N/A:¡Aló fieles lectores!

Mi Panquecito y yo hemos vuelto a las filas. Más detalles al final del capítulo. Gracias por su paciencia.

Advertencias: Ninguna advertencia... por ahora.

Disclaimer: Los personajes de Avengers y Capitán América pertenecen a Marvel y a sus respectivos creadores.


CAPÍTULO VIII

Sombras turbias

Steve había aterrizado cerca del refugio dónde se estaba quedando junto al resto. El clima le favorecía al no haber rastro de las recurrentes ventiscas, por lo que pronto había comenzado a caminar junto a Wanda rumbo a la base. Sus pasos eran lentos, pausados, obviamente en función de no llegar tan rápido con los demás y tener que hablar sobre las noticias de lo que habían o no encontrado; Wanda no tardó en dejarlo varios metros atrás, por lo que sólo veía su cabello castaño meciéndose con el delicado viento que soplaba.

Para sorpresa del rubio –y del resto, quienes apenas llevaban un día allí–, no había amanecido aún, seguía oscuro a pesar de la hora, pues en un país más cercano al Ecuador ya habría salido el Sol.

Wanda le había explicado que las cosas eran distintas en el norte y aunque Islandia no estaba tan cerca del Polo como para tener noches de casi 24 horas, entre más se adentraba el invierno, menos largos eran los periodos de sol. Incluso había días en los que éste se encontraba tan bajo que una montaña alta o la densidad de las nubes sólo permitían vislumbrar una pálida luz diáfana.

Según la chica, habían comenzado ya lo días en que el Sol aparecería tan sólo tres o cuatro horas antes de ocultarse de nuevo. Eso era una relativa ventaja para ellos si sabían manejarla.

Continuó su avance, forzándose a sonreír antes de llegar, aunque no logró más que una mueca insípida y falsa que delataba que no era más el hombre que solía ser, y pese a que ya había aceptado la responsabilidad por la muerte de Tony, no se había percatado de los profundos cambios que estaban permeando su personalidad, ensombreciendo sus pensamientos y sus deseos lenta pero irreversiblemente; aún recordaba con total claridad las voces en su cabeza que se manifestaron horas atrás y la emoción que sintió al creer ver la silueta de Tony.

¡Dios! ¡Y había sentido tanta felicidad! Había sido como volver a respirar con sólo observar su perfil. Pero aquellas voces se encargaron de hacerle saber que ese sentimiento de felicidad era inmerecido, que jamás podría respirar tranquilamente de nuevo. Le gritaron que merecía algo peor al infierno y que ni el más atroz de los castigos podría mitigar el pesar y el dolor que albergaba.

Steve soltó un suspiro cansino, porque a pesar del tormento, se conformaba con sobrevivir así: de las vagas y enfermizas alucinaciones donde pudiese probar aunque fuera un poquito de Tony. Donde pudiese sentirlo aunque fuera un segundo.

Sin embargo, también era consciente de que pensar de ésa forma era señal de alguna distorsión emocional, mental.

Sabía que algo estaba pasando y que tenía que detenerlo o terminaría convirtiéndose en un riesgo para todos, pero ¿Acaso no lo era ya con toda esa creciente desolación y vaciedad en su pecho? ¿No era un peligro latente con la culpa calándole el alma y todo ese odio incontrolable que comenzaban a permear en su temperamento, ese que alguna vez fue catalogado como templado y justo?

Steve había vivido demasiados episodios traumáticos al estar inmerso en una de las guerras más imperiosas en toda la historia, pero siempre pensó que existían formas pacíficas y ecuánimes para solucionar los conflictos. Se mantuvo con la firme convicción de que todo podía resolverse favorablemente para cada una de las partes en conflicto, de modo que coexistieran en armonía, regidos por la equidad y la justicia.

En cambio ahora, tras una guerra que él mismo había provocado, veía que nada era así; ¿Que todas las partes saldrían «beneficiadas»? Por favor. ¿En qué se había beneficiado Tony? ¡Estaba muerto! ¡Y él mismo se sentía igual de muerto por dentro! No había justicia ni equidad en las decisiones que tomó, y la armonía no fue para nada el resultado de todo aquel despliegue de fuerza en Siberia.

¡Nadie se había beneficiado! ¡Nadie!

Nadie salvo el bastardo de Helmut Zemo.

Apretó sus manos fuertemente, sintiendo uno de esos arranques de ira que comenzaban a hacerse recurrentes en él, mientras en su interior crecía el deseo de desgarrar a golpes al bastardo que le había mostrado el vídeo a Tony.

Y él no era el único en su lista, oh no.

Nada lo detendría cuando diera con quien hizo estallar la Torre –fuera o no Visión–, y si HYDRA tenía que ver en ello, entonces no descansaría hasta terminar con todos y cada uno de sus agentes. Se volvería un cazador, un verdugo, hasta que la sangre de los involucrados y sus cuerpos decadentes formaran un monumento de redención hacia Tony Stark. Uno tan grande e imponente para que, aun después de la muerte, Tony supiera cuán arrepentido estaba y cuánto deseaba volver a su lado.

Soltó una risita suave pero completamente irónica, negando con la cabeza ante esa línea de pensamientos. ¡Qué lejos estaban de ser el «buen hombre» que debía ser! De hecho, ahora mismo, Steve Rogers era más peligroso de lo que alguna vez se llegó a pensar; su sed de venganza y su recién desinterés por la vida, aunado a las habilidades que le brindaba el suero, lo hacían enteramente letal. Quizá igual de implacable que el propio Soldado del Invierno.

Y también estaba ese detalle: debía rescatar una vez más a Bucky.

¡Dios! Se sentía tan inepto, tan incapaz de proteger a las personas que amaba…

¿Cuántas veces tendría que jugar al gato y ratón para mantener a su casi hermano a salvo de forma definitiva? ¿Ni siquiera eso podía hacer?

Cerró sus ojos con fuerza, intentando disolver la obvia inestabilidad mental que amenazaba con tomar el control de su mente.

El aire frío golpeó su rostro y logró aspirar un aroma a tierra húmeda bastante fresco, lo retuvo más segundos de los necesarios y exhaló de manera pausada, ayudándole a relajarse nuevamente. Sus manos deshicieron los puños que habían formado al tiempo que sentía la tensión disminuyendo de la mano de su enojo. No se fue del todo, pero sentía que ya volvía a tener el control de sí mismo.

¿A ese estado se refería el Dr. Banner al decir que siempre estaba enojado?

—No deberías torturarte de esta manera, Capitán. —Aquella voz lo puso a la defensiva de manera involuntaria, no porque tuviese algo en contra de su dueño sino porque lo había tomado con la guardia completamente baja.

¿Cuánto tiempo había estado T'Challa parado a su lado, mirándolo en la oscuridad mientras su cordura se caía en pedazos?

Sin quererlo, la molestia volvió al sentir su privacidad siendo invadida, sin embargo, se mantuvo en silencio, esperando lo que fuera que el Rey tuviese que decir.

