Disclaimer: Creo que ni siquiera es necesario aclarar que Rumiko Takahashi no habla español, mucho menos se pondría en Fanfiction a publicar historias. Por si queda duda, estos personajes pertenecen a ella.
[Este fic participa en el reto multi!chapter ¨Generador de géneros 6/6¨para el foro Ranmaniáticos]
Advertencias: Se tratan temas... femeninos. Ya sabes, sobre esas cosas. Si eres sensible... bueno, no te pediré que te quedes. Tampoco que te vayas, si somos sinceros.
Encuentro sangriento
V. Humor
Aquel día se despertó con un dolor terrible de estómago y sintiéndose muy incómodo.
—Ese día terrorífico, catastrófico, horrible, el peor de todos sus días con diferencia, que aún años y más años después aún le harían estremecerse—
Estaba rascándose el estómago con hastío aquel domingo, aún sumido en el dulce sopor del sueño en su forma maldita. La noche anterior aquel maestro libidinoso le había mojado para que se probara un conjunto de ropa íntima, y al deshacerse del viejo estaba demasiado cansado, de mal humor y con un creciente dolor en la parte baja del estómago —su primera advertencia— como para darse un baño de agua caliente a tan altas horas, así que fue a dormir convertido en una exuberante pelirroja.
El dolor no remitía, por más que se rascara con pereza.
Atribuyó su sufrimiento a Akane. Hacía algunos días le había obligado a comer su comida tóxica, y pensó que sus efectos venenosos no hacían efecto hasta ese momento. Su resistencia al veneno era mayor, supuso. No sabía si estar feliz o enojado.
Maldita sea, Akane.
Como era domingo, planeaba quedarse ahí tendido hasta que Kasumi le llamara para desayunar, pero entonces lo sintió. No pudo hacer nada para detenerlo, lo tomó con la guardia totalmente baja. Era como si algo bajara por su cuerpo, hasta su vientre bajo, y después…
Se puso en pie de golpe, completamente horrorizado. No. Imposible. Esto no podía pasarle. Era un hombre, no un maldito niño. Sabía controlarse. Esto definitivamente no estaba pasando.
Asustado, miró el futón con un creciente miedo golpeando sus sienes. No estaba mojado, lo que supuso un alivio que poco le duró, pues la sensación —aquella horrible, desastrosa sensación— le recorrió de nuevo. No sabía qué era pero se sentía malditamente horrible.
Sintiendo que el mundo se le venía encima, se precipitó hacia el baño, que afortunadamente se encontraba vacío. El olor del desayuno y el sonido de los utensilios de cocina le llegó amortiguado. Le zumbaban los oídos cuando, a toda prisa, se deshizo de su pijama amarillo, lanzándolo de cualquier manera a su alrededor. Con algo de miedo, miró dentro de sus pantalones.
No.
¿Qué mierda?
¿Por qué…?
Rojo.
Se quedó paralizado. No podía oír más que su corazón latiendo a toda prisa, el rugido de sus pensamientos embotando su razonamiento. Con lentitud apocalíptica, como si cada movimiento pudiera causar el fin del mundo, soltó el elástico de sus pantalones y se dejó caer, como si no tuviese vida sobre el piso del baño, sintiéndose aislado, y con un silencio que le oprimía el corazón rodeándolo.
Eso era sangre.
Estaba… ¿herido?
¿Qué, en el maldito infierno estaba pasando?
Sintiéndose turbado a niveles que nunca creyó posibles, con la mirada vacía, se quedó quieto, como una muñeca de trapo, meditando. ¿Era un herida interna? ¿Akane por fin había logrado romper algo dentro de él con su asquerosa comida? ¿Estaba muriendo? ¿Tenía que ir al doctor? ¿Cómo se suponía que iba a decirle a alguien que tenía una herida… ahí? ¿Qué estaba pasando? ¿Cuándo había sucedido esa catástrofe?
Entró en pánico. Sabía que sus ropas estaban manchadas de carmín, y no sabía qué hacer al respecto. ¿A quién podía acudir? A su padre de ninguna manera. No podía decirle a su madre tampoco, era demasiado poco viril. Le avergonzaría demasiado hablar de la situación con Kasumi, Nabiki sólo sacaría ventaja de la situación. Y Akane…
La puerta del baño se abrió. En su impaciencia por estar a solas, había olvidado cerrar la puerta con seguro, así que el intruso y él se miraron unos segundos con perplejidad.
Ranma entonces ya no pudo soportarlo. Explotó en lágrimas.
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Akane regresaba de sus ejercicios matutinos, con su ropa de deporte, el sudor brillando en su frente cuando entró al baño para darse una ducha cuando descubrió el Apocalipsis dentro. Miró a Ranma, sin pijama, lloroso en el suelo y no pudo pensar en otra cosa más que había llegado en el momento menos indicado.
