N/A:¡Buenas mundito!~

De verdad, se los digo desde el fondo de mi corazón, ¡Gracias! A Sya y a mí nos encanta que les guste la historia. Y todos esos Fav, Follows y hermosos reviews son un importante motor para nosotras, porque sabemos que hay alguien afuera que lo lee.

Advertencias: Más sorpresas (?). Capítulo largo. Drama y acción.

Disclaimer: Los personajes de Avengers pertenecen a Marvel y a sus respectivos creadores.


CAPÍTULO V

Sombras enigmáticas

La tormenta caía incesante afuera. Los árboles se movían furiosos por el viento y el sonido de sus ramas chocando así como las gotas golpeando el cristal era lo único que se escuchaba al interior de la vieja casa a la que Pepper se había mudado, situada en un lugar apartado y completamente verde al sur de Luisiana. Estaba acostumbrada a la vida llena de lujos, pero si quería pasar desapercibida, tenía que bajar el perfil por un tiempo.

—¿Has encontrado más documentos a su nombre? —La voz de Steve sonaba cansada pero su vista seguía fija en los papeles que la rubia le tendía.

Desde que Pepper lo llamó aquella tarde semanas atrás, había tomado el jet para volver por ella y entender mejor la situación que de manera muy somera le había contado por teléfono; no obstante, la chica le había dicho que no podían permanecer cerca de Nueva York, pues levantarían sospechas, de modo que tendrían que apartarse lo suficiente pero sin tener que dejar el país. Así que habían llegado a esa casa retirada de las ciudades y cada tercer día la visitaba para observar cómo iba la investigación en torno a la misteriosa muerte de Tony y la caída de Industrias Stark.

—Sí. No sólo se trata de la mansión en Malibú. La casa en Brasil y el departamento en Alemania, también tienen títulos de traspaso a su nombre. El resto de las propiedades están a nombres de otros más, pero no recuerdo que alguno de ellos figurara en como candidatos para adquirirlas. Aunque sólo el contrato de Malibú tiene la firma de Tony —explicó, afligida pero convencida de lo que decía—. En cuanto a Collins, lo he estado investigando desde que salí de NY. Se supone que el hombre es austriaco, graduado en leyes por la Universidad de Viena, pero fuera de los datos comunes no hay nada. No tiene historial médico, crediticio, ni familia o amigos que me permitan llegar a él y el lugar de residencia que figura en los documentos es la dirección de un parque. Es obvio que se trata de una identidad falsa y quien sea que esté detrás de ella tiene que ver con la disolución de Industrias Stark y muy seguramente con… —Steve la vio dudar y bajar la mirada—. Con la explosión. —Ambos se mantuvieron en un silencio incómodo; Pepper veía uno a uno los documentos que había recolectado hasta ese momento—. Lo siento, Steve, Los Vengadores no tienen más recursos… ¡Sin tan sólo lo hubiese notado antes! —se reprendió, cubriendo su rostros con ambas manos.

Steve colocó una mano sobre su hombro en un gesto que trataba de reconfortarla, pero él se sentía igual de devastado. Era como si alguien quisiera hacer desaparecer todo lo que un día forjó Tony. Y eso le daba miedo. Tenía terror que en algún momento, todo con respecto a Tony Stark desapareciera por completo, como si jamás hubiese existido…, como si él se hubiese enamorado de una ilusión.

—Le llevaré estos documentos a Nat, ella sabrá por dónde comenzar a investigar. —Tomó las hojas tratando de ocultar su incertidumbre y sus temores.

Pepper asintió dando por terminada la visita, pero justo en ese momento un relámpago cruzó el cielo seguido de un potente trueno que los hizo estremecer; un rayo había caído a un costado de la casa. Sin embargo, lo que aumentó la tensión fue el estruendo de la puerta de la entrada al abrirse. Happy se puso en posición defensiva, mientras Pepper se levantaba del sillón en el que estaba sentada. Steve permaneció sentado, sabiendo ya de lo que se trataba, así que no se sorprendió cuando llegó a la sala un mojado y confundido rubio empuñando su poderoso martillo.

Pepper y Happy se relajaron de inmediato mientras el asgardiano se acercaba a ellos. Steve se levantó para saludarlo, y aunque le alegraba ver a su amigo de vuelta no tenía ni los ánimos y ni la fuerza para explicar lo sucedido a lo largo del último año.

—Capitán —saludó, estrechando a Steve sin importarle que lo mojado de su ropa humedeciera la del soldado—, es un gusto volver a verte. Ha sido un largo tiempo lejos de ustedes, mis amigos —dijo al separarse—. Ha habido problemas en Asgard pero Heimdall ha detectado una serie de anomalías en Midgard y supuse que necesitaban ayuda.

—Han pasado muchas cosas desde que te fuiste —suspiró Steve.

—Cosas no muy agradables según veo. Pero podrías comenzar explicándome dónde están el resto de Los Vengadores y por qué nuestro hogar está en escombros. —En la voz de Thor, Steve pudo detectar la melancolía y el coraje que el hecho de que la torre estuviese destruida le provocaban. Y no era para menos, el tiempo que había estado viviendo formalmente en Midgard lo había pasado entre la torre de Los Vengadores y la casa de Jane.

Thor se había habituado a compartir el espacio con sus compañeros de batallas, así como a entrenar con Hulk, al carácter de Natasha y a las constantes fricciones entre Tony y el Capitán. Thor se sentía en casa dentro de aquella torre y llegar con la esperanza de verlos sólo para encontrarse con un montón de escombros a mitad de una ciudad destruida había desatado no sólo su preocupación sino también su coraje. Incluso sus ganas de visitar a Jane se habían esfumado.

Quería explicaciones y las quería ya.

Steve se mordió el labio inferior con fuerza. Definitivamente no podía sostenerle la mirada a Thor aunque lo intentara; «Su hogar.» Así había llamado el asgardiano a la torre. ¿Cómo iba a explicarle que él mismo había contribuido a destruir ese hogar?

Se escuchó un sonido sordo y todos miraron hacia el techo, mismo que temblaba ante cada rayo y trueno que caía cerca. Pepper juntó sus manos, como implorando que aquella casita aguantara un poco más, sólo lo suficiente hasta que se esclareciera el asunto de Industrias Stark; pero el clima no parecía estar de su lado.

—Es una historia larga, y por lo que veo, este lugar no va a durar mucho —dijo Steve observando ya muchas goteras en diferentes sitios—. Iremos a un refugio más seguro. Pepper, Happy, será mejor que ustedes también nos acompañen.

—¿Qué? ¿A dónde iremos, Steve? No podemos alejarnos demasiado, ellos sospecharán. —Pepper se veía alterada, y no era para menos, su vida había venido en picada en poco tiempo.

—No te preocupes. Iremos Wakanda, ahí están el resto de los Vengadores —respondió, recogiendo el resto de los papeles, colocándolos en cajas y llamando al piloto automático del helicóptero para que se acercase lo más posible a ellos—. Estoy seguro que estarán felices de verte, Thor.

Todos se apresuraron para partir lo antes posible del lugar, la tormenta se había intensificado gracias a la presencia del Dios del Trueno. Con rapidez, subieron a la nave, se acomodaron en sus lugares y pusieron marcha rumbo a Wakanda. Thor iba afuera del helicóptero dejándose llevar por la fuerza de Mjölnir, su propio medio de transporte. Steve sonrió al percatarse que había cosas que nunca cambiaban a pesar de los años…, eso quería que hubiese pasado con su relación con Tony, pues habría sido más llevadero tenerlo lejos y saber que estaba vivo a no tenerlo más.