—No he tocado el tema porque sé cuánto te afecta, pero el vacío en tu mirada comienza a preocuparme —dijo T'Challa con suavidad, colocando su mano en el hombro del soldado—. Capitán, veo la venganza tatuándose en tus ojos, en tus acciones. La veo creciendo, alimentándose de tu dolor y destruyendo al hombre que eres, de quien que toda una nación ha formado un arquetipo. —El rubio se aguantó una ofensa en contra del Rey—. Steve, destruirte a ti mismo no va a llevarte a ningún lado —le advirtió, aprehensivo.

—Tal vez me lleve con él.

—O tal vez te haga menos digno de descansar a su lado —rebatió el rey con firmeza, tratando de hacerle ver que el odio no era el camino. Sin embargo, Steve soltó una risa tan fría y fúnebre, tan impropia de él que T'Challa se preguntó por un momento quién era el hombre parado a su costado.

—No quiero descanso, Majestad —declaró el rubio con fría determinación—. Lo quiero a él.

No hubo más palabras después de eso.

Steve dio por terminada la conversación y dio un paso de vuelta al refugio. Asimismo, T'Challa comprendió que de alguna manera estaban perdiendo al Capitán y por ende, debía mantenerse alerta.

—¿Steve, dónde estabas? —inquirió Pepper acercándose al rubio al verlo entrar. Su ceño estaba ligeramente fruncido como si estuviese reprendiéndolo, pero su voz denotaba un toque de preocupación que hizo a Steve sonreírle de forma suave aunque sin ganas. Estaba a punto de disculparse, pero ella lo tomó del brazo guiándolo hacia la improvisada sala de operaciones—. Ven, Natasha está en la línea, parece tener algo importante y Scott también encontró algo.

«¡Por fin!» Celebró Steve internamente, sintiendo que algo en su interior salía de su letargo. Un "algo" que rasguñaba y gritaba con fuerza dentro de él exigiendo liberación y sangre.

Trató de no pensar más en ello y apresuró su paso, orillando a Pepper a hacer lo mismo.

—Capitán —saludó Scott cuando llegaron a la sala, dejando a un lado las anotaciones que hacía. Clint estaba frente a la pantalla hablando con Natasha.

—Escuché que tienen algo. —Lang y la pelirroja asintieron, el Hombre Hormiga mucho más emocionado que la espía.

—En efecto —se adelantó Scott, robándole la palabra a Natasha—. Hace unas horas, este bebé —señaló a la extraña máquina que había construido al llegar— detectó dos sismos en la zona volcánica de Hveragerdi. Wanda y tú debieron sentirlos, estaban cerca —dijo, alternando su mirada entre Steve y la castaña.

La chica y el soldado compartieron una mirada confusa, porque aunque los habían percibido y éstos habían sido realmente intensos, ninguno iba a decir que habían estado más preocupados por sus fantasmas internos que por los movimientos telúricos; Wanda había estado más que frustrada al no sentir la presencia de Visión, a pesar de haber registrado la zona una y mil veces, sobre todo después de los sismos; mientras Steve había estado demasiado enfrascado luchando contra los demonios en su mente como para percibir cualquier otra cosa.

Ninguno sabía cómo explicarle eso a sus compañeros, así que no lo harían.

—Eso no es relevante —atajó Wanda, con el tacto que la caracterizaba—. Registramos el área palmo a palmo y no percibimos ninguna anomalía.

Scott frunció el ceño.

—¡Por supuesto que es relevante! —Insistió—. ¡Fueron de 7.5 y 8.3 grados! ¡No son cifras normales!

—Pero ya lo has dicho tú mismo, genio: es una zona volcánica. El reacomodo de placas y la fluctuación de lava al interior es completamente «normal» —rebatió Wanda, seria, casi fastidiada.

Scott sonrió ladino antes de contestar:

—La cuestión es que no hubo un movimiento interno; ni placas tectónicas ni lava acumulada. El movimiento provino de la superficie, abarcando 2.64 kilómetros a la redonda. ¿Qué factor externo conocen que pueda provocar eso en una zona volcánica prácticamente deshabitada? —dijo, mirando a la chica con autosuficiencia, pues aunque había algunos poblados, estos estaban a varios de kilómetros y eran pequeños, sin ningún tipo de actividad industrial pesada que pudiese provocar algo así.

»Y eso no es lo más extraño —continuó—: el impacto externo fue provocado adentro de un volcán. Uno inactivo, por cierto.

Fue entonces el turno de Thor para compartir una mirada con Natasha. Lo que ellos tenían para decir cobraba sentido ahora, encajaba tan endemoniadamente bien que un latigazo de adrenalina recorrió sus cuerpos ante la certeza de que una confrontación sin precedentes iba a desencadenarse ese mismo día.

—¿Qué ocurre? —inquirió Steve, más demandante que nunca, al ver las expresiones de sus compañeros a través de la pantalla.

—Si lo que el hombre insecto dice es verdad, entonces el escondite de HYDRA está adentro de ese volcán —concedió el Dios del Trueno, inusualmente serio.

—¿Qué? ¿HYDRA? —continuó Clint, harto de esos bastardos. Thor asintió—. Espera, ¿cómo están tan seguros? —cuestionó suspicaz.

—Hace unas horas encontré una de sus naves a unos kilómetros de aquí, oculta con magia que la hacía imperceptible a la vista. Cuando la golpeé y la magia se desvaneció, tenía en su costado ese horrible animal con tentáculos rojos. Entonces llamé a Natasha y ella logró interceptar una de sus conversaciones.

Todos los ojos estaban puestos en Thor y su relato.

—En realidad Thor chocó, literalmente, con uno de sus jets mientras... exploraba la zona —explicó la pelirroja, omitiendo que en realidad ella había obligado al Dios a ir por madera para reparar el agujero que Mjölnir había dejado en el techo. Thor se cruzó de brazos y desvió la mirada-

»Cuando llegué, hallamos la frecuencia de sus comunicaciones y captamos una orden: wo das Feuer geboren ist, müssen die Köpfe sich treffen —recitó en alemán—; «Donde nace el fuego, las cabezas deben reunirse.» —Tradujo—. Al principio supuse que la reunión sería en Tierra de Fuego, Argentina o la Isla de Vulcano en Sicilia, pero sería demasiado predecible para una organización de su nivel. Sin embargo, escuchando a Lang, la posibilidad de que su guarida sea un volcán aquí mismo, es completamente factible.

—Además, fue cerca de allí donde sentí a Visión —agregó Wanda—. Tal vez no haya percibido nada hace unas horas, pero son demasiadas coincidencias.

—¿Tienes las coordenadas exactas? —inquirió T'Challa hacia el Hombre Hormiga. Scott asintió.

—64° 1′ 12″ Norte, 21° 10′ 12″ Oeste. Buscamos el volcán Grensdalur.

