Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.R.R. Tolkien y Peter Jackson. La trama pertenece a Warstang, yo solo me divierto realizando la traducción.
PDV Tauriel
Armand dejó salir un suspiro profundo mientras acariciaba la circunferencia de su barriga. Deslicé mi mano sobre el cuello del caballo para asegurarle que el trabajo no sería demasiado tedioso. El camino sería largo, pero asumí que mis nuevos acompañantes preferirían un viaje lento. El mago era viejo, y el hobbit parecía preferir el suelo al lomo del caballo. Terminé de asegurar la silla y llevé al caballo fuera de los establos de los enanos, para encontrarnos con los otros. Armand permaneció alto entre la manada de ponis, pero ellos se trataban unos a otros como si no hubiera diferencias entre ambos. Pensé con curiosidad sobre la manera de actuar de los animales, pensando que quizá podríamos aprender algo se ellos.
Lideré al caballo fuera de la montaña y hacia el aire fresco de la mañana. No encontré ninguna señal del mago así que llevé al animal a una zona de césped y le permití pastar mientras esperábamos a los otros. Mientras él comía, yo miraba la montaña. El sol de la mañana brillaba con intensidad sobre las paredes de piedra de Erebor. Después de que me alejé de Kili la noche anterior, había debatido arduamente toda la noche sobre si debía o no decirle sobre mi partida. Finalmente resolví que sería mejor si él lo escuchaba de su gente. Lo mantuve despierto mucho más de lo que debía anoche y él necesitaba descansar. Además, estaba avergonzada de verlo. No quería parecer débil, y anoche mis emociones habían estado fuera de control, haciéndome lucir como una niña. Aunque, tanto como mi orgullo odiaba admitir, estaba agradecida de que él me encontrara. Tener cerca a alguien tan dispuesto a ofrecerte consuelo, era una cosa a la que podría ser capaz de acostumbrarme.
Armand relinchó para alertarme de la llegada de Gandalf. El mago traía consigo un caballo y un pequeño poni, mientras Bilbo caminaba cansadamente detrás de él. Él bostezo y estiró sus pequeños brazos hacia arriba.
"Buen día," gimió. Miró al mago y después a mí. "Esperen, ¿Thorin no vendrá?"
"Por supuesto que no," el mago montó su caballo. "Él tiene mucho trabajo que hacer aquí, reconstruyendo el Reino y todo eso."
"Pero Galdalf, ¿no recuerdas todo el peligro al que estuvimos expuestos? No hay manera en que podamos realizar este viaje solo nosotros tres!" Subí a mi caballo mientras los dos conversaban.
"¿De qué estás hablando Bilbo?" preguntó Galdalf. El sonido de los cascos trotando atrajo mi atención. Dos nuevas figuras se acercaban en ponis y cuando nos alcanzaron, ellos tomaron al hobbit para subirlo a su poni.
"¡Ah!" Bilbo dio un grito de sorpresa, pero cuando notó quienes eran los culpables, se rió. "¡Fili! ¡Kili!"
Mi corazón saltó en mi pecho. Otros tres enanos aparecieron en ponis.
"¡Bofur, Ori y Dwalin! ¿Vendrán todos ustedes?"
"¡Por supuesto que sí, Maestro Baggings!" Kili palmeo la espalda del hobbit con su mano. Él atrapó mi mirada por un momento y sonrió. "No dejaríamos que nuestro ladrón pasara por tal travesía y luego no verlo en casa a salvo."
El resto de la Compañía de Thorin apareció lentamente a la vista hasta que finalmente el Rey apareció liderando al grupo. Esta parte de la Compañía estaba sin ponis, así que asumí que ellos permanecerían en Erebor. El Rey parecía estar de buen humor esta mañana, por lo que estaba agradecida. No muchas cosas podrían alterar mi espíritu ahora que sabía que los enanos nos acompañarían en nuestro viaje a la Comarca. Especialmente un enano.
