Disclaimer. Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a sus respectivos dueños y la trama es de Warstang, yo solo me divierto haciendo la traducción.


PDV Kili

Me desperté con el sonido de pies arrastrándose, proveniente del resto de los enanos que habitaban nuestra casa rentada. Mi cuerpo se resistió a levantarse tan temprano, pero una sonrisa apareció en mi rostro mientras recordaba los eventos de la noche anterior. Había sido audaz, quizá demasiado audaz, con mis acciones en la fiesta. Estaba sorprendido por el hecho de que el Rey elfo no me siguió después de la fiesta para asesinarme por conseguir embriagar a su ejército. De hecho, nunca pensé que ellos aceptarían la competencia, pero estuvieron más dispuestos a unirse a la fiesta de lo que, creo, se permitirían mostrar. Y luego, estaba Tauriel. Ella no se marcharía hoy con ellos. Recuerdo los sentimientos al tenerla entre mis brazos, incluso si fue solo por un momento. La dejé ir demasiado pronto, temeroso, cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Y aún así, ella no se alejó cuando tomé su mano.

"Levántate hermano," Fili ordenó.

"Cinco minutos más," discutí. Cerré mis ojos para recordar mi tiempo con Tauriel. Desafortunadamente, mi hermano tenía otros planes. Sentí el peso de su cuerpo, aplastándome.

"¡Ahh! ¡Quítate de encima!"

"Solo quería un abrazo," se rió mientras yo intentaba alejarlo.

"¿Qué es lo que te puso de un humor tan alegre?" Cuando finalmente pude levantarlo de mí, me arrastré lejos de las mantas que me cubrían, para evitar otro de sus abrazos.

"Yo siempre estoy alegre," se encogió de hombros. "Ahora levántate, tenemos que estar ahí para despedir a los elfos."

Todos nos vestimos e hicimos nuestro camino al centro de la ciudad. Mi espalda dolía por el trabajo que realicé como escalera el día de ayer. Cuando llegamos al centro, encontramos a Bard con su familia, junto con otros hombres que lucharon en la batalla. Bard sostenía las riendas de un caballo castaño en su mano. Aparentemente, el gran animal no estaba listo para ir a trabajar, porque sus ojos estaban cerrados, y se apoyaba en su pata trasera perezosamente. Siento tu dolor, pensé para mí. No había ninguna señal de los elfos, o de Tauriel. Por un momento el pánico se precipitó en mi mente, pensando que quizá ya se habían marchado, con ella acompañándolos. Alejé ese pensamiento y me aseguré a mí mismo que ella nunca se iría sin despedirse.

Un gruñido se escuchó a mi lado. Miré a mi hermano para encontrarlo aferrándose a la herida de su vientre, donde el cuchillo lo había atravesado. El pánico estalló en mi pecho.

"¿Qué está mal?" intenté acercarme, pero él me alejó.

"No es nada," gruñó. "Solo estoy un poco adolorido."

"Deberías descansar. Hiciste más actividad de la que debías el día de ayer."

"¿Y de quién es la culpa, pequeño hermano?" me sonrió con suficiencia. "Pasé el tiempo suficiente descansando en ese cuarto. Estoy bien."

"Oh Mahal, ya lo entiendo." Gemí.

"¿Qué?" revisó su herida nerviosamente.

"Ahora entiendo porque la gente dice que somos una raza obstinada," sonreí. Él estaba menos divertido con mi comentario, porque me golpeo juguetonamente en el brazo.

"¿Yo soy el obstinado? Si no soy yo quien intenta cortejar al enemigo." Bromeo. Una punzada de ira azotó mi corazón.

"Ella no es el enemigo," dije forzadamente. Mi enfado repentino lo sorprendió. Lucía listo para debatir el asunto más allá, pero estábamos al alcance del oído de un grupo de hombres.

