Hola a todos, en verdad ya había terminado este fic, pero alguien quería saber más allá del punto en que dejamos a Dean y Cas en la felicidad. Si eres fan del Destiel te advierto que lo que sigue será muy muy triste. Espero que les guste

Disclaimer: Ni Supernatural, ni Torchwood me pertenecen.

Epilogo

Y ahí estaba Castiel en medio de la tormenta, su gabardina se movía al viento mientras la lluvia lo empapaba, un hombre mayor estaba a su lado viendo con tristeza el mismo objeto que el ángel. La lapida estaba empapada, pero podía leerse con claridad el nombre de Dean Winchester grabados en la piedra negra.

—Cas, es tiempo de irse— dijo el anciano recargado en su bastón, en sus ojos claros podía verse la profunda tristeza.

—Sólo un poco más Sam—

—Está bien, te veré después— empezó a alejarse con paso cansino antes de detenerse, le habló con suavidad al ángel

—Cas, no hubiéramos llegado tan lejos sin ti, pero… no podías evitarlo—

—Lo sé, sólo necesito estar aquí un poco más—

Fue dejado solo en medio del cementerio, el viento amaino al igual que la lluvia pero el moreno no se movió ni un centímetro. Veía la lapida tristemente y lagrimas corrían por sus mejillas.

—Dean—

Pronunció en un susurro, había acompañado al cazador por más de 40 años, había sido su compañero, su amante, su mejor amigo. Pero la verdad es que los últimos años habían sido difíciles, tener una relación como la suya ya era complicado per se, como para aumentar la presión de un novio que no envejece.

Todo había sido perfecto, se habían unido más que nunca con los años, pero cuando el humano entró a la tercera edad, el hecho que el su pareja no envejeciera lo empezó a amargar. EL ser un cazador a esa edad también era difícil, y su carácter iba empeorando con el paso del tiempo. Cuando Cas empezó a salir con cazadores más jóvenes a hacer el trabajo, Dean se puso peor, se frustraba tener que quedarse atrás, ahora podía comprender lo que pasaba en la mente de Bobby, pero no por entender lo que pasaba, era fácil aceptarlo. NO era fácil aceptar que se estaba envejeciendo y que los más jóvenes lo dejarían atrás.

Al final de sus días, se volvió mucho más difícil de tratar, incluso Sam, tenía problemas para lidiar con los arranques de su hermano, pero Cas nunca se rindió; permaneció al lado del amor de su vida hasta el último momento, y se despidió de él con un beso de amor.

El ángel estuvo tentado de buscarlo en el cielo, pero comprendió que hacerlo sería quitarle su paraíso, el mismo que le había costado tanto sacrificio conseguir, así que desistió. Todo lo que le quedaba era esa lapida frente a sus ojos y eso le rompía el corazón.

Las horas pasaron lentamente, la luz de la luna cubrió el amplio campo iluminando cada una de las tumbas y la figura del ángel aun inmóvil frente a la tumba del hombre que había amado.

—Ha pasado mucho— la voz profunda de Castiel se dejó escuchar sobre el silencio, mientras otro moreno en una gabardina oscura se acercaba con lentitud

—Hola Castiel— dijo Jack —pensé que podías querer un poco de compañía—

El ángel se acercó al otro hombre, pudo sonreír al verlo. El mismo rostro que recordaba, no había cambiado nada en 4 décadas, eso le dio un poco de alivio, le hacía saber que no era el único que tenía que pasar esas cosas también.

—Tú lo sabías, es por eso que me ayudaste con Dean—

— ¿Eso importa ahora Castiel?—

—No, entiendo que tenía que pasar por esto, pero duele—

Jack suspiró

—Lo sé, siempre duele, en especial al final. Pero amarlos, vale la pena, cada año vale la pena—

Castiel volvió a dirigir la mirada a la tumba

— ¿cuándo dejará de doler?—

—Con el tiempo, pero a diferencia de mí, no tienes porque pasarlo solo, déjame acompañarte—

El hombre se acercó a Castiel y acarició su rostro con dulzura; el ángel pudo ver al capitán a los ojos, había olvidado aquellos profundos ojos azules porque en su momento solo podía ver los hermosos ojos de Dean. Pero ahora entendía las cosas de manera distinta, algo de lo que estaba seguro, es que en su momento tenía un entendimiento único con el humano que tenía enfrente, habían pasado por dolores similares, tomado decisiones similares, compartían un vínculo y un dolor que otros serían incapaces de comprender. 40 años antes hubiera sido imposible que ellos estuvieran juntos.

—Tú sabes que aún…—

—Lo sé Castiel, estoy aquí sólo para acompañarte, en 20 años, ya veremos qué pasa—

Castiel caminó hasta donde Jack estaba, el humano lo recibió en sus brazos besando su frente con dulzura, el ángel se refugió completamente en el cuerpo del hombre; un pequeño consuelo en tan triste día. El viento se detuvo y la noche quedó tranquila mientras ambos se abrazaban.

El ángel se encaminó de regreso a la casa que había sido su hogar por décadas, Jack caminaba a su lado dispuesto a ayudarle a pasar por el duelo de perder a la persona que había sido su pareja por años. El capitán sabía que sería un proceso largo pero inevitable de pasar, sólo quería que Castiel no lo tuviera que pasar solo. Por su parte Castiel, siempre había extrañado la presencia del humano venido de otro mundo, agradecía que hubiera hecho posible estar con Dean, pero siempre se preguntó qué posibilidades había entre ellos. En su corazón por ahora solo había lugar para el cazador que había dejado en aquella tumba fría, y ahora necesitaba ayuda porque Sam pronto lo dejaría también y no quería estar solo. Agradecía en el fondo de su alma que Jack regresará justo en ese momento, alguien quien podría ayudarlo a pasar por esta terrible situación, no importando el tiempo que tomara.

Sam los vio venir desde lejos, se sintió aliviado al ver al de la gabardina oscura, ahora sabía que Castiel no se quedaría solo, ahora podía sentirse en paz, cuando llegará su momento no tendría más preocupaciones. A pesar de que amaba a su hermano había sabido una cosa desde que Jack entró al bunker, Castiel era y siempre sería el ángel del capitán.