N/A:¡Aló bello mundo!

Bueno... creo que nos tardamos un poquito Sya y yo en subir el capítulo, pero aquí estamos arrancando con todo. Nos leemos abajo~

Advertencias: WinterIron. Drama. Angst.

Disclaimer: Los personajes de Avengers pertenecen a Marvel y a sus respectivos creadores.


CAPÍTULO VII

Sombras de poder

El viaje de ida hacia Islandia no fue tan largo; al llegar al lugar, los tres creyeron que visitaban el paraíso al ver los impresionantes paisajes que aquella enorme isla les ofrecía. Los suelos tapizados de blanco, los lagos inmensos y congelados, y las escasas áreas templadas llenas de un verde tenue y árboles.

Entonces vislumbraron la costa sureste, las montañas y las casas a la distancia hacían evidente que había llegado a un poblado no tan concurrido, lo cual era perfecto pues necesitaban bajar el perfil y lo primero, era deshacerse de cualquier evidencia que los pudiesen delatar. Por lo que sabía, el resto de los Vengadores habían llegado hace unas doce horas, por lo que seguramente para esos momentos ya habían conseguido, al menos, un lugar dónde establecer su base para comenzar a investigar a los alrededores.

Aterrizaron a varios kilómetros de distancia para ocultar el jet y Pepper se sintió aliviada al ver a Clint esperándolos en un jeep todo terreno; ¡Ni loca iba a caminar con aquel tremendo frío!

—Detesto este clima —se quejó el arquero, tiritando a pesar del enorme abrigo que lo cubría—. Suban ya antes de que se me congele el trasero.

Steve activó los paneles de reflexión de luz para que el jet no fuera visto y subió al vehículo, de lado del copiloto. Clint lo dedicó una mirada de confusión al ver a sus acompañantes, cómo preguntando qué diablos hacían Pepper y Happy allí, pero Steve sólo se encogió de hombros, respondiendo con aquel gesto que todo estaba bien.

—¿Iremos a la capital? —Cuestionó Virginia, abrazándose a sí misma a pesar de que las ventanas iban cerradas.

—No de momento —contestó Barton, mirándola por el retrovisor—. Sólo Nat y Thor están en Reikiavik; ella es quien mejor sabe moverse sin ser descubierta y la única que aguanta este maldito clima; y Thor… bueno, a pesar de su obvia torpeza como espía o para siquiera pasar desapercibido, parece comprender muy bien el islandés, dice que se parece al nórdico y tonterías así… es un poco aterrador en realidad. El resto nos quedamos aquí, en las afueras de Hafnir para tener un perfil bajo en lo que encontramos más pistas —dijo, señalando las casas que habían visto desde el jet.

»Lang ha montado todo un laboratorio improvisado para detectar nueva oleada de radiación en caso de que surja y ha hecho de Sam su ayudante/esclavo —comentó con una risa completamente burlona—. T'Challa ha salido a explorar desde que llegamos, dijo regresaría al amanecer, claro, si es que el idiota no se congela por salir sólo con su traje de gato; Wanda, aunque no lo diga, está tratando de usar sus poderes para encontrar cualquier rastro de Visión, dijo que le pareció sentir su presencia cuando bajamos del jet; y bueno, yo preparé chocolate —afirmó orgulloso, aunque se puso serio al notar la tensión de Steve—. ¿Qué? Juro que está bueno.

Happy rió en la parte trasera pero se ganó un nuevo golpe por parte de su jefa. Sin embargo, Steve seguía serio, sin prestar real atención al resto; si Wanda lo había sentido, significaba que el androide aún vivía y el hecho de que estuviera justo ahí le parecía por demás sospechoso, pero si su teoría de que había traicionado a Tony era cierta, entonces lo haría pagar por ello de la forma más cruel que pudiera ocurrírsele.

Apretó los puños en un intento por no desquitar su coraje con el automóvil.

—¿Y qué han encontrado sobre él? —inquirió, deseando tener respuestas pronto y un culpable con el cual liberar a base de golpes todo el dolor que lo carcomía.

Clint negó con la cabeza.

—Lo siento, Cap. No hay nada aún —dijo con pesar, mismo que se tornó en coraje cuando, durante el resto del trayecto, Pepper le contó lo que habían encontrado con su visita a Peter. El arquero, al igual que el resto, llegó a la conclusión de que definitivamente Visión estaba más que implicado; todo encajaba si así era—. Si Visión está aquí, lo encontraremos y tendrá mucho que explicarnos —sentenció, y sus manos se apretaron en el volante.

Realmente se sentía mal al ver todo lo que aquello afectaba a su compañero de batallas, de modo que si el androide era culpable, pagaría por lo que había hecho con dos de sus amigos, sus casi hermanos en realidad.

Pasó casi una hora antes de que llegaran al poblado del que Clint les había hablado, y cuando estaban a un par de metros de una casa, el arquero anunció que habían llegado. La casa era definitivamente mejor que la que había alquilado Pepper en Luisiana; tenía dos plantas y un encantador techo rojo de dos aguas y paredes blancas. Era una construcción común y corriente para una familia de provincia con recursos medios en un país de cuya calidad de vida era alta.

Bajaron casi corriendo del jeep para no sentir el inclemente frío y al entrar, Clint y Happy agradecieron infinitamente la calefacción. Pepper por su parte, observó la simpleza de la decoración y la escasez de muebles, sin embargo, contaba con un comedor amplio, varias sillas y un juego de sillones en color café que lucían sumamente acogedores.

Hubo un breve espacio de saludos y bienvenidas, así como las burlas de Happy y el arquero al ver a Sam cargando cosas de un lado para otro por orden de Scott –Steve se obligó a no burlarse de su amigo pero la sonrisa en sus labios era obvia–. Luego llamaron a Natasha y Thor para ponerse al corriente con la información recabada.

Steve y Pepper fueron los primeros en contarles los pormenores de su visita a Queens, mostrándoles los documentos mientras Virginia le explicaba acerca de los detalles legales y actividades financieras detrás de la supuesta herencia.

Hablaron sobre Visión y Wanda desvió la mirada al escuchar las teorías que proponían; todas culpando al androide o implicándolo severamente en la explosión. Cerró los ojos porque no podía creerlo, se negaba a pensar que Visión fuera capaz de algo así. No tenía sentido que quisiera matar a Stark y mucho menos planear todo para quedarse con su dinero. Era por demás ilógico a su parecer, puesto que sabía sobre el gran cariño que sentía el susodicho hacia Tony, sin mencionar el evidente lazo que los unía.

Luego fue el turno de Natasha y Thor para hablar, pero el asgardiano entendía de finanzas y economía lo mismo que Steve sobre física cuántica, así que fue la espía quien habló todo el tiempo.

Hay una gran cantidad de movimientos bancarios hacia la cuenta de Collins desde hace cinco meses —dijo la pelirroja al otro lado de la pantalla—. Aunque Collins funge en realidad como un nodo; la intersección entre una red de cuentas millonarias ubicadas en diversos países.

—Por eso todo nos lleva a él —comprendió Pepper—; Él no es el propietario, es la pantalla, el medio para movilizar tanto dinero de una cuenta a otra.

Exactamente —concordó Natasha, notando que sólo Virginia comprendía realmente aquel embrollo financiero—. Sin embargo, sólo tenemos acceso a unas cuantas partes de la red, las menos importantes a decir verdad. Quien creó esta red ha mantenido una parte visible para hacer movimientos de forma rápida evitando así trabas legales; la otra parte está completamente oculta. Aunque esto es sólo una deducción pues ni siquiera sé cuántas más existen o dónde se ubican. Más allá de Collins no tengo nada.

»Y eso no es todo: al parecer nuestro 'genio financiero' ha decidido cortar la red, pues todas las cuentas que hemos descubierto, sobre todo las que lo conectaban con Industrias Stark y quizá otras más de las que no tenemos idea, han estado desapareciendo. En otras palabras, todas las conexiones visibles que nos llevan al nodo se están yendo una a una.

—Está borrando su rastro —dedujo Clint. Natasha asintió con un quejido.

Quien sea que esté haciendo esto, es demasiado hábil y sabe lo que hace. Estoy segura de que pronto eliminará su existencia como Frederick Collins, y en ese momento perderemos toda huella suya.

Steve apretó los labios, furioso ante aquellas palabras. No iba a permitir que Collins, o quien fuera que estuviese detrás de aquel nombre, se saliera con la suya. Aquel imbécil pagaría por haber osado lastimar a Tony y él iba a disfrutar cazarlo y asesinarlo como el bastardo que era. Definitivamente no dejaría que se le escapara de entre las manos. Y mientras su mente divagaba en ello, una sombra nubló sus ojos azules imaginando sin censura alguna de lo que sería capaz de hacer por vengar a Tony.

—¿Cuánto tiempo tenemos, Nat? —Preguntó serio, mirando hacia la pantalla con su determinación habitual, sin embargo, sólo Wanda y Natasha percibieron esa veta de odio que oscurecía sus orbes, así como el tono predador en su voz.

Como mucho una semana. Quizá menos.

—Quédate en Reikiavik. Si descubres algo más…

Lo sé, Steve; te lo haré saber —contestó ella con una sonrisa suave, de esas que solía emplear para tratar de subirle el ánimo.

—Tengan cuidado —más que una petición, la voz del Capitán le sonó a orden y aquello logró hacer que la chica ampliara un poco más su sonrisa mientras asentía.

