Los personajes de Celestia, Luna y Nightmare Moon, así como cualquier otro extraído directamente de la serie de televisión o cómic: My Little Pony: Friendship Is Magic son propiedad de Hasbro.

El arte utilizado para acompañar el texto tampoco es de mi autoría.

La siguiente obra es hecha sin fines lucrativos.


El intimidante silencio en el gran comedor fue tomado lejos por el los firmes cascos del guardia que regresaba a reportar a su princesa los resultados de su última enmienda:-La potrilla Celestia aún se rehúsa a salir de su habitación, inclusive para el desayuno… princesa-No hubo respuesta, la alicornio simplemente se limitó a permanecer ingiriendo sus alimentos matutinos sentada frente a la menor de sus hijas, Luna.-Eh…, le recordé que el desayuno es la parte más importante del día pero a pesar de eso no hizo más que decir que no tenía hambre, si usted desea que…

-Gracias, en serio. Puede retirarse-Lo interrumpió, para su suerte pues los nervios ante la mudes de su princesa no le permitían pensar claramente lo que diría a continuación.

-Como ó y salió exhalando en alivio. Luna lo miró salir y regresó su mirada a su cabizbaja madre, sus pensamientos eran como un tornado dentro de su cabeza en esa, a pesar de su brillante sol, fría mañana. Por una parte pensaba en preguntar a su madre lo qué había pasado, aunque ella había escuchado gran parte, pero temía entristecerla más o enfurecerla con ella. Nunca habían visto ni a su madre ni a su hermana comportarse así, estaba preocupada y quería ayudar, lamentablemente, no sabía cómo y por cómo se veía la situación, tal vez lo mejor era no interferir.

-Hija, ¿estás bien? Tu avena se va a enfriar-Señaló el tazón repleto con uno de sus cascos delanteros bajando a su hija de las nubes.

-Oh… sí, es verdad-Recargó su cabeza en la mesa e iluminando su cuerno con su aura del color del oscuro cielo nocturno, utilizó su magia para levitar la cuchara y continuar comiendo su avena. Y antes de sumergirse de nuevo en sus pensamientos, puedo ver en el rostro de su madre un gesto de disgusto al verla hacer esto, el cual se esfumo tan pronto como vino dejando extrañada a Luna.

Una vez terminado su desayuno, y cepillado sus dientes como su madre siempre le pedía, en una búsqueda de despejar su mente y evitar la pesada y tensa atmosfera que dominaba todo el interior del longevo castillo, salió al jardín del castillo y se digirió a una pequeña cabaña de la cual salió un pony ya de edad avanzada, de pelaje azul grisáceo, vistiendo un sombrero de paja que cubría su blanca melena, empujando una carretilla llena de tierra, costales y herramientas encima-¡Buenos días, Luna!-Exclamó animado al ver a la pequeña como si ya fuera una costumbre y con su casco le colocó el sombrero a la sonriente potrilla.-La regadera está sobre esa vieja mesa, justo donde la puedes alcanzar, pequeña-Aclaró antes de partir a hacer su usual rutina de trabajo. Luna trotó tranquila dentro y tomo entre sus dientes la recuperada regadera, ella misma se había encargado de arreglarla y pintarla después de empezar a asquearse por el oxidado sabor, claro que su madre siempre le decía que podía sujetarla con su magia, pero por alguna razón siempre parecía olvidarlo. Salió de la cabaña y metió una larga manguera en el más grande de los orificios del utensilio de jardinería y con su magia, giró la manivela que dejaba salir el agua. Segundos después de que el agua empezó a desbordarse, cerro de nuevo esta y recorrió todo el jardín una y otra vez regando las plantas, aún sujetando la regadera entre sus dientes y utilizando únicamente la magia para elevarla y regar así las más altas, y después volviendo para tomar más agua y continuar. Así pasó toda la mañana, regando y cantando a las plantas, cuidando otro de los orgullos de su madre y una vez terminada su labor, se detuvo a admirar sus favoritas, el bello y alto rosal de, a una considerable distancia pues aún le temía a las espinas.

Recordaba la ocasión que su madre le leyó sobre las plantas y cómo una forma de cuidarlas era cantándoles o simplemente hablándoles, ese mismo día ella le enseñó una linda y corta canción que ella invirtió toda noche practicándola para el día siguiente cantarla a en cada parte del jardín que pudiera. Pero hoy no estaba de ánimo para eso, hoy lo único que quería era hablarles, el jardinero la observo de lejos y al no escuchar a la pequeña alicornio cantando como acostumbraba, decidió darle una mayor privacidad.

Tenía mucho que desahogar y ese era el lugar perfecto. Las rosas no eran las únicas que la escuchaban sin interrumpir como ella amaba, entre todas las flores se encontraba una pequeña estatua monumento a su abuela, fallecida a penas hacia unos años. Y una vez explicada toda la situación que la familia había vivido en tan solo las últimas veinticuatro horas, sólo permanecía la pregunta:-¿Qué debo hacer abuela?-La pregunta que nunca sería respondida.

Un momento en la eternidad

Arco 1: memorias; capítulo 3: ¿sabes bailar?

Tocó con delicadeza la puerta, y recargando su cabeza sobre la misma, en un susurro exhaló:-Celestia… hija, ¿te gustaría acompañarnos en la biblioteca?-Esperó, rodeada por el silencio, tanto como el amor de madre se lo permitía.-Por favor-Resignada, antes de retirarse dejo sus últimas palabras a la autoexiliada alicornio de melena rosa y pelaje blanco:-Sabes que siempre eres bienvenida…-Inició su marcha por el largo corredor con un paso lento, aún esperanzada de oír la puerta a sus espaldas abrirse. Nunca pasó.

