Disclaimer: Hetalia le pertenece a Hima y blablabla. Tampoco la canción que voy a nombrar, por si acaso.
Advertencias: Hay un salto en el tiempo de unas semanas en la tercera y última escena. Capítulo cortito pero intenso. (?)
Quería hacer una mención especial, para agradecer todos los reviews que estoy recibiendo. De verdad, cada uno de ellos me ayuda a seguir con el fic de una manera que ni imagináis. Y saber que os gusta me anima incluso más. Sé que no suelo actualizar de manera muy regular, pero intento daros los capítulos lo antes que pueda.
También mencionar, que en un review me han dejado una canción que me parecía bastante interesante, la cual es Monochrome, de Yann Tiersen, que a mi parecer describe muy bien los pensamientos de nuestros dos protagonistas, de una manera casi exacta. Os prometo que esto es pura casualidad, puesto que yo no había escuchado esa canción hasta esta misma mañana. xD
Dicho esto, dentro capítulo.
Sus labios se separaban unos escasos instantes después, tal vez demasiado poco tiempo. Un silencio que parecía eterno se estableció entre ellos, mientras Antonio miraba al suelo, y Vincent a la calle. Ahora, una especie de vergüenza los mantenía en vilo a ambos, queriendo escuchar del otro unas palabras concretas, lo que deseaban oír. Pero ninguno se atrevió a decir nada al respecto.
Antonio retrocedió un poco, con una sonrisa nerviosa.
-Hace bastante frío...Creo que entraré en casa.
-...Como quieras-fue lo único que respondió el holandés, sin girarse para mirarle siquiera. Soltando un suspiro, el moreno entró, dejándose caer en el sofá y cruzándose de brazos. Solo entonces, en la fría soledad de la terraza, Vincent notó lo rápido que latía cierto órgano alojado en su pecho. Se había puesto increíblemente nervioso...Y esperaba no ir a peor.
Gruñó, y terminó de encender el cigarro de una vez, llevándoselo de inmediato a los labios, en un vano intento de aliviar aquellos estúpidos nervios. No era la primera vez que besaba a alguien, ni la segunda. ¿Por qué se sentía como si volviera a ser un crío?
Miró hacia atrás. A través del cristal, podía ver al español, tirado en el sofá con un gesto entre centrado y tímido. De alguna manera, se quedó mirándole, cada uno de los rasgos que tenía su rostro de perfil. De repente, Antonio también le miró, de una manera tensa, como a la espera de algo.
Pero, ¿de qué? ¿Qué se supone que tenía que hacer ahora? Ni siquiera sabía qué había significado aquel beso. O, más bien, no quería admitírselo.
Joder.
Ambos retiraron la mirada casi al mismo tiempo, sintiéndose el holandés derrotado. Su vida había sido tan simple hasta que había empezado a hablar con ese maldito enano...
Echó las últimas cenizas del cigarro al cenicero, decidiendo entrar a casa. Sin embargo, nada más cerrar la puerta de la terraza, se quedó quieto.
-¿Estás bien?
-Perfectamente-respondió, con una voz que pretendía ser firme. Solo pretendía.-¿Tú?
-Tengo algo de hambre-sonrió suavemente, alzando la mirada.-¿Tienes galletas, o algo así?
Vincent se encogió de hombros. No solía invitar a nadie a comer por las buenas, pero fue rápidamente a la cocina. Era una grata manera de escapar de la anterior situación. Aunque a una parte de él le molestaba la posibilidad de hacer como si nada hubiera ocurrido. No podía negar que ese beso había significado alguien, él no daba besos a cualquiera.
Pero no quería volver a sentir ese tipo de cosas. Eso trastocaría absolutamente todo...
-¿Vin?
Dio un respingo, dándose cuenta solo entonces de que tenía una galleta aplastada entre las manos. Exclamó una palabrota, apresurándose a limpiar las migas. Encima aquel chico le hacía manchar su bendita cocina.
-¿Qué quieres?
-Es que llevabas un rato aplastando a esa galleta, y...Era bastante gracioso, pero me preocupabas-rió por lo bajo.
-Idiota-escupió, asustándose al notar que había parecido una adolescente más que un hombre hecho y derecho. Siguió limpiando, hasta que no quedó rastro de migas, bajo la atenta mirada de Antonio.
-Si necesitabas ayuda, podrías habérmelo dicho...
-¿Por qué iba a necesitar ayuda para servir unas galletas?
-No lo sé...Pero tardabas mucho-se sentó a la mesa, apoyando la cabeza en su mano, y fijando la vista en el holandés.
