Holi gente~ ahora no hubo tanto atraso~
Vamos avanzando aunque aun nos falta mucho
Ya saben lo que va aquí, los personas no nos pertencen y ya saben lo demas~
Power Puff G. Arc 2 Tiempo
Capitulo 1
Bostezo por tercera vez. Miro la hora en su teléfono celular, 3:30am. Tal vez no era tan tarde, puesto que ese día seria sábado, pero por alguna extraña razón, no podía dormir.
Beckham se levantó de su escritorio, lo miro y pensó por unos momentos que debería ordenar las hojas y guardar los lápices, pero se sentía muy cansado. Camino hasta su closet, en busca de su pijama. Comenzó a desvestirse y tomo aquel short que usa para dormir. Mientras iba subiendo la prenda, desvió la mirada hacia un calendario que tenía colgado en su habitación, sábado 15 de agosto. El rubio rio sin ganas, ahora su insomnio tenía sentido. Le pasaba una vez al año, cada que llegaba esta fecha.
Termino de vestirse, salió de su habitación, dirigiéndose a la cocina por un vaso de agua. Al pasar por la sala, pudo notar que la televisión estaba prendida, y frente a ella, en el sillón, se encontraba su hermano, sentado, jugando videojuegos, en completo silencio. Entro a la cocina, tomo el agua y se dirigió de nuevo hacia su habitación, decidió no decir nada hacia su hermano, pues sabía que tenían las mismas razones.
Apago las luces y paso directamente a su cama. Se acostó y cerró los ojos… Pensó en ella, la veía en su mente, aun la recordaba como la última vez que la vio, hace 10 años.
Una crayola azul rodaba por el suelo, hasta topar con un par de zapatillas amarillas. Una pelirroja se hinco y tomo el color, miro hacia el frente y pudo ver como uno de sus pequeños niños corría hacia ella.
― Beck ¿Estas dibujando de nuevo? ―
Decía la dulce mujer mientras le entregaba el color a su hijo. El pequeño rubio rio ante el comentario de su madre y tomo el color entre sus manos.
― S-si… ¿Quieres verlo? ―
Pregunto mientras un brillo en sus ojos se asomaba.
― Por supuesto, soy tu fan número uno ―
El pequeño tomo la mano de su madre y la dirigió hasta su cuarto, donde un pelinegro dormía en el suelo con la boca abierta, y un hilo de saliva se deslizaba por su barbilla. La madre rio un poco y se acercó a él, cargándolo dulcemente y colocándolo en la cama. Se dirigió de nuevo hacia su otro hijo, quien estaba tomando varios colores del suelo.
La dulce sonrisa de la madre se desvaneció por unos segundos. Su hijo había coloreado todas las hojas que ella le había comprado, y por esta razón, había comenzado a pintar el muro. La pared estaba llena de lindos dibujos, representándola a ella, y a sus otros dos hijos, mientras que el dibujo de su esposo se encontraba algo lejos, se podía apreciar que el señor estaba sentado frente a un escritorio, muy concentrado en su trabajo.
La madre no sabía que pensar, pues al parecer su hijo estaba representando su situación actual, el cómo jugaba con sus hermanos, cuando ella cocinaba, mientras que su padre no salía del laboratorio.
Al otro lado de la pared, había dibujos de letras, palabras, notas musicales y algunos instrumentos.
Sintió como alguien estiraba de su mantel, miro hacia abajo y unos tristes ojos azules la miraban. El niño, al ver como su madre había cambiado su expresión, se sintió culpable. La mujer se agacho y le sonrió, lo tomo de los hombros y lo acerco hacia ella, abrazándolo.
― Tus dibujos son hermosos mi niño ―
Lo alejo un poco y lo miro a los ojos, mientras limpiaba unas pequeñas lágrimas que caían.
― Todo el cuarto será tu lienzo, si me prometes que cuando crezcas, seguirás dibujando para mí ―
― ¡SI! ―
Beckham contesto entusiasmado. Mientras volvía a abrazar a su madre, pensaba en todo lo que podría dibujar.