Luego, un ruido fuerte se escuchó al otro lado de la línea y Natasha se giró para ver de qué se trataba. Steve estaba por preguntar qué ocurría, preocupado por un ataque hasta que vio como la chica rodaba sus irises verdes con fastidio.

Ese idiota —masculló—. Me mantendré en contacto. —Fueron sus últimas palabras antes de desaparecer de la pantalla dejando ver la sala de la casa que ocupaba con el asgardiano—. Por tu integridad física te recomiendo que repares el agujero que acaba de dejar tu estúpido martillo en el techo, y más vale que lo hagas antes de que comience a nevar. —Se escuchó la voz amenazante de Natasha a la distancia. Después la video-llamada se cortó, haciendo reír a todos.

El ambiente era considerablemente más relajado y ameno de lo que era meses atrás, se sentía casi como antaño, como cuando estaban completos, aunque el vacío seguía latente. Incluso se permitieron reír de nuevo cuando Scott le ordenó a Sam que sirviera el chocolate.

Pasaron un par de horas calentándose y planeando sus próximos movimientos dentro de aquel país, acordando que Clint, Sam, Steve y Wanda saldrían a explorar la zona al igual que T'Challa y regresarían a la mañana siguiente. Scott se mostró reticente a dejar ir a su asistente pero terminó cediendo al tener a Happy como nuevo esclavo.

—Clint, tú irás con Sam en el jeep; yo iré con Wanda en el jet para cubrir más territorio. Si encuentran algo sospechoso, avisen al resto —ordenó el Capitán. Todos asintieron y se movilizaron para cumplir con la orden.

Una vez dentro de jet, Wanda se abrochó el cinturón de seguridad. Steve fijó rumbo hacia el interior de la isla pero se percató de que la chica parecía más seria e incluso distraída que de costumbre.

—¿Qué ocurre? —Se atrevió a preguntar, una vez que el piloto automático tomó el control y el soldado pudo desviar su mirada hacia ella.

Wanda se mordió los labios antes de poder devolverle la mirada al Capitán.

—¿En verdad crees que fue él? —Cuestionó seria pero notoriamente preocupada. Steve sabía que hablaba de Visión.

—Todo apunta a que sí —comentó, quizá con un tono más seco del que deseaba emplear, después de todo, ella no tenía la culpa de querer a Visión ni de tratar de defenderlo.

Wanda negó con la cabeza.

—Visión no podría hacerlo, es demasiado amable para siquiera pensarlo. Además, más de una vez fui testigo del respeto y la preocupación que sentía por Stark. Él no podría lastimarlo —afirmó convencida, y para Steve resultó obvio el enorme aprecio que la chica le tenía al androide. Pero ni siquiera por el cariño que él le tenía a Wanda podría perdonar una traición de aquella magnitud por parte de Visión.

Y todo aquello le supo amargo, pues sabía que fue justo por algo similar que Tony reaccionó así con él: una traición.

Suspiró antes de hablar.

—Clint dijo que sentiste su presencia aquí —expuso Steve, aún con un tono un tanto demandante.

La chica apretó la tela de su falda entre sus manos pero no desvió la mirada, al contrario, asintió con firmeza. Después de todo, sabía cuál era el motivo por el que estaba en ese avión.

—He estado buscándolo desde que nos sacaste de prisión —admitió Wanda—. Al principio me resultaba sencillo encontrarlo; estaba en la torre junto a Stark, podía sentir su mente gracias a la gema y él me permitía entrar. Charlábamos durante horas en silencio, con sólo leer nuestras mentes… Pero un día simplemente dejé de percibirlo, como si bloqueara mis poderes para impedirme saber de él —musitó con pesar—. Pensé que con el tiempo me dejaría acercarme de nuevo pero no fue así, y luego de la explosión yo… creí que de verdad había muerto. Sin embargo, al llegar aquí me pareció sentirlo, aunque de forma muy vaga. A veces creo que fue mi propia mente jugando conmigo en un desesperado intento por volver a verlo.

El rubio se sintió un poco mal al presionarla a hablar de ello; él conocía de primera mano lo doloroso que era tocar un tema que sólo abre más una herida sin cerrar, así que colocó su mano sobre la cabeza castaña de Wanda y la acarició, removiendo un poco sus cabellos.

—¿Recuerdas en qué dirección lo sentiste? —Preguntó, más tranquilo y aprehensivo que al inicio, aunque yendo por fin al grano, pues si la había llevado a ella era porque deseaba que le diera una ubicación tentativa del androide.

—Vira siete grados al norte. No tengo un punto exacto pero te diré cuando aterrizar —dijo, comenzando a concentrar nuevamente su rastreo—. De ahí, tal vez podríamos acercarnos un poco más.

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Tony sintió la nieve cayendo sobre su rostro y humedeciéndole el cabello así como hundiéndose bajo sus pasos. El bosque era denso pero increíblemente tranquilo, siendo el sonido de algunas aves y ramas moviéndose por la ventisca o el peso de la nieve lo único que se escuchaba.

Era de madrugada y el frío llegaba hasta sus huesos, aunque eso no le impedía disfrutarlo; en menos de un día debía ir al encuentro de Wegner para mostrarle sus avances y aunque acababa de terminar las modificaciones en ambos sueros, se sentía harto de permanecer encerrado. Su mente le pedía distracción, aire ¿Y qué mejor que sentir el helado viento su rostro o la sensación de sus pies hundiéndose en la nieve, para relajarse y dejar de pensar aunque fuera sólo un momento?

Más tarde se encargaría de que el bastardo de Strucker pagara por haberse atrevido a tratarlo de aquella forma.

Tras él se encontraba Bucky, como un guardia silencioso, ya que Visión tenía órdenes de mantenerse pendiente por si a Wegner se le ocurría llamarlo antes de la hora estipulada.

—Estás demasiado callado, soldado —dijo Tony, acercándose un poco más él, empleando aquel tono incitante que usaba con mayor frecuencia y que comenzaba a enloquecer –más– su ya confusa mente.

—¿Estás seguro de que tu plan funcionará? —dijo, y su voz sonó firme, no obstante, Tony notó ese tinte de desasosiego en James.

—¿Estás preocupado por mí? Qué tierno —se burló, acortando aún más la distancia entre ambos.

James no iba a negar lo obvio; estaba preocupado, sí. Porque Stark era un genio pero Wegner tenía un ejército en aquel volcán y cualquier falla significaba la muerte, aunque no permitiría que algo le ocurriera a Tony, antes entregaba su vida.

Rió mentalmente, incapaz de comprender cómo es que un año atrás se había atrevido a pelear contra él, de lastimarlo, cuando ahora lo único que deseaba era estrecharlo y embriagarse de su calor, de su presencia. No podía pensar en nada más que saciar el deseo que lo consumía a cada segundo. Definitivamente no podía creer que había caído en el embrujo de una mirada encantadora y una sonrisa autosuficiente, pero la sensación de tenerlo así de cerca le gustaba tanto…

¿En qué momento Tony Stark se había adueñado por completo de sus pensamientos?

Bucky observó al ingeniero aspirar despacio el aire frío de la noche, disfrutando del paisaje y del ambiente, y se dijo que contemplar a Tony a mitad de aquel escenario, era la visión perfecta. Sintió su respiración en su rostro debido a la cercanía que compartían y sus manos se ciñeron a su cintura cuando lo vio cerrar los ojos.

No supo cuánto tiempo permaneció así, degustando la tranquilidad e intimidad del momento, pero a cada segundo que pasaba sus instintos le pedían más, exigiéndole ir más allá y tomar sus labios, apegarlo a su cuerpo y olvidarse del frío a base de caricias ansiosas. Por lo que, en un arrebato demasiado torpe a causa de la abrupta decisión, se inclinó hacia el castaño para besarlo, pero no midió su fuerza y ambos cayeron al suelo.

Tony se quejó por el frío de la nieve contra su espalda pero Bucky parecía cómodo estando sobre él, recargando su cuerpo contra el suyo, sintiendo ese abrasador calor que emanaba el menudo cuerpo bajo él.

—Muévete —ordenó Tony con voz autoritaria y fría, aunque no hizo intento alguno por levantarse o quitárselo de encima.

James, lejos de obedecer, colocó ambas manos a los costados del castaño, mirándolo a los ojos como si éstos estuviesen hipnotizándolo; aquel foso que eran los profundos ojos del castaño lo llevaban a un abismo del que difícilmente querría salir. Además, Tony lucía demasiado bien siendo el desorden húmedo y molesto que era justo en ese instante, y su cuerpo tibio se sentía jodidamente perfecto bajo el suyo.

Acercó su rostro al cuello de Tony, rozando su nariz contra su piel y permitiendo que sus labios también hicieran contacto de forma fugaz pero repetida, mientras Stark permanecía quieto, incluso ladeó un poco el rostro para darle más espacio a las acciones del soldado.

El recorrido de exploración de sus labios continuó por la mandíbula del ingeniero al tiempo que su mano humana acariciaba con suavidad sus cabellos mojados. Recargó su frente contra la de Tony, respirando su aliento, disfrutando del momento de intimidad y aceptación que tenía con él. En verdad, cómo quería besarlo. Deseaba probar sus labios y sellar así su completa lealtad hacia Tony Stark.

Con más cuidado que la primera vez, volvió a acercarse peligrosamente a sus labios y su respiración se detuvo unos segundos al tiempo que una corriente eléctrica le recorría la espalda, pero quería, necesitaba más, mucho más que una leve caricia.

