El frío viento pronto azotó las caras de los guerreros valientes, todos en la sala guardaban absoluto silencio mostrando respeto a su rey mientras que el murmullo del viento era el único sonido que se escuchaba a su alrededor, el sol se ponía en su máximo punto pero nadie pareció notarlo si quiera, con mandíbulas tensas y brazos firmes era así como describían a los soldados de Macedonia quien tenía por rey a Píreo Gavrielatos un hombre abúlico quien no sentía empatía por nada ni nadie.
La sangre lo fortalecía y no le importaría matar miles de inocentes a su paso para tener lo que quería y en este caso eso que tanto anhelaba era Esparta.
— ¡Quiero a los Hoplitas1 más valientes y fuertes en mi ejercito, no quiero a incompetentes! ¡¿Estamos claros Tavalas?! –Gritó en cólera el rey a aquel Trierarca2 que habría dado la vida por su patria-.
El hombre se mantenía firme, sin titubeo alguno, como si aquel hombre con gran poder no fuera más que su igual habló con fuerte voz.
—Sí, su majestad.
Píreo lo miró aún con el ceño fruncido para después hacer una seña con su mano.
—Ahora ve a traer a los Peltastas3, quiero ver su destreza o por lo menos conocer sus rostros, mi pueblo no caerá.
El trierarca inclinó su cabeza levemente y fue a buscar a los guerreros.
La guerra que se avecinaba no sería fácil y para asegurarse de que su reino no cayera Píreo quería a los hoplitas y peltastas más fuerte de todo su reino, sin una gota de miedo.
Macedonia no se rendiría a los pies de Esparta, de eso iba a asegurarse él.
Su hija que yacía detrás de él desde hacía rato finalmente habló ganando su atención.
—Padre, los Toxotas4 también podemos participa en la guerra ¿No es así? –preguntó con sumo interés la chiquilla castaña-.
— ¡No Kagome! Tú no arriesgarás tu vida aquí –le gruñó él-.
La jovencita chasqueó la lengua aun sabiendo que aquel gesto de su parte era odiado por su progenitor pero a ella no le parecía relevante en estos momentos que su padre le llamase la atención solo por un pequeño gesto de mala educación, su atención estaba fija en la guerra contra Esparta, guerra en la que ella quería participar, no solo por ganar experiencias sino por su patria.
Desde que había nacido le había encantado observar a los soldados en su faena difícil del día a día, los había admirado en secreto escapándose día tras día de las pruebas de los peplos5 a las princesas ganándose a la vez el enojo y la desaprobación de su padre quien sabía exactamente lo que hacía en el día.
Cuando se convirtió en una Toxota férrea fue en lo único que estuvo de acuerdo en su vida Píreo pero jamás había ido a una guerra por la constante prohibición de su procreador aún así Kagome ya estaba cansada de no luchar por su país, ella había nacido para la guerra pero aquello era algo que su padre no comprendía y que escandalizaría a las demás damas y princesas.
—Padre, también soy una Macedonia, tengo derecho –escupió ella tratando de hacer un cambio de perspectiva a Píreo-.
—Las mujeres solo tienen derecho a descansar, a tratar a sus maridos como ellos quieran, y a procrear.
Kagome silbó haciendo que nuevamente su padre la mirara con enojo.
—Simple y absolutamente ridículo –susurro ella hastiada-.
— ¿Qué has dicho? –Gruñó por milésima vez el hombre-.
—Nada, padre –habló con inocencia fingida-.
—Su majestad, he aquí a los valientes hoplitas y peltastas, mis hombres de mayor confianza.
—Este es Xenocrates Polifeme hoplita, cuenta con veintitrés años, el es Zophyros Nedidis veintidós años hoplita también.
Así fue presentando a todos uno por uno, Kagome negó con la cabeza al ver la desaprobación con la que su padre miraba a aquellos hombres como si fueran menos que un gusano, ella escuchó todos los nombres pero ella ya los sabía y conocía muy bien sus destrezas y por consiguiente sus impericias los había mirado y calificado, si siquiera su padre la dejara opinar sobre la guerra ella diría quienes estarían perfectamente capacitados para ir a la guerra aunque Píreo también contaba con Tavalas quien hacía perfectamente su trabajo lo que la dejaba más tranquila.
—Bien, espero que estéis bien entrenados, no quiero hombres débiles en mi séquito, podéis iros.
Los hombres salieron de la habitación del rey quien estaba nervioso por lo que vendría o quizás sería por otra cosa.
