El sonido de unas llaves y risas apagadas rompían el silencio del oscuro rellano. Al otro lado de la puerta, Goten y Bra se besaban como si el mundo fuera a destruirse en cualquier instante.
Sus labios se fundían en uno y se reconocían. Primero, tímidamente, con apenas un leve roce de sus bocas; luego, con ardor, sus lenguas se juntaban apasionadamente y se enredaban hasta dejarlos sin aliento.
Las manos de Goten acariciaban el cabello azul de Bra (tan sedoso como había soñado cuando la miraba embelesado), bajaban por su espalda y se detenían en su cintura, pequeña y deliciosa. Kami, ella era justo como la había imaginado: suave pero apasionada, delicada pero poderosa.
Bra, por su parte, pasaba los brazos por el cuello del guerrero y acariciaba dulcemente sus cabellos a la altura de la nuca. Tenía los ojos cerrados, para sentirlo todo más profundamente. Sus cuerpos estaban pegados y podía notar el calor abrasador que se desprendía, derretidos el uno en el otro.
Por fin y no sin dificultad, Goten logró meter las llaves en el cerrojo y abrir la puerta. Luego, bajó una mano hasta detrás de las rodillas de ella y la levantó en brazos. Continuaban besándose cuando, en esa posición, entraban en su apartamento minúsculo.
— Bienvenida a mi humilde palacio, princesa –le susurró al oído, produciéndole un pequeño cosquilleo-
Goten la soltó con suavidad y ella aprovechó para inspeccionar el lugar. El "palacio" constaba de un único habitáculo ligeramente dividido en salón y dormitorio por medio de una mampara. A uno de los lados, había una cocina de tipo americano y, al fondo, en la zona en la que se encontraba la cama, se veía la única puerta del apartamento (supuso que pertenecía al cuarto de baño). Era pequeño, no cabía duda, pero se sentía cómoda allí. Todo cuanto había representaba la esencia de Goten: carteles del torneo de las artes marciales, una vasija de barro típica de la montaña Paoz, alguna foto de familia y amigos, ropa de entrenamiento tirada de manera algo descuidada…
De repente, fijó su mirada en un objeto que reposaba en la única estantería de la casa, en la parte correspondiente al salón, junto al sofá. Era una pequeña esfera anaranjada, coronada por cuatro estrellas rojas. Fue hacia ella y la tomó entre sus manos. Estaba fría y tan pulida que podía ver su rostro reflejado.
— Vaya, has encontrado la bola de dragón –escuchó que le decía Goten mientras la abrazaba desde su espalda, rodeando su cintura con sus fuertes brazos- Es una réplica exacta de la que mi bisabuelo le entregó a mi padre cuando era sólo un niño. Él me la regaló
Bra se sintió embriagada por una profunda emoción. Sabía perfectamente la historia de las bolas de dragón pues era, en definitiva, la historia de su familia: su madre conoció a su padre cuando las buscaba en el planeta Namek; gracias a ellas habían logrado resucitar a su hermano (y casi a cada guerrero Z) tras caer en la batalla por salvar la Tierra; el padre de Goten pasó a formar parte de sus vidas cuando su madre, con apenas dieciséis años, las rastreaba… Desde aquel encuentro hasta el presente, sus dos familias compartían una fuerte amistad y ahora, entre los brazos de Goten, entendía con claridad las palabras que él le había dicho esa noche: sus destinos estaban unidos por lazos inquebrantables desde mucho antes de nacer ambos.
Mientras esos pensamientos rondaban la mente de la princesa, notó cómo Goten, todavía detrás de ella, comenzaba a besarle el cuello. Sintió los labios cálidos y húmedos recorriendo el espacio que iba desde el lóbulo de su oreja hasta el tirante del vestido, y no pudo evitar sacudirse en un pequeño escalofrío de placer.
