Disclaimer: Hetalia no me pertenece.
Apunte: Lo sucedido con Mathias es unos días antes de la historia principal. Olvidé apuntarlo en capítulos anteriores.
Todo lo que Antonio había llegado a saber de la ruptura de Alice y Francis era que esta le había pillado siendo infiel, y que junto a todas sus peleas había sido la causa del fin de aquella turbulenta relación. Ahora, sentados en el rincón de una cafetería, miraba a sus amigos, con los ojos muy abiertos, intentando procesar lo que habían contado. Se acarició la barbilla, pensando en qué debía decir. La verdad es que la situación debía de haber sido bastante tensa.
-…Es…Bastante desafortunado que te encontraras precisamente con ella en una ciudad grande como Madrid-fue todo lo que pudo murmurar.
-Ya lo sé-murmuró Francis, echándose el flequillo hacia atrás, con una sonrisa no demasiado alegre.-…Resulta que…Su hermano mayor trabaja en la editorial que hay cerca de allí, y le había ido a llevar algo…Y por eso estaba ahí. Qué coincidencia, ¿verdad?-suspiró, mientras una parte del español reflexionaba.
-No hablasteis de…cuando rompisteis, ¿no?
-En verdad no, aunque…-soltó un leve bufido.-Me hubiera gustado…Hablar con ella.
-Después de lo que pasó dudo que quisiera hablar contigo, Francis. Y no se le veía tampoco demasiado por la labor-dijo Gilbert, con un gesto inusualmente serio, como si le reprochara.-Aunque…Ella nunca tiene cara de estar por la labor de hacer nada, excepto darte una patada en la entrepierna.
-No me lo recuerdes, ¿vale? Y no es así-gruñó el rubio, rascándose la nuca.-Sentimos no…Haber podido seguir al pelo pincho hasta el final.
-¡Faltaría más, Francis!-se apresuró a responder, negando con la cabeza. Se imaginó a sí mismo en aquella situación…Y automáticamente tragó saliva, negándose a pensar en ello. Debía pensar en su amigo, no en otra cosa.
Sin embargo, su mente no paraba de pensar en que tal vez esa editorial fue la misma en la que trabajaba Vincent. Si resultaba serlo, tenía por fin la apuesta ganada, y con ella un pase a la casa del holandés. Y aquello, secretamente, le emocionaba bastante…Lo suficiente para que su corazón se acelerara de emoción como no lo había hecho en meses.
Ya habiéndose ido cada uno por su lado, el español mandó un simple mensaje a Gilbert, preguntándole por el número de Alice. Que él supiera, su amigo aún lo conservaba, y aunque aquella jovencita nunca le había caído demasiado bien, prefería asegurarse.
Prefería no tomar riesgos en lo que a Vincent respectaba.
Mathias había pasado dentro de la casa, mirando a la señora van Dijk con fijeza, sin decir nada ante su afirmación. Parecía tenso, temiendo que le expulsara de allí, pero la mujer tan solo suspiró profundamente. No parecía muy feliz de verle, pero tampoco enojada. Más bien…
Melancólica, pensó Brian.
-Vamos, pasa. No te quedes fuera.
Finalmente, el invitado se atrevió a dar más de dos pasos dentro de la casa, observándole atentamente. Brian no paraba de analizarle, pensando qué haría aquel hombre allí a esas alturas. Ya tenía casi seguro que era el amigo de la infancia de su hermano.
Una parte de él se resistía a creer que estaba mirando a un pedazo del pasado de su hermano mayor al cual desconocía.
-Siéntate si quieres-le invitó, con un suspiro cansado, y el otro solo asintió, con una sonrisa tensa.
-Gracias, me viene bastante bien descansar. Aunque Copenhague y Ámsterdam no estén muy lejos es cansado…Y no pensé que me fuerais a dejar entrar.
Brian los miraba a ambos, como si fuera un partido de tenis increíblemente interesante. Sin embargo, quería intervenir de alguna manera, no ser un mero espectador.
-Uhm…M-Mamá-le llamó, balbuceando un poco.-Deberías ir a descansar. Recuerda que estás enferma.
Mathias enarcó una ceja, mirando a ambos.
-Siempre fuiste un inoportuno, Mathias-respondió con simpleza tras unos segundos, soltando un bufido.-En ese caso, Brian, pregúntale tú qué quiere. Y terminad antes de que tu padre vuelva.
