Disclaimer: Hetalia no me pertenece. La personalidad de Luxemburgo es-más o menos-invención mía, pues-que yo sepa-no hay nada oficial de él aparte del aspecto. La mitad de este capítulo se centra en él y sus pensamientos, y aunque solo vaya a aparecer por unas semanas, será bastante importante.
Antonio había retirado la mirada, algo incómodo por la pregunta. ¿Qué demonios le pasaba ahora?, se preguntó Vincent. ¿Habría tocado un tema sensible?
Las manos del moreno se retorcían, un reflejo de lo que se pasaba por su cabeza. Suspiró, y lo mismo hizo Vincent. Se iba a pasar de su parada y no sabía qué decirle sin quedar como alguien desagradable.
-Simplemente perdí algo. Eso es todo-murmuró, con una suave sonrisa, mientras se levantaba del asiento. Supuso que eso bastaría para saciar la curiosidad del otro, que se quedó pensativo y cruzado de brazos.
Un objeto valioso, pensó el holandés. Una joya o algo así, tal vez.
"Qué desperdicio darle joyas a alguien así" pensó. Antonio tenía verdaderamente aspecto de ser desorganizado y olvidadizo, justo el tipo de persona que intentaba evitar a toda cosa. La clase de gente que despreciaba sus costumbres de vida y salía de fiesta todos los viernes…
Vincent sacudió la cabeza, diciéndose a sí mismo que era una estupidez poniéndose a hacer conjeturas. El español no era más que un mero compañero de autobús algo molesto, al que no llegaría a conocer más allá del susodicho medio de transporte.
Llegó a casa, y se despojó de cualquier pensamiento que interviniera en su trabajo o la programación de los días siguientes. Debía pensar algo para hacer con Brian, que se lo pasara bien y todo aquello que hacían los niños de hoy en día, y volviera a Ámsterdam sin ninguna queja que luego sus padres le restregaran por la cara.
Llegaría dentro de dos días, poco después de finalizar las clases, exactamente el 22. No había querido perderse ni una sola hora lectiva, a pesar de tener permiso para ello. Secretamente, Vincent se sentía orgulloso de aquella actitud trabajadora de Brian, aunque no pensaba felicitarle a la primera.
Ganarse un piropo suyo costaba trabajo.
Mientras organizaba los horarios del joven, un pensamiento fugaz cruzó su mente, haciéndole trazar una raya más larga de lo que desearía.
"Vacaciones de Navidad. Entonces Antonio tampoco estará en el bus el día 23."
Vaya. Pero eso tampoco afectaba demasiado a sus planes. Era un dato inútil del que su cerebro solía pasar. Cualquier otro hubiera pensado que un simple desliz era habitual, pero Vincent no.
Él no solían cometer deslices de ese tipo, casi nunca.
"Debes calmarte" casi podía oír a Emma decirle eso. No servía de nada darle vueltas a una tontería semejante.
Se encontró el día 22 con Antonio, por, probablemente, última vez en el año. El español parecía nervioso por algo, a juzgar por el tic que había surgido en su pierna. Vincent alzó una ceja en esa dirección, intentando que pillara la pregunta al vuelo.
No lo hizo.
-Antonio.
-¿Sí?-le sonrió, desconcertándole un poco.-Dime, Vin.
-Te he dicho que no me llames Vin. Son VIN-CENT-suspiró, intentando llamar a su escasa paciencia.-Que si te pasa algo.
-¡Ah!-el tic desapareció, y la sonrisa se amplió más aún, si era posible. Algún día se partiría la cara si seguía sonriendo así.-Planes para Navidad.
No lo entendió. Podría haber sido un poco más explícito, pero tampoco iba a indagar más. Tampoco es como si le interesara realmente la vida de un estudiante.
-¿Y tú?
-¿Yo qué?
-Que qué planes tienes para Navidad. Yo voy a ir a una fiesta a la que me ha inventado Gilbert.
-Ah-respondió con sequedad. No tenía ganas de explicarle que sus padres pasaban de ellos tres, su hermana quería irse de juerga y debía cuidar de su hermano pequeño.
-¿Tú no tienes planes?-ladeó la cabeza.-También puedes venir, si quieres.
-No me interesa.
-¿Cena familiar?
-Digamos que sí.
El holandés esperaba zanjar la conversación con aquello, pero pocos minutos después, empezó a incordiarle de nuevo.
-¿Digamos?
-Déjalo. Carece de importancia.
-Vamos, solo quiero saber…
-He dicho que no te interesa.
Y esta vez sí, Antonio se calló, para alivio del neerlandés, que volvía a mirar por la ventana. Una sensación desagradable se había instalado en su pecho, como si alguien lo arañara con mucha lentitud. Hizo una mueca, esperando que el moreno no la viera y comenzara a comentarlo.
Maldito pesado, que a pesar de todo lograba dejarlo mal.
El aeropuerto era un caos de gente, a pesar de ser ya las diez, que iba y venía con maletas enormes. Vincent no pudo evitar mirarlos con escepticismo: Seguramente la mayoría se dirigían a reuniones familiares, donde todos fingirían llevarse bien entre ellos con una tensión latente por la herencia, la homosexualidad de uno de sus miembros o algún otro asunto peliagudo.