Happy abrazaba con fuerza a Pepper para que la turbulencia no la desestabilizara de su lugar; realmente consideraría después de averiguar todo, darse unas merecidas vacaciones lejos del caos que eran los héroes y los villanos.

—Sujétense bien —pidió Steve a los dos pasajeros a bordo, intentando no estrellarse contra los obstáculos que el inclemente tiempo le presentaba. El viaje hasta Wakanda iba a ser largo, así que puso todo su empeño por superar la tormenta hasta que Thor, haciendo uso de su martillo, partió la tormenta en dos, intentando con ello menguar el mal tiempo y que el viaje fuera más sencillo para todos.

Steve sonrió, no se le había ocurrido aquello, pues ante todo, su amigo era el Dios del Trueno, él tenía la capacidad de controlar muchos de los rayos que se interponían en la ruta del jet.

Un par de horas pasaron antes que el clima se tranquilizara y todo estuviera en calma, de modo que Steve se permitió relajarse un poco. No pasó mucho tiempo antes de observar a lo lejos la selva de Wakanda y cómo ésta les proporcionaba una cálida bienvenida con un su clima tropical.

—Genial, vacaciones en la playa —dijo Happy con una sonrisa en su rostro. Miró por la ventana toda la flora que decoraba y resaltaba la belleza de la selva—. Saben, al jefe le hubiera gustado este lugar.

La escasa sonrisa que había recuperado Steve ante la llegada de Thor se desvaneció al escuchar a quien era uno de los allegados de Tony. Happy tenía razón, ya que desde el primer día que llegó a Wakanda hace poco más de un año, pensó lo mismo que él; a Tony le encantaría ese clima, esa vista y ese aislamiento social que tanto le gustaba de vez en cuando para despejarse de su vida cotidiana. Sintió un escozor en el pecho, justo donde está el corazón; aún dolía pensar en aquellos momentos inexistentes que, algún día, pensó compartir con Stark.

Escuchó claramente como Pepper dio un golpe en las costillas a Happy; un quejido callado llegó a sus oídos y supo que todo su cuerpo habló para que ellos se percataran de su lamentable situación. No pretendía dar lástima, era algo que nunca se perdonaría; no podía empañar así la memoria de Tony.

«En su memoria.» Se repitió mentalmente.

Qué horrible sonaba eso, qué vacío le provocaba.

En definitiva no comprendía por qué aún no se había derrumbado; con Tony muerto y Bucky recapturado por HYDRA era suficiente para dejarse caer y no levantarse jamás. De hecho, él no quería levantarse. Pero era algo que Tony nunca le permitiría. Él nunca se había rendido, siempre encontraba alguna forma de sobrellevar la situación, alargarla en lo que encontraba una solución a ello. Y tal vez era lo que él estaba haciendo hasta ese momento, pero ya había tomado una decisión: una vez que encontraran a Bucky, iba a pedirle a T'Challa que le permitiera permanecer también en una capsula criogénica al igual que su amigo, para ser despertado sólo en caso de necesitarlo.

Después de todo, no era lo suficientemente fuerte como para lograr vivir en un mundo sin Tony, el castaño le había dado una razón y un por qué a su existencia en esta nueva época. Tony era lo que lo hacía fuerte y sin él allí no tenía ánimos para levantarse cada día, prefería dormir para verlo y besarlo en sus fantasías, soñando con algo que nunca se haría realidad…

Y Steve era consciente de que su decisión representaba quedarse muerto en vida y que ello, era un vil acto de cobardía y egoísmo, pero no dejaría de lado su deber con las personas, se mantendría ahí para proteger el mundo por el que Tony se había sacrificado tantas veces.

A los pocos minutos, el jet aterrizó de forma lenta y precisa, sin ningún percance que reportar; cuando las compuertas se abrieron, Wanda, T'Challa y Scott ya estaban esperándolos en el hangar. Éstos últimos miraban a Thor con una mezcla de sorpresa y asombro que le sacó una sonrisa a Steve; en verdad que el dios era alguien imponente. Y por su parte, él les correspondía el saludo con una cálida sonrisa de felicidad.

Pepper y Happy bajaron también, mirando a su alrededor con cautela, pero impresionados por todo lo que tenían a su alcance. Aunque era Happy quien más disfrutaba del paisaje, pues Virginia tenía la cabeza en otro mundo, uno lleno de incógnitas y preocupaciones.

Steve presentó sin muchas formalidades a Thor y al resto, aunque Scott no dejaba de parlotear y tocar los brazos del dios, diciendo entre frases incoherentes que eso debían ser esteroides, pues él, ni haciendo ejercicio toda una vida obtendría esos músculos, provocando con sus comentarios las risas del resto. T'Challa simplemente estrechó su mano en un saludo cordial, sin resultar invasivo como lo eran los que aún no conocían al Asgardiano.

Por su parte, él sonreía y hablaba pero a Steve no le pasaron desapercibidas las miradas ansiosas que Thor lanzaba hacia el interior de la mansión, como si esperara a que alguien saliera. También notó a la perfección la tensión entre Wanda y Pepper, ninguna decía nada pero su manera de mirarse le indicaba que era momento de entrar e iniciar un tema de conversación o la situación se complicaría. Y Pepper tenía todas las de perder.

—Vayamos dentro, el resto del equipo espera —comentó, colocándose de forma estratégica entre ambas mujeres.

Cruzaron la entrada y la estancia, aunque ese tiempo le pareció eterno al Dios del Trueno, y eso que estaba adaptado a vivir en lugares así de amplios e incluso más. Pero comenzaba a desesperarse al no tener respuesta a sus preguntas, le picaba su nuca, y definitivamente aquella sensación de desasosiego que llenaba su cuerpo no era buena; podía ver la tensión que había en el ambiente. Necesitaba saber qué diablos estaba ocurriendo y por qué el Capitán parecía tan distante y evasivo.

—¡Ey! ¡Miren quien vino de visita! —Celebró Clint saliendo del estudio en que se encontraba y casi al instante Natasha le secundó haciendo acto de presencia.

—Es un gusto tenerte de vuelta —dijo la pelirroja, acercándose para saludar a Thor. Éste le correspondió el gesto, sintiéndose en casa de nuevo. Pero faltaba alguien, la familia estaba incompleta. Sin quererlo su mirada cambió y se desvió por sobre el hombro de Natasha, tratado de vislumbrar si había alguien más en el estudio de donde ambos ex−espías habían salido.

—¿Dónde está Tony? —Preguntó sin rodeos, sin poder contener su ansiedad—. ¿Y Visión? ¿Salieron a alguna misión? ¿Van a reconstruir la torre?

El silencio fue su única respuesta. Vio como las miradas de todos buscaron enfocarse en todo menos en él y eso le molestó mucho, aquella conducta evasiva y reticente que mostraban desde que llegó le desagradaba mucho; él consideraba que era una deshonra para el honor de cualquier ser viviente.

Steve tembló ante el nombre de Tony en boca de otro; mordió su labio, con bastante fuerza para evitar maldecir y se preguntó por qué debía revivir una y otra vez la ausencia del castaño. Realmente la vida le recordaba a cada instante lo que era estar sin él. Respiró hondo, carraspeando un poco para atraer la atención de Thor hacia él, pero cuando estaba a punto de hablar, alguien lo interrumpió súbitamente.

—Tony Stark está muerto. —Wanda fue la única en no titubear para darle una respuesta. Aunque la mirada entre furiosa y sorprendida que le lanzó el dios, hizo que deseara no haber pronunciado aquellas palabras. Encogió sus hombros y agachó el rostro, ocultándose de su osadía.