Entonces, cogió las manos de Goten y muy lentamente las guió en un recorrido por su propio cuerpo. Primero por sus caderas, con un movimiento suave de arriba a abajo; luego, pasando por su vientre, las manos llegaron hasta su pecho y Goten acarició los senos de Bra, voluptuosos y tersos. El guerrero sentía doblarse sus rodillas. Pero ella no detuvo las manos mucho tiempo allí (quería hacerlo sufrir un poquito) y continuó el recorrido, subiéndolas por su cuello hasta alcanzar su rostro. Pasó las manos por sus mejillas, las besó delicadamente y empezó a jugar con ellas, rozándolas con sus labios, lamiendo con suavidad sus dedos uno a uno. Goten comenzaba a perder el sentido y los besos en el cuello se convirtieron en bocados de puro deseo.
En ese momento, Bra se giró y ambos se fundieron en un profundo y apasionado beso.
A trompicones (pues seguían besándose), lograron llegar hasta la cama y comenzaron a despojarse de las ropas. Bra desabrochaba los botones de la camisa de Goten, no podía aguantar ni un minuto más sin acariciar su torso desnudo. Cuando hubo terminado de quitarle la camisa, aflojó el nudo de la corbata pero en el último momento decidió que la dejaría puesta, podría ser muy útil un poco más adelante. Luego, le desabrochó el cinturón y los pantalones cayeron al suelo.
Mientras, el guerrero hacía lo propio con el vestido de ella, bajando la cremallera de su espalda despacio, tomándose su tiempo, disfrutando del momento. Colocó sus manos en los tirantes y los desplazó hacia abajo con suavidad. El vestido se deslizó y ante sus ojos emergió la lencería que cubría el cuerpo de la princesa, con encaje y transparencias de color azul celeste y pequeñas florecitas rojas. Sonrió para sí: esa mezcla de mujer y niña de su conjunto interior le hacía enloquecer.
Entonces, los dos rodaron por la cama envueltos en una llama de besos, sintiendo por primera vez sus cuerpos desnudos, notando la piel del otro y disfrutando de cada rasgo, de cada lunar.
En un momento dado, Bra quedó tendida boca arriba y Goten no desperdició la oportunidad de situarse con delicadeza sobre ella. Comenzó un camino de besos desde su cuello hasta la clavícula, para llegar prontamente a su pecho, ese que tan esquivo se había mostrado cuando ella le guiaba las manos. Ahora tomaría su revancha.
Dejó reposar su rostro en el busto, deteniéndose en su suave escote, el cual recubrió de besos, mientras sus manos acariciaban sus senos. Ella ensortijaba los dedos de una mano en el cabello del joven y las uñas de la otra se clavaban en la durísima espalda del guerrero, haciendo a Goten desearla aún más. En el ardor de la batalla, Bra se arqueó ligeramente y él aprovechó para pasar sus manos por debajo, abrir su sujetador y retirarlo. Entonces, hundió su boca en sus senos y bebió de ellos con avidez, trazando círculos con su lengua y mordiendo en la firmeza de Bra, quien fracasaba en su intento por controlar sus jadeos.
Cuando Goten se hubo saciado, siguió su camino de besos hacia abajo. Ahora recorría su vientre con la lengua, mientras seguía bajando más, un poco más, hasta quedar a la altura de la intimidad de Bra, quien tiritaba de deseo. El guerrero quiso continuar con su revancha y decidió que no le daría tan fácilmente a la princesa lo que su cuerpo rogaba. Entonces, lamió el sexo de Bra por encima de su ropa interior y una ola de placer la embargó. La fina lencería se mojaba más y más, mezcla de la saliva de él y los fluidos de ella, quien se sentía derramarse en la boca de Goten.
Por fin, el hijo de Goku retiró la pequeña tela y pudo admirar los azules rizos de la venusiana que se tendía bajo él. Ya sin barreras, la lengua de Goten recorrió la intimidad de Bra de arriba a abajo. Ella hacía ya rato que se había rendido a su intento por controlar sus gemidos y el joven disfrutaba de una serenata privada en do mayor. Cuando Bra empezó a sentir cerca su final, Goten introdujo su lengua dentro de ella, sacándola y entrándola rápida e implacablemente. Bra se derrumbó y un largo e intenso orgasmo recorrió cada centímetro de su cuerpo, sacudiéndola hasta lo más hondo de su ser.
