Disclaimer: Hetalia no me pertenece. Saltos en el tiempo incluidos. (Eso no pertenece a Hima, solo digo que los hay). La historia de Vincent aún tardará un capítulo en aparecer, lol.
No me peguéis por la tardanza. Se os quiere. (?)
Lo primero que pensó fue en salir corriendo de allí, coger uno de los martillos de emergencia y tirarse por la ventana. Y realmente su faceta más radical ansiaba hacerlo. Por suerte, aquel primer impulso jamás se cumplía, y simplemente se decidió a caminar hacia otro sitio entre pensamientos cada vez más negros, arrastrando un poco los pies. Oía la voz de Vincent diciendo su nombre en la cabeza, por alguna razón. Sentía que aquel simple hecho le iba a dejar por los suelos más tiempo del que podía llegar a imaginar…
Entonces, sintió que alguien le agarraba del brazo con bastante fuerza, y entornó los ojos. También se percató de que la voz que había oído no era ninguna ilusión, sino que era el propio Vincent, en carne y hueso, el que se había percatado de su presencia. Miró sus fríos ojos verdes con su más genuina expresión de desconcierto. El holandés tenía el ceño fruncido y los labios apretados, en una mueca levemente más molesta de lo usual.
-¿Estás sordo?-le dijo, y el rubio que le acompañaba rio un poco, aunque no parecía que entendiera el idioma. Más bien, se estaría riendo de su cara de estúpido.-Te he llamado unas cinco veces y ni te has dignado a girar la cabeza.
-Yo…-balbuceó, sin saber exactamente qué decir en esa situación. Se notó enrojecer de vergüenza, a la vez que también un ligero alivio llenaba su pecho.-…Lo siento…No…No me di cuenta…
Solo un instante después se percató de cuán estúpido había sonado aquello. Sin embargo, Vincent no se lo tomó tan mal como había pensado que lo haría.
-Supongo que ibas empanado. No me extrañaría nada en ti, pero es peligroso-le reprendió, suspirando, y entonces el otro hombre dijo algo, a lo que el holandés respondió con un gesto incómodo.
Antonio apretó los labios, mirándoles con nerviosismo. No podía entender qué decían, y sentía algo parecido a la indefensión, intentando no presuponer además que se burlaban de él y de sus ridículas reacciones. Bajó la cabeza, a la espera de que le dirigieran a él la palabra.
-Ah, Antonio. Él es Mathias-dijo, señalando al hombre rubio que no paraba de sonreír.-Tendrás que hablarle en inglés, es danés y no entiende español.
-A-Ah…-murmuró, mirando a Mathias con curiosidad y a la vez algo de temor.- ¿Es un compañero de trabajo o…?
-Un amigo de la infancia, más bien-mientras hablaba, el holandés volvió a sentarse, aunque miraba a Antonio de forma extraña, como si pudiera ver a través de él para indagar en su mente. Era una sensación un tanto escalofriante…Sobre todo con lo que estaba pasando por su mente en ese momento.
Antonio finalmente habló, en un inglés algo torpe, aunque pareció ser que Mathias le entendió. Sin embargo, la conversación duró apenas un par de frases, debido a que el español estaba cada instante más incómodo. La familiaridad de los gestos entre ambos, el cómo la mirada fría de Vincent parecía algo más amable, y todos aquellos pequeños detalles…Le causaban una sensación totalmente desagradable que no podía ubicar.
-Voy a bajar ya, Vincent-murmuró en cierto momento, descolocando al holandés.
-…Como quieras. Hasta luego.
De alguna forma, también le hirió que no le preguntase por su repentina marcha, pero no quería seguir molestando. Nada más salir, y pisar acera, se dio cuenta.
Lo que había sentido, había sido nada más y nada menos que unos profundos celos.
No había logrado quitárselo de la cabeza en todo el día, para su fastidio. En el trabajo, Honda había vuelto a llamarle la atención, y es que cada vez le veían más distraído. Y, demonios, no era para menos. No todos los días le ocurría lo que había sucedido en ese día en concreto, y menos en apenas unas horas.
Había visto a Mathias. Había aparecido en su casa, como un fantasma del pasado, con aquellas amplias sonrisas y altas carcajadas. Exactamente igual a la última vez que se habían visto, hacía ya tantos años.