—¡Por los Nueve Mundos! —Bramó colérico; su ceño se frunció y todo su cuerpo se tensó. Automáticamente su mirada se dirigió hacia Steve. ¡Él era el líder!, ¿Cómo había permitido que pasara?, ¿Cómo es que si ya lo sabía se había mantenido callado todo el trayecto? De dos grandes zancadas se colocó enfrente del Capitán, encarándolo mientras de forma inconsciente elevaba a Mjölnir. De pronto, todo el júbilo que sentía por ver nuevamente a sus amigos, se había esfumado.

—Thor. —Intentó mediar Natasha alzando un brazo para proteger a Steve, pero el dios no estaba escuchando.

—¿¡Desde cuándo!? ¿En qué batalla y contra qué enemigo lo perdimos? —Su voz destilaba un enojo que ninguno de ellos había presenciado antes y su mirada…, su mirada parecía estar cargada de tantas emociones que era difícil descifrarlas todas, aunque lo que prevalecía era la tristeza y el enojo—. ¡Somos Vengadores! ¿¡Quién debe pagar por su muerte!?

No podía creer que Tony Stark estuviera muerto, era el mortal más brillante e intrépido que conocía; simplemente no concebía lo que acababa de escuchar.

—Yo —se adjudicó Steve, sacando a Thor de sus pensamientos, mirándolo sin comprender—. Tony está muerto por mi culpa. —El Dios del Trueno apretaba tan fuerte a Mjölnir que las venas en sus manos sobresalían, pero aun así estaba estático, esperando a una mayor explicación de su parte—. Peleamos hace meses y…

—¿Pelear? —Intervino Scott sin pensar—. ¡Hombre, eso era prácticamente una guerra! ¡Casi hacen que nos matemos entre todos!

Thor casi gruñía en busca de una explicación y volteó a ver a todos, contemplando los rostros que ponían ante los recuerdos de aquella fatídica pelea. Lang supo que debía permanecer callado si no quería ser golpeado por el imponente martillo que sostenía ese personaje fuera de serie.

—Hubo una división en el equipo —se apresuró a explicar Natasha, intentando aminorar los deseos de pelea de Thor—. Todo comenzó con los Acuerdos de Sokovia y la premisa de que Los Vengadores debíamos ser controlados por un órgano superior, pero pasaron una serie de cosas que…

Thor negó con la cabeza, estaba confundido por tantas ideas; ¿De qué diablos hablaban?

—¿¡Cómo pasó!? —insistió, y su potente voz resonó tan fuerte que por un momento nadie se atrevió a decir nada.

Y es que a Thor no le interesaban las discusiones que pudiesen haber tenido; él mismo había discutido con Tony con respecto a Ultrón, pero jamás se hubiera atrevido a lastimar a alguno de sus compañeros, mucho menos a Tony. Ese hombre era un enigma, un caos, pero había creado a Visión y eso le había demostrado, que una mente caótica también es capaz de crear cosas impresionantemente benignas y maravillosas.

—La torre explotó y él estaba dentro —dijo la pelirroja como vana explicación a lo que Thor quería saber.

—¿Y dónde estaban ustedes?

Touché.

Justo en los sentimientos de culpa.

—Aquí, en Wakanda. Quejándonos porque por esos estúpidos Acuerdos nos habían encerrado en prisión a todos, menos a Stark, que fue el primero en firmarlos. —Fue la voz de Clint la que contestó. No lo miraba, se limitaba a observar por la ventana y tratar de evadir lo mal que aquello le hacía sentir—. Steve nos sacó de allí y… —suspiró, frotando su mano por su rostro—. Ninguno pensó que algo podría pasarle estando solo. ¡Es Iron Man!... O lo era —se corrigió con pesar—. Cuando nos enteramos era demasiado tarde.

Tal vez fue la propia tensión del momento o el ensimismamiento que la situación provocaba en cada uno, pero ni siquiera el propio Steve vio venir el potente movimiento en el que Mjölnir chocó contra su rostro, arrojándolo a varios metros de distancia fuera de la mansión, quebrando una escultura y el cristal de uno de los ventanales antes de caer en la húmeda tierra de la selva entre hojas secas y ramas.

El sabor a sangre se impregnó en su boca y al pasar su mano por sus labios el rastro escarlata se quedó entre sus dedos; el dolor del golpe le hacía sentirse mareado y confuso. Quizás imaginó que algo así sucedería pero con Banner, y transformado en Hulk, claro. Después de todo, Bruce siempre había dicho que Tony era lo más cercano a un mejor amigo, aunque más engreído y sin sentido común. Sin embargo, nunca pensó que Thor reaccionara de aquella forma en una situación así.

Demasiado sospechoso.

Escuchó las voces de sus compañeros discutiendo dentro de la mansión. Natasha sonaba alterada y Wanda, al parecer, había utilizado sus poderes en un intento –fallido– por contener a Thor; pero el dios, en un arranque de ira, la había arrojado lejos y eso había desatado la molestia de Clint. Se llevó una mano a la cabeza tratando de parar el mareo y concentrarse, sin embargo, apenas estaba apoyándose de un árbol para ponerse en pie, cuando una mano lo tomó por el cuello con firmeza, azotando su espalda contra el tronco.

Steve ahogó un jadeó y más por instinto que por raciocinio, elevó su rodilla para golpear el estómago del dios. El suero no le daba la fuerza del asgardiano, pero al menos lograba que éste resintiera los golpes. Unas inmensas ganas por pelear, que no supo de dónde vinieron, se apoderaron de él y a ese golpe le siguió otro, con el puño cerrado contra el rostro del dios, descargando una ira incontrolable. El aire comenzaba a hacerle falta, y no estaba dispuesto a perecer en manos de quien había sido su compañero de batalla. Con un certero puñetazo, logró que Thor lo soltara, inhalando todo el aire que le era posible para recuperarse.

Thor estaba aturdido por los golpes consecutivos y soltó su martillo, quizá porque el Capitán no tenía su escudo –ante todo era un hombre de honor, y si el contrincante no usaba un arma, él tampoco lo haría–, y lo siguiente que supo es que se encontraba atacando con toda su fuerza al que era el líder de Los Vengadores. Mientras, Steve sentía una increíble liberación al descargar su furia contenida por todo lo ocurrido, aunque Thor no tuviese nada que ver con ello. Jamás esperó que sus golpes hicieran sangrar al dios, no tenía intención de herirlo, pero ambos continuaban peleando como si se tratara de una especie de catarsis.

—Lo mataste —murmuró Thor con un gruñido entre dientes, denotando su coraje con cada palabra y cada golpe. Su nariz estaba rota y su labio superior sangraba de forma prominente pero eso no lo detuvo—. ¡Sabías lo mucho que solía afectarse con este tipo de situaciones, lo viste por ti mismo en Sokovia!, ¡Debiste estar ahí para él! —Sus acusaciones iban seguidas de puños cerrados estrellándose contra el rostro del soldado, quien esquivaba los que podía y contestaba cómo mejor sabía por sus años en la guerra.

Pero el Dios del Trueno tenía razón, y cuando Steve trastabilló con una raíz y chocó de espaldas contra un enorme cedro, supo que había llegado a su límite.

—Lo siento —musitó dejándose caer al suelo, bastante cansado por el intercambio de golpes con el otro y por su actual delicado estado mental; tal parece que se le hacía costumbre eso de pelear con amigos y perder a personas amadas. Secó sin ganas el hilo de sangre que corría por la comisura de su boca, jadeando en el proceso de tranquilizar su respiración.