Goten, orgulloso consigo mismo, se irguió hasta quedar frente la hija de Vegeta. No quería perderse ese maravilloso espectáculo: la princesa saiyajín se retorcía de placer debajo suyo mientras luchaba por recuperar el aliento. Y el causante de todo había sido él.
— Respira, princesa, no querría que te quedaras sin aire, ¿o acaso estás buscando que te haga el boca a boca? –dijo él con sorna, para picarla, con una sonrisa guasona de lado a lado-
— No me pongas a prueba, Goten, si no quieres quemarte –le respondió ella retadora, entrando en el juego y devolviéndole la sonrisa- De lo contrario, atente a las consecuencias
— Nunca rechazo un buen combate. Acepto el desafío. Muéstrame tu mejor golpe –le contestó ardiendo en deseos por ella-
Con un ágil y rápido movimiento que pilló a Goten completamente desprevenido, Bra se colocó encima del guerrero. "Primer asalto", le susurró ella al oído. Entonces, sorpresivamente, cogió la corbata y tiró de ella, dejando a Goten medio incorporado y ansioso por descubrir el as que, de seguro, la princesa tenía guardado bajo la manga. En realidad, sabía desde el principio que estaba vendido, no iba a ganar la batalla de amantes contra ella: la deseaba demasiado y él no era más que un pingajo entre sus manos.
— A partir de ahora, harás cuanto te ordene porque eres mi esclavo –le dijo mientras lo acercaba a ella tirando de la corbata y lamiendo su mejilla, saboreándolo como si fuera su presa de caza-
Goten casi sintió venirse encima ante este inesperado giro de los acontecimientos. En su interior, muy en su interior, su mayor fantasía siempre había sido la de ser el prisionero de una guerrera. Y allí estaba ella: mitad saiyajín, mitad humana; real como la vida misma, mujer de carne y hueso. "Tenía que ser ella; sólo podía ser ella. No entiendo cómo he podido tardar tantos años en verlo" fue lo último que logró pensar con claridad antes de que su mente se nublara de placer.
— Sí, princesa –respondió sumiso, enardecido-
— "Sí, su alteza real princesa" –le apretó ella el cuello con la corbata-
— Sí, su alteza real princesa –suplicó-
Entonces, Bra volvió a tumbarlo en la cama y empezó a jugar con sus labios alrededor de los de Goten. Los acercaba a su boca, besaba sus comisuras, pasaba la lengua por encima de ellos y justo cuando él despegaba los labios, anhelando su beso, se apartaba bruscamente, dejándolo rogando por ella.
Luego, bajó hasta su mentón, marcado y viril. Le encantaba. Lo mordió sin compasión, mientras Goten dejaba salir un ronco jadeo.
Siguió bajando sus labios un poco más, hasta su masculino tórax. A continuación, Bra se incorporó un poco para tener una vista mejor y lo observó con deseo. Era tal y como lo había imaginado: sólido, vigoroso, protector. Dejó reposar momentáneamente su cabeza sobre él. Sentía que cobijada allí podía morir en paz. Acariciaba cada grieta y cada cicatriz testigo de las horas de batalla, haciendo un mapa mental exacto de su cuerpo guerrero. Luego, las recorrió todas con su lengua.
Por fin, Bra se enderezó para recalar en sus calzoncillos, unos boxers ajustados que apenas lograban contener la erección de Goten. Lentamente, para desesperación del joven, los fue bajando hasta dejar al guerrero en toda su gloria. Entonces, sopló suavemente sobre su virilidad y comenzó una lluvia de besos. Primero, sutiles; después, profundos y húmedos. Se entretuvo recorriendo con su lengua cada rincón del sexo de Goten, cubriéndolo con un traje de saliva. Luego, lo introdujo en su boca, saboreándolo.