Vio a su madre recostada en el gran sofá rojo del lugar, tímida, preguntó-¿Me llamaste, mami?-La princesa escuchó claro el miedo en su voz, a lo que ofreció una cálida sonrisa llenando a la pequeña pony de tranquilidad y seguridad para entrar al recinto tan amado de su madre.

-¡Claro, hija! ¿Acaso te has olvidado ya de nuestras tardes de lectura?-Preguntó emocionada descubriendo bajo su larga pierna un libro al que se le podía notar el paso de los años por su desgastada y descolorida portada, claro que a Luna no le importaba, recuperando por completo esa infantil emoción, ansiosa por escuchar a su madre leerle un cuento con esa profunda y bien entonada voz tal como lo haría con un comunicado oficial hacia sus súbditos o en una junta para discutir los temas más importantes relacionados con el estado del reino a las cuales ella y su hermana asistían de vez en cuando, trotó con veloces cascos y saltó sobre el largo sillón acomodándose al momento para escuchar sin molestias la nueva historia que sería contada esa tarde. Y así, entre cuentos, risas y juegos la tarde pasó rápida pero amena para ambas alicornios, quienes en su éxtasis de alegría no notaron la ligera cabeza asomándose por el umbral de la puerta. Sin intenciones de interrumpir, Celestia retrocedió unos pasos y se recargó en la pared a lado de la puerta luchando por retener pequeñas lágrimas antes de encaminarse de vuelta a su habitación.

Cargó a la dormida Luna sobre su espalda hasta el cuarto de la pequeña, la cobijo y depositó un beso sobre su frente antes de retirarse del cuarto deseándole buenas noches. Se detuvo de nuevo frente a la puerta, levantó su casco con intensión de no invadir la privacidad de la mayor de sus hijas, pero instantes después este estaba de regreso en su lugar, seguramente para estas horas Celestia se encontraría ya durmiendo, y si no lo estaba aún, seguro aún seguiría molesta. Sin relojes en el pasillo, nunca supo cuánto tiempo paso ahí. Inmóvil. Sólo pensando. Sólo observando.

Repentinamente, fue regresada a la realidad por uno de los guardias que la estaba buscando para informarle sobre la reunión que tendría lugar dentro de sólo unos cuantos minutos. La princesa se encaminó al gran salón que siempre era ocupado para hablar sobre los principales y más relevantes temas para el reino y para la población de Equestria. Entro al espacioso cuarto, el cual tenía en su centro una larga mesa, sin duda hecha con los manzanos más grandes cortados de los bosques cercanos, y sentados al rededor se encontraban los principales pegasos miembros del equipo de control de clima esperado por la presencia real, dirigidos por el joven pegaso Firefly*.-¡Princesa, nos honra con su precensia!-Exclamó en su mejor intentó de una madura y gruesa voz, sin embargo sólo delataba más su precocidad sobre el cargo que ahora empeñaba como líder, esto provoco una pequeña risa proveniente de la alicornio, que a su vez provoco un sonrojo en el pegaso.

-Discúlpenme-Ofreció una reverencia a todos después de que el grupo completo se levantara de su lugar e hiciera lo mismo, se acercó al líder y ambos estrecharon sus cascos-,es un honor tenerlo aquí, Firefly, la edad para el importante cargo que empeña es de admirarse, debe ser un pegaso muy dotado y habilidoso. Me enorgullece que forme parte del equipo-Comentó antes de tomar lugar a lado del ahora más sonrojado Firefly.

-Princesa, me alaga con sus palabras. Sólo mi deber para con usted y con el reino de Equestria-Respondió con la cabeza algo baja para ocultar su colorado rostro.

-Con un compromiso como ese, sin duda hay un futuro brillante esperando por usted y su equipo-Firefly asintió-. Espero estar ahí para verlo.

Terminando con las banalidades e informalidades dignas de viejos amigos o compañeros reuniéndose después de años de graduarse, todos tomaron su postura más seria para analizar la problemática que se buscaba resolver esa tarde. Las nubes habían carecido de la densidad suficiente durante los últimos días del antecesor del actual líder del equipo evitando así brindar la suficiente protección para los rayos del sol de la bella princesa trayendo así una potencial catástrofe: una sequía:-La sequía aumentará en proporciones alarmantes en los días por venir, princesa-Hablo un desalineado pegaso, probablemente por el reciente exceso tiempo dedicado a su trabajo, sentando al extremo contrario de la princesa extendiendo una gran cantidad de papeles sobre toda la mesa mostrando complicados cálculos con gráficas y notas por todas partes-. Nuestras pequeñas, aunque constantes lluvias no han sido suficientes para arreglar ni la cuarta parte de esto. La sequía arrasará con los cultivos y todo recurso indispensable con algo de suerte en pocos meses, dejando frágil a los ponies y al reino mismo, princesa-Terminó su exposición, su mirada se enfocó, como la de sus compañeros, en sus superiores al frente de la mesa, más en específico a la más alta, quien vestía una reflexiva expresión.

-Entiendo la gravedad del asunto-Levantó la voz pasados unos incomodos momentos de silencio-, confíe en que es cierto, sin embargo, aún más, los entiendo a ustedes, los conozco, y sé que no vendrían aquí sin una solución al problema, así que díganme ¿qué tan arriesgado será lo que proponen para tener que remarcar tan catastrófico escenario?-Giró su mirada al pegaso sentado a lado suyo quien aclaró su garganta antes de hablar.

