Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.R.R. Tolkien y Peter Jackson. La trama pertenece a Warstang, yo solo me divierto realizando la traducción.

PdV Tauriel

El trabajo de los enanos era admirable. Incluso con los escombros en el piso, las estatuas bellamente construidas robaban la atención del resto del cuarto. La montaña era increíble en el interior. Tan pronto como entramos, caminamos sobre un piso recubierto con una capa de oro. Más tarde, Kili me explicaría que eso era resultado del intento de la compañía por matar al dragón. La mayoría de los enanos que habían llegado hoy estaban descansando del largo viaje, pero unos pocos estaban tan intrigados que decidieron explorar en su lugar. Sospechaba que estos eran los enanos que habían estado ahí el día que Smaug los exilió, desesperados por revivir las memorias felices que tuvieron una vez en la montaña.

Miré alrededor de la entrada y noté un pequeño grupo de enanos mirándome fijamente. Sabía que la situación sería tensa con los recién llegados, pero deseaba que no me miraran tanto. Habíamos estado aquí todo el día, y aún recibía miradas desconfiadas y enfadadas dirigidas a mi persona. Fili y Kili se habían quedado conmigo la mayor parte del día, para asegurarse de que ninguno de los otros intentara comenzar una pelea, pero ellos habían sido llamados con el resto de la Compañía de Thorin para preparar la cena. Ellos comenzaron a caminar hacia a mí, y yo me puse nerviosa. Podría vencerlos fácilmente, pero se suponía que yo estaba aquí como una muestra de paz. Silenciosamente recé que ellos solo quisieran hablar.

"Así que es verdad entonces," uno de ellos habló. Él lucía joven, pero su voz era grave lo que lo hacía sonar mucho mayor. "Un elfo estará viviendo entre nosotros."

La manera en que escupió la palabra elfo me hizo recordar el tiempo en que yo solía usar la palabra enano con una entonación similar. Tuve que recordarme a mí misma sobre mis nuevos amigos. Kili me había enseñado la manera correcta de un enano para presentarse, así que hice una reverencia a los enanos jóvenes parados frente a mí. "Tauriel, a su servicio."

"¡Nunca querré tus servicios elfo!" él gruñó. "¿Por qué no te vas a casa con tus arboles?"

"He sido situada aquí, para mantener…"

"Thorin ya nos lo dijo," escupió él. Mantuve mi postura reservada, sin embargo mis entrañas estaban hirviendo. "¡Tú no perteneces aquí elfo!"

"¡Gimli!" Todos se giraron a ver a un muy enfadado Kili. Incluso yo estaba sorprendida. Nunca antes había visto una expresión tan fea en su rostro. Él lucía incluso más enfadado de lo que lo había estado cuando estaba peleando a los orcos. "Tu padre está en las cocinas, él requiere tu presencia."

Kili habló secamente. El enano llamado Gimli me dirigió una última mirada antes de retirarse. Kili tomó al joven enano por el brazo cuando este pasó a su lado, y le susurró algo en Khuzdul con enfado. El joven enano se limitó a sacudir el agarre del príncipe y sin otra palabra él se alejó con sus compañeros en el remolque. Cuando estuvieron fuera de la vista, Kili suspiró y se acercó a mí. "Lo siento mucho. Estoy seguro que él entrará rápido en razón, Gloin es su padre y él ya te ha tomado aprecio."

La furia que sentía emanar de los otros enanos me hacía difícil creerle. Su expresión suave me rogaba que los perdonara, lo que era ridículo. Yo no lo culpaba a él por las acciones de los otros. Finalmente asentí pero él notó que mi enfado no había disminuido. Él intentó tomar mi mano, pero me alejé, pretendiendo no notar el gesto. Me arrepentí inmediatamente al ver, desde la periferia de mi ojo, su expresión entristecida, pero yo ya era rechazada por su gente. ¿Qué pensarían ellos si me vieran tomando su mano? Ellos podrían herirlo. Incluso aunque él era el Príncipe, ellos podrían rechazarlo por el hecho de ser amistoso con un elfo. Yo no podría ser la causa de su dolor. Afortunadamente, fuimos interrumpidos por una voz entrando al gran salón.

"Kili, te necesitan en otro lugar," Kili me dirigió una última mirada antes de asentir a su tío y se retiró en silencio. Para mi asombro el Rey no se fue con él, en su lugar él se acercó más a mí. Mis ojos recorrieron el salón y noté que estábamos solos.