Cerró los ojos dispuesto a profundizar el gesto, teniendo ya la seguridad de que no sería rechazado, sin embargo, al hacerlo recordó que el hombre que tanto deseaba era también a quien amaba su mejor amigo.

«No es el Tony de Steve.» Se dijo mentalmente intentando autoconvencerse, concentrándose sólo en el cosquilleo de la respiración ajena sobre sus labios y la mano firme de Tony delineando su rostro así como en todo lo que Stark despertaba en él, arrancándole una sonrisa tan suave que era casi imperceptible; su toque lo hacía sentirse un poco menos como una máquina de matar y un poco más humano, algo que creyó muerto en su interior…

«Lo amo, Buck. Lo amo como jamás creí que pudiera amar a alguien.»

¡Carajo!

¿¡Por qué la voz de Steve seguía en su mente recordándole que Tony era territorio ajeno!?

Ladeó el rostro sin atreverse a mirar al castaño pero completamente incapaz de alejarse de él. Todo sería tan sencillo si Tony hubiera utilizado los códigos, si su consciencia no estuviera presente y no lo limitara para hacer lo que en verdad deseaba.

Tony enarcó una ceja, en espera de la siguiente acción del soldado. Era más que evidente que deseaba algo más, y aunque él no estaba dispuesto a dárselo, le intrigaba saber qué hacía dudar a James. Lo vio suspirar y le pareció divertido ver la frustración estampada en su rostro. No era la primera vez que estaban así de cerca, pero sí la primera en la que permanecían así más de un par de segundos.

Nunca le había prestado real atención al soldado, al menos no la suficiente como para detallar su rostro justo como la hacía en ese instante. Sus facciones masculinas y esa actitud gélida de chico malo le habrían resultado irresistibles si las circunstancias y el destino hubiesen sido distintos.

—¿Qué pasa, soldado? —preguntó Tony en un susurro, ya cansado de esperar. Su tono sonaba divertido y Bucky apretó la nieve en su mano de metal, maldiciéndose a sí mismo; Tony lo estaba provocando y él estaba cayendo en su juego, como siempre—. Creí que querías besarme.

—No puedo hacerlo —murmuró Bucky con obvia frustración, ¡Y es que realmente deseaba arrancarse la cabeza en ese momento! Todo se tornaba confuso dentro de su mente; la razón y el instinto lo guiaban en direcciones opuestas y hacia un mismo destino, una deseosa agonía.

—¿Y qué te detiene? —Preguntó, a sabiendas de que Bucky no actuaría por sí solo.

James se tensó de inmediato. Tony no sabía nada acerca de los sentimientos de Steve hacia él y, a decir verdad, no estaba seguro de querer decírselo. El castaño solía ir pregonando que había dejado todo atrás, pero si algo sabía hacer el Soldado del Invierno, era observar cada detalle en sus objetivos. Y así como notó casi de inmediato el amor de Steve hacia el castaño, también era consciente de la manera en que Tony reaccionaba con la sola mención del Capitán América: era como si la vida de Tony fuese un deseo entre los labios de Steve, como si la mención de su nombre en su boca fuese lo que le otorgara vida.

Una incontenible ráfaga de celos le recorrió el cuerpo, y su mirada se oscureció involuntariamente.

No quería alejarse de Tony, no quería cedérselo a Steve, él había tenido mil oportunidades a lo largo de todos esos años conviviendo en el mismo equipo, en el mismo espacio, ¡en la misma casa! ¿Por qué tenía que retroceder ahora que podía tener –por fin– algo que anhelaba?

Su egoísmo estaba ganando terreno frente a su amistad con Rogers, y aunque una parte de él continuaba gritándole «traidor», la otra le decía que Tony no iba a esperar para siempre, que era ahora o nunca.

Tenía que tomar una decisión ya.

—Steve está enamorado de ti —confesó casi sin pensarlo, con voz firme y mirándolo a los ojos, incorporándose lo suficiente para darle espacio por si quería alejarse.

Tony contuvo la respiración, esperando que aquello fuera una maldita broma o que hubiese escuchado mal.

¿Que Rogers lo amaba?

Rió internamente frente aquel sinsentido, aunque era una risa amarga y odió con todas sus fuerzas la manera en que su corazón delataba el maldito sentimiento de esperanza que comenzaba a brotar desde lo más profundo de su alma.

¿Cuánto esperó por escuchar aquello? ¿Cuántas veces deseó que Steve le diera algún tipo de señal para poder dar el primer paso? ¿¡Y ahora resultaba que, después de tantas peleas, contradicciones y secretos, lo amaba!?

Por unos breves instantes cerró los ojos, obligándose a contenerse, ansiando arrancar de su ser todo eso que el rubio le provocaba, pero ¡Maldición! ¡No podía! No podía y era demasiado frustrante.

Por su parte, el soldado había leído perfectamente su reacción y no podía soportarla. Aquello era un obvio rechazo y se maldijo por haberlo dicho. Sin embargo, prefería que Tony estuviera su lado sabiendo que, si quería, podría tener a Steve en su lugar, y no retenerlo al ocultarle la verdad. No iba a atar al «tigre» con mentiras ni omisiones que más tarde pusieran en duda lo que sea que llegaran a construir.

James quería que Tony lo aceptara por decisión propia y teniendo en claro cada posibilidad aparte de él.

Aunque si Stark decidía alejarse, él se mantendría fiel y lo seguiría de cualquier modo; ya no podía dejarlo, era como una droga. Y tampoco iba a abandonarlo por despecho, si no lo había hecho cuando lo único que lo ataba a él era la culpa, ahora menos, cuando el sentimiento era infinitamente más fuerte.

Él estaría allí, acompañándolo de forma incondicional a través del escabroso camino que Tony había decidido tomar.

Stark sintió a James levantarse, con la intención de apartarse por completo y, siguiendo completamente su instinto, tomó a Bucky por el cuello y acercó sus labios. Un roce suave y demasiado fugaz como para denominarse «beso», pero bastó para que el soldado permaneciera a su lado, ahora estrechando su cuerpo frío y transmitiéndole un calor que iba más allá del contacto corporal.

No obstante, a Tony le resultaba imposible no estremecerse ante el remolino de sentimientos que la confesión sobre Steve le había provocado.

Pero a pesar de eso ya no había marcha atrás ¡No podía haberla! Él había elegido continuar lejos de Los Vengadores, Pepper, y sobre todo, lejos de Steve. De modo que no debía dejarse embelesar por la insustancial posibilidad de un «hubiera»; el Steve Rogers que recordaba le había causado demasiado daño como para desear volver a él, así que iba a mantenerse firme.

«A menos que…»

Detuvo sus pensamientos, pues aquella otra alternativa le parecía demasiado surreal.

—¿Así que lo que te detiene es la culpa, soldado? —inquirió, bloqueando así el curso de sus deseos y se recuperó de su inesperado asombro, acomodándose hasta levantarse por completo. James no contestó, pero la respuesta era obvia—. Rogers cree que estoy muerto, aunque en realidad sí lo estoy, digo, el Tony Stark que él conoció ya no existe —aclaró, sacudiéndose un poco la nieve de su gabardina—. No tienes por qué tener culpas, yo no las tengo y mira hasta dónde me ha llevado —extendió sus brazos hacia los lados, presumiendo su nuevo look y aura.

—¿Pretendes que traicione a mi mejor amigo aunque él no sepa la verdad? —Bucky enarcó una ceja, pero no se sentía ofendido para nada. Estuvo a punto de hacerlo hace un par de minutos después de todo.

Tony rió con fuerza. ¡Por supuesto que eso quería! Quería que Steve se retorciera de frustración al ver a su mejor amigo –por el cual había dejado todo atrás al grado de enfrentar al mundo– siguiendo el mismo camino del que lo había «salvado», y esta vez con plena consciencia de lo que hacía, sin artimañas mentales de por medio.

Pero, si James no mentía con respecto al supuesto enamoramiento de Steve –y Tony dudaba que lo hiciera–, esa nueva situación imprevista iba a ser también un golpe para Rogers a nivel más íntimo; una traición a la confianza, justo como el rubio había hecho con él y no iba a desaprovecharla.

Steve había tirado a la basura el corazón del antiguo Tony Stark, ¿qué le impedía al nuevo regresarle el favor?

Sonrió. Sería una dulce venganza.

—Escucha, Barnes, cuando llegué aquí, decidí no volver a mirar lo que dejé atrás y eso incluye a Rogers. Además, ambos somos hombres, tenemos necesidades fisiológicas que cubrir, entre ellas el sexo —comentó, restándole importancia al asunto—. Así que traicionarlo o no, es tu elección. Yo ya te dije la mía —concluyó, caminando hacia dentro de la guarida de HYDRA, aunque se detuvo un poco antes de pasarlo de largo sólo para dar por terminada la charla—. Depende de ti lo que pase entre nosotros, soldado.

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Para cuando llegaron al sitio del que hablaba Wanda era ya muy noche. El lugar era un inmenso bosque nevado pero aterrizaron en un pequeño claro para no hacer ruido, manteniendo el jet en modo sigiloso y con los paneles activos.

La nieve bajo sus pies se sentía más suave y gruesa que en Hafnir, y Steve lo atribuyó a la cercanía de un enorme volcán. Miró a su alrededor tratando encontrar algo fuera de lo común, por mínimo que fuera, sin embargo, no logró captar nada.

Los susurros que desprendían los árboles debido al viento era lo único que sus sentidos captaban, incluso con la neblina que se alzaba en plena madrugada le impedía ver por completo los alrededores del lugar y su olfato no detectaba nada que no fuera el olor húmedo de nieve con tierra.