― Beckham ¡Despierta! ―
El rubio abrió sus ojos y se levantó bruscamente, asustado. Miro frente a él y su hermana estaba ahí, moviéndolo de un lado a otro para despertarlo.
― Levántate, ya casi nos vamos ―
Beckham se sentó por completo, busco su celular con la mirada y lo tomo, para checar la hora. Eran pasadas de las 8 de la mañana. Sin moverse de su lugar, estiro los brazos, miro hacia su puerta y estaba abierta. Se extrañó un poco, pues ahora que lo pensaba, su hermana había entrado a levantarlo, y su sueño nunca era tan pesado como para no escuchar que lo llamaban desde afuera.
El sueño.
Se llevó la mano a la cabeza, tomando un mechón de sus cabellos rubios. Tratando de recordar el sueño que había tenido anoche. Sentía que era importante, o al menos interesante, pero no podía recordarlo.
Se levantó de la cama y se dispuso a tomar un baño, para después vestirse adecuadamente y salir de su habitación. Camino hacia lo cocina, a pesar de que todos en la casa estaban despiertos, no había un solo ruido, más que el de la televisión. Su padre estaba leyendo el periódico mientras se acercaba a la puerta, su hermana guardaba varios sándwiches y botes de agua en unas mochilas, mientras que su hermano seguía en el sillón… Frente al televisor, en la misma posición que lo vio la noche anterior, solo que ahora portaba otras ropas.
Se acercó a él y dio unas palmadas en su hombro.
― Ya nos vamos… ―
El pelinegro al escuchar las palabras, bajo las piernas de la mesa. No dijo alguna palabra, solo apago la consola de videojuegos, guardo las cosas y se puso de pie. Camino hacia la cocina e intento no hacer contacto visual con alguno de sus hermanos. Tomo las dos mochilas que estaba llenando Bombón y las cargo, para llevarlas al auto.
Subió las mochilas a la cajuela del auto. Se metió al asiento trasero y se acomodó hasta la ventana. Seguido de él entro Beckham, sentándose junto a la otra ventana. Su hermana se subió al asiento del copiloto, su padre, quien ya se encontraba frente al volante, se colocó el cinturón, y sin decir una sola palabra, puso en marcha el auto.
Butter se recargo en la puerta del auto, mirando sin ningún interés el paisaje a través de la ventana. No sentía sueño, había estado despierto toda la noche y aun así no sentía sueño, ni cansancio… Solo nostalgia.
Se escuchaban los lloriqueos de un niño, desde el cuarto de baño. Una mujer no tan mayor, con el cabello largo y rojizo, portando un vestido blanco y encima un delantal amarillo, se acercó un poco asustada y preocupada hasta lugar de donde procedía el sonido. Mientras más se acercaba, los sollozos se escuchaban más fuerte, y al mismo tiempo podía escuchar la voz de alguien más.
― Ya no llores… Cállate, mamá te va a escuchar ―
― E-es que… Tu… ―
― ¡Ya! No pasa nada… ―
La preocupación de la mujer se hizo mayor cuando llego hasta el baño, pues ahí pudo ver como uno de sus hijo, Beckham, no paraba de llorar, mientras que Butter tenía el rostro y parte de sus brazos cubierto por golpes y moretones, entre las heridas había algunas que sangraban.
El rubio al ver a su madre, corrió hacia ella, abrazándola mientras seguía llorando. La madre se llevó una de sus manos a la boca, le dolía ver a uno de sus hijos en ese estado, golpeado, maltratado. El pelinegro tenía el rostro de un niño asustado al ser descubierto de su travesura, pues él estaba seguro que recibiría un regaño por esto.
― ¿Qué fue lo que te paso hijo? ―
― Nada ―
Contesto Butter cortante. El niño llegaba a ser muy grosero tanto con su madre como con su padre, tenía una actitud muy rebelde y llegaba a desesperar a ambos padres. La madre se enojó por unos segundos, para después calmarse, puesto que no era el momento para un regaño.
