Título: Sueños

Rating: T

Fandom: Alice in Wonderland

Pairing: Alice/Tarrant

Status: En progreso

Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.

Capítulo 3: El jardín de Marmorreal

Sumergida en sus pensamientos no se dio cuenta de que alguien había entrado en la habitación. No lo vio porque era invisible, por supuesto. Chess, el gato sonriente, se materializó frente a ella de repente, haciéndola sobresaltarse y que le doliera el estómago por su herida.

-Hola cariño ¿Cómo te sientes?-, dijo el gato, mientras ronroneaba.

¡Chess! ¡Me asustaste!-, le reclamó, enfadada. -Estoy bien, un poco adolorida, como verás.

-Lo siento, querida. No fue mi intención asustarte. Pero lo que es mejor es que ya estés bien,- el gato revoloteó un poco en el aire y dándose un aire de superioridad, continuó, -Yo te curé las heridas con mis habilidades de evaporación. Ahora sólo debes esperar a que los puntos sanen. No deberías ir a matar a ningún Jabberwocky en los próximos días.

-Trataré de contener mis ganas de matar a un Jabberwocky-, dijo Alicia, sonriendo. -Está bien. ¿Has visto a la Reina Blanca? La verdad es que tengo mucha hambre.

-Estaba en la cocina. Seguro que ya viene para acá.

-¿Cómo es que la Reina tiene tiempo para servirme? ¿Acaso no tiene sirvientes?- le preguntó ella. Chess meditó unos segundos.

-Pues… tiene sirvientes, pero ellos se encargan de otras cosas. Mirana prefiere servir a sus amigos ella misma, supongo que como recientemente ella volvió a ser la Reina de Infratierra, tendrá menos tiempo para estar con nosotros y deberá encargarse del reino.

Unos quince minutos después, Mirana regresó con una sonrisa y una bandeja de mármol blanco y Alicia pudo desayunar al fin. En la bandeja había una taza blanca con té blanco, queso crema blanco, incluso las tostadas y los tenedores eran blancos.

-¿Por qué le gusta tanto el blanco?- preguntó Alicia.

-El blanco es un color que simboliza la pureza y la pulcritud. Demuestra que no tienes nada que esconder, enceguece si es muy brillante-, explicó Mirana, acomodándose un bucle de cabello blanco tras la oreja. –Además, las cosas blancas son blancas porque cuando les llega la luz, reflejan todos los colores, pero no absorben ninguno. Si lo comparáramos con una persona, el color blanco es muy independiente.

Cuando terminó de desayunar, Mirana le aconsejó que se levantara y que caminara un poco, ya que llevaba bastante tiempo en cama. Alicia se puso de pie con cuidado y sosteniéndose con Mirana, salió caminando despacio de la habitación. Afuera había un corredor vació de paredes blancas y grandes ventanas que daban a un hermoso paisaje.

-¿Te duele mucho? ¿Estás mareada?- le iba preguntando Mirana mientras iban avanzando.

-Es sólo una pequeña molestia-, Alicia sentía pinchazos en su estómago, pero nada que no le impidiera seguir. –Este castillo es muy hermoso, Reina Blanca.

-Llámame Mirana, por favor-, la soberana le dedicó una sonrisa. –Mis padres lo construyeron para mí, así como habían construido Salazem Grum para Iracebeth.

-Lamento lo de su hermana-, la consoló Alicia.

-No lo lamentes, ella tomó sus decisiones. Había que detenerla-, declaró Mirana, con frío en sus palabras.

Siguieron caminando otro trecho en silencio, parecía que ese piso jamás iba a terminar. Era una continuación de habitaciones de puertas grandes y blancas de madera, una al lado de las otras. Pasaron por un cuarto que tenía la puerta entreabierta y Alicia reconoció a quien estaba dentro. El sombrerero se encontraba allí, leyendo un libro.

-Tarrant-, dijo Alicia. Este levantó la mirada y sonrió. Con entusiasmo fue a su encuentro.

-Alicia, te has levantado ¿Qué haces aquí afuera?

Mirana le contestó, -Estaba ayudando ayudar a Alicia a que caminara un poco. No le hará bien estar todo el día acostada.

-No se preocupe, Su Majestad. Yo la llevaré-, Tarrant le ofreció su brazo a la joven rubia.