—¿Es aquí donde sentiste a Visión? —Steve miraba para todos lados, intentando ponerse un traje de batalla que le habían diseñado los científicos de T'Challa; era muy similar al anterior, pero los colores que se usaron en este modelo eran más intensos y oscuros, se puso las botas marrón y un poco de munición para un arma que portaba.

—Muy cerca —contestó Wanda colocándose un delgado abrigo, ella estaba muy acostumbrada a climas similares a ese. Con uno de sus dedos, señaló hacia un punto determinado al cual Steve viró su vista—. Es decir, tal vez una milla más al oeste, pero ahí había unas grandes cataratas que, con éste clima, llegan a los 50 grados bajo cero. No creo que sea posible habitar ahí, aun siendo un androide.

—De acuerdo, para cubrir más área e investigar con mayor rapidez, nos separaremos y volveremos aquí en tres horas —dijo extendiéndole un pequeño radio con el cual dio a entender, se estarían comunicando—. Sólo tres horas, después llegará el amanecer y no podemos permitirnos levantar sospechas con los lugareños. —Steve guardó en un bolso militar el otro radio que hacía juego y que estaban intercomunicados—. No nos alejemos más de diez kilómetros a la redonda, después de ese momento esto deja de estar enlazado y si hay problemas, tardaremos mucho en hacerlo llegar con los demás.

Wanda asintió sólo con su cabeza y comenzó a caminar hacia el oeste. Steve, en cambio, se quedó en su lugar un poco mirando hacia el inmenso volcán que se alzaba orgulloso frente a él. Desde que había llegado a Islandia siguiendo a sus compañeros, el paisaje que le prometía ese país era demasiado basto y hermoso; aunque era invierno, sus ojos se deleitaban ante lo bello que se veía incluso con la niebla que nublaba su visión en ese momento. Todo ahí, creaba un ambiente íntimo, privado… como si todo supiera que aquello era lo que más disfrutaba en el mundo.

Cuando él era chico en aquel barrio de Brooklyn en los 20's, la nieve cubría las calles y los chicos sacaban a relucir sus tablas para disfrutar de los regalos que otorgaban las festividades; él, en cambio, gozaba con poder sentir sobre su piel el frío de los copos de nieve, haciendo obvio, que logró llegar a otro año a pesar de su pésimo estado de salud. Más que su cumpleaños, le gustaba esa época en particular.

Décadas después, se enteró gracias a una amena plática entre Vengadores, que aunque Tony amara viajar a la playa y a lugares exóticos, muy profundamente –y tal vez era el único que conocía aquel secreto–, Tony prefería el frío como él. Podía saber eso sólo con observar la paz que reflejaba el rostro del castaño al sentir la nieve que caía del cielo en sus manos.

Y eso sólo lo hizo reafirmar su favoritismo hacia el invierno.

Steve comenzó a caminar hacia el lado opuesto al que se había marchado Wanda para comenzar la búsqueda. Con trabajo, forzaba su vista para lograr divisar aquello que se encontraba a más de cuatro metros de él, lo que dificultaba la tarea de investigar el área y de tener más información acerca de Visión.

Pasó un tiempo antes de comenzar a sentir algo dentro de él. Era una sensación inusual, como si su cuerpo se anticipara a una reacción que, evidentemente, se encontraba condicionada por algo…

O mejor dicho alguien.

Se detuvo en su sitio, observando hacia todos lados intentando localizar con sus sentidos, aquello que despertaba uno de sus instintos de protección, cerró sus manos, frunció su entrecejo y giró nuevamente sobre sí mirando los árboles que se veían bastante cerca.

«No eres nadie.»

Escuchó una voz de mujer hablar detrás de él y volteó su rostro para ver de quién se trataba. No había nada.

«Lo dejaste solo.»

Nuevamente, muy cerca de él, escuchó el susurro de otra voz, ahora más gruesa que la primera, rasposa y casi gutural, como un gruñido.

No entendía de qué se trataba, pero sabía a quién se refería la indirecta. Una daga de culpa se clavó directamente en su pecho, dificultándole la respiración.

«Eres basura, Rogers.»

Esa voz sonaba hueca, casi espectral y tan llena de odio y asco que, por primera vez en años, le hizo sentir miedo hacia algo sobrenatural, especialmente porque ahora el sonido provino de un lugar justo frente a él, pero no veía a nadie que lo provocara.

Apretó sus labios ante lo último que escuchó, tanto por el nerviosismo que sentía como porque, definitivamente, aquella voz tenía razón: él era una mierda. Los bravucones que solían golpearlo se lo repitieron por años, y ahora, ni siquiera con el suero y su traje, eso iba a cambiar… nunca lo haría, ¿cómo? Si lastimó e hirió a la única persona que le daba sentido a su vida.

«Jamás te va a perdonar.»

Otra voz hueca y rasposa hizo eco en el aire, cerca de su oído. El tono burlón con lo cual eso fue dicho, le caló hasta los huesos, haciéndolo enfurecer. Aunque de antemano sabía que, en vida, Tony nunca lo había perdonado y estaba seguro que ni estando muerto lo iba a hacer. Cerró sus ojos, pensando en que, al menos, expiaba un poco su culpa haciendo todo por dar con el asesino de Tony.

«No vales nada.» Le recriminó la voz infantil de una niña, provocando un eco espeluznante.

«No eres nadie.» Repitió la mujer, y en ese instante las voces comenzaron a hacerse más fuertes, más cercanas. Más gruesas y aterradoras.

«Lo dejaste solo.»

«Cobarde.»

«No vales nada.»

«Jamás te va a perdonar.»

«No eres nadie.»

Aquellos reclamos se volvieron incesantes y aterradores, voces vacías y espectrales sobreponiéndose una sobre otra, distorsionándose y ciñéndose sobre él, repitiéndose cada vez más fuerte hasta obligarlo retroceder mientras se cubría los oídos así como a apretar los parpados en un vano intento por dejar de escucharlas.

«Mereces el infierno.»

Y entonces abrió sus ojos abruptamente, porque había reconocido la voz de aquel último susurro, aunque sonaba más siniestra que las otras: aquello provenía de su propia voz.

Inhaló aire, lo retuvo y lo exhaló lentamente formando una nube de vaho, relajando sus músculos en el proceso. Las voces se disiparon y Steve comprendió que no eran más que sus propios demonios recordándole nuevamente sus errores, su pecado y su eterna penitencia.

Tardó varios minutos en reponerse, respirando agitado y sintiéndose tal vez demasiado paranoico. Entonces, sus sentidos captaron algo: una silueta a unos diez metros de donde él se encontraba; guardó la calma y se aproximó lentamente hacia ella, intentando no alertar en caso que fuera un enemigo quien deambulaba cerca.

Dos metros adelante, logró definir un poco más la sombra que se alzaba entre los árboles y la nieve.

Se cortó su respiración.

Se acercó otros pasos más, observando un poco mejor el perfil que poseía la persona. El cabello castaño, ahora lacio y húmedo por la nieve, así como el porte que tenía le recordaban sólo a alguien en especial. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

Tres metros más cerca.

Pudo escuchar un susurro, una tenue voz lo suficientemente clara para poder reconocerla aún entre un tifón.

Dos metros más.

Y sintió su corazón detenerse por completo. Se quedó estático, mudo; no podía concebir que aquella imagen que se presentaba a unos metros de él fuese verdad, pero no había forma de reaccionar de manera congruente. No supo cuánto tiempo se quedó en esa posición, sólo reaccionó hasta el momento en que la sombra comenzó a moverse de su lugar, internándose en el bosque de nieve.

—¡Tony! —gritó y caminó rápidamente hacia la silueta, pero la oscuridad densa de la noche le hizo perder aquella silueta en la lejanía y las sombras difusas que creaban los árboles, como si sólo se tratase de una ilusión.

Se detuvo a la mitad del camino, girando sobre sí mismo para tener un mayor panorama, buscándolo casi desesperado. Entonces unos pasos lo hicieron voltear hacia atrás, emocionado, ansiando ver nuevamente aquellos ojos cafés que le robaban el sueño, pero toda su felicidad se vino abajo al ver sólo a Wanda.

—¿Encontraste algo? —Preguntó ella, habiendo escuchado cómo el soldado llamaba a Tony—. Algo que no sea un fantasma.

Steve exhaló, entre decepcionado y ofendido.

—¿Tú no sentiste nada? Estoy seguro de que…

—No, nada en este sitio, Steve. Me equivoqué —admitió, con ese tinte de desilusión en su voz que enterneció al Capitán.

—No eres la única —le consoló, repitiéndose que Tony ya no estaba más en ese mundo.

.

. »« .

.

Sus ojos estaban cerrados y su cabeza recargada cómodamente entre las sábanas tibias y la mullida almohada. No estaba dormido –aunque por primera vez quería hacerlo– pues su mente seguía dándole mil y una vueltas al asunto; ¡Maldito fuera Steve y malditos fueran sus sentimientos aún latentes hacia él! ¡Cómo deseaba sacárselo de la mente y el corazón para poder de verdad ser libre de verdad!

