Disclaimer: Hetalia no me pertenece, solo la historia.
Vincent abrió lentamente los ojos, sintiendo algo blandito y suave entre sus brazos. El conejito de peluche le miraba, con sus artificiales ojos negros, causándole un suspiro.
No había podido evitar caer en la tentación de dormir con el maldito peluche. L e daba una sensación extraña, como si le presionara con suavidad el pecho obligándole a suspirar. Ese tipo de sentimiento que, en cualquier persona que no fuera Vincent, también causaba sonrisas tontas y algún sonrojo.
Pero no, Vincent no era así. Ya no era como Antonio, un adolescente en plena efervescencia. Ahora, era un adulto, con la vida simple y arreglada que siempre había deseado y le habían inculcado. Un adulto serio y responsable de sí mismo…
Suspiró, hastiado, mientras miraba su propio reflejo mientras se lavaba los dientes. Un hombre que rondaba la treintena, solo, con el rostro contraído casi todo el día en un leve ceño fruncido o, en su defecto, la más absoluta indiferencia hacia el mundo más allá de su vida.
Era como si lentamente, toda esa barrera que había conseguido crear contra el mundo y había mantenido durante años se cayera, ladrillo por ladrillo, y sin darse cuenta apenas, hubiera formado un importante agujero en este. Y el causante de semejante cambio no podía ser otro que…
Sacudió la cabeza, terminando de vestirse, y preparó todo para irse a trabajar, cogiendo un objeto en el último momento. El conejito de peluche quedó relegado a un rincón de su cama, y Vincent casi pudo sentir sus ojos negros de plástico siguiéndole hasta el instante en que cerraba la puerta de casa.
Antonio, con ánimos recién renovados, subió de un salto al autobús esa mañana. Se veía con un poco más de fuerzas para enfrentar a la realidad, si bien los pensamientos negativos no habían salido aún de su mente, tenía la impresión de que al menos ese día iría bien.
Y su impresión no fue equivocada.
-¿Un tulipán?-preguntó, con una azorada sonrisa, mientras observaba la flor.-Es genial, Vin… Muchas gracias.
-Que no me llames Vin. Y simplemente pasaba por una floristería y lo recordé-suspiró el otro.-…Pero no pude dártelo ayer.
-Lo sé. Estaba en una fiesta que prepararon para mí, ¿no es genial?-rió, mientras Vincent le observaba.-Solo estábamos tres, pero…Me hizo muy feliz esa sorpresa. Ojalá tú hubieras tenido una así por tu cumpleaños, Vin.
Ni se molestó en repetirle lo del maldito mote.
-No necesito esas fiestas de cumpleaños, tengo…una edad-murmuró, sintiéndose repentinamente viejo.-Y tampoco tengo demasiado tiempo.
-Bueno, un capricho al año no hace daño, como se dice aquí. ¿Hace cuánto que no vas a una fiesta?
Vincent miró hacia arriba, contabilizando. Había cosas que no sabía si considerar como "fiestas".
-Hace más de cinco años.
-¡Oh, vamos! No hablarás en serio.
-Hablo muy en serio, te estoy diciendo que no necesito fiestas estúpidas. Estoy muy bien solo.
-Nadie está bien solo.
El holandés no respondió en esa ocasión, sorprendido por el tono de Antonio. Había sido contundente y severa, como un padre que habla a su hijo de la muerte. Como si de repente hubieran intercambiado papeles. Incluso su expresión había cambiado a una de seriedad, como pocas veces había visto.
-…Yo sí-terminó por responderle.-Estoy mucho mejor solo que…rodeado de la gente de lo que lo estaba.
-Entiendo-pero Antonio no lo entendía, no del todo. En realidad no entendía al mismo Vincent, su actitud de pasotismo hacia cualquiera intrusión del exterior, el aura que parecía rodearle como un muro de inexorabilidad.
¿Por qué no podía indagar en él, en esos fríos ojos verdes? ¿Por qué sentía esa ya conocida sensación de ser una mosca dándose cabezazos contra una ventana de cristal?
A la hora de bajar del bus para dirigirse al instituto, sus dedos acariciaron los suaves pétalos del tulipán, y su mirada siguió al autobús hasta que este desapareció en la lejanía. Aún durante el resto del día le persiguió aquella sensación, de que debía conocer a Vincent. Ansiada bucear en sus ojos, heladores y atemorizantes, pero a la vez con ese algo que tenían algunas personas para atraerle como un imán.
Ese algo que nadie sabía expresar, solo con palabras aproximadas como "masoquismo" o "gusto por el riesgo".
El tulipán, para su alegría, aguantó bastante bien la escasez de agua, llegando hasta su casa con la flor medio fresca, poniéndola inmediatamente en agua. Sonrió inconscientemente, de una manera que hacía tiempo que no lo hacía. Las yemas de sus dedos recreaban sin que se diera cuenta, con el tacto de aquellos pétalos, el rostro de quien se lo había regalado.