Y el resto del año, ni siquiera dirigirse la palabra. Como hacían casi todas las familias modernas.
Ojalá pudiese fumar, al menos.
Miraba fijamente a la puerta, de donde se supone que debía salir su hermanito entre el revoltijo de gente; y ya había perdido la cuenta de las veces que había maldecido la ley del tabaco cuando este se asomó.
Brian era como una esmerada mezcla de Vincent y Emma: Piel clara, ojos verdes brillando con inteligencia, rasgos suaves y delicados, donde casi siempre había una sonrisa tranquila, y una mata de pelo rubio lacio que, por costumbre, se echaba hacia atrás, dejando a la vista su frente. De alguna manera, ese peinado lo hacía más adulto.
De vestimenta, llevaba una gabardina negra y gruesa, unos pantalones negros y mocasines. Elegante, como siempre le había gustado ir y aprovechando la condición de adinerada que tenía la familia. Parecía emitir toda un aura de seguridad a su alrededor.
Con todo aquello, no era difícil reconocerlo, y viceversa. Pocas personas se peinaban como Vincent y tenían la misma expresión agria.
-¿Cuánto llevas sin fumar, broer?-fue su saludo, ladeando un poco la sonrisa.
-Tres horas-no hizo falta decir más, para que Vincent cogiera su maleta y ambos se fueran rápidamente del lugar. Tres oscuras calles más allá del maldito aeropuerto, el mayor encendió un cigarro y le dio una calada, con un suspiro de alivio más que evidente. Brian rió.
-No has cambiado nada, por lo que veo. Sigues fumando como un camionero.
-Bah-fue su única respuesta.- ¿Llevas mucho ahí?-señaló la maleta con la cabeza.-Solo vas a estar unos días, Brian.
-Oh, es que no todo es ropa. Debo estudiar para los exámenes de después de Navidades, ¿recuerdas? Y no todos me cabían en la mochila de mano.
-¿Pero tú cuántos exámenes tienes?
-Cinco o seis-el chico sonrió con suficiencia.-Pero iré bien preparado, tranquilo.
-Tendrás que meter muchas horas. Y tener un buen plan de estudio-murmuró, mirándole de reojo. Brian seguía sonriendo de la misma manera.
-Lo sé. Y lo tengo, broer. De hecho, vader dice que en eso los tres nos parecemos.
-Oh-Vincent dio una larga calada al cigarro, dándole un toquecito para que la ceniza cayera.-Qué extraño. Un cumplido.
-No exactamente. Dijo que los tres éramos obsesivos-compulsivos.
-Ya me extrañaba.
El silencio se apoderó de ambos, roto únicamente por los coches que cruzaban al límite de lo legítimo la calle. El mayor tiró la colilla al suelo y la pisoteó, metiéndose una mano en el bolsillo y echando a andar. El traqueteo de la maleta parecía romper con la lejanía del sonido anterior, y el más bajo frunció los labios.
-¿Seguís enfadados tú y vader?
-Nunca hemos dejado de estarlo desde entonces.
-¿Por aquel asunto?
-No quiero hablar de ello, Brian.
Otra vez, la conversación moría a los pocos instantes de haber empezado. Brian ajustó la mochila a su espalda con un leve suspiro, pero no hubo una sola palabra más hasta que llegaron al magnánimo piso. Un ático pulcro, impersonal y ordenado. El salón y la cocina ocupaban toda la primera planta junto a un baño.
-No podía esperar otra cosa de ti, broer-sonrió, y miró a su alrededor.- ¿Y cuál es mi habitación?
-Ahora te la enseñaré. Es donde voy a dejar tu maleta-ascendió por las escaleras a la segunda planta, que solo tenía dos habitaciones, la oficina de Vincent, otro baño más grande y una especie de pequeña biblioteca.-Esta es.
Su habitación era la típica de invitados. Limpia pero a la vez descuidada. Dejó su maleta encima de la cama y se sentó en un hueco libre.
-Me gusta-murmuró, sabiendo que Vincent no iba a preguntarle.-Para pasar unos días está bien.
-Tampoco es como si fueras a vivir conmigo. No necesita nada acogedor.
-Entiendo-suspiró, y comenzó a abrir la maleta.
-Si necesitas ayuda para algo, dímelo-dijo antes de irse, y cerrar la puerta de su oficina. Al menor ni le dio tiempo a responder que no necesitaba ayuda, y sabía que no molestarle era lo mejor. Si alguien le interrumpía mientras estaba muy concentrado, podía ser fatal.
Comenzó a deshacer. La ropa la dejó pulcramente doblada en un armario, sobrándole gran parte del espacio. Esta parte la ocupó con libros escolares, mientras que los de lectura los dejó simplemente en la mesa de madera del cuarto.
Suspiró, y miró por la amplia ventana, con el viento despeinándole un poco. Sus labios se curvaron hacia arriba al recordar un comentario que había hecho Emma, un día que lo vio recién levantado.
"Con el pelo así, eres idéntico a Vinni de joven".
