Hetalia, marcas, etc., no me pertenecen, ustedes lo saben, y no hay ganancia monetaria, ni impulso político, o la amenaza lejana de dos alegres personas que exijen el hard yaoi que prometí al unirme a este fandom.

Ideas tengo muchas, y pendientes muchos más, pero las musas están en huelga, de nuevo. Así que les dejo estos Cortitos, toma dos, y espero que disfruten lo que queda del año y un poco más.

Una disculpa a las personas que resulten ofendidas por el contenido aquí expuesto.

Dedicado a YukiKitsune, a Itzel Duran y a FernandaWarriorPrincesss, gracias de todo corazón.


¡Les dije que estaba loco!

José Vicente, alias Chente, tenía un gran defecto: le gustaba la mala vida. Y no hablamos de cosas como perder el día completo jugando, comiendo y molestando a sus aliados... Aunque eso también era parte del problema.

Pero ese no es el punto. El principal problema de México es que se creía casi todo lo que le contaban, y si nadie ponía freno a su imaginación, llegaba al punto de hacer creer a sus bromistas que aquello que dijeron era un hecho, como lo fue este caso.

-April's fool, esta vez, haré una muy buena broma, ¡por que soy the Hero! AH, HA, HA, HA, HA, HA!

Alfred estaba tan concentrado en reír, que no se percató de que Chente se estaba riendo con él a carcajadas.

-Oye, ¿de qué te ríes, güey?

-Joseph! -Alfred echó su brazo a los hombros del mexicano, quien no tuviera idea de lo que pasaba.- Necesito que me hagas un gran favor, es de crucial importancia para la seguridad mundial.

-No tiene que ver con dinero, ¿verdad? Por que estoy medio quebrado.

-Don't worry, look...

-¿Cuál Luc? ¿Me viste la cara de Jedi?

-No, no se trata de eso. -Le dijo Alfred, recordando que tenía qué hablarle especificamente en español, ya que de lo contrario el mexicano malinterpretaría cada una de sus palabras, como cuando le encargó que preparar un almuerzo para la visita de su jefe, y el Chente recibió al presidente de los Estados Unidos Americanos con una bolsa de Cheetos y una Coca-Cola...

FlashBack

-Joseph, what is this? -Preguntó con una mezcla de tristeza y decepción el país de la libertad, mientras el jefe en turno del mexicano se excusaba con el invitado y resolvía la situación por su cuenta.- Te pedí un lunch. This is just a snack.

-¿¡Pos qué más quieres!? ¿Qué allá en tu casa no mandan a los niños con un jugo y unas papitas a la escuela? Además, si quiere comida, que coma en su casa.

Fin del FlashBack

-Hay un gran problema con Arthur. Necesito que vayas a su casa, pero no entres, no toques la puerta ni le avises que vas a estar allá. Te paras sobre sus preciosas flores y te asomas por la ventana.

-Está bien. -Accedió el mexicano y se dispuso a ir en el acto.

-Wait! ¿No vas a preguntar por qué vas a espiar a England?

-El güey lo serás tú, pendejo. -Cruzándose de brazos, el mexicano meditó unos segundos.- A ver, voy a casa del cejón horripilante, me paro en sus flores, veo por la ventana lo que hace, y ya.

-No, cuando veas lo que esté haciendo, me llamas por teléfono y me avisas, por si es necesario detenerlo.

-¡Ah, pos hubieras empezado por ahí!

Un par de horas después, José Vicente cumplía el encargo del americano, por lo que se afanó en su tarea, bailando sobre las pobres florecitas del inglés, y de paso, deformando un par de setos.

-Le voy a poner cuernos a esta vieja. -Dijo el moreno mientras deformaba un seto cortado a la imagen de la reina británica, y su teléfono empezó a sonar.- No estoy, ¿qué quiere?

-"México, ¿fuiste tu quien pintó bigotes a todas las fotos y retratos que había en los Pinos?"

-Mire jefe, no sea tonto, ¿quién va a estar de pendejo pintándole bigotes a los pinos? -Y le colgó a su jefe, retomando la tarea de mutilar el jardín.

Pero su teléfono volvió a sonar.

-¿¡Qué no escuchaste que no estoy, cabrón!? ¿Qué quieres?

-"It's me, Alfred".

-¡Ah! ¿Qué onda? ¿Qué cuentas?

-"¿Ya vigilaste a England?"

-¿Y yo qué le tengo que estar viendo a ese?

-"Joseph, lo hablamos. Ibas a ver qué estaba haciendo England y me ibas a llamar por teléfono para decirme".

-Ta bueno, ta bueno, ya voy.

Sin conocer las intenciones de Estados Unidos, Arthur Kirkland, representación de Inglaterra, se preparaba para jugarle una broma a su ex-colonia, con la temática de ninjas, y había pedido ayuda a varias naciones, pero la que contestó el llamado no era la que esperaba.