—No. No pienso perdonarte nunca, traidor. —La voz de Thor era helada, fría. Caló dentro del corazón de Steve al escucharle de esa forma. Con esfuerzo, se irguió sólo para ver cómo agitaba su martillo y éste salía volando, desapareciendo entre los rayos de sol.

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—¿Lo conseguiste? —preguntó el Barón. En una mano sostenía una copa de tibio Glühwein mientras miraba con detenimiento la nueva arma que Tony había creado; sabía que a pesar de los dolores de cabeza y constantes fricciones con él, era una buena decisión tenerlo de su lado. Una muy útil decisión.

—No hay rastro de él —musitó Viper, con la vista fija en él a pesar de que había algo en Wegner que le causaba miedo y aquella sensación no le gustaba. Ni siquiera el verdadero varón tenía aquellos arranques incontrolables de ira como los que tenía su hijo, además, también estaba «ese detalle» que lo hacía completamente letal.

—¿Qué? —Gruñó, rompiendo entre sus dedos la copa, sin importarle que los cristales se enterraran en su piel ni el ardor del alcohol le provocaba en la herida—. Repite eso —ordenó, avanzando hacia ella con los trozos de cristal aún incrustados en su mano sangrante.

Viper se mantuvo quieta, sin retroceder aunque su sentido común le decía que lo hiciera.

—No hay rastros de Hulk —repitió, tratando de mantenerse firme cuando aquella mano ensangrentada y llena de vidrios rotos se cerró sobre su garganta.

—Estás resultando demasiado inútil para cumplir tus misiones, Ophelia —dijo, apretando más el agarre en su cuello, levantándola del suelo. Viper apretó los puños evitando a toda costa hacer algún ademan para deshacer el gesto que comenzaba a asfixiarla; sabía que cualquier muestra de resistencia sería castigada de la peor forma. Las cicatrices en su espalda eran prueba de eso—. Tardaste casi un año en traer a Stark aquí, ¿¡Y ahora resulta que no puedes encontrar a un enorme monstruo verde!? —Terminó gritando.

El oxígeno en sus pulmones estaba terminándose, su vista comenzaba a nublarse y cuando creyó que iba a perder el conocimiento, algo la aparató de la mano del Barón. Comenzó a toser, llevándose una mano al cuello por reflejo, sintiendo la sangre emanar por las múltiples cortadas. Sin embargo, reconoció a la perfección la piel roja de quien la había salvado. ¿Qué hacía el androide de Anthony ahí?

Escuchó la voz de Tony y la de Wegner; estaban discutiendo –para variar–, pero no logró comprender a cabalidad de lo que hablaban, pues Visión la sacó de allí, aunque un súbito escalofrío le recorrió el cuerpo al ver –y sentir– como atravesaban la pared para marcharse.

—¿En verdad fuiste tan estúpido como para enviarla sola a buscar a Hulk? —El tono del castaño era tranquilo, como burlándose de las decisiones que tomaba Wegner, lo cual no hacía más que enfurecer más al Barón.

—¡Es una de las mejores agentes!

Tony enarcó una ceja. ¿De verdad ése era su argumento?

Wegner pareció reaccionar al ser consciente de la mirada escéptica del castaño. ¡Él era Wegner von Strucker! ¡No tenía por qué darle explicaciones a nadie!

—Estamos hablando de Hulk —prosiguió Tony—; ni cien de tus mejores agentes podrían contenerlo. —Y vaya que él lo sabía. Aun recordaba aquella batalla años atrás por culpa de Wanda, así como la patética forma en que su Iron Buster y Verónica habían fallado—. No vas a encontrar a Banner. Si en algo es bueno, aparte de aplastar cosas, es en ocultarse. Sabe cómo eliminar todo rastro o evidencia de su presencia. Ni Romanov ni VIERNES han logrado encontrarlo, y de verdad se han esmerado en hacerlo.

—¡Quiero a Hulk! —Gruñó Wegner—. Quien tenga a Hulk, tiene la batalla asegurada y si no está de mi lado, lo quiero muerto.

Tony rodó los ojos. ¿En verdad ése era el líder de HYDRA? ¿Un tipo lleno de planes ambiciosos a corto plazo sin un sustento real? Parecía un niño haciendo la rabieta por aquella paleta que sus padres no querían comprarle.

—Hulk no vendrá con HYDRA por las buenas y por las malas tú tienes las de perder —determinó, mirando cómo Wegner apretaba los puños y sus venas resaltaban en ellos de forma anormal—. Si Viper lo hubiera encontrado, ya estaría muerta. Y tú, estarías aquí, sin información y sin tu mejor agente.

El Barón golpeó con fuerza el estante a su costado, perforándolo y destrozándolo con tan solo un par de golpes. Su fuerza no era normal y Tony no lo pasó por alto. Ahora comprendía por qué ningún miembro de HYDRA se atrevía a mirarlo a los ojos; era terriblemente inestable y peligroso. Pero era el hijo del Barón, «el heredero de la corona», no podían contradecirlo. Él era la cabeza principal de HYDRA y esa certeza no estaba en discusión.

—Quiero un arma capaz de detener a Hulk —ordenó. La mandíbula le temblaba del coraje y las palabras salieron forzadas en un siseo casi incomprensible—. Vas a crear algo que pueda detenerlo y vas a encontrarlo. Yo mismo me encargaré del resto.

Y tras decir aquello salió de la estancia, golpeando todo a su paso en un despliegue de furia.

Tony miró los destrozos a su alrededor, los puños marcados en las paredes y la sangre en la alfombra, distinguiéndose con facilidad debido a los tonos arena de la misma. Ese hombre no era común, a simple vista podría decir que poseía el suero del súper soldado al igual que Steve –bufó molesto ante la súbita debilidad que ese maldito nombre le seguía provocando–, aunque a Rogers jamás lo había visto haciendo tan imperiosa demostración de su poder. Sí, el hombre había detenido un helicóptero con sus manos, pero jamás lo vio emplearlo de forma tan… letal.

Esa posibilidad lo hizo sonreír. ¿Cómo sería Rogers fuera de su faceta de buen samaritano? Aquello sonaba jodidamente divertido, tentador…

Pero ese Rogers estaba en el pasado y allí iba a quedarse. No tenía intenciones de mirar atrás, él ya no era el mismo y no iba a retroceder ni un paso por el hombre que lo había traicionado en tantos sentidos.

Salió de la habitación, escuchando a lo lejos los gritos coléricos de Wegner exigiendo ver a los prisioneros que mantenían encerrados. Y Tony no necesitó de su intelecto superior para saber que iba a descargar su enojo y frustración con ellos.

Cuando Tony ingresó a su piso, lo primero que vio fue a Visión curando las heridas de Viper, la cara de incomodidad de la pelinegra que no parecía habituada a esos cuidados y la mirada de pocos amigos de Barnes, que los miraba al otro lado de la sala como si se trataran de una peste.

—¿Y te atreviste a hablarme de libertad cuando tú misma eres la esclava aterrorizada de ese imbécil? —Se quejó, llamando la atención de la chica. Ella hizo al ademan de apartarse de Visión y mostrarse firme, pero el androide no se lo permitió.

—Es el líder de HYDRA. —Fue su escueta respuesta.

