Era un soleado día de primavera. Miyako y Mimi estaban desayunando y riéndose en la cocina. Daisuke bajo por las escaleras a toda velocidad y intentando terminar de vestirse por el camino.

—Vamos Veemon, si no llegaremos tarde —dice mientras se acerca a coger un bollo de la mesa.

—Si te levantaras cuando te dije, ahora no llegarías tarde—le recrimina Miyako—¿cuando vas a aprender?

—Bah, da igual!—dice Daisuke quitándole importancia—A los clientes les gustan tanto mis platos que no les importa esperar.

—¡ESO NO ES SUFICIENTE RAZÓN PARA ABRIR MEDIA HORA TARDE!—explota Miyako, totalmente fuera de sí.

Mimi rodó los ojos. Todos los días sucedía exactamente lo mismo. Era imposible sacar de la cama a Daisuke por las mañanas, dormía como un tronco, por lo que siempre terminaba levantándose tarde y saliendo apurado de casa, para al final, terminar abriendo tarde de todas formas. Por suerte, el negocio le iba bien a pesar de todo. Algunos días habían probado a despertarlo con un poco de placer mañanero, pero entonces todos terminaban llegando tarde a sus respectivos trabajos. Así que, finalmente, habían descartado esa opción. Sin embargo, Miyako no estaba conforme, así que todas las mañanas le recriminaba su falta de responsabilidad y Daisuke, simplemente, no le daba demasiada importancia. Por suerte, en el momento en que la cosa comenzaba a caldearse bajaba Veemon y ambos se iban apresuradamente. Hoy no iba ser diferente y en cuanto salieron por la puerta Miyako se relajo.

—¿Por qué nunca me escucha?—dice Miyako dejándose caer sobre la silla.

—¡Porqué es Daisuke!—dice Mimi como si fuera evidente. Ambas se ríen.

—Al menos ya no lleva las goggles al trabajo—dice Miyako divertida.

—¡Y lo que me costo eso!—dice Mimi mientras se ríe—Era tan antiestético. ¡Menos mal que entró en razón!

—¡Como si alguien pudiera resistirse a tus tácticas!—dice Miyako con picardía.

Continúan hablando durante un rato más y luego se van, dejando la casa en manos de Palmon y Hawkmon que estaban tumbados en el sofá peleándose por el mando. Uno quería ver una película de acción y la otra una serie romántica.

Mientras tanto, en el negocio de Daisuke los pedidos no paraban de llegar y Daisuke emocionado atendía a todos con una gran sonrisa y una motivación y energía inigualables. Veemon apenas le daba seguido el ritmo. Después de horas y horas trabajando sin parar y de recoger todo, el chico de ojos castaños y su compañero vuelven a casa. Cuando llegaron no estaban las chicas todavía y Palmon y Hawkmon estaban durmiendo en el sofá. Se sienta en la mesa de la cocina y revisa las cartas que alguien recogió por la mañana y dejó allí.

Había un montón de cartas de publicidad, una factura y una última carta para é ó el remitente y no pudo contener un grito de sorpresa. Era de los Yagami. Su corazón comenzó a latir con rapidez.

"¿Será de Hikari-chan? ¡Que tontería!,¿por qué me va escribir ella a mí después de tanto tiempo?"

Comenzó a abrirla, pero le temblaban las manos, así que la volvió a dejar en la mesa y se quedó mirándola.

—¿Qué sucede?—dijo Veemon intentando mirar lo que había en la mesa.

Daisuke duda y luego se la enseña. Veemon le insiste en que la abra porque puede ser algo urgente, pero él no se siente capaz de hacerlo, así que decide subir al cuarto y guardarla en la cómoda. Mientras lo hace recuerda parte de aquel fatídico día. Recordó incluso todas aquellas sensaciones.

Estaba frente a la puerta de los Yagami, con un traje negro y un ramo de claveles en la mano. Le temblaban las piernas y no era capaz de llamar al timbre. Veemon le miraba expectante. ¿Por qué no timbraba? Mimi le había ayudado a elegir el traje, las flores, le había enseñado a bailar e incluso a ser más educado. En definitiva, le había enseñado a no ser él. ¿Que podía salir mal entonces?. Todo, con él siempre salía mal todo. Él y las chicas no se llevaban bien, por mucho que lo intentará. Y ésta no era una chica cualquiera, era Hikari Yagami, era seguro que las cosas saldrían peor que de costumbre.

—Daisuke, ¿Qué pasa?—Dijo Veemon devolviéndolo a la realidad—Aunque no lleves tus goggles en este momento, siempre que seas valiente estarán contigo.