"Hablaremos sobre esto más tarde," prometió. Me sentí inquieto. Si alguien iba a aceptar mi relación con Tauriel, esperaba que ese fuera él. Por primera vez en mi vida, estaba decepcionado de mi hermano. Los otros enanos que habían sido invitados, carraspearon y caminaron para colocarse a nuestro alrededor. Detecté a los elfos, caminando en perfecta formación hacia nosotros, mientras el equipo de Dain aun no estaba en ningún lugar a la vista. Con curiosidad me pregunté dónde estaba escondiéndose el Lord de las Colinas de Hierro. No lo había visto desde el día de la batalla.

"¿Dónde están los enanos del Trono de Hierro?" preguntó Dwalin. Aparentemente, yo no era el único con curiosidad sobre eso. Bard se giró, solo ahora notando nuestra presencia.

"Esperaba que ustedes supieran. Yo no los he visto." Él murmuró.

"Se fueron muy temprano en la mañana, mientras todos dormíamos." Todos se giraron. Thorin mantuvo la vista en el suelo. Mientras los elfos llegaban él levanto la mirada, intentando arduamente mantener una expresión serena. "Dain, él no aprueba nuestra alianza con los elfos. Dijo que mientras seamos aliados con ellos, el no nos prestará ayuda."

El silencio se hizo presente. Finalmente mire a Tauriel, quien tenía una extraña expresión en el rostro. Lucía enfadada, pero al mismo tiempo…culpable. Quería ir con ella, pero con el nuevo giro de las circunstancias sentí que solo ocasionaría más problemas.

"Lástima," dijo secamente el Rey elfo. "Nos estábamos llevado tan bien. ¿Deberíamos discutir el asunto en privado?"

Miró a Thorin. Él lucía listo para golpear al Rey, pero afortunadamente solo asintió con la cabeza.

"Fili, Kili. Quédense, los demás vuelvan al trabajo." Él ordenó a nuestro grupo. Bard y Thranduil hicieron arreglos similares, de tal manera que solo quedaron los dos Reyes, junto con Tauriel y el Príncipe elfo. Nos acercamos unos a otros, y esperamos a que el resto del grupo se dispersara. Bard fue el primero en hablar.

"¿Qué está pasando aquí? ¿De verdad nos han abandonado los enanos?"

"Solo Dain y su ejército," Tío Thorin fulminó al Rey humano.

"¿Por qué ahora?" insistió Bard. "Hemos estado en paz por cuatro días, ¿qué ocurrió para que cambiará de opinión?"

"Él estaba menos que impresionado con nuestras…actividades de ayer por la noche. Vino a mi después de la fiesta a demandarme que cortáramos comunicación con los elfos."

Mi corazón latió con irá ante la obstinación del Rey. Nuestra gente, finalmente, estaba en un periodo de paz después de tanto tiempo odiándose unos a otros, y ahora él buscaba arruinarlo.

"¿Debería retirar a mi embajadora de tu compañía, entonces?" habló el Rey elfo. Mi ira fue reemplazada por absoluto terror. Miré a Tauriel, quien miraba sin expresión a su Rey.

"Tío no puedes, les debemos…"

"¡Silencio!" Thorin me fulminó con la mirada. Ahí estaba. El rostro de mi pesadilla regresó, excepto que esta vez no estaba soñando. Mi miedo de él regresó, aplastándome, mientras me quedaba congelado.

"Si rechazan el apoyo de los elfos, entonces nosotros haremos lo mismo con ustedes." Habló Bard con firmeza. Thorin lo miró con enfado. Sabía que a sus ojos los elfos no valían nada, pero la gente de la Ciudad del Lago había visto la enfermedad del dragón en él, y habían sufrido las consecuencias. Él había perdido su honor cuando rompió su promesa. Solo esperaba que restaurar su honor significara más para él que el perder el apoyo de su primo. Podríamos razonar con Dain, esperaba, pero si dábamos la espalda a Thranduil, no podríamos recuperar su confianza, nunca.