Desde que tenía memoria había vivido para servir a la organización, creía en ella y disfrutaba lo que hacía, por enfermo que pudiera resultarle al mundo. Pero también era cierto que el rumbo que HYDRA estaba tomando bajo el mandato de Wegner era mucho más restrictivo e impulsivo de lo que fue con el padre de éste, con Alexander Pierce o el mismo Cráneo Rojo. Ellos tenían un ideal en mente y un plan a largo plazo que los condujera al triunfo; Wegner no era tan paciente y el poder físico y factico que poseía sólo contribuía a hacerlo más autoritario y sádico de lo que sus seguidores estaban acostumbrados: más de uno había sido literalmente destrozado con sus propias manos, a veces incluso por nimiedades.

Vio como Tony alzó sus hombros, mostrando un rostro de indiferencia ante lo que ella decía. Enterró sus uñas en sus brazos, conteniendo un temor que sentía desde hace tiempo hacia su líder. Todo resultaba más difícil ahora, más ahora que tenían a Anthony Stark de su lado, aunque presentía que podía confiar en él.

—Quiere a Hulk —continuó ella—. Y nadie va a sacarle esa idea de la cabeza; lo mismo pasó cuando dijo que te quería a ti en las filas de HYDRA.

—¿Y cuál fue tu castigo por mi demora? —contraatacó Tony. Ophelia se mordió los labios pero no desvió la mirada. Había pasado más de un año de eso y seguía recordando aquella tortura con una nitidez aterradora. Tony comprendió que la pelinegra no hablaría de ello, así que retomó la palabra—. Quiere algo capaz de contener a Banner y cree que él mismo puede hacerse cargo del resto —ironizó, recargándose en el ventanal con los brazos cruzados—. Pero no es una idea tan alocada tomando en cuenta la monstruosa fuerza que posee… ¿Cómo la obtuvo? —preguntó directamente, sin más rodeos.

Viper suspiró. Se sentía cansada y adolorida, no quería continuar esa conversación pero se descubrió a sí misma haciéndolo.

—Nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que hicieron con él, pero no es un secreto que fue voluntario para un sinfín de experimentos, no sólo con réplicas del suero de Erskine, también con otro tipo de… métodos que le permitieran incrementar su fuerza. Su poder es incluso más grande que el de Cráneo Rojo.

Tony bufó molesto, arrugó su entrecejo y apretó sus labios. Al parecer su libertad iba a seguir costándole esfuerzos. Tenía que hacer algo pronto.

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La noche había llegado demasiado tarde a Wakanda; ese día le supo eterno a Steve, casi tanto como cuando se enteró que la Torre de Los Vengadores había explotado. Las emociones aún se encontraban a flor de piel y aún podía sentir el martillo de Thor dándole un muy merecido golpe en la mejilla. No se quejaba y por el contrario, pensaba que aquel era un castigo bastante benigno para cumplir por completo su penitencia. Sobó con la mano izquierda su pómulo, sintiendo un poco de dolor en la zona afectada; gracias al suero del súper soldado aquellos golpes pasaban a sanarse en un par de horas, pero tal parecía que ése era uno de los más fuertes que había recibido. De una forma literal, claro, ya que los golpes de la vida eran aún más dolorosos.

Salió de su habitación secándose el cabello, pues había tomado una ducha recientemente, y caminó directo a la cocina a servirse algo de cenar. Eran cerca de la una de la mañana, pero eso a su estómago no le importó; su alimentación últimamente no había sido la mejor y debía de aprovechar su breve estancia en Wakanda para nutrirse de forma correcta cada que su cuerpo lo pidiera.

Al bajar y entrar al desayunador, observó algunos de emparedados de maní con mermelada de frambuesa sobre éste. Sonrió involuntariamente por aquel gesto, estaba seguro que el detalle se lo debía a Wanda. Agradeció en pensamiento a la chica y se dispuso a preparar un café. Esperó un par de minutos a que la cafetera estuviese lista y sirvió un poco en una taza grande. Con esmero, limpiaba el lugar y casi tiraba las sobras a la tarja de la cocina, esperando obviamente que Tony llegara y regañara a todos en el lugar, haciendo con su rostro aquel mohín que tanto le encantaba.

Algunas viejas mañas nunca se quitaban, por mucho que ya no exista motivo para hacerlas.

Con una larga exhalación y un movimiento quizá demasiado brusco, aventó las sobras al cesto de basura y se llevó su taza así como los emparedados hasta la pequeña terraza que se encontraba justo a un costado de la sala.

La noche era hermosa; observó las estrellas que brillaban con intensidad en el cielo, las mismas que, juraba, jamás podría contemplar en Nueva York. Sorbió un poco de café y lo saboreó en su boca.

Amargo. Demasiado amargo. Justo como se sentía su corazón.

Le faltaba azúcar.

Tomó un emparedado y lo mordió. Éste sabía muy dulce, pero con el fuerte sabor del café se compensaba aquello, dejándole al final una sensación equilibrada que agradaba a su paladar. Terminó de comer todo debido al gran apetito que sentía en ese momento y sonrió triste por ello al darse cuenta de que había continuado la secuencia de sabores hasta concluir. Hasta la comida le hacía comprender que Tony y él eran como dos sabores opuestos y que probándolos por separado y en exceso hacían demasiado mal; pero juntos…, juntos podían formar un sabor único, diferente y exquisito…

Lástima que el sabor a café de su vida se había esfumado para siempre, mucho antes de intentar probar.

—¿No puedes dormir?

La voz gruesa y varonil que provenía de la sala le tensó. Hacía casi un siglo desde que no se consideraba un debilucho, pero definitivamente en ese momento no se hallaba en los mejores términos con aquella persona. Ni siquiera supo en qué momento había regresado.

—No, aunque no suelo dormir mucho comúnmente —respondió sincero, continuando con el rostro hacia el frente, mirando la oscura selva de Wakanda—. ¿Y tú, no has logrado conciliar el sueño?

—¿Cómo podría después de enterarme de todo lo que pasó?

Thor entró a la terraza. Estaba vestido como civil, lejos de aquella ropa vikinga que solía llevar. Parecía que él también había tomado un baño, aunque no estaba seguro que fuera en las instalaciones de la mansión; seguramente había estado con Jane. Steve vio como Thor recargaba los brazos sobre la barda que los separaba de caer a las cataratas, manteniendo una distancia prudente de él y en parte, lo agradecía.

El silencio se mantuvo entre ellos durante un tiempo; momentos suficientes para pensar en sus acciones y en lo que dirían después de eso. Steve simplemente ya no podía denominar como «arrepentimiento» a lo que sentía por haber abandonado a Tony –pues iba más allá–, por separar a la familia y no haber sido claro con Thor desde un inicio. Quería pedir perdón por ello. Lo necesitaba; y para ello, comenzaría por hacer las cosas de la manera correcta.

—Bucky mató a sus padres. Lo sabía y no se lo dije; estaba demasiado ocupado diciéndome que si no lo sabía estaríamos bien. Fui lo suficientemente estúpido como para no notar que estaba traicionando su confianza —dijo Steve, hablando del tema por primera vez—. Jamás quise lastimarlo, mi única intención era protegerlo…, mantenerlo a mi lado siendo un maldito egoísta; pero terminé arruinándolo todo.

Thor se mantuvo callado, completamente de acuerdo con esas palabras, pero consciente de que no podían seguir llorando sobre los escombros; debían continuar viviendo, luchando por el mundo y honrando el recuerdo de Tony Stark como mejor pudieran. Aunque aquello fuera un martirio.

Miró el cielo nocturno, sabiendo que más allá de él se encontraban los Nueve Mundos y cientos de miles de estrellas más de las que contemplaba en ese momento. Se dijo que al final la vida es como el firmamento: compuesto de una infinidad de detalles, de los cuales sólo somos capaces de contemplar unos cuantos, de disfrutar unos pocos y de recordar la minoría. Pero esos momentos, esos recuerdos, son los que le dan sentido a la vida misma, los que hacen que valga cada día.