Los ojos verdosos de Brian brillaban como chiribitas al ver que su madre de marchaba. Sin embargo, le había impresionado la frialdad con la que le trataba, como si estuviera haciendo un esfuerzo increíble por soportar su presencia.
Definitivamente, aquel tipo era alguien importante. E irónicamente, no sabía casi nada de él. ¿Cómo diantres iba a empezar una conversación?
-¡Vaya, vaya!-escuchó de repente, poniéndose tenso. Mathias se había estirado en el sofá con total naturalidad y confianza, como si aquella fuera su segunda casa.-Tú eres Brian, entonces. Eres idéntico a Vincent de joven.
-… ¿Usted cree?-esbozó una sonrisa nerviosa, encontrando aquella situación un tanto surrealista por enésima vez, y al mismo tiempo molesta. No encontraba persona que no le comparara con su hermano mayor.
-Y tanto. Pero chico, no me llames de usted. Soy un señor pero no tan mayor-soltó una risa aguda, algo molesta y chirriante.-De la misma edad que tu hermano, de hecho, y dudo que a él le trates de usted. Aunque si sigue tan serio como siempre o se ha vuelto como su padre, igual incluso te lo impone, le veía capaz de…
-Esto…señor Mathias-murmuró, intentando cortar lo que parecía el comienzo de una verborrea.
-¿Eh? Ah, dime, chico.
-Primero… ¿Puede dejar de llamarme chico y decirme Brian? Se me hace extraño…
Mathias pareció perplejo y algo pensativo, y finalmente esbozó una enorme sonrisa como las anteriores.
-¡Claro, chi…Brian! Pero con la condición de que dejes de llamarme de usted.
-Bien-suspiró este.- ¿Dices que has venido buscando a mi hermano?
Por un momento, el danés pareció dudar. Tal vez Brian había sido demasiado directo, pero no quería andarse con rodeos, aún más después de ver la tendencia que tenía ese señor a irse por las ramas.
-Vaya, esperaba que me dieras un café con galletas de chocolate, o algo. Bueno, no importa-soltó otra vez aquella molesta risa, y comenzó a juguetear con sus manos, como si de repente se hubiera puesto nervioso.-Uhm…Respecto a lo que hago aquí… ¿Cómo puedo explicarte? Fue algo así como un arrebato de añoranza.
-¿Un arrebato de añoranza?-ni se dio cuenta de que empezaba a sentarse en el sillón frente a Mathias, frunciendo un poco el ceño.- ¿Puedo saber a qué se…te refieres con eso?
-Verás…-suspiró, y su euforia se rebajó un poco, hasta dar paso a un hondo suspiro.-Yo…Quería desde hace tiempo hablar de unas cosas con tu hermano.
-¿Qué cosas?-susurró, inclinándose hacia él con interés.
-…No te ofendas, Brian. Pero prefiero hablar de ello solo con él-rio de nuevo, aunque de forma algo forzada, llevándose una mano a la nuca.-Pensé que…Seguiría aquí. O en Ámsterdam al menos…
El menor de los van Dijk negó con la cabeza, algo decepcionado.
-No. Ahora mismo vive en España. Así que aquí no está-suspiró, e intentó volver a virar el tema en la dirección que a él le interesaba.-… ¿Qué quiere hablar con él? No necesito que me dé detalles, solo…
-Vaya por Dios. Con lo que le gustaba su país…-murmuró, acariciándose la barbilla.-Y ya te he dicho que es un tema privado.
-¡Pero necesito saberlo!-exclamó, tragando saliva y encogiéndose en el sofá, al saber que había alzado la voz. El otro le miraba con los ojos un tanto entornados.-…Lo siento, señor Mathias, es que…-bufó, echándose el pelo hacia atrás.-Yo…Soy el pequeño de los tres, ¿sabes? Y no me acuerdo de nada de cuando…Mi hermano y tú erais amigos. Mi familia tampoco quiere contármelo. Y es muy frustrante no saber ni siquiera el por qué tu hermano se ha vuelto un solitario huraño, cuando le recuerdas tierno y amable en la infancia. Ni tampoco saber por qué tu padre y tu hermano se odian y el resto de la familia no dice una palabra. Es… Muy frustrante…-suspiró, ya más calmado. Un denso silencio se formó en la sala por unos momentos, mientras los cuales Brian no se atrevió a mirar al danés.