Al principio, lo había atribuido a un sueño demasiado lúcido. Porque era imposible que Mathias hubiera recorrido media Europa para llegar justo hasta ese rincón. Pero lo era, era posible. Allí estaba, en carne y hueso, para refutar su teoría.
Después de la confusión inicial, Vincent no tenía idea alguna de cómo podía actuar. Su amigo de la infancia estaba allí, con todos los recuerdos que aquello conllevaba, con todas las sensaciones y miedos que le despertaba su presencia. Además de las ansias asesinas que le entraron al saber cómo había descubierto cómo había conseguido su dirección. Pero no podía negar que se sentía extrañamente feliz, ni que había echado de menos la presencia de alguien a quien llamar "amistad" con toda veracidad.
Tampoco había podido negarse a mostrarle su nuevo lugar de trabajo, ya que de todas maneras no pensaba faltar y arriesgarse a ser despedido. Una amistad, por vieja que fuera, para él no valía más que su salario y su propio sentido de la responsabilidad. Mientras ambos estaban solos en el autobús, se dedicó a recomendarle sitios para visitar en Madrid mientras él trabajaba.
Y entonces, había aparecido él.
Le enfadó que el español no le respondiera, sí. Pero cuando le hubo agarrado y visto su mirada, un escalofrío le recorrió, deteniendo sus pensamientos por un brevísimo instante. Aquel verde tan profundo, cristalino y brillante, que en ese momento le había paralizado, como en tantos otros…
Tragó saliva antes de hablar. Ya estaban siendo demasiadas emociones demasiado fuertes por un mes entero.
-Supongo que ibas empanado. No me extrañaría nada en ti, pero es peligroso-tuvo ganas de golpearse a sí mismo por decir algo así. ¿Desde cuándo sonaba como un padre preocupado por un niño?
-¿Es tu novio, Vincent?-sugirió Mathias, con un media sonrisa pícara.
-¿Qué te hace pensar eso?-murmuró, incómodo. Momentos después, ya estaba sentado de nuevo, y observó con interés la breve conversación que tenía lugar entre sus dos conocidos.
Lo que no se esperó, ni en sus sueños, era lo que ocurrió a continuación.
-Voy a bajar ya, Vincent-su voz era mucho más seca de lo normal, y el holandés le miró, confuso. Soltó un seco "hasta luego", o eso le pareció. ¿No querría acompañarle el resto del viaje?
¿Y él qué más le daba? ¡Como si había quedado con una mujer de vida alegre! No le importaba la vida del español en absoluto.
Y con aquello en mente, intentó apartar de su cabeza la inseguridad que le carcomía, y poder prestarle toda la atención posible a su ruidoso acompañante. Al llegar al trabajo, Mathias se había ido a explorar la ciudad, pareciendo hacer caso omiso a las advertencias de Vincent sobre perderse.
Y allí estaba, con la mente en cualquier sitio menos en su trabajo y sus números. Pensaba en Mathias, y de Mathias pasaba a Antonio y viceversa. Tras largos minutos pensando, decidió salir un poco antes a fumar, avisando a su compañero nipón antes. Al sentir el viento frío en la cara, suspiró y comenzó a pensar, encendiendo el cigarro que reposaba ya en sus labios.
Reflexionó durante los próximos minutos sobre la presencia del danés allí. ¿Habría ido solo por mero interés turístico, y de paso, para aprovechar su presencia en la capital española y no tener que pagarse un hotel? No encajaba del todo con la personalidad de Mathias, aunque era una posibilidad. Se vio a sí mismo dándose cuenta de un detalle: Hacía años que no le veía. Mathias podría haber cambiado en ese tiempo lo mismo o más que el propio Vincent había podido cambiar en unos meses, aunque no lo aparentase.
¿Tenía realmente sentido seguir pensando en ello? Pensó en Antonio. Ese chico daba la impresión, a veces, de ver la vida con una simpleza increíble, sin ahondar en los detalles. Al menos, eso era lo que parecía querer exteriorizar.
En cambio, Vincent siempre intentaba buscar y descubrir hasta el más mínimo detalle de todo, lo cual podía llegar a ser bastante frustrante. Ese chico y el mismo Mathias eran tan distintos de él mismo…Hasta se preguntaba cómo el segundo y él podrían haber llegado a congeniar.