Gruñó fastidiado, deseando concentrarse en lo que ese día significaría en términos de su estadía en HYDRA, pero simplemente no podía sacarlo de sus pensamientos ¡Y ya no quería! Ya no quería pensar en Rogers ni sentirse atado a él por aquel sentimiento. Ya no quería que su recuerdo y mucho menos sus acciones, continuaran afectándolo cómo lo hacían. No deseaba volver a estremecerse cada vez que escuchaba su nombre ni a perder su tiempo pensando en la reacción del rubio acerca de su supuesta muerte mientras deseaba internamente que por lo menos llegara a lamentarlo más allá de la simple pérdida de un compañero.

¿Lo habría hecho?, ¿Habría sufrido por él?, ¿Habría pasado noches sin dormir pensando en él –en ambos– justo como hacía él mismo ahora?

Se removió en la cama mientras soltaba el aire que había estado conteniendo.

Bucky le había dicho que Steve lo amaba, ¿¡Qué se supone que haría con esa confesión ahora!? ¿Cómo a lidiar con eso? Lo mejor habría sido que Barnes no dijera nada y se limitara a besarlo. Inconscientemente frunció el ceño. ¡Ni siquiera tenía sentido que se lo dijera! ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué estaba planeando?

—Estás pensando demasiado. —Tony resopló al escuchar la voz del hombre en el que estaba pensando. Escuchó los pasos de James acercarse, sin embargo, no se tomó la molestia de abrir los ojos.

—Deberías estar dormido, habrá mucho qué hacer en un par de horas. —Porque sí, ya había amanecido y tenía una cita con Wegner a medio día.

—Tú también, y sin embargo estás ahí, pensando en él y en lo que te dije en el bosque. —Tony abrió los ojos de golpe, dispuesto a negar esas palabras, pero James no se lo permitió—. Sé que lo haces. —El soldado estaba al pie de su cama, con los brazos cruzados y una mirada indescifrable. Tony lo vio suspirar y relajarse antes de sentarse, con cierta duda, junto a él—. Sigue afectándote —dijo, con voz más suave.

—¿Y qué si lo hace? —Confirmó Tony, a la defensiva—. Eso no significa que dejaré todo lo que he conseguido por él. —Y ambos sabían que no estaba hablando de cosas materiales, sino de su reencuentro consigo mismo—. ¿Acaso esperabas que cambiara de opinión sólo por eso?

Bucky sonrió, ésa era la respuesta que esperaba del nuevo Tony Stark, pero lo que hizo que sus palabras sonaran sinceras, fue la determinación en sus ojos

—Por supuesto que no, aunque estoy seguro que no lo esperabas. Mucho menos que te lo dijera hasta este momento —comentó, tentado a recostarse con él en la cama. Tony lo miraba atento, esperando que terminara de hablar—. Ibas a enterarte de cualquier manera… tal vez debí decírtelo antes.

—Probablemente —le reprochó, aunque no había enojo en su voz—. Así que, ¿qué caso tenía hacerlo ahora? ¿Fue tu manera de liberar un poco de culpa por desear al mismo hombre que tu amigo, ese que te salvo y bla, bla, bla? —ironizó.

—Fue mi manera de estar en las mismas condiciones que él, porque no sólo quiero estar en tu cama, Tony —admitió, permitiéndose acercarse más y mostrar una sonrisa diferente, esta vez mucho más apegada al Soldado del Invierno.

Tony le sonrió de vuelta, de esa forma coqueta y descarada que lo hacía gruñir de deseo, mientras se acomodaba mejor en la cama, retándolo con la mirada a actuar.

Y lo hizo. Sin más titubeos ni viejos sentimentalismos limitándolo; si iba a traicionar la confianza de Steve, iba a hacerlo de verdad, sin arrepentimientos ni términos medios. Había estado pensando en ello cuando reingresaron al volcán y la decisión era inequívoca y absoluta: quería a Tony Stark y lo deseaba a su lado.

El resto del mundo podía perderse en un abismo o arder hasta consumirse.

Sus brazos acorralaron a Tony entre su cuerpo y la cama, regresando a la posición en que habían estado en el bosque, pero en esta ocasión, James no parecía ser el mismo; sus movimientos eran osados, instintivos y completamente necesitados. Sus labios habían reclamado de los Tony de forma ruda, arrancando un jadeó de sorpresa del ingeniero, que se removía bajo su cuerpo, aunque no para liberarse, sino para incitar a Bucky hasta hacerlo perder el control.

El soldado mordió sus labios, gruñendo por lo bajo al haber cumplido una de sus tantas fantasías. Cada parte de su ser estaba ardiendo en deseo y en respuesta a ello, su pelvis comenzó a moverse, frotándose contra el cuerpo tibio de Tony. Quería desnudarlo, acariciarlo, poseerlo hasta saciarse para luego comenzar otra vez.

Su mano de metal se posó sobre el vientre bajo de Tony, subiendo su camisa y ejerciendo una ligera presión sobre su piel. Tony soltó un gemido largo, cadencioso y completamente erótico, al sentir la frialdad de aquellos dedos.

James se acercó de nuevo para besarlo, disfrutando del roce de su entrepierna contra la de Tony, hasta que la candente atmosfera se cortó:

—Siento molestarte, Tony, pero Wegner quiere verte ahora —dijo Visión, ingresando a través de una de las paredes y sin inmutarse por la escena frente a él.

James murmuró una maldición, fulminándolo con la mirada, haciendo reír a Tony en el proceso. Sin embargo, ninguno cambió la posición en que se hallaban.

—Creí que comenzaría a fastidiar hasta el mediodía —acotó el ingeniero, divertido con la mueca de enojo en Bucky.

—Al parecer quería tomarte por sorpresa —dedujo el androide—. Incluso ha reunido a todos los altos mandos de HYDRA en la sala principal.

—¡Perfecto! ¡Tendremos más audiencia! —Alabó Tony, incorporándose lo suficiente como para que James hiciera lo mismo a regañadientes—. Andando, tengo un espectáculo que dar.

Acababa de poner un pie fuera de la cama, cuando James tiró de él para robarle un nuevo beso, igual de demandante que los anteriores pero con un toque casi cariñoso. Tony respondió con igual pasión, sólo eso.

—Cuando esto acabe, aun tendremos un asunto pendiente —murmuró Bucky.

Tony jamás había escuchado ese tono seductor en él, así que se limitó a sonreírle de manera ambigua, sin confirmar o declinar la propuesta, sencillamente dejando la posibilidad abierta, pero aquello no hacía más que excitar más al soldado, quien, tras un suspiro de aceptación siguió a Tony fuera de la habitación, no obstante, éste entró a su laboratorio para tomar las muestras de sus pequeños experimentos.

Una vez en su inmenso espacio de experimentación, esbozó una sonrisa que cualquiera calificaría como retorcida y llenó dos jeringas con el suero A, que había diseñado especialmente para Wegner. Miró de reojo el segundo suero, el suero B del cual sólo había una muestra, e hizo una mueca con los labios al recordar por qué y para quién había sido creado.

Maldita fuera la esperanza.

Luego, tras un suspiro agobiado, colocó las jeringas con el suero de Wegner en un pequeño estuche negro, mismo que guardó en su gabardina.

—VIERNES, preciosa, comienza a infiltrarte en los sistemas se HYDRA. A mí señal te quiero en el control de toda base y operación existente —ordenó, tratando de concentrarse en lo que estaba por ocurrir.

Delo por hecho, Jefe —contestó, mientras Tony salía al encuentro de James y Visión para dirigirse a la sala principal.

Ambos lo esperaban en la puerta, alertas de cualquier anomalía. Caminaron a paso lento hasta el elevador y justo cuando las puertas estaban por cerrarse, Ophelia impidió que lo hicieran. Tony enarcó una ceja y ella le devolvió una mirada cómplice, entrando también el ascensor.

—¿Lista para el gran día? —cuestionó divertido.

—Más que eso, cariño —dijo, sin poder ocultar su emoción. La adrenalina corría por sus venas y de pronto se sintió igual de eufórica que en su primera misión.

Ambos caminaron a la par por todo el largo pasillo que daba justo a la puerta de la oficina del Barón. Tony iba demasiado emocionado por lo que ocurriría; su plan, evidentemente, era infalible y sin margen de errores; la sonrisa en su rostro delataba lo contento que estaba en ese momento. Arregló su ropa y los lentes que se había puesto antes de salir de su habitación, suponiendo que se veía bastante elegante para aquello que esperaba ansioso.

Sentía la presencia de Visión cerca de él al igual que la de Bucky marcando los pasos que él daba, siguiéndolo como un pobre sabueso sin saber a dónde más ir en caso de perder el rastro de su amo. Aquel pensamiento le causó risa y un poco de pena, pues sólo quería pasar un rato con él, nada en serio, todo como una llana aventura de la que pronto se olvidaría. ¿Pero qué más podía esperar James de él si a duras penas lograba bloquear lo que le había hecho a María?

No es que lo hubiera olvidado o perdonado, pero era consciente de que había cuatro pesadas cadenas de que lo retenían en el pasado y que debía romper definitivamente: Pepper, Los Vengadores y su afán de encajar en su mundo bajo la máscara de héroe que había sido Iron Man; su miedo a la soledad y su necesidad de aceptación generada por el desinterés de Howard hacia él; sus sentimientos por Steve; y todo lo que implicaba la muerte de María, la cual era, quizá, la cadena más pesada en su pasado.

Ya se había desecho de las primeras dos, y aunque el recuerdo de María seguiría presente, era tiempo de decir adiós. Ni perdón ni olvido, sólo adiós para poder continuar según sus propios deseos ya sin más limitaciones.

Y Steve…, de él se encargaría pronto.

