El despertador sonó con gran estridencia y Goten, que apenas había logrado pegar ojo durante toda la noche, lo lanzó entre las sábanas. Hoy era el gran día: Bra y él iban a comunicar a sus familias que estaban juntos. Hacía poco más de un año de su afortunado encuentro y, desde ese momento, no había vuelto a separarse.

Y qué mejor ocasión para hacerlo público que la boda de Trunks y Mai. Fue Goten quien propuso decirlo en esa fecha. ¿El motivo? Confiaba en que, delante de toda la familia y con la boda de por medio, Vegeta se contendría de matarlo una vez supiera la verdad. Debía reconocerlo: el padre de su novia le producía un profundo y pavoroso respeto. Se levantó de la cama y empezó a vestirse.

Mientras, en Capsule Corp, la locura hacía ya rato que se había desatado.

— ¡Mamá! ¿Dónde está mi corbata? No la encuentro –gritó Trunks hecho un manojo de nervios-

— Cariño, la llevas puesta –acudió Bulma en su ayuda- Trae, te haré el nudo

Bra terminaba de arreglarse en su habitación. Quería lucir espectacular. Estaba decidida a dejar a Goten sin aliento cuando se encontraran.

— ¿Ese vestido no es algo corto? –resonó una ronca voz detrás de ella-

— ¡Pero, papá! –contestó girándose mientras hacía un pucherito de los que sabía le rompían el corazón al príncipe. Tocado…- ¡Si me llega hasta los pies!

— El problema está arriba. Le falta tela –murmuró entre dientes-

— Es la moda. Además, quiero que todos piensen cuando me vean que mi belleza es digna de mi sangre real –…Y hundido-

— Está bien, está bien –se retiró el príncipe; era imposible discutir con su hija. La quería más que a su vida-

Cuando por fin los Brief estuvieron listos, salieron hacia el templo. Sin embargo, con todo el jaleo y la emoción, Bra y Goten no se cruzaron hasta una vez terminada la ceremonia, mientras todos felicitaban a la pareja de recién casados.

— ¿No sabes que es de mala educación estar más guapa que la novia el día de la boda? –le susurró el guerrero al oído al verla, cogiéndola por el talle con disimulo entre la multitud- Estás preciosa

Y, de verdad, lo estaba. Llevaba un vestido largo ajustado de terciopelo color azul noche con escote palabra de honor en forma de corazón y, como único complemento, unos guantes blancos que llegaban a los codos. Sus cabellos caían sueltos sobre sus hombros desnudos. Era la pura imagen de la sensualidad.

Bra no podía ocultar su felicidad. Una amplia sonrisa se dibujó en su dulce rostro.

— Muchas gracias. Tú tampoco estás nada mal –le contestó con un mohín coqueto, pasando sus dedos por la corbata del traje de Goten, del mismo color que el vestido de ella; no en vano, había acordado emplear ese tono a juego, haciendo pareja en sus ropas- ¿Preparado para el gran día?

— Claro –mintió él- ¿Y tú?

— Por supuesto –mintió ella-

Bra no terminaba de entender cómo se las habían arreglado para mantener en secreto tanto tiempo su relación. Al principio fue una cuestión de pura lógica: no tenía sentido decir nada hasta comprobar cómo funcionaba lo suyo. Más tarde, cuando el noviazgo ya estaba consolidado, decidieron mantener el secreto más que nada por puro juego de amor. Pero luego, al año de haber empezado el idilio y sin visos todavía de confesión alguna, Bra se dio cuenta de que, simplemente, no habían comentado nada porque ninguno de los dos sabía cómo decírselo a su padre. "¡Con el hijo de Kakarotto! ¿¡Es que no había otro hombre en la Tierra!?", retumbaba en su cabeza siempre que visualizaba mentalmente el momento y entonces las intenciones se esfumaban como agua entre sus manos.