Steve se mordió los labios, furioso consigo mismo. ¿En verdad habían estado tan cerca de la base de HYDRA? ¿En verdad fue tan estúpido como para no saber que los tenía a unos metros?

Pepper notó la tensión en su cuerpo y apretó suavemente el brazo por el que aún lo sostenía, tratando de tranquilizarlo, pero Steve estaba muy lejos de la tranquilidad, de modo que con la mirada afilada y la sangre bullendo de cólera, dio su orden:

—Preparen todo, aprovecharemos que desconocen nuestros planes y nuestra presencia aquí. Tomaremos ventaja de las noches largas, así que atacaremos antes de que el Sol vuelva a salir, por lo que partiremos ahora. Thor, Natasha, nos veremos en un punto intermedio —ordenó. El Dios y la pelirroja asintieron—. Y ustedes —dijo mirando a Pepper y Happy significativamente—, regresarán a casa en este instante. Hoy será el día en que vengaremos a Tony y acabaremos de tajo con HYDRA.

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Con todo HYDRA postrado a sus pies jurándole lealtad, Tony se permitió sonreír a plenitud. En un chasquear de dedos había logrado ponerse al frente de la organización que con Los Vengadores tanto trabajo le había costado perseguir.

Con elegancia y elocuencia, el castaño habló de los nuevos objetivos, reafirmando el principal: un nuevo orden mundial con HYDRA a la cabeza. Para llegar a eso, explicó una estrategia a largo plazo que les permitiría infiltrarse y tomar el control de las elites políticas y económicas que gobiernan actualmente el planeta, hasta que los miembros de HYDRA estuvieran en los asientos correctos sin que la propia humanidad lo notara.

—Moveremos los hilos sin que se enteren siquiera de que son marionetas —exclamó Tony y los vítores resonaron con fuerza.

También vetó las torturas como castigo por misiones fallidas, reservándolas sólo para traidores, experimentos y prisioneros. Luego designó nuevas bases, renombró líderes regionales y fijó nuevas misiones.

Ophelia presentó ante él a los agentes de élite de la organización y éstos le mostraron sus habilidades. Tony admitió quedar impresionados con al menos una decena de ellos, quedando estrictamente bajo las órdenes de Visión, quien sería su Comandante. Los agentes de rango alto y medio estarían a las órdenes de Viper mientras Viernes sería la encargada de comandar al resto de las tropas.

Hubo inconformes, por supuesto, pero se dio el tiempo de charlar con cada uno de ellos en la que ahora era su oficina privada; no podía permitirse dejar ningún cabo suelto, y si en algo era bueno Tony Stark aparte de la tecnología, era negociando, así que pronto tuvo a la gran mayoría justo donde quería.

No obstante, hubo un par de imbéciles a los que tuvo que volarles la cabeza, porque después de todo, la política es así: nunca tienes a todos contentos.

Para cuando terminó de resolver todo aquello, tenía ya una larga fila de científicos interesados en intercambiar palabras con él, ya que había propuestas que Wegner había rechazado sin siquiera escuchar y Tony Stark parecía mucho más flexible y sensato.

—Señores, hermosas damas —dijo, elevando la voz para llamar su atención—. Ha sido un día largo y tenemos muchos temas por tratar todavía, pero afinaremos detalles más tarde. Hoy es día de fiesta, así que preparen todo para celebrar —decretó. Sus nuevos subordinados no dudaron en ponerse firmes y repetir su juramento mientras Tony cruzaba la estancia para salir rumbo a su habitación—. Y por cierto, que alguien se encargue de sacar la basura —concluyó, haciendo un gesto despectivo con la mano en referencia al cadáver de Wegner y a los muertos en su oficina.

De inmediato, varios de hombres comenzaron a movilizarse.

—Fue un increíble espectáculo, cariño —felicitó Ophelia con una sonrisa mientras caminaban por el largo pasillo central.

Ella iba a su lado, tomándolo del brazo, completamente orgullosa de lo que había ocurrido y encantada de ver la mueca de disgusto de Barnes por las demostraciones de aprecio.

—Y esto es sólo el comienzo —le aseguró Tony devolviéndole la sonrisa—. Pero estoy seguro que esa sonrisa se debe a tu ascenso —dijo, fingiéndose indignado.

La carcajada de Viper resonó en todo el pasillo, porque ahora ella controlaría toda operación de nivel 1 en el mundo. Sus órdenes sólo estaban por debajo de las de Tony y Visión.

—Por un momento pensé que terminaría siendo tu secretaria.

—¿Habrías preferido eso? La vacante sigue libre. —Ambos rieron de nuevo y sólo dejaron de hacerlo al llegar al ascensor.

—Usa la gabardina larga, te da un toque rudo, guapo —sugirió, antes de que las puertas se cerraran. Tony iría a cambiarse, custodiado por el Soldado del Invierno, y ella debería hacer lo mismo pero tenía trabajo que hacer—. Viernes, sé buena y dime que no hay ninguna anomalía en el protocolo «Fuegos Artificiales».

Sonrió fascinada por el nombre que ella misma había elegido, pues en realidad significaba provocar la erupción del volcán; Tony había decidido un cambio de sede ya que los sismos provocados por el idiota de Strucker debieron atraer la atención de muchos y no tardarían en investigar. Pero el punto era que ella quería sorprenderlo con algo más innovador que una simple explosión para deshacerse de los rastros.

Claro que eso implicaría sacrificar las vidas de muchos, pues aunque Grensdalur no era un volcán con poblaciones a sus faldas, sí había poblados a kilómetros de allí. Quizá la lava no llegaría pero las rocas volcánicas que expulsaría sí.

Viernes le había ayudado con la cuestión geológica, mostrándole qué ductos debían abrir para iniciar la actividad y los poderes de Visión habían sido extremadamente útiles para la tarea de colocar los detonadores bajo tierra, en espera de que Viper los hiciera estallar. Sin embargo, le preocupaba que los sismos hubiesen provocado fallas en el plan, por lo que quería corroborar que todo siguiera en orden o la fiesta tendría que desplazarse de inmediato.

—Todo en orden, Madame. Los explosivos se activaran cuando usted lo ordene. —Viper respiró tranquila al escuchar a Viernes.

—Perfecto. Mantenme al tanto de cualquier situación inesperada, no quiero que nada arruine este día.

—Cuente con ello, Madame.

Viper sonrió, encaminándose a su habitación para colocarse su vestido de gala.

Por su parte, Tony acababa de entrar a su recamara para cambiarse. No obstante, enarcó una ceja, divertido, al ver a Bucky recargado en el marco de la puerta.

—¿Qué ocurre, soldado? ¿Te quedarás ahí parado viendo cómo me quito la ropa? —se burló, mirándolo a través del reflejo la silueta de James.

Bucky le sonrió. Una sonrisa ladina y juguetona a la que Tony aún no se acostumbraba pero que le encantaba; le hacía saber cuánto lo deseaba James y la clase de encuentro que le prometía.