"Maestro Baggings, has hecho más que cumplir con tu propósito en este viaje," él miró hacia arriba, al hobbit sentado en su poni. Él palmeo la gran bolsa de tesoro que estaba colocada a un lado de la silla de montar."Esto es lo poco que podemos darte, pero ten la certeza de que serás bienvenido en Erebor en cualquier momento."
"Gracias, Thorin," sonrió Bilbo. "Y si alguno de ustedes está en Bolsón Cerrado, ¡vengan a visitarme! El té se sirve a las cuatro."
Los enanos se rieron, algunos incluso dejaron salir unas cuantas lágrimas. No me había dado cuenta de lo cercano que él era con los enanos. Uno a uno, los enanos del grupo se acercaron para despedirse del pequeño hobbit. Mientras tanto, Kili dirigió a su poni para estar a nuestro lado.
"Estás en problemas," su expresión enfadada me hizo preocuparme. ¿Qué había hecho? ¿Estaba él enfadado por mi debilidad de anoche? "Tengo el presentimiento de que ibas a irte sin despedirte."
"Yo solo pensé que..." mi corazón se relajó cuando él me interrumpió con una sonrisa.
"Ni siquiera lo intentes," Estaba agradecida por su sonrisa, pero presentía que era solo una portada. Podía oír un pequeño tono de enfado en su voz. "Pero, si intentas hacer algo como eso de nuevo, tendré que idear alguna clase de castigo."
"Supongo que tendré que escuchar tu advertencia, no querría encontrarme a mí misma en un nido de avispas enfadadas." Seguí con su broma, mientras recordaba el encuentro con Dwila. Me miró con sorpresa.
"Nunca te amenazaría con avispas, ¡son pequeños y furiosos bichos! Estaba pensando en algo más cercano a una mariposa, o un cachorro," él sonrió. Levanté mis cejas.
"¿Cómo sería eso amenazante?" comencé a confundirme.
"No, no lo sería. Eres afortunada de que me gustes." Me obsequió una última sonrisa.
"Está bien, todos ustedes pueden conversar en el camino," Gandalf dirigió su caballo y avanzó. Miré hacia arriba y noté que los enanos habían terminado de despedirse y aquellos que se quedarían ya estaban en su camino de regreso a la montaña "Preferiría comenzar este viaje antes de que la nieve se establezca."
Todos subimos a nuestras monturas para seguirlo. El resto de los enanos cabalgaban al lado de Bilbo, mientras Kili viajaba a mi lado. "¿Cómo te sientes?"
Me sentí avergonzada, sabiendo que se refería a la noche anterior. Suponía que tendría que acostumbrarme a tener conversaciones tan personales, dado que los enanos hablaban libremente sobre casi todo. Además, él merecía saber, considerando que él fue quien me vió en tal estado. "Mejor."
"Oh, antes de que lo olvide," él comenzó a buscar entres su bolso. Casi suspiraba de irritación, yo no quería más regalos. Estaba feliz de usar su collar, aunque incluso eso era demasiado generoso para ser un regalo. Sacó un pequeño paquete y me lo ofreció. "Mi madre hizo un pan élfico para agradecerte por mantenernos a Fili y a mí con vida. No es mucho pero ella no tuvo mucho tiempo, ya que se enteró incluso mucho después que nosotros, de que nos iríamos está mañana."
"¿Cuándo te enteraste?" le pregunté con curiosidad.
"Poco antes de que la cena comenzara," declaró.
"¿Y te enfadaste conmigo por no decirte que me iba cuando tu lo supiste todo el tiempo?" me enfadé. La información podría haberme ahorrado tan estresante noche. Él me dio una mirada culpable.
