Disclaimer: Hetalia no me pertenece y blablabla. Capítulo corto. Comienza el salseo fuerte, creo. Final confuso que se aclara en el capítulo siguiente. Quedáis avisados.
La forma en que su relación había comenzado fue así de extraña. Aún sin palabras, y la propia torpeza emocional de ambos, había bastado un gesto como aquel precipitado beso para hacerse entender el uno al otro.
Sin embargo, aquella comprensión incial dio paso a la confusión. No solo en el momento tras besarse, acompañado de un incómodo silencio. En el autobús, en sus respectivas casas, ambos pensaban a su manera en lo sucedido.
"...Ahora somos una pareja, ¿no?"
"Si tú lo dices."
Antonio sentía una leve sonrisa formarse en sus labios cuando recordaba las palabras del holandés. De inmediato las había traducido como un sí, y no le había parecido estar errado. ¿Debía contárselo a alguien? ¿O tal vez se estaba precipitando un poco? ¿Y si de repente Vincent llamaba diciendo que había sido un error?
"Por dios, no" pensó, agitando la cabeza, y sintiendo una leve presión en el pecho. La ilusión anterior se mezcló con algo de ansiedad. No recordaba haberse sentido así antes, y sabía bien por qué. Apretó los labios y tragó saliva. No, no era el momento de pensar cosas como esas.
Por su lado, Vincent había necesitado otro cigarro cuando el español se hubo ido. No era fácil para él pensar en lo que acababa de pasar. Había sido tan simple, y a la vez tan ridículamente intenso, que...
Demonios, le daba vergüenza únicamente pensarlo. Se llevó una mano a la cara, maldiciéndose por sentirse como un adolescente de nuevo. Demonios, odiaba estar así. Además, cada palabra que había dicho ese día ahora le parecía una estupidez. ¿Qué había sido eso de responder de forma casi ahogada, como si le estuviera dando un ataque?
Gruñó, tirándose en la cama con el cigarro aún en los labios. Necesitaba relajarse y la nicotina no le bastaba. Suspiró, y se sentó con los hombros caídos. En su móvil una luz indicaba que había recibido mensajes, o llamadas perdidas, a quién le importaba. Tenía un asunto mucho más interesante y complejo en la cabeza que escuchar por enésima vez que debía llamar a la familia.
Ahora que lo pensaba, Antonio era el primero al que le contaba todo aquello. Suspiró, ¿de verdad Antonio había logrado eso? ¿Había conseguido llegar incluso hasta los peores recuerdos que tenía? En cierto modo, se podría decir que era admirable. Y al mismo tiempo, pensando en ello, no sabía aún de dónde provenía aquella extraña sensación de anhedonia o tristeza-no había una palabra concreta para expresarlo, al menos que él supiera-que a veces surgía en el español. Aquella tristeza que había podido ver la misma noche que se lo encontró borracho. Pensó que algún día debía preguntárselo.
Y con aquel pensamiento, esa noche decidió echarse a la cama. Al día siguiente, en su móvil, vería entre algunos otros, un mensaje del español, que le deseaba buenas noches.
Gilbert escupió de inmediato el batido que estaba tomando al escucharle, quedándose sin palabras unos segundos. Antonio se alejó, esquivando el escupitajo.
-...¿P-Pero qué...?
-Lo que has oído-suspiró hondamente.-Estoy, uhm...Saliendo con Vincent. Desde hace unas semanas...-musitó, temiendo por la reacción de su amigo. Con lo que le había costado decírselo...Esperaba que no se enfadara, al menos no demasiado.
Sin embargo, la reacción del albino fue muy distinta. Primero, esbozó una sonrisita, para luego soltar una fuerte carcajada y abalanzarse sobre el descuidado español.
-¡¿Y cómo es que no le contaste antes esto a mi asombrosa persona?! ¡ Es asombroso!
-¿Eh...?-Antonio también sonrió un poco.-Bueno...Suena algo extraño...
-No te diré que no-dijo, un poco más tranquilo, y separándose de él.-No te lo tomes a mal, pero ese tipo me da algo de...Joder, que da miedo.
-En realidad...La mayoría de las veces no lo da, vaya.
-Claro, tú ya estarás acostumbrado, pero a Francis y a mí nos da escalofríos-hizo como que se estremecía, con una mueca extraña que hizo reír a Antonio. Después, dirigió su mirada hacia él, con una media sonrisa.-¿Y bien?
-¿Y bien qué?
-¿No hay nada más que quieras contarme? ¿Detalles?
-Bueno...-se acarició la nuca.-No creo...Tampoco hay mucha cosas...interesante por contar.
-¡Bah! Si es así, tampoco importa. Lo que importa es que-le dio una fuerte palmada en la espalda-¡Esto es señal de que empiezas a estar mejor, y eso es, en parte, por mi asombrosa presencia!
Antonio suspiró, dejándole hacer de nuevo. Aunque estaba más o menos en lo cierto. La verdad es que se sentía mejor con el paso de los días, y aquello no podía ser malo. Poco a poco, lograba dejar de sentirse culpable de todo lo que le rodeaba...Y se empezaba a dar cuenta ahora de la mejoría que Vincent había desencadenado en él. Por supuesto, no había sido solo cosas del holandés, pero en cierto modo había ayudado.
-¡Eh!-Antonio despertó de su ensimismamiento, mirando a Gilbert.
-Lo siento, estaba empanado...-se disculpó seguidamente, con una sonrisa torpe.
-Ya lo veo-soltó un bufido.-Por cierto, ¿por qué no ha venido Francis? De hecho, creo que él estaría bastante más interesado en esto que yo.
