Disclaimer: ¡¡VIVA TITE KUBO Y LA MADRE QUE LO PARIÓ!!

Bueno, después de este disclaimer tan aclarador, aquí llegamos SaRuDë y yo con un nuevo capítulo. Éste lo he escrito todo yo xD como el siguiente lo ha escrito ella, jejeje

Las dos esperamos que os guste y que nos pongáis muchos reviews. ¡Gracias a todos los que lo habéis hecho hasta ahora!

Sin más, os dejamos con el cap n.n

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Give me a break!

3. ¡Joder!

-Joder…

El pelinaranja, nada más estrellar la puerta con el marco, se quitó la camiseta y la lanzó a ningún sitio en particular. Maldijo un par de veces más en alto, antes de poner ambas manos sobre el lavabo, apoyando la frente en el espejo que tenía delante.

Continuaba con el ceño fruncido a más no poder. Estaba cabreado. Con esa maldita shinigami, sí, pero más consigo mismo que otra cosa. No entendía nada y menos a sí mismo. Parecía como si su cuerpo y su mente actuaran por separado, haciendo cada uno lo contrario a lo que ordenaba el otro.

Tras soltar un sonoro gruñido a su propio reflejo, dio media vuelta y caminó hasta la ducha, encendiéndola. El agua comenzó a caer, fría, e Ichigo esperó ahí de pie a que se calentara. Cruzó los brazos en el pecho mientras notaba como la temperatura en el baño iba subiendo a medida que el agua se iba calentando.

El shinigami sustituto giró la cabeza, buscando la toalla, pero topándose por el camino con su imagen medio de espaldas en el espejo.

Sin poder evitarlo, a su cabeza acudió el recuerdo de esa misma imagen, más menuda, pálida y femenina, y sin darse cuenta, se vio comparando su propia espalda con la de Rukia: sus hombros eran anchos, mientras que la morena los tenía estrechos. Todo su cuerpo en sí, era pequeño: brazos delgados y largos acabando en unas manos finas y pequeñas, como de geisha. Hombros redondeados y cuello estrecho. Piel pálida y a la vista suave. A pesar de que, físicamente, aún parecía una niña, Ichigo no podía verla de esa manera.

Era una mujer, atrapada en un cuerpo de una niña. De una Rukia niña.

Se apartó de la ducha tras comprobar que la temperatura era la adecuada y acabó de desvestirse para introducirse en ella. Dejó que el cálido elemento le bañara y acabara de despertarle, pero de poco le servía, ya que su mente parecía estar en completa descoordinación con su cuerpo.

Ichigo apretó los labios mojados y bajó un poco la cabeza. Alzó levemente las manos y se las miró. Abrió y cerró, una y otra vez.

¿Por qué se sentía así? ¿Por qué sentía ese afán por protegerla? Hasta ese momento no se había dado cuenta, pero la sensación y el no querer que le sucediera nada llevaban tiempo haciéndole actuar con bastante impulsividad, en algunos casos.

¿Pero por qué? Si lo pensaba bien, Rukia era y continuaba siendo, una desconocida. Apenas conocía nada de ella. Tal vez era a causa de su aspecto, tan menudo que daban ganas de…

El pelinaranja abrió los ojos con sorpresa al verse a sí mismo pensando en las ganas que tenía de abrazarla.

-¿Pero qué coño…?- murmuró, con evidente impresión.

Apoyó las manos en la pared resbalosa de la ducha, seguido de la frente. ¿Qué demonios pensaba? ¿Desde cuando tenía ese tipo de… cosas en la cabeza?

Rukia era su compañera. Alguien a quién tenía que proteger mientras estuviera cerca. Era su responsabilidad y también su amiga. ¿Acaso los amigos no hacían eso?

Pero una voz en su conciencia le volvía a hacer contrariarse. ¿En serio que eran amigos? ¿…Sólo eso?

Pegó un puñetazo a la pared, notando un dolor en los nudillos después que ignoró. ¡Él no era así! No se comportaba nervioso, ni indeciso… ni pensaba nada especial de Rukia.

Se miró la mano enrojecida y la cerró en un puño. De repente sentía todo su cuerpo arder bajo el agua, así que no tardó en abrir el agua fría que le ayudara a calmar su estado febril.

No, no pensaba nada.

()-()-()

Los pensamientos de Rukia no eran del todo diferentes a los del muchacho de pelo naranja, pero no se reflejaban hacia su persona. Básicamente, no entendía los cambios repentinos de humor y de comportamiento que tenía él últimamente.

Suspiró, medio aburrida, y sentada en la cama del otro shinigami, apoyada de brazos cruzados en la ventana y con la cabeza apoyada entre ellos. Tenía la ventana levemente abierta. A pesar de que hacía frío, como era normal en invierno, la brisa helada continuaba gustándole, le recordaba a Sode no Shirayuki, su querida Zampakutoh. Intentó recordar lo que era manejarla, con ese aire gélido propio de las espadas de hielo.