—Preferiría quitártela yo mismo.

Tony no respondió, atento al brillo de ansiedad que reflejaban aquellos ojos azules.

Se mordió el labio inferior, intentando poner un rostro seductor para provocar aún más la vena animal que terminó por despertar en su guardaespaldas personal; lo supo al observar cómo se oscurecían los irises ajenos, por ello prosiguió a desabotonarse con tortuosa lentitud la camisa, desde el botón que ajustaba su cuello hasta detenerse algunos centímetros arriba del ombligo.

Hasta que una mano interrumpió su labor.

Stark levantó la mirada y lo vio: la necesidad en ojos de Bucky.

Sonrió más amplio, perverso. Satisfecho al dejar pendiendo de un hilo la férrea amistad entre Barnes y el Capitán.

«Es increíble todo lo que el deseo pude conseguir.» Pensó Tony, complacido.

Y no se equivocaba, porque el deseo entrelazado con sentimientos –aunque éstos fueran unilaterales–, podía llevar a las personas a su perdición; y el deseo de Bucky por Tony era tan demandante y arrasador que no podía seguir reprimiéndolo.

Pero más allá de una simple atracción sexual, Bucky se sentía distinto estando a su lado. Con Tony era quien quisiera ser sin restricciones; podía ser el hombre coqueto y encantador para conseguir algún acercamiento con el ingeniero o el asesino que HYDRA había creado. No tenía que elegir entre alguna de sus antiguas personalidades, pues ambas partes iban y venían a placer, conviviendo hasta fundirse en una misma persona. Una que estaba completa y perdidamente enamorada de Tony Stark.

Pero aun así había algo le causaba conflicto: Steve Rogers.

Tenía sentimientos encontrados, pues a pesar de que el antiguo Bucky realmente quería a Steve como un hermano, le estaba agradecido y sentía una increíble lealtad hacia él; el Soldado del Invierno lo detestaba con cada fibra de su ser por interponerse en su camino, por haberlo desplazado de su cuerpo poniendo al mando a un tipo enclenque que debía estar muerto.

No obstante, entre más crecía lo que el antiguo Bucky sentía por Tony, más se alejaba de Steve, de modo que para esta nueva personalidad suya, su antiguo mejor amigo se convertía a sus ojos en un obstáculo entre él y el Hombre de Hierro, porque deseaba, ansiaba que Tony fuera suyo no sólo en términos sexuales. El castaño lo hacía sentir como una bestia posesiva y territorial, así que, guiado por esa sensación, lo besó sin pedir permiso, con todos los sentimientos y sensaciones que sólo era capaz de experimentar con el castaño entre sus brazos.

Tony sintió como el soldado tomó sus mejillas con sus manos frías, acercándolo hasta probar sus labios y enterrar su lengua en su boca, llenándolo, explorándolo, demandando más. No pudo evitar separar más los labios y dejarse llevar ante la sensual experiencia de tenerla recorriendo cada recoveco de su húmeda cavidad bucal. El aire le faltaba pero ninguno quería alejarse, de modo que no tuvo más remedio que suspirar en sus labios.

¡Cuánto había esperado por un buen beso como aquel! Aunque éste fuese dado por la persona menos esperada.

Sin pensarlo, cerró sus ojos y se perdió en sus recuerdos.

Hacía no mucho tiempo, cuando aún había ingenuidad clavada su el corazón, anheló poder despertar en Steve un deseo tan grande que lo obligara a callarle en una de sus tantísimas discusiones banales con un beso, igual de fiero y demandante como el que experimentaba en ese momento.

¡Cómo había querido que Steve perdiese los estribos y su fachada de hombre correcto sólo por él! Por una mirada suya, por un movimiento inesperado…

Jadeó al sentir una extraña calidez emanar del otro cuerpo, nada parecido al frío natural que él recordaba de Bucky. Quizá por ello remembró a Steve hasta casi sentir sus manos grandes y firmes recorriéndole la piel con total descaro hasta tenerlas apretando su trasero, provocándole un delicioso tirón en su abdomen bajo.

Gimió. Se sentía demasiado bien.

Casi al mismo tiempo, pudo percibir la erección de su acompañante, haciéndolo sentir abochornado pero increíblemente excitado también.

Unos dientes mordieron su labio inferior y él respondió dándole acceso total a su boca, control total, porque el deseo estaba nublándole el pensamiento. Se dejó llevar, perdiéndose por completo en las sensaciones y el placer. Sin embargo, cuando abrió sus ojos esperando contemplar las facciones de Steve, se topó con la fría realidad: un rostro pálido enmarcado por el cabello castaño de Bucky.

Barnes. Él era su presente, su juguete favorito, su instrumento de venganza.

Y se sintió molesto, asqueado de sí mismo por flaquear nuevamente ante el recuerdo de Steve. Necesitaba erradicar ya ese maldito sentimiento, esa estúpida esperanza, así que, con esa idea en mente fue que decidió que era momento de sacar a Steve de su mente grabándose a Bucky en la piel.

—Luces impaciente, Soldado —dijo Tony en un tono coqueto. Endulzó su voz y sacó a flote a ese playboy nato que tenía reservado para ocasiones especiales. Levantó sus manos hasta el pecho del soldado, acariciando sobre la tela con suavidad. Después deslizó su roce por los brazos y la cintura hasta llegar a los muslos; apretó ambas piernas, enterrando sus dedos con un poco de fuerza en la parte interior tocando con sigilo y seducción la entrepierna—. Algo ya está muy despierto por acá…

Bucky gruñó de placer. Sentir a Tony tocando su miembro y escuchar su voz juguetona incitándolo despertaba en él una sed de sexo insondable y apremiante.

—Demonios, Stark, te necesito ya. —Fue una advertencia, pero Tony no tuvo tiempo de razonarla ya que, sin previo aviso, Bucky lo acorraló entre el espejo y su cuerpo.

No tuvo delicadeza alguna en abrirle la bragueta de un tirón y colar su mano metálica hasta tomar con ella el pene de Tony. El ingeniero gimió. La frialdad e inusual firmeza de aquella mano lo obligaron a recargarse por completo en el espejo. Se sentía diferente pero exquisito, sobre todo cuando comenzó a moverla, a ejercer esa presión deliciosa acompañada por un ritmo perfecto mientras los dientes blancos de Bucky marcaban su cuello.

¡Y la fricción! Esa fricción tosca y enloquecedora que el soldado provocaba entre su propia virilidad y el muslo izquierdo de Tony.

Bucky no tardó en bajar lo más que pudo la ropa inferior de su castaña tentación para tocar de forma insistente sus glúteos desnudos, apretándolos y separándolos.

—Quiero tomarte ahora —dijo Bucky casi en un gruñido, justo cuando uno de sus dedos estaba ya acariciando directamente la entrada ajena.

Tony soltó un gemido ahogado, inseguro pero ansioso, aunque fue cortado cuando una voz hizo eco en su cabeza, distrayéndolo.