-Nuestros esfuerzos de menores cantidades han sido fallidos, princesa-Sus miradas se encontraron-, lo que proponemos para salvaguardar la integridad de Equestria es la tormenta del siglo, torrentes de lluvia provenientes de las más grandes y oscuras nubes, acompañadas de un fuerte viento y estruendosos truenos, con el fin de volver a hidratar todos los suelos.

-Tal clima, tan sólo con el viento que implicaría, pondría en riesgo más que sólo hogares y bosques, ni hablar de los relámpagos, ¿cómo puede asegurarme que mi gente estará a salvo, cómo Firefly?-Sus palabras caían como el mazo en un jurado, fuertes sobre el capitán de las fuerzas aladas, afortunadamente tenía el carácter y la determinación necesaria para darlo todo por proteger su hogar.

-Estaremos presentes-Sentenció, y con una seguridad que se llevó consigo su aguda voz-, en medio de la tormenta el equipo no se alejará, no por un momento, no por un segundo, protegeremos y resguardaremos a cada habitante y cada estructura en riesgo, no permitiremos que nadie salga herido-Tomó aire antes de culminar su juramento-. Tiene mi palabra princesa. Equestria prevalecerá-Los demás pegasos lo acompañaron en un grito, "¡Equestria prevalecerá!", palabras que inundaron la sala no dejando ni un solo rincón para el silencio. La alicornio sonrió ante tal gesto lleno de esperanza, confianza, arrojo y valor que tenían sobre hogar. Definitivamente mostraba un gran amor.

Una vez que la tranquilidad recuperó su lugar dentro del salón, la única y suficiente acción proveniente dela gobernante fue asentir con la cabeza manteniendo sus ojos cerrados. Los abrió para encontrarse con todos haciéndole una reverencia de agradecimiento. Firefly volvió sus ojos a ella de nuevo y dirigió sus últimas palabras aún con esa seriedad marcada en todo su rostro:-Prometo que no la defraudaremos… no la defraudaré.

-Sé que así será.

Hubo una reverencia de despedida, y tras la salida de la princesa el cuarto quedó completamente vacío. Selló las puertas con su magia y caminó por los solitarios pacillos hundida en sus pensamientos, su mente lograba con creces mantener el equilibrio entre sus preocupaciones actuales, repentinamente interrumpida por una gruesa y algo cansada voz, la cual provocó un pequeño susto de salto en ella, proveniente de un ya viejo pony terrestre cuya vestimenta iba de acuerdo al cargo que desempeñaba, de mayordomo:-Son altas horas de la noche ya, querida princesa. ¿La preocupación por su esposo en las tierras lejanas continua privándola de su sueño?-Cayó como bandeja de agua fría en ella, por si no fuera suficiente con la integridad de su reino en riesgo, la misma integridad de su familia estaba amenazada también.

-Oh, Celious, siempre tan sorpresivo, eh-Después de todo, ¿qué podía esperar de un viejo soldado de guerra? Le ofreció una cálida sonrisa, una vez tranquilizados sus nervios-. Aunque nunca inoportuno, ¿le molestaría brindarme un pergamino y algo de tinta? Tengo una importante carta que escribir.

-Por supuesto que no, nada me alegraría más que servirle a usted-Respondió la tranquilidad y lentitud correspondientes a su edad.

-Gracias-Inclinó su cabeza apoyando su cuerno sobre un hombro y luego el otro del pony de tierra-, estaré en la biblioteca-Continuó su andar con ahora una fija dirección.

Y así los días pasaron fugazmente para el reino que se preparaba para el más grande y riesgoso de sus escenarios hasta entonces. La tensión aún permanecía en el castillo, volviendo día tras día una monótona rutina para Luna que consistía en salir de este tan pronto terminara su desayuno, cuidar del jardín como amaba hacerlo, y de vez en cuando hablar al monumento de su abuela con la intención de desahogar sus penas y preocupaciones, para más tarde volver dentro a escuchar a su madre leerle una historia como venían haciendo desde hace mucho atrás siempre sin rastro de Celestia ni por el gran salón ni por los pasillos. Mientras tanto en Cloudsdale, los pegasos trabajaban arduamente, con toda la presión sobre ellos, en las más densas y oscuras nubes que el reino ha visto y vería en mucho tiempo, llenas de agua salada y estruendosos relámpagos, todo tenía que estar en las más específicas y certeras condiciones si querían que funcionara, por otra parte en un nada pequeño cuarto ya hacía cada día una cabizbaja alicornio de melena rosada y pelaje blanco como la nieve, sentada en el borde de su cama, llena de arrepentimiento ante sus más recientes acciones e incertidumbre sobre lo que estaba por venir. Pronto todo daría un gran giro.

Una mañana, mientras Luna regaba las flores, sosteniendo como si fuera instintivo, la regadera entre sus dientes, escuchó veloces y fuertes cascos acercarse a la entrada principal del castillo, a lo que dedujo rápidamente que se trataba de un carruaje, dejando así la pregunta real, ¿a quién pertenecía? Luna trotó lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían al portón principal del castillo y al ver a su madre acercarse acompañada por un par de guardias saltó asustada dentro de un arbusto y apenas si pudo ver entre las hojas descender del elegante carruaje una unicornio más alta que el promedio, de una melena blanca tan bien cuidada como su brilloso pelaje color azul Prusia.