Se puso de cuclillas, llegando hasta la altura de Beckham, acaricio su cabello y le sonrió.
― ¿Me puedes decir que paso? ―
El rubio tallo sus ojos una vez más y trato de calmarse antes de hablar.
― L-le pegaron a Butter… porque se burlaban de mi ―
La mujer frunció un poco el ceño, no había entendido del todo lo que su hijo acababa de explicarle.
― ¿Cómo? ¿Qué fue exactamente lo que paso? ―
Volvió a preguntar. Los ojos azules del rubio volvieron a llenarse de lágrimas, cayendo rápidamente por sus mejillas, se mordió su labio inferior mientras estrujaba su camisa.
― Se… se e-estaban riendo de m-mis dibujos… ―
El llanto volvió, aun más fuerte.
― ¡Ya deja de llorar! ―
Grito Butter un poco desesperado, mientras con un pequeño trapo mojado limpiaba varias heridas de sus brazos. El rubio volvió a abrazar a su madre, tratando de callar su llanto. La mujer miraba a ambos niños, tratando de entender la situación.
Se habían burlado de los dibujos de Beckham… Y Butter estaba lleno de golpes, mientras que Beckham se encontraba intacto…
Una sonrisa se formó en el rostro de su madre. Abrazo aún más fuerte a su hijo y acerco a Butter hacia ella, abrazando a ambos niños.
― Eres el mejor hermano que cualquiera podría tener ―
Menciono la madre mientras besaba la frente del pelinegro. Butter trataba de aguantar aquellas lágrimas que se formaron en sus ojos. Sin abrazar a su madre, se apegó más a su pecho. Después unos minutos, la mujer separo a sus dos hijos de ella.
― Ahora, debemos limpiar esas heridas ―
Decía mientras se ponía de pie y abría el botiquín que se encontraba en la parte superior de la pared del baño. Saco la bolsa de algodón y un frasco de agua oxigenada. Volvió a ponerse de rodillas, abrió el bote y humedeció un pedazo de algodón. Acerco al pelinegro y comenzó a limpiar sus heridas.
― Esta muy bien que quieras defender a tu hermano, pero pelear no es la mejor opción Butter ―
El pequeño desvió la mirada al recibir aquel pequeño regaño por parte de su madre. Ya lo habían regañado incontables veces sobre las peleas que desataba en la escuela, pero algunas veces, contando la actual, era inevitable pelear.
La mujer tomo el mentón de su hijo y lo hizo voltear a verla.
― Me hace sentir más segura saber que estarás ahí para defenderlo siempre ―
El auto se detuvo, provocando que Butter se asustara un poco, acomodándose derecho en su asiento. Miro hacia afuera y se dio cuenta que habían llegado. A pesar de esto, no bajo en ese instante del auto, se quedó pensando, no estaba seguro de si se había quedado dormido, o solo había estado divagando durante el viaje.
Salió del auto, pensando en que iría a la cajuela por las mochilas que antes había guardado ahí. Pero se topó con sus hermanos, cada uno llevaba una. Tomo a Bombón del hombro, para detenerla por unos momentos.
― ¿Te ayudo? ―
Pregunto a la pelirroja, quien solo lo miro por unos segundos, le dio la mochila y le mostro una pequeña sonrisa. Butter pudo notar unas ojeras debajo de los ojos de su hermana, además de darse cuenta que no estaba maquillada.
La chica siguió su camino, se adelantó un poco, dejando a sus hermanos y al profesor detrás, pues era ella quien sabía el camino más que los demás.
Se llevó las manos hasta los ojos, tallándolos un poco. No había podido dormir bien anoche, puesto que se quedó en su laboratorio, terminando un proyecto personal. No se había dado cuenta y se quedó dormida en el laboratorio, encorvada en el escritorio, provocando un dolor de espalda y cuello cuando despertó.