Este finalmente también suspiró, habiendo desaparecido su gesto sonriente. El discurso parecía haber tocado alguna fibra sensible en su invitado, y Brian se preguntó inmediatamente si había estado bien decirle eso. Se había esperado una mirada de lástima, no aquello.
-…Así que dices que no te explicaron nada de lo que pasó, ¿eh? Tal y como lo describes… Parece que Vincent haya cambiado mucho…
-¿Cómo que parece…? ¿No sabes nada de lo que ocurrió?-Brian sintió que sus esperanzas caían a sus pies al escuchar aquello, y Mathias hizo un gesto cansado.
-Lo sé de oídas, más o menos…Aunque ya me lo había esperado. El decimoctavo cumpleaños de tu hermano fue una fecha algo…Complicada.
-Yo solo quiero que me cuentes eso. Solo eso, no me quiero entrometer en lo que quiera que le vayas a decir a mi hermano.
Mathias hizo una mueca, como pensándolo fríamente, y volvió a esbozar una sonrisa levemente forzada.
-Preferiría hablar de eso en un ambiente más relajado que este. Además, tu padre puede llegar en cualquier momento, ¿no es cierto?
El joven miró el reloj, dándose cuenta de que su invitado tenía razón. Si se ponía a contar alguna historia ahora, podría hacérseles demasiado tarde.
-Sí, pero… ¿Qué tiene que ver con mi padre?
-Bueno, digamos que no le caigo demasiado bien, y que el sentimiento es mutuo.
Brian volvió a bufar, cruzándose de brazos. Todo aquel secretismo cada vez le enojaba más.
-¿Entonces cómo demonios quieres hablar en otro ambiente?
-No te sulfures, pequeñín-rio al ver la expresión frustrada del otro. Realmente, era idéntico a Vincent en ciertos sentidos.-He dicho que no te sulfures. Te propongo un trato, Brian.
Entonces, el danés logró captar toda su atención de nuevo.
-¿Qué clase de trato?
-Mira, yo quiero ver a tu hermano en persona para decirle lo que tengo que decir. Pero obviamente, y por eso he venido aquí, no tengo su dirección actual, y como no tiene redes sociales, tampoco puedo localizarle por allí-el menor escuchaba con atención.-Por ello… ¿Qué te parece si digo una hora y un lugar para mañana, te cuento lo que yo sé, y a cambio me dices dónde vive? Parece un buen trato, ¿no?- le guiñó un ojo, con una vasta sonrisa.
Brian pensó que debería reflexionarlo. Sin embargo, no tenía apenas tiempo para ello. ¿Debía darle algo así como una dirección personal a alguien como era Mathias? ¿Era ética y políticamente correcto? ¿Y si lo que le quería decir a su hermano era algo que solo le iba a hacer daño?
Sin embargo, una parte de él prefería pensar en su recompensa. Aquello que había querido saber siempre, poder descubrirlo…Y por, al fin, entender a su hermano mayor y el profundo silencio de su familia respecto a aquello. Además, Mathias era un amigo de su infancia, tal vez incluso aquel reencuentro acabaría bien para todos.
-…Está bien-suspiró, rendido.-Traeré un papel.
Tras un breve silencio, en el que Mathias escribió unas palabras y números en el papel, se fue hacia la puerta, girándose un instante para mirarle, con el mismo exacto gesto alborozado con el que había entrado.
-Por cierto, no le digas nada de esto a Vincent, ni tampoco a tus padres. Prefiero que sea una sorpresa para Vin.
-…E-Entendido-musitó, con el papel en sus temblorosas manos.
-…Ha sido un placer conocerte, chico.
El foco de la lámpara estaba muy cerca del rostro de la inglesa. Esta, inclinada sobre el papel, se ajustó de nuevo las gafas, intentando centrarse en su temario de estudio. Para dentro de unos días debía saberlo todo de la primera letra hasta la última.
Debía, como siempre, sacar una nota excelente.
Sin embargo, una molestia presencia le distraía de forma continua, para su desesperación y frustración. Se llevó una mano a la sien, bufando, y pensando en cuán puñetero podía ser encontrarse con alguien como Francis aún un día después.
Un ex difícil.
-Damn-murmuró en su lengua natal, dándose un leve golpecito.-Olvídate de ese imbécil, Alice. Tienes mejores cosas que hacer.
Pero su mente no parecía querer darle tregua, pues a los cinco minutos esta se desviaba a los recuerdos. Aquellos que estaban llenos de tardes con el idiota francés, de sus estúpidas palabras en su estúpida lengua, de…
Negó con la cabeza, tragando saliva con fuerza. Si no había llorado antes, no lo iba a hacer ahora. Sería absurdo y patético para una dama como era ella.