-Bloody hell! ¡Ya te dije que no!

-Entonces no te ayudo. -Diego Carrizo, la representación de Argentina, tomó su maleta y buscó con la mirada a su acompañante.- ¡A casa, Néstor!

-Hold on! ¿Trajiste a ese saco de pulgas aquí?

-Néstor es bastante limpio, no como otros, y aún si tuviera pulgas, no creo que llegaras a darte cuenta, una más, una menos, ¿a quién le importa? ¡Néstor! ¿En dónde estás?

Mientras el argentino buscaba por la casa, ignorando al anfitrión, quien temía un posible daño en sus muebles, José Vicente observaba por el ventanal, haciéndo el mínimo esfuerzo para ocultarse.

-Güero, contesta, la cosa está que arde aquí.

-"What is it, Joseph?"

-El Iggy se volvió loco, está vestido de talibán y ese otro descarado, larguiducho, nariz de carretera, está con él. Incluso traen las maletas hechas.

Como ustedes saben, para los norteamericanos el tema del terrorismo es una cuestión sensible, y olvidándose por completo de quién era su informante y de que Inglaterra tenía conocimiento de las festividades que él celebraba, la imaginación de Alfred se disparó, imaginando los peores escenarios.

-"The communist is there?" -Preguntó por Rusia, comenzando a sudar frío.

-¿El corriente ese? ¡Claro! Si clarito los estoy viendo en el suelo de la casa, a gatas, hablando de quién sabe qué cosas y la mamá de los pollitos...

Sin perder tiempo, Alfred abandonó la Casa Blanca, ignorando a su jefe, y tomó el primer avión que encontró a su paso.

-No vayas a cortar la cortar la llamada, Joseph, ¿te ha visto alguien?

-"Pos no que yo sepa. Orita están bailando, o algo así, por que el cejón está dando vueltas, ahora vienen a la puerta, ¿qué hago?"

-Stay calm, voy en camino.

-"¡Hijo de su puta madre! ¡Ya me vio!"

-¡Joseph, no vayas a colgar! ¿Qué sucede?

-"Déjame, déjame! ¡Mamá!"

-Hang on! The Hero is coming!

Y violando más de media docenas de leyes, el americano se las arregló para llegar en brevedad a la casa del inglés, aterrizando sobre los setos y lo que quedaba del maltratado jardín, apagó el avión y se metió a la casa, encontrando al argentino envuelto en una acalorada discusión con Arthur, y de México, ni las luces.

-Where is Russia? -Demandó Alfred, apartando al latinoamericano, y alzando al británico.

-What the heck are you talking about!?

-And where is Joseph? Answer me! -El rubio de ojos azul sacudió con frenesí al ojiverde, mientras Diego salía de la casa a llamar a su perrito y al Chente.

-¡Vicente! ¡Aquí te busca Alfred! ¡Ya baja de ese árbol!

-¡Pos dile a tu perro canijo que ya me deje!

-¡Néstor! ¡Ven aquí, chico! -El perrito, un Chiweenie, regresó al lado de su dueño, moviendo la colita muy feliz.- Nos vemos en la siguiente junta.

Un rato después...

-You idiot! -Arthur regañaba a Alfred, una vez que las cosas se aclararon a medias.- ¿Cómo se te ocurre mandar de espía, de entre todos los países del mundo, a este pequeño idiota?

-Charros, charros, no te pases o te la parto, pinche puto.

-What!? That's it, esto lo voy a mencionar en la siguiente junta.

-Y yo les voy a decir: "¿Si ven? ¿Si ven? ¡Les dije que estaba loco!"

-Well, everything is fine thanks to the Hero! -Estados Unidos adoptó una pose, ignorando al inglés y al mexicano, quienes no dejaban de discutir.- AH, HA, HA, HA, HA, HA!

FIN de este cortito.


Tarde.

Siempre procuraba estar puntual para las juntas mundiales, pero ese día llegó tarde.

Y no es que le preocupara perderse algo importante, ya que las naciones "de primer mundo" jamás se ponían de acuerdo. Tampoco perdería el sueño pensando que le recriminarían su retardo, mejor dicho, ya no le preocupaba, puesto que no habría diferencia alguna, excepto que no le obligarían a tomar bando o dar una opinión.

Y para ella, eso estaba bien. Llegó a la sala de juntas, abrió con delicadeza la puerta, y se percató de que todo sucedía con el caos de siempre. Se dirigió a su asiento y saludó a las naciones que estaban sentadas a su lado.

-Buenos días, lamento el retraso.

Pero lo que no esperaba era que todos dejaron de pelear y clavaron su vista en ella.

No le agradaba.