—Es cierto —admitió Thor—, pudiste hacer la diferencia. Pero debemos levantarnos y continuar. No podemos vivir lamentándonos por el pasado. Él no querría eso para ti sin importar cómo hayan sucedido las cosas, después de todo, él te amaba.

Automáticamente, Steve clavó su mirada en él. ¿Entonces era verdad?, ¿Thor también lo sabía?, ¿Cómo es que él nunca se dio cuenta? Miles de pensamientos se arremolinaron en su mente traduciéndose en un par de ojos acuosos, una mirada rota y unos labios apretados.

Pudo haber sido feliz a su lado.

Pudo haberlo tenido todo.

Pudo haberlo tenido a él.

Steve se contuvo al notar que el plato que sostenía se cuarteaba entre sus manos, así que aspiró en un intento de relajarse, por mucho que aquellas palabras calaran hondo en él. Cerró los ojos con pesar; cómo dolía el «hubiera» y sus infinitas posibilidades. Era demasiado imbécil como para haberlo notado.

Pero entonces notó algo que había pasado antes por alto: la mirada de Thor. El dios rubio parecía tan decaído como él mismo, igual de abatido y vacío ante la noticia. No es que al resto no le hubiese afectado, pero veía en Thor el mismo dolor que sabía que él transmitía a los demás. Además, el reproche en su voz, la forma en que lucía al llegar a Luisiana, su ansiedad en Wakanda y la manera en que había reaccionado al enterarse del deceso de Tony…, los restos de lágrimas en sus ojos…

Sus ojos se entrecerraron y sus labios se separaron ligeramente por la sorpresa. No, aquello no tenía sentido, pero el tono en que Thor había hablado de los sentimientos de Tony hacia él había sonado tan… receloso.

—Y tú lo amabas a él —se atrevió a decir el Capitán mirándolo a los ojos; esperaba con impaciencia que sus sospechas fueran equivocadas y que aquellas acciones no fueran más que malas interpretaciones.

Thor sonrió con amargura sin desviar la mirada. Tembló y sudó frío ante el descubrimiento.

—Él era un hombre incapaz de pasar desapercibido —concedió Thor, y Steve logró ver una veta de deseo en los ojos oscuros del otro; aunque no pudo estar más que de acuerdo—. Es verdad que aquel llamativo sentimiento que los midgardianos llaman "amor" se apoderó de mí, como si fuese magia o control mental. Hubo un momento en el que simplemente no podía dejar de pensar en él.

El plato se rompió en la mano de Steve.

—¿Desde cuándo…? —Steve no concluyó la frase. No podía concebir a Thor enamorado de Tony, de su Tony. Deseó controlar la ansiedad que destilaba cada poro de su piel ante la confesión que recién escuchó, pero le resultaba imposible. ¡Por Dios, Tony estaba muerto y él seguía celándolo!

—No sé. —Su voz tenía un tono dulce, nostálgico—. Aunque gracias a los sucesos de Ultrón, fue que me di cuenta de que había más que compañerismo en mi comportamiento hacia él. Tal vez fue el asombro de verlo tratar de proteger el mundo que amaba o su determinación por hacer lo correcto aunque fallara cien veces en el intento. Incluso fue capaz de crear a un ser como Visión.

Thor sonrió al decir aquello, pues si bien Tony había sido el artífice de lo que eran las bases de Visión, había sido su poder sobre los rayos lo que lo había traído a la vida. Aquel suceso le hacía pensar –por muy tonto que sonara– que Tony y él, eran como los padres de Visión.

—Siempre pensé que tú y Jane… Bueno, ella…

El Capitán dudó que aquello fuese verdad, pero la risa suave de Thor aligeró un poco el ambiente denso entre ellos. Aunque era cierto que él y Jane eran compatibles y habían tenido una relación sin nombre; de hecho aún la tenían y eso no iba a cambiar por nada.

—Tony Stark despertaba en mí un cariño tan especial como imposible. Acepté vivir con eso y nunca le he ocultado nada a Jane, después de todo, también la amo y Jane dice que no debe de haber secretos entre las parejas. —Steve asintió ate la terrible verdad que dijo Thor… confianza y verdad. Jane Foster le recordaba mucho a Peggy, porque algo le decía que ella habría reaccionado igual ante la misma situación. Entonces la voz de Thor lo regresó a la conversación—. ¿Sabes? Siempre temí que llegara el día en que dieras el primer paso. Pensé que lo harías después de la batalla en Sokovia.

—¿Por eso te fuiste? —Preguntó incrédulo y ya más relajado. Desvió su mirada hacia el firmamento, evadiendo la respuesta a la pregunta implícita que Thor hacía; ¿Por qué no lo había hecho? Él mismo se lo preguntaba y reprochaba a menudo.

Thor volvió a reír, acomodándose de espaldas al barandal y cruzando los brazos en una actitud notablemente más tranquila y cómoda, como si la pelea anterior hubiera aligerado la tensión y los rencores entre ambos.

—En parte sí —admitió—. Pero también es cierto que debía regresar a Asgard por respuestas sobre las gemas del infinito, aunque no he logrado llegar a nada.

—¿Y qué hay de aquella conversación sobre quién tenía la mejor novia? Sonabas demasiado firme al presumir los logros de Jane —comentó Steve, devolviéndole la sonrisa al recordar aquella fiesta en la Torre.

—¿Nunca rayaste en lo infantil para darle celos a la persona que te gusta? —Y ambos hombres rieron sinceramente ante aquello. Porque claro, Steve había intentado de mil maneras provocar los celos de Tony, pero siempre le resultaba contraproducente y era él quien terminaba por consumirse en molestia debido al manojo de nervios que sentía en esas ocasiones.

—Tony siempre fue el experto en coquetear y provocar celos en los demás —dijo Steve intentando controlar su risa ante todos los buenos recuerdos. Thor asintió, concordando con sus palabras—. ¿Recuerdas aquella agente que no paraba de seguirlo y adularlo?

El dios hizo una mueca de disgusto. ¿Cómo olvidarla si iba tras Tony a todos lados?

—No era tan molesta como esa mujer de la televisión que le hacía insinuaciones entre cada pregunta —acotó Thor, recordando cómo la mujer en minifalda le había propuesto a Stark verse en su apartamento en cuanto la entrevista terminara mientras una de sus manos divagaba en la pierna del héroe de hierro.

—Pero a ella no teníamos que aguantarla a diario.

Thor sonrió, aceptando que Steve estaba en lo cierto.

El resto de la noche la pasaron recordando aquellos buenos y malos momentos a lado del castaño, reviviendo sus gestos y sus ademanes, sus manías y sus tonos de voz, sus sonrisas y las miradas que solía dedicarles, pues al final del día eso era lo único que les quedaba de él: los recuerdos, tan hermosos y lejanos como las estrellas que esa noche iluminaba su cielo. Y para cuando Steve observó los primeros rayos del sol cubriendo parte de la selva de Wakanda, anunciando la mañana venidera después de aquella noche llena de melancolía, ya se notaba el cambio entre ambos; ahora gozaban de la buena compañía que resultaba ser el otro.

Guardó silencio un momento e intentó no quebrarse de nuevo al pensar en todo lo que había ganado con tanto esfuerzo para luego perderlo por una equivocada decisión. Dio una nueva mirada hacia el cielo así como al difuso desfile de estrellas que todavía se presentaba ante él y escuchó a Thor suspirar, manteniendo aún cierta distancia.