-Tarrant, creí haberte enviado a dormir-, le reclamó Mirana.

-Dormiré luego-, dijo Tarrant, suplicándole con los ojos. Mirana suspiró.

-Bien, pero ten cuidado, que no haga ningún esfuerzo-, agregó Mirana. Alicia sonrió con entusiasmo.

-Vamos, Alicia-, dijo el sombrerero, contento. Alicia se agarró de su brazo y apoyó su peso en él. Él le rodeó la cintura con el brazo que le quedaba libre y comenzaron a caminar. Bajaron una escalera y él la dirigió hacia el jardín. Alicia notó que no era tan temprano como creía. El sol ya comenzaba a bajar hacia el horizonte. Al parecer Alicia había dormido bastante y había confundido la luz que entraba por la ventana con luz de la mañana, cuando en realidad, era la luz de la tarde.

-Oye, ¿Cuánto tiempo exactamente estuve durmiendo?-, preguntó.

-No sé, exactamente. Habrán sido unas diez o doce horas… Honestamente, me preocupaba que no despertaras-, los ojos de Tarrant se oscurecieron un poco mientras lo decía.

-¿Tan mal estaba?

El sombrerero sacudió la cabeza, alejando malos pensamientos y comenzó a balbucear rápidamente, -Pero ahora despertaste, y te ves bien, algo cansada quizás, pero yo me siento bien con tenerte aquí y...

-¡Sombrerero!- le espetó ella, mirándolo a los ojos.

-Es… Estoy bien-, el suspiró de manera peculiar y luego se calmó, como siempre. El sol ya casi había caído por completo y la luz anaranjada daba en el rostro de Alicia, dándole un bello color a su piel. Tarrant se quedó perdido, observándola.

-Sombrerero ¿Qué estás mirando?

-Nada, querida. Sólo pensaba lo bien que me hace que estés aquí.

Siguieron caminando otro trecho en silencio. Ella se sentía un poco nerviosa por estar a solas con él. Había estado a solas con él antes, pero ella aún no se convencía de que Infratierra fuera real, así que sólo creía que el sombrerero era un invento más de su soñadora mente. La verdad era que se sentía muy cómoda con él. Llegaron hasta un quiosco que había en los terrenos del castillo. Como casi todo a su alrededor, era blanco y estaba muy decorado. Entraron en el quiosco y Tarrant, la ayudó a sentarse. Él se sentó junto a ella y le tomó la mano. Se tomó un segundo para mirarla y luego habló.

-Alicia, he estado queriendo preguntarte algo. Yo... quería...

-¿Qué sucede?

-¿Queríasabersitequedarasaquíconmigo?- dijo el sombrerero muy rápido

-¿Qué?

Tarrant tomó un respiro y se tranquilizó. -Quería saber si te quedaras aquí.

Alicia procesó la pregunta que él había hecho y bajó sus ojos, como si no tuviera una respuesta. Lo meditó un segundo mirándose los dedos.

-No lo sé. Es decir...-, Alicia iba a terminar la frase, pero cometió el error de subir su vista y ver sus ojos verdes entristecidos. Verlo triste era algo que le remordía el corazón.

-Alicia, no tienes que decidirlo ahora. Mejor esperemos a que te sientas mejor. ¿Qué te parece?- Él sonreía, tratando de ocultar tristeza. Se quedaron en silencio mirándose el uno al otro. De repente, Alicia tuvo una sensación extraña. Comenzó a sentir que el suelo se movía y su cabeza le daba vuelta. Exactamente la misma sensación que había tenido la última vez que se desmayó.

-Alicia ¿Te encuentras bien?-, preguntó Tarrant, preocupado.

-Creo que... creo que... me voy a desmayar.

Alicia intentó sujetarse de alguna parte, del brazo del sombrerero, de sí misma, del banco donde estaban sentados, pero no puso. Todo desapareció. Otra vez toda Infratierra se nubló ante sus ojos y se sintió caer a la inconsciencia.

Alicia despertó agitada, pero esta vez no estaba en su habitación.

Continuará

Gracias por leer, las reviews serán apreciadas

Seguiré subiendo los capítulos en estos días. Planeo que sean seis o siete.

Cereza Queenie