"Tengo una tarea para ti," Thorin se aclaró la garganta. "Nuestro compañero Bilbo estará viajando a su hogar en la mañana. Te pido que los acompañes a él y al mago en su viaje. El camino debería ser seguro ahora que el enemigo ha sido derrotado, pero prefiero darle a Bilbo la protección que se merece."

Mi corazón cayó en mi pecho. Estaba honrada de ser encargada con tal misión, pero sentía que honor no era la intención del rey. Él me quería fuera del Reino antes de que terminara de asentarme. Sin embargo, yo solo incliné mi cabeza respetuosamente hacia el rey.

"Veré que él tenga un viaje seguro," le aseguré.

"Bien. Una cosa más, sin lugar a dudas, has escuchado que habrá un festín esta noche para nuestros cansados viajeros. Espero que entiendas que será mejor que no hagas una aparición esta noche." Si era posible, mi corazón cayó aún más. "Ellos están tensos, sabiendo que tienes permitido estar aquí. Yo no creo que ellos estén preparados para verte entre los invitados de hoy. Tendré a alguien que te lleve una ración de comida más tarde."

"Por supuesto," me forcé a mí misma a decir. Mientras lo veía marcharse, comencé a preguntarme si había hecho un grave error al venir aquí.

PdV de Kili

Seguí a mi madre alrededor de las mesas, mientras cargaba una gran pila de platos para ella. Ella acomodó las mesas mientras pasábamos. Después de tantos años trabajando tan estrechamente con ella, nos habíamos vuelto más que eficientes al preparar el comedor. Mientras trabajábamos, mis pensamientos se desviaron a la elfa. Gimli era joven y, como el resto de nosotros, había sido criado con el abrasador odio a los elfos. Yo sabía que no podía culparlo a él por lo que hizo, pero la incomodidad que le había causado a ella casi me hace estallar. Ella había intentado ser fuerte y pretendió no dar importancia a su dolor, pero yo había llegado a conocerla bastante bien en tan corto tiempo. Sabía que sus acciones la habían molestado.

"Ven conmigo hijo," ella se movió a la siguiente mesa. "Casi acabamos."

"Sí madre," la seguí fielmente. En tan solo unos momentos nuestra tarea estaba completa. Ollas fueron traídas para comenzar a servir comida a los hambrientos viajeros y yo me quedé junto a mi madre mientras observábamos las filas formarse para recibir sus raciones.

"Así que, dime sobre esos momentos donde necesitaste que un elfo te salvara." Mis ojos se agrandaron y ella sonrió. "¿Creíste que lo olvidaría?"

Suspiré, realizando que no habría escapatoria de esta conversación. Le dije sobre el encuentro con las arañas, luego sobre la flecha envenenada, y sobre el momento con Bolg durante la batalla. No dejé fuera ningún detalle sobre los rescates de Tauriel. Después de todo lo que ella había hecho, sus historias merecían el embellecimiento. Madre no disfrutó escuchando el peligro mortal en el que me había colocado a mí mismo en numerosas ocasiones. Casi divulgué la herida de Fili, pero me detuve a mí mismo. Esa era la historia de Fili para contar.

"¡Eres un muchacho tonto!" gruñí con sorpresa cuando ella me tomó entre sus brazos. Había sido mi madre quien me había enseñado, hacía ya tiempo, a nunca pensar que una mujer era menos de un hombre. Su agarre era tan fuete que no podía alejarme de ella incluso si hubiera querido. Su suave llanto rompió mi corazón y me derretí en su abrazo, colocando mis brazos fuertemente a su alrededor. En varias ocasiones durante el viaje caí en la cuenta de que podría nunca más sentir este amor de ella. La abracé cerca mientras ella lloraba en mis brazos. Otras especies no se atreverían a llorar en frente de otros pero ninguno de los enanos que pasaban junto a nosotros se mostró irrespetuoso. Incluso del más poderoso de los guerreros no se esperaba que fuera fuerte todo el tiempo. "Men lananubukhs menu, hijo mío."

"También te amo, ma." Sonreí cuando ella se alejó. Fili nos encontró y nos llevó platos repletos de comida.

"No sé ustedes, peo yo me muero de hambre." Él colocó los platos en la mesa cercana a donde nos encontrábamos parados. Mire alrededor del cuarto buscando a Tauriel. Ella debería ser fácil de ver, después de todo ella era más alta que todos aquí, pero no logré ver signo de ella.

"Fili, ¿has visto a Tauriel?" le pregunté.

"Lo último que supe es que ella no podía venir," él se encogió de hombros y me ofreció mi plato.