—A-Akane —exclamó la chica pelirroja con los ojos anegados en lágrimas. Akane dio un paso atrás, confusa. Ranma se arrastró hasta ella—. A-Akane, tú, me… me heriste. E-eres una idi-idiota —Sollozó la chica de la trenza. Ella no estuvo segura de cómo reaccionar. Si Ranma no estuviese llorando podría haberse enojado como de costumbre, pero ni siquiera recordaba haber golpeado a su prometido recientemente.
—¿De qué estás hablando? ¡No te he hecho nada! —bufó ofendida, retrocediendo hasta casi salir del baño. No sabía cómo enfrentarse al Ranma lloroso que tenía delante. No quería hacerlo tampoco, muchas gracias.
—¡Pero estoy sangrando! —gritó desesperado, aún llorando desconsoladamente—. ¡Es culpa de tu estúpida comida!
Akane no pudo relacionar inmediatamente las dos frases. Inspeccionó con rapidez el cuerpo de la chica pelirroja en busca de heridas, asustada de que él hablara en serio. Pero… ¿su comida? ¿Cómo iba su comida a hacerlo sangrar? ¿Qué diablos estaba pasando?
—¡No te entiendo! —declaró, al ver que las lágrimas de Ranma parecían no detenerse—. ¡Mi comida ya no es tan mala! ¿Pero qué tiene que ver?
—¡Claro que es tu culpa, estúpida! ¡Estoy sangrando por dentro! ¡Debe ser culpa de tu comida tóxica, maldita sea! ¡Mira! —y Ranma le enseñó sus ropas manchadas de un rojo brillante.
Akane se quedo paralizada, palideciendo hasta parecer una hoja de papel que podía ser soplada lejos por el viento en cualquier momento, comprendiendo de inmediato. El baño se llenó de un silencio sepulcral.
Ahí estaban, como si el tiempo se hubiese detenido. Ranma, con los labios temblosos, las lágrimas corriendo por sus mejillas mirando expectante a la recién formada estatua, Akane. Ninguno de los dos sabía qué pensar. Akane no sabía cómo rayos podría empezar a explicar todo eso. O cómo escapar.
El color comenzó a llenar sus mejillas. Intensamente. Como si una luz roja se hubiese encendido en su interior. Estaba segura de que su rostro, sus orejas, su cuello y todo su cuerpo se habían ruborizado, de vergüenza y horror.
—¡Gua-guarda eso, pedazo de pervertido degenerado! —le gritó a Ranma, apuntando la ropa que aún sostenía en alto, evidencia del día horrible, terrible, pésimo y mil veces maldito que tendrían.
Ranma no comprendía. ¿Cómo es que esa loca se ponía a gritar por algo así? ¡Era su maldita sangre porque estaba malditamente herido! ¡No había nada estúpidamente pervertido!
Aún así, obedeció. Akane lucía completamente catatónica, como si el mundo a su alrededor estuviese quebrado, como si las bases de su vida se hubiesen partido por la mitad. Ranma supuso que no era buena señal. Oh, mierda.
—Ranma —pronunció su nombre como si estuviesen en un funeral, como si fuera la muerte misma anunciando su nombre para llevarlo al infierno. No le gustó nada—. Vamos a mi habitación. Tenemos que hablar.
Ese fue el "tenemos que hablar" más aterrador de la historia de la vida de Ranma Saotome.
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Ranma vivió toda su vida con su padre. Dos hombres. Sin mujeres. Sinceramente, sin complicaciones.
Su rostro alcanzó niveles de rubor que pasaron por el rosa, el rojo, el morado y el verde. Y eso no era nada comparado con Akane. Ciertamente, sabía ciertas partes acerca de todo ese asunto. Las partes que le concernían a él, no a las mujeres. Era todo muy jodido, si le pedían opinión.
Así bajaron (muy tarde y muy sonrojados) a desayunar. Todos los miraron de reojo, sospechando que algo había pasado —no tenían ni idea—, pero nadie comentó nada. O algo así. Genma y Sōun no paraban de hacer indirectas sobre que al fin había sucedido. No, gracias. Ya tenía suficiente de ese asunto.
Ranma miró a su prometida, que comía con recato, lentamente, ligeramente sonrojada aún. Al menos... al menos ella...
Entonces sintió esa terriblemente odiosa sensación bajando por su cuerpo. Con toda la conmoción había olvidado cambiar su forma para ser un hombre de nuevo y deshacerse de eso.
Ah, que día tan horrible le esperaba.
[1, 323 palabras]
Nota de la autora: Lo siento, discúlpenme mucho kshfjjsefgj.
Debí haber publicado esto ayer y se me salió de las manos xdxd, en serio siento el retraso. Ah, por cierto. Lo siento si ofendí a alguien con el tema tratado aquí. No sé por qué, Ranma teniendo su primera regla y creyendo que es culpa de la comida de Akane me hace mucha gracia xd. Disculpen también mi retorcido sentido del humor (?
Jauca~ De nuevo gracias por el review, juro que responderé~ Espero no haberte decepcionado con este capítulo~
El próximo es el último capítuloooo. Espero que hayan disfrutado este xdxd. Link a Ranmaniáticos en mi perfil~
¡Nos leemos!