James retiró sus manos al sentir a Tony tensarse, creyendo que no deseaba continuar.

—Mm… No, está bien —murmuró el ingeniero, aunque su voz fue más un jadeó gutural y ronco por las deliciosas sensaciones—. Lo quiero dentro. Sabes qué hacer.

Luego Tony soltó una risa suave y miró a Bucky antes de depositar un beso húmedo en sus labios y sin previo aviso empujarlo por el pecho, obligándolo a separarse. James retrocedió un paso, descolocado por la acción hasta que Tony se acercó de nuevo con ese andar sugerente que lo encendía y volvió a empujarlo orillándolo a sentarse en la cama.

Bucky lo vio sentarse en el suelo, en medio de sus piernas abiertas y gruñó sabiendo lo que aquello significaba.

—Has sido un buen soldado, Barnes. Mereces un incentivo por tu buen trabajo —murmuró Tony y en un suspiro, el miembro erecto de James estaba ya entre las manos hábiles del ingeniero. Bucky soltó un gemido largo y gutural—. Mírate, estás realmente caliente.

Tony lo dijo con una mezcla de burla y orgullo, pues no podía creer que con tan poco, el imponente Soldado del Invierno estuviese así de duro y mojado, deshaciéndose en suspiros sólo por él. Luego exhaló sobre la punta, soltando una risita al ver a Bucky tan desesperado y perdido por el placer anticipado pero iba jugar un poco más con su resistencia, por lo que con una cadencia tortuosa, paseó su lengua por aquella longitud.

James jadeando como si fuese una fiera en celo ante la combinación de caricias húmedas y mordidas suaves. Llevó sus manos a los cabellos castaños para tratar de imponer un ritmo más fuerte pero bastó con una mirada de Tony para que desistiera de ello; los ojos chocolate anunciaban con determinación que era él quien llevaba el control, independientemente de los roles.

Bucky sonrió. Ése era el hombre del que se había enamorado, autoritario, firme. Dominante a su manera. Y él, él obedecería cada capricho porque más allá de su propio placer deseaba complacer a Tony, sin importar lo dolorosa que fuera la palpitante erección entre sus piernas o la ansiedad que le provocaban esas probaditas de cielo que Tony le dejaba saborear con cada suave succión.

—Ten paciencia, soldado. Te aseguro que será un orgasmo memorable —le prometió Tony con una sonrisa maliciosa antes de comenzar a introducir de verdad aquel imponente falo en su boca.

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La oscuridad continuaba imponente, haciéndose una con la frialdad del invierno y dándole a Steve la impresión de que el viaje hasta el volcán era eterno; a cada segundo se preguntaba si aquella nieve teñida de profundas sombras iba a ser lo último que verían sus ojos, si aquel paisaje era un reflejo de lo que habitaba en su propio interior. Y un pensamiento fugaz cruzó su mente:

Si liberara ese algo que clamaba por salir desde la penumbra de su ser, ¿serviría como medio para mandarlo lejos de este mundo y acercarlo Tony? ¿Si permitía que todo lo que sentía tomara el control, su búsqueda terminaría? ¿Volvería a estar completo?

Se hacía interminables preguntas, cada una más tormentosa y sombría que la anterior. Cada una más matizada por la muerte y una esperanza obsesiva, casi macabra.

Cerró los ojos y se ajustó nuevamente su traje de batalla; se colocó los aditamentos dónde portaba las armas de menor calibre y se puso los guantes cubriendo sus manos que próximamente se bañarían en sangre. Echó un vistazo rápido y vio a todos terminar de vestirse y alistarse para el arribo próximo.

—Ya estamos todos listos, Cap. —Clint desdobló su arco y asintió hacia Steve.

—Y estamos a dos minutos de aterrizar —acotó Sam, indicando que era el momento justo para que se sostuvieran de lo que estuviera a su alcance para no caer.

—¿Estás seguro que fue buena idea mandarlos solos de regreso? —preguntó Natasha a Steve intentando rescatarlo de mar de emociones que parecía engullirlo a un sitio lejano y frío.

—Si no lo hacía corría el riesgo que nos siguieran. Quieran aceptarlo o no, el rencor y la culpa en ellos ha desarrollado un mayor anhelo de venganza que en muchos de nosotros por los años de antigüedad junto a Tony. La diferencia es que ellos no cuentan con el poder para descargar ese odio por ellos mismos —contestó Steve—. No quiero imaginar lo que Pepper habría hecho de contar aún con las habilidades del virus Extremis.

Natasha asintió, completamente de acuerdo con esas palabras. No lo había mencionado pero la luz en los ojos de Virginia se había apagado al igual que ocurría con Steve, consumiéndose entre sombras turbias cargadas de odio.

Sin embargo, ella quería tener fe en que, al igual que las noches islandesas, el Sol terminaría por salir por mucho que demorara, impidiendo que las tinieblas lo consumieran todo.

Steve volteó al sentir la insistente mirada de la pelirroja sobre él y bufó hastiado por el evidente escrutinio en sus ojos. ¿Acaso no veían que él realmente quería sumergirse en su dolor y perderse por completo? ¿Acaso no tenía siquiera derecho a dejarse llevar por ello? Intentó mostrar una escueta sonrisa que terminó siendo una mueca de evidente fastidio.

—Todo está bien, Nat —soltó el rubio, con un tono que lejos de ser lo que él esperaba, resonó seco—. Necesito que todos sepan que no me sucede nada.

—Mejor dicho, necesitamos que tú te creas esas palabras, Steve —musitó ella, dirigiéndole una mirada molesta con el ceño fruncido. Él respingó—. Éste equipo necesita un líder y tú has dejado de serlo desde hace tiempo, pero al menos por hoy necesito que creas en lo que dices o muchos morirán en esta batalla.

Steve no respondió nada ante la reprimenda, sólo chasqueó la lengua y nuevamente volteó su rostro hacia una ventana, observando que estaban a unos pocos metros de llegar al suelo y decidió saltar desde allí, alejándose de aquel ambiente que ejercía presión sobre él, porque no sólo era Natasha quien lo veía con ojos insistentes, sino toda la tripulación. No sabía si reprochándole o mirándole con simple lástima; aunque prefería mil veces la primera a la segunda en realidad.

Una vez fuera y con el camuflaje del jet activo, todos corrieron tratando de no hacer mucho ruido hasta los límites del volcán. Vieron con asombro la evidente y nada discreta entrada que custodiaban sólo dos soldados de HYDRA con sólo un rifle en su hombro. Lo que no suponían era que se trataba de la más básica táctica para atraerlos, pues aquella base era una de las más reforzadas e imperceptibles de la organización.

Natasha fue la primera en acercarse, siendo la más cautelosa de todos, llevando a un diminuto Scott consigo, quien, al estar lo suficientemente cerca, se las ingenió para congelar la imagen de la cámara principal por unos minutos, así como para colarse al interior y notificar a la pelirroja la cantidad de guardias adentro así como sus posiciones.