-¡Madame de Cascadour!-Exclamó la princesa llena de alegría mientras se acercaba. Hizo una reverencia una vez estando frente a ella, correspondida sin exclamación o expresión alguna-Me alegra tanto que haya podido venir tan anticipadamente-Estrecharon sus cascos-, en serio, discúlpeme, no esperaba su tan pronta presencia… no tuve tiempo de preparar una digna bienvenida de su importancia-Para la unicornio era comprensible, después de todo no había enviado respuesta alguna por lo que no hubo queja alguna.

-Mi honor y placer estar ante su presencia, querida princesa-Dijo con una ligera sonrisa en su rostro-, vieja amiga. Los años no pasan sobre ti-Una extraña risa salió de su hocico, incomodando y aterrando ligeramente a la aún oculta Luna, quien extendió su lengua en disgusto-, cual digno alicornio merecedor de tal don por su sabiduría. Lamento haberte deshonrado con la falta de mi respuesta, pero tenía que venir en persona y aclarar por qué alguien tan sabia requeriría de la ayuda de una esta vieja unicornio-Luna asintió ante tal declaración.

-Créeme, inclusive las princesas necesitan ayuda de sus allegados.

-Oh, tú, siempre tan humilde-Entró en confianza-, sin duda podrías hacerte cargo en un santiamén, pero de verdad me alegra que me hayas pedido ayuda. Extrañaba a mi amiga-Extendieron sus piernas en un íntimo abrazo-. Y pasando a los temas que nos conciernen, ¿dónde se encuentra la pequeña?-Preguntó mirando de un lado a otro esperando que estuviera por ahí para recibirla como su madre hizo.

-… Sigue… sigue en su habitación-Contestó algo avergonzada, dejando saber a Luna de quién hablaba.

-Oh, no te aflijas más-Exclamó con un ligero aire de grandeza-, tienes mi palabra de que ayudaré a tu pequeña hija. Es lo menos que podría hacer, además ¿para qué están las amigas?-El rostro de la alicornio se iluminó con una gran sonrisa de confort ante las afirmaciones de su vieja compañera-. ¿Te molestaría indicarme el camino?

Una vez que se encontraban a una distancia razonable, Luna saltó como proyectil de su escondite escupiendo unas cuantas hojas de su boca y usando una de sus pezuñas delanteras para retirar las hojas de su crin-Creo que no fue la mejor idea-Dijo para sí misma escupiendo luego otra hoja más. Dio lo mejor de sí para trotar rápido y sigilosamente hacia el cuarto de su hermana, además tenía una ventaja, debido a su edad sus estudios formales aún no iniciaban, una potra con tanto tiempo libre había aprovechado cada segundo para explorar y conocer su hogar. Así es, conocía un atajo. Resbaló al llegar e intentar retroceder al ver las sombras proyectarse desde el otro lado del pasillo, reprimió su grito al caer sobre su flanco para evitar ser descubierta y estando de pie de nuevo, asomo su cabeza sosteniéndose con sus cascos delanteros en la esquina del corredor, lamentablemente por lo largo del espacio entre los cuartos y sus respectivas puertas no pudo escuchar ni una palabra de las altas ponies a la distancia. Se preguntaba cómo logro la unicornio que Celestia le abriera la puerta, sabía que su madre lo había intentado en la última semana sin éxito alguno, ambas adultas entraron una vez que consiguieron la autorización de la potrilla. Su curiosidad sobre la visitante comenzaba a crecer.

Decepcionada al no conseguir información alguna, regreso por donde vino, y pudo ver a los ponies encargados del carruaje de madame de Cascadour cargar en sus fuertes lomos el equipaje de la misma deteniéndola a analizar la situación:-¿Se quedará a vivir aquí?-Preguntó en un audible susurro pero sin recibir respuesta ni de los ocupados ponies.

-¿No nos acompañará a cenar?-Pregunto la princesa a la madame sentada frente a ella.

-Parece que aún no se siente lista. Lamento si no son los resultados que espera…

La interrumpió procurando no desanimarla-¡No, no, no!-Río nerviosamente-, sería un abuso esperar milagrosos resultados de un día a otro… o en este caso en tan solo horas-Bajo su mirada a su tazón, algo desanimada-Me alegra que estés aquí-La unicornio le sonrió. La velada continuó tranquila, ambas adultas parecían ponerse al día respecto a sus últimos años distanciadas, Luna sólo miraba confundida, buscando una razón por la cual su inesperada visitante, al menos para ella, pasaría toda la tarde en cuarto de Celestia, de vez en cuando al ver a ambas amigas acercarse mucho a la otra y susurrarse cosas al oído no conseguía evitar un evidente sonrojo y nerviosismo ante la situación, más cuando después de estos sonoras carcajadas estallaban y rebotaban por las elegantes paredes. Llegada una vez a su límite Luna se levantó de su lugar sin siquiera ser notada, aunque le animaba ver a su madre alegre de nuevo, no tenía obligación de quedarse ahí a escuchar sus adultas conversaciones. Cepilló sus dientes y fue a su dormitorio. Al caminar por el pasillo notó un brillo venir por debajo de la puerta de Tia, deteniéndose por un momento, recargo su cabeza lentamente sobre la puerta y lo que escuchó la alegro demasiado, pudo escuchar a Celestia no sólo reír, dentro sonaba a que daba de saltos por todo el lugar exclamando inentendibles palabras para Luna pero que seguramente traían alegría y emoción a la antes deprimida pequeña alicornio. Luna se separó y con una sonrisa de oreja a oreja llegó a su habitación y se metió dentro de las cobijas, sintiéndose tan relajada y feliz ante el cambio que reflejaban ahora su madre y hermana ¡que podría besar a madame de Cascadour y pedirle que se quedara a vivir con ellas para siempre. Su madre la encontró profundamente dormida cuando entro para leerle una historia de dormir. Se veía tan tranquila que decidió no molestarla y guardar la historia para el día siguiente. "Buenas noches, querida Luna. Descansa, que mañana será un nuevo día." Fueron sus palabras antes de retirarse, y como si Luna hubiera podido escucharlas, su sonrisa, entre sueños crecía aún más, si es que era posible. Su madre tenía razón, mañana sería un nuevo día y ahora todo parecía que estaría mejor que nunca.