Este se revolvió, incómodo. Antonio tenía la capacidade de ponerle así, y era terrorífico que unos simples ojos verdes le pusieran de esa manera. Bufó y dejó las galletas en el plato, dejándoselo delante con un gesto de molestia.
-...Lo siento.
-¿Qué?-frunció el ceño, mirando a Antonio, quien de repente parecía melancólico.
-Por...Lo de antes. Ya sabes, e...el beso.
Vincent soltó un hondo suspiro, dejándose caer en otra silla. Ya había tocado el tema del beso, y es que estaba tardando. Y tampoco podían dejar las cosas así como así...O eso creía.
-...¿Y...por qué lo sientes?
-Bueno...Tal vez hice una tontería.
-Así es.
Le vio suspirar, con algo de decepción, y dejando caer sus hombros.
-En ese caso, por favor, olvídalo.
-No tengo por qué hacerlo-apretó los labios al recibir una mirada confusa del español, y decidió dejar que unas pocas palabras salieran de sus labios.-Fue una tontería, pero tampoco me dio asco.
-¿Eso significa que te gustó?-Antonio parecía aún más confuso, pero las comisuras de sus labios tiraban levemente hacia arriba.
-Mira que te gusta interpretar las cosas a tu manera...-bufó, pero no negó lo que el español había dicho en ningún momento. Habría sido mentir, realmente, si dijera que no lo había disfrutado. Pero admitirlo de forma directa...Hubiera sido terrible.
-Bueno, ya que no dices nada en concreto, tendré que añadir yo el resto-rió un poco, acercando el rostro al suyo.-A mí...Me gustó. Mucho.
Podría preguntarle en qué demonios pensaba al acercarse tanto, pero habría sido una pregunta retórica. Por supuesto que lo sabía. Antonio quería que lo besara de nuevo.
De repente, notó un leve temblor en la mano del español. No tan sorprendentemente, estaba nervioso él también, y de alguna manera eso alivió a Vincent. No era el único que no sabía cómo actuar con exactitud.
¿Debía hacer caso a su raciocinio y apartarse, o dejarse llevar, algo en lo que no tenía mucha práctica? ¿No había más caminos que esos? ¿No podría Antonio simplemente besarle?
Antes de poder arrepentirse de haber pensado aquella frase, se encontró con que el rostro de Antonio enrojecía, su expresión cambiaba.
No, mierda.
Había dicho aquello en voz alta.
No, no, no.
-...No lo decía en serio-masculló lo primero que se le vino a la mente, mirando para otro lado y haciendo como que estaba ojeando la ventana.
-Y-Ya...L-Lo sé. Nunca dirías eso en serio-murmuró Antonio, aunque era notable que no se lo creía en absoluto. Se levantó de la silla tras comerse a trompicones una galleta.-Creo que me iré ya a casa. Se hace tarde.
Vincent le miró por el rabillo del ojo. Aún tenía un leve tembleque encima.
Se le daba tan mal fingir como a él mismo.
Se levantó poco después, llegando a la puerta al mismo tiempo que el español, quien ya había recogido sus cosas.
-¿Seguro que has cogido todo?
-Sí, sí, tranquilo-Vincent arqueó una ceja, a lo que Antonio hizo un leve mohín.-Seguro.
-Como digas-se encogió de hombros. Se dispuso a cerrar la puerta en cuanto el español puso un pie fuera de la casa. Sin embargo, este se dio bruscamente la vuelta, poniéndose rápidamente de puntillas, en un alocado y existoso intento de rozar los labios del holandés con los suyos. Esta vez, solo hubo una opción para Vincent. Dejarse llevar por aquellos cálidos labios, rodear con un brazo su cuerpo, retrocediendo unos pasos y dejando que su otro brazo imitara al primero, casi atrapando al español contra su pecho.
Por un breve instante, el mundo pareció estallar en calor y color, como no lo había hecho en mucho tiempo para él.
Brian se miró al espejo, con un suspiro. Su aspecto cambiaba bastante después de la ducha, con el pelo caído sobre los ojos en lugar de echado hacia atrás. Se lo apartó un poco de la cara tras secarlo, dejándolo sobre solo uno de los ojos.
"No me queda tan mal" pensó, con una leve sonrisilla. Lo cierto es que, de la otra manera, se parecía mucho más a su hermano. Pero no estaría mal un pequeño cambio.
Se vistió con ropa vieja, mirándose de nuevo al espejo, y se dedicó a sí mismo una media sonrisa. Sí, le gustaba cómo había quedado.
Salió del baño, y apenas llegó a su habitación, cogió su móvil. Estaba de buen humor, y además...