"¿No podía?" Podía sentir mi sangre hirviendo. Fili levantó sus manos defensivamente.

"No me mires a mí, yo no le dije que no podía venir"

"Kili, es probablemente lo mejor," mi madre ofreció. La miré decepcionado. Después de todo lo que le había dicho, esperaba más apoyo de la Reina. Sin decir nada más me giré para irme, ignorando sus suplicas para quedarme. Tomé otro plato de comida y deje el gran comedor.

PdV Tauriel

Vagabundee por la gran área vacía hasta que llegué a un cuarto pequeño en las salas superiores. La risa de los enanos podía escucharse fácilmente ahí, lo que me había atraído a ese pequeño cuarto en primer lugar. Mientras entraba me di cuenta que el cuarto era en realidad un balcón que daba hacia el gran comedor. Sentí una punzada de añoranza de estar entre la multitud pero obedecí las órdenes del Rey de mantenerme alejada. Me senté en una gran roca que había caído del techo. Me pregunté brevemente sobre la estabilidad de la montaña, después de haber pasado años con los daños hechos por el dragón, pero los enanos no parecían nerviosos d ninguna manera. Me senté lo suficientemente lejos para no ser vista.

Temía que si Thorin me veía aquí arriba, tendría que enfrentarme a su ira. Saqué el collar que él me había dado la noche que me encontró en Dale. El collar me había dado esperanza esa noche. Esperanza de que podría ser aceptada aquí, pero ahora temía que esa esperanza ya se había esfumado. Me marcharía mañana y para el tiempo en que regresara él estaría seguro de cambiar su decisión sobre mi estancia en la montaña. Me alejaría de mis nuevos amigos y ¿Qué nos depararía a Kili y a mí?

"Eres difícil de localizar," me sobresalté con la voz proveniente de la entrada. Kili entró, sosteniendo dos platos en sus manos. "Esta noche es tiempo de celebrar, nadie debería estar solo."

Él me ofreció un plato de comida y se senté en una piedra frente a mí. Sus rodillas casi tocaban las mías en el espacio tan pequeño. Cuando él notó mi mirada en el collar sonrió.

"Bien, él te lo dio," dijo.

"Sí," asentí. "Me lo dio la noche de la fogata, él dijo que tú lo hiciste."

"Sí. Cuando alcanzamos Erebor, mientras Thorin estuvo…enfermo, él nos ordenó encontrar la Piedra del Arca y yo encontré esa joya. Es mi color favorito y pensé que se vería encantador en ti." No sabía cómo él siempre me dejaba sonrojada. Miré hacia abajo, al collar, para esconder mi sonrisa. Noté que el color combinaba con mucha de la ropa que el usaba. "No soy el mejor artesano, pero le di mi mejor esfuerzo."

Lo miré con admiración. Había inspeccionado el collar varias veces desde que me lo habían dado. No había falla alguna en su trabajo. "Es hermoso."

Él sonrió y comenzó a comer. Si no supiera mejor, habría pensado que lo vi sonrojarse. Me giré hacia el collar para mirar la inscripción en la parte de atrás.

"¿Qué significa?" Él se inclinó hacia delante para mirar. Su repentina cercanía aceleró mi corazón. Él estaba tan cerca que podía sentir la calidez emanada por su cuerpo.

"Representa a Durin," colocó su plato a un lado y alcanzó el collar. Lo dejé tomarlo y él se puso de pie. "Cuando lo uses, la gente sabra que eres una amiga de confianza para nuestra familia."

Miré el collar, desesperadamente deseando que eso fuera verdad. Él sostuvo el collar hacia mí. "¿Puedo?"

Me tomo un momento darme cuenta lo que él estaba pidiendo. Asentí, esperando que usar la joya me traería suerte y aceptación en la montaña. Kili caminó hasta situarse detrás de mí. Sus dedos alcanzaron mi cuello con suavidad mientras retiraba mi cabello para abrochar el collar. Silenciosamente recé para que él no notara el ligero temblor que su toque trajo a mi cuerpo.

"Así que, ¿quién es el idiota que se atrevió a decirte que no eras bienvenida en la celebración principal?" sus dedos dejaron mi cuello.

"Está bien Kili," intenté decirle.

"No, ciertamente no está bien," su tono era firme.

"Sé que tomará algún tiempo ser aceptada aquí."

"Tú eres aceptada aquí," persistió. "Incluso Thorin ha comenzado a confiar en ti, lo que no es una tarea fácil."

Mi corazón saltó ante su inocencia. ¿Cómo podía decirle que había sido Thorin quien me prohibió unirme a la celebración?