En ese momento se había sentido piropeado, a pesar de la mirada molesta que su padre les lanzó. Ahora cuando alguien le hacía esos comentarios no sabía cómo sentirse. Cierto era que admiraba a su hermano mayor, pero…
Ya no quería ser solo un pálido reflejo de su hermano.
-Habrá que comprar cosas para la cena, ¿no?-ambos comían, hablando de temas banales como el tiempo, cuando el menor mencionó esa frase.-Quiero decir…Algo especial. No solo patatas con carne.
-Tal vez…-murmuró el otro, echando una ojeada al periódico que había comprado esa mañana.-Pero algo no demasiado caro.
-Broer, es Navidad. Un capricho al año no hace daño…
-Así empezaron algunos y han terminado en la miseria-los dos soltaron un suspiro.-No voy a cambiar mis hábitos, Brian, por una simple noche.
-Solo que no es una simple noche. Es Navidad-repitió, con una paciente sonrisa. Por el refunfuño que soltó su hermano mayor, supo que había triunfado.- ¿Y bien?
-Ah, está bien. Pero tampoco gastaremos mucho.
Brian se contuvo para no ampliar su sonrisa a una más victoriosa, y siguió comiendo. La televisión le daba imágenes hermosas de pueblecillos cubiertos de nieve. Esta llegaba hasta los diez centímetros, y en primera plana salían dos niños tirándose bolas de nieve.
Miró por la cristalera del salón, encontrándose con un cielo nublado y los altos edificios de colores apagados.
-Tengo entendido que en España nieva. ¿Madrid es una excepción?-cortó una patata mientras hablaba.-Porque me ha decepcionado un poco.
-Toda España es una gran decepción, Brian. Al menos, Países Bajos no te lo venden como un paraíso de calor y topless.
El joven alzó una ceja. Hubiera pensado que su hermano solo había ido a España por las mujeres en topless, si no fuera porque sabía lo suficiente de él. No era de los que miraban esas cosas, precisamente.
-Noto desprecio en tu voz, Vin.
-Otro igual…He dicho que no me llames Vin. Me llamo Vincent, joder. Y si notas desprecio, será porque lo siento. Este país me saca de mis casillas.
El menor quiso decir "yo no lo veo tan malo", pero mentiría.
-Tal vez en verano sea mejor.
-No. No lo es-bufó el otro.-Es un horno. Vas caminando por la calle y puedes sentir goterones de sudor caerte por la frente.
Esta vez Brian sí que no pudo evitar una carcajada, al imaginarse a su hermano; siempre con aquel gruesísimo abrigo y su bufanda, morir de calor en esa selva de asfalto.
-¿De qué coño te ríes? No le veo la gracia-gruñó el otro, mientras seguía comiendo con la cabeza gacha.
-Nada, nada, mi imaginación me da malas pasadas…Ay-suspiró, con una sonrisa e intentando calmarse para el Vincent no le asesinara con la mirada. Entonces se dio cuenta de algo.-Oye, Vincent.
-¿Qué pasa ahora?-le miró, con el ceño fuertemente fruncido.
-Antes has dicho… "Otro igual". ¿Te referías a Emma?
Se quedó de piedra al ver a su hermano dudar unos instantes, y casi soltar el tenedor.
-…Sí, me refería a Emma.
Vincent se ajustó la bufanda, sin mirar a su hermano menor y con la mirada ausente. Las bolsas de la compra eran bastante pesadas, para su disgusto. Habían gastado demasiado dinero por culpa de Brian, y eso no entraba en sus planes.
-El vino no hacía falta, y solo beberé yo.
-Oh, vamos, tampoco fue tan caro. Y puedes beber el resto luego.
-Cuesta creer que Emma diga que ahorras.
-Pero lo tuyo es muy exagerado, broer.
-Lo que sea, pero hemos gastado en cosas inútiles.
Brian suspiró, rendido, y siguió avanzando. A su alrededor, no cesaban de encontrarse a jóvenes de edad próxima a la del menor de los hermanos, que organizaban un botellón o ya estaban inmersos en él.
-En fin de año estarán igual-masculló Vincent con desprecio. Todos aquellos niñatos malgastaban su dinero en bebidas que les joderían el hígado, les dejarían para el arrastre y causarían la desesperación de sus progenitores.-Me asquea.
Brian volvió a suspirar, sin hacer ningún comentario. A él tampoco le agradaba aquella faceta de su generación, pero, ¿qué podía hacer? Si preferían estar borrachos en la calle, que lo hicieran.
El neerlandés esperaba que Brian dijera algún ingenioso sarcasmo, pero no recibió nada. Frunció los labios, sin saber bien cómo tomárselo. A veces odiaba que tuviera la misma capacidad de inexpresividad que él.
Pasaban al lado de otro grupo de chicos, cuando una voz empezó a llamar al mayor, quien se giró justo cuando el dueño de la voz le agarraba del brazo, bajo la mirada estupefacta de Brian. Lo primero que se le vino la cabeza fue una palabra.
...¿Antonio?
YYYYY AQUÍ SE QUEDA.
Y ahora huyo a hacer cosas supuestamente más productivas que esto. :'D
Chau chau!