-Mexico! How long have you been here!? -Demandó el inglés, quitándose de encima al norteamericano, y Josefina se encogió en su lugar.- ¡Este idiota casi declara la guerra al medio oriente pensando que te habían secuestrado unos terroristas!

-Yo... -No soportaba la presión que esos ojos ejercían sobre ella, menos si agregaban a Estados Unidos escupiendo preguntas a velocidad luz y percibir los murmullos de las naciones no simpatizantes.- Yo...

Pero incluso las naciones tienen un ángel guardián, y el de México tenía pecas y pertenecía a la Unión Americana.

-¡Finita! -El Estado Dorado derribó la puerta, aplastando al británico y a su ex-colonia.- Mi querido Wellington dice que lamenta haberte hecho esperar, pero que tu idea para el festival navideño de este año puede lograrse con el presupuesto exacto y sin demora alguna, o sea, que nos quedará tiempo para ir a patinar juntitos, tomados de la mano, y vivir una romántica navidad. ¡Wellington, te amo!

California arrojó los papeles al aire y se fue corriendo hacia el amor de su vida; por su parte, Josefina se levantó para recoger los documentos y auxiliar un poco a los países caídos.

-Lamento el retraso. -Se excusó en un susurro.- ¿Están bien?

-It doesn't matter! -El inglés trató de rescatar la poca dignidad que le quedaba.- ¿¡Por qué no avisaste que ibas a llegar tarde!?

-Un retraso por cuestiones de trabajo no se cuestiona.- Tomó la palabra Alemania, e hizo una seña silenciosa para que México tomara su lugar.- ¿Ya podemos empezar la junta?

En la siguiente cumbre, México asistió con puntualidad, pero nadie lo notó.

Fin de este cortito.


¡Nos olvidamos de ti, Pepito!

Por fin habían vuelto a casa, después de todo el ajetreo en el hospital a causa de los pequeños retoños que se metían en cada problema posible, y algunos, imposibles.

-¡N'ombre! ¡Hubieran visto cómo quedó el Chato! ¡Se rompió hasta la ma...!

-¡José Vicente, en esta casa no se dicen groserías! -Le recriminó su mamá.

-¿Pos qué problema? Me salgo afuerita pa' decirlas todas.

-Usted no sale a ningún lado, jovencito. -Don Chente le dio un merecido jalón de orejas. -Está castigado por salirse en la noche con Emil y caerse de la bicicleta de Roberto, ¡la pobre quedó hecha pedazos!

-Igual que el Chato. -Complementó Chema la frase.

-¡Mamá! -Gimoteó el más chico de la familia.

Detrás de ellos, Alfred, quien los encontrara en el camino de regreso, se invitó solo para cenar, y de paso, ayudarles para rescatar la bicicleta.

-Don't worry, everyone, la bicicleta quedará lista en un momento, AH, HA, HA, HA, HA, HA!

-¿De veras? -Se sonrió Chente con gran ilusión.

-Pero usted no la va a usar. -Le advirtió su mamá.

-¿Por qué?

-Por que está castigado. Ahora váyase a su cuarto y no salga de ahí hasta que esté la cena.

-No es justo. -Y a regañadientes, se retiró a su habitación.

-Bien. Ahora sólo debemos arreglar la bicicleta antes de que Pepito se dé cuenta que ya la usaron.

Dicho esto, se encaminaron al comedor, cuando alguien prendió la luz.

-¿Enterarme de qué? -Preguntó un muy molesto Roberto, que se había cruzado de brazos.

-¡Pepito! ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Lo que notaron a continuación, era un contenedor de pastel, del cuál sólo quedaban algunas migas y residuos de crema dulce, proveniente de una de las cadenas comerciales de la localidad

-Digamos que desde ayer, en la tarde. -Respondió con el ceño fruncido.

-Hi, Bobby! -Saludó alegre Alfred, ignorando la evidente molestia en el rostro del rollizo moreno.

-No me hables, Alfredo. Ninguno de ustedes, ya vi que en esta casa no valgo nada.

-Dios mío, no puede ser. -Dijo Chema al darse cuenta de la fecha que marcaba el calendario. ¿Hoy es 7 de febrero?

Todos voltearon a ver el almanaque, que tenía encerrado en un enorme círculo rojo el día 5...

-¡Ay, Pepito, nos olvidamos de tí! -Dijo la señora Infante, bastante apenada.- Y yo diciéndole a todas mis comadres que tu cumpleaños era el 6.

-Si, ya me di cuenta. -Roberto se levantó de la mesa y se disponía a irse.- Y no se preocupen, no quiero nada, buenas noches.

El resto de la familia se miró entre sí, y tomaron un lugar en la mesa.

-Rayos, y yo que le había comprado una faja para que escondiera las llantas.

-¡María José, eso no se dice!

FIN de este cortito.


Ya veremos si se me ocurre otra cosa, pero está en veremos. Disfruten las fiestas.