¿También había "congeniado" con Antonio? Se preguntó. Dependía mucho de qué entendía por congeniar. ¿Llevarse bien? No se llevaban bien exactamente. Era una relación extraña, en la que el español intentaba arrastrarle a ese mundo caótico que se reflejaba en sus ojos. Esos malditos ojos, verdes como esmeraldas, que conseguían causarle una peculiar angustia…
Tiró el cigarro al suelo de súbito, dándose cuenta que hacía medio minuto que su tiempo para el cigarro se había acabado. Subió a toda prisa de nuevo a la oficina, respirando aliviado al ver que nadie se había percatado de su ausencia en aquellos condenados segundos.
"Lo único bueno que papá me ha enseñado" había pensado más de una vez en su vida. "Era que jamás debes de llegar tarde."
Esa noche, sin ningún tipo de timidez o apuro, Mathias se había colado en casa de Vincent para dormir. La teoría de que había aparecido allí para no tener que pagarse un hotel cobraba fuerza en la mente de Vincent, pero, ¿entonces el danés estaría pasando una mala racha económica? Era posible, aunque también podía simplemente seguir con la misma caradura y confianza de siempre. Lo veía más probable.
Suspiró, echándose en la cama con gesto cansado. Mathias dormía como un bebé en la habitación de invitados, habiendo caído redondo en el colchón. Obviamente, tras patearse medio Madrid, estaría cansado. Pero aún no había podido comprender la razón de su presencia allí.
Suspiró. Ahora todos los recuerdos volvían a su mente. Tan nítidos y reales que creía poder sentir el frío de la nieve, oír el ruido de las bicicletas, o ver los canales de la capital holandesa. Una muy leve sonrisa se formó en sus labios, recordando la bonita infancia que había tenido oportunidad de vivir. Y sin embargo…
Antes de que pudiera hundirse en pensamientos mucho más lúgubres, sacudió la cabeza y se sentó en la cama. No debía recordar esas cosas, eran simple agua pasada. Pero las sombras de la noche le impulsaban a ello, rodeándole como un banco de tiburones alrededor de una endeble tabla salvavidas. Harto de aquella sensación, encendió la luz y decidió salir a la terraza a fumarse un cigarro y pensar en cualquier otra cosa, dando gracias a que mañana no debía despertarse temprano.
Sin embargo, cierta persona le, literalmente, obligó a despertarse temprano.
-Viiiinceeeent…-rogaba el danés, zarandeándole con fuerza.
El holandés gruñó, evidentemente molesto. ¿Es que no podía hacerse el desayuno solo…? Era lo primero que había pensado, sí. Pero por una vez, Mathias había recordado incluso antes que él su manía de que nadie, nadie excepto él debía tocar su preciada cocina.
Le apartó de un suave empujón, bostezando.
-Mathias, hay otras maneras de despertar a la gente. Por ejemplo…-se masajeó las sienes, aunque no encontró nada en su mente.-Bah, ya se me ocurrirá algo…
-Estás muy espeso-observó el danés, con una sonrisa divertida.- ¡Vamos, vamos! ¡Hoy tengo una oportunidad de hacer turismo y además contigo!
-Sí, sí…-refunfuñó, bajando como un zombie para hacerle el desayuno e ignorando sus continuas exclamaciones de lo maravillosa que era la capital española. ¿Maravillosa?, se preguntaba para sus adentros. Aquel lugar le parecía una cárcel más que otra cosa. Una capital sin encanto para un país con menos encanto aún… Solo el trabajo y una curiosa pereza le mantenían allí.
Terminó el desayuno, sirviéndolo para ambos. La verdad es que hacía un domingo bastante agradable para salir, a pesar de las fechas en las que aún se encontraban. Notó que Mathias le miraba, como algo indeciso.
-¿Qué te pasa?
-¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?
-Me mirabas como si tuviera monos en la cara.
-¡Ah, eso!-rió de forma torpe.-…Nada, solo estaba…Pensando.
Algo en el tono del danés delataba que no quería que le siguiera preguntando, y con una mueca, Vincent se mantuvo callado. Aún así, la duda le seguía carcomiendo. Se resistía a pensar que Mathias solo estaba allí por el estúpido turismo. Pero, ¿qué más podía ser? No veía a su amigo capaz de viajar kilómetros solo para darse el gusto de revivir viejos demonios de la juventud de ambos. No, por mucho que hubiera podido cambiar, la naturaleza de Mathias nunca sería tan retorcida.