Pequeñas gotas se deslizaban cuesta abajo por la ventana de Luna en esa mañana. Sin siquiera notarlas bajo al comedor a iniciar su rutina que ese día no indicaba que sería tan monótona como los días anteriores. Trabajó, acompañada de la ligera y casi imperceptible lluvia, por todo el jardín, acompañada por el jardinero, quien se veía muy alegre al ver a la hija de sus gobernantes cantar de nuevo a los largos rosales. Corría animada de un lado al otro regando cada lugar posible, animando y hablando a las plantas y a la estatua monumento de su abuela anunciando las buenas nuevas llena de emoción. Y si el día no podía mejorar, cuando fue llamada por su madre para su tarde de lectura antes de empezar a sus espaldas pudieron escuchar una voz decir: "¿Les molesta si las acompañamos?" Los ojos de la menor se iluminaron cual faroles en el mar al ver a madame de Cascadour acompañada por Celestia, quien mostraba una tímida sonrisa y se veía aún nerviosa.

-Oh, las historias que su madre contaba niñas, en el campamento al que asistimos a su edad, asustaban inclusive al pony de tierra más grande y fuerte de todo el reino-Comentaba melancólica recibiendo la total atención de las hermanas-, que resultaba ser el supervisor-Río por lo bajo-. Después de esos juveniles días no nos volvimos a encontrar sino hasta después de que ella publicara su primer libro-La princesa abrió los ojos cual platos se sonrojó ante el comentario-, eso fue mucho antes de que su abuela se retirara y ella y su tía tomaran los cargos reales.

-¿Má publicó un libro?-Pregunto curiosa Celestia ante el desconocido dato.

-¿Uno? ¡Fueron toda una saga!-Exclamó estupefacta ante lo que oía la unicornio.

-¿Por qué nunca nos has leído uno?-Preguntó Luna mirando a su madre quien desvió la vista.

-… S-será cuando sean mayores-Ninguna entendió el por qué.

Y así las dos herederas junto con la madame escucharon maravilladas a la realeza narrar una historia sobre el viaje de un pony de tierra por los prohibidos mares de Equestria, aún en contra de las negaciones de sus padres. Sobre cómo descubrió nuevos lugares y enseñó a los ponies indígenas de la última isla a la que llegó en sus travesías sobre el conocimiento del lugar del que venía, haciendo amigos por doquier y viviendo aventuras sin igual en cada nuevo lugar. "… Estaba listo para el ataque" narraba con emoción la gran alicornio, no sólo se trataba de un gran libro, era también su favorito cuando tenía la edad de sus pequeñas, "había enseñado todo lo que sabía sobre las estrategias de guerra que recibió de su padre a sus tradicionales compañeros y ahora estaban ocultos entre las ramas con fuertes lianas sujetas una a otra sostenidas entre sus ya no tan cuidados dientes. La tensión se sentía, miraban al mar esperando ver en el alba las naves llegar mientras el inestable viajero se lamentaba en su cabeza tal imprudencia de atraer a los piratas del pueblo lejano a tan bella reserva natural, no sólo ponía en riesgo el lugar ¡ponía en riesgo a los habitantes!, habitantes que aún tenían mucho por descubrir y avanzar. Y era por eso, más que nada, que ahora también era su responsabilidad pelear por ellos." Luna exhalaba diminutos 'wooows', uno tras otro, mientras que Celestia llenaba su cabeza de imágenes de ella siendo igual de aventurera que el noble pony terrestre. "Las eternas horas pasaban, no ayudando para nada a calmar a los atormentados y asustados ahora guerreros. Y cuando la hora de la verdad llegó, la adrenalina podía olerse por todo el lugar. Los barcos llegaron a la costa de la isla y los temibles piratas de largas barbas y descuidada higiene desembarcaban portando sus afiladas espadas entre sus dientes; algunos de ellos de oro o plata, y aquellos con suficiente experiencia los sujetaban con sus mugrientas pezuñas. Se adentraron en el camino principal, rodeados de árboles. Y entonces, sujetándose sus… armándose de valor, nuestro héroe se aferró a la liana y lanzando un grito de guerra al aire saltó desde la cima con un gran machete tan pronto encontró en su radar visual al capitán. Sus compañeros lanzaron el mismo grito, algo que no les había enseñado pues algunos gritaron variables de lo que habían entendido. Tomados por sorpresa los piratas se reagruparon pero era demasiado tarde, el héroe era listo, había hecho los más exactos cálculos y se encontraba a la distancia correcta para rebanar su…" Fue interrumpida por voces provenir de fuera del castillo. Sabiendo lo que pasaría ahora se levantó dirigiéndose al balcón de su santuario siendo acompañada después por las otras tres ponies.