Era tan extraño, y al tiempo tan…dolorosamente familiar. Sensaciones parecidas, pero no iguales. ¿Acaso quería tener esas sensaciones de nuevo, teniendo en cuenta cómo había terminado la última vez?
Sin embargo, la sola idea de intentar distanciarse de Vincent ahora se le antojaba inaguantable. Suspiró, resignado, y sus ojos volvieron al radiante tulipán, que destacaba con fuerza en la habitación.
Más o menos, de la manera que Vincent destacaba para él.
Tanto Francis como Gilbert, al igual que toda la familia de Antonio, habían percibido que este estaba cambiando. Aquella penumbra que parecía haberle rodeado los últimos meses se disipaba un poco, sus gestos tenían más energía, y sus sonrisas ya no parecían hechas a base de forzarlas una y otra vez frente al espejo. A pesar de estar a mucho de volver a ser el chico que brillaba con luz propia en el pasado, todos no podían evitar alegrarse por aquel mínimo cambio que iba experimentando desde el comienzo del nuevo año.
Y, por qué no, empezaban a preguntarse la razón de aquella recuperación que parecía tan repentina. Y cada persona tenía una teoría distinta respecto a ello.
Los padres de Antonio preferían pensar que simplemente, por fin las sesiones con el psiquiatra y los ánimos que ellos mismos le daban estaban haciendo efecto. Su hermano pensaba que, además de lo anteriormente mencionado por sus progenitores, se añadía que el cambio de año le había sentado bien para "dejar atrás" todo lo malo que había ocurrido. Gilbert simplemente decía que era cosa de su asombrosa compañía.
Sin embargo, la teoría de Francis era muchísimo más curiosa que todas ellas. Y era que tal vez, y solo tal vez, Antonio hubiera encontrado una nueva persona especial sin conocimiento de todos ellos.
-¿Cómo va a estar Antonio enamorado de otro, Francis? Eso es casi retorcido-mascullaba el prusiano, viéndose ligeramente molesto con aquella suposición.
-¿Retorcido por qué, mon ami? ¡El amor es la mejor cura para todos los males!
-¡¿Pero cómo va a estar enamorado?!
-Tú has dicho que ha sido por tu mera compañía lo que le ha animado, no sé cuál de ambas ideas es un mayor disparate-dijo con tono animado, mientras ambos caminaban juntos hacia el bar donde iban a encontrarse con el susodicho.
-¡Kesesese, porque mi compañía es asombrosa! ¡Nada que ver con un tonto enamoramiento!-insistía el alemán, haciendo aspavientos que atraían la atención de todos los viandantes. Francis suspiró, y entonces vio al español esperando junto al bar, con aspecto alegre.
-Francis, Gilbert-les recibió con una sonrisa. Por un momento, el francés sintió morriña de aquellas enormes sonrisas que podrían eclipsar a un sol, de que gritara "Fran y Gil" nada más verles. Pero aquello seguía siendo mejor que nada.
-¡Sentimos llegar tarde, mon ami!
-No pasa nada, yo también he llegado más tarde de la hora que era-volvió a sonreír, pareciendo contento.- ¿Entramos?
El resto de la tarde, Francis la dedicó a analizar a su amigo. Debía encontrar algún tipo de indicio que indicara que estaba enamorado. ¡Vamos, ya tenía práctica con algunas chicas para eso!
Sin embargo, no veía nada. Solo a un Antonio más cerca del que había sido su amigo de la infancia, pero nada más. Suspiró varias veces, intentando detectar una mirada soñadora, alguna risita nerviosa, un sonrojo al mencionar algo, cualquier cosa. Nunca admitiría que tal vez su habilidosa intuición había sido desacertada.
Y entonces ocurrió.
Una acaramelada pareja pasó al lado de su mesa, con un pequeño ramo de flores en las manos de ella. Gilbert se apresuró a comentar con desagrado que daban asco, y Francis como un autómata dijo que el amor era hermoso. Sin embargo, al mirar al español entornó un poco los ojos.
En la expresión de él había… ¿algo? ¿Algo dulce, ternura quizás? Solo había durado lo que habían tardado en aparecer y desaparecer la pareja, pero había sido un gesto espontáneo, tan real como los suspiro de cansancio y tristeza que el mismo joven habría emitido meses antes en la misma situación.
-Esto, Antonie…
-Te tengo dicho que no me llames Antonie, Francis. O pienso empezar a llamarte Paco.
El francés hizo una mueca de asco al escuchar aquel mote.
-¡Por dios, no! Es un nombre demasiado basto para alguien como yo. Pero…
-¡Y luego dices que yo soy egocéntrico!-le interrumpió el albino, dándole una fuerte palmada en la espalda.