Y, así, en el salón donde se celebraba la boda, las horas y los eventos se sucedían sin que Bra ni Goten llevaran a cabo la encomiable tarea: la recepción a los novios, el banquete, los discursos, la tarta… Y llegó el turno del baile nupcial.

Trunks y Mai salieron a la pista y comenzó a sonar el vals. Una vez hubieron terminado, Mai sacó a bailar a su padre y Trunks hizo lo propio con su madre. Vegeta quedó sentado solo y Bra pensó que ese era el momento. Se acercó hacia el príncipe y lo invitó a bailar, aceptando él de sumo grado. Apenas llevaban unos pocos pasos cuando Bra empezó a hablar:

— ¿Lo estás pasando bien, papi? –se le ocurrió empezar-

— Claro que sí, hija, es un día muy especial para la familia. Quién iba a decir que el atolondrado de tu hermano lograría sentar la cabeza algún día -contestó él tratando de disimular sin mucho éxito lo orgulloso que se sentía de su primogénito-

— Sí. Lo echaremos de menos esta noche cuando regresemos a casa y él ya no esté

— Menos mal que tu madre y yo aún te tenemos a ti. Todavía pasarán varios años hasta que nos dejes –soltó como una bomba Vegeta-

— Estooo… Papá –a Bra se le empezó a revolver el estómago pero miró a Goten, quien tenía la vista clavada en ellos, e hizo acopio de fuerzas- Precisamente quería hablarte de eso

— ¿De qué se trata?

— Verás… Es que… Yo… No sé cómo decirte esto pero… He conocido a alguien

— Ya, al insecto del hijo de Kakarotto

— ¿¡Có... Cómo lo sabías!?

Vegeta bufó con desagrado y recordó el momento exacto en el que se enteró de todo.

Ese día el entrenamiento había sido especialmente intenso, demorándose algo más de la cuenta. Por ello, cuando salió de la cámara de gravedad, en Capsule Corp reinaba la oscuridad y todos dormían ya. O eso creía él. Entonces, sintió un poderoso ki que no se correspondía con ninguno de las personas de su casa y, presintiendo lo peor, se preparó para la batalla. "Sea quien sea, moriré antes que dejar que nadie hiera a mi familia", pensó para sí mientras corría hacia el punto exacto desde el que brotaba la energía.

Entonces, para su sorpresa, se encontró a Goten trepando por el balcón… ¡de su hija! ¡¿Acaso pretendía internarse en la alcoba para interrumpir el sueño de la princesa!? Vegeta apenas había dado un paso en dirección al joven con la idea de matarlo primero y preguntarle después qué hacía allí cuando, estupefacto, observó que Bra salía al balcón y se abrazaba al hijo de Kakarotto. ¿¡Cómo!? Agazapado detrás de un árbol decidió que se quedaría allí para averiguar qué estaba ocurriendo:

Vamos, Goten, no seas crío y entra en casa. Mis padres y mi hermano duermen ya. Nadie te escuchará pasar –le decía ella zalamera, echándole los brazos al cuello-

No, Bra, no insistas, sabes que no puedo. Mañana nos vemos –intentaba zafarse él mientras la joven le cortaba las palabras con sus besos-

Pero, Goten… ¿qué puede pasar? Ya somos adultos los dos –rogaba la princesa-

Aquello era más que suficiente para Vegeta. La sola idea de imaginarlos juntos en la habitación de su hija pequeña le hizo saltar con la decisión de acabar con la vida del guerrero en ese mismo instante. Y Kami sabe que si no lo hizo fue porque entonces Goten respondió justo en ese momento:

Bra, cariño, sabes que nada me encantaría más pero… No puedo hacerle eso a tu padre; no en su casa. Lo respeto demasiado –y, depositando un delicado beso en la frente de Bra, salió del lugar-

Cuando Goten hubo abandonado su propiedad y su hija había regresado de vuelta a su habitación, Vegeta contempló la posibilidad de seguirlo y matarlo por la espalda. Pero, a quién quería engañar. En su interior, llevaba meses preparándose para algo así.