Aspiró profundo al llegar a la entrada, concentrándose en el aquí y el ahora. Abrió las puertas violentamente, dejando ver su imponente presencia ante un iracundo Barón que le miraba despectivamente desde lo alto de su pódium. De hecho, todas las miradas estaban fijas en él. Agentes de todo el mundo, y los líderes de HYDRA en distintas regiones estaban ahí, todos atentos al verlo entrar.

Los murmullos no se hicieron esperar, aunque Tony no lograba comprender muchos de ellos debido a la variedad de idiomas y al ruido. Pero estaba acostumbrado a ese tipo de atención gracias a los medios, así que no se inmutó, al contrario, disfrutó de saberse el centro de aquellas miradas y conversaciones susurrantes.

—¡He llegado! —dijo, para silenciar los murmullos; su voz debía ser lo único que resonara a partir de ese momento. Alzó ambos brazos a los costados, casi en la misma pose con la que presentó los efectos de su misil Jérico años atrás, e ingresó al salón con el mismo porte con el que rey avanzaría entre su corte y sus súbitos—. ¿No has esperado mucho, cierto? —ironizó, hablándole directamente a Wegner, con una familiaridad y carencia de respeto que asombro a los presentes—. Hoy hice todo lo posible para no entretenerme de más con el delicioso café que preparó Visión.

Wegner cerró con fuerza la mandíbula, apretando los dientes casi hasta hacerlos chirriar. ¿¡Cómo se atrevía Stark a hablarle así frente a todos!? ¿¡Quién diablos se creía!?

Sintió cómo su pulso se aceleraba debido al coraje y deseó borrar a golpes la sonrisa de autosuficiencia del rostro de Tony. Pero se contuvo porque tenía otros planes; iba a matarlo, a destrozarlo frente a todos sus subordinados, no sólo para presumir de ser quien acabó con Iron Man, sino para reafirmar su poder frente al resto de sus subordinados.

—Guarda tus estupideces para otro momento, Stark —masculló el Barón, y aunque lo ocultaba bien, Tony observó claramente las venas resaltadas en su cuello y la tensión en su postura; estaba enojado y eso lo divertía—. Dime, ¿cumpliste con lo que te mandé?

—No, no, no. Ya hablamos de eso —dijo Tony acercándose hacia el otro—: Tú no me mandas, ¿quedó claro? Que sea la última vez que te digo eso.

Wegner rebuscaba el autocontrol en lo profundo de su ser, pero Tony Stark lograba arrebatarle la escasa paciencia con la que contaba. Cómo iba a disfrutar desmembrándolo y escuchando sus gritos de piedad cuando el momento llegara, sólo tenía que esperar un poco más.

Inhaló.

Sólo un poco.

—¿Me traes una maldita solución sí o no? —Preguntó Wegner, evidentemente fastidiado e irritado por la insolencia de Tony. Se levantó de su asiento y se acercó más hacia el castaño para quedar frente a frente, intentando descifrar lo que se ocultaba detrás de aquel brillo de triunfo que habitaba en esos ojos—. ¿Y bien?

—Me puse a trabajar en ello desde el momento en que me pediste que colaborara contigo —remarcó la palabra—. ¿Y sabes? Realmente estuve pensando demasiado cuál era la mejor manera de ayudarte —comentó Tony. Su tono denotaba una aprehensión claramente fingida mientras caminaba alrededor del Barón, acercándose hacia el asiento de cuero color negro que, todos sabían, pertenecía al jefe supremo de HYDRA y donde estaba terminantemente prohibido acercarse sin permiso—, y encontré lo mejor que te podría pasar en la vida, Weg.

—¿Cómo me llamaste? —Siseó el Barón, exaltándose aún más al ver a Tony sentarse sobre su silla. ¡Ese maldito bastado! ¿¡Cómo se atrevía a burlarse de él!? ¿¡Cómo osaba retarlo de manera tan descarada frente a todos!?

Escuchó las risas disimuladas de Bucky y Viper detrás de él y entonces sus irises se tiñeron de rojo al tiempo que sus venas tomaban aquel horrible tono purpureo y aumentaba su grosor.

Todos allí sabían lo que eso significaba, así que ninguno se atrevió a moverse de más, mirando expectantes las reacciones del Barón para alejarse de ser necesario; nadie en la sala era capaz de hacerle frente a ese monstruoso e incontrolable hombre, quizá el más brutal que había liderado HYDRA y el único al que habían seguido por miedo y no por respeto.

Tony le sonrió y él deseó asfixiarlo hasta la muerte. Dio un paso hacia él pero Tony levantó su mano, un gesto elegante para indicarle que se detuviera, y cuándo estuvo a punto de mandarlo al carajo y recordarle quién mandaba, el castaño tomó la palabra:

—Control, Weg. —Tony ignoró la pregunta, empleado de nuevo aquel diminutivo mientras colocaba sus manos sobre los costados de la silla—; voy a otorgarte la oportunidad de controlar definitivamente los poderes que te fueron otorgados hace tiempo por científicos ineptos que no supieron hacer una buena fórmula de súper soldado, pero, ¿sabes? Mi padre fue uno de los colaboradores de ello, y sé varios secretos que nadie más conoce…

Aquella posibilidad interesó a Wegner lo suficiente como para posponer un poco más la tortuosa muerte de Tony.

—Habla claro Stark, detesto los rodeos y más si provienen de ti.

—He creado un suero que te permitirá tener control sobre tus poderes —explicó levantándose, haciendo notar su imponente presencia—. Y no sólo eso, también aumentará tus capacidades en un ciento cincuenta por ciento de efectividad.

Viper se quedó muda ante la explicación de Tony pues, evidentemente, no había mentido acerca de los efectos del suero que había diseñado, pero ello era sólo una parte…

Bucky se quedó estático, pues el rostro del Barón era indescifrable en ese momento; su entrecejo estaba fruncido, pero su boca se torcía lento para formar algo parecido a una sonrisa macabra.

Mientras, Visión levitaba en su sitio en posición de defensa esperando algún movimiento en falso de Wegner contra Tony y detenerlo antes de que le hicieran daño. Sin embargo, sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo, una punzada en el pecho al sentir la presencia de Wanda nuevamente, ¿cómo podía sentirla a esa distancia? Cerró un segundo los ojos para despejar esos pensamientos y volver a concentrarse, ya que Tony lo necesitaba al cien por ciento y Visión no iba a permitirse otro error como el que cometió con el Coronel Rhodes, mucho menos con su creador.

—¿Estás de joda? —Musitó el Barón arrastrando cada palabra frente a Tony—. Si crees que voy inyectarme algo que tú has preparado…

—Probémosla —interrumpió Tony nuevamente, sacando de su gabardina el estuche en el cual guardó las dos soluciones. Lo abrió ante la mirada confundida del Barón y extrajo una de las dos jeringas. Dejó el estuche sobre el escritorio y comenzó a menear de un lado a otro la jeringa, observando a Wegner a través del líquido verduzco aunque semitransparente—. Tráeme a alguno de tus prisioneros y verás de lo que es capaz de hacer este pequeño milagro de la ciencia.

Wegner pensó seriamente en el siguiente movimiento que haría; si Tony quería demostrarle frente a sus ojos los efectos del suero, era porque no tenían ningún peligro que correr. Stark era un bastardo presuntuoso, pero no tan imbécil como para ir en su contra estando rodeado por sus hombres, mismos que estaban dispuestos a matar al castaño con una sola palabra suya. Sin embargo, no se arriesgaría tan fácilmente.

Chasqueó los dedos y de inmediato se presentó frente a él un soldado, realizando el saludo formal de la organización.

—Trae al prisionero de la celda 16 —ordenó, y el soldado asintió sin levantar la mirada, en un gesto completamente obediente, sumiso.

Wegner sonrió; ya encontraría la tortura adecuada para que Stark fuera igual de servicial que esos soldados.

—Si esto es un truco, Stark, haré que ruegues no haber nacido mientras sangras y te retuerces de dolor —sentenció, moviéndose tan rápido que ni Visión ni el propio Tony lograron prever el instante en el que tomó a Tony por el cuello, apretándolo lo suficiente para que su amenaza fuera tuviera credibilidad.

James no tardó en moverse, dispuesto a quitar las repugnantes manos de Wegner del cuello de Tony, pero Ophelia lo detuvo, colocando su mano fría en el brazo humano del soldado, clavando ligeramente sus uñas en su piel.

—No te atrevas a arruinarlo —susurró Viper, a su oído—. Mira su rostro, sólo está haciendo tiempo y Wegner no le hará nada de momento.

Bucky gruñó por lo bajo, fulminándola con la mirada pero quedándose quieto al corroborar que era cierto, la sonrisa de Tony no se había borrado y sus ojos castaños reflejaban que estaba completamente divertido con la situación.

—Mi señor. —El soldado que había enviado por el prisionero ahora regresaba, trayendo consigo a un hombre enorme y corpulento, casi con la misma complexión de Wegner aunque el prisionero era notoriamente más grande.

El hombre iba escoltado por cinco soldados de alto rango que lo rodeaban mientras dos más le apuntaban a cierta distancia, uno al pecho y otro a la cabeza. Sus manos, más que esposadas, se encontraban unidas y cubiertas por una pesada protección de metal y sus piernas también estaban encadenadas con gruesas cadenas en las rodillas y los tobillos.

Tony dedujo que debía ser un prisionero de extrema peligrosidad y lo corroboró cuando el Barón lo soltó, en un movimiento brusco que buscaba dañarlo, para luego girarse a mirar al prisionero y sonreír de forma siniestra cuando el hombre gruñó con fuerza, removiéndose para liberarse.

