-¡Pues yo quiero hablar con él y decirle que deje en paz a mi onii-chan!- Yuzu se dispuso entonces a abrir la puerta, muy decidida, ante el desconcierto de los dos hermanos.
-¡NO!- Ichigo la paró y se puso delante de la puerta- ¡No puedes verle!
-¿Y por qué no?- preguntaron ambas de nuevo.
El muchacho calló. Sintió cómo un sudor frío le recorría la nuca. ¿¡Por qué le tenían que pasar estas cosas a él¡¿Por qué?!
Entonces decidió poner en práctica una pequeña venganza.
-¡Pues está muy claro!- exclamó, alzando la voz.
-¿Ah, sí?- dijo Karin, extrañada por el comportamiento de su hermano.
-¡PUES PORQUE ES UN FANTASMA DE LO MÁS ARROGANTE Y PESADO, SE TE PEGA COMO UNA LAPA Y NO TE DEJA NI A SOL NI A SOMBRA¡DE LO PEOR QUE HAY!
Silencio sepulcral.
Algo se removió en el cuarto del chico.
Las dos hermanas se miraron, frunciendo el ceño
-Estás muy mal, oni-chan- dijo Yuzu.
-Creo que ver tantos fantasmas han acabado contigo, Ichi-nii- concluyó Karin, mientras se reía.
Él enarcó una ceja.
-Dejadme en paz, vosotras dos.
-Ven, Yuzu, vamos a desayunar, antes de que nos persiga ese "supuesto fantasma pesado" de Ichigo…- Karin cogió la mano de su hermana y se dirigió hacia las escaleras.
-¿¡Supuesto?!- repitió el joven, mosqueado- ¡¡Más quisiera yo!!
-¡Dale duro, oni-chan!- le animó Yuzu- ¡que conozca el poder de los Kurosaki!
-Sí, sí…- Ichigo puso los ojos en blanco.
Las dos hermanas desaparecieron escaleras abajo, mientras cuchicheaban lo acaecido con su hermano. Él, una vez más, suspiró y se apoyó en la pared. Tantos sobresaltos, y tan solo eran las 7 de la mañana… qué daría él por ser un chico normal y corriente…
Entonces, la puerta del cuarto de Ichigo se abrió lentamente, y una chica morena salió y se apoyó en el marco.
-Qué de fantasmas tan extraños hay en tu casa¿no?...- comentó, irónica.
Él no contestó. Desvió la mirada.
-Quizá necesites la ayuda de una shinigami para acabar con ellos. Tantas ganas tienes que…- dijo mientras se miraba las uñas, con una sonrisa en la cara.
-¡Tú…!- él la miró, asqueado, y comprobó de nuevo que seguía llevando su pijama. Ella, al ver que la miraba, se subió el cuello en un acto reflejo.
Silencio incómodo.
Ninguno de los dos se miraba. Se oía de fondo la risa estridente de Yuzu, abajo, en la cocina, el cantar del padre, los insultos de Karin.
Entonces él se apartó de la puerta.
-Mis hermanas están abajo, así que aprovechemos ahora para cogerte ropa- comentó aún sin mirarla. Ella asintió, pero no se movió.
El muchacho entró en la habitación de las niñas. Se le oyó abrir un par de cajones, revolver aquí y allá, y salió finalmente con un poco de ropa entre las manos.
-Toma- se las entregó y la miró por primera vez.
Ella le devolvió la mirada, en silencio. Ichigo recordó entonces la semidesnudez en que la había encontrado antes, los ojos con que le había mirado, y frunció el ceño.
-Me voy a duchar. Nos vemos luego.
Él se apartó y se dirigió hacia las escaleras.
-¡Y date prisa!- la apremió, furioso, mientras descendía hacia la planta baja.
Rukia se lo quedó mirando.
Resopló, cansada, y finalmente entró en la habitación de nuevo.
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HK: bueno bueno bueno. Esperamos que os haya gustado. Como ya he dicho, tengo algo de prisita T.T Así que no comentaré mucho. Sólo que esperaremos vuestros reviews con ansia y que esperamos de corazón que os guste el fic.
¡Saluditos!!
-Hikari Katsuragi & SaRuDë-