Abrió las ventanas de par en par visualizando a los preocupados habitantes ante la creciente lluvia, pues mientras más y más oscuras nubes se acercaban privándolos de los últimos rayos de sol-¡Queridos habitantes, me alegra su presencia-Ella misma había encargado junto con apenas unos pocos guardias disponibles de ir a convocarlos por la mañana ante la reunión-no se preocupen por la lluvia, es una medida de seguridad que debe ser tomada-No había sido tomada por sorpresa, tenía las palaras pero por primera vez en mucho tiempo el escenario aún sin una amenaza con cuerpo físico era intimidante inclusive para ella-, ante las recientes señales de riesgo por una sequía el equipo de pegasos del clima y yo hemos llegado a esta solución!-Los habitantes aunque más tranquilos seguían en la incertidumbre ante las decisiones tomadas tan impulsivamente sin consulta en ellos como solían hacerlas-¡Las nubes serán traídas a lo largo de esta noche desatando una gran tormenta donde tanto los guardias reales que se están preparando en estos momentos-Era cierto, ni Celestia o la madame, ni mucho menos Luna había visto alguno, fuera de los cuatro o cinco notables ahí fuera entre los demás ponies del reino, haciendo sus habituales rondas por el castillo- como los pegasos y su mismísima princesa se encontrarán en medio de la escena resguardando y protegiéndolos! ¡Tienen mi palabra!-La tranquilidad entre ellos comenzaba a aparecer y entonces la princesa pudo reconocer al pony al frente de toda la turba, un viejo pegaso de corta crin blanca y descolorido pelaje café la miraba desafiante, no podía tratarse de nadie más que del viejo líder del equipo del clima, serenando su mente ante su presencia, la cual no podía alertar más que problemas, evito responderle con una mirada parecida-¡Por favor, regresen a sus casas, los guardias se encargaran de revisar en las próximas horas sus suministros y de surtir lo necesario a aquellos que no lo tengan! ¡Por favor, hay ponies sin hogar, abran las puertas de sus corazones y ofrezcan un refugio a los más desprotegidos! ¡Equestria prevalecerá!-Y con las últimas palabras todos partieron velozmente, pero sin provocar caos alguno, a sus casas. No necesitaba ver los relojes ni más allá de las oscuras nubes para saber que la noche de su hermana se acercaba-Y ahora ustedes dos-Giró para mirar a sus hijas-, es hora de dormir. Extendió y descendió sus largas alas a la altura de las cabezas de las menores, guiándolas hacia sus dormitorios. Miró por última vez a su amiga y ambas asintieron con la cabeza antes de separar las miradas.

Esa noche no habría historia alguna, Luna no podía quejarse al respecto, después de todo su madre nunca le había fallado, sin embargo esta de verdad le hubiera ayudado a tranquilizarse y conciliar el sueño. Los rápidos cascos disminuían su ruido mientras que la lluvia aumentaba su intensidad a lo largo de la noche y las pesadas gotas que caían sobre el cristal de la ventana rebotando el sonido en las orejas de la potra de pelaje azul oscuro. Giraba de un lado al otro en la cama, pasando más tiempo mirando al techo, se preguntaba miles de cosas como: ¿cómo estaría su madre allá afuera? ¿Celestia ya se habría dormido? ¿Qué rol tenía madame de Cascadour en todos los eventos recientes y cuál era su relación con su hermana? Sabiendo que no encontraría respuestas en su confundida mente, se levantó y ando hacia la ventana, mirando hasta donde la oscuridad le permitía. Si había algo que amaba de su hogar, era que su habitación estaba ubicada justo detrás del jardín, la brisa proveniente de él y su aroma por la mañana siempre la animaban, esta vez la tormentosa escena la deprimía. Entre cerro los ojos para poder ver mejor algo a la distancia, algo que noto después de mirar alrededor un tiempo, y una vez que estuvo claro lo que era sus ojos se agrandaron-Oh, no…-Susurró y trotando rápido saltó y tomo una capucha que arrojó sobre su lomo y salió de su cuarto a una velocidad que dejaría humillado a cualquier pegaso.

Afuera en la tormenta, Firefly dirigía a cada pegaso y guardia real, indicando a cada uno el rol a desempeñar esa noche-¡Sujeten esos árboles!, ¡pegasos, unicornios!-Señalaba con su pezuña la dirección y una vez que la tarea estaba cubierta, volvía la cabeza a otra dirección en busca de más problemas, siempre rogando por no encontrar ninguno.

-¿Cómo está la situación aquí, capitán Firefly?-La princesa voló hacia él y mantuvo sus alas aleteando. El capitán estaba por dar su reporte cuando un guardia llegó trotando y se detuvo debajo de ellos, levanto la vista y la cubrió con su pierna para hablar con la princesa.

-Princesa, en el castillo, es la potrilla Luna…-Sus pupilas se dilataron en preocupación.

Luna utilizaba su magia para sostener tantas gruesas ramas como pudiera y una vez llegada a su límite, sostenía las que pudiera en su boca y entonces dando un gran esfuerzo aleteó sus no tan desarrolladas alas llegando a un riachuelo que con los torrentes de lluvia amenazaba con desbordarse, y no debía ser una genio para saber que tal cantidad de agua no sólo ahogaría a las flores del jardín, sino que amenazaría con la estructura del castillo también. Utilizo su magia para apilar los troncos uno sobre otro y presionarlos para hundirlos en la tierra y así crear una barricada. Su pelaje estaba todo mojado, haciendo más difícil el vuelo por el peso, truenos habían caído sobre arboles encendiéndolos en llamas que eran apagadas casi de inmediato por la pesada lluvia, esto le permitía conseguir las ramas más pronto y volver a repetir el proceso. Antes de salir había intentado llamar a Celestia sin respuesta, desesperada y con el tiempo contado no podía darse el lujo de esperarla. El agua cubría ya algunos centímetros de sus cascos mientras seguía hundiendo los troncos al borde del riachuelo, preparándose para volar e ir por más un fuerte impacto se oyó a sus espaldas, haciéndola caer de espaldas y a poca distancia podía verse una pequeña cortina de humo ascender y desaparecer. El agua mojaba sus mejillas, apenas y podía ver manchas borrosas acercarse por los cielos y mucho menos escuchar claro los altos gritos a sus espaldas.