Al mismo tiempo, se preguntó a sí misma qué era lo que le ocurría. Se sentía extraña, nostálgica y melancólica. Era algo nuevo y extraño para ella, que la mayoría de veces no le daba mucha importancia a esos pequeños detalles.

Volvió a suspirar, cerrando los ojos y dejando que el frío la invadiera. Y en esa posición la encontró Ichigo momentos después.

-Hey…- el pelinaranja fue a decir algo, pero quedó en el aire al mirarla, con la mente perdida en alguna otra parte del mundo.

De repente, Ichigo se quedó sin aliento, y todo lo que había estado rondando por su cabeza durante la ducha, volvió a bombardearle la mente.

La Rukia Kuchiki que veía en ese momento no era, ni mucho menos, la que había conocido, ni la que se mostraba. No. Ni mucho menos. En aquél momento, los ojos violáceos de la shinigami se abrieron brillantes, soñadores, a la luz del sol. La suave brisa mecía su pelo negro y su tan acostumbrado mechón parecía interponerse en su visión, aunque lo ignoraba.

Ichigo apretó los puños, frustrado consigo mismo. ¿Qué coño le pasaba esa mañana? Nunca se había puesto a analizar a su compañera. Bueno, tal vez alguna vez sí había estudiado su comportamiento, ¡pero había sido con motivos!

Sin embargo, en ese momento, le pareció ver a una Rukia completamente diferente. Para él, estaba mirando a una completa desconocida dentro de un cuerpo conocido. Tan poco semejante, tan distante, tan…

…inalcanzable.

-¡Eh, despierta!- y precisamente fue ella la que le sacó de su letargo.

-¿Ah?

-Ichigo, ¿se puede saber qué haces ahí parado?- Rukia alzó una ceja ante el comportamiento nada normal del chico.

El encanto de la situación había pasado completamente, y el shinigami sustituto se hizo el desentendido.

-Nada- le espetó, bruscamente. Rukia se apartó de la ventana y se sentó, tocando el suelo con los pies descalzos-. No sabía que podías quedarte tan emparrada de buena mañana.

Ichigo no pudo esquivar un zapato que voló hasta su cabeza –anteriormente, Rukia los había alcanzado para ponérselos, sin llegar a hacerlo- dándole con lo que parecía la suela, en la nuca.

-¡¡Me cago en…!!- se giró para encarar a una muy altanera shinigami-. ¿¡Se puede saber qué coño te pasa ahora!?

-¿A mí?- se puso la mano en el pecho y alzó las cejas. Cuando quería, Rukia podía ser una gran actriz, aunque no supiera que significaba eso-. Nada. ¿Por qué lo dices?

La morena dibujó una sonrisa encantadora en su cara, de esas que tanto odiaba el pelinaranja y que, evidentemente, causaron aún más cabreo en él. Soltó una maldición al aire y se abalanzó sobre la morena con evidentes ganas de estrangularla. Bueno, mejor dicho lo intentó, ya que el tiro le salió por la culata.

-¡¡Joder!!- fue la única palabra que pudo salir del adolescente tras tropezar con un ya de por sí inconsciente Kon, causando lo que más se temía: acabar tumbado en la cama sobre una Rukia no menos sorprendida que él.

Decir que la situación fue incómoda en los segundos siguientes sería poco. Ichigo no se percató de dónde estaba hasta que algo, no supo qué era, le hizo prestar atención. Y poco después se dio cuenta de que lo que parecían golpes repiqueteando en sus oídos, no eran otra cosa que los latidos acelerados en el pecho de Rukia. Un momento. ¿El pecho de Rukia?

¿¡Qué demonios hacía él con la cabeza en el pecho de Rukia!?

Como si de un muelle se tratase, alzó el cuerpo lo suficiente para darse cuenta de la situación en que estaba. Y el enterarse de ello no mejoró mucho las cosas ya que, en contra de toda su voluntad y carácter –sin contar su mente, que le ordenaba a gritos que se levantase-, se quedó completamente pasmado mirando a la chica, justo debajo de él, que en ese momento también le devolvió la mirada.

Cuanto tiempo se quedaron en esa posición, Ichigo no lo supo. Para su desgracia, sintió como el tiempo se detenía, y ni las quejas de Kon pudieron sacarle del trance en que estaba, a pesar de que continuaba diciéndose a sí mismo que apartara la mirada de los ojos violáceos y de la boca entreabierta de la shinigami.

Pero, al parecer, la morena tampoco podía moverse. Ni podía, ni inconscientemente quería. Se había quedado completamente aturdida ante la expresión tan indefinible de Ichigo. Se preguntó qué podía estar pasándole por la cabeza en ese momento para que ambos se hubieran quedado estáticos.

Su nerviosismo fue en aumento al notar como Ichigo no le quitaba ojo de encima. ¿Qué hacía? ¿Qué pretendía? ¿Molestarla? ¿Incomodarla? Inconscientemente sintió sus mejillas subir de temperatura. ¿Qué diablos le pasaba? ¡Ella NO podía sonrojarse!