Finalmente, Tío gruñó y respondió. "No vamos a dejar de lado a los elfos."

"Que generoso de su parte," dijo Thranduil sarcásticamente. No lo presiones elfo obstinado. Afortunadamente tío decidió ignorar su tono.

"Permaneceremos aquí por nos días más, pero no podemos postergar mas allá de eso nuestro retorno a Erebor."

"Entendido," asintió Bard. Luego se volvió a los elfos. "Rey Thranduil, le ofrecemos este caballo como una pequeña muestra de nuestro aprecio. Es el mejor corcel a nuestra disposición."

Thranduil asintió en apreciación. "Pasaré este caballo a nuestra nueva embajadora, ya que lo necesitará para mantener el contacto entre ambos reinos."

"¡Sigrid!" Bard llamó a su hija. La joven muchacha apareció a la vista, lanzándonos miradas nerviosas. "Trae a Armand a los establos, y muestra a Tauriel donde encontrarlo. Ahorá él le pertenece a ella."

Sigrid sonrió a Tauriel. Desde la noche en la Ciudad del Lago, cuando ella utilizó su magia contra en veneno de mi pierna, Sigrid la tenía en alta estima y respeto. Antes de que se retiraran Thorin habló.

"Esperen. Tengo un obsequio que ofrecer." Se giró a mirar a Fili, quien rápidamente abrió el saco que había estado sosteniendo. Sacó las gemas blancas que por derecho habían pertenecido a los elfos del Bosque Negro. Mi espíritu se aligeró. "Me gustaría devolver estas gemas a vuestra gente, con la esperanza de que podamos continuar siendo aliados."

Por primera vez desde que lo conocía, el Rey elfo suavizó su mirada. A su lado, Tauriel brillaba.

"Tal parece que también nosotros debemos regresar vuestra joya," miramos a Bard, quien sacó la Piedra del Arca de su bolsillo.

"Sí, Kili por favor toma la piedra," Thorin habló suavemente. Lo miré sorprendido de encontrar el miedo plasmado tan claramente en sus facciones. Como no me moví en seguida, su voz se volvió más áspera. "Kili. Recupera la piedra."

Tragué con dificultad e hice mi camino hacia Bard. La pequeña distancia se sintió como millas, mientras recordaba cómo había afectado la piedra a mi tío. Lo corrompió. El gran Rey de Erebor, asesino de Azog, no podía manejar la presión de la Piedra del Arca, del corazón de la montaña. Si él no podía, ¿cómo podría hacerlo yo? Levanté mi mano, en busca de la piedra, hasta que la imagen de su malvada expresión, en mi sueño, se precipitó en mi mente. Brinqué hacia atrás, temblando.

"No puedo," mi voz sonó débil.

"¡Kili! No seas tonto," Tío bramó.

"No, no lo haré," discutí. "Vi lo que la piedra te hizo. No quiero tener nada que ver con ella."

"¡Seguirás las órdenes de tu Rey!"

"¡No me convertiré en un monstruo!"Se hizo un silencio pesado entre los presentes. Thorin lucía enfermo. Justo en ese momento entendí lo que había dicho, lo había llamado un monstruo. Intenté disculparme, pero las palabras se rehusaban a salir de mis labios. Tan duras como fueron mis palabras, tenían algo de verdad. Bard se aclaró nerviosamente la garganta.

"Quizá mi hija podría llevar la piedra a la montaña. No tiene efecto en los humanos, ¿cierto?"

"Sí," asintió Thorin, aun en shock por mis palabras. "Quizá eso sea lo más adecuado. Fili, Kili, vayan con ella. Entierren la piedra."

PDV Tauriel

Caminamos en silencio. Los elfos se habían ido poco después del debate en Dale, y yo viajé junto con el dúo de enanos y la humana, a enterrar la Piedra del Arca. Odiaba esa piedra. Kili era un hombre fuerte y nunca antes lo había visto tan agitado. No desde la noche en que lo consolé por sus sueños. Quería destruir la piedra, pero el Rey enano nunca lo permitiría.