-¡Luna!, ¿estás bien? Por favor responde-Suplicaba una silueta que apareció corriendo y se detuvo frente a ella, y que pronto se fue desvaneciendo mientras quedaba inconsciente. Se trataba de Celestia, quien iba cubierta por una capucha ya algo holgada y llevaba consigo otra más perteneciente a su hermana, presumiblemente que había perdido en el fuerte viento. Celestia la movía con sus cascos, aún suplicando por una respuesta, miró hacia el cielo en busca de ayuda y vio al equipo de pegasos del clima llegar junto con su madre. Rápidamente ella tomó a ambas y las regresó al interior del castillo mientras el pelotón de Firefly repetía las mismas acciones de la potra con mucha más eficiencia.

La princesa bajó el cuerpo envuelto en una manta de Luna sobre el sofá frente a la chimenea, rogando porque despertara pronto pero sin tiempo de quedarse vigilando regresó a sus deberes junto con los demás dejando a cargo a Celestia quien sólo podía observarla con lágrimas que se confundían con las gotas de lluvia en su rostro. Horas más tarde, una vez detenido el desbordamiento la princesa volvió para revisar el estado de la menor y aún sin respuesta de ella pidió a Madame de Cascadour acompañar a Celestia en la guardia después de que fuera llamada por los guardias para mantener un ojo sobre el reino, pequeños incidentes continuaban apareciendo.

El tiempo pasaba tan lento para Celestia, quien tenía únicamente su cabeza recostada en la orilla del sillón, mientras esperaba a que Luna despertara, ni ella podía conciliar después de aquel horrible susto, de cualquier manera, no tenía planeado despegarse de ella-Ma… ¿mamá?-Salió en un murmullo y Celestia levantó rápido su cabeza apoyando por completo los cascos en el sofá para observar a detalle a su hermana, después cayó de espaldas asustada cuando esta salto de las cobijas-¡El jardín, el castillo! ¡El rio!

-Tranquila Luna, lo tienen todo bajo control-Se acercó la madame brindándole una confortante sonrisa a la cansada y desalineada potra, sus ojos se veían cansados y su nariz roja cual jitomate. Celestia saltó sobre ella abrazándola no pudiendo contener más las lágrimas pero se alejó tan rápido como vino cuando el producto de un fuerte estornudo aterrizó sobre su hombro. Sacó la lengua en disgusto y Luna empezó a toser sólo instantes después, madame de Cascadour utilizo su magia para recostarla de nuevo y cobijarla-Por favor, no te esfuerces más. Conseguiré algo se sopa caliente. El silencio se hizo presente hasta que:

-Luna-La llamó su hermana algo avergonzada-, me alegra que estés bien-Le sonrió y la menor le correspondió.

-Me alegra que tú también-Dijo antes de quedar profundamente dormida.

Una muchedumbre furiosa se encontraba frente a las puertas del castillo, estas se abrieron dejando salir a la gobernante acompañada por el capitán del clima listos para responder ante el enojo del pueblo. Para su sorpresa no podía haber ningún otro responsable del alboroto más que ese viejo pony: el excapitán del clima.

-¡Y tiene el valor de mostrar su cara!-Señaló con su bastón a Firefly-, y usted no es menos culpable del temor y desastre de su estúpida solución princesa-Dijo refiriéndose a apenas algunos árboles caídos y contados techos fracturados pero no perforados junto con toda la basura alrededor.

Firefly estaba por responder pero un casco en su pecho lo detuvo:-Estábamos muy conscientes de los riesgos que implicaría así como de las razones que provoco esto, Speed Wing-El anciano tragó saliva pero mantuvo su dura postura-, y créanme cuando les digo, que ninguno de ustedes estuvo ni apunto de pagar el precio que yo he pagado. El capitán Firefly supo cómo asumir su cargo y llevarlo con dignidad y respeto, y gracias a él y a todo su equipo Equestria ha superado una potencial catástrofe, cultivos y recursos han sido salvados, con el menor de los daños, debería ser condecorado como un héroe-Hubo silencio-Y lo será. En la primera gran Gala del Galope, el pegaso Firefly será condecorado con el rango de general y si alguien no está a gusto con esto, deberá decírmelo a mí-Firefly no se podía ver más conmovido ante esto-. Y ahora, me dirijo a usted Speed Wing, si no quiere pasar el resto de sus días en un calabozo, tenga algo de decencia y apártese de mi gente-El viejo pegaso levanto la frente y con un desafiante gesto se volteó y partió lejos del centro del reino. Una vez el fuera el resto de los habitantes junto con la princesa alabaron al ahora general Firefly y ofrecieron una alabanza. Él no tenía palabras para expresar su gratitud. Desde la cima, Celestia y una resfriada Luna observaban cada momento.

-La Gala del Galope, ¿eh? El viejo sueño de tu madre-Comentó madame de Cascadour caminando a su lado.

-Una vez que los pequeños daños sean cubiertos, concentraré todo en esa noche. Será todo lo que mi madre alguna vez soñó.

-No podría estar en mejores cascos-Continuaron su andar hacia la sala donde Luna aún reposaba con los cuidados de su hermana. La princesa trotó velozmente hacia su hija y la rodeo con sus alas, Celestia se vio algo desanimada por esto, pero pronto fue acogida en el gran abrazo también. Por primera vez la realeza sentía que todo estaría bien.