El camino por el que iba estaba muy inclinado, provocando que hiciera un esfuerzo en sus piernas. Miro hacia arriba, sabía que debía ir derecho por todo el camino, hasta llegar a un muro y dar vuelta a la izquierda. Se puso a pensar en la primera vez que fue a ese lugar… No era un buen recuerdo, tal vez era el peor recuerdo que hasta ahora había tenido.
Una pequeña niña, de cabellos rojos, se encontraba en la esquina del porche, sentada, mirando al suelo tristemente. Al cabo de unos momentos, alguien se acercó a ella, una mujer esbelta, con una mirada de preocupación.
― ¿Qué sucede Bombón? ―
La mujer se agacho, sentándose frente a su hija, quien no la miraba a pesar de haberla escuchado. Volteo hacia atrás, viendo como sus otros dos hijos jugaban energéticamente con una pelota. Regreso mirada a la pequeña niña.
― ¿Por qué no vas a jugar con tus hermanos? ―
Bombón volteo a verla, en sus ojos podían verse unas pequeñas lagrimas que aún no salían.
― No quieren jugar conmigo ―
Contesto mientras hacia un puchero. Su madre se puso un poco triste, pues llevaba días en que había notado un distanciamiento entre los dos niños y Bombón.
― ¿Y por qué no quieren jugar contigo? ―
Por la mente de la mujer solo pasaba la idea de que estaban en la edad donde no querían juntarse con niñas.
― Por papá… ―
La madre se sorprendió, no entendía del todo la respuesta, pues no parecía coherente, no creería que su esposo les pudiera decir algo a cerca de no juntarse con su propia hermana.
― ¿Papá? ¿Qué les dijo? ―
― Él… Habla mal de ellos y de mí no… ―
La mujer hizo una mueca de molestia. Ahora lo entendía. La pequeña Bombón había nacido con un cerebro excepcional, al igual que su esposo, lo cual provocaba que el profesor se sintiera orgulloso por ella, y por ende, tuviera cierta preferencia. Su esposo no sabía cómo expresarse con palabras sutiles, así que imagino el escenario… Un escenario donde seguro su esposo estaba idolatrando la inteligencia de su hija, mientras que a sus otros dos hijos no dejaba de compararlos con ella. Ese hombre seguía sin entender que no todos somos iguales.
Se puso de pie mientras tomaba la mano de su hija, haciendo que también se levantara. Comenzó a caminar hacia donde los otros dos niños jugaban. La mujer podía sentir como su hija hacia un esfuerzo por no ir hacia allá, pero no lo logro. Llego con los niños, causando que estos dejaran de lanzar la pelota y se acercaran a ella.
― ¿Por qué no invitan a jugar a Bombón? ―
Pregunto su madre, muy enojada. Los niños se miraron entre sí, y después bajaron la mirada al suelo, sin responder nada. Bombón se había quedado detrás de su madre, pues sentía demasiada vergüenza en esos momentos. La mujer la tomo del brazo la acerco hasta ellos, juntando a los tres en una fila mirando hacia ella, con la pequeña niña en medio de los dos niños.
― Los tres son hermanos ¿Bien? Solo se tienen entre ustedes, no pueden dejarse a un lado o no hablarse, porque no importa lo que hagan, nunca dejaran de ser familia ―
Los trillizos se miraron entre sí, tratando de comprender las palabras de su madre. La mujer suspiro y sonrió antes de hablar nuevamente.
― Y no importa lo que diga su padre, algún maestro ni cualquier otra persona, todos somos iguales, algunos son mejores para unas cosas, y otros no… Y eso es normal, no te hace menos listo… Niños… ―
Se acercó más a ellos tomando sus brazos y apegándolos a ella, abrazando a los tres.