Los soldados trataron de someterlo y entonces, Wegner, ignorando el disturbio que causaba su prisionero, se dirigió a Tony:

—Adelante, Stark. Muéstranos tus grandes logros —se burló, señalando al sujeto—. Este hombre tiene en su sangre parte de mi ADN; mis científicos se lo inyectaron para continuar experimentando. Así que adelante.

El castaño le regresó la sonrisa, al parecer Wegner había elegido al sujeto adecuado.

Tony se acercó emocionado hacia el sujeto que iba a servir como conejillo de indias y a quien le agradecería por prestarse para sus planes. La jeringa que sostenía en sus manos mostraba su color verde aún más brillante de lo usual; tomó el brazo derecho del prisionero y colocó el antebrazo hacia él, observando un lugar idóneo para poner la inyección intravenosa, no tardó mucho en encontrar una vena dispuesta a ser pinchada. Levantó un brazo en señal y Visión se acercó hacia él, acercando con ello material para preparar el terreno; amarró una liga en el brazo, limpió la zona con alcohol y pinchó sin ninguna contemplación; vaya, no era médico y sólo había probado su buen pulso el día anterior con una naranja.

Quitó la liga y vio cómo el líquido de la jeringa iba disminuyendo, internándose en el cuerpo del prisionero.

Retiró la aguja bruscamente y un poco se sangre del sujeto resbaló por su brazo hasta llegar al suelo en forma de gotas. Se alejó unos pasos por su propia seguridad y observó a Wegner hacer lo mismo. No pasaron muchos minutos para que el suero comenzara a hacer efecto; para entonces, se había logrado acercar hacia Visión, observando a Viper y a Bucky al otro extremo de la sala, quienes le devolvían sutiles miradas.

Tony les sonrió bastante satisfecho, todo iba según lo acordado.

El cuerpo del prisionero saltó eufórico unos metros debido a la obvia fuerza que desarrolló en sus piernas en cuestión de instantes. Los músculos de sus brazos elevaron su masa hasta romper la ropa que traía puesta y las pupilas se dilataron en señal de excitación. La respiración era acompasada y tranquila, brindando un aire de seguridad y control que quería pretender Tony. Rugió feroz, como si de un animal en cautiverio que prueba la libertad por primera vez.

Justo como él.

El hombre sin esfuerzo alguno rompió el metal en sus manos y las cadenas en sus piernas, como si estás fueran delgadas tiras de hielo. Observó a su alrededor con una fría serenidad, dejado a todos expectantes por lo que haría a continuación. Sus ojos brillaban con una inteligencia que antes parecía poseer y daba la impresión de que estaba analizando su entorno y sus posibilidades.

Entonces, nadie fue capaz de reaccionar hasta que el sonido de algo quebrándose y seguido el de dos cuerpos cayendo al suelo se escuchó. La sangre había causado un amplio charco a los pies del prisionero y sus manos estaban bañadas también en aquel líquido escarlata. Sólo viendo los cuerpos pudieron deducir que el prisionero había tomado en cada una de sus enormes manos las cabezas de los dos soldados más cercanos, quebrándolas tan rápido que lo único que nadie fue consciente de lo que pasaba. No hubo gritos, lo que significaba que los soldados muertos ni siquiera tuvieron tiempo de sentir dolor, además de que nadie vio la secuencia de movimientos, denotando la inhumana velocidad que poseía, así como la fuerza incontenible que le permitió romper dos cráneos con la facilidad de que quien aplasta un huevo en sus manos.

Sólo a Hulk le adjudicaban el poder de hacer algo así.

Los soldados comenzaron a movilizarse hasta cercarlo, Wegner permaneció en su sitio sintiéndose intocable, aunque algo le decía que si ese sujeto lograba llegar a él lo asesinaría tan rápido como a sus hombres. Por su parte, Visión se colocó delante de Tony, resguardándolo de cualquier futuro ataque.

—Acaben con él —ordenó Wegner y la mirada del prisionero se posó en él, pero lejos de parecer asustando o furioso, le sonrió al líder de HYDRA con un cinismo y una confianza en sí mismo casi aterradoras.

Los soldados se abalanzaron sobre él, pero a pesar de tratarse de decenas, el prisionero los asesinaba como si aquellos hombres fueran frágiles ramas secas. El sonido de huesos y gritos pronto inundó la sala. Pero nadie se atrevió a salir de allí sin la autorización de Wegner aunque sus caras mostraban verdadero miedo y desconcierto, y Tony se preguntó qué tanto era su miedo hacia él y cuánto duraría.

Luego miró a Viper y James. Ninguno lucía asustado; a la defensiva y completamente alerta, sí, pero al parecer ambos confiaban en Tony y sus planes. Una sonrisa se dibujó en sus labios, ¿eso era la lealtad?

Asimismo, el Barón observó los efectos a corto plazo en un sujeto modificado y sonrió. Control y fuerza. Aquel suero era perfecto. Definitivamente tenía que tener ese suero en sus venas, de esa forma, era obvia su victoria sobre todos los que se le interpongan. Sin embargo, salió de su ensimismamiento cuando el suelo bajo sus pies vibró con fuerza; el prisionero había golpeado a puño limpio la superficie, haciendo una profunda hendidura en la tierra.

Era tiempo de acabar con la demostración, ya había visto suficiente.

Su brazo se levantó hacia adelante e indicó una señal en forma de saludo hacia el Führer y un disparo que provino de su espalda, se estrelló directamente en la sien izquierda del prisionero de prueba atravesando su cráneo en un instante. El cuerpo muerto cayó hacia un costado y se escuchó un quejido de Viper tapándose los oídos por el improvisto ataque de su jefe; estaba segura que aquel francotirador que se escondía, estaba destinado para acabar a una señal con Tony, pero se vio obligado a cambiar el objetivo.

Wegner volteó su rostro para observar a Tony, después se acercó a él con paso veloz hasta detenerse frente a Visión, quien continuaba custodiándolo.

—Lo quiero en este momento —ordenó en un gruñido.

—Por supuesto, Weg. Sabía que te complacería, después de todo es para ti —contestó Tony conteniendo una sonrisa—. Visión…

Wegner lo estudio con la mirada, en cuanto tuviera aquel suero en las venas lo mataría.

El androide se acercó hasta ellos para brindarle a Tony nuevamente los materiales. Wegner extendió su brazo izquierdo hacia Tony y éste vio una vena expuesta, justo lo que él buscaba; limpió la zona con un poco alcohol y sacó la otra jeringa que guardaba en el cartucho. Con rapidez, quitó el plástico que cubría la aguja y pinchó brusco directamente en el brazo de Wegner justo en la vena, arrancándole un gemido de dolor.

—Lo siento, Weg. Soy fisicomatemático, no médico. —Se disculpó sin sentirlo realmente y cuando miró la jeringa vacía y terminó por sonreír ampliamente.

Ya todo estaba hecho, se había terminado.

Casi de inmediato, Wegner sintió la fuerza fluyendo por sus venas. Un calorcillo excitante lo recorrió y jadeó mientras sentía como cada músculo de su ser crecía. Su visión se potencializó, veía de manera tan nítida y a una distancia que jamás creyó posible; su oído se agudizó, siendo capaz de escuchar los sonidos pacíficos del bosque, desde la nieve cayendo hasta… ¿eso eran huellas a las afueras, en las cercanías? Pero pronto dejó aquello de lado; no era la primera vez que había exploradores cerca del volcán, desde estúpidos turistas hasta estudiantes o miembros del mismo gobierno para realizar investigaciones –que nada tenían que ver con HYDRA–.

El Barón detuvo su vista en el suelo, justo en la hendidura que había hecho el prisionero. Se acercó y miró la profundidad, captándola de inmediato gracias a su nueva visión. Sonrió. Era momento de probar que era más fuerte de lo que fue el cadáver a sus pies.

Con sólo la mitad de la inmensa fuerza que sentía en su cuerpo, dio un potente puñetazo a un costado de la fisura. Los presentes tuvieron que aferrarse a algo y varios de ellos cayeron al suelo junto con diversas cosas y muebles a su alrededor y, en general dentro de la construcción; el volcán vibró con una violencia que obligó a Visión se elevó del suelo, sosteniendo Tony por la cintura para no perder el equilibrio.

Aquello había emulado un temblor de, por lo menos, 8 grados Richter. Pero fue tan rápido que no había ninguna secuela aparte de la separación notoriamente más amplia y profunda que la del prisionero.

El Barón sintió como, a voluntad, sus músculos volvían a su tamaño normal, sin dolor ni efectos secundarios. Sonrió ensanchando esa sonrisa hasta convertirse en una risa histérica, enteramente complacido; ¡Eso era lo que siempre había deseado! Tenía el control de su propia fuerza y de su mente. Era invencible.

Y mientras él continuaba haciendo gala de su nueva naturaleza, Tony contaba los minutos en con el reloj de su muñeca, ansioso. No faltaba mucho para el gran final. Las manecillas se movían lentas y hacían aún más eterno y por ende, fastidioso, ese momento, ya que Wegner parecía un niño descubriendo un juguete nuevo y presumiéndolo a todos los chicos de su vecindario.

Patán.