Los días continuaron desapareciendo uno tras uno, Luna podía observar desde un balcón, aún enferma, a todos los ponies trabajar, ya fueran terrestres, pegasos o unicornios, en equipo para reparar los menores daños, lo extraño era que nunca vio ni a su hermana ni a madame de Cascadour unírseles y eso que había ponies de todas las edades colaborando. Ellas siempre se encontraban en la habitación de Tia. El reino recupero su brillo en poco tiempo y entonces la princesa dedico todo su esfuerzo en planear la gran noche de la Gala del Galope, aun como invitados especiales, el equipo del clima quiso hacer su parte y se encargaron de repartir las invitaciones a lo largo de todo el reino. Luna se recuperó pronto gracias a los cuidados de su amorosa madre y un día ella y su hermana fueron llamadas para registrar sus medidas por una unicornio ya de edad muy avanzada pero sin estar muy seguras de con qué objeto.

-¡¿Entonces he mejorado?!-Asintió con la cabeza-¡¿Entonces pronto podré hacer esto… y luego aquello y entonces…?!-Exclamaba muy emocionada la alicornio de melena rosa.

-Jeje, tranquila pequeña Celestia, aún queda un largo camino-Exclamó la alta unicornio mientras salía del dormitorio de la heredera. Celestia seguía saltando por ahí cuando escuchó voces en el corredor, miró a través de la cerradura y pudo observar a su madre hablar con la madame, entonces acerco su oreja y al escuchar sus palabras su feliz expresión cambió a una muy triste. Conteniendo las lágrimas se arrojó sobre su cama ocultando su húmedo rostro entre las cobijas.

Como un parpadeo, el día de la gran Gala del Galope llegó, y la en esos tiempos actual gobernante de Equestria entro a la sala y vio a sus hijas jugando un juego de mesa. Celestia lanzó los dados y Luna se quejó dándose por vencida:-Oh, es la quinta vez seguida que ganas-Celestia sin embargo no mostro alegría alguna.

-Hijas-Llamó su atención-, el evento está por comenzar, vayan a sus habitaciones y cámbiense, me parece que encontrarán un bello presente en sus armarios-Sin decir más ambas salieron del lugar y la princesa entró a limpiar el poco desorden que habían dejado. Mientras trotaban por los pasillos pasaron por el frente de la biblioteca, el santuario de su madre y Celestia interrogó a su hermana entonces:

-Luna-Su respuesta fue un "uhm"-, tú has estado más veces ahí dentro que yo, ¿cuántos libros de magia crees que tenga má ahí dentro?

-No lo sé, nunca me he detenido a contarlos-Respondió inocentemente-, pero apostaría mis alas a que cientos de ellos-Sin darle más importancia siguieron su camino.

La princesa se encontraba en el gran umbral dela puerta principal, recibiendo a los invitados del gran baile que tendría lugar esa noche en su castillo. Se encontraba acompañada por sus dos hijas, quienes vestían los más hermosos vestidos de toda Equestria confeccionados por la mejor modista de todo el reino justo para la ocasión. Y ambas los amaban.

La noche seguía su curso y ambas pequeñas empezaban a desesperarse al verse forzadas a permanecer recibiendo a los invitados, pues esto era parte de su educación real. Para su suerte esto terminó antes de lo planeado cuando uno delos desconocidos invitados para ellas, un pony de un pelaje naranja realmente oscuro con algunas manchas cafés, mismo color de su melena y que además portaba lentes, se acercaba con una extraña gracia hacia la princesa, gracia que hizo reír un poco a Celestia mientras lo veía en su andar. Se detuvo frente a la princesa, y tras hacer la debida referencia al saludarla, la miro con unos ojos que mostraban experiencia por la edad al igual que seriedad, mostrándole un extraño paquete que cargaba en su espalda le dijo secamente:-Princesa, con merecido respeto, tenemos que hablar-Con su usual sonrisa, la princesa asintió sin decir nada más, miro a sus pequeñas hijas, y, empujándolas con su casco delantero las guio de vuelta dentro del castillo pidiéndoles que se dirigieran al salón principal y disfrutaran la fiesta. Beso sus frentes antes de partir con el misterioso caballero dejando a ambas potras muy confundidas cuya reacción consistió en mirarse una a la otra.


"-Por favor, tienes que ayudarnos."

En el próximo capítulo:

"-Eso es lo más estúpido que he oído-Reía el general Firefly ante lo dicho por el pegaso sentado frente a él."

"-Tia, ¿oíste eso?"

"Luna lloraba encerada en su burbuja escudo que recibían furiosos ataques hasta ser reventada, cayó sobre su flanco y vio a su improbable rival acercarse a ella con una iracunda mirada y su cuerno brillante lista para su ataque final."

"Nightmare Moon Nightmare Moon ¡NIGHTMARE MOON!"

Capítulo 4: Escucha.

Notas del autor:

*Así es, Firefly, general fundador de los Wonderbolts, la edad en el fic es de alrededor 18 ó 20.

¡El capítulo más largo hasta ahora!, gracias a aquellos que comparten algo de su tiempo para detenerse a leer mis ideas, muchas gracias. Espero que estén disfrutando de la historia.

En otros anuncios el próximo capítulo será el final de este primer arco ¿qué pasará después? Pronto descubriremos que le espera a Nightmare Moon en su exilio y daré más información al respecto al final del arco. ¡Sin más que decir, nos leemos pronto! Grandes sorpresas nos esperan.