Sigrid aferró la piedra en su mano, mientras yo montaba mi nuevo caballo. Lucía nerviosa por estar sosteniendo la piedra que causó tanta angustia. Detrás nuestro escuchamos el sonido de un caballo galopando. Todos nos giramos para encontrar a Legolas alcanzándonos. Me pusé nerviosa de pensar que, después de todo, el Rey pudiera decidir llevarme al Bosque Negro.

"Vengo con órdenes del Rey enano," aminoró el trote de su caballo mientras se acercaba. "Él desea que la piedra sea enterrada fuera de los muros."

"¿Por qué confiaríamos en ti?" gruñó Fili. Legolas solo sonrió con suficiencia.

"Si desean recibir la ira de vuestro tío cuando se entere de que trajeron la piedra dentro de su territorio, entonces háganlo."

Fili no lucía impresionado por esto, pero Kili razonó con él. "Relájate, podemos confiar en él."

"¿Del lado de quién estás tú?" Fili gruñó.

"Bueno, estoy de pie al lado de Armand, así que estoy del lado del caballo." Sonrió él. Luego se giró a sonreír a Legolas, quien estaba de pie detrás del caballo. "Lo que significa que tú estás en la…"

"¡Kili!" jadeó Sigrid, antes de pudiera terminar su insulto. "¿No se supone que los príncipes son educados?"

"Para eso es para lo que está Fili. Yo solo soy el repuesto," se rió. A su lado, su hemano gruñó y se dobló de dolor. Kili lo sujetó con firmeza, mientras Sigrid saltó del caballo para quedar de pie a su lado.

"¿Qué está mal con él?" preguntó con preocupación.

"Estoy bien," Fili intentó zafarse de Kili, aunque él no cedió.

"No estás nada bien, maldita sea. Te llevaremos de vuelta. Sube al caballo," intentó forzarlo a subir.

"No, Debo completar esta misión."

"¡Oh, tú, obstinado hijo de nuestra madre!"gruñó Kili.

"¿Yo soy obstinado? Quién fue el enano que tenía una herida mortal y proclamó, varias veces, que no era nada." Mi corazón saltó cuando él mencionó la herida de Kili. Me sentía incomoda bromeando sobre tan horrible momento.

"¡Oh, Mahal! Al menos sube al caballo."

"No me subiré a esa endemoniada bestia."

"Fili, o te subes al caballo o te llevaré por la punta de los pies." Fili rió entre dientes.

"Eso es un poco contradictorio, ¿no lo crees? Quieres que sané, pero me amenazas con colgarme de…"

"¡Fili!" gritó Kili. Sigrid y yo reímos mientras los dos discutían.

"Está bien, súbeme al maldito caballo, AHH," Kili se inclinó mientras cargaba a su hermano sobre su hombro. "¡¿Qué estás haciendo?!"

"Dijiste que te subiera al caballo. Sigrid, querida, ¿te importaría acercar a esa bestia cerca de aquella roca?" Su sonrisa se ensanchó, aunque intentaba esconder su risa, pero aun así obedeció al joven Príncipe y sujeto al caballo. Kili cargó a su hermano hacia el caballo mientras Fili hablaba algo en Khuzdul por sobre su hombro. No conocía el lenguaje, pero sospechaba que algunas maldiciones estaban involucradas. Cuando el joven Príncipe estuvo sentado sobre el caballo, continuamos nuestro viaje a Erebor. La oven muchacha guiaba al caballo por las riendas en caso de que decidiera acelerar el ritmo. Legolas también se nos unió.

"¿Vas a regresar al Bosque Negro?" le pregunté.

"Me han enviado a una misión en otra parte. Tengo que viajar al norte para encontrar a un Ranger" me respondió. La tensión entre nosotros hacía tiempo que había desaparecido y en su lugar fue reemplazada por nuestra renovada amistad.