Recordó que todos en casa habían notado que la princesa llevaba un tiempo más radiante, más feliz y más hermosa que nunca. El príncipe había preguntado a Bulma qué podía ser y ella le había respondido que no sabía nada con seguridad, pero intuía que Bra estaba viéndose con alguien que, fuera quien fuera, había encontrado la llave de la felicidad de su hija.

Entonces Vegeta se dio cuenta de que no podía matar a Goten. Si ella era dichosa con el hijo de Kakaratto y su alegría dependía del joven, no sería él quien fuera a acabar con ello. Cualquier cosa con tal de que su pequeña princesa fuera feliz.

— Papá, papá… Llevas dos minutos sin decir nada, ¿pasa algo? ¿Está todo bien? –las palabras de Bra le trajeron de vuelta de nuevo a la realidad-

Vegeta gruñó como única respuesta.

— Papá, ya está bien de comportarse de forma tan ridícula. Si tienes que decirme algo, dímelo ya porque yo… de lo contrario… -Bra empezó a notar cómo se le llenaban los ojos de lágrimas. Sabía que si su padre no aceptaba su relación, sería muy difícil seguir adelante con ella-

— ¿Es que no había otro hombre en la Tierra? –le contestó con un tono tiernamente malhumorado, mientras secaba una lágrima de la niña de su vida-

Bra le sonrió con la luz de un millón de soles y el príncipe supo que la batalla estaba perdida.

— ¿Papi? –le rogó con sus eternos ojos azules, iguales a los de Bulma, el amor y la verdadera razón de su existencia-

— ¡Qué demonios! Si te hace feliz, hija mía, ¿quién soy yo para impedirlo? –claudicó el príncipe con todo el dolor de su corazón-

— Papi, tú siempre serás mi número uno -le dijo Bra, abrazándolo con dulzura-

Kami sabe que si Vegeta no lloró en ese momento fue porque, cuando notó el nudo formándose en su garganta, concentró todas sus fuerzas en imaginarse derrotando a Kakarotto una y mil veces en la batalla.

La música de la canción acabó. Bra le dio a su padre un tierno beso en la mejilla, con una sonrisa guiñó un ojo a Goten (que suspiró aliviado) y se dirigió hacia su madre para contárselo todo. Se sentía tan feliz por haber obtenido el consentimiento de su padre que quería compartirlo inmediatamente con todo el mundo.

Liberado de los brazos de su hija, Vegeta se dirigió de manera lenta y desafiante hacia donde se encontraba Goten, como un león se dirige hacia su presa, mirándolo con fiereza. Goten, viéndolo encaminarse en su dirección, tragó saliva y trató de poner su mejor cara, dispuesto a aguantar lo que le viniera encima.

— Buenas noches, Vegeta, ¿le he dado ya mis felicitaciones por el enlace? –le saludo con toda la normalidad y seguridad que logró aparentar, muy escasas, por cierto-

— Ya cállate, insecto, a mí no me vengas con tonterías –le cortó secamente, al estilo Vegeta- ¿De manera que te has atrevido a posar tus indignos ojos en mi hija, mi única hija?

— Yo… yo…-Goten notaba cómo las pulsaciones se le disparaban- Bueno, verá, no es lo que parece… -¿Había calculado bien cuando pensó que la mejor ocasión para hacer público lo suyo era en la boda? ¿Seguro que Vegeta no lo iba a matar en ese mismo momento? Porque parecía exactamente todo lo contrario- Bra y yo estamos enamorados y…

— ¡Silencio! –le cortó de nuevo, amenazadoramente, cogiéndolo de la pechera- Escúchame bien porque sólo te lo diré una vez, ¿te queda claro? –Cuando Goten asintió con la cabeza el príncipe continuó- Si alguna vez se te ocurre por un pequeño instante hacerle daño a mi hija (aunque ni siquiera te haya dado a tiempo a hacérselo, sólo pensarlo), te buscaré allá donde estés, sin importarme dónde huyas o te escondas, sabandija, y te mataré con mis propias manos de la forma más dolorosa que puedas imaginar. ¿Entendiste? –Goten volvió a asentir- Y ni una sola palabra de esto a Bra. Será nuestro pequeño secreto ahora que vamos a pasar a ser padre e hijo

Vegeta sonrió malévolamente y se marchó, sin dar tiempo a Goten de decir palabra alguna. En el fondo, muy en el fondo, el chico no le desagradaba del todo. Lo conocía desde que era un mocoso y habían luchado juntos en más de una batalla, mostrándose un digno guerrero.