-Es que eres egocéntrico, Gil-suspiró el moreno.
Y en ese momento, Francis se dio cuenta de algo: No podía hablar de esos temas delante de Gilbert. Tendría que buscar un momento a solas con el español para preguntarle, pero, ¿cuándo podría? No veía ninguna posibilidad…
-Eh, Francis…¡Francis!
La voz del español le despertó de su ensimismamiento, y el francés parpadeó un poco antes de asentir con la cabeza.
-Dime, Antonie.
-Te he dicho que no…-se quedó callado, con los ojos muy abiertos.
-…Esto… ¿Estás bien, Antonio?-murmuró el tercero, frunciendo el ceño.
De repente, el español soltó una risa por lo bajo, que se terminó convirtiendo en una carcajada limpia, para sorpresa de sus compañeros y de todo aquel que estuviera cerca de su mesa.
Francis y Gilbert no supieron si alegrarse también o preocuparse por que su amigo se hubiera vuelto rematadamente loco.
-¡Así que así es como se siente! ¡Vaya!-exclamó, limpiándose una lagrimilla del ojo.
-… ¿Estás bien?-preguntaron sus amigos al unísono, tras recuperarse de la sorpresa, y mirándose de reojo el uno al otro.
-Eh, sí. Perdonad, solo…Pensaba en una cosa sin importancia.
"Así que una cosa sin importancia te hace reír, ¿eh?" pensó el francés, suspicaz.
-Y bueno, lo que estaba diciendo, antes de que te pusieras a mirar musarañas…Es que necesito vuestra ayuda para algo.
Francis alzó una ceja, extrañado, mientras Gilbert reía animadamente.
-¡Que Antonio se quiere volver espía, Fran!-se carcajeó, con un falso tono de padre orgulloso.
-¿Cómo es eso?-alzó una ceja, confuso, hasta que un levemente avergonzado Antonio habló.
-Pues verás, uhm…Es que…Necesito ayuda para…-se rascó la nuca nerviosamente.-…Espiar a alguien.
Podría decirse que Francis se había quedado a cuadros. Un momento…Quería ESPIAR a alguien. Quería CONOCER más a fondo a alguien. Quería saber cosas ÍNTIMAS de alguien.
De pronto, las piezas de un puzle imaginado por él mismo comenzaron a encajar. Miró de forma triunfal a su amigo albino, aunque este no pareció percatarse de ello.
Solo le faltaba saber la identidad de la persona que había logrado enamorar a su Antonie.
-¿Y quién es esa persona a la que quieres espiar, petit, alguna jovencita hermosa?-arqueó una ceja, bromista, aunque muy en el fondo hablaba totalmente en serio.
-¡No, no! Es por una apuesta que hice con esa persona. Si…Descubría cierta cosa de él, pues…Me dejaría hacer…Otra cosa-balbuceó, sin saber cómo explicarse.
Los dos no pudieron evitar malpensar casi automáticamente. Que el español censurara las "cosas" que tenía que descubrir y las que quería hacer…Tenía que ser porque había algo pervertido en ello.
Antonio no pareció enterarse de lo que sus amigos pensaban hasta que vio sus medias sonrisas y escuchó el "honhonhon" de Francis, momento en que se sonrojó un poco.
-¡No es lo que pensáis! No tiene nada de raro.
-¡Entonces dinos qué es la cosa que tienes que hacer, kesesese!
-Bueno…Aposté a que podría saber dónde trabaja dicha persona. ¡Pero no sé cómo averiguarlo, y necesito averiguarlo!
Los dos amigos volvieron a mirarse, el alemán con una media sonrisa, y el francés con su mejor cara de sorpresa.
-…Entonces… ¿Nos estás pidiendo que te ayudemos a espiar a una chica?
-¡No es una chica!-bufó, viéndose algo avergonzado. Aquello solo aumentó las sospechas de Francis.-Es…Es un hombre.
"Bueno, de todos modos ya está demostrado que eres bisexual" se dijo Francis, con algo de crueldad, para sostener su teoría.
-Bueno, ¿y quién es esa persona que el asombroso yo debería ayudarte a espiar?
-Uhm…A ver cómo os lo explico…-se rascó la nuca, apretando los labios.- ¿Sabéis el hombre rubio, con el flequillo hacia arriba que hay en mi autobús al volver a casa? Seguro que le habéis visto unas cuantas veces.
De nuevo se hizo el silencio. Un instante después, Gilbert comenzó a reírse a carcajada limpia, para sorpresa de Antonio.
-¡No me jodas que quieres espiar al cabeza de tulipán!
-No le llames así-aquella débil protesta del español encendió las alarmas del gabacho del todo.-Es un buen tipo.
-¡Si tiene cara de mafioso!