La espía hizo una señal y Steve le ordenó a Clint que se hiciera cargo, así que el arquero tomó un par de flechas y disparó justo en el abdomen de los soldados dejándolos heridos en el acto; todos captaron la orden indirecta de correr e invadir el lugar hasta dar con el líder de aquella base.

No le fue fácil, pero Scott se encargó de las cámaras internas y de abrir discretamente una de las compuertas secundarias para dejarlos entrar sin levantar sospechas. Cuando lograron ingresar, corrieron varios metros juntos, resguardándose la espalda los unos a los otros hasta llegar a una intersección. Steve ordenó separarse en dos grupos justo como lo planeado en la nave; Clint, Natasha, T´Challa y Thor iban por el lado izquierdo mientras Wanda, Sam, Scott y Steve continuaron el camino principal.

Steve recalcó que ninguno debía pelear innecesariamente hasta que hallaran al jefe, y al hacerlo, el equipo contrario debía llamar la atención para distraer la actividad de la mayoría de los agentes.

Los equipos se dividieron y Natasha tomó su lugar al frente del suyo, caminando a paso lento y cauteloso. Thor iba detrás de ella, quizá intentando protegerla, si es que había algo por lo cual necesitara hacerlo; estaban en territorio enemigo y bastaba un sólo movimiento en falso para morir.

Natasha había reafirmado ante todos el liderazgo de Steve, sin embargo, algo en ella le decía que no era una decisión confiable, no sólo por la forma recelosa en que T´Challa miraba al rubio, sino porque ella misma había notado los pequeños pero significativos cambios en la actitud de su amigo: la estabilidad mental de Steve se debatía entre las pistas que encontraban para llegar hasta HYDRA, así como las constantes noches de insomnio de las que era preso y de las cuales todos podían rendir cuenta.

Y le preocupaba, realmente lo hacía, ya que Los Vengadores eran su familia. Ya había perdido a Bruce y a uno de sus hermanos, no quería perder a otro. No si podía evitarlo.

Cruzó el pasillo frente a ella, demasiado centrada en sus pensamientos como para detectar a los agentes que los observaban desde arriba o para evadir a tiempo la granada que estalló justo frente a ella.

—¡Cuidado! —gritó Thor, protegiendo a todos de la explosión con su cuerpo.

A pesar del intento del asgardiano por evitar daño en sus compañeros, todos fueron expulsados hacia diferentes partes del pasillo, quedando divididos. Evidentemente, aquel ataque había sido con la intención de disgregarlos.

El estallido de la granada, el incesante zumbido en sus oídos aturdidos y los escombros cayendo a su alrededor, desorientaron a Natasha, aturdiéndola al grado de no terminar de comprender lo sucedido, pero se obligó a concentrarse cuando sintió a alguien cogiéndola de la remera y apresando su cuello con una fuerza casi despiadada, estrangulándola.

Intentó con todas zafarse pero la falta de aire y el ataque anterior la habían dejado por completo desarmada. Ni siquiera podía reconocer a su agresor con toda la tierra mezclada en el aire.

—¿A-alguien puede copiarme? Estoy en un aprieto… —susurró con dificultad al intercomunicador, suplicando que sus compañeros estuvieran bien en ese momento y estuvieran en condiciones de auxiliarla.

—¡Oh, pobre Natasha Romanov! —dijo una siseante voz femenina, proveniente de la persona que la estaba ahorcando—. HYDRA te ha vigilado por años, querida, y hasta hoy tengo el honor de tenerte frente a frente. Lástima que no podré invitarte una taza de café o un buen trago de vodka, porque, lo creas o no, realmente admiro a la asesina sin escrúpulos que incendió aquel hospital repleto de niños —Natasha se tensó al recordarlo—. Pero, creo que mi jefe tiene razón y no tengo buenos modales con los invitados.

Natasha forzó su vista para reconocer aquel rostro. Le parecía familiar el resquicio de voz que llegó a sus oídos pero fue hasta que observó el inconfundible mechón de cabello negro ondeando frente al rostro ajeno que pudo remembrar a su enemiga, aunque jamás se habían enfrentado directamente, ya que todos sus encuentros habían sido ataques a distancia en diversas misiones. Sin embargo, su nombre y fotografías figuraban en el archivo de SHIELD como una amenaza potencial debido al sadismo en sus actos.

—Viper —musitó Natasha con desprecio.

—¡Vaya, creo que soy famosa! —celebró Ophelia con diversión, sin aflojar su agarre en el cuello ajeno, incluso clavó un poco más sus largas uñas en la blanca piel—. Y me da mucha pena, querida, pero no puedo quedarme a conversar más, el trabajo me llama. Aunque quiero que sepas que este día, tú y el mundo aprenderán de sus errores. Hoy tú muertes, él nace. Así es el ciclo de la vida.

—¿D-de qué diablos… estás hablando? ¿Quién va a nacer? —preguntó Natasha, luchando por obtener oxígeno—. ¿Acaso te embarazaste de ese repugnante y obeso jefe tuyo? Había escuchado que aparte de feo es estéril —se burló.

—¡Cierra esa maldita boca! Tus chistes aquí no tienen gracia —siseó Viper, obviamente molesta, aunque después su actitud cambió, mostrándole a Natasha una sonrisa torcida y autosuficiente, soltándola un poco para que no perdiera la consciencia mientras con su otra mano tomaba las mejillas de la pelirroja, apretándolas

»¡Oh, claro! Pero si no sabes de lo que hablas. No puedo culparte por tu ignorancia, así que déjame actualizarte: Wegner está muerto. Su cadáver se descompone a unos metros de aquí y nuestro nuevo líder espera a tu Capitán arriba. ¡Tony estará encantado de verlo! —dijo entre risas al ver la cara de Natasha descomponiéndose al escuchar ese nombre—. ¿Por qué esa cara? ¿Acaso ya no te acuerdas de él? No sabía que Los Vengadores acostumbraban olvidarse de sus antiguos compañeros. Eso le romperá el corazón a Tony —ironizó, soltando una carcajada más fuerte.

—¡No te atrevas! —Gruñó Natasha, luchando ahora con más fuerza a causa del enojo, logrando golpear con su rodilla el vientre de Ophelia—. Tony está muerto y si eres inteligente no volverás a mencionar su nombre. Ninguno de nosotros va a tolerarlo. Mucho menos Steve, sobre todo viniendo de escoria como ustedes. Ya sabes, no tiene en tan buena estima a HYDRA.

—¡Oh, pero qué dices, querida! —Viper dejó de fingir que el golpe le había dolido y aprovechó su agarre para azotarla contra el concreto de la pared, aturdiendo a Natasha. Luego se acercó a ella lo más que pudo, recargando sus labios negros en el lóbulo derecho de la Viuda—. Tony Stark está vivo. Está aquí y va a acabar con todo lo que se entrometa en su camino, incluyéndolos a ustedes.