Ese pensamiento logró consolarla un poco, y suspiró, decidiendo tomarse un breve descanso.
-Enana-le dijo su hermano en la cocina al verla.- ¿No se supone que tenías unos exámenes que estudiar? ¿Cómo es que has salido de tu madriguera?
-Voy a tomarme un descanso-abrió un armarito, sacando el té. Arrugó la nariz al oler el humo de tabaco.- ¿Tú no ibas a dejar de fumar?
El pelirrojo solo se encogió de hombros, dando otra calada al cigarro, soltando el humo en su cara.
-¡Oye!
-¿Qué?
-Que nos vas a joder los pulmones a todos con esa cosa.
-Habla bien. Tanto decir que eres una señorita para tener la boca tan sucia.
-No tengo por qué comportarme como una señorita con un imbécil como tú-bufó, comenzando a prepararse el té. No volvieron a cruzar palabra en la media hora que Alice estuvo allí, mirando ambos la televisión.
Nada más meter la taza de té en el lavavajillas, empezó a sonar desde su habitación una canción de los Sex Pistols. ¿Pero quién demonios le llamaba a esas horas, sabiendo que supuestamente estaba estudiando?
-Tal vez alguna compañera-murmuró para sí. Sin embargo, se extrañó al coger el teléfono y ver que era un número que ni siquiera le sonaba. Quizá alguien se habría confundido, así que colgó.
Sin embargo, el hecho de que llamara de nuevo dos veces le hizo responder, apretando un poco los labios.
-¿Diga?
Una voz levemente familiar y nerviosa le habló desde el otro lado de la línea.
-¿Alice? ¿Alice Kirkland?
-Eh…-titubeó, sin saber qué responder.-… ¿Sí? ¿Quién es?
-…Prométeme que no me colgarás si te lo digo-aquello solo logró asustarla un poco. Aunque no parecía la voz de Francis, así que no sabía por qué debía colgarle.
-Eh…Bueno, está bien, supongo… ¿Quién eres?
-Soy…Soy Antonio. Antonio Fernández.
Alice de repente comprendió por qué le había dicho lo anterior. Uno de los amiguetes del imbécil de Francis llamándole…Si no fuera porque debía mantener su palabra de no colgar, ya lo habría hecho.
Aunque también le picaba levemente la curiosidad. ¿Qué querría el español de ella y cómo había conseguido su teléfono?
-¿Y se puede saber qué quieres? Estoy un tanto ocupada. Si Francis quiere decirme algo, me importa un comino.
-No-el otro suspiró.-…No te estoy llamando de parte de Fran. Es algo personal.
-¿Y qué demonios me pides tú como "personal"? Pensé que me detestabas.
-Simplemente no me caes en gracia-volvió a suspirar.-Pero…Uhm…He de admitir que necesito tu ayuda para una cosa.
-Depende de qué cosa sea.
Oyó un bufido fastidiado al otro lado, y se imaginó a Antonio poniendo alguna mueca tonta.
-Pues…Tiene que ver con tu hermano mayor.
-¿Con cuál de los tres?-preguntó, frunciendo el ceño. No se llevaba especialmente bien con ninguno.
-Con uno que trabaja en una editorial del centro de Madrid.
-¿Scott? ¿Y por qué quieres preguntarme algo sobre él?
-Es…Un asunto complicado. Pero tranquila, no me voy a meter en su vida, solo necesito…Que le preguntes dónde trabaja. Y si ha visto a un hombre rubio, con el flequillo peinado hacia arriba, de ojos verdes. Y con una bufanda blanca y azul a rayas. Y que fuma.
-Espera, espera. No te embales-gruñó, cogiendo sin apenas darse cuenta un papel y bolígrafo.- Repite.
-Rubio, con el flequillo hacia arriba. Pálido y de ojos verdes. Ah, y bastante alto. Fuma y tiene una bufanda blanca y azul a rayas siempre.
Era una descripción un tanto extraña, pero Alice la apuntó mientras el otro hablaba, junto a la anterior. Entonces, se dio cuenta de algo.
-… ¿Por qué debería ayudarte? Tampoco es que tú me hayas hecho muchos favores. Más bien al contrario.