"Iba a hablar contigo sobre eso cuando me enteré que no vendrías a la cena y, supongo que me olvidé de eso cuando te encontré," me explicó con nerviosismo. La culpa reemplazó rápidamente mi enfado, dándome cuenta que era mi culpa, después de todo. Si me hubiera abierto con él sobre mis preocupaciones sobre irme, me habría ahorrado la noche de tanta angustia. Asentí hacia él en entendimiento y tomé el regalo que me ofrecía.
"¿Cómo sabe ella esta receta?" intenté cambiar de tema. Él se encogió de hombros.
"Asumo que ella trabajó con algunos de los elfos antes de que las riñas comenzaran, ella debió haber aprendido entonces." Guardé el pan, agradecida con su madre por su generosidad. Caminamos en silencio por un tiempo, escuchando casualmente las otras conversaciones. Bilbo estaba satisfecho de tener a sus amigos con él. Yo tenía curiosidad de saber más sobre el hobbit, pues nunca antes había conocido a alguien de su raza. Si todos los hobbits eran tan amables como él, disfrutaría conocer a más de ellos.
PDV Kili
No cabalgamos mucho antes de pasar por Dale. Fili tenía la tarea de avisar al nuevo Rey sobre nuestro viaje. Estaba feliz de que Thorin estuviera tan resuelto a mantener el contacto con la ciudad. Cada mañana desde la batalla, había despertado temiendo que la enfermedad del dragón hubiera regresado. Lentamente estaba ganando la esperanza de que su enfermedad ya era cosa del pasado. Montamos nuestros ponis, y caballos, hacia la casa de Bard y desmontamos mientras esperábamos que Fili entregara el mensaje.
"Muchacho, si no detienes tus bostezos, voy a golpearte hasta que despiertes," Dwalin amenazó a nuestro cansado ladrón. Bilbo se enderezó sobre su poni, luciendo más alerta que nunca. No pude evitar reír del asustado hobbit.
"Bilbo, ¿no puedes aún estar asustado de él? Ya deberías saber que su ladrido es mucho más escandaloso que su mordida." Sonreí. Dwalin sólo gruñó.
"Te tumbaré de ese poni, muchacho. Esa maldita cosa parece a punto de derrumbarse."
"¡Hey, su nombre es Lily y ella tiene un espíritu feroz!" palmee suavemente el cuello del poni. El animal respondió relinchando y alzando su cabeza en el aire. "Esa es mi chica, no escuches a ese viejo gruñón."
"Cuando estén todos listos para tomar esta misión en serio, estaré esperándolos en los límites de la ciudad," gruñó Dwalin y comenzó a alejarse del grupo. La expresión de Bilbo se volvió agria.
"¿He hecho algo malo?" preguntó.
"Él solo quería quedarse en Erebor, es todo. No está muy encariñado con la idea de dejar nuestro hogar cuando al fin lo hemos encontrado." Respondí con suavidad. "No te preocupes, él será el primero en comenzar a llorar cuando te dejemos en la Comarca."
"Realmente lo dudo," murmuró Bilbo.
"Es verdad, yo seré el tercero, después de Ori por supuesto," bromee, intentando aligerar el estado de ánimo del hobbit. Todos estábamos un poco decaídos, sabiendo que nuestros días con él eran limitados. Él se había convertido en parte de la familia en los meses que pasamos juntos. Incluso Thorin valoraba su amistad. No estaría sorprendido si él organizaba algunas visitas a la Comarca en el futuro.
Fili salió de la casa y la reciente familia real salió también para despedirse. Gandalf agradeció a Bard por su valor durante la batalla. Su hijo se paró lealmente a su lado, mientras la más joven, Tilda, caminaba hacia el grupo. Corrió hacia Tauriel y llevó sus brazos alrededor de la elfa en un abrazo. Tauriel lucía sorprendida pero, aunque algo incomoda, le devolvió el abrazo. Sonreí ante la vista. Estaba determinado a romper su duro caparazón élfico. Ella ya se había vuelto más abierta conmigo, pero años de vivir en el Bosque Negro tomarían un tiempo en desaparecer.