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. »« .

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Cuando los vio alejarse, el rubio suspiró, preocupado por ellos aunque confiaba en sus capacidades y habilidades para salir vivos, como siempre habían hecho, y esta vez concluirían por fin con aquella guerra en contra HYDRA, contra quienes le arrebataron a Tony.

—Wanda, encárgate de que no haya sorpresas —ordenó Steve dejando paso libre para que la bruja trabajara.

Ella levitó y cerró los ojos, concentrándose en la tarea encomendada; un par de segundos bastaron para que su rostro se compungiera y abriera sus castaños ojos con sorpresa.

—Hay muchos hombres esperándonos —anunció ella—. Al parecer se emitió una alarma silenciosa que alteró al menos a cincuenta agentes al frente. Sin mencionar que la base está repleta. Jamás había visto tantos, ni siquiera cuando el Barón los reunía.

—¿Cuántos metros nos dividen de ellos? —Preguntó Sam ajustando su equipo de último momento.

—Trescientos metros, aproximadamente —contestó ella—. A cuatrocientos metros más, veo otra salida, pero treinta hombres están concentrándose en los ascensores, al parecer su jefe se encuentra arriba.

—¿Puedes hallar la habitación exacta de su líder? —Cuestionó Steve, desesperado. Ella volvió a cerrar los ojos.

—Hay dos habitaciones reforzadas: una abajo, aproximadamente a doce pisos de profundidad y otra arriba, a un par de pisos antes de la cúspide. En esta última emana una energía inusual, la temperatura es ligeramente más elevada, no puedo identificarla, pero supongo debe de ser humana.

—Comunícate mentalmente con Natasha, ellos bajaran. Yo iré arriba. —Steve se tensó; estaba a metros de llegar con la persona responsable de resquebrajar su mundo.

Wanda acató la orden, dándole la ubicación al equipo contrario.

—Te daré acceso libre al ascensor, pero no podré aturdirlos a todos por mucho tiempo, Steve —le advirtió la castaña.

—Opino que vayamos y enfrentemos a esos soldados —dijo Scott ajustando su casco y preparando las partículas Pym—. En lo que los distraemos, el Cap puede llegar arriba y ajustar cuentas con ese idiota. No es difícil, son simples soldados de HYDRA, los derrotamos y después damos caza contigo —se dirigió al rubio.

—No —le detuvo Sam—. Atacaremos hasta que el hechizo pierda efecto, de lo contrario daríamos un poco más de tiempo a esos bastardos para movilizarse. Debemos ser cautelosos.

Todos asintieron mientras Wanda movía sus manos, creando el hechizo adecuado y cuando la chica desvió su mirada hacia Steve, éste supo que ya podía avanzar, así que corrió hasta el ascensor sin ser visto por los soldados gracias a Wanda.

Subió una cantidad impresionante de pisos y supo que el hechizo se había terminado cuando los gritos y unas luces rojas e intermitentes comenzaron a brillar en todo el interior del volcán. No había sonido pero era obvio que aquella era la alarma, así que no le sorprendió que el ascensor se detuviera de golpe; lo habían encontrado.

Exhaló. Aún faltaban varios pisos y tendrían que subir corriendo. ¡Tenía que darse prisa!

Usó el escudo que T'Challa le había fabricado para romper las puertas metálicas del elevador. Era una buena imitación del que había hecho Howard, quizá un poco más grande y no estaba pintado, mantenía el color natural del vibranium así como una superficie completamente lisa, sin los círculos concéntricos del anterior.

Al salir, ya había decenas de agentes armados esperándolo y abrieron fuego de inmediato.

Steve colocó el escudo delante de sí para repeler las balas. Comenzó a emplear cada una de las estrategias de batalla que recordaba, teniendo en cuenta su fuerza y el número de enemigos que lo rodeaban, así como el armamento de éstos. Sin embargo, no todo resultó tan fácil cómo se planteó, debido a que los soldados demostraron un perfecto balance entre entrenamiento y coordinación, obligándolo a retroceder de vez en vez; su buen funcionamiento como escuadrón parecía nuevo pero bien establecido, algo que sólo lograba un líder experimentado y meticuloso.

Ocho soldados dejaron ir todo su peso contra él, logrando someterlo contra el piso. Steve forcejeó intentando quitárselos de encima sin lograrlo. Era como si supieran sus puntos débiles, como si conocieran sus estrategias de ataque y se anticiparan a ellas.

Lo que no sabía era que Viernes dirigía el ataque, analizándolo y dando instrucciones precisas.

Steve resopló frustrado, furioso ¡Estaba fallando una vez más! ¡Necesitaba ser más fuerte, más certero!

Más letal.

Y como si un rayo cruzara su cuerpo en ese instante, su consciencia cedió un poco a los deseos primitivos que yacían dentro de él, repitiéndose que no fallaría, que haría lo que fuera por vengar a Tony, por no perder a nadie más.

Aventó a todos los soldados empleando una fuerza que no sabía que tenía, tomándolos desprevenidos. Los golpeó uno tras otro, sin medirse ni contenerse, sin usar sus viejos patrones suaves de pelea y continuó así hasta dejarlos inmóviles; desconocía si estaban inconscientes o sin vida, pero no le importaba mucho al respecto. La brutalidad con la que arremetía contra sus oponentes no era medida por su consciencia, por el contrario, era instintivo, salvaje, sanguinario.

Todo lo que hacía era a matar y sentir placer al hacerlo.

La realidad cayó sobre él cuando contempló los cuerpos de los soldados esparcidos por el pasillo en posturas y formas peculiares, por no decir enteramente deformadas a causa de los huesos rotos, algunos incluso saliendo de la piel a causa de la potencia de los golpes. Por supuesto, la gran mayoría de esos agentes estaban muertos o en la más angustiosa agonía.

Contuvo la respiración, mirando la sádica escena que él mismo había creado. Luego observó sus manos manchadas de sangre, al igual que su ropa así como la suela de sus botas, que dejaba huellas rojas en la elegante duela.

No lo soportó.

Su sentido de moralidad no podía tolerar lo que acababa de hacer. No podía seguir viendo aquello sin sentirse como un monstruo, así que comenzó a correr por los pasillos de la base.

Estaba aterrado por el despliegue de bestialidad hacia esos soldados, por la forma tan horrible en que había descargado toda la ira contenida dentro de sí, pero lo que más lo estremecía era que aquello se había sentido demasiado bien e iba más allá del hecho de hacer catarsis: el sentimiento de satisfacción y placer que se instauró en su ser mientras mataba a los agentes de aquella forma llegó a parecerle normal, natural.

De lo que no fue consciente fue que, aunque le asustaba su actitud, la culpa jamás apareció, de hecho, internamente creía que era inútil sentirla después del deleite que significó descuartizar a un gran número de personas sin rostro para él.