—¡Vete Veemon!—dijo después de esbozar una sonrisa, las palabras de Veemon le habían dado el empujón que necesitaba—No quiero que piense que no soy capaz de venir hasta aquí sólo.

Veemon se retiro hasta las escaleras y Daisuke llamó al timbre por fin, pero nadie abrió. ¿Qué pasabá? De repente se dio cuenta de que la puerta estaba ligeramente abierta así que la empujó y entró.

—¡Hikari-chan!—llamó tímidamente.

Nadie contesto. ¿No había nadie?. El chico de ojos castaños estaba confundido, pero se adentro en la casa. Pronto se percató que desde una habitación de la derecha se oía una conversación un poco acalorada y sin pensarlo se acerco extrañado, era la voz de Hikari. La puerta estaba abierta y en la habitación estaban Takeru y Hikari discutiendo, al acercarse más pudo oírles perfectamente.

—¡Pensé que no te interesaba él en absoluto! ¿Por qué vas a ir con él al baile?—dijo Takeru, estaba más nervioso que de costumbre.

—Yo...Ya te dije que me confundí al contestarte y...—dijo Hikari tímidamente—bueno, ahora si le digo que fue un error sabes que le va hacer mucho daño.

—Si, es cierto!—Dijo Takeru, parecía estar volviendo a la normalidad—Lo siento! Pensé que...

—¡No!—dijo Hikari al momento—Sería como enamorarme de mi hermano. Son tan parecidos.

Hikari y Takeru se acercaron el uno al otro y se abrazaron. Un ramo de claveles cayó con un sonido sordo al suelo , frente a la puerta, y algunos pétalos se extendieron por el suelo al caer. Daisuke estaba todavía parado mirándoles, no era capaz de moverse, las lágrimas se amontonaban en sus ojos y amenazaban con derramarse. Respiro hondo para controlarse y se retiro lentamente con un pinchazo en el corazón. Hikari y Takeru no se dieron cuenta de lo que había pasado, pero cuando se soltaron y vieron el ramo en el suelo lo entendieron al momento, no había muchas opciones que barajar.

Mientras tanto Daisuke estaba tumbado boca arriba en la cama, todavía intentando volver a respirar con normalidad.

"¿Era él una copia barata de Taichi? ¿Eso era lo que pensaba Hikari de él?"

Se sentía tan tremendamente poca cosa. Hikari nunca le vería como algo más que un amigo y la única razón por la que no le había dicho la verdad sobre su confusión era que le daba pena. ¿Pena? ¿Había algo peor que dar pena?. Encima Takeru también pensaba lo mismo de él.

Veemon estaba fuera, sentado junto a la puerta y intentando que le dejará entrar. Le había dicho por encima lo que había pasado y que quería estar sólo un rato, pero él no se daba por vencido. En ese momento, el teléfono sonó. Era Hikari , pero Daisuke no se movió de donde estaba. El teléfono paro de sonar. Sin embargo, enseguida volvió a hacerlo, una y otra vez sin parar. Al final Daisuke lo cogió.

—¡Daisuke-kun!—dijo ella tímidamente—¿Estás bien?

—Si.—mintió él—pero me ha surgido algo, no voy a poder acompañarte. Quizás, podrías ir con Takeru.

—¡Oh, vaya!—Dijo Hikari, parecía realmente apenada—¿Realmente no puedes venir?¡Está bien, no pasa nada!

—Bueno, tengo que dejarte.—dijo el castaño, las lágrimas se empezaban a amontonar de nuevo en sus ojos.

—¡Espera!—dijo Hikari, su voz se notaba preocupada— Amigos todavía?

—Si, claro!—dijo Daisuke tristemente y colgó el teléfono.

Hikari no había querido mencionar lo sucedido pero lo sabía perfectamente. Ella seguramente había visto el ramo en el suelo que el había dejado caer sin querer y aunque no lo había visto marcharse, se imaginaba perfectamente como habría sido. En realidad, todos podrían imaginarlo sin problema. Daisuke no escondía en absoluto lo que sentía por Hikari ante nadie. Quizás, ese era el problema. Cada vez que se acordaba de aquel día las lágrimas volvían a correr con rapidez por su rostro y el corazón se comprimía en su pecho. Se forzó por volver a la realidad y tranquilizarse un poco. Veemon le miraba preocupado a su lado. Unas Goggles estaban colocadas encima de la mesilla. Las cogió delicadamente y se las puso en la cabeza. Luego bajo a la cocina de nuevo con un Veemon todavía preocupado siguiéndole.