Apartó los ojos de la cara del muchacho, intentando concentrarse en otra cosa, pero le era imposible. Continuaba notando la mirada castaña taladrándola, y el que a esa distancia pudiera notar el olor dulce que emanaba del muchacho recién duchado no ayudaba nada. Volvió a mirar al pelinaranja, que parecía haberse sonrojado también. Al menos no era la única nerviosa… Un momento. ¿No era la única? Es decir… ¿Ichigo también estaba nervioso? ¿Se sentía igual que ella?

¡¡Joder!! ¿¡Por qué no podía dejar de mirarle la boca!?

Llegados a ese punto, un miedo súbito la invadió completamente y lo único que le decía la mente era que apartara al chico de encima o tendría problemas. No supo de donde salió ese terror por lo que pudiera suceder, pero instintivamente le hizo caso.

Y lo que sucedió después quedaría en la memoria de Ichigo para toda la vida, ya que le hizo ver el cielo. Sí, el cielo, las estrellas, los planetas y el resto de la galaxia.

-…me… cago… en…- fue lo único que pudo decir Ichigo, antes de apartarse, cayendo al suelo hecho un ovillo y con sus manos en… cierta parte delicada de la anatomía masculina.

Rukia se medio levantó, apoyándose en los codos y estirando la cabeza para mirar como el shinigami sustituto balbuceaba cosas sin sentido. Realmente eso tenía que doler, pero Rukia parecía no contar con ese detalle, ya que lo único que hizo fue observarle con expresión sorprendida y las cejas alzadas.

-¿Se puede saber que Hollow te ha poseído ahora, Ichigo?- aún habiéndoselo quitado de encima a posta, en el tono de voz de la shinigami se podía percatar un poco de… ¿decepción?

Desde el suelo, el adolescente giró la cara para mirar a la morena, que parecía hacerse la inocente.

-… tú… rodillazo…- logró balbucear-. Dolor…

Rukia se sentó del todo en la cama, mirando al joven como si no entendiera. Se levantó y caminó hasta uno de sus zapatos –el que anteriormente le había lanzado- y volvió a sentarse para ponérselo, con aparente despreocupación.

-¿De qué hablas, Ichigo? ¡No me entero de nada!- espetó con un tono inocente y falsamente dulce.

El aludido, desde su posición, alzó la cabeza y la miró con odio. Con un gran y profundo odio. Rukia, tras ponerse los zapatos, se cruzó de piernas y se apoyó en la cama con ambos brazos. Miró al chico con una evidente expresión de suficiencia y sonrió, alzando una mano después y observándose las uñas, como su fuera lo más interesante del mundo.

-Maldita perra…- logró decir Ichigo, recuperando su tono de voz y dirigiéndole una mirada de profundo odio a la shinigami.

Rukia le dedicó otra de sus miradas, antes de soltar una risa y levantarse, caminando hacia él y tendiéndole la mano.

-¿No habíamos quedado con Inoue?- cambió de tema deliberadamente-. ¿No se nos va a hacer tarde?

Ichigo, ignorando completamente la mano que le tendía la morena, se levantó como pudo, aún adolorido, y caminó hasta sentarse en la cama.

Rukia, por su parte, dejó caer la cabeza hacia un lado, mirando con falsa curiosidad a su compañero.

-Oye Ichigo…

-¿Qué?- contestó con brusquedad el aludido, sin mirarla.

-Hemos quedado con Inoue ¿no?

-Sí- dijo de igual manera.

-Y con Sado e Ishida también, ¿no?

-Sí.

-¿A qué hora hemos quedado?

-A las once.

-¿Y donde vamos?

-A la pista de patinaje- el joven parecía estar a punto de perder la paciencia.

-Ahhh…- exclamó, con interés-. ¿Y qué vamos a hacer ahí?

-¡Tsk! ¡¡Patinar!! ¿Qué otra maldita cosa se puede hacer?- el chico se levantó del lecho, aún con algo de dolor pero con la mala leche en ascenso-. Ahora, hazme el favor de largarte y esperarme abajo.

Rukia soltó un suspiro cansado. Aún no había saciado su curiosidad. Así que mientras veía como Ichigo se dirigía a la puerta con intenciones de largarse, volvió a pararle.

-Ichigo…- le dijo "tímidamente".

-¡Me cago en la puta, Rukia! ¿¡Qué es lo que quieres ahora!?

La morena alzó ambas manos y empezó a chocar sus dedos índices delante del pecho.

-Es que quería saber… ¿Qué es patinar?

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Weno, pos hasta aquí lo que se daba. ¿Qué os ha parecido? A mi es una de las situaciones que más me mola, aunque el siguiente está plagado de pensamientos… jojojojo ya veréis.

Bueno, pues decir que esperamos que os haya gustado y que nos pongáis muchos reviews.

Besitoos!!

-Hikari Katsuragi & SaRuDë-