Tampoco se dio cuenta de que acababa de abrirle la puerta a lo que sea que había estado pugnando por salir desde la muerte de Tony.

Continuó por las escaleras y sólo desaceleró cuando vio un largo pasillo rojo frente a él. Caminó sobre la alfombra carmesí que sólo cubría la parte central del reluciente piso de madera. Vio con asombro los candelabros de oro que caían desde el techo e iluminaban el lugar. Se sintió incómodo debido a la intensidad de la paleta de color predominante: escarlata y dorado. Los colores de Iron Man, de Tony. No obstante, los tonos lucían más fúnebres de lo que a él le gustaba recordar, sin mencionar que combinaban a la perfección con la sangre que sus manos.

Llegó al final del pasillo con aquellos colores grabándose en sus pupilas y se detuvo frente a las enormes puertas de metal que impedía el paso; eran placas elegantes pero indudablemente reforzadas, así que hizo acopio de su fuerza sobrehumana y clavó el escudo repetidas veces sobre la superficie hasta que ésta comenzó a ceder, creando una profunda fisura en ella.

Agudizó la mirada para poder ver a través de la ranura pero no logró distinguir nada más que un par de siluetas y voces. Resopló desesperado y clavó sus dedos en el metal comenzando a separarlo con su propia fuerza. Los dedos comenzaron a sangrarle por el esfuerzo empleado, pero ni siquiera lo notaba, nada era más importante que su venganza.

El metal cedió con un potente estruendo y Steve no logró despegar su vista de las personas en la habitación.

Sus ojos se abrieron hasta su máxima capacidad, sintiéndose incrédulo. Su brazo izquierdo, que cargaba su improvisado escudo, bajó lentamente para retirar la posición de guardia que había adquirido por instinto. Sus hombros se relajaron, perdiendo firmeza en su postura pero el resto de su cuerpo se tensó. Sentía las piernas de plomo, no podía moverlas a voluntad y soltó el escudo. El ruido del metal contra la madera provocó un sonido agudo y el eco se propagó en toda la sala.

Él estaba ahí, justo a escasos metros de su persona.

La persona que le había provocado tantos desvelos durante los últimos meses.

La persona por la cual habría dado todo de sí, hasta lo más ínfimo, se hallaba observándolo con aquellos enormes ojos cafés que adoraba tanto.

Tony estaba allí, a un par de metros.

Jadeó por la sorpresa, por la emoción. ¿Era una ilusión de nuevo? ¿Una mala pasada de su mente? No importaba. Nada importaba si podía verlo una vez más.

A simple vista Tony no había cambiado demasiado, salvo por su cabello, ahora acomodado de forma elegante y rebelde. La ropa que usaba distaba mucho de ser la que vestía en un día común en la torre de Los Vengadores; era más de etiqueta, nada que ver con la usual playera de Black Sabbath y los tenis Vans que usaba para trabajar.

Sonrió todavía incrédulo y confuso, sin embargo, el aroma del castaño y su simple presencia se sentían tan reales que decidió dejarse llevar, por lo que estiró su brazo al aire y delineó con sus dedos la silueta de Tony. Le ordenó a sus pies moverse, le suplicó a su boca decir algo coherente en ese momento. Le rogó a su mente no haberse perdido y que aquello fuese sólo una alucinación.

—Tony… —Fue lo único que pudo pronunciar.

—Rogers —respondió el aludido casi al instante y Steve experimentó el paraíso en ese momento; su nombre en boca de Tony sabía a gloria y algo más de lo cual, podría jurar, no encontraría nunca en ésta vida ni en otras.

No era una ilusión. Ni sus más vividas alucinaciones podían imitar ese tono. Tony estaba vivo, vivo y frente a él. Y sólo fue hasta ese momento de lucidez que el cuadro frente a sus ojos comenzó a tomar sentido:

Tony se hallaba con la camisa desabotonada hasta la mitad de su abdomen, desarreglada y con manchas blancas en ella. Su respiración agitada, cabello castaño despeinado y el sudor en su rostro, y justo detrás de él reconoció a Bucky; la alegría de verlo sano y salvo le sacó una sonrisa, pero ésta se desvaneció de inmediato a causa de la mirada fría y nada amigable que le dirigía así como los puños apretados y en posición de pelea que mostraba.

Respiró hondo llenando sus pulmones; la habitación tenía un ligero y peculiar olor que reconoció al instante como el que permanecía durante días en su habitación en Wakanda después de haber tenido sexo con Sharon.

Volvió su vista hacia Tony y lo vio sonriendo con diversión y un brillo en la mirada que se le antojó perverso mientras se relamía el labio inferior antes de limpiarse la comisura de sus labios con el dorso. Luego miró a Bucky acomodándose el pantalón, cerrándose la bragueta antes de posar sus manos en la cintura de Tony, halándolo hacia su cuerpo y mirándolo a él con ojos soberbios y una sonrisa prepotente.

Steve cerró sus ojos, comprendiéndolo todo.

Y algo se quebró en su interior, podría jurar que escuchó un pequeño "crack" sonar dentro de su mente y todo se tornó rojo.

Fue cuestión de segundos; cada músculo en su cuerpo se tensó, sus manos apretándose en puños con toda su fuerza, casi podía sentir sus venas a punto de estallar; la sangre bullendo por todo su cuerpo y su corazón descontrolado. Sus manos sudaron y sintió un aire frío colarse por su espalda. Apretó la mandíbula para calmar toda la tensión que sentía en su cabeza y sus piernas se congelaron al instante.

Risas burlescas hacían eco en su cabeza, ojos acusadores, palabras hirientes. Todo perdió sentido dentro de él al momento de escuchar un zumbido ensordecedor que pronto se convirtió en su propia voz gritando, rugiendo una palabra que se coló desde las profundidades de sus sombras:

«¡Mátalo!»

Entonces abrió los ojos, tronó su cuello ladeándolo en un gesto agresivo, casi arrogante. Ése ya no era el Capitán América.

—Bucky —siseó—. ¡Bastardo! —Terminó rugiendo cual animal, furioso y desesperado mientras se abalanzaba sobre el que había sido su mejor amigo.

Tony sonrió orgulloso; había desatado el infierno en la tierra.

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N/A: Como se comentó anteriormente, mi Panquecito y yo hemos vuelto al ruedo (olé, toro) Sin embargo, he de recalcar que no sabemos a ciencia cierta cuando volveremos a actualizar. Entre nuestros planes están subir el capítulo 9 antes de finalizar el año, peeero no sabemos cómo se va a comportar la vida con nosotras. Así que la fecha queda abierta.

Gracias a todos por acompañarnos y seguirnos aún, están en nuestros corazones cada vez que escribimos.

Por cierto, hoy estoy enteramente feliz porque mi Panquecito está de visita en mi ciudad (kilómetros de distancia nos separan -so sad-) y la secuestraré todo el fin de semana. Ella admite que fue secuestro voluntario.

Besos a todos.

Sya y Cadiie.