-Alice. Te lo suplico, esto no te va a costar nada hacerlo- su voz comenzó a sonar realmente suplicante, haciendo tambalearse la terquedad de la inglesa.- Y necesito saberlo. Necesito asegurarme de que está ahí lo antes que pueda.
-U-Uhm…-apretó un poco los puños, y terminó suspirando.-Está bien. Pero me debes una.
Escuchó un sonido aliviado que le hizo enarcar una ceja. ¿Tan importante era esa información para Antonio?
-Claro, Alice. Cóbrame el favor cuando quieras-el moreno soltó una leve risa.
-Te llamo cuando lo sepa. Adiós-murmuró, antes de que el otro tuviera tiempo de quejarse de algo más.
Alternó la mirada entre lo apuntado y su móvil, pensando en lo que acababa de hacer. Era todo tan extraño…No se esperaba tener que volver a hablar con aquel tipejo. Aunque no había sido tan desagradable como solía ser con ella. En ese momento, su mirada se posó en sus apuntes.
Definitivamente, el mundo conspiraba para que, justo ese día, no pudiera estudiar absolutamente nada.
Antonio despertó aquel día con el sonido de un mensaje en su móvil. Gruñó, pero al ver de quién era, se levantó en la cama con tal rapidez que se mareó, necesitando parar un instante.
-…¡La madre que me parió…!-murmuró, sujetándose la cabeza. ¿Qué hora debía ser? ¿En serio la inglesa se despertaba a tales horas de la mañana para mandarle un mensaje, un fin de semana? ¿Y tras tres días?
Cuando se recuperó, volvió a coger el móvil, tragando saliva antes de desbloquearlo. Leyó y releyó varias veces, formando lentamente una enorme sonrisa en sus labios. En el mensaje, iba adjunta una foto de cierto holandés fumando.
"Mi hermano le ha sacado una foto. Si es este tipo, trabaja con él en…"
Inspiró hondo, tratando de contener un gritito de alegría, mientras respondía al mensaje.
"Gracias, Alice. Te debo una muy grande."
Miró de nuevo la hora, apretando los labios. Unos minutos antes de que su alarma de los fines de semana sonara. Soltó un leve bufido, Alice le había despertado antes de tiempo. Aunque eso le daba tiempo para prepararse especialmente…
Notó una leve turbación, al darse cuenta de que se estaba preocupando por su físico.
-Q…Qué tontería-susurró, y comenzó a vestirse con parsimonia, y una sonrisa tonta en la cara. Al fin podría estar en casa de Vincent, y de paso tener el orgullo de haberle ganado.
Ya listo, se tomó un frugal desayuno, corriendo a la parada del bus. Con la mente aún un poco soñolienta, esperó pacientemente a la llegada del transporte, procurando no adormecerse. Estaba demasiado impaciente por ver la cara que ponía Vincent cuando se percatara de que había ganado.
"Así que no podría adivinarlo nunca, ¿eh? ¡Pues toma, te dije que nunca desafiaras a un español!" eran el tipo de frases que Antonio ya tenía preparadas en su mente para aquel glorioso momento.
Finalmente, llegó, y el moreno se subió de un salto. Sin embargo, al pasar justo al lado del sitio de Vincent, dirigiéndose al suyo, se paró en seco.
Vincent estaba con alguien.
Alguien que estaba en su sitio.
El sitio que él ocupaba siempre.
Por alguna razón, sintió un pinchazo en el pecho, retrocediendo un paso. Un hombre, que parecía de la misma edad que el holandés, con el mismo peinado y los ojos azules, estaba frente a este, con una enorme sonrisa en sus labios. El porte de Vincent parecía relajado, levemente familiar, y hablaban en un idioma del que Antonio no entendía absolutamente nada. Ninguno de ambos parecía haber notado su presencia, a pesar de que los miraba fijamente.
Antonio no era estúpido. Ya había presupuesto que habría gente más especial en la vida de Vincent que un simple crío de su edad. Pensaba haberlo tenido claro desde el primer instante en que intercambiaron palabra, pero no esperaba que aquella claridad fuera tan frágil. No pensaba que el saberse insignificante para el holandés iba a dolerle de esa manera, como si le estuvieran retorciendo lentamente el pecho.
Había sido un iluso, otra vez.
Otra vez más.
Yyyyy fin.
En fin, necesitaba un poquito de drama para empezar.~ Y para el capítulo siguiente igual ya introduzco el pasado de nuestro chiquitín holandés, aunque a estas alturas ya os lo habréis imaginado un poquito.
Ciao.~