—A pesar de todo, sabemos que no te perdonaré lo de Tony —aclaró Thor. Su tono era sereno pero sombrío cuando sus ojos se dirigieron a la misma dirección que el otro—, pues el sentimiento sigue aquí. —Señaló su pecho—. Pero somos vengadores, así que debemos cumplir con nuestro deber y hacer pagar al bastardo que se atrevió a alejarlo de nosotros. —Dirigió su vista hacia la perdida mirada de Steve, intentando hacer contacto con aquellos ojos azules, sin embargo, aquella actitud evasiva en el Capitán, lo desesperaba—. Deja de autocompadecerte y comienza a actuar de verdad. ¿Estás conmigo?

Era una propuesta y un reproche.

Steve frunció el ceño ante esa segunda confesión de Thor, pero sabía que seguiría perdiendo más y más cosas a causa de las decisiones pasadas. Sintió la profunda mirada del asgardiano sobre él y se obligó a hacer contacto ocular; no podía culparle por odiarlo, él también lo hacía sin necesidad de hacer mucho esfuerzo, pero aceptaba que aquello que Thor le ofrecía, era una tregua en memoria de Tony.

Exhaló con pesadez, recobrando nuevamente la motivación que lo venía sosteniendo desde hace meses.

—Estoy contigo —afirmó, tendiéndole la mano y Thor la estrechó con firmeza.

Steve ahogó un suspiro; ahora comprendía, tras las memorias compartidas en esa noche, que Tony siempre fue el sabor dulce y él…, él era el amargo.

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Tony caminaba a paso firme por las instalaciones de HYDRA rumbo a la planta baja. Al medio día, recibió un memo acerca de una junta con el líder, decía que le requerían en calidad de urgencia en el despacho principal; sin embargo, decidió ignorarlo de momento, ya que estaba bastante ocupado torturando a Bucky y jugando cartas con Visión. No obstante, una hora atrás recibió otro recado, ahora con un holograma presentando el rostro lleno de ira del Barón; por lo cual con un suspiro de fastidiado, decidió hacer caso al aviso.

No sin antes pasar a tomar una agradable taza con café preparada por Visión.

Por todo ello su demora fue inminente y completamente cínica, aunque poco le importaba. Al salir había dejado instrucciones a Visión de proteger su piso en lo que iba a la reunión; también ordenó a Bucky acompañarlo, pues si las cosas se descontrolaban, le vendría bien un poco de ayuda.

—Recuerda —dijo Tony dirigiendo su vista al soldado—, ese imbécil piensa que te tengo bajo su estúpido control mental, así que cierra la boca y no se te ocurra hablar o hacer algo si yo no te lo ordeno. —Su voz era firme, sin embargo, ya era costumbre implementar un tinte insinuante, sensual, cada vez que se dirigía a él. No era tonto, y de un tiempo a la fecha se daba cuenta de lo que provocaba en James, aunque de ello se ocuparía después.

—Claro —respondió escueto, sin embargo, sentía que algo quemaba su cuerpo por dentro cada vez que le miraba, cada palabra o acción de Tony se multiplicaba en su mente, distorsionándolo y volviéndolo más letal de lo que ya era antes.

—No te aflijas, soldado —comentó Tony deteniendo su andar, dando la media vuelta y encarándolo; adoraba jugar con él—. No planeo hacerte nada… que claro, tú no quieras.

—¿A qué te refieres? —Preguntó conteniendo sus manos en puños, poco faltaba para que se desatara y tomara al castaño, recorriendo con sus manos todo aquel maldito cuerpo seductor. Tony estaba cerca, muy cerca de él; en una zona poco segura donde habitaba su deseo por él.

Definitivamente, Tony Stark estaba jugando un juego peligroso y él, desde casi un siglo atrás, había perdido la habilidad de dominar sus impulsos.

—Sabes perfectamente a lo que me refiero. —Tony se colocó en puntillas, acercando su rostro al otro. Bucky sentía a la perfección el aliento que salía de la boca del otro en su barbilla, incitándolo, haciéndolo desear un mayor contacto. Un verdadero contacto—. Pero lo hablaremos en otra ocasión —dijo separándose más rápido de lo que James hubiese querido—. Ahora debemos de atender asuntos de relaciones públicas, al parecer.

Tony mostró una de sus mejores sonrisas, de aquellas que podías ver al menos un poco de sinceridad en ella, prometiéndole a Bucky algo que venía anhelando desde semanas atrás. James simplemente vio a su «jefe» retomando su camino hacia la gran puerta, abriéndola con la tarjeta de acceso que le habían entregado en su bienvenida. Siguió sus pasos y logró meterse antes que el sistema automático comenzara a cerrarlas.

—¡He llegado! —Tony parecía disfrutar ver la mirada furiosa del Barón—. ¿Para qué necesitaban al mejor científico del mundo?

—Déjate de payasadas, Stark. Te ordené venir desde mediodía y apenas te dignas a aparecer. —La pesada voz del Barón parecía el rugir de un león hambriento, pero eso a Tony no le causaba ningún temor.

—Nunca interrumpan a un inventor en sus mejores épocas. He estado ocupado, y sabes perfectamente que sólo te ayudaría en lo que yo quisiera; si yo no te busco, es porque no me interesa —respondió observando sus dedos, ignorando por completo la ira palpable que transmitía el líder de HYDRA.

—¿Sabes? Ya me estoy cansando de tus estúpidos juegos de ayudar sólo en lo que te venga en gana —dijo Wegner levantándose de su asiento para caminar hasta donde se encontraba Tony, tomándolo por las solapas de la camisa en un gesto inhumanamente rápido y firme, hasta acercarlo a él lo más posible—. Si estás en las instalaciones de HYDRA, es porque juraste lealtad al sistema, a mí sistema. Así que comenzarás a cooperar en todo lo que yo necesite para mis propósitos, ¿queda claro?

El pestilente aliento que salía con cada palabra que pronunciaba el Barón, le produjo nauseas. Observó a Bucky y lo que encontró fue a éste a punto de perder los estribos, seguramente, por intentar protegerlo de aquel loco. Negó con la cabeza, esperando que comprendiera que él podía controlar ese tipo de situaciones y que, sólo en caso de ser necesario, él tendría que actuar.

Tony tomó con fuerza la muñeca que lo estaba jalando y la apretó, haciendo que el otro se doblegara un poco y aminorara el agarre; él aprovechó el momento para escapar y sacudirse por completo.

—Desde el inicio acordamos que yo nunca sería tu peón —comentó seguro, mirándolo directamente a los ojos—. Me juré que nadie volvería a pisotearme nuevamente y no sé si aquellas palabras son tan complejas para que las pueda entender tu cerebro, pero ese ya no es mi problema.

—¡No me importa lo que pienses o las promesas que te hayas hecho, Stark! —Rugió el Barón, exaltándose cada vez más pero obligándose a bajar el tono—. Quiero que fabriques un ejército de trajes para mis soldados —ordenó—. Dime qué material te hace falta y mañana mismo lo tendrás en tu escritorio.

—No —dijo Tony con simpleza, mirando los cuadros que decoraban la estancia donde lo había citado Wegner. Su andar y su tono era despreocupados, como si no estuviera rehusándose a seguir una orden del líder de HYDRA.

—¡Por supuesto que lo harás! —explotó una vez más—. ¡Hiciste decenas de trajes antes, puedes hacerlas ahora! —Gritó Wegner, frustrado al no poder llevar a cabo su plan; ¡Sería tan sencillo destruir lo que quedaba de Los Vengadores y atrapar a Hulk con los trajes de Stark! ¿¡Por qué se negaba entonces!? Acaso…—. Por tu bien, espero que no se trate de alguna clase de sentimiento estúpido hacia tus viejos compañeros —siseó.