Poco después, ambos bajaban al portal. Mathias parecía sentir una gran ilusión por aquel momento, que Vincent por mucho que se esforzara no podía compartir. Su tirria por aquella ciudad era demasiado fuerte, aún estando con su antiguo amigo.
-¡Estaba todo delicioso!-exclamó Mathias, nada más llegar ambos a casa. Su compañero gruñó, sintiendo que acababan de arrancarle un riñón con la cuenta del restaurante. Podrían haber comido en su casa, tenía comida precocinada de sobra. Pero no, su amigo había decidido que aquella ocasión era demasiado especial, y habían tenido que comer en un restaurante donde seguramente los platos tenían oro. Porque no encontraba otra explicación a esos precios.
Suspiró, mientras veía al danés tirarse en el sofá cuan largo él era. ¿Tal vez ese era el momento propicio para preguntarle?
Se sentó en el hueco libre del sofá, cruzándose de brazos. Con Mathias era más fácil ser totalmente directo.
-…¿Qué haces aquí?-preguntó secamente, a lo que el otro reaccionó entornando los ojos.
Sabía a qué se refería, más o menos, y tras unos instantes de duda, decidió ser sincero.
-…Ni siquiera yo mismo lo sé. Es decir-se apresuró a aclarar, vista la cara de confusión del holandés.-Yo…Simplemente sé que quería verte. Tal vez por morriña, o por…Disculparme. Sigo sintiéndome en parte culpable de aquello que pasó, ¿sabes? Tal vez no…No debí entrometerme tanto en tu vida-se sentó, rascándose la nuca.-Tal vez lo mejor hubiera sido no hacer nada en aquel momento. Además, yo… ¡Me había pasado todo este tiempo pensando que me detestarías, demonios! Creo que eres una de las dos únicas personas cuya opinión me sigue importando, en realidad. Pero tampoco es como si… ¡No me malentiendas, aquello ya quedó atrás! Pero… Agh…-dudó antes de seguir, sin saber a dónde dirigir la mirada. Vincent le miraba, con una expresión que no sabía descifrar.-Es complicado de explicar, incluso para mí. Pero al menos tu hermano lo entendió bien.
El holandés se quedó en completo silencio, y a Mathias le recorrió un escalofrío. ¿Le habría malentendido? ¿Estaría enojado con él? Creía haber sido todo lo claro y sincero posible… Aunque claro, pasado todo ese tiempo, no podía predecir la reacción de su antiguo amigo…
Sin embargo, lo que sucedió sí que no lo esperó. Vincent puso las manos en sus hombros y lo atrajo hacia sí, en un firme abrazo. Mathias abrió mucho los ojos, correspondiendo con una temblorosa sonrisa.
-No me ha quedado muy claro qué demonios quieres, pero…Yo no te guardo ninguna clase de rencor-se separó un poco, no acostumbrado a ese tipo de contacto.-Lo que pasó, pasó. Y el que me hizo daño no fuiste tú. Sabes bien quién fue. Y si no estabas seguro de si te iba a recibir con los brazos abiertos, ¿para qué demonios vienes tan tranquilamente?
-Bueno…Estaba seguro de que si te hubiera avisado…Te hubieras negado al momento. Y si me presentaba aquí de pronto, no tendrías más opción que dejarme estar.
Vincent tragó saliva con fuerza. Sí que le conocía bien ese condenado danés.
-De todos modos…No me voy a quedar mucho más tiempo. O Lukas me matará.
Esa frase, concretamente el nombre que aparecía, hizo levantar la mirada a Vincent.
-¿Lukas?
-Lukas Bondevik-sonrió un poco, quitándose uno de los guantes que siempre llevaba encima. Sobre su dedo anular había un simple pero brillante anillo.-No pude contártelo antes por…La pérdida de contacto. Pero me casé hace un año.
Vincent se había quedado sin palabras, aunque no sabía exactamente por qué. Debería sentirse feliz, pero una parte de él se retorcía de envidia al mirar aquel anillo en su dedo. Debió haberlo esperado, pero…
"A mí también me gustaría…" calló a aquella vocecilla de su interior al instante, sacudiendo la cabeza, y suspiró.
-Me alegro. De verdad-sabía que no resultaba convincente, pero al menos lo estaba intentando. Bastaría con engañar un poco a la pequeña inocencia del danés.
Aunque en el fondo, seguía retorciéndose esa pequeña semilla de envidia, que creía ya desaparecida.