"Aw, que pena," dijo Kili sarcásticamente. "Apenas comenzabas a agradarme Lego-Lass."

"¿Cómo planeas vivir entre estas insufribles creaturas?" El Príncipe elfo me sonrío retándome.

"A Tauriel le fue otorgado un hermoso sentido del humor." Kili sonrió mientras respondía por mí. "Bueno, todo sobre ella es hermoso, pero ese no es el punto."

Furiosamente intenté esconder mi sonrojo, mientras me ordenaba a mi misma a no sonreír. Desafortunadamente, sus palabras rompieron mi determinación, y una sonrisa se extendió por mi rostro. Sólo Sigrid parecía aprobar su poesía, mientras que los otros hombres viajando con nosotros lucían incómodos.

"Estas perdido hermano," el enano rubio suspiró.

"No soy yo quien está herido y sobre un caballo."

El resto del viaje fue con irremediables y, aun así, amigables discusiones entre los Príncipes, enano y elfo. Cuando finalmente alcanzamos la inmensa montaña, los enanos buscaron un lugar para enterrar la piedra, justo afuera de las puertas.

"No estoy seguro de que sea una buena idea, " declaró Fili mientras comenzaban a escavar.

"¿Preferirías traer esa sucia piedra a nuestro nuevo hogar?"

"Te relajarías hermano, estuvimos con esa piedra por días y nunca nos afectó a ninguno de los dos." Kili sólo gruñó. Algo lo perturbaba, pero obviamente, no estaba dispuesto a hablar de ello, no con audiencia. Ellos cavaron un hoyo profundo, tan profundo que desaparecieron de la vista. Algunos momentos después, Fili pidió la piedra. Sigrid se la dio y, entonces, se ayudaron para salir y comenzar a llenar el gran hoyo.

"Bueno, debo irme. Este es un adiós por ahora mellon," Legolas hizo una reverencia. Sonreí y devolví la reverencia. Él montó a su caballo. " Te desearía buena suerte lidiando con estos enanos, pero presiento que no será necesario."

Sonreí y él volvió su caballo. Sentí una punzada de tristeza mientras lo veía marcharse.

"¿Qué significa eso?" Kili caminó para pararse a mi lado.

"¿Qué?"

"Mel-lone," luchó para pronunciar la palabra élfica.

"Mellon, significa amigo." Su rostro se relajó.

"Oh bien, pensé que significaba otra cosa como…" me dio una sonrisa maliciosa. Lo miré confundida. "Bien, te lo advertí. Pensé que significaba amante."

Me sonrojé. "Si no recuerdo mal, te dije esa palabra hace cuatro noches."

"Lo sé," sonrió con suficiencia. "Esperaba que fuera una palabra especial solo para mí."

Estaba a punto de discutir, pero Fili se dobló de dolor. Sigrid lo sostuvo antes de que golpeara el suelo y nos apresuramos a su lado. Retiré sus brazos para mirar la herida. Jadee ligeramente cuando vi sangre impregnándose en su camisa.

"Debemos regresar."


He aquí otro capítulo! Gracias a Invocadora de mareas y a Ca211 por sus comentarios.

Aquí tienen el adelanto del siguiente:

"¿Hablando con un caballo?" Tauriel entró al establo. Su sonrisa hacía que mi corazón se acelerara.

"Él solo estaba cuestionandome sobre su nuevo propietario. Estaba preocupado de que usarías espuelas con él, pero no te preocupes, le he aclarado que no lo harías."Ella se rió. Amanba el sonido de su risa. Tauriel caminó hasta quedar al nivel de la cabeza del caballo, el cual la levantó para mirarla. Gentilmente ella le acarició la mejilla y susurró algo en Sindarín a la bestia. Sus orejas se levantaron para captar cada sílaba. El gentil tono de su voz me hizo sentirme celoso del caballo. ¡Mahal! Ahora siento celos de un animal.

Nos leemos pronto.