Los remordimientos de James desearon que la respuesta fuera positiva, que una parte de Tony aún deseara volver, pero la risa mordaz del castaño y la frialdad en su mirada se llevaron toda esperanza en el soldado; de verdad ése no era el hombre que Los Vengadores conocieron alguna vez. Sin embargo, éste era su Tony, y su recién descubierta posesividad hacia él lo hacía sentirse orgulloso al verlo dejar todo atrás y concentrarse en sí mismo y sus propios deseos, sin sentirse presionado o intimidado por nada.

Y él, por supuesto cooperaría para que tuviera éxito en todo lo que se propusiera.

—¿Sentimientos por ellos? —Ironizó el castaño, obligándose a no pensar en Steve y sus estúpidos ojos azules o su sonrisa perfecta que, aunque lo negara fervientemente, le hacía acelerar un poco su corazón—. No seas imbécil, no queda nada que sentir. Y no volveré a fabricar una armadura; Iron Man está muerto y no voy a traerlo de vuelta nunca más, ni para ti ni para Los Vengadores.

Porque aquel traje significaba un retroceso para él, una parte de su vida que quería dejar atrás y a la que no deseaba regresar por ningún motivo. Iron Man significaba en su vida una atadura a su necesidad de encajar, de ser reconocido como alguien que en verdad no era. Representaba su protección para reprimir su verdadera naturaleza, y aunque en su momento había disfrutado de ser el Hombre de Hierro, ahora aquel hecho le traía más dolor que placer.

Sería volver a la jaula otra vez.

Salió de sus pensamientos cuando Wegner estrelló su puño contra la pared más cercana, en una nueva demostración de su descomunal fuerza, denotando sin inhibiciones que había algún tipo de modificación genética en él.

—¡Vas a crear mi ejército de trajes te guste o no, Stark! —Y Tony pudo notar también que las venas que resaltaban en sus manos y en su cuello tomaban unos horribles tonos morados y sus ojos se irritaban tanto que la parte blanca del globo ocular se tornaba casi enteramente roja; no lo controlaba.

Sonrió, pues aquel era un descubrimiento importante.

Bucky avanzó hacia ellos de forma inconsciente. No iba a permitir que ese bastardo lastimara a Tony, primero tendría que pasar encima de él. Aunque por lo visto sería una pelea larga; Strucker parecía un Berserker fuera de control. Se colocó entre ellos, mirándole con advertencia y profundo resentimiento.

Por su parte, Wegner sintió que estaba a nada de perder los estribos si continuaba alterándose y sabía bien que volver a tomar el control era demasiado difícil, así que tras obligarse a respirar continuó con un tono más sereno.

—Vaya, me olvidaba que ahora tienes un perro faldero, ¿cierto, Stark? —Ironizó el Barón, dando una mirada de desdén a Bucky para volver, ya en completa calma, hacia su asiento principal—. No quiero excusas, si no vas a construir una armadura, entonces necesito que encuentres una respuesta o solución que pueda traer a mi bando a Hulk —dijo al momento de sentarse sobre su silla y girarla—. Tienes setenta y dos horas para que volvamos a hablar. De lo contrario, ni tu nueva mascota podrá salvarte de las consecuencias.

Tony no se despidió y sólo dio media vuelta. Salió furioso de la habitación dejando un rastro de escombros que deshizo con el repulsor que llevaba en la mano; escuchó los pasos de Bucky detrás de él. Caminó a paso rápido hacia el elevador, con la única idea de salir del volcán; necesitaba pensar y despejarse.

El soldado abrió la boca, deseando decirle algo que lo tranquilizara pero él no estaba acostumbrado a hablar de más y menos sobre temas personales, así que se maldijo cuando la voz de Viper fue la que le ganó la oportunidad, haciendo que su desprecio por aquella mujer creciera.

—Espero que no estés pensando en marcharte, Anthony —dijo, aunque su tono no era una amenaza o siquiera una advertencia; la pelinegra parecía más bien preocupada por las consecuencias de las acciones del castaño, pues Wegner no se tentaría el corazón para hacerlo pedazos si Tony lo traicionaba, y aquello era literal—. Si te vas, va a seguirte —le advirtió con voz más baja al pasar junto a él en cuanto las puertas del elevador se abrieron.

Tony la miró inquisitivo, con una ceja enarcada y el escepticismo estampado en sus ojos claros antes de ingresar también, seguido por James, quien observaba desconfiado a Ophelia.

—¿Temes que vuelva a castigarte? —cuestionó, recargándose en una de las paredes del ascensor. Ophelia sonrió de lado; si algo le agradaba de Tony Stark era la forma directa en que preguntaba las cosas, sin hipocresías ni rodeos de por medio.

—Entre otras cosas, sí —admitió ella, sin sentir ya la necesidad de mentirle al castaño, después de todo, él se había ganado un poco de su confianza en muy corto tiempo.

—No voy a dejar HYDRA y no le tengo miedo a ese remedo de Grinch —comentó, sin importarle si había vigilancia en el ascensor o no. Viper rió con suavidad, aunque de manera más relajada y sincera.

—Me alegra escuchar eso. Sería aburrido no tenerte por aquí y cazarte para él no es un trabajo que me entusiasme demasiado.

Tony la miró un momento, como estudiándola, antes de acercar su rostro al de ella, murmurando despacio contra su oído:

—No voy a seguir sus órdenes. Y si eres la mitad de inteligente de lo que pareces, tampoco lo harás.

Ophelia sonrió; orgullosa, pues no podía esperar menos de Tony Stark, y divertida por la cara de molestia en el estúpido Soldado del Invierno, que parecía apunto de tomar a Tony por el cuello y alejarlo de ella. Claro, si es que James tenía el valor de forzar a Stark a algo, cosa que dudaba mucho.

El elevador se abrió justo cuando Tony se separó de ella con una sonrisa ladina.

Los tres se encaminaron hacia la puerta principal; Barnes parecía demasiado pendiente de las acciones del castaño y Viper, completamente entretenida con las reacciones del soldado, mantuvo su vista en ellos, observándolos alejarse con rumbo al bosque sin importarles la ventisca de la tarde.

—Tengo un plan —comentó Tony a la distancia, deteniendo sólo unos instantes sus pasos; Bucky parecía bastante confundido e intrigado por lo que diría—. Y necesitaré tu cooperación.

Viper se acercó lo suficiente como para incomodar a James, pero Tony parecía conforme al notar el interés de la chica en lo que tenía por decir y Ophelia le regaló una sutil sonrisa al segundo de lanzar una micro bomba hacia la cámara de seguridad que estaba más cerca.

—¿Qué tienes en mente? —cuestionó.

—Deshacernos de los estorbos.

La voz grave de Tony sonaba segura y con un cadencioso atisbo sádico, sentenciando sus mandatos con una mirada gélida dirigida a la pelinegra. Ella tembló, aunque no de miedo, muy por el contrario, por la emoción y la adrenalina que sintió correr por cada parte de su cuerpo.

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N/A: Veo que a algunos les gusta lo del WinterIron -corazón-. Recuerdo que éste es un fic Stony, así que veamos qué nos deparan estos pequeños retazos de Bucky y Tony que ponemos malvadamente Sya y su servidora.

Nos encanta leer sus comentarios. Gracias a ustedes, hemos agregado cosas que no teníamos contemplado por sus preguntas y es perfecto :3

Besos de jugo de manzana orgánico (?)

Sya y Cadiie.