Se acordaba de lo que Marthias le había dicho. Había dejado pasar una semana, como este había pedido. Vincent no le había llamado, pero eso tampoco era raro. Lo que sí lo era, es que el danés no le hubiera dicho absolutamente nada.
¿Habrían salido las cosas mal? Tal vez. O tal vez no. Podía comprobarlo en ese mismo momento, y se dispuso a ello.
El móvil solo tuvo que pitar dos veces para que el holandés respondiera, con una voz gruñona característica de él.
-¿Sí? ¿Brian, eres tú?
-¡Vamos, Vincent! ¿Quién más podría ser?-escuchó un gruñido.-Tranquilo, papá no está en casa. No me va a escuchar hablar contigo.
-No era por eso, pero me alivia saberlo-le escuchó suspirar.-¿Ocurre algo? ¿Emma está bien?
-Claro, está en Bruselas. Y pasándoselo muy bien, creo-soltó una risita, y decidió ir al grano.-¿Y tú con Mathias, qué tal?
-Ah-escuchó un repentino tono crispado en su voz.-Pequeño traidor. ¿Cómo se te ocurre darle mi dirección a alguien sin avisarme?
-¡Lo siento, lo siento! Solo me pareció bonito que os encontrarais, así de sorpresa.
-Ya, ya. Las reuniones de amigos son muy bonitas, pero no me gustan las sorpresas-refunfuñó.
-Pero fue una buena sorpresa...¿No es así?-el joven
-Sí, lo fue. Aunque no se quedó mucho tiempo.
Su hermano hablaba con completa tranquilidad, lo cual casi hacía parecer obvio algo que Brian no esperaba. Se mantuvo en silencio un rato, pensativo, hasta que su hermano le interrumpió.
-¿Estás bien? Te estoy hablando.
-Eh...Ah, sí, sí. Estoy bien. Solo he...recordado que tengo que hacer algo. Luego te llamo.
-Vale-escuchó un suspiro.-Hasta luego.
-¡Hasta luego!-dijo animadamente, aunque nada más colgar, su rostro se puso totalmente angustioso. Con el tono de voz de su hermano, había intuido lo ocurrido. Recordó las palabras del danés, en aquel momento en un tono dolido, pero decidido.
"Lukas me dijo muchas veces que, si no me olvidaba de Vincent, no tenía sentido seguir casados. Y...No va desencaminado, ¿sabes? No lo tiene. Y hasta ahora, no he tenido valor para intentar recuperar lo que sigo queriendo."
-...Joder-masculló, siendo una de las pocas veces que llegaba a decir esa clase de palabras, y volvió a llamar, esta vez al danés, con los dientes apretados.
Tras otros dos intentos, Mathias atendió.
-¿Quién es?
-No se lo has llegado a decir, ¿verdad?-dijo inmediatamente. Aquello le bastó para ser reconocido, y su interlocutor tardó en responder.
-...No he podido hacer otra cosa, Brian. Era...algo complicado...
-¡¿Algo complicado?! ¿Y todo lo que me contaste no era complicado, acaso? ¿No lo habías pasado tan mal? ¿Entonces por qué demonios no le has dicho nada sobre cómo te sentías?
-Brian, cálmate-por una vez, Brian era el que casi chillaba.-Hay una razón en concreto para que no se lo haya dicho.
-¡¿Y se puede saber cuál es esa razón?!
-...Vincent ya está enamorado, Brian.
Madrid comenzaba a dar muestras de cambiar de estación, en este caso hacia la primavera. Aquello podría ser maravilloso, visto desde el punto de que los árboles volvían a ser verdes, las flores coloreaban la aún gris ciudad, el sol salía más tiempo...
Pero para Alice, había otro punto de vista, que mandaba al que inventó la primavera directo al infierno. Solo de pensar en que la maldita alergia volvería a estropearle los tres meses primaverales en breves...
Suspiró, deteniéndose un momento a observar un árbol que hasta el día anterior estaba completamente pelado. Ahora, de él salían pequeños bultitos verdes, y Alice no pudo evitar sonreír un poco.
El año pasado, todo había sido tan distinto...
Sacudió la cabeza. Lo que había ocurrido hacía un año o más no tenía por qué afectarle ya. Los fantasmas del pasado no iban a volver.
O eso creyó, pues al devolver la vista al frente, creyó ver a a poco más que un fantasma. Abrió mucho los ojos, al divisar al final de la calle a un joven de pelo castaño, algo revuelto y con un extraño rizo levantado, su eterna cara de malas pulgas, y unos conocidos ojos oliváceos.