El español bajó un poco la cabeza.
-...Bueno, me dijo que...Estaba ocupado. Supongo que estudiando, o algo así, pero...
-Qué raro...
-Será que está centrado en otras cosas, hombre. No puedes pedirle que esté siempre pendiente de nosotros dos.
-¡Vamos, tampoco pierde tantísimo tiempo con nosotros! Además, dudo que sea eso-masculló, comenzando un largo coloquio sobre las razones que Francis tenía para estar con ellos aquella tarde, y de cómo había estado raro esos últimos días. Antonio asentía o intervenía ocasionalmente, como solía hacer en aquellos monólogos.
Finalmente, llegó la hora de volver a casa de Antonio. Con un suspiro resignado, se levantó de la mesa donde habían estado hablando, y Gilbert le acompañó alegremente hasta que sus caminos se bifurcaron.
-Ve con cuidado, ¿eh?
-Lo mismo digo, Gil-le dijo con una sonrisa, antes de desaparecer por una calle. Silbando alegremente, el alemán fue por su camino, pensando en varias cosas y ninguna a la vez.
Al pasar por medio de un parque, su oído de alguna forma se agudizó un poco, lo suficiente para oír una voz que conocía bien, hablando en un idioma que reconocería en cualquier parte.
Italiano.
Se dio la vuelta, viendo a un chico en un banco, hablando por teléfono y colgando segundos después. Tenía el cabello castaño claro, y una expresión alegre que resultaba inconfundible.
-...¡Feli!-exclamó, con una amplia sonrisa apareciendo automáticamente en su rostro. Mientras se acercaba, el joven sonrió, señal de que también le había reconocido.
-¡Gil!-se levantó del banco de un salto, y el albino le dio una palmadita en el hombro.-Ha pasado mucho tiempo, ve...
-Y tanto-soltó una risa, al ver que el pequeño italiano seguía teniendo la manía de decir aquello de vez en cuando.-Hace como...Mmm...¿Unos ocho meses?
-Algo así, supongo...Desde lo de mi hermano, más o menos...
Gilbert sintió un fuerte nudo en el estómago en ese momento, viendo cómo el chico bajaba un poco la cabeza. No, maldita sea. Debía decir o hacer algo asombroso en seguida.
-¡No hablemos de esas cosas, hombre!-rodeó sus hombros con un brazo, sonriendo ampliamente.-Ya que nos hemos visto, te invito a algo si quieres.
Por un momento, Feliciano pareció sorprendido, pero terminó asintiendo de buena gana.
-Aunque, bueno...Solo me queda media hora para mi toque de queda.
-¡Qué más dará! ¡Eso es tiempo más que suficiente!-exclamó, comenzando a caminar, acompañado del otro que le seguía con paso alegre y ciertamente despreocupado.
Vincent deshizo la cama, deseando dormir de una puñetera vez. No era demasiado tarde, pero las horas extra que había empezado a hacer en el trabajo le agotaban de una manera enorme, y no sabía exactamente por qué. Sus compañeros no eran desagradables, al menos no demasiado. Tal vez aquel pelirrojo sí lo fuera un poco...Aunque el trabajo en sí tampoco le molestaba.
Se sentó, refriegándose los ojos y mirando el ordenador encendido sobre su mesa, el cual se molestó en apagar. A su lado, el teléfono, siempre parpadeante. ¿Ya habría llegado Antonio a casa? En ese caso, la luz que emitía el aparato se debería a su típico "buenas noches". Era increíble como no fallaba ni una sola noche. Seguramente, si lo hiciera, ese tipo sería capaz de arrastrarse hasta su puerta y pedirle perdón de rodillas.
Aún le costaba creer que tuviera una pareja. Qué demonios, le costaba creer que fuese algo consensuado y dentro de lo que cabe, sano. No creyó que fuera a gustarle...mejor dicho, atraerle nadie, menos alguien como era Antonio. Pero había pasado.
Se dejó caer en la cama, agotado. Ya vería el mensaje deseándole buenas noches al día siguiente, vaya. Sin embargo, el estúpido aparato comenzó a sonar, siendo el tono de llamada de sus hermanos.
Suspiró, al menos no era su padre.
-¿Brian?-murmuró nada más descolgar, gruñendo un poco.
-¡Ah, broer! No pensé que fueras a responderme-admitió con una risita.
-He estado ocupado estos días-murmuró secamente.-¿Qué pasa?
El chico hizo una breve pausa, y su voz cambió un poco al seguir hablando.
-Bueno, pues...Mathias fue a verte hace unas semanas, ¿no?
-Sí, gracias a un señorito entrometido llamado Brian-murmuró, levemente fastidiado. Su hermano suspiró, una reacción que Vincent no esperaba del todo.
-Eh...Quería hablarte de esto, precisamente...-hizo otra pausa, antes de seguir.-Bueno, quería contarte...Algo que me dijo él...Antes de irse.
Vincent frunció un poco el ceño, pero tomó algo de aire y asintió.
-Vamos, dispara. No tengo toda la noche, e intuyo que tú tampoco.
-Ah, pues...-le escuchó tomar aire, y lograr decir una palabra en voz baja. Sin embargo, de fondo se comenzó a escuchar barrullo. Después, ruidos. Voces, la voz rasgada y desesperada de su madre exclamando algo.
-¿Brian? ¡Brian!-al no obtener respuesta alguna, comenzó a sentir cómo el pánico comenzaba a llenarle, sin saber qué diablos ocurría.-¡Brian!
El móvil del joven cayendo al suelo, más barullo. Esta vez era su hermano quien hablaba a viva voz, con un sollozo de fondo. Y después, el más absoluto silencio.