Goten hacía un esfuerzo sobrehumano para no acabar ya, pero el placer le llegaba como olas de un mar en tormenta: salvajes, arrebatadoras. Cuando las manos de Bra, de manera firme pero suave, comenzaron a acariciar la parte que quedaba fuera de su boca, Goten sintió que su fin llegaba. Entonces, tomó a la princesa de sus cabellos y la apartó justo a tiempo para descargarse entre gemidos en su cuello y sus pechos. Goten, los ojos cerrados por el éxtasis, notó su cuerpo colapsar hasta la extenuación sobre las sábanas.
Bra se sintió poderosa y, acomodada al lado de su amante, se dedicó a admirar el efecto de su golpe maestro. "Y… K.O.", le susurró al oído, mientras se limpiaba con la sábana, sin prisas, disfrutando de su victoria.
Quedaron los dos tumbados de lado, frente a frente. Goten acariciaba la mejilla de la peliazul tiernamente. ¿Eso era real? ¿De verdad estaba pasando? En tal caso, no había hombre más afortunado en la Tierra que él. Y en ese momento supo que nunca la iba a dejar escapar.
Entonces, la besó. No ya con pasión, sino delicadamente, todo sentimiento. Ella le recibió a corazón abierto. Sus manos se entrelazaron y se oprimieron con fuerza como no queriendo separarse jamás, diciéndoselo todo en ese gesto, sin necesidad de palabras.
Goten, suavemente, se colocó sobre la princesa. Ella lo rodeó con sus blancas piernas y, con delicadeza, el guerrero empezó hacerle el amor. Bra sintió llenarse de Goten, mientras él empujaba lenta pero firmemente adentro, más adentro. Cuando quedaron completamente unidos, comenzaron los dos a moverse enlazando sus caderas en un baile perfectamente acompasado. Sus cuerpos estaban tan pegados, que podían sentir el aliento del uno sobre la piel del otro. Empezaron a besarse, empapados de sudor, con unos besos húmedos y calientes. Él pasaba una mano por el suave cabello azul de Bra, que caía sobre la almohada como la lluvia sobre la ciudad. La otra mano seguía enredada en la de su compañera. Ella, mientras tanto, clavaba las uñas de su mano libre en los hombros férreos del guerrero.
Cegados ya por la pasión, comenzaron a aumentar la intensidad, con un ritmo cada vez más rápido, más profundo. Bra cerró los ojos:
— Goten…
Quiso seguir hablando, pero el orgasmo llegó antes de terminar la frase y lo único que pudo añadir fue un largo y hondo jadeo que resonó en toda la habitación. El joven sintió el sexo de ella contrayéndose de placer y pensó que si no cambiaban pronto de postura, el siguiente sería él; sin embargo no podía permitirlo, quería continuar gozando de su princesa un poco más.
Así que se irguió y la tomó entre sus brazos mientras ella aún temblaba, quedando sentados cara a cara, unidos todavía en su intimidad. La estrechó contra él, abrazándola, y bajó una mano hasta el final de la espalda de Bra, mientras con la otra acariciaba el rostro de la guerrera.
En ese momento Bra tornó un poco en sí. Cogió aire y se preparó para el siguiente asalto.
Se dio cuenta de que tener a Goten frente a frente resultaba muy excitante. Le volvía loca poder mirarlo a la cara y ver los gestos de su rostro mientras hacían el amor: se le veía extasiado y ella no podía evitar una agradable sensación, mezcla de ternura y de poder. Sólo esperaba ser capaz de devolverle todo lo que él le estaba dando esa noche.
Cuando sus cuerpos retornaron al empuje de la batalla, sus bocas se fundieron en un profundo beso. Entonces, Goten la cogió con firmeza por las caderas y comenzó a mecerla sobre él. En el momento de mayor aceleración, Bra se inclinó ligeramente hacia atrás, dejando sus pechos ante el semblante de Goten, que se lanzó a ellos hechizado, besándolos, lamiéndolos y succionándolos apasionadamente.