—Padre, piénsalo bien, sería de mucha ayuda, sabes que soy muy buena con el arco.
Kagome no se daba por vencida, aquella era su oportunidad y no la dejaría pasar por nada del mundo, regaría hasta quedarse sin voz.
—He dicho que no Kagome, ve con tu hermana y deja de molestar –advirtió él llevándose ambas manos a la sien-.
Ella asintió agachando la cabeza en sumisión.
—Yo quiero ir a la guerra y padre no me detendrá –susurraba Kagome-, ahora solo tengo que saber cuando y donde serán los entrenamientos.
Y como si Zeus la hubiese escuchado enfrente de ella estaban dos peltastas que discutían sobre la guerra.
La princesa sabía que era de mala educación escuchar las conversaciones ajenas pero eso no evitó que se entrometiera.
—Yo soy el que irá a la guerra, tu solo eres un débil –burló el moreno de ojos azules-.
—Por si se te olvida ambos somos peltastas –respondió el rubio-.
—Pero el Trierarca estará buscando sustituto en estos días y yo seré el nuevo trierarca.
—Que te hace pensar que un simple peltasta podría ocupar el lugar de un trierarca -preguntó Kagome metiéndose en la conversación-.
Methodius casi respondía de mala manera pero al fijarse quien era la persona que se había metido en la conversación cerró la boca rápidamente.
Por otro lado Sesshomaru la miró como si no pudiera creer que ella les estuviera hablando si quiera.
Kagome lucía aún más hermosa cuando tenía el ceño fruncido y despertaba pensamientos en él tan salvajes que ella estaría completamente apenada si siquiera escuchara uno de ellos.
—Princesa Kagome –habló Sesshomaru saboreando su nombre en sus labios-.
Kagome se fastidiaba cuando no la trataban como igual, odiaba que las personas se callasen a su paso, era una de las razones por las cuales no le gustaba ser princesa.
—Responde –habló con fuerza-.
—Mi esfuerzo, princesa.
Ella asintió, poco convencida y ellos se dieron cuenta.
Methodius frunció el ceño mientras que Kagome se mordió los labios para no soltar alguna carcajada.
—Para obtener el triunfo no solo se necesita el esfuerzo...hay que darlo todo. ¿Cómo son vuestros nombres?
Ella los conocía, los había visto luchar desde que habían entrado al ejército de peltastas de Tavalas, ambos siempre competían mucho y por lo que Kagome veía eran grandes amigos.
Y también por lo que los había escuchando hablando en sus batallas de entrenamiento sabía que el moreno estaba molesto y también loco por decir alguna de sus ironías solo que se contenía por ser ella quien era.
Lo que la hizo sonreír con petulancia, conocía a Methodius desde hacía muchísimo tiempo cuando su padre el general Amyntas lo había traído cuando apenas tenía 13 años.
Kagome recordó una vez que Methodius le respondió de mala manera a Aspasia hermana de Kagome ganándose la paliza del año por parte de Amyntas.
—Methodius Andreatos.
—Sesshomaru Dikoudis.
Ambos hicieron una reverencia, mientras Kagome solo asintió.
—Hacedme caso a lo que digo, daros todo, y que Zeus os acompañe –dijo con compasión-.
Entonces Kagome se fue, dejando a los peltastas anonadados por su comportamiento amable y condescendiente el cual no tenía nadie de la realeza Macedonia más que ella.
—Es jodidamente bonita Sesshomaru.
El rubio asintió viéndola perderse entre los pasillos del palacio.
—Sí, y será mía.
—No si es mía primero –dijo su compañero giñando su ojo burlón-.
Sesshomaru le gruñó molesto en respuesta y Methodius largó una carcajada, desde hacía mucho sabía que a Sesshomaru le gustaba la hija menor de Píreo lo cual era una absoluta locura.
—No vueles tan alto amigo.
Pero el rubio no le hizo caso en absoluto, su mente solo estaba con alguien ahora mismo, con Kagome Gavrielatos.
-._.-
Hoplitas1:Eran los soldados de la infantería pesada.
Trierarca2:Alto rango en la guerra.
Peltastas3:Pertenecían a la infantería ligera mercenaria.
Toxotas4:Eran los arqueros de infantería pesada generalmente iban con los hoplitas.
Peplos5:Túnica femenina que llevaban las mujeres en la antigua Grecia.
¡Holi!
Espero que les guste este mi nuevo libro perteneciente a mi segunda saga.
Ojalá dejen sus comentarios de que les pareció y si tienen algo que aportarle 3
¡Saludos!