"Ven conmigo a la fiesta," sonrió y me ofreció su mano. Miré su mano extendida, pero no podía tomarla.

"No puedo," mi voz difícilmente era más que un susurro. Él bajó su mano.

"¿No puedes, o no lo harás?" preguntó. Miré sus ojos. Mi corazón me rogó ignorar la lógica. Sería fácil tomar su mano y permitir que mis emociones tomaran el control. No podía dejar que eso pasara. Esto debía terminar antes de que pudiera siquiera comenzar.

"Ambos," respondí. Su expresión cayó.

"¿He hecho algo para molestarte?" Sacudí mi cabeza, negándome a permitirle pensar que me había herido. Eran sus ojos los que amenazaban con romperme. Quería retractarme, pero no podía. "Hemos estado bailando alrededor de nuestros sentimientos Tauriel. ¿Dónde está la mujer que estaba dispuesta a arriesgar todo para enfrentarse a un ejército de orcos, allá en Colina del Cuervo, sólo para salvar la vida de un miserable enano?"

"Yo siempre pelearé por tu seguridad," respondí con firmeza. Eso nunca cambiaría.

"No dudo que lo harías, porque yo haré lo mismo por ti." Me dio una pequeña sonrisa. "Amrâlime, ven conmigo. No tengo miedo de mostrarles mis sentimientos, no me importa lo que ellos piensen."

"Kili, tú eres un Príncipe de Erebor y yo soy una elfo humilde…" antes de que pudiera terminar mi defensa, él mostró una expresión de enojo.

"Nunca te refieras a ti misma como humilde." Su voz era firme. "Jamás."

Él se acercó a mí y llevo sus manos para sostener cada lado de mi rostro. Mi cuerpo tembló por su repentina cercanía. Por un loco segundo, pensé que él iba a besarme. Mi corazón latía descontrolado en mi pecho. Nunca había estado tan cerca de alguien antes. Me asustaba y emocionaba al mismo tiempo.

"Dime que tú no sientes eso," susurró.

"¿Sentir qué?" pregunté, incluso aunque yo sabía exactamente a qué se refería.

"Ese fuego dispersándose a través de tu pecho, calentando cada parte de tu cuerpo." Su voz, cruda con emoción, amenazaba con romper la barrera que yo estaba tan desesperadamente intentando construir contra él. "Esa necesidad de estar más cerca, preguntándote como se sentiría."

"¿Y cómo sabrías tú mis sentimientos?" tragué saliva.

"Porque me siento igual," sus pulgares acariciaron mis mejillas. "Dime que no sientes lo mismo y me alejaré de ti."

Todo lo que tenía que hacer era decir las palabras y él me dejaría aquí, sola. Eso es lo que debería suceder, pero no podía. Mi interior ardía con las emociones que él había descrito y algo de lo que me enorgullecía era la honestidad. No podía decir las palabras. Él comenzó a inclinarse hacia mí y mi cuerpo comenzó a estremecerse. Al último momento el levantó la barbilla y presionó sus labios en mi frente. Varias emociones conflictuadas forcejearon para abrirse paso a la superficie. Estaba aliviada, y aun así decepcionada de que él no siguió y me beso. Al final, sabía que no estaba lista para que tal acto sucediera.

"Sé que estás asustada Tauriel," sus manos, lentamente, cayeron de mi rostro. "Yo también lo estoy."

"Lo escondes bien," susurré.

"Eso es porque tú me das valor," limpió algunas lágrimas que habían caído por mis mejillas. Odiaba las lágrimas, normalmente yo no lloraba en frente de otros, pero aun así caían descuidadamente.

"Kili, no podemos…"él llevó un dedo a mis labios para silenciarme.

"No estoy diciendo que será fácil, pero estoy dispuesto a intentar." Su mano se movió de ms labios a mi mejilla. "Porque Tauriel, mi amor, luchar por ti lo vale."

Mis ojos se cerraron para evitar derramar más lágrimas. Odiaba la manera en que él podía dejarme sin palabras. Me sentía débil. Él destruyó las barreras que había intentado construir contra él y mi corazón se rompió, sabiendo que lo dejaría mañana. Caí hacia adelante, sobre su hombro en un intento de esconder mis lágrimas de él. Kili fue rápido en llevar sus brazos a mi alrededor, sus dedos frotando mi espalda gentilmente. Para el momento en que supe que estaba haciendo, era demasiado tarde para alejarme. Así que en su lugar, disfruté su calidez y le permití sostenerme.