"Gracias por salvarnos," le dijo la joven chica. Tauriel lucía incomoda pero le sonrió de todas maneras. Entonces Tilda se giró hacia a mí, pero antes de que pudiera alcanzarme, la reverencié.
"Le debo un agradecimiento, pequeña Princesa, por darme un lugar para causar estragos mientras estaba enfermo," le sonreí ampliamente. Ella se sonrojó y jugueteó con el pequeño oso de peluche en sus brazos, pero no pudo resistir devolverme la sonrisa. Finalmente, corrió hacia a mí y enterró su tímido rostro en mi pecho.
"¡Los enanos de verdad traen buena suerte!" declaró y ambos reímos. Me imaginaba que Bard podría diferir. La ciudad había sido destruida por nuestra manipulación sobre asunto del dragón. Sin embargo, al final de todo, ellos si reclamaron esta gran ciudad y se convirtieron en una familia adinerada.
"Sólo los enanos que salen por tu baño," me reí y la abracé con firmeza. Cuando la liberé ella corrió para interrumpir la conversación de Fili con su hermana, para hacer lo mismo.
"¿Baño? ¿En qué líos se metieron todos ustedes mientras no estaba?" preguntó Gandalf. Bilbo negó con la cabeza.
"No tienes ni idea," gruñó. "Casi comidos por arañas, capturados por elfos, capturados en la Ciudad del Lago, trepar por el drenaje para salir por el baño, casi ser incinerados, la herida morgul de Kili…"
"¡¿Herida morgul?!" Gandalf me miró con preocupación.
"Sí, eso sí es algo desagradable. Malditos orcos," gruñí, recordando el dolor que me trajo una simple flecha. Gandalf no lució satisfecho con mi respuesta. "Relájate, está sanada. Tauriel me salvó."
Ella se tensó al oír el sonido de su nombre, pero Gandalf continuo mirándome. Su mirada era muy intranquilizadora. Finalmente, él murmuró, "Quizá deberíamos hacer una parada en Rivendell en nuestra aventura. Lord Elrod debería darle un vistazo a la herida."
"Está bien Gandalf, Tauriel lo sanó hace semanas," insistí. "Ya casi no la noto."
"Sin embargo, aún la notas," su voz creció con enfado. No fue mi culpa que me dispararan con una maldita flecha envenenada, o que aún me escocía de vez en cuando. "Las heridas morgul no son tratadas con facilidad, sospecho que no sanará nunca en su totalidad."
Miré a la elfa que estaba ahora tan preocupada como el mago. Quería golpearlo en el rostro por dudar de ella. Ella salvó mi vida, ella se merecía alabanzas, no que cuestionaran su habilidad.
"Él está en lo correcto," ella habló. "No soy una sanadora experimentada, Lord Elrod debería ver la herida. Fui afortunada de haber podido hacer lo poco que fui capaz de realizar. ¿Crees que el veneno aún permanece?"
Antes de que pudiera discutir, Gandalf comenzó a preguntarle sobre el proceso. Estaba cuestionándola para asegurarse que había hecho todo correctamente. Quería patear al viejo mago, pero eso no solucionaría nada. Ella estaba preocupada de que no hizo un buen trabajo, lo cual era absurdo. Cuanto más hablaban ellos, mas sabía yo que no podría evitar la visita a Rivendell durante nuestro viaje.
"Está bien, debemos irnos," finalmente Fili se alejó de Sigrid. "A sus monturas todo el mundo."
Seguimos sus órdenes y el mago montó junto a mi elfa para continuar con su discusión sobre mi herida. Fili fue el último en dejar a la familia y tuvo que trotar con su poni para alcanzarnos. Encontramos a Dwalin en los límites de la ciudad y sin decir una palabra él se integró al grupo. Grandioso, pensé, tenemos a un enano gruñón que ya extraña su casa, un mago preocupado y una elfa con pánico. Que gran manera de comenzar una aventura.