En ese momento, apareció Bra, que corría feliz al encuentro del joven:

— ¡Goten! ¡Qué alegría! Por fin he hablado con mi padre y nos ha dado su consentimiento. Ya se lo he dicho a mi madre y se ha puesto contentísima. Ahora sólo queda contárselo al resto, ¿no es maravilloso? –le dijo ella rebosante de felicidad-

— Sí, lo es –contestó él aliviado mientras le sonreía con ternura; lo peor ya había pasado-

Así que entre los dos fueron avisando uno a uno a sus familiares y amigos para que se reunieran en quince minutos con ellos en la terraza del salón. Fuera la noche era estrellada y soplaba una suave brisa. Cuando todos hubieron salido, Goten y Bra se situaron frente a ellos y se tomaron de las manos:

— Querida familia y amigos, tenemos un anuncio importante que haceros –dijo Bra-

Entonces, la joven se quitó el guante de su mano derecha y les mostró a todos el brillante anillo que lucía en el dedo anular.

— ¡Estamos prometidos! –saltó de alegría la princesa-

Un clamor mezcla de felicidad y sorpresa recorrió la terraza.

— Hace poco más de un año empezamos nuestro noviazgo –continuó Goten-. No dijimos nada a nadie porque estamos todos unidos por unos lazos familiares y de amistad que no queríamos poner en peligro hasta ver cómo evolucionaba nuestra relación

— Y resulta que todo ha ido bien –dijo Bra mientras miraba a los ojos del guerrero, completamente enamorada- En realidad, más que bien. Y hace dos días Goten me pidió matrimonio y, por supuesto, mi respuesta fue "sí"

Entonces, Trunks soltó a Mai y, sin articular palabra, se dirigió hacia Goten y Bra, todo seriedad en su rostro. El silencio se podía cortar con un cuchillo. Cuando quedó a su lado, los miró fijamente a los dos y les dijo:

— Felicidades, Bra. Goten, cuida de ella. Ahora somos hermanos, abrázame

Y el aire estalló en vítores y hurras. Todos estaban contentos por la joven pareja y corrían a abrazarlos, deseándoles una vida llena de felicidad y amor.

— ¡Qué sorpresa, Vegeta! Yo no tenía ni idea –reía Son Goku, todo inocencia- Venga un abrazo, ¡ahora somos familia! Seremos consuegros –rió-

— Ni se te ocurra tocarme, te lo advierto, Kakarotto, o de lo contrario atente a las consecuencias –bufó Vegeta, que trataba por todos los medios de disimular su emoción-

Su hija no le había comentada nada durante su charla acerca del compromiso y, en realidad, eso le parecía mucho mejor que un simple y fútil noviazgo. En fin, otra boda en la familia. De repente, pensó en que quizá muy pronto podría convertirse en abuelo de un pequeño saiyajín al que iba a tener que entrenar. Por segunda vez en la noche, notó formarse el nudo en su garganta y lo único que se le ocurrió para detenerlo fue coger a Bulma, que en ese momento pasaba por delante de él, y besarla con toda la pasión de la fue capaz. Por supuesto, el nudo de la garganta se deshizo, pero creó un "problema" nuevo que habría de ser solucionado en la alcoba al llegar a casa.

Bra y Goten, por su parte, se sentían radiantes de felicidad. Una nueva vida se abría delante de ellos y el círculo se cerraba.