― No se peleen, ni se odien… No quiero que se separen… Somos familia, debemos estar juntos ―
Los tres pequeños correspondieron el abrazo de su madre. Se separaron de ella y sonrieron. Se miraron entre ellos, como algún tipo de disculpa sin pronunciar palabras, y comenzaron a reír, hasta que sintieron el peso de su madre encima, pensando que les estaba dando otro abrazo, la rodearon con sus pequeños brazos. Después de varios minutos, su madre no se movía, no decía nada y, de hecho, ni siquiera estaba abrazándolos, se separaron y pudieron ver que tenía los ojos cerrados. Al alejarse un poco de ella, la mujer cayó al suelo. Bombón y Beckham se acercaron a ella, moviéndola de un lado a otro, gritándole. Butter salió corriendo hasta el laboratorio de su padre. Intento abrir la puerta pero estaba cerrada desde dentro.
― ¡Papá ayuda! No sé qué le pasa a mamá, tienes que venir ―
Decía el pequeño desde afuera, pero su padre no salió.
― Bombón… ¡Bombón! ¡Bombón cuidado! ―
La voz de su hermano la hizo volver en sí, dándose cuenta que estaba a unos pocos centímetros de un muro, a punto de golpearse con él.
Se quedó en shock por unos momentos, no entendía que había pasado, al parecer se distrajo y no se dio cuenta del camino. Volteo y miro a sus hermanos, ambos estaban detrás de ella, y su padre se encontraba aún más atrás de ellos.
― ¿Estas bien? ―
Pregunto Beckham, mirando a su hermana algo preocupado. La pelirroja se llevó una mano a su frente, tratando de calmarse.
― S-si ―
Contesto un poco nerviosa, para después dar vuelta a la izquierda y seguir caminando derecho. Ambos hermanos se miraron entre ellos, dudando de si era verdad su respuesta.
Siguieron caminando, hasta llegar al lugar. Bombón, quien había llegado antes, se encontraba de rodillas frente a la tumba. Los chicos se acercaron a ella, posicionándose en cada lado, imitando la posición de su hermana.
El profesor al llegar, no hizo un solo ruido. Se quedó de pie detrás de sus hijos, mirando la tumba de su difunta esposa, culpándose mentalmente, teniendo aun la idea de que era su culpa.
Al cabo de unos momentos, los trillizos se levantaron, ambos chicos ayudaban a Bombón a ponerse de pie. Abrieron las mochilas y sacaron unos productos de limpieza, para limpiar la pequeña y sencilla lapida, y aquella cruz que la adornaba. Entre los cuatro se pasaron un rato limpiando lentamente el lugar.
Al terminar, caminaron más allá de las últimas tumbas, donde se encontraba un pequeño campo de florecitas. Se sentaron en él, sacaron los sándwiches y el agua y comenzaron a comer. Estaban en completo silencio, lo único que lo rompía era el sonido de cada uno al comer, y algún "gracias" o "por favor" que salía por ahí al pasarse las cosas.
A pesar del silencio, los trillizos no se sentían incomodos, pues sabían que era lo que pasaba por la mente de cada uno. Mientras que para el profesor, la incomodidad y la culpa lo llenaban en ese momento.
Acabaron de comer y decidieron recoger las cosas. Pasaron nuevamente por donde estaba la lápida, despidiéndose de ella mentalmente. Los trillizos siguieron el camino que llevaba al auto, mientras el profesor se había quedado, como siempre, unos momentos a solas con su esposa.
― Lo siento… ―
Se disculpó, tal como lo hace cada año desde aquel día. Sonrió un poco al ver la foto que habían puesto en su lapida, recordando su belleza, su ternura y amabilidad que aún le hacían falta.
Dio unos pasos con el pensamiento de retirarse, pero se detuvo una vez más, mirando hacia atrás, el nombre que adornaba aquella lapida.
Roció de Utonio
Ya estamos en el arco 2~ el arco del tiempo (aunque a nosotras en principio se nos olvido de que iba el arco, el porque se llamaba así y lo que íbamos a poner)
Hasta el fin de semana~
¿reviews?