Aquello fue demasiado para seguir aguantando y con un gemido de placer el guerrero sintió derramarse dentro de Bra, quien lo recibió encendida de deseo.
Las fuerzas les vencieron y cayeron desplomados sobre la cama. Cuando Goten logró recuperar el aliento, acudió junto a su compañera, tendida a su lado. La abrazó por la espalda y firme pero dulcemente la aferró a él asiéndola por uno de sus pechos. Bra, con los ojos cerrados y una sonrisa en sus labios, pensaba para sí que no le importaría pasar el resto de su vida entre esos brazos. Unos pequeños y suaves besos por su espalda fueron lo último que logró sentir, antes de caer profundamente dormida.
El olor a café recién hecho despertó al hijo de Goku. Entreabrió un poco los ojos y el sol de la mañana le trajo la hermosa visión de Bra, vestida únicamente con la camisa blanca de Goten de la noche anterior. Suspiró de felicidad. No había sido un sueño: ella seguía a su lado.
— Buenos días, dormilón. Ya pensaba que tenía que llamar a los bomberos para despertarte –le saludó cariñosamente la joven irradiando alegría, mientras vertía el café en dos tazas-
— Buenos días, princesa –contestó él incorporándose de la cama-
Se puso unos calzoncillos y fue a la cocina hacia su encuentro. Se acercó por detrás y le dio un beso en sus cabellos azules. Luego, tomó la taza que ella le ofrecía y bebió de su contenido.
— Está realmente bueno, ¿de dónde has sacado la cafetera? No me digas que estaba por casa; no recuerdo que tuviera ninguna
— No digas bobadas –rió ella- ¡Claro que había una en tu casa! ¿Qué te crees, que la llevaba en el bolso? Eso sí, me ha costado un poco encontrarla, estaba al fondo de un armario de la cocina junto a un paquete de café sin abrir
La franca risa de los dos resonó en el apartamento y Goten la miraba absorto: era la viva imagen de la pureza. No podía creer su suerte.
Sin embargo, mientras la observaba, comenzó a inquietarse. Sabía que tenían que hablar de lo de anoche. No podía dejar que ella simplemente acabara su café, se vistiera y saliera por la puerta, dejándolo en casa. En realidad, la cosa era mucho más fácil de lo que podía parecer: él ya había tomado una decisión. La cuestión era ¿qué pensaba ella?
— Bra, anoche…-de repente, se sintió sin palabras ¿Y si lo rechazaba? La sola idea lo mataba-
La hija de Vegeta notó un súbito pinchazo helándole el pecho. Sabía que tenían que hablar de lo de anoche. Pero temía lo que él pudiera decirle. ¿Y si al final todo había sido una treta para llevársela a la cama? ¿Y si él seguía siendo el mujeriego de antaño y aquello no había sido más que un polvo de una noche? Sintió una lágrima brotando de sus ojos azules. Trató de contenerla, pero rodó limpia por su mejilla. Bajó la cabeza, avergonzada y confusa.
Goten no lo soportó más y cayó sobre sus rodillas, a los pies de Bra. Se abrazó a sus blancas piernas y reclinó la cabeza en el regazo de la joven.
— Bra, anoche por primera vez en mi vida logré ver con claridad: tú eres lo que estaba buscando. Quédate a mi lado. Para siempre. Cuidaré de ti hasta el final de mis días
Bra no decía nada. No podía. Las lágrimas inundaban su rostro. Sólo podía mesar con infinita ternura los cabellos oscuros de Goten. En un susurro, liberó aquello que guardaba su alma:
— No, Goten… Soy yo la que te encontró a ti
Entonces, el guerrero se levantó, tomó a la princesa entre sus brazos y le hizo el amor sobre la mesa de la cocina.
