Título: Sueños
Rating: T
Fandom: Alice in Wonderland
Pairing: Alice/Tarrant
Status: En progreso
Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.
Capítulo 6: Escucha los dos mundos
Ya estaba profundamente dormida. Y en cualquier momento despertaría en otro lugar. Otro lugar lejos del sombrerero.
Alicia despertó otra vez en el cuarto en donde su madre la había encerrado anteriormente. Se levantó de la cama de un salto y comenzó a caminar de lado a lado de la habitación, tratando de averiguar qué hacer. Algo tenía que ocurrírsele, no podía seguir existiendo en los dos mundos. Ella sólo pertenecía a Infratierra, eso había quedado claro. En eso, escuchó que alguien giraba la llave y abría la puerta. Era su madre. Helen Kingsleigh tenía la mirada fría y no mostraba ningún arrepentimiento por lo que le había hecho a su hija.
-Buenos días, Alicia. ¿Has pensado en mi propuesta de ayer?- dijo, arrastrando las palabras.
-Madre, no me obligarás a casarme con Hamish. No lo haré. No puedo- contestó la hija acaloradamente.
-Entonces no tengo más remedio que darte la peor opción. Mientras dormías estuve hablando con algunas personas. Resulta que si no te casas con Hamish, terminarás en un lugar muy lejano, completamente encerrada del mundo exterior. Irás al loquero, hija. He aprendido mientras te criaba, que estás totalmente loca.
Helen lanzó su amenaza y volvió a cerrar la puerta con llave. Alicia se quedó mirando la puerta cerrada. Ahora temía, porque si esto era verdad, ella estaría encerrada por siempre. Los loqueros eran lugares horribles, quizás la tendrían drogada todo el día y no podría distinguir entre la realidad y sus sueños. Similar a ahora, pero no con tanta nitidez. Algo era seguro, ella no podría vivir así. Comenzó a pellizcarse a sí misma, intentando despertar.
-Entonces, Alicia. ¿Te casarás con él o no?- dijo la voz de su madre, al otro lado de la puerta. El silencio invadía la habitación. Quería decir que no pero no le quedaba más alternativa.
-Está bien, me casaré con él- no sentía que esa palabras salieran de su boca. No podía ser verdad. Alicia dejó caer una lágrima, que apresuró a enjugar. La puerta se abrió una vez más. Su madre tenía el rostro aliviado, pero eso no le hizo sentir mejor a su hija.
-Muy bien, la ceremonia es esta tarde- comentó mientras le entregaba una caja de cartón -Espero que te arregles hasta entonces. Estás tomando la decisión correcta, hija.
Helen se volvió a ir, echando llave a la puerta. La joven ahora estaba sola. Una idea pasó por su mente. Recordó que lo único que tenía que hacer era llamar al sombrerero. Hasta ahora, siempre que se había dormido en Infratierra, luego despertaba en el mundo normal. Quizás si lo llamaba, podrían despertarla del otro lado.
-¡Tarrant, ayúdame!- susurró. No ocurrió nada.
-¡Tarrant, por favor! ¡Necesito tu ayuda! ¡Tarrant!- gritó desesperada. Seguía sin ocurrir nada. El terror de que nadie la oyera invadió su mente y comenzó a llorar con amargura. Su llanto ahogó sus suplicas y se rindió.
[…]
Aunque Alicia no lo supiera, en Infratierra sí escuchaban sus gritos. Era temprano en la mañana y el sol se colaba entre las cortinas de una habitación muy blanca en el castillo de Marmorreal. Mirana, la Reina Blanca y Tarrant, el Sombrerero Loco, contemplaban a la joven rubia mientras dormía.
El sostenía la mano de Alicia como si esta fuera tan delicada como una copa de cristal. Tarrant trató de ocultarlo, pero Mirana notó que había estado llorando. Le parecía tan injusto que la chica se desvaneciera otra vez, ahora que sabía que sus sentimientos eran correspondidos por ella. De la nada, sintió que ella se movía en la cama, como si fuera a levantarse ahí mismo a caminar y murmuraba cosas sin sentido.
-Está hablando- dijo Mirana, quien estaba de pie detrás de Tarrant.
-¿Qué está diciendo?- preguntó él.
-¡Tarrant, ayúdame! ¡Tarrant, por favor!- gritó ella. El sombrerero la sacudió con firmeza, otra vez estaba sufriendo pesadillas.
-Alicia, despierta. Alicia, ¿Puedes oírme? ¡Alicia!
La joven no respondía, seguía durmiendo pero con el mismo murmuro constante. El sombrerero no vio más remedio que darse vuelta y pedirle ayuda a la reina con su mirada.
-No se despierta, ¿Por qué no? Las otras veces se despertó en seguida.
-No lo sé. Puedo ir a prepararle una poción para ayudarla, pero...- señaló a Alicia -Escucha, dejó de murmurar. Quizás ya se le pasó.
Un pensamiento sombrío se metió en la mente del sombrerero.