-¿Vais a ayudarme o no?-suspiró, pareciendo algo cansado. Francis golpeó a Gilbert en la espalda, queriendo que se callara.
-Claro que te ayudaremos, mon ami, si nos das alguna idea, o algo…
-La cosa es esa, que no tengo ninguna idea para saberlo. Por eso os he pedido ayuda-bajó un poco la cabeza, pareciendo un animalillo herido.
¡Maldición, cuando ponía esa cara nadie podía resistirse! Ni siquiera Gilbert pudo evitar sentirse compungido. Y juraría que hasta los de la mesa de al lado los estaban mirando.
-…B-Bueno, supongo que puedo sacar un rato de mi asombrosa agenda para ayudar a un amigo, kesesese.~
-¿De verdad?-esbozó una sonrisa ilusionada, y sus ojos verdes brillaron casi como esmeraldas recién pulidas.- ¡Gracias! ¡Sois los mejores!
-Lo sabemos, cheri-murmuró Francis, mientras su mente iba a toda velocidad. Así que, tenía que descubrir dónde trabajaba aquel tipo con cara de peligroso…Sería complicado. Pero había un detalle que el español no les había mencionado aún, y que Gilbert se apresuró a intentar aclarar.
-Pero, oye, Antonio… ¿Cuál será tu recompensa si consigues eso?
De repente el español entornó los ojos, y empezó a rascarse nerviosamente una mejilla, mirando hacia otro lado.
-Bueno…Es que, uhm…Suena más raro de lo que es en realidad, lo juro…-se encogió un poco, al ver las miradas inquisitivas de sus compañeros.-Y, bueno, sería…
Dudó un poco, balbuceando algo antes de, finalmente, soltar un muy leve susurro.
-…Poder pasar una tarde con él en su casa.
Entonces fue cuando Francis sintió su cabeza explotar en un instante. Durante ese momento de confusión, se imaginó todo tipo de cosas, ninguna de ellas demasiado inocente. ¿Su Antonie? ¿Solo? ¿Con aquel armario empotrado que bien podría atarle a la cama y violarle de forma salvaje hasta romper su precioso culo?
-Non! ¡No pienso permitir eso!-exclamó, con tono de padre sobreprotector.
-¡Yo tampoco!-exclamó Gilbert, para sorpresa de los otros dos-
-¿P-Por qué?-murmuró el español, asustado y confuso por la reacción de ambos.
-Antonio, sé que no eres tan asombroso como yo y no te das cuenta, pero yo no creería que ese hombre tiene muy…buenas intenciones.
-Exacto, Antonie. Es peligroso estar solo en casa de alguien desconocido, ¿y si es un psicópata?
Antonio les miró fijamente durante unos instantes, hasta murmurar la frase que, sin saberlo, haría entrar en pánico a sus amigos.
-…Pero si ya he estado en su casa antes, no tiene nada fuera de lo normal. Y no es ningún psicópata, es mi amigo y muy amable, cuando quiere.
Francis juraría que pudo sentir su alma ir al cielo inexorablemente. Ni siquiera escuchó la segunda frase de su amigo, cogiéndolo de los hombros y comenzando a palparle los brazos y la cara.
-¡¿Y no te hizo nada?! ¡¿No te hirió?! ¡Di la verdad, Antonie!
-¡Claro que no me hizo nada, estoy diciendo la verdad!-le apartó con toda la delicadeza que pudo, bufando.-Es una persona normal y corriente, vaya. Y realmente quiero que me deje pasar una tarde en su casa-antes de que Gilbert pudiera replicarle, siguió hablando.-Es una persona tímida, algo excéntrica, pero no mala. Es como nosotros tres, y si os vais a dejar llevar por el aspecto que pueda tener antes de confiar en mí, entonces me buscaré la vida solo. Pero pienso ganar esa apuesta.
La decisión reflejada en la voz del español no admitía réplica alguna. Gilbert gruñó, y Francis suspiró, rendido.
-…Agh, maldita sea…Está bien, Antonie. Te ayudaremos.
-…Gracias, Paco-Antonio sonrió, triunfante.
Notas: Jojojojojojo.
Tras mucho tiempo, hE REGRESADO. Siendo haber estado todo el verano sin subir, pero justo al borde de comenzar el instituto y una hora antes de comenzar a prepararme a salir, surgió la inspiración tras meses de ausencia. 8D ~ -Llora por las esquinas-
Bueno, este capítulo es sobre todo desde el punto de vista de Francis. Espero haberle hecho bien, porque tenía mis dudas, la verdad, pero creía necesario un pequeño cambio en el punto de vista. En fin, el próximo capítulo sí que habrá más NedSpa, o eso espero yo. ¿Logrará el BTT que Antonio gane su apuesta? Lo veremos pronto. 8D