Y en un instante, vio cómo todo se detuvo, pues ante él, el Barón se había quedado quieto, como si toda la energía que tenía anteriormente fuese consumida de un segundo a otro. Habían pasado exactamente treinta minutos desde la inyección cuando de pronto se escuchó en la sala un grito desgarrador que provenía por parte de Wegner, quien se encontraba tomando su cabeza con ambas manos y la presionaba, chocando de forma violenta contra todo lo que se interponía en su camino hasta llegar al centro de su oficina. Sus piernas temblaron y cayó al suelo con un ruido en seco.

—Oh, me olvidé de decírtelo, ¿cierto? —Tony se acercó hacia él y se agacho hasta su altura—. El suero tiene unos ligeros efectos secundarios, algo como mareos, vómitos, alucinaciones, derrames internos, dolor intenso de cefalea y, lo más importante: una inevitable y dolorosa muerte —explicó sin esperar una aprobación por parte del otro—. Pero todo poder tiene grandes sacrificios, ¿no lo cree, Barón?

Wegner abrió los ojos sorprendido sintiéndose altamente traicionado no sólo por Tony, de quien era evidente que sucedería tarde o temprano, sino de Viper, su fiel ayudante y segunda al mando de la organización. Observó los finos rasgos que poseía la fémina y el largo cabello negro que le cubría la mitad de su rostro, sin embargo, en sus ojos sólo pudo ver burla y diversión.

—Traidora —articuló con dificultad, reuniendo la escasa fuerza que tenía todavía para hacer e amago de tomar a Tony por el cuello, pero bastó con que el castaño ladeara el rostro para evitar el agarre. Además, todo a su alrededor daba vueltas y respirar comenzaba a costarle demasiado trabajo, sentía el corazón bombeando tan fuerte que tenía la impresión de que estallaría dentro de su pecho. La maravillosa visión que había adquirido, pronto comenzó a nublarse, como si tuviera telarañas adheridas a la retina.

Y el dolor en la cabeza, ese maldito dolor que le impedía siquiera pensar.

Wegner estaba agonizando, sentía como todo su cuerpo se dormía. No lo sentía, ninguna parte de su cuerpo reaccionaba a sus deseos en ese momento, quería levantarse nuevamente para romperle todos los huesos a Tony uno a uno, pero no podía siquiera controlar un dedo. Pronto, su boca se quedó seca y una sensación de ardor la inundó, sintiendo cómo sus dientes caían uno a uno sin poder evitarlo mientras su lengua se resecaba hasta cuartearse como si fuese una roca. La sangre no tardó en brotar.

—Era mi vida o la suya, Barón. —La última palabra la dijo en un tono despectivo—. Mi libertad o la tuya. La decisión en, por demás, obvia.

La capacidad de sentir volvió a su cuerpo, pero no con ello la movilidad. Sin embargo, habría deseado no sentir nada cuando, le pareció percibir cómo algo comenzaba subir por su cuerpo. Una sensación horrible que pasó de un cosquilleo a sentir que había algo devorándole la piel. Con lo poco que le permitían sus ojos, observó a miles de gusanos subiendo por su cuerpo y como éstos, eran los que perforaban su carne, creando agujeros que dolían y ardían como el mismo infierno, para luego introducirse lentamente, dejando el acceso abierto para muchos más que venían detrás de los primeros, aumentando en el proceso el tamaño de las heridas.

Para cuando la movilidad volvió, el Barón sentía correr por sus venas ácido; el ardor que caminaba por su cuerpo era insoportable y asqueroso. Sabía que los gusanos que observaba meterse en su cuerpo eran los culpables e intentó meter sus dedos por uno de los agujeros para sacar los que pudiese, sin embargo, sólo podía ver cómo sus dedos salían por otros orificios. Evidentemente, eso era imposible y comenzó a entrar en pánico, su nivel de estrés aumentó en demasía y con ello, la rapidez de su flujo de sangre provocando que el efecto del suero viajara aún más rápido por todo su cuerpo.

Su estómago lo sintió vacío pero un instante después, éste desapareció dejando detrás un intenso dolor abdominal que dio paso a la sensación de tener ácido también en el vientre, y de hecho así era; el suero había modificado la composición de los ácidos digestivos y éstos ahora eran mucho más agresivos, resultando enteramente letales al comenzar a deshacer las paredes intestinales, extendiéndose por todo el aparato digestivo.

La sensación de nauseas se hizo más potente, pero Wegner la ignoró teniendo como prioridad los gusanos que seguían atormentándolo, alimentándose de él. Hasta ese momento había estado tratando de sacarlos de las yagas que dejaban y cuando los sintió llegando a su rostro se desesperó todavía más.

Miró a los presentes, como esperando que alguno lo ayudara ¡Eran sus subordinados, debían hacer algo! No obstante, todos lo observaba con asco y cierta burla. Volvió a mirar a Ophelia, estirando el brazo hacia ella como pidiendo ayuda a pesar de saber que lo había traicionado, pero aunque veía moverse los labios de Viper, ya no procesaba ni escuchaba qué era lo que ella decía, sólo podía captar la sonrisa sádica en sus labios.

Estaba solo.

No obstante, aquello pasó a segundo plano al percibir cómo esos repugnantes gusanos ingresaban en sus fosas nasales, haciendo de que su respiración comenzara a ser más errática y se formara un nudo en su garganta impidiéndole respirar, siendo cada inhalación un suplicio. Pero lo peor fue cuando los malditos bichos se acercaron peligrosamente a sus ojos. ¡No! ¡No iban a dejarlo ciego! ¡No, tenía que alejarlos! Pero éstos ya estaban colándose entre el globo ocular y los lagrimales, así que sin pensarlo enterró sus uñas en ellos para sacarlos uno a uno, arrancándolos de sus parpados aunque éstos se llevaran pedacitos de piel y de materia blanquecina.

Aquellos gusanos fueron lo último que vio mientras se arrancaba los ojos lentamente y si ser realmente consciente de ello. Sólo se detuvo cuando los ácidos estomacales llegaron a su tráquea, haciéndolo vomitar una repugnante mezcla de sangre casi negra, pedazos semi-deshechos de carne y los propios ácidos.

Su garganta se llenó de aquellos fluidos y pronto comenzó a quemarse también. Para ese momento ya no había forma en que entrase aire a pulmones, los cuales pronto se quedaron sin energía para hacer su función.

Wegner soltó, como pudo, un sollozo lastimero al tiempo que se rasguñaba la garganta en un último y desesperado intento por salvarse, dando al público la imagen de un hombre patético revolcándose a duras penas en el suelo mientras se abrían yagas sangrantes y asquerosas en su piel, unas que él mismo había hecho más grandes para luego arrancarse los ojos sin ninguna razón aparente para sus espectadores. Ya casi no había piel en su cuerpo y el hueso se veía en algunas zonas. Era sólo un hombre que prácticamente se deshacía por dentro y por fuera, y que, justo en ese momento vomitaba su propio estómago a pedazos.

Hasta que su corazón se detuvo.

Un infarto directo al miocardio. Fulminante y sumamente doloroso en sus últimos momentos de vida.

Tony levantó la comisura de su labio en una sonrisa torcida.

—Hasta nunca, Weg —se burló, observando el deformado cuerpo del hijo de Strucker, el cual, aunque ya estaba inerte, continuaba degradándose, consumiéndose en una masa sanguinolenta de huesos.

Los presentes observaron atónitos aquella cruda escena hasta el final, pero ahora todos los ojos estaban centrados en Tony, preguntándose qué haría después de eso. ¿Se había tratado de un truco de Iron Man y Los Vengadores para desmantelar HYDRA para siempre, o Tony Stark tenía otros planes en mente?

Fue entonces que Viper, con pasos seguros y una sonrisa amplia en su mirada, caminó hasta llegar a Tony, pisando sin remordimientos lo que quedaba de la mano izquierda de Wegner. Luego se detuvo frente a Tony. Éste enarcó una ceja, aunque sabía de antemano lo que la pelinegra estaba por hacer.

—Hail HYDRA —recitó, colocando su mano enguantada contra su pecho—. Hail Tony Stark —dijo, aún más fuerte, y, a diferencia de la reverencia que solía hacer con Wegner, esta vez dejó que su rodilla tocara el suelo ensangrentado; un gesto que sólo se había hecho años atrás frente a Cráneo Rojo, el líder máximo y fundador de HYDRA.

Bucky se acercó de inmediato, repitiendo el gesto a la par de Visión y pronto, las voces de los cientos de agentes y líderes regionales de la organización así como soldados de distintos rangos, se dejaron escuchar mientras imitaban la posición de Viper.

—¡Hail HYDRA! —Repitieron con fuerza—. ¡Hail Tony Stark!

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N/A: Bueno, creo que el final fue demasiado inesperado y esperado con todas las señales que hemos venido dando hasta ahora. Ahora sí, ¡Miles de gracias por sus comentarios! De verdad que nos hacen demasiado feliz al saber que leen este pequeño bebe Stony que está a punto de acabarse *llora amargamente*. Pero vendremos con muchas sorpresas. Gracias por la paciencia y por seguir este fic, los follows, fav y todo los llevamos en el corazón. Estoy que lloro de felicidad por todos ustedes que siguen el fic.

Bueno, ahora sí la mala noticia... Sya y yo no podremos volver a actualizar en un par de años, muchas gracias por leer... ¡No, alto, no me maten! Era broma. Bueno, la actualización del próximo capítulo será el día 7 de Agosto, el cual, probablemente (depende de cuan largo quede) será el último capítulo del fic.

Gracias por todo.

Besos de pastillas de menta~

Sya y Cadiie.