-¿Qué tal si ya no está… aquí?
-Estoy segura de que despertará, sólo debemos esperar- Mirana le dirigió una mirada maternal, como siempre - Ahora deberás disculparme, iré a preparar esa poción.
La Reina Blanca salió del cuarto deprisa, dejando a Tarrant solo con una dormida Alicia. Él sólo se quedó, mirándola otra vez, esperando a que despierte.
[…]
Alicia aún seguía en el cruel mundo en el que había nacido. La joven y triste rubia, abrió la caja y sacó un precioso vestido de color azul, su favorito. Se quedó contemplándolo un buen rato, a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas. Se lo puso. Le quedaba precioso.
"En unas horas seré la esposa de ese imbécil" pensaba con asco, pero lo que en realidad le partía el corazón era que estaba apartada de Tarrant.
-¿Por qué no me despierta?- murmuró, sujetándose la cabeza. Entonces, le aterró la idea de no despertar cerca de él, en sus brazos, otra vez. Pasaron horas interminables. Ella ya estaba cansada de imaginar escenarios en dónde escapaba feliz con el sombrerero. No sabía cómo irse de ahí y no le veía un buen final a la situación. Golpearon la puerta y luego se escuchó el girar de una llave. Su madre volvió a entrar y observó a su hija en su vestido de bodas.
-Estás preciosa hija- le dijo, acariciándole un mechón de cabello.
-No quiero hablar contigo- se apartó la chica, enojada.
-Lo sé y ahora vendrás conmigo. La boda será en la azotea de la mansión. En cualquier momento comenzará la ceremonia- Helen le dio una mirada dura –Sin protestar, de ser posible.
Alicia agachó la cabeza y simplemente no tuvo ya fuerzas para contestar. Su madre la tomó del brazo, sabiendo que su hija ya estaba sometida y la arrastró hasta la fiesta. Esas fiestas que ella odiaba porque había que complacer a un montón de extraños. Sin embargo, ahora esto no le importaba a la chica.
Ella quería volver a Infratierra. Con él. Quería aunque sea besarlo una vez más y decirle lo que el significa para ella. Pero ahora no podía. Ahora era tarde. Alicia Ascott, ese sería su nombre. Sintió repulsión cuando vio la horrible cara de Hamish, esperándola en el altar. No había forma de huir. Cuando quiso darse cuenta, el sacerdote leía los votos matrimoniales. Sintió que iba a enloquecer. Ella solo murmuraba para sí misma.
-Tarrant, ayúdame. Te necesito- esperando que el sombrerero la escuchara.
[…]
El sombrerero sí la escuchaba, la había estado escuchando todo el tiempo. Y otra vez, la tomó por los hombros al borde de perder la esperanza.
-Alicia, por favor, si me escuchas vuelve a mí.
[…]
Sorprendentemente, ella sí pudo escuchar las palabras de Tarrant. Estaba en su propio mundo, en Inglaterra, pero podía oír y sentir lo que ocurría alrededor de su cuerpo dormido en Infratierra. Podía sentir la presión de las manos de él sobre sus hombros y al parecer era la única en ese lugar que podía escuchar la voz del sombrerero. Hasta ahora, no había sentido nada de eso. Quizás estaba perdiendo la cordura. Dudando un poco, siguió murmurando cosas.
-Tarrant ¿Me oyes?
[…]
Tarrant seguía a su lado sin comprender qué sucedía. Ella le hablaba pero no abría los ojos, tenía el cuerpo dormido.
-Te oigo, Alicia. Despierta de una vez.
[…]
En efecto, el sombrerero podía oírla.
-Deberás esperarme un segundo- murmuró, mientras una idea loca se le cruzaba por la cabeza. Ella se dio cuenta de que si dormía en un mundo, estaba despierta en el otro. Pero ella ahora sólo quería estar en Infratierra. La idea era demente, imposible, inaudita pero la devolvió al lugar donde estaba ahora. Frente a un sacerdote, con mucha gente detrás esperando el sí y que ella se convirtiera en Alicia Ascott. Antes de poder realmente planearlo, se dio vuelta y salió corriendo. Su madre trató de detenerla pero no lo logró. En menos de un abrir y cerrar de ojos, la joven ya estaba subida en la cornisa de la azotea del edificio.
-¡Alicia! ¿Qué estás haciendo? ¡Baja de ahí!- gritaba su madre.
-No, madre. Debo hacerlo. Debo volver- Alicia evitó mirar hacia abajo. Sabía que eso la asustaría.
-¿Volver a dónde?
-Tú no entiendes- ella murmuró otra vez -Sólo por si algo sale mal, Tarrant quiero que sepas que te amo.
[…]
Tarrant se quedó mirando el dormido cuerpo de la chica en Infratierra y se acercó a su oído con suavidad.
-Yo también te amo, Alicia.
[…]
Alicia miró seriamente hacia abajo, cerró los ojos, tomó un respiro y se dejó caer hacia adelante.
Continuará...
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Cereza Queenie
