Título: Sueños

Rating: T

Fandom: Alice in Wonderland

Pairing: Alice/Tarrant

Status: En progreso

Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.

Capítulo 5: No quiero dormirme

Fueron otra vez interrumpidos por la hermosa y albina reina. Alicia y Tarrant miraron hacia otra parte a la vez, como si no estuvieran hablando de nada importante. Mirana se dio cuenta de algo sucedía pero no dijo una palabra sobre eso. Es más, tenía algo importante que decir.

-Alicia, estás despierta. Debes beber esto-, les mostró un recipiente de forma irregular con líquido verdoso y brillante.

-¿Qué es?- preguntó la muchacha rubia.

-Es solo un brebaje que preparé-, dijo Mirana con un gesto calmado -Por alguna razón, estás tardando demasiado en curarte. Esto debería ayudar.

La reina Blanca le tendió el recipiente y Alicia lo sujetó. La chica lo miró con desconfianza entre sus dedos. Le hacía recordar al recipiente con la sangre de Jabberwocky. No quería volver a su hogar. Ni en una pesadilla ni en la vida real. Quería quedarse en Infratierra con el Sombrerero y si quería eso debía mantenerse fuerte. Se bebió el líquido verdoso hasta el final. Fue como pasar algo congelado por su garganta pero no tenía ningún sabor.

-Estarás mejor, Alicia querida-, le dijo Tarrant, acariciándole cariñosamente la mejilla.

- Haré que te preparen un baño-, ofreció Mirana –Así que lava tu cuerpo y luego podrás comer algo.

-Por supuesto.

-Vamos a dejarla sola-, le dijo la reina al Sombrerero. Este no quería alejarse de Alicia pero aceptó de regañadientes. La reina Blanca dejó el cuarto y al cabo de unos minutos, regresó seguida de cuatro mujeres con pieles y cabellos tan blancos como la leche. Dos fueron al baño y prepararon la tina con agua caliente y sales aromáticas. Las otras dos ayudaron a Alicia a levantarse de la cama y a quitarse la ropa. Le dio un poco de vergüenza pero pensó que no tenía realmente de qué avergonzarse, de todos modos, estaba muy débil como para hacer eso sola. La llevaron al baño y la depositaron cuidadosamente en la tina.

-Campeón de Infratierra-, dijo una de las mujeres blancas –La esperaremos afuera. Si necesita algo, llámenos.

Y con esto, las cuatro mujeres salieron del baño y cerraron la puerta. El agua estaba cálida, sintió como su cuerpo se relajaba de inmediato. Alicia suspiró tranquila y miró el cuarto a su alrededor. Todo en ese baño era muy blanco y relucía este color de una manera enceguecedora. Había un gran espejo enmarcado con piedras blancas en frente de ella. Tenía el rostro cansado. No se había dado cuenta de su estado hasta entonces. Se miró el cuerpo con detenimiento. Tenía las piernas llenas de moretones, rasguños en sus brazos y una horrible cortada en el abdomen. Lo ignoró mientras se lavaba el cuerpo con un jabón de enigmático aroma. Cuando terminó con su cuerpo, comenzó a lavarse el cabello con un líquido blanco perla que emitía espuma con aroma a cerezas.

Las mujeres la ayudaron a salir de la tina, a secarse, a vestirse y a volver a la cama. Le dijeron que la reina vendría en cuanto se desocupara y dejaron el cuarto. Alicia entonces pensó sobre la última pesadilla que había tenido. La pesadilla fue horrible, pero ella se dio cuenta de algo. No había regresado a Infratierra hasta que no se había dormido en el mundo de arriba. ¿Cómo saber cuál de los dos era la realidad? Ella tenía la suficiente imaginación como para crear gatos que sonríen y libres locas. Ella podría imaginarse un compañero perfectamente loco, pero a la vez tan dulce y amable. Una idea incómoda empezó a llenar el corazón de Alicia. ¿Y si cuando volvía a dormirse regresaba a su mundo?

[…]

Mientras tanto, en otra parte del castillo de Marmorreal, Mirana llevó al sombrerero para hablar. También tenía algo importante que contarle a él.

-Mirana ¿Qué es lo que querías informarme?

-Tarrant, creo que hay un problema con Alicia.

-¿Problema? ¿A qué te refieres?- preguntó el sombrerero, preocupado. Sus ojos se tornaron de un color más oscuro.

-Creo que está tardando mucho curarse-, siguió Mirana –No estoy segura realmente, quizá algo del Jabberwocky ingresó en su cuerpo cuando la hirió y no puede tolerarlo. Creo que le afecta más cuando duerme, está teniendo muchas pesadillas.

-Pero, tú le diste esa pócima ¿Eso no la ayudará?

-Físicamente, sí. Mentalmente... no lo sé-, ella estaba tan preocupada como él. -Esas pesadillas la están asustando mucho. Esta última vez casi muere, su cuerpo estuvo al límite. Suerte que no se lo dijiste.

-No quería asustarla más de lo que ya está-, el tono del sombrerero se ensombreció. -Y casi muere por mi culpa. No debí haberla llevado afuera. Se descompensó cuando estábamos en el jardín.

-No es cuestión de culparse, amigo mío. Si no de que estés allí cuando ella te llame si es que vuelve a tener pesadillas.

-Está bien, iré a buscarla. Quiero quedarme con ella si se vuelve a dormir.

Tarrant se fue a buscarla, pero cuando entró al cuarto de Alicia, este estaba vacío. Ya casi era de noche. Él ya iba a desesperarse cuando vio que había una nota sobre la cama que decía: "Yo soñaría a alguien que está medio loco".

[…]

Alicia estaba en el balcón principal del castillo, observando como anochecía en el horizonte y esperando que su sombrerero viniera a hacerle compañía. Ella no quería irse a dormir, temía no poder despertar la próxima vez. Si se quedaba en cama, corría el riesgo de quedarse dormida. Una dulce voz a sus espaldas la sacó de sus pensamientos.

-No deberías desaparecerte así-, Alicia se dio vuelta y vio a su sombrerero.

-Me da gusto que hayas entendido el mensaje.

Ella sonreía de una manera extraña, lo que hizo que el sombrerero se preocupara aún más.

-Alicia, deberías sentarte. Te lastimarás. Ven acá-, él la sostuvo y la ayudó a sentarse en un banco de piedra caliza que estaba cerca de la baranda del balcón. Antes de hablar, Tarrant se aseguró de rodearla con su brazo.

-¿Qué estabas haciendo aquí? ¿Sabes que me preocupé cuando no te encontré en la habitación?

-Lo lamento, estaba asustada. Supongo que este lugar es especial para mí, necesitaba pensar.

-¿Qué es lo que te asusta?

-Que tú no seas real-, ella lo miró a los ojos -Esa pesadilla se sintió tan real. Fue...horrible… sólo no quiero sentirme así de nuevo.

-Yo te cuidaré Alicia. Debes saberlo- le aseguró él, acariciándole la mejilla.

-Lo sé, Tarrant, pero... en algún momento me quedaré dormida. Eso no podré evitarlo.

-Descuida, me quedaré contigo. Si veo que algo malo pasa, te despertaré. Puedo echarte una taza de té en la cabeza- bromeó él con una gran sonrisa. Alicia se rio un poco.

-Gracias. Lo apreciaría mucho.

El último vestigio de sol terminó de caer y la noche los envolvía. Ella se tranquilizó un poco, sólo tener al sombrerero ahí a su lado le provocaba esa sensación. Se miraron a los ojos y no dijeron nada por algunos minutos. La belleza de Alicia dejaba sin aliento a Tarrant. Cuando quiso darse cuenta de lo que estaba pasando, puso sus manos a cada lado del rostro de ella, acariciándola suavemente. Alicia estaba cansada, el sueño trepaba poco a poco por su cuerpo, pero lo que hizo Tarrant le agradó.

-Sabes, Alicia, la primera vez que te vi, no me imaginé que llegarías a ser tan importante para mí.

-Yo en realidad nunca quise irme la primera vez- a pesar de la oscuridad, ella sabía que estaba sonrojada. –Pero era sólo una niña. Ahora te puedo apreciar de otra forma completamente distinta.

El sombrerero sonrió y comenzó a acercarse a Alicia.

-¿Qué estás haciendo?

-Dándote una razón para quedarte-, dijo él y terminó por besarla. Fue un beso dulce y suave. Era como si el tiempo no pasara, estaban en su pequeño mundo. Sin embargo, ella se sentía triste porque sabía que en cualquier momento se quedaría dormida. Debieron haber pasado unos minutos solamente, pero ese beso se sintió una eternidad. Cuando al fin se detuvieron, Tarrant estaba sonriente y quedaron otro largo momento abrazados mirando hacia la Luna. La cabeza de Alicia descansaba en el pecho del sombrerero. Sus ojos la vencían. Quería aguantar más tiempo, pero estaba débil por la herida. No soportaría mucho más.

-Tarrant, me estoy durmiendo. No quiero dormirme-, murmuraba ella.

-Alicia, no debes preocuparte si algo malo pasa, te despertaré-, la tranquilizaba él, acariciándole el cabello. Sin embargo, ella casi no escuchó lo último. Ya estaba profundamente dormida. Y en cualquier momento despertaría en otro lugar. Otro lugar lejos del sombrerero.

Continuará